Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 20 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah escudriñó el suelo lo mejor que pudo, a pesar del mareo que lo atormentaba. Los cuerpos no se esfumaban sin más. Y si de alguna manera habían logrado comerse su cadáver en los minutos que había estado ausente, debería haber sangre por todas partes. Además, nunca había visto a los monos arrastrar su cadáver a ningún sitio y, aunque lo hubieran hecho, debería haber algún rastro en la tierra.
No había rastro de ninguno de los dos. Un pequeño destello beige llamó la atención de Noah, quien se tambaleó hacia él, se arrodilló y recogió una de las garras que le había arrancado a un Desgarrador. Noah la tomó en brazos y se irguió, observando los árboles cercanos.
Nada. Su cuerpo simplemente… había desaparecido.
¿Me lo robó un Cambiaformas? ¿O es que algún mono secuestró mi cuerpo?
Noah gimió y se frotó la frente. Le costaba pensar con claridad en ese momento. La luz del sol le calaba hasta los huesos, como pequeños cuchillos afilados, obligándolo a protegerse los ojos con la mano. No tardarían en regresar a Arbitage. Noah ya no recordaba la hora exacta en que habían partido, pero estaba casi seguro de que había sido hacía poco más de un día.
Se quedó paralizado.
¡Mierda! ¿Dónde están Todd e Isabel?
Noah maldijo entre dientes y, tras tardar unos instantes más de los que hubiera deseado en orientarse, tropezó en la dirección en la que habían ido. La confusión que le nublaba la mente casi le había hecho olvidar por completo que no estaba solo.
¿Están vivos? ¿Vieron lo que pasó? ¿Tal vez recogieron mi cuerpo y ahora me están llorando? Joder, qué incómodo.
Forzó a su cuerpo rebelde a acelerar, tropezando casi con las raíces salientes de un árbol. Noah apenas logró sujetarse a una rama antes de caer. Esta crujió peligrosamente y se apartó de un empujón, siguiendo las huellas de Todd e Isabel en la tierra compacta.
El mundo se tambaleaba y giraba alrededor de Noah como si lo viera a través de los espejos de una casa de los espejos de un circo. Los árboles se arremolinaban en los bordes de su visión en una danza burlona, quebrándose en cuanto los miraba. Varias veces juraría que algo lo observaba por detrás, pero no había nada cuando se giraba para comprobarlo.
¡Maldita sea! De todas las veces que podía haber muerto, esta fue probablemente la peor.
Noé levantó la vista del suelo quemado que tenía justo delante, tropezando casi con él. Un cadáver de mono yacía extendido ante él, chamuscado y humeante.
Alzó la vista hacia el árbol que había detrás. Todd e Isabel estaban sentados en sus ramas. Sus ojos se abrieron de par en par al ver a Noah, y sintió un gran alivio.
—¡Profesor! ¡Está vivo! —El rostro de Isabel se iluminó con sorpresa y alivio. Las palabras se le atragantaron por un instante—. Oí cómo la roca le golpeaba y…
—Y aquí sigo —dijo Noé, esforzándose por encontrar las palabras entre la bruma que lo envolvía. Sacudió la cabeza en un vano intento por disipar la niebla—. No importa. ¿Qué pasó después de que corriste?
—No dimos la vuelta, tal como nos dijiste. Un mono nos vio correr y nos persiguió, así que lo atropellé —dijo Todd. No se molestó en ocultar el orgullo en su voz, y Noah asintió con aprobación tras procesar sus palabras por un segundo.
—Bien hecho. Literalmente. —Noah soltó una risita y al instante se arrepintió, pues un dolor punzante le recorrió la cabeza. Apretó los dientes y se presionó la sien con la palma de la mano.
—¿Estás bien? —Isabel se deslizó de las ramas de los árboles al suelo junto a Noah. Todd bajó justo detrás de ella.
“Sobreviviré. Los Chuckers son demasiado fuertes para que pueda enfrentarlos con facilidad, como ya viste.”
—¿Cómo sobreviviste a un golpe así sin escudo? —preguntó Todd—. Oí el crujido. No deberías estar caminando por ahí ahora mismo.
Noé abrió la boca, intentando desesperadamente pensar en una buena excusa, pero su mente se negaba a obedecer sus súplicas.
—Tiene una poción curativa, idiota —dijo Isabel, señalando la calabaza que colgaba de la cintura de Noah—. ¿Qué te creías? Incluso nos dijo que compráramos antes. Sería una tontería que no siguiera su propio consejo.
Ahora eres oficialmente mi alumno favorito.
“Buena deducción. Pero discúlpame. Luchar contra esa cosa me dejó exhausto, estoy hecho polvo. Damos por terminada la lección de hoy. Estate atento a más monstruos hasta que nos lleven de vuelta a Arbitage.”
Isabel y Todd asintieron, con semblantes serios. Escudriñaron los árboles con la mirada, buscando señales de los monstruos que Noah esperaba desesperadamente que no estuvieran allí. Mientras tanto, él se apoyó en un árbol y se dejó caer hasta quedar sentado.
La siguiente hora transcurrió en un silencio incómodo. Nadie dijo nada, algo que Noah agradeció. El dolor de cabeza persistía, pero al menos el silencio lo hacía un poco más llevadero. Una extraña mezcla de curiosidad, satisfacción y dolor se arremolinaba en su mente, y lo único que podía hacer era dejarse llevar.
Cuando un tirón familiar atrajo a Noah, lo único que sintió fue alivio. Isabel y Todd gritaron sorprendidos, pero sus gritos se perdieron cuando los tres fueron arrancados de las Acres Quemadas y llevados de vuelta a Arbitage.
Noah se estrelló contra el metal del tubo del Cañón de Transporte, deslizándose fuera y cayendo al suelo con un gruñido. Apenas logró mantener la compostura para rodar a un lado antes de que Isabel y Todd lo siguieran, desplomándose en un montón de maldiciones y extremidades.
—Espero que tu viaje haya ido bien —dijo Tim con una sonrisa alegre—. Veo que tu ropa también ha sobrevivido esta vez.
—Menos mal —dijo Noah entre dientes—. Se acabó la clase. Nos vemos en dos días. No dejes de entrenar.
Sin esperar respuesta, Noah entró tambaleándose en el ascensor. Tim, ya acostumbrado a esta faceta de Noah, simplemente levantó la mano en señal de despedida y dejó que el ascensor descendiera a toda velocidad hacia las escaleras.
El resto del camino de Noah de vuelta a su habitación fue un recuerdo borroso. Ni siquiera quería pensar en lo que la gente pensaría al verlo tambalearse borracho por el campus a plena luz del día. Francamente, le daba igual.
No era que la reputación de Vermil pudiera empeorar mucho más.
Llegó a su habitación y se encerró dentro, desplomándose en la cama con un gemido de alivio. Noah hundió la cabeza bajo la almohada en un gesto que se le hacía demasiado familiar, y dejó que las horas se le escaparan mientras esperaba las consecuencias de sus actos.
El día siguiente se hizo esperar. Cuando Noé por fin recuperó la compostura y levantó la almohada, el sol ya estaba bajo en el horizonte. Amanecía , según calculó. Se incorporó y se recostó, dejando que su cabeza golpeara la pared. Los sucesos del día anterior le pasaron por la cabeza y un ceño fruncido se dibujó en su rostro.
“¿Qué demonios le pasó a mi cuerpo?”
Noah repasó sus recuerdos para ver si, en su confusión y dolor, había pasado algo por alto, pero no recordaba nada. No se había equivocado de lugar, pues el mono que había matado y la daga seguían allí. Su cuerpo simplemente había desaparecido, sin dejar rastro.
Comenzó a levantarse, pero se quedó paralizado, con el corazón latiéndole a mil por hora al ver los ojos saltones de un Chucker mirándolo desde las sombras de su habitación. Noah se puso de pie de un salto, con el corazón palpitando con fuerza.
No había nada allí. Solo era un rincón vacío. Se llevó una mano al pecho y se apoyó contra la pared, cerrando los ojos con fuerza y dejando escapar una respiración lenta y pesada por los labios apretados.
Tardó unos instantes en volver a abrir los ojos. Últimamente había estado luchando contra demasiados monos. Quizá lo estaban atormentando.
—Bueno, espero que lo que sea que se haya comido mi cuerpo haya tenido un buen refrigerio —gruñó Noé—. Debo de estar manteniendo con vida a la mitad de los monos de ese maldito bosque yo solo.
Su enfado no duró mucho, y el ceño fruncido pronto se transformó en una sonrisa de satisfacción. Todd e Isabel lo habían hecho increíblemente bien. Le preocupaba que no se hubieran esforzado demasiado, pero ambos se habían entregado por completo a la tarea. No le cabía duda de que sería capaz de prepararlos para aprobar el examen que se celebraría en tres semanas.
Voy a deshacer todo el daño que Vermil ha causado, y más. Todd e Isabel se esfuerzan demasiado como para que los traten así. Cualquiera que se esfuerce por tener éxito debería tener las mismas oportunidades. Además, es ridículo que la escuela no proporcione escudos a los estudiantes, con todos los que tenían tirados por ahí en la arena. Incluso si no sirven fuera de la arena, seguro que podrían permitirse tener algunos prestados. No entiendo cómo los demás instructores se las arreglan si todos tienen demasiado miedo de luchar contra monstruos sin escudos. ¿Acaso solo los estudiantes ricos reciben una buena educación?
Noah se levantó y empezó a caminar de un lado a otro de su habitación, más por inercia que por voluntad propia, y abrió el armario. Arrugó la nariz con fastidio. Le habían estropeado la ropa tantas veces que solo le quedaba un conjunto.
¡Maldita sea! Necesito conseguir más, pero aún no he encontrado dinero en la habitación de Vermil. ¿No se suponía que este tipo era un niño rico? ¿Dónde está todo mi dinero? Me pregunto si habrá bancos por aquí. Necesito encontrar a alguien a quien molestar con preguntas.
Noah se mordió el labio inferior. Que él recordara, el mapa no mostraba ningún banco. Tampoco tenía muchas opciones sobre con quién hablar. Preguntarles a sus propios alumnos cómo cobrar le parecía un poco ruin, incluso para él. Y, aparte de ellos, las únicas personas con las que había hablado eran Tim, Moxie y Richard.
Apostaría a que Richard lo detestaba, y Moxie no era mucho mejor. Tim era una opción, pero también trabajaba y hacerle demasiadas preguntas al anciano probablemente no era buena idea. A Noah le parecía demasiado hablador como para confiarle secretos.
Bueno, supongo que Moxie está bastante cerca. Si ese Cambiaformas al que perseguía llegó a mi habitación, tendría que vivir cerca de mí. Quizás esté en casa.
Noah salió al pasillo y se dirigió hacia donde había venido Moxie cuando el Cambiaformas lo atacó, observando las placas con los nombres en las puertas a su paso. Le tomó varios minutos, pero pronto encontró a su objetivo.
—¡Ajá! —exclamó Noé, deteniéndose ante una placa con el nombre grabado: Magus Moxie. La puerta, como todas las demás del pasillo, era de piedra lisa. Alzó la mano y llamó.
Transcurrieron varios segundos. Oyó un ligero ruido dentro de la habitación, pero nadie respondió a su llamada. Noah frunció el ceño y volvió a llamar, esta vez con más fuerza.
—¿Qué quieres? —preguntó Moxie con voz cortante desde el otro lado—. Estoy ocupada. ¿Quién es?
—Entrega importante —dijo Noé con voz arrastrada.
Hubo un momento de silencio. La puerta hizo clic y Moxie la abrió de golpe. Sus ojos se entrecerraron al mirar a Noah.
“¿Tú? ¿Qué quieres?”
“Decidí que tenía más preguntas.”
—Eso no forma parte de nuestro trato. No hay nada entre nosotros —dijo Moxie, fulminando a Noah con la mirada—. Lárgate.
—Solo una pregunta rápida —prometió Noah, apoyando el pie contra la puerta antes de que Moxie pudiera cerrársela en las narices. Ella apretó los labios y arqueó una ceja.
“¿Qué, vas a suplicar? Probablemente no te sirva de mucho, pero sería divertido verlo.”
—Parece que me guardas rencor —dijo Noé—. ¿Me aceptarías mejor si fuera un Cambiaformas? Parece que tienes debilidad por ellos.
Las mejillas de Moxie enrojecieron por la vergüenza y la ira. "No es la mejor manera de convencer a alguien para que te ayude".
“Pero es una excelente manera de molestarte, y no me iré hasta que respondas a mi pregunta.”
Moxie rechinó los dientes. Soltó la puerta y se cruzó de brazos. —Por eso todos te odian, Vermil. ¿Qué quieres?
“¿Dónde está mi dinero?”
¿Qué? No te debo nada.
—No tú. Mi dinero. El dinero que de verdad me pertenece —dijo Noah. La mirada de Moxie permaneció inexpresiva—. Mi sueldo. ¿Sabes? ¿Lo que recibimos a cambio de bienes y servicios?
—Sé lo que es el dinero —espetó Moxie—. ¿De verdad te has gastado ya todo tu sueldo mensual?
“Bueno, es más bien que no logro encontrar dónde está. ¿Recuerdas esos pequeños problemas de memoria de los que te hablé, verdad? No encuentro dinero en mi habitación.”
Si hay algún banco en la zona, probablemente Moxie me llamará idiota por no intentar usarlo.
—Perdiste tu dinero —dijo Moxie secamente—. O te lo gastaste todo. Y ahora estás tratando de poner excusas sobre dónde fue a parar.
Ni una palabra sobre un banco. Menos mal que no saqué el tema. Supongo que la gente guarda sus monedas en casa, lo que plantea la pregunta: ¿por qué Vermil no tenía nada? ¿No se suponía que era rico?
Sí, me pillaste. Ya que estamos hablando de esto, también he conseguido destrozar toda mi ropa. ¿Sabes dónde puedo mandar a hacer más?
Moxie lo miró fijamente. Cuando se dio cuenta de que Noah hablaba en serio, se pasó una mano por el pelo y dejó escapar un suspiro profundo.
“¿Hasta qué punto puedes ser incompetente?”
¿Quiere una demostración?
“Paso. ¿Qué quieres de mí, Vermil? Te pagaré de nuevo a principios de mes, dentro de una semana.”
—¿Qué tal un préstamo? —propuso Noé.
¿En serio? ¿Me estás pidiendo dinero? ¿De verdad?
“Es un préstamo. Lo devolveré.”
Moxie lo fulminó con la mirada. "¿Y me preguntas a mí? ¿De entre todas las personas a las que podrías haberte dirigido, vienes a mí?"
Noah miró a ambos lados y se encogió de hombros. —Supongo. Eres así de confiable. Soy demasiado despreciable como para que alguien más me hable. Solo tú me has mostrado tanta compasión, y debo suplicarte que me permitas aprovecharte de ella una vez más. Tu reputación de bondadoso y generoso te precede. Además, eres lo suficientemente fuerte como para sacarme el dinero a golpes a principios de mes si no te lo pago.
Moxie puso los ojos en blanco. —Por favor, para. Voy a vomitar si oigo más halagos salir de tu boca grasienta. —Bien. Te daré lo suficiente para que te vayas si prometes marcharte inmediatamente y no molestarme más. ¿Trato hecho?
¡Ajá! El clásico halago al ego. Nunca falla.
—Hecho —dijo Noé, extendiendo la mano.
Moxie la miró con disgusto, luego se giró y le cerró la puerta en las narices. Se volvió a abrir unos segundos después y le lanzó un pequeño bolso de cuero a Noah. Él lo atrapó y Moxie hizo un gesto para que se marchara.
¡Lárgate! Ya conseguiste lo que querías.
—Gracias —dijo Noé con una sonrisa radiante. Dio media vuelta y se alejó a grandes zancadas, silbando para sí mismo. De vuelta en la Tierra, nunca había tenido suficiente dinero para hacer otra cosa que no fuera comprar en tiendas de segunda mano, e incluso eso era un lujo ocasional.
Ahora, ni siquiera podía pensar para qué necesitaba el dinero. No, aquí las cosas eran diferentes. Matar monstruos le proporcionaba sustento gracias a su energía, y hacía unos días, entre sus viajes a las Acres Quemadas, había descubierto un comedor gratuito para profesores.
Eso significaba que podía gastar el dinero en lo que quisiera, y ahora mismo, Noah necesitaba ropa nueva.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 21
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 20
Estás leyendo el capítulo 20 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.