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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Silvertide agarró a Tyler por la parte de atrás de la camisa y lo puso de pie de un tirón sin el menor esfuerzo. —Lo siento —dijo Noah, sintiendo cómo la vergüenza le oprimía el pecho—. No tengo ni idea de qué me pasó. Últimamente he estado matando a demasiados Destripadores, y... olvídalo. No hay excusa. ¿Estás herido? —Estoy bien —dijo Tyler, tragando saliva mientras Silvertide lo miraba fijamente con una expresión penetrante—. Pero… ¿cómo hiciste eso? —¿Hacer qué? —preguntó Noah, aún sin comprender lo que sucedía—. Prometo que no fue intencional. No suelo atacar a los estudiantes. —Este patán sí que se parece a un Destripador, ¿verdad? —preguntó Silvertide con una sonrisa irónica—. No has hecho nada malo, soldado. Retírate. Nadie tiene la culpa de reaccionar a la defensiva para protegerse, y el chico está ileso. No ha habido ningún daño. ¿Qué está pasando? ¿Cómo es que lo toman tan a la ligera? Noah intentó articular palabra por un instante, pero no le salía ninguna. La mirada de Silvertide se posó en el montón de ropa que yacía en el suelo junto a Noah, y este comprendió que debía de haberla dejado caer en algún momento. “Esa no es la ropa de un soldado.” —En realidad soy profesor —dijo Noah, aclarando la garganta—. No… ah, soy el profesor Vermil. Silvertide se quedó paralizado. Miró por encima del puente de su nariz a Noah, quien le devolvió la mirada con el ceño fruncido, confundido. —¿Eres profesor? —preguntó Silvertide—. ¿Vermil? ¿Tú? —Sí —respondió Noé, recogiendo su ropa del suelo. Tomó su abrigo y se lo echó de nuevo sobre los hombros, dándose una palmadita en la etiqueta con su nombre en el pecho—. Como dije, exageré muchísimo. —He pensado en matar a mi aprendiz idiota más veces que tú, te lo aseguro —dijo Silvertide con un gesto de desdén. Abrió la boca, luego frunció los labios y recapacitó, negando con la cabeza—. Curioso. Profesor Vermil. ¿Qué clase imparte? A Noah le costó un momento recordar su aula. “G100”. Ya veo. Discúlpate con Vermil, Tyler. Tyler se inclinó de inmediato hacia atrás, manteniendo la mirada fija en el suelo como si temiera encontrarse con la de Noah. —Siento mucho las molestias, profesor Vermil. ¿Qué clase de interacción tan absurda es esta? ¿Por qué me piden disculpas a mí? “No ha habido ningún problema. Siento lo de tu escudo.” —Cumplió su función —dijo Silvertide, golpeando su pierna con un dedo, produciendo un sonido hueco y resonante al rozar el metal con la uña—. Por favor, no permita que mi aprendiz, ese tonto, interrumpa su día. ¿Acaso intentaba comprar algo? —Creo que la costurera estaba ocupada —dijo Noah, mirando a la mujer. Ella los observaba, con aún más terror en los ojos que antes. Noah reprimió un suspiro. De alguna manera, estaba bastante seguro de que había empeorado la situación muchísimo. “Hay una clienta en la tienda. El proyecto en el que está trabajando no es tan importante como para que te ignore. Si lo fuera, debería haber cerrado la tienda hasta que lo terminara.” La costurera asintió con empatía. —Claro —dijo Noah, sin creer ni por un instante las palabras de Silvertide. Aun así, tampoco tenía ganas de quedarse en un bucle interminable de disculpas con Tyler. Levantó el bulto de ropa—. Solo quería saber cuánto costaban. —Una moneda de oro para cada uno —chilló la costurera—. Grabaré vuestro nombre en las placas. Genial. Ahora piensa que soy una psicópata desquiciada que va a perder la cabeza en cualquier momento. …Aunque no estoy seguro de si está muy equivocada. ¿Qué demonios fue eso? Noah negó con la cabeza y rebuscó en el dinero que Moxie le había prestado, sacando cuatro monedas y dejándolas sobre la mesa. La costurera sacó un pequeño sello de madera con base metálica. Se lo ofreció a Noah, con la parte metálica hacia arriba, y le dirigió una mirada expectante. Había un pequeño óvalo tallado en el metal, aproximadamente del tamaño de su dedo. Noah, por precaución, presionó el pulgar contra él. Sintió un ligero pinchazo y la costurera retiró el sello. Lo estampó en cada una de las placas metálicas de las chaquetas. Brillaban, el metal se retorcía mientras se transformaba en el familiar Magus Vermil. —Gracias —dijo Noé, recogiendo sus compras—. Disculpen de nuevo las molestias. La costurera asintió con tanta violencia que Noah temió que su cabeza saliera volando. Silvertide apartó a Tyler de un empujón, despejando el camino hacia la puerta, y asintió a Noah. Sintió la mirada del anciano clavada en su espalda durante todo el trayecto hasta la calle. Esa sensación no cesó hasta que Noah dejó atrás la zona comercial. En varias ocasiones, juraría haber visto las garras de un Destripador o los ojos saltones de un Lanzador en las sombras de los edificios y al fondo de los callejones. Noah aceleró, obligándose a concentrarse en el suelo en lugar de en cualquier otra cosa. No dejó de caminar hasta que estuvo de nuevo a salvo en su habitación. Noah cerró la puerta con llave y se apoyó contra ella, deslizándose hasta el suelo y masajeándose la cabeza. ¿Qué me está pasando? Noah apretó los dientes, sin atreverse a levantar la vista por miedo a encontrarse con un Destripador mirándolo fijamente. Centró su atención en su interior, refugiándose en la reconfortante oscuridad de su espacio mental. Runas cobraron vida a su alrededor en el oscuro vacío. Alzó la vista, esperando encontrarse con los ojos de un Destripador, pero se sintió aliviado al ver que, en la negrura infinita, lo único que había además de él eran sus Runas. La luz que emanaba de todas ellas era considerablemente más brillante que antes. Incluso la Runa de Vibración se sentía mucho más fuerte ahora, probablemente alrededor del veinticinco por ciento de donde estaban sus Runas de Ceniza. La revelación habría sido mucho más placentera si Noah no hubiera estado preocupado de que su cordura se estuviera desvaneciendo. Por suerte, el extraño pánico y terror que lo habían atormentado habían desaparecido en la oscuridad. Noah permaneció sentado varios minutos, con la barbilla apoyada en el puño, intentando comprender qué le había sucedido. Al principio, solo ocurría cuando estaba solo. Luego, solo ocurría cuando no estaba luchando contra nada, y ahora ha progresado rápidamente hasta el punto en que me preocupa encontrarme con una banda de asesinos en serie bailando la conga en mi habitación cuando abra los ojos. ¿Qué demonios es esto? Noé negó con la cabeza y se puso de pie. No iba a encontrar la respuesta sentado junto a sus runas. Sus ojos se posaron en los fragmentos blancos que se extendían por los márgenes de su consciencia. Un ceño fruncido apareció en los labios de Noé. Se acercó a los fragmentos. No habían sanado mucho desde ayer. No representaban una parte significativa de la oscuridad que lo rodeaba, pero a Noah no le gustaba nada perder ni un ápice de su alma. Ni de su mente. Fuera lo que fuese aquel lugar. Todavía no lo sabía con certeza. En la blancura, un destello de color floreció. Noé parpadeó y desapareció. Se arrodilló al borde de las sombras y se inclinó hacia adelante, entrecerrando los ojos hacia la nada. Transcurrieron varios segundos. Lentamente, el color volvió a florecer. Rojos y negros se deslizaban sobre el blanco como serpientes, formando ríos sinuosos en su interior. Noé se inclinó aún más, intentando descifrar la imagen. Los detalles fueron apareciendo poco a poco, como agua sobre un lienzo. Un punto negro se formó en el centro de los ríos rojos. Entonces se estremeció. Era un ojo, y lo miraba fijamente. Noé contuvo el aliento con un respingo y cayó de espaldas, alejándose a trompicones del vacío. El corazón le latía con fuerza en el pecho y tropezó, poniéndose de pie de nuevo. Se atrevió a mirar otra vez hacia la blancura, pero estaba vacía de nuevo. Se llevó una mano al pecho y exhaló lentamente. —¿Qué demonios...? —murmuró Noah—. Eso no debería estar ahí. Mierda. Aunque solo era del tamaño de las grietas. Eso lo confirma. Las visiones se deben al daño en mi alma. O me está conectando con lo que sea que fuera esa cosa, o me está facilitando el acceso a mi mente, o algo así. Necesito dejar de morir un tiempo hasta que este daño sane un poco más. Se recompuso y, tras dedicar unos instantes más a examinar sus runas y recobrar la confianza, regresó al mundo real. Noé abrió los ojos. Su habitación estaba vacía, sin ninguna visión que lo atormentara. Caminó pesadamente hasta su cama y se dejó caer sobre ella. Me tomaré el resto del día libre para descansar. Luego, volveré a cazar monos. Tendré que estar más alerta estos días para asegurarme de que un Chucker no nos ataque de nuevo. Si los veo venir, estoy bastante seguro de que podré evitar que me maten. Con la velocidad de recuperación que tenía antes, todo esto debería solucionarse en unos días. * * * El día transcurrió sin incidentes y, sin darse cuenta, el sol se había puesto y vuelto a salir. Despertó con la cálida luz del sol filtrándose por la ventana e iluminando su rostro. Noah se levantó de la cama sin quejarse demasiado, deteniéndose solo para escudriñar la habitación en busca de cualquier rastro de monos ilusorios. Por un instante, juraría haber visto los pequeños ojos negros de un mono observándolo desde detrás de la puerta del baño, pero desaparecieron al parpadear. Noah regresó a su espacio mental para comprobar el proceso de curación de las heridas. El vacío blanco se había reducido ligeramente, pero aún seguía allí. No había nada que hacer al respecto, así que Noé salió de su habitación para ir a buscar a sus alumnos. Tenían monos que matar. Y mataron. A lo largo de la semana siguiente, tanto Todd como Isabel mostraron una notable mejoría en sus combates contra los monos pequeños. Ningún otro Chucker interrumpió sus entrenamientos, y Noah se encargó de cualquier Cortador que tuviera la mala suerte de cruzarse en su camino. Con cada día que pasaba, sus alumnos ganaban confianza y fuerza. El fuego de Todd ardía con más intensidad y la espada de Isabel brillaba con mayor intensidad. Sus movimientos se adaptaron a los de los monstruos, y pronto los derrotaban sin temor alguno y con mayor rapidez. A pesar de sus mejoras, ninguno alcanzaba el nivel de comprensión de Noé. Existía una enorme diferencia entre sentirse lo suficientemente cómodo como para derrotar a los monos con regularidad y conocer sus movimientos tan íntimamente que cada acción que pudieran realizar ya había pasado por la mente de Noé antes de que ellos la percibieran. Siempre que Noé no les estaba enseñando en las Acres Quemadas, él mismo estaba allí, lanzando todo lo que tenía contra cualquier mono lo suficientemente osado como para interponerse en su camino. La balanza en sus peleas contra los Chuckers se inclinaba cada vez más. A pesar de sus esfuerzos, volvió a morir cuando dos Chuckers lo atacaron a la vez. Logró acabar con ambos, pero recibió un golpe mortal en el proceso. Por suerte, para entonces ya se había recuperado lo suficiente como para que las visiones no pareciera regresar. Al final de la semana, Noah estaba seguro de haber descifrado cada uno de sus movimientos. Y, hasta donde él sabía, tenía razón. La última vez que había muerto a manos de ellos fue a mitad de semana, y desde entonces había matado a docenas sin recibir ni un solo golpe. En la mañana del séptimo día de esa semana, Noah se tomó un respiro de la lucha constante para evaluar su propio progreso. Sumido en sus pensamientos, Noah se sintió más que satisfecho. El brillo que emanaba de sus Runas de Ceniza se había intensificado notablemente desde el inicio de la semana. Instintivamente sabía que aún no estaban llenas, pero la presión que desprendían se había duplicado con creces. Estaba seguro de que el ritmo al que se habían estado volviendo más brillantes se había reducido ligeramente, pero eso le parecía totalmente lógico. Las leyes de la energía no han cambiado. Básicamente, almaceno energía mágica en runas, que actúan como un receptáculo para contenerla. Por lo tanto, lógicamente, funcionan como una especie de globo. Es fácil llenar las runas cuando están vacías, pero cuanto más se acercan a estar llenas, mayor es la resistencia. Sus Runas de Viento Menores se habían llenado hacía tiempo, y la Runa de Vibración parecía estar poco más de un cuarto llena. Teniendo en cuenta que llevaba menos de un mes trabajando en ella, Noah estaba más que satisfecho. Era el momento de iniciar la siguiente etapa de sus planes, tanto para él como para sus alumnos.
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Estás leyendo el capítulo 22 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.