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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 11 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Encontrar monos resultó bastante fácil. Eso no fue una gran sorpresa, ya que Noah prácticamente se estaba ahogando entre esos monstruos sarnosos cuando fue transferido por primera vez al cuerpo de Vermil. Tras apenas unos minutos de escabullirse entre los árboles, divisó a un mono de pelaje rojo encorvado sobre el cadáver salpicado de sangre de otro mono, desgarrándolo salvajemente y arrancando grandes trozos de carne. El monstruo se los metió en la boca a paladas, emitiendo una mezcla de gemidos y gruñidos increíblemente desagradables mientras se alimentaba. Noé ni siquiera se molestó en ocultar su repugnancia. Se detuvo en seco, manteniendo unos árboles entre él y el distraído monstruo, y canalizó una de sus Runas de Viento. Un arco de energía giró entre sus dedos y saltó, cortando árboles y conectando limpiamente con la nuca del mono. El monstruo se desplomó hacia adelante y cayó de bruces sobre su presa, y el muñón de su cuello manó sangre a borbotones sobre el suelo. Una oleada de energía recorrió las venas de Noah y le subió por la columna vertebral. Noah sacó de inmediato su Runa de Vibración. Parpadeó, indistinguible de su aspecto anterior. Si matar al mono había contribuido a que se fortaleciera, no podía percibir los resultados. —Estupendo. Espero que estas cosas no estén en peligro de extinción, porque creo que voy a matar a unas cuantas. —Noé cerró la palma de la mano. Sin importar cuántos tuviera que matar, al menos era mejor que quedarse de brazos cruzados. Eso era algo que jamás volvería a hacer. Mejor intentarlo y fracasar que quedarse estancado perdiendo aún más tiempo. Se arrodilló junto al mono muerto y usó una de sus manos para serrar una garra. Unos minutos después, la arrancó de un tirón con un gruñido. Noah limpió la sangre en el espeso pelaje del monstruo y alzó su daga improvisada, asintiendo para sí mismo. Era hora de cazar. Otros cinco monos corrieron la misma suerte y cayeron víctimas de las Runas de Viento de Noé. Estuvo tentado de probar a Ceniza, pero Viento le pareció una herramienta mucho más eficaz contra sus oponentes actuales. Si algo no está roto, no lo arregles. Las horas transcurrían mientras acechaba a los habitantes del bosque, y el sol avanzaba por el cielo, dirigiéndose hacia el horizonte. La racha de buena suerte de Noé finalmente llegó a su fin cuando, poco después del mediodía, alcanzó un pequeño claro entre los árboles quemados. Algo había arrancado los árboles de la zona y los había arrojado a un lado, dejando tocones irregulares que sobresalían del suelo por todas partes. Cuatro monitos estaban sentados en semicírculo alrededor de uno enorme que Noah reconoció perfectamente por sus enormes garras y su cara espantosa. Un asesino. El mismo monstruo que lo había matado varias veces poco después de su llegada. Una mezcla de miedo y rabia le oprimía el pecho, y Noah, instintivamente, se agachó tras un árbol, pegando el costado a la corteza quebradiza. Esperó un instante antes de asomarse de nuevo. Los monstruos no parecían haberlo notado. El Destripador permanecía de pie frente a sus congéneres más pequeños, gruñendo ininteligiblemente y agitando las manos de vez en cuando. ¿Son inteligentes? Es una idea inquietante. Quizá cueste un poco asimilarla. Vale, ya lo he superado. Esos cabrones se me adelantaron. ¡Que disfruten esperando en la cola, imbéciles! Noé flexionó los dedos. Se desenganchó la calabaza de la cintura y regresó por donde había venido durante un minuto, escondiendo la calabaza al pie de un gran árbol antes de volver al claro. Rodeó el claro para ponerse a la espalda del Destripador. Todavía no había luchado contra los monstruos en grupo, pero eso no cambiaba el hecho de que el enorme mono seguía siendo el más peligroso de todos. El viento se deslizó alrededor de la palma de Noé y formó una luna creciente vibrante frente a ella. Apuntó y lanzó el hechizo hacia el mono. Sin esperar a ver si le daba, formó otro disco y lo lanzó antes de volver corriendo hacia los árboles. Un chillido ensordecedor, seguido de un aullido gutural, le indicó a Noé que sus ataques habían dado en el blanco. Unos pasos atronadores, seguidos de un fuerte crujido, le confirmaron que no habían impactado con la suficiente fuerza. Noé maldijo entre dientes, moviendo las piernas con todas sus fuerzas mientras se abría paso a trompicones por el bosque. Los árboles crujían y se hacían añicos tras él mientras el mono lo perseguía, aullando furioso. Lo estaba alcanzando. Noah no pudo evitar sentir un déjà vu mientras la distancia entre ellos se reducía progresivamente. Podía oír los gritos de los monstruos más pequeños acercándose. Noah alcanzó a ver a uno de ellos balanceándose entre los árboles hasta llegar a su lado. Giró sobre sí mismo, lanzándole una ráfaga de viento. El mono cayó al suelo, esquivando el ataque, y se abalanzó sobre él. Lo más sensato habría sido lanzarse hacia un lado o intentar evitar el golpe. Eso era probablemente lo que el mono esperaba. En cambio, Noé se acercó y le dio un codazo en la nariz. El monstruo soltó un chillido y retrocedió tambaleándose, aturdido por un instante. Noé le estampó la palma de la mano en la cara y desató una ráfaga de viento a quemarropa. La sangre salpicó y cayó hacia atrás sin hacer ruido. La energía inundó a Noé, pero ya estaba corriendo de nuevo. Tres monos más. Dos pequeños y un Desgarrador herido. Noé se giró tras un árbol, levantó la mano y lanzó una ráfaga de viento justo cuando el Desgarrador atravesó un delgado árbol, haciendo volar fragmentos de madera por todas partes. Su cuello peludo estaba enmarañado con sangre y sus pequeños ojos negros ardían de odio y dolor. El mono abrió la boca, dejando al descubierto hileras de afilados colmillos amarillos, y lanzó un aullido. El hechizo de Noé lo alcanzó en el pecho, abriéndole una profunda herida. El mono chilló y se abalanzó sobre Noé. Esta vez, Noé tuvo la sensación de que intentar golpearlo solo conseguiría que lo hiciera pedazos. Se lanzó hacia atrás, aterrizando con una torpe voltereta. Sintió un crujido en el brazo y maldijo de dolor. Noah se dio la vuelta, levantando la otra mano en actitud defensiva justo cuando el Destripador llegó frente a él. Este alzó las manos, chillando victorioso. Vi al otro monstruo hacer lo mismo. Va a atacar con ambas manos. Noah rodó hacia un lado. La tierra se levantó con un golpe seco tras él cuando las garras del mono la atravesaron limpiamente y sus palmas impactaron contra el suelo del bosque. Le dolía el brazo, pero Noah lo ignoró. Alzó la otra mano y lanzó una ráfaga de viento al cuello del sorprendido Destripador. Sus gritos finalmente cesaron y se desplomó al suelo a su lado, muerta. Noé se estremeció; la adrenalina le recorría las venas con tal intensidad que podía oír los latidos de su corazón. La energía lo invadió y se puso en pie con dificultad, observando su entorno. Todavía quedaban dos monos, y aún recordaba lo sucedido cuando celebró una victoria prematuramente. Noé giró lentamente sobre sí mismo, con la mirada fija en cada leve susurro del viento entre las ramas agrietadas. Su pecho subía y bajaba con respiraciones pesadas y se llevaba la mano al pecho, mostrando los dientes. —¡Vamos! —gruñó Noé—. ¿Dónde estás? Un potente golpe impactó en la espalda de Noé, haciéndolo tambalearse hacia adelante. Se ladeó, pero demasiado lento para evitar una mano con garras que le arañó la espalda. Noé gritó y cayó al suelo, girándose desesperadamente para ver al mono abalanzándose sobre él para arrancarle la cara. La magia se arremolinó y una ráfaga de viento alcanzó al monstruo por el cuello. Su cadáver se estrelló contra Noah, derribándolo al suelo. Las heridas en su espalda le dolieron intensamente y Noah gruñó, apartando a la criatura de un empujón. Un entumecimiento se apoderó de su cuerpo. Intentó ponerse de pie, pero las piernas no le respondían. Resbaló en el charco que se formaba sobre el suelo chamuscado, mezclando su sangre y la del monstruo, y cayó hacia atrás con un gemido. Con mano débil y temblorosa, Noé agarró su daga improvisada. Se arrastró por el suelo con ella, apoyándose contra un árbol para no caerse. Cada respiración era más superficial que la anterior, pero Noé mantuvo la daga en alto frente a él. —Una más —jadeó Noé—. ¡Vamos! Los segundos transcurrían y la mano de Noah se inclinó. El mundo se oscureció y su visión se redujo a un punto. La fuerza abandonó sus extremidades. Su último acto fue lanzar su daga con todas sus fuerzas, la cual, en ese momento, estaba a tan solo unos metros de él. Un leve destello de movimiento en el borde de sus ojos que se apagaban fue lo último que vio antes de desvanecerse. El alma de Noé se separó del cuerpo, elevándose en el aire. Miró fijamente el cadáver ensangrentado bajo él y arrugó la nariz. El último mono estaba detrás de un árbol, observando con recelo su cuerpo. “Bueno, no ha sido una mala carrera, ni mucho menos. Una clara mejora respecto a la anterior. Y… ¡maldita sea! Por favor, para. No me comas la cara, ¡qué asco!” El mono no podía oírlo. Y, aunque pudiera, Noé sospechaba que su petición habría caído en saco roto. Una energía negra grisácea se enroscó alrededor de su cuello. Noah ni siquiera parpadeó cuando lo arrastró lejos. Un instante después, se incorporó con un jadeo entrecortado. Le dolía la cabeza violentamente y la calabaza yacía en el suelo a su lado. Noé se levantó apoyándose en el tronco del árbol, dejando la calabaza en el suelo. Instintivamente intentó recurrir a su magia, pero fue en vano. Las runas eran completamente inaccesibles para él y, a juzgar por experiencias anteriores, seguirían así durante varias horas. Noah se masajeó la sien y se adentró pesadamente en el bosque en dirección a su cadáver. Aunque no tuviera magia, necesitaba recuperar su ropa o volvería a Arbitage con todo a la vista. Reprimió una risita de dolor. Esa es una forma segura de que te despidan. Varios minutos después, Noah se detuvo. Unos crujidos fuertes provenían del lugar donde había muerto, y no necesitó mucha imaginación para saber qué eran. Noah avanzó sigilosamente, mirando al suelo para asegurarse de no pisar nada que hiciera mucho ruido. Por suerte, el mono parecía distraído con lo que probablemente creía que era el premio a su paciencia. Estaba encorvado sobre su cuerpo, emitiendo débiles aullidos mientras lo despedazaba. La daga de Noé yacía en el suelo donde la había arrojado. Moviéndose con la mayor discreción posible, Noah se acercó a la daga. La recogió del suelo y el mono se detuvo, levantando la vista de su comida al fin al oír el ruido. Era demasiado tarde. Noah le clavó la hoja en la oreja, retorciéndola salvajemente antes de arrancarla y estrellarla contra la base del cráneo del monstruo. La afilada garra atravesó el denso pelo y la carne que había debajo. El mono se desplomó, muerto antes incluso de poder mirarlo. Noé lo apartó de un empujón y recogió su ropa del cadáver, esforzándose por no mirar su rostro ahora desfigurado. Ignoró la sangre que empapaba su camisa y pantalones mientras se los ponía y se dio la vuelta, alejándose sin mirar atrás. Recogió su calabaza, aún luchando contra el violento dolor de cabeza que le martilleaba la cabeza, y trepó a un árbol para esperar a que su magia regresara. A pesar del dolor que le recorría el cuerpo y la confusión mental, el corazón de Noah latía con fuerza, lleno de emoción. Estaba empezando a disfrutarlo de verdad.
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Estás leyendo el capítulo 11 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.