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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 19 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¡Ahora!”, rugió Noé. Isabel clavó su espada en el mono que se abalanzaba sobre ella. Sus labios se curvaron en un gruñido furioso y sus garras se extendieron, listas para destrozarla. La espada de Isabel era más larga. La punta se deslizó limpiamente dentro de la cabeza del monstruo, atravesándola como un pincho de carne rancia y recocido. Uno muy apestoso. Ese pensamiento hizo que Noah hiciera una mueca. Quizás era más prudente no relacionar a los repugnantes monos con la comida, especialmente con la que le gustaba. Por suerte, el mono no tenía esas preocupaciones. Estaba demasiado ocupado estando muerto. Sus brazos se balanceaban a los lados por el impulso del salto, pero no quedaba vida en sus ojos. Isabel blandió su espada y el monstruo se deslizó, chocando contra un árbol antes de caer al suelo. —¡Lo logré! —exclamó Isabel, girándose para mirar a Noah y salpicando accidentalmente un poco de sangre de su espada. Todd retrocedió bruscamente para evitarla y la fulminó con la mirada, pero Isabel lo ignoró. —Así es —dijo Noah, esforzándose por no mostrar el alivio en su rostro. El monstruo se había acercado mucho más a Isabel de lo que él hubiera deseado, pero no conocía otra forma de entrenarla. Al fin y al cabo, era una luchadora cuerpo a cuerpo—. ¡Excelente trabajo! Y mira, ni siquiera huiste aterrorizada de un monstruo que te llegaba a la cintura. Isabel empujó el cuerpo del monstruo con el pie. Dejó que la espada brillara y se desvaneciera. “Eso ha sido lo más aterrador que he hecho en mi vida”. —Todos tenemos que empezar por algún lado —dijo Noé—. Buen trabajo. Mucho mejor que tener que depender de un escudo que apenas funciona, ¿eh? Si sigues así, para cuando por fin te decidas a comprar escudos de verdad en lugar de fabricarlos tú mismo, ya habrás practicado luchando sin ellos. Eso te será de gran ayuda, sobre todo si los demás pensaban igual que tú. —Eso suponiendo que no muramos antes —dijo Todd. Era una broma, pero la preocupación subyacente era evidente en su voz. —Tienes razón —convino Noah—. Eso suponiendo que no te mueras. Nadie dijo que hacerse fuerte fuera fácil. Si yo fuera tú, cualquier dinero que tuviera ahorrado lo invertiría en pociones curativas. —¿En eso te gastas todo el dinero que te dan los Linwick? —preguntó Isabel. Noé frunció el ceño. ¿Me dan una beca? La verdad es que no tengo ni idea. ¿Y si le han estado dando cosas a Vermil? ¿Y si fueron ellos quienes le dieron la poción curativa envenenada? Uf. Demasiadas cosas en las que pensar. —Sí —dijo Noah—. Aunque no me dan tanto como parece que crees. No olvides que soy un fracaso. Una vergüenza para la familia Linwick. ¿Verdad? Isabel y Todd apartaron la mirada de él, mirando al suelo con vergüenza. —Puede que seas un poco más competente de lo que pensábamos —admitió Isabel, frotándose la nuca—. Pero la verdad es que no te ayudaste a proyectar una buena imagen. ¿Por qué no actuaste así siempre? Seguirías siendo bastante incompetente con las runas, pero la gente habría respetado tu habilidad en combate. Ah, sí. Todo el tema de los Rangos y la combinación de mis Runas. Estoy en ello, Isabel. Y sería injusto haceros sentir mal a ti y a Todd por haberme insultado. Estoy bastante seguro de que gran parte de lo que sabíais sobre Vermil era correcto. “Tuve una pequeña revelación. No podemos ser holgazanes para siempre”. Noah aplaudió y sus alumnos volvieron la vista hacia él. “Ahora no es el momento. Todavía tenemos bastante tiempo para practicar, y no pienso desperdiciarlo. Nuestro objetivo de hoy será cazar más monos pequeños y aumentar vuestra confianza. Si no habéis matado cinco cada uno para cuando nos llamen de vuelta a Arbitage, os pondré deberes extra”. Isabel y Todd hicieron una mueca. Noah sonrió para sí mismo y continuó adentrándose en el bosque con ellos pisándole los talones, escudriñando los árboles a su paso en busca de presas. Durante la mayor parte del día y la noche, todo transcurrió según lo planeado por Noah. Tomó tiempo, pero Todd e Isabel fueron ganando confianza en sus habilidades. Considerando que, al menos a su juicio, eran más que competentes, Noah sintió que simplemente había llegado al punto de partida en el que ya deberían haber estado. Aun así, no pudo evitar sentirse satisfecho consigo mismo y con sus alumnos. Aunque ninguno de los dos ansiaba los combates, ya no les aterraba luchar sin sus escudos. Todd tenía una clara ventaja sobre los dos. Sus ataques a distancia y la tendencia del mono a cargar hacia su muerte en línea recta convirtieron todo el ejercicio en una cuestión de confianza más que de habilidad real, y lo ejecutó a la perfección. Isabel era mucho más cautelosa, y con razón. Noah observaba atentamente cada pelea que ella libraba, con una cuchilla de viento lista para soltarse en la punta de los dedos en cada segundo que los monos aún respiraban. Solo necesitó ser rescatada una vez, cuando su pie se enganchó con una raíz y tropezó. Aun así, Isabel rodó hacia un lado y Noah estaba bastante seguro de que habría esquivado el ataque del mono si su hechizo no le hubiera arrancado la cabeza. Temía que el evento afectara su disposición a continuar, pero se alegró al ver que Isabel simplemente le dedicó un gesto de agradecimiento con la cabeza y volvió a ponerse en la fila, esperando a que Todd tuviera su turno con el siguiente mono para poder intentarlo de nuevo. En dos ocasiones, el grupo se topó con los Destripadores. Noah los eliminó con brutal eficiencia, dedicando unos instantes a demostrar sus ataques a sus alumnos. Aunque deseaba apresurarlos para que acabaran con los Destripadores, conocía perfectamente el peligro que entrañaban esos monstruos. Aún faltaban tres semanas para el examen final, y se negaba a arriesgar más la vida de Todd o Isabel. —¿Es que no le temes a la muerte? —preguntó Todd después de que Noah le asestara el golpe mortal de viento en el cuello al último Destripador. El sol había vuelto a asomar entre los árboles, anunciando el comienzo del nuevo día, pero ninguno parecía cansado—. Entiendo que te enfrentes a monstruos más débiles sin escudo, pero aunque sepas lo que va a hacer esa cosa, un solo error y estás muerto. Noah pasó por encima del cadáver del Asesino y se limpió los zapatos en la tierra, intentando, sin éxito, quitarles la sangre. Hizo una mueca y se frotó la barbilla. “No, no creo que lo haga.” “¿Entonces tienes ganas de morir?” Noé frunció los labios y se apoyó contra un árbol. La corteza chamuscada crujió contra su espalda. “Hay momentos en que el miedo es bueno. Lo tenemos por una razón. Nos protege, pero también nos frena. Si hiciéramos caso a nuestro miedo, jamás correríamos riesgos. Así que no. No le temo a la muerte; la respeto”. —¿Qué quieres decir con eso? —Isabel se unió a Todd, apartando la vista del cadáver del Destripador para observar a Noah—. ¿No es lo mismo? —No —dijo Noé, negando con la cabeza—. La muerte es inevitable. Lo entiendo, pero no vivo esperando mi muerte. Llegará cuando tenga que llegar. No quiero que llegue antes de tiempo, pero no dejaré que influya en cómo vivo. Por lo tanto, haré todo lo posible para evitar morir, pero no le temeré. Ninguno de los dos respondió. Noah podía ver en sus ojos cómo sus mentes procesaban sus palabras, intentando relacionarlas con el hombre que Vermil había sido. Noah reprimió una risita. Considerando todo esto, me parece un poco hipócrita ir por ahí hablando de la muerte. Isabel abrió la boca para preguntar algo, pero todos se quedaron paralizados al oír un crujido fuera de su campo de visión. Noé frunció el ceño y se apartó del árbol, volviéndose hacia el ruido. La luz del amanecer se filtró entre las ramas, iluminando dos grandes ojos saltones que los observaban desde las sombras. Un nudo de frío le oprimía el corazón a Noé. ¿Qué demonios hace eso aquí? ¡No estamos tan adentro del bosque! —Isabel, Todd, tenéis que iros —dijo Noah en voz baja, intentando mantener un tono lo más sereno posible—. Ahora mismo. —¿De qué estás hablando? —Todd dio un paso hacia Noah. “¡Ahora! Regresen por donde vinimos y súbanse a un árbol. No hagan ruido. No peleen. No regresen, pase lo que pase.” Isabel siguió la mirada de Noah y palideció. Agarró la mano de Todd y tiró de él en dirección opuesta. —¿Y tú? —susurró Isabel. “Yo me encargaré de esto y te veré cuando termine. Te encontraré.” Isabel tragó saliva con dificultad y siguió retrocediendo. Su talón tropezó con una ramita gruesa que se partió, y el sonido seco resonó en el bosque como un disparo. El Chucker chilló. Noah apenas podía verlo desde esa distancia, pero sabía perfectamente lo buena que era la puntería del mono de ojos saltones. Se abalanzó sobre Isabel. Un crujido ensordecedor rasgó el aire cuando una roca le golpeó el pecho, destrozándole el esternón. Noé sintió cómo fragmentos de hueso estallaban como metralla y le desgarraban el cuerpo. "¡Profesor!" —¡Te dije que corrieras! —rugió Noé. Un dolor punzante le atravesó el cuerpo y la oscuridad floreció en los bordes de su visión, amenazando con arrastrarlo al abismo. Habría sido un dulce alivio. Eso habría significado que sus alumnos serían los siguientes en morir, y que no volverían. Noah apretó los dientes y apartó el abismo de un empujón. Agarró su calabaza y su bolsa de viaje, y las lanzó a un lado, impulsándolas con toda la magia de viento que pudo reunir y enviándolas a toda velocidad entre los árboles. Los huesos le crujieron y crujieron en el pecho con el movimiento brusco. No creía que el dolor pudiera empeorar, pero se equivocaba. Su visión se nubló y Noah se agarró a un árbol, aferrándose a él con todas sus fuerzas. El sonido de la huida despavorida de Isabel y Todd se fue desvaneciendo en sus oídos, pero no estaba seguro de si era porque estaba perdiendo el conocimiento o porque se estaban alejando. El Chucker se acercó trotando. Sus ojos se clavaron en Noé. Sus labios agrietados se curvaron en una sonrisa victoriosa y hambrienta. El Chucker preparó una segunda piedra. Si muero ahora, no tendré magia para matar a ese bastardo. Isabel y Todd no podrán sobrevivir. Noé imitó el horrible gruñido del mono y buscó desesperadamente sus runas. El Lanzador lanzó la piedra. Esta se deslizó por el aire, moviéndose tan rápido que ni siquiera pudo seguirla con la mirada. El monstruo estaba tan cerca que, incluso si hubiera podido ver el ataque, no habría tenido forma de esquivarlo a tiempo debido a sus heridas. La magia de Noé respondió a su llamado, pero no fue el Viento lo que surgió. Los árboles agrietados a su alrededor crujieron al ser arrancada con fuerza toda la madera chamuscada y ennegrecida. Nubes de ceniza arremolinada se convirtieron en estallidos negros y sólidos en un instante ante Noé, irrumpiendo frente a él como un rayo dentado. El hechizo rasgó la tierra y la piedra se desvaneció en ella. Un destello de lo que pudo haber sido sorpresa cruzó los enormes ojos del Lanzador antes de que las púas de ceniza lo atravesaran. La ceniza se estrelló contra los árboles tras el monstruo, destrozando varios antes de que la magia finalmente perdiera fuerza y se detuviera. El pecho de Noah se contrajo mientras tomaba una bocanada de aire entrecortada, contemplando la espesa y puntiaguda estructura de ceniza que había devastado el suelo ante él. Entonces se desplomó hacia adelante, exhausto hasta la última gota de fuerza en su cuerpo. Una de las afiladas púas le atravesó la cabeza, matándolo al instante. El alma de Noé se desprendió de su cuerpo justo cuando la estructura de cenizas se derrumbó, dejando caer su cadáver sin miramientos al suelo. Incluso muerto, Noé habría jurado que la adrenalina aún corría por sus venas. Antes de que pudiera pensar con claridad, Noé sintió el irresistible canto de sirena de la calabaza. Una soga se le apretó alrededor del cuello y un tirón poderoso lo lanzó a través de los árboles. Noah se abalanzó sobre él sin miramientos. Gimió, haciendo una mueca de dolor instintiva al respirar. Entre el intenso dolor de cabeza, tardó un instante en recordar que su pecho ya no estaba hecho pedazos. Inspiró con dificultad y abrió los ojos a la fuerza. La suciedad ennegrecida se le pegaba a la piel como pegamento, pero apenas tenía fuerzas para preocuparse. Noé apretó los dientes y se obligó a incorporarse. Por suerte, su mochila y su libro habían caído cerca de su calabaza. La agarró, sacó la muda de ropa y se la puso rápidamente. A pesar de sus esfuerzos, le costó varios minutos, luchando contra su propio cuerpo, vestirse. Noé apretó los labios con fuerza y arrastró sus pies rebeldes de vuelta hacia el lugar de su muerte. Su lanzamiento había sido mejor de lo que esperaba. Noah tardó varios minutos más en volver sobre sus pasos, pero finalmente divisó el cadáver de Chucker tendido junto a varios árboles destrozados, con el cuerpo hecho trizas. Esquivó al monstruo, incapaz siquiera de levantar la vista, y tropezó hasta llegar a su cuerpo. Donde debería haber estado su cuerpo. Noé parpadeó. Se obligó a levantar la cabeza y luego giró lentamente sobre sí mismo. Lo único que vio fueron árboles. No había rastro de su cadáver.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 19

Estás leyendo el capítulo 19 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.