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Leer El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

¡SLASH! Un ruido sordo se producía mientras la espada cortaba el aire. ¡SLASH! Tenía una potencia suficiente para atravesar cualquier cosa que se interpusiera en su camino. Todos los testigos podían dar fe, sin temor a equivocarse, de que no había nada que pudiera detener su trayectoria. No por la espada en sí, sino por la habilidad de su portador. Y esa espada... se encontraba en mis manos. Manos que, armoniosamente, reflejaban un talento sin igua— "Ey, deja de perder el tiempo si no quieres cambiar lugares con el muñeco de práctica." Una voz fría interrumpió mi glorioso relato mental justo en su apogeo, dejándome sin más remedio que castigar tal insolencia sin piedad: "¡SÍ, Capitana! Me esforzaré en hacerlo mejor." Aunque, siendo honestos, no había forma de que pudiera hacer algo así. "Aún te faltan cien tajos. No creas que vas a librarte tan fácil mientras juegas. Y ya te dije que no me llames Capitana." Así es como eran las cosas. En retrospectiva, puede que hubiera exagerado un poco con eso de que podía "cortar cualquier cosa"... o cortar en general. ¡SLASH! Aquí estaba yo, en plena madrugada, en un espacio apartado del campamento, practicando cómo blandir una espada de madera. O al menos quiero creer que eso hacía. Porque, en realidad, no estaba haciendo más que repetir el mismo tajo una y otra vez como un zombi. La razón de esta tortura matutina... bueno, hay varias. Primero: mejorar mi resistencia. No sería buena idea retrasar a todos los caballeros por mi culpa. Aunque, si de verdad llegara al límite, siempre podría quedarme en el carruaje que transporta a los heridos. Claro que allí probablemente no sería ni remotamente bien recibido. Después de todo, ellos son los que más han vivido el infierno de los enfrentamientos contra los demonios. ¡SLASH! Segunda razón: viendo cómo funciona este mundo, está claro que se necesita un mínimo de fuerza para sobrevivir. Tal vez, una vez lleguemos a la ciudad, la situación cambie... pero por ahora, si estuviera solo, no duraría ni un día con estas condiciones. Y tercero... ¡SLASH! "¡Deja de hacer ese maldito sonido con la boca de una buena vez!" "¡Sí, Capita— d-digo, Sí señora!" Intenté responder con el mismo ánimo de antes por pura costumbre, pero los ojos de Lyria ya me estaban perforando con una mirada que dejaba claro que su enojo habitual estaba subiendo de nivel. Así que me corregí al instante y continúe repitiendo el movimiento. "Más te vale acostumbrarte, porque desde ahora hasta que lleguemos a la capital vas a entrenar todos los días. Así no te quedará tiempo para pensar en si las 'ladies' te miran o no." Desde aquel pequeño desliz de lengua en la tienda de Iris, Lyria decidió que no bastaba con intimidarme verbalmente: ahora también quería agotarme físicamente. Así que, con la excusa de "fortalecer mi resistencia", decretó que debía entrenar todas las mañanas antes del amanecer. Ya han pasado dos días desde entonces. Dos largos, helados, y dolorosamente activos días. Y aunque técnicamente estoy vivo, mi cuerpo no ha terminado de aceptarlo del todo. Esto definitivamente es un entrenamiento del demonio. ¿Cómo esperan que de la nada no solo le siga el ritmo a caballeros entrenados, sino que además entrene antes siquiera de partir? No hay forma de que pueda hacer algo así. Bueno... eso era lo que pensaba al principio. Mi cuerpo anterior nunca podría soportar algo de este calibre, lo que me hace agradecer que, incluso sin poder mágico, este cuerpo esté lo suficientemente entrenado como para no desplomarse por sí solo con todo esto. Aunque eso tampoco lo hace más fácil. Después de todo, sigue doliendo como el demonio. Si fuera por mí, hace rato me habría quejado, argumentando que era imposible continuar de esta forma. Sin embargo, para mi desgracia, no podía hacerlo... no con la contradicción viviente a este hecho justo al frente. "¡Tus manos se están moviendo más lento! ¡Hazlo más rápido si no quieres que agregue otras cien a la lista!" Gotas de sudor caían del rostro de Lyria, a pesar de que solo estaba parada observándome practicar. Así era. En estos días descubrimos cómo funciona nuestra "resistencia combinada", por decirlo de alguna manera. Aunque en realidad, nada más lejos de ser una combinación. Normalmente uno pensaría que compartir la resistencia significaría tener un promedio entre ambos. Es decir, incluso si ahora mismo soy un enclenque, la fuerza y resistencia de Lyria deberían bastar para compensarlo, ¿cierto? Gran error. Este poder no era tan conveniente. Como ninguno hasta ahora, de hecho... "N-no a-a-aaguanto máaaaas..." "Deja de decir mentiras. Esto no es más que un entrenamiento ligero." El cómo funciona este sistema es, sencillamente, injusto: depende de quién realiza el esfuerzo. Por ejemplo, si Lyria corre cuatrocientos metros sin cansarse, yo tampoco siento mucho. Pero si soy yo quien corre tan solo cien metros y termino hecho trizas, entonces no solo yo estoy agotado, ¡Lyria también recibe la misma carga! Lo cual, en la práctica, es una reverenda basura, porque hacemos exactamente las mismas actividades... pero el sistema toma al más débil como punto de referencia. Qué horror. Aunque por otro lado, también descubrimos que aunque ambos recibimos la misma carga, la forma en que la soportamos sigue siendo personal. Incluso aunque ahora mismo siento que podría desmayarme en cualquier momento, Lyria sigue viéndose bastante estable. ...¿Qué tanto habrá tenido que soportar para que esto le parezca ligero? Maldición.¡No necesito este tipo de ligereza!. Aunque tampoco había forma de que me pudiera quejar, al fin y al cabo era verdad que era en pro de nuestra supervivencia. Así pasó media hora más hasta que por fin pude terminar lo que me había pedido. "Haaa... defini-tivamente noo.. ah.. puedo.. más" Ya no tenía fuerza ni para sostenerme en pie; al terminar, mis piernas simplemente cedieron como si hubieran cortado la cuerda que las sostenía. Ya no me quedaba aliento de nada, así que solo me quedé mirándola mientras esperaba que mi cuerpo volviera a dar señales de vida. "Qué patéti-co, supon-go que por ahora está... bien" me devolvió Lyria, pero se notaba que sabía que en realidad se había excedido. Después de todo, lo dijo mientras estaba sentada en el suelo desde hacía como diez minutos. ¡Qué injusto! ¡Yo tengo que matarme entrenando y ella no hace nada! Bueno... siendo francos, también era verdad que yo era el que nos estaba retrasando, pero aun así... Parecía que había captado lo que estaba pensando, porque de inmediato me respondió con tono molesto: "¿Qué significa esa mirada? Para tu información, estoy enfocándome en recuperar mi núcleo mágico, así que es mejor no hacer ejercicios intensos hasta entonces. No soy como tú" Parecía que había tocado su orgullo, y eso que lo único que hice fue quedarme viéndola. ¿Hasta dónde esta chica era capaz de buscar pelea?. Tampoco iba a desperdiciar esta oportunidad para burlarme de ella. "Heee... pero yo no he dicho naaaada. Además, ¿no se suponía que esto era un entrenamiento ligero? Ca-pi-ta- aaaahhhh" Estaba por asestar un golpe crítico cuando, de repente, un dolor punzante atravesó mi brazo. Me hizo soltar un gemido entrecortado sin poder evitarlo. Y, considerando lo agotado que ya estaba, fue como si me hubieran rematado. Bajando mi mirada mientras rodaba del dolor, vi a Lyria pellizcándose su propio brazo. ¡Esta tipa! "¡Ey! ¡Eso es trampa! ¡No se valen tácticas kamikaze!" "Eso te pasa por empezar a decir cosas raras." "¡¿Cómo que cosas raras?! ¡Si solo te estaba corrig— aaah ahh, ya basta, entiendo, entiendo, así que para de una vez! ¡Ya hasta se están poniendo morados nuestros brazos!" "¡Hmpf!, solo si dejas de escupir estupideces." "¡Entiendo, así que suéltame! O mejor dicho... ¡suéltate!" Solo entonces liberó el agarre de su brazo. ¡En serio, no entiendo de dónde viene su resistencia abismal! "Hmph, más te vale que con eso aprendas." ¿¡Qué carajos debería aprender!? ¡Si literalmente ahora te estás sobando el brazo disimuladamente! ¡¿A quién tratas de engañar, si hasta puedo sentir el tacto?! No era algo que pudiera decir. Ya había aprendido la lección. Iba a responderle con normalidad, pero entonces se escucharon unos pasos acercándose seguido de un saludo: "Buen día, ustedes dos. Me alegra que la convivencia no vaya mal." Era el subgeneral Beildolf. Llevaba ropa ligera, a diferencia de las otras veces que lo había visto, pero eso solo hacía resaltar los vendajes que envolvían su brazo derecho, justo donde antes debió estar su antebrazo. Lo más inquietante, sin embargo, era que ya se encontraba a esa distancia y ni Lyria ni yo nos habíamos dado cuenta. La primera en reaccionar fue Lyria, que se levantó rápidamente y ofreció un saludo formal. "Buenos días, subgeneral Beildolf. No hay forma de que algo así sea cierto, pero aun así cumpliré con mi deber." "Yo tampoco diría que nos llevamos exactamente bien, pero... se hace lo que se puede. Buen día." Le contesté sonando natural, considerando que a Lyria tampoco le sorprendió, pensé en no tomarle mucha importancia, pero apenas terminé de hablar, Lyria me dio una palmada en el hombro y añadió: "Tonto, háblale con respeto al subgeneral. Si no fuera por él, ya no estaríamos aquí. Puede que antes te lo hayan dejado pasar porque no recordabas nada, pero a partir de ahora no se tolerarán faltas de respeto hacia él." "Vamos, joven Lyria, tampoco hace falta ser tan estricta." Beildolf sonrió ligeramente. "Solo pasaba a ver cómo iban. Me comentó el caballero Mike que empezaron a levantarse más temprano de lo habitual, así que tenía curiosidad por ver con mis propios ojos qué hacían tan temprano en la mañana. ¿Entrenando, eh?" Ugh, esto se debe sentir incómodo...al fin y al cabo, era como si estuvieran entrenando a su enemigo. Digo, en estos días apenas he aprendido algo, pero no creo que los caballeros se lo tomen a bien. tenía que explicarlo antes de que se creara un malentendido. "Ehm... Subgeneral, lo que pasa es que estos últimos días no he podido seguir el ritmo del todo con los demás caballeros, por eso..." —di un paso al frente para explicarlo, pero Beildolf tan solo sonrió antes de agregar: "Eso es excelente. Estaba teniendo algunos problemas pensando cómo hacer para que pudieras acompañarnos sin retrasar la marcha, pero veo que mis temores eran infundados." Lejos de estar receloso, parecía estar verdaderamente alegre. Lyria alzó ligeramente el mentón antes de hablar, como si quisiera dejar en claro que todo estaba bajo control. "Por supuesto, subgeneral. Lo que menos quisiera es ser un lastre para el equipo. Además, no se preocupe, lo estoy vigilando en todo momento para asegurarme de que no intente nada extraño." "¡Hey! ¡Yo no haría algo así! ¡Si acaso, me estoy partiendo el lomo con esta rutina que me has puesto a hacer! Y encima Iris me lanza ese hechizo de rastreo todas las noches, como si me quedara energía o ganas como para escapar." "¡Es lo mínimo que puedes hacer después de que se te perdonara la vida! Además, si tienes tantos ánimos como para discutir, no te molestará que te agregue otras cien." "¡Nooo, todo menos eso por favor! ¡Ya no siento mis manos!" "¡Jajaja! Definitivamente mis preocupaciones eran infundadas." El subgeneral, al ver nuestro intercambio, tan solo siguió sonriendo antes de dirigirse a mí. "Rein, ¿verdad? Es un buen nombre el que te dio la joven Dunewell. Y pensar que rara vez hace el esfuerzo por interactuar con los demás de alguna forma." ¿Iris? Es verdad que no suele hablar mucho o ser muy expresiva, pero no siento que se aísle. Quiero decir... siempre voy a su laboratorio, y al final terminamos hablando junto con Lyria de alguna u otra forma. Lyria, como si hubiera intuido mi cara de perplejidad, infló el pecho con orgullo. "A Iris nunca le ha gustado relacionarse con desconocidos. Al principio fue súper recelosa conmigo en la academia, e incluso cuando se formó nuestro grupo, tendía a apartarse de los demás. Pero ahora nos dice lo que piensa sin problema... al menos a nuestro grupo. ¿Acaso no soy increíble?" Era raro ver a Lyria dirigirse a mí de forma tan animada —por no decir que no lo había hecho ni una sola vez hasta ahora—, lo que demostraba lo increíblemente orgullosa y complacida que estaba de este logro. "Hee~~ en ese caso, yo, que desde el principio he podido hablar normalmente con ella e incluso hasta recibí un nombre de su parte sin hacer nada... ¿no soy aún más increíble?" "¿¡Qué—!? ¡No! ¡Contigo solo habla por lástima o algo así! ¡No hay forma de que disfrute escuchar tus babosadas!" "No sé yooo... a mí me parecía bastante cómoda estas últimas noches. Hasta me preguntó cómo me estaba sintiendo estos días." "¡Eso fue solo por temas de estudio! ¡No te creas mucho solo porque te dirige un par de palabras! ¡Si no fuera por esta condición, ni te voltearía a mirar!" "Habrá que preguntarle esta noche, entonces. Así sabremos de una vez si es tan así... o si en realidad simplemente mi carisma es mayor que el tuyo~." "¡TÚ—!" Lyria había agachado la cabeza para mirar al suelo mientras sus brazos empezaban a temblar. Ya había aprendido a identificar ese punto: cuando temblaba así, significaba que estaba llegando al límite. ...Era el momento de aplicar mi estrategia secreta para sobrevivir: pedir perdón humillantemente antes de que fuera demasiado tarde. "Uh... uhm." Pero justo cuando iba a implementar mi plan maestro, el subgeneral tosió un par de veces. Lyria, como recordando de golpe que él seguía ahí, recuperó rápidamente la compostura y empezó a excusarse: "¡Ah, perdóneme, subgeneral! Este idiota estaba sacando ideas equivocadas, así que tenía que corregirlo..." "No." Beildolf negó con la cabeza, con una expresión serena. "Si estas son las discusiones que tienen, es un gran alivio para mí." Lyria, entendiendo la implicación de sus palabras, se quedó en silencio otra vez. Esta vez, sin embargo, no podía adivinar qué pasaba por su cabeza mientras fijaba la mirada en las rocas del camino. El subgeneral, no sé si intencionalmente o no, añadió en un tono más serio, esta vez dirigiéndose a ambos: "Recuerden andar con precaución. Los caballeros que están al tanto de lo que pasa se están conteniendo hasta cierto punto... pero si más soldados descubren la verdad, no sé si incluso yo podría controlar la situación." Si incluso el líder lo decía, ya no podía considerarlo exageración. El peligro no había terminado solo porque me hubieran perdonado la vida. Después de todo, no habían perdonado mis actos. Beildolf entonces miró el cielo un instante, como evaluando cuánto faltaba para que el sol terminara de asomar por el horizonte. El aire frío de la madrugada aún colgaba en el ambiente como un velo. Luego bajó la mirada hacia nosotros y asintió con tranquilidad. "Bien, los dejo por ahora. Aún hay cosas que debo preparar antes de partir." Dio un par de pasos, y antes de girarse del todo, añadió con tono pausado: "tampoco se sobreesfuerce, joven Lyria. El día apenas comienza, y no querrán afrontarlo con las piernas temblando." Lyria hizo una leve reverencia con la cabeza. "Entiendo, subgeneral. De todas formas, ya estábamos por terminar." Beildolf asintió, sin necesidad de decir más, y se marchó con pasos firmes por el sendero de tierra húmeda, desapareciendo entre las sombras del bosque, hacia las pequeñas luces del campamento que aún titilaban a lo lejos, anunciando el inicio de un nuevo día. Durante unos segundos, solo quedó el murmullo del viento entre las ramas. Finalmente, Lyria se volvió hacia mí con tono práctico. "Bien. Limpiemos esto rápido y volvamos. De ahora en adelante va a ser extremadamente raro encontrarse con lagos o estanques... así que tengo que aprovechar para darme un buen baño." "Ni que lo digas." Yo también quería quitarme el barro cuanto antes, así que no dije mucho más. Después de recoger las cosas, estábamos listos para volver al campamento principal. Lyria comenzó a caminar de regreso con paso firme, y yo la seguí unos metros detrás. Esa distancia se había vuelto habitual entre nosotros desde hace un tiempo... pero pese a todo, parecía que las cosas iban relativamente bien. Quién sabe, quizá algún día incluso podríamos tener una charla amistosa. "Ah, y por cierto" —dijo de pronto, mirándome de reojo por un segundo antes de seguir adelante— "a partir de mañana se agregan cien cortes más con la espada a la rutina." "¿¡Qué!? ¿¡Por quééé!?" "Por escupir estupideces desde que sale el sol" replicó sin perder el ritmo. No respondí. Solo dejé escapar un suspiro resignado mientras la seguía por el sendero. Tal vez merecía los cien cortes. Después de todo, hablar de esperanzas tan temprano en la mañana fue claramente un error. El sol apenas comenzaba a filtrarse entre las pocas ramas que quedaban, y el día —con todo lo que traería consigo— emergía implacablemente. \*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\*\* Desde entonces, nuestra rutina no ha cambiado. Despertar, entrenar, recorrer terreno, asistir al laboratorio, dormir. Una y otra vez. Siete días seguidos. Tal como lo había predicho Lyria, el camino se volvió cada vez más árido. Las llanuras verdes de los primeros días fueron quedando atrás, y ahora solo quedaban colinas secas y formaciones rocosas de tonos ocres que se extendían hasta perderse en el horizonte. Sin árboles, sin sombra. Solo el calor, el polvo y el viento que a veces soplaba lo suficiente como para levantar pequeños remolinos de arena. Pero incluso si la rutina era constante, cada día aprendía un poco más de este mundo. Por ejemplo: que los magos pueden crear agua con magia para bañarse. De hecho, así era como nos había tocado desde entonces, pero esa agua no era potable debido a los residuos de maná que contenía. Son detalles que quizás podrías leer en una novela de fantasía, pero vivirlos por ti mismo... es distinto. Tiene un peso real, tangible. Ahora mismo, estábamos atravesando otra de esas planicies rocosas. El sol golpeaba fuerte desde lo alto, marcando que ya habíamos pasado el mediodía. Y como si el calor no fuera suficiente, los idiotas de siempre no podían evitar abrir la boca. "Oye, príncipe caído" —murmuró uno de los caballeros, lo bastante alto como para asegurarse de que lo oyera—. "¿No te cansas de que te arrastren por aquí como perro amaestrado? ¿O ya te acostumbraste?" Los otros rieron siguiendo la corriente. "¡Eh, príncipe! No olvides agitar la cola si te dan algo de comida hoy." Apreté los puños. Otra vez. ¿De verdad no se cansan? ¿No han tenido suficiente con todos estos días? ¿No les bastó con las burlas, las miradas, los tropiezos "accidentales"? ¿Qué más quieren? ¿Hacerme explotar? ¿Ver si finalmente respondo para tener excusa y matarme? Lyria estaba cerca. Escuchó, lo sé. Pero como siempre, no dijo nada. No se giró, no alzó la voz, no frunció el ceño. Su silencio pesaba tanto como las risas de los soldados. Antes de que pudiera decir algo, Mike apareció a mi lado. "Déjalo así" —dijo en voz baja, sin mirarme—. "Ya bastante molestia representas como para que ahora tengamos que responder por tus arranques." Lo miré de reojo. Su tono no era condescendiente. Solo cansado. "No es justo..". —murmuré, aunque sabía que no importaba. Incluso si decía esas cosas, Mike cumplía con su deber con una diligencia constante. Era quien me lanzaba las raciones sin protestar, quien corregía a los soldados si sus burlas se pasaban de la raya. A veces incluso cambiaba de tema cuando notaba que alguien iba a provocarme. Fingía no verme, pero estaba atento. Así que simplemente le di una palmada animada en la espalda. Bueno, "animada" para mí. Para él, aparentemente, fue un ataque sorpresa: tropezó hacia adelante como si le hubieran empujado con una lanza. Por suerte —o mejor dicho, como cabría esperar de un caballero— reaccionó con reflejos entrenados y tiró su cuerpo hacia atrás justo a tiempo para no perder el equilibrio. Se giró de golpe, con los ojos entrecerrados y una expresión que, si pudiera matar, me estaría enterrando ahora mismo. "Ups... esto era... ya sabes, un gesto de camaradería. Para... estrechar lazos y eso." Le mostré las palmas en señal de paz. "Intenta eso otra vez y no te quejes si terminas con la mano vuelta adorno." "¡MIKEEEE!" —lloriqueé, juntando las manos como si suplicara al cielo—. "¡En serio que eres un buen muchacho!" "Aunque... ya sabes... no necesito más tsunderes a mi alrededor" —, murmuré, bajando la mirada con una sonrisa torcida, recordando con fatiga la existencia de la que ya tenía cerca. "Tch, ¿en serio no te cansas de decir tonterías? Lo que sea... " Mike tan solo gruñó, desacelerando el paso y conviviendo a posicionarse detrás mío como si dijera: "no me hagas involucrarme más de la cuenta". Ah... bueno, eso al menos me animó un poco. Pensar que todavía hay personas que me tratan como a un ser humano... Metafóricamente hablando, claro. Como Iris, el capitán... o incluso Lyria —si dejamos de lado su lengua afilada—. Quiero decir, me deja usar la bañera después de ella. ¿O será que soy demasiado fácil? Bah, da igual. ¡Cambiando de tema! Hay algo increíblemente importante que vale la pena recalcar de estos últimos días, ¡y esta vez es una buena noticia, para variar! Todo el sufrimiento que pasé esta semana finalmente mostró resultados. Después de un agotamiento casi inhumano, mi cuerpo fue, por así decirlo, reforjado. Ahora es un recipiente digno para el poder que algún día tendré. ¿No me crees? ¡Ha! ¡Eso es porque no has visto mis nuevas estadísticas! ¡Ta-dah! Edad: 19 Género: M Raza: Demonio Estamina: E- Agilidad: E- Intelecto: F+ ¿Cómo? ¿No notas la más mínima diferencia? No te preocupes, es normal. A los principiantes les cuesta ver las mejoras cuando no están preparados. Pero observa con atención... Estamina: F+ → E- ¿Ahora lo ves? ¡He subido de rango! ¡Ya no soy el mismo de antes! No te dejes engañar, esto representa un gran cambio, ¿cómo? pues.... tal vez con eso... o eso... ya sabes, cosas importantes... "Hahh... ¿A quién intento engañar?" solté un suspiro largo. Morirme cada día durante una semana entera... ¿y lo único que subió fue una estadística? ¿¡Y apenas un mísero punto!? Se supone que los primeros niveles son los más fáciles, ¿no? ¿Cuánto esfuerzo se necesitará para subir las demás? Y aun así, no me sentí tan desanimado. Al contrario, me alegró ver que al menos mis esfuerzos no habían sido en vano. Aunque el cambio era pequeño —como cabría esperar de los rangos más bajos—, era suficiente para notar una diferencia. Quizás no mucha, pero al menos sentía que podía soportar este estilo de vida tan rústico... un poco más de tiempo. "Oye, apura el paso, me estás haciendo caminar más lento." Ajena a mis pensamientos, esta vez Lyria redujo el paso hasta colocarse a mi lado, lo suficiente como para hablar sin necesidad de alzar la voz. "No estoy ralentizando la marcha, no hace falta ser tan seca." "Me estás ralentizando a mí. Además, deberías caminar con más confianza. De lo contrario, seguirán metiéndose contigo." "Así que estabas escuchando..." "Por supuesto que lo estaba. No es como si intentaran ocultarlo entre los que ya saben." Lyria hizo una breve pausa antes de continuar, mientras sacudía una piedra de la suela de su bota con un leve movimiento. "Aun así, te lo voy a repetir: no les respondas y no causes problemas." "Es más fácil decirlo que hacerlo, cuando no eres tú la víctima." Lo dije en tono sarcástico, dándome cuenta tarde de que probablemente no debía haberlo dicho. Por suerte, Lyria no se lo tomó personal y respondió con el mismo sarcasmo: "Es curioso que digas eso cuando ni siquiera podías sostener una daga correctamente hace una semana. ¿Qué piensas hacerles exactamente? ¿Lo que no pudiste con aquel demonio?" "Diablos, no. Soy una persona civilizada, solo les diría amablemente que se vayan a la porra." Esbocé una sonrisa mientras hablaba, intentando aliviar el peso de la conversación. "Te aseguro que, en ese caso, tú irías primero al cementerio." "Arrastrándote a mi paso." "Qué bueno que lo sabes. En ese caso, ahórrame el tener que repetírtelo más veces." "Lo sé, es solo que..." "Espera." De pronto, Lyria se detuvo. Su voz cambió de inmediato. No era el tono cortante que usaba normalmente, sino algo más seco... más frío. Instintivamente frené el paso también. El terreno seguía igual que siempre: seco, rocoso, sin árboles ni sombra. Solo colinas polvorientas y piedras irregulares que se extendían por todo el horizonte. Pero algo... había cambiado. No lo noté yo, sino los demás. Varios caballeros más adelante comenzaron a girar la cabeza, escudriñando el entorno con miradas agudas. Algunos alzaban ligeramente sus lanzas, otros abrían espacio en formación sin dar explicaciones. No había gritos ni caos. Solo una inquietud contenida, densa, como el silencio antes de una tormenta. No entendía qué estaba pasando, pero incluso yo podía notar que ya no se trataba solo del calor. Y ahí lo supe. Algo no andaba bien. No tardó mucho en revelarse. Un zumbido sordo, casi imperceptible al inicio, cortó el aire como una vibración extraña que se colaba por los oídos. Luego, una sacudida. Leve, pero real. El suelo tembló apenas por un segundo... y entonces, estalló el caos. Una explosión repentina retumbó a lo lejos, seguida por una nube de polvo que se alzó entre las colinas más altas del flanco derecho. Luego otra, más cerca. Y otra más. "¡Emboscada!" gritó uno de los caballeros. Antes de que alguien pudiera reaccionar del todo, una explosión sorda retumbó en la distancia. El suelo tembló ligeramente bajo nuestros pies, y un humo negro emergió más allá de la siguiente colina. una figura oscura se deslizó entre las rocas, y luego otra, y otra más. No eran humanos. Tenían formas similares, sí, pero incluso a la distancia era evidente que no lo eran. Algunos con cuernos prominentes, otros con ojos rojizos que brillaban bajo la luz del sol, y otros, pocos pero claramente peligrosos, con alas desplegadas que los sostenían en el aire como aves de presa. Entre ellos también corrían criaturas cuadrúpedas, con cuerpos fornidos y garras enormes, cubiertas por un pelaje negruzco y con collares de hierro incrustados de runas que brillaban con un tono rojizo. Una mujer de figura esbelta flotaba por encima de los demás, sostenida en el aire por un par de alas negras que se extendían con fuerza. Su cabello violeta caía desordenado sobre los hombros, y un par de cuernos curvados emergían de su frente. Tenía los labios apretados, y la mirada, encendida de furia, recorría el terreno con un brillo amenazante en sus ojos rojos. Levantó una mano al frente. Una luz púrpura se encendió en su palma, temblando ligeramente, como si respondiera a su rabia. A su alrededor, líneas de energía se trazaron en el aire, formando un círculo mágico. Entonces, sus labios se movieron... y su voz, amplificada por el hechizo, se extendió como un eco cortante por todo el campo. "¡Humanos insignificantes...! ¡Oíd el juicio que cae sobre ustedes!" Su voz temblaba de ira contenida, como si cada palabra le quemara en la garganta. "Él era nuestra llama, y vosotros apagasteis su luz con manos sucias." "¡Juro que pagaréis con sangre... la muerte del príncipe demonio!"
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El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela), un novela. En muchas historias, el protagonista termina reencarnando en un mundo de fantasía para convertirse en el héroe que salvará a la humanidad. Pero Rein no tuvo tanta suerte. Sin ningún conocimiento sobre el mundo al que ha… Este capítulo tiene publicado el 5 de septiembre de 2026. El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) tiene 13 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.