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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 17 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Durante el resto de la semana, Noah murió cuatro veces. Todas a manos de los monos desgarbados y de ojos saltones a los que había apodado Lanzadores. Todos vivían más adentro del bosque que los Desgarradores y los monos pequeños, y cada muerte era, en el mejor de los casos, decepcionante. En cada pelea llegaba más lejos, pero los monstruos eran mucho más rápidos que cualquier otra cosa contra la que hubiera luchado. Sumado a su afición por lanzar piedras, se convertían en enemigos mortales. En varias ocasiones, incluso cuando no estaba en las Acres Quemadas, Noah habría jurado haber visto a los monstruos malditos acechando en las sombras de su habitación y observándolo desde más allá de la ventana. Las visiones parecían no tener ni pies ni cabeza, y Noah no tenía ni idea de qué hacer al respecto. Así que recurrió a una técnica que había perfeccionado en la Tierra, cuando su escuela le había retirado el seguro médico: ignoró el problema y se convenció de que se solucionaría solo. Al final de la semana, Noah logró vencer a los Chuckers una sola vez. Eso no le preocupó en absoluto. Con cada pelea, Noah comprendía mejor a los monstruos. Aguantaba unos segundos más y les infligía más daño. Cada pelea era una oportunidad de aprendizaje y nada más. Al fin y al cabo, no necesitaba ganar todas las peleas. Ni siquiera necesitaba ganar la mayoría. Solo necesitaba ganar una. Cuando el primer Chucker cayó ante él, Noah no pudo evitar reír. El monstruo le había dado más energía que incluso los Cortadores, aunque no por mucho. Hubo un tiempo en que Noah quizá consideró esperar una pelea justa por honor o alguna otra idea igualmente errónea, pero eso fue antes de que le golpearan la cabeza con una roca demasiadas veces seguidas. Lo único que le importaba ahora era aprender más sobre cómo luchaban los monstruos antes de caer. Más que nada, Noah había llegado a una conclusión: la magia era increíble. Por lo que él podía deducir, las runas podían controlar cualquier cosa directamente relacionada con ellas, limitadas únicamente por su creatividad. Cuanto más difíciles eran sus deseos de replicar, más energía requerían. Pero, incluso al hacerse más fuerte, Noah sentía que le faltaba algo. Con frecuencia, su muerte era consecuencia directa de su incapacidad para controlar su cuerpo como debía. La magia era genial, pero no tropezar con un tronco y caer de bruces en las garras de un monstruo también era una ventaja bastante útil. Nunca se había considerado torpe, pero había una diferencia entre evitar los marcos de las puertas que sobresalían al caminar por su casa y no tropezar con una docena de raíces que sobresalían a la altura de los tobillos mientras intentaba evitar que sus órganos se ventilaran. A pesar de sus problemas con los Chuckers, Noah perfeccionó el método para combatir a los Cortadores hasta convertirlo en una ciencia exacta. Los monstruos, antaño amenazantes, ahora eran poco más que torpes sacos de energía, cuyos movimientos eran tan predecibles que Noah prácticamente podía adivinar lo que iban a hacer incluso antes de que ellos mismos lo pensaran. Cuando llegó el día de reunirse con Isabel y Todd, Noah estaba satisfecho con su progreso. Todas sus runas habían aumentado considerablemente su poder, e incluso sin entrenamiento directo, Noah podía sentir que su cuerpo respondía mejor a sus órdenes mentales. Quizás su alma se estaba acostumbrando a controlar el cuerpo, o quizás era simplemente la experiencia. En cualquier caso, funcionaba. Salió esa mañana y llegó a su aula vistiendo su penúltimo juego de toga de profesor. El resto había sido sacrificado en el altar de los monos feos. Para su alegría, tanto Todd como Isabel ya estaban allí. La sonrisa de Noah se desvaneció un instante después. Todd e Isabel ya estaban allí. “¡Mierda! ¿Llego tarde otra vez?” —No —dijo Isabel, haciendo girar distraídamente una pequeña daga entre los dedos—. Solo queríamos terminar con esto y no teníamos nada mejor que hacer. No veo ninguna cabeza de mono en tus manos. “Me decidí por una garra.” Noah arrojó la garra del Destripador sobre la mesa frente a él. Los ojos de Isabel la siguieron en el aire, abriéndose imperceptiblemente antes de que recuperara el control de su expresión. Rodeó el escritorio y la recogió, entrecerrando los ojos. “Podrías haberlo comprado a alguien. Los he visto a la venta. Por eso nos pusimos de acuerdo en lo de la cabeza del Cortador.” Noah puso los ojos en blanco. —Todavía tiene sangre. Está fresca. “Podría haberlo comprado fresco”, dijo Todd. —Bueno, no quería andar cargando con una cabeza ensangrentada, así que te doy una garra —dijo Noah, cruzándose de brazos y apoyándose contra la pared—. Admito que prometí conseguir una cabeza, pero la verdad es que no tengo tanta ropa que arruinar. Tendrás que creerme cuando digo que conseguí esa garra yo mismo. Ninguno de sus alumnos parecía muy convencido, pero no importaba. Tampoco parecían incrédulos. Noah se conformaría con eso. Ya aclararía las cosas. —Supongo que no decidirás que fue una mala idea y la cancelarás —intentó decir Isabel. —No —dijo Noah, aplaudiendo alegremente—. Basta de hablar de mí. ¿Qué tal el entrenamiento? ¿Has progresado algo? —Ya ha pasado una semana, tío —dijo Todd, poniendo los ojos en blanco—. ¿Cuánto crees que tardarán en cambiar las cosas? Nada va a cambiar de repente en solo unos días. —Con esa actitud no. ¿Y tú, Isabel? “Gané todos los partidos contra Todd.” —Porque tu magia funciona mejor en espacios reducidos. Te beneficia —se quejó Todd, cruzándose de brazos—. Los escenarios no representan la vida real en absoluto. —¿Prefieres entrenar sin la ayuda de los emblemas del escudo? —Isabel arqueó una ceja—. Seguro que te irá mucho mejor si te atravieso con mi espada. En un combate de verdad, morirías aún más rápido. “No si primero te cocino.” —Niños. Basta —dijo Noé—. Ya discutiréis entre vosotros luego. Hoy tenemos que matar a unos monos. —Tenéis literalmente la misma edad que nosotros —señaló Isabel—. No podéis llamarnos niños. “Puedo hacerlo cuando actúas como ellas. Adoptas un tono de chica mayor cuando actúas como una. Ven conmigo. Vamos a ir de excursión a casa de Tim.” Noah salió del aula, deteniéndose lo justo para esperar a que Todd e Isabel se pusieran en fila detrás de él antes de continuar. Observó que, a pesar de la reticencia de Isabel a ir, había traído una pequeña bolsa de viaje. Dos cantimploras colgaban de los lados, y sospechó que contenía comida. —¿Quién es Tim? —preguntó Todd. “El anciano que maneja el Cañón de Transporte. ¿Nunca lo has usado? Es muy útil. Ahorra mucho tiempo de viaje, y no sé ustedes dos, pero yo no puedo volar.” —¿No tienes Runas de Viento? —preguntó Isabel. “Las de menor calidad. Geniales para cortar cosas y despeinar, no tan buenas para levantarme.” Su conversación se fue apagando y los tres se dirigieron al otro lado del campus, llegando poco después al Cañón de Transporte. La fila no era muy larga, y tras una breve charla con Tim, el cañón quedó alineado con las Acres Quemadas. En los últimos minutos, el nerviosismo de Isabel y Todd se había ido reflejando cada vez más en sus rostros al darse cuenta de que Noah hablaba muy en serio sobre la expedición. Ambos miraban a su alrededor, como si esperaran que algún profesor apareciera de repente gritando “¡Sorpresa!”, pero no llegó ningún salvador. —Síganme, ustedes dos. No se entretengan mucho. —Noah asintió en señal de agradecimiento a Tim antes de subirse al cañón. Hubo un destello brillante, y luego él también desapareció. La sensación de ser lanzado a la dimensión azul y ondulada aún inquietaba a Noah, pero empezaba a acostumbrarse. Noah cayó de bruces sobre la tierra compacta y rojiza de las Acres Quemadas. Todd e Isabel cayeron a su lado con un golpe seco, con la mirada perdida en la desorientación. Ambos parecían algo pálidos. —Es una experiencia extraña —dijo Noah—. No te preocupes. No es tan malo después de hacerlo un par de veces. —Eso suponiendo que no nos apuñalen hoy —dijo Isabel—. ¿Cómo nos convenciste para hacer esto otra vez? “Tu pasión por el aprendizaje y el crecimiento personal te impulsó a tomar riesgos y buscar oportunidades para superarte.” —Nos chantajeaste —dijo Todd. —Semántica —respondió Noé con una sonrisa—. ¿Por qué no empezamos buscando unos monitos? No son muy peligrosos. Eso sí, no hagamos mucho ruido, o podríamos atraer a una horda de ellos. Se adentró en el bosque. Todd e Isabel lo siguieron apresuradamente, lanzando miradas preocupadas al mar de árboles ennegrecidos. El follaje quemado crujía bajo sus pies a cada paso y se estremecían con cada sonido. Probablemente así me veía cuando llegué por primera vez a este bosque seco. Me alegro de que no hubiera nadie para verlo. Noé levantó la mano. Sus alumnos se quedaron paralizados detrás de él. —¿Qué es? —susurró Isabel. —Mono —dijo Noé, señalando entre los árboles, donde un pequeño monstruo colgaba de una rama, balanceándose suavemente—. Está dormido. Buen comienzo para nosotros. ¿Quién quiere ir primero? Todd e Isabel se señalaron mutuamente. Noah suspiró. Señaló a Isabel. —Estabas presumiendo de haber ganado las peleas. Te toca. Isabel apretó los labios. Flexionó las manos y dio un paso al frente, tragando saliva con dificultad. Luego cerró los ojos. Una tenue energía recorrió su piel, apenas lo suficientemente brillante como para que Noah la viera. Transcurrió casi un minuto. “Yo sugeriría mudarnos antes de que cambie el viento y nos huela”, dijo Noé. “Se está preparando, hombre. Cálmate”, dijo Todd. “¿Qué quieres decir? No vi a Isabel prepararse cuando luchaste en la arena. ¿Qué necesita prepararse?” —Un escudo —respondió Todd, como si fuera lo más lógico del mundo—. No podemos usar los de la escuela aquí, y son muy difíciles de hacer bien. Noah volvió a mirar a Isabel. Una gota de sudor le resbaló por la frente. Tenía los labios apretados por la concentración, y un brillo muy tenue cubría su piel. Era casi invisible. Noah distaba mucho de ser un experto, pero el escudo no parecía especialmente fuerte. “Ya veo. Parece que requiere mucha energía.” —Claro que sí. Es lo más difícil —murmuró Todd—. Para cuando termino de hacer uno, suelo estar completamente agotado. Luego cae en un solo ataque y al final todo resulta ser un desperdicio total de energía. ¿Ves el problema? No estamos preparados para esto. “¿Has considerado la posibilidad de simplemente no fabricar un escudo?” Todd le dirigió a Noah una mirada inexpresiva. —¿En serio? ¿Y qué, morir si nos dan? “Que no te golpeen.” Isabel abrió los ojos de golpe. Todd y Noah cerraron la boca y se giraron para observarla. Sacó su espada del pecho y se acercó sigilosamente al mono, agachándose para intentar hacerse más pequeña. Pequeñas ramas crujían bajo sus pies a cada paso. Noah hizo una mueca. Con los monos más pequeños, era mejor matarlos rápido. Isabel se acercaba tan despacio que estaba casi seguro de que el monstruo despertaría antes de que ella lo alcanzara. Tomó una brizna de viento en la mano y observó atentamente al monstruo. Efectivamente, el mono abrió los ojos de golpe. Se dejó caer del árbol, girando hacia Isabel y mostrando sus colmillos amarillentos mientras lanzaba un chillido. Ella clavó su espada en el monstruo, pero no llegó a asestar el golpe. En lugar de atravesar al monstruo con su espada, Isabel apenas le rozó el hombro antes de retroceder. El mono aulló y se abalanzó sobre ella, obligándola a retroceder. No mostró ni la velocidad ni la confianza que Noah había visto durante su pelea con Todd en la arena. Isabel se lanzó a un lado, esquivando por poco las garras del monstruo, y volvió a ponerse a cuatro patas. El mono, celebrando su victoria, saltó hacia la garganta de Isabel. Ella gritó, y la sangre le salpicó la cara cuando la cuchilla de viento de Noah alcanzó al monstruo en el cuello, matándolo al instante. El monstruo cayó sobre sus piernas. Noah se acercó a ella y agarró el cuerpo del mono, apartándolo de Isabel. Contempló al monstruo muerto con los ojos muy abiertos, respirando con dificultad. Isabel tragó saliva y se incorporó lentamente, incapaz de apartar la vista del cadáver del mono. El brillo que cubría su piel parpadeó y se desvaneció. —Buen intento —dijo Noé—. Pero… ¿qué fue eso, Isabel? Eres mejor de lo que acabas de demostrar. Sé que puedes hacer mucho más de lo que vimos. ¡Tus movimientos en la arena fueron increíbles! ¿Me estás tomando el pelo? ¡Casi me mata! —No tenías confianza en tus habilidades —corrigió Noah—. Lo habrías hecho genial sin ninguna dificultad si lo hubieras abordado de la misma manera que lo hiciste con Todd. —O me habría matado más rápido —dijo Isabel con la voz más aguda de lo normal y los ojos desorbitados mientras señalaba con el dedo al mono muerto—. ¡Mira qué rápido fue! Si hubiera logrado atacarme dos veces, mi escudo se habría hecho añicos y estaría muerta. “Pero no si lo hubieras matado primero.” Isabel negó con la cabeza. Se limpió la sangre de la cara y se estremeció. —Sí, claro. ¿Puedes dejarlo ya? Es fácil quedarse atrás y lanzar magia desde lejos, pero no eres tú quien se enfrenta al monstruo. Yo no uso magia de viento. —¿Y tú sientes lo mismo? —preguntó Noah a Todd. Todd asintió con empatía. “Solo vamos a acabar muertos haciendo esto. No puedo permitirme un escudo poderoso como los chicos de familias ricas. Tengo que fabricarlo yo mismo en el campo, igual que Isabel. Cuando ahorremos lo suficiente para un escudo de verdad, quizá podamos entrenar. Pero te engañas si crees que somos como tú”. —¿Como yo? —Noah parpadeó—. ¿Crees que tengo algún escudo sofisticado que me protege? —Claro que sí —espetó Isabel, dirigiendo una mirada acusadora hacia Noah—. Eres de la familia Linwick. Por más tonterías que digas, no estamos en la misma posición. No tenemos tus ventajas, que, por alguna razón, desperdiciaste lo suficiente como para seguir siendo un pésimo profesor. Noé se quitó la capa y la arrojó al suelo. Su camisa cayó con ella, y el viento frío le azotó el pecho desnudo. Noé giró sobre sí mismo para que pudieran verle todo el torso. “No tengo escudo.” “Lo tienes en los pantalones”, dijo Todd. Noah arqueó una ceja. —¿Quieres que me los quite también? —Por favor, no —dijo Isabel rápidamente, pero su rostro palideció aún más—. ¿Pero por qué demonios viniste aquí sin tu escudo? ¿Eres idiota? ¿Y si los monos intentan matarnos? —Esa es… su esencia —respondió Noah con tono desconcertado—. ¿De qué estás hablando? —¡Podrías haberlos enfrentado con el escudo! Ahora nos matarán si aparecen —siseó Todd. Le clavó un dedo en el pecho a Noah—. ¿Acaso quieres que nos maten a todos? Noah apartó la mano de Todd de un manotazo. —¿Pensabas que esto sería más seguro porque tendría una especie de escudo que me permitiría actuar como una pared viviente contra los monstruos? —Obviamente —espetó Todd—. No hay manera de que te pusieras en una situación peligrosa, pero está claro que has perdido completamente la cabeza. Un aullido resonó en el bosque, y los tres cerraron la boca de golpe. Se oyeron crujidos de ramas y una enorme mano con garras se aferró a un árbol frente a ellos, aplastándolo con un chasquido. Un Desgarrador apareció ante ellos, con su hocico chato ensanchado. Isabel y Todd miraron a Noah con los ojos muy abiertos, aterrorizados. —Vamos a morir —susurró Isabel.
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Estás leyendo el capítulo 17 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.