Leer El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
La noche finalmente había caído sobre el campamento. La brisa nocturna arrastraba el olor a tierra húmeda y ceniza, mientras las antorchas parpadeaban débilmente, proyectando sombras irregulares sobre el suelo. A lo lejos, el murmullo de los caballeros se mezclaba con el crepitar del fuego, creando una atmósfera de cansancio y rutina.
Después de recibir mi ración de provisiones, salí de la carpa de suministros con el paquete en la mano. No me molesté en revisarlo; ya sabía lo que contenía. Pan duro, carne seca y algo de avena. Era comida, al fin y al cabo. Como alguien de otro mundo, podría tener miles de quejas al respecto, pero cuando era lo único disponible tras un día extenuante, tampoco sabía tan mal.
Caminé en silencio junto a Lyria, mientras Mike nos seguía unos pasos atrás. No habíamos hablado mucho desde entonces. Supuse que, después del día que habíamos tenido, ninguno tenía ganas de hacerlo.
Me había acostumbrado en este corto periodo a mantener la vista en el suelo. El terreno irregular había hecho que me cayera algunas veces durante el viaje, lo que había provocado risas ahogadas entre algunos caballeros. Afortunadamente, la mayoría solo pensaba que era un civil sin experiencia, por lo que mis torpezas no llamaban demasiado la atención. Sin embargo, la reacción más destacable siempre era la de Lyria, quien se echaba bruscamente hacia adelante cada vez que tropezaba por el retroceso. Esto solía atraer miradas extrañas de los caballeros que no entendían la situación. Incluso yo tenía que admitir que se veía bastante graciosa cuando alcancé a divisarla en una de mis caídas, pero ya he recibido suficientes miradas de muerte por su parte como para mencionarlo.
Aun así, tampoco podía caminar con la vista pegada al suelo todo el tiempo. En un campamento lleno de caballeros, lo último que quería era chocar con alguien y llamar la atención de la peor manera. Así que, naturalmente, levanté la vista y, en ese mismo momento, noté a un grupo de caballeros aproximándose desde el lado contrario. No le di mucha importancia y desvié la mirada... pero justo cuando pasamos junto a ellos, sentí un golpe seco en el hombro.
El impacto me tomó por sorpresa y me hizo tambalear ligeramente. No lo suficiente como para caer, pero sí para hacerme perder momentáneamente el equilibrio.
Fruncí el ceño.
No fue un accidente.
No era la primera vez que algo así pasaba. Desde que partimos, ya me habían empujado de "casualidad" un par de veces, o golpeado con el codo al pasar. Susurros a mis espaldas, miradas de desprecio. Nada de eso era nuevo. Pero que lo hubiera dejado pasar por el cansancio del viaje no significaba que podían hacerlo siempre.
Apreté los dientes.
No iba a discutir si era un cobarde por no estar dispuesto a matar o lastimar. Pero eso no significaba que iba a dejarme pisotear. Incluso yo podía hablarles frontalmente si tenía que hacerlo. De otra forma, estos comportamientos solo empeorarían.
Inspiré hondo y giré sobre mis talones.
Di un paso hacia el caballero que me había empujado.
O intenté hacerlo.
Justo cuando levanté el pie, sentí una presión en mi muñeca.
Una mano.
Miré de reojo y me encontré con los ojos de Lyria, que me sujetaba con firmeza.
"¿Qué crees que estás haciendo?" —susurró en voz baja, con un tono de reproche apenas contenido.
Me giré ligeramente hacia ella, sin librarme de su agarre.
"¿No lo viste?" —repliqué en el mismo tono bajo, sin disimular mi molestia—. "Fue completamente intencional. ¿No eras tú la que anoche mismo me dijo que no podía mostrar debilidad? Además, esto también te afecta a ti, y aun así son lo suficientemente estúpidos como para ni siquiera pensar en ello".
Lyria respondió tajantemente, sin soltarme.
"Eso y esto son cosas distintas" —replicó, sin dejarse influenciar por mis palabras—. "No puedes hacer nada que empeore aún más la imagen que tienen de ti".
"Entonces hazlo tú" —le solté, sin bajar la voz más de lo necesario—. "Se supone que eres súper influyente, simplemente diles que paren y termina el problema de raíz".
Su expresión se endureció un poco, y su agarre en mi muñeca se aflojó levemente, pero no me soltó del todo. Aproveché la oportunidad para seguir presionando, pero esta vez intenté llegar a un acuerdo.
"Tú también debes estar cansada de ser el daño colateral. Además, ya sabes que ni siquiera puedo sostener un cuchillo correctamente. Solo voy a decirles que paren con esos actos infantiles... o incluso tú podrías hacerlo y acabar con esto de una vez por todas".
Tenía el presentimiento de que mis últimas palabras serían suficientes para convencerla, pero, contrario a mis expectativas, renovó su agarre antes de volver a suspirar y sacudió la cabeza.
"La única razón por la que todavía no te han apuñalado cien veces por la espalda soy yo" —dijo finalmente, con una calma que me inquietó más de lo que esperaba—. "Pero ese es el límite de lo que puedo hacer. Si empiezo yo también a esparcir fastidio entre los caballeros, incluso eso podría cambiar".
"Estás exagerando. No podrían hacer algo tan estúpido en medio del campamento, no habría escapatoria después de hacer algo así". Intenté convencerme a mí mismo también, pero ella tenía una mirada muy seria.
"No es una exageración. Puede que aún no comprendas la profundidad del odio hacia el príncipe demonio, pero te aseguro que está lejos de ser una exageración, así que simplemente aguántate hasta que lleguemos a la capital. Yo también lo estoy soportando, y tengo mil razones más que tú para decir algo al respecto".
"Pero..."
Abrí la boca para responderle, pero me detuve a mitad de la frase.
No porque no tuviera nada que decir, sino porque, en el fondo, sabía que tenía razón.
Exhalé lentamente, cerrando los ojos un momento antes de volver a mirarla.
"Está bien..." —murmuré con resignación, apartando la mirada—. "Mi vida es más importante como para arriesgarla intentando detener un acoso temporal". Finalmente, acepté sus palabras.
"Eso es. Mientras recuerdes eso, deberías estar bien." Lyria también hizo su esfuerzo por conciliar.
El asunto parecía zanjado, pero justo en ese momento, como si hubiera aparecido de la nada, noté la presencia de Mike a solo unos metros de nosotros. Naturalmente, había estado siguiéndonos desde antes, pero entre mi indignación con los caballeros y la discusión con Lyria, no me había percatado de su presencia hasta ahora.Y parecía que a Lyria le había pasado lo mismo, ya que abrió ampliamente los ojos.
Mike solo nos miraba sorprendido. Lyria todavía no me había soltado, por lo que, a su modo de ver, nos encontrábamos cerca el uno del otro, con ella agarrándome de la muñeca y susurrando alegremente entre nosotros... o al menos así nos debería estar percibiendo.
SUSH
Lyria rápidamente soltó su agarre en mí antes de girarse de nuevo y actuar como si nada hubiera pasado. O por lo menos eso habría dicho si no fuera porque habló en voz alta, sonando extremadamente antinatural.
"Ehem, no hay tiempo que perder, sigamos."
Sin esperar respuesta, aceleró el paso.
Yo, por mi parte, le lancé un vistazo a Mike, que todavía se veía atónito, más aún con la reacción de Lyria. Pensé en aclarar la situación por mi cuenta, pero Lyria se estaba alejando cada vez más, así que decidí dejarlo así y me apresuré para seguirle el ritmo.
Sí, mejor no digamos nada. Tampoco es como que sea buena idea decirle que, en realidad, buscaba pelea con esos caballeros.
Sin dar explicaciones, seguimos caminando. Nuestro destino era uno acordado desde ayer en la noche: reunirnos con Iris.
En realidad, no tenía idea de dónde solía instalarse Iris en los campamentos improvisados, pero Lyria no reducía el paso, así que probablemente ella sí lo supiera. Después de seguirla por unos minutos, finalmente divisé una carpa a lo lejos. Al igual que la noche anterior, estaba bastante alejada del centro del campamento.
¿Cómo demonios se las arregló para armar una carpa tan grande tan rápido? Para tan solo una noche... ¿no era demasiado?
"Señorita Lyria..."
Mike rompió el silencio al notar la carpa. Por un momento pensé que iba a preguntar sobre lo que había sucedido hace solo unos minutos, pero en realidad su atención estaba en otra cosa.
"Ya sé que no me corresponde decir esto, dado que el comandante ya dio su permiso y hasta ahora no ha habido inconvenientes, pero sigo creyendo que es peligroso para la señorita Dunewell distanciarse tanto del campamento."
Ahora que lo mencionaba... sí, era cierto. Acampar solo en territorio enemigo, sin protección cercana, era un riesgo considerable. Si esto fuera una novela, sería fácil justificarlo como un simple recurso narrativo, pero aquí... esto era real.
"Iris siempre ha sido así. Desde que la conocí en la academia, ha preferido mantener su distancia de los demás. De hecho, me sorprendió que pidiera venir a la expedición por voluntad propia."
"¿Pidió? ¿Eso es todo lo que se necesita para entrar a la guerra?" Me costaba creer que fuera tan sencillo unirse al frente encargado de decidir el destino de la humanidad.
"No te equivoques." Pero Lyria me cortó con un tono incluso más seco de lo habitual.
"Obviamente, hay que tener cierta formación para entrar al frente principal. De hecho, ya estaba en nuestros planes pedirle que nos acompañara, pero..." Hizo una pausa. "Era un poco complicado reclutarla para el imperio."
"¿Complicado?" Eso me sonaba raro. En un evento tan importante, lo lógico sería que cualquiera con habilidades útiles estuviera obligado a ayudar. "¿Iris tenía algún problema en ese momento?" intenté adentrarme un poco más.
Mike fue quien respondió.
"El amo de la casa Dunewell estaba completamente en contra de que su hija participara en el frente. Incluso si es marqués de un reino aliado, su influencia no se limita a su territorio, sino que se extiende por todo el continente. Ir en contra de su decisión no era algo sencillo."
¿Así que su familia no pertenecía al Imperio Eldravia? En ese caso, era aún más extraño que hubiera terminado aquí.
"¿Y por qué al final aceptó dejarla venir?" pregunté con curiosidad.
"Lo que pasa es qu—"
"Caballero Mike."
Lyria lo interrumpió de golpe con una voz helada.
Mientras que la espalda de Mike se enderezó al instante.
"Es de mala educación hablar de temas ajenos sin la persona en cuestión presente, pero supongo que un gran caballero como usted ya lo sabe." Le dijo con una sonrisa, pero su mirada no era feliz en lo más mínimo.
"S-Si, es v-verdad" Por otro lado, era increíble ver cómo una persona podía empezar a sudar tanto en un segundo.
—Incluso aunque dije que Iris siempre es así, ¿podrías hacer guardia mientras atendemos la reunión con ella? Aquí afuera sigue siendo peligroso.
Aunque sus palabras eran educadas, su tono dejaba claro que no era una petición, sino una orden.
Mike tragó saliva y asintió rápidamente.
"¡S-Sí, señora!"
Por fortuna, esta vez no fui yo quien recibió el daño. Sin embargo, había visto otra faceta de Lyria que resultaba aún más aterradora de lo usual... No tenía idea de cuál era el problema, pero insistir en el tema parecía una pésima idea. Incluso con ese breve intercambio, podía notar que estaba molesta.
Nos acercamos a la entrada en silencio.
"Estaré atento afuera. No se preocupen por la seguridad" —dijo Mike intentando recuperar algún vestigio de reputación.
Lyria no respondió y simplemente entró.
Dudé un poco antes de seguirla. Al voltear a ver a Mike, me lanzó una mirada resentida, la cual esquivé con la gracia de un cisne. No, pero en serio, no puedes enojarte conmigo solo por hacer una pregunta. Ni siquiera iba para ti en primer lugar.
Tras este breve intercambio, decidí seguirla.
Dentro, encontré la misma escena de la primera vez que la vi: Iris estaba sentada en su escritorio, esta vez revisando documentos con expresión concentrada. Sin embargo, no estaba sola.
Al otro lado del escritorio, con una postura relajada, había un joven de piel pálida y cabello blanco. Llevaba un elegante atuendo de mago con bordados dorados y una capa oscura.
Era Lorian.
Iris alzó la vista al notar nuestra presencia. Sus ojos se posaron en nosotros y, con su tono tranquilo de siempre, saludó brevemente:
"Oh, Lyria, Rein. Buenas noches"
Lyria y yo devolvimos el saludo.
Todavía me resultaba extraño que me tratara con tanta naturalidad, a diferencia de los demás. Aunque no me disgustaba... en lo absoluto.
"No esperaba encontrarte por aquí", comentó Lyria con un tono casual, cruzándose de brazos. "Pensé que estabas demasiado ocupado en las primeras filas."
Lorian levantó la vista y le dedicó una sonrisa sutil antes de incorporarse con calma.
"Lo estoy. Pero incluso en tiempos agitados, es importante priorizar lo que realmente importa. Lamento no haberme reunido contigo antes, Lyria, así como la muerte de tu padre. Con todo lo que ha pasado tras la pérdida del general Bluslfmania, la situación se ha complicado más de lo esperado, incluso tras ganar la guerra. He estado haciendo lo posible por estabilizar las cosas desde mi lado."
Su tono era tranquilo, pero no frío. No se limitaba a informar sobre el estado de los eventos, sino que transmitía una preocupación genuina, aunque mesurada.
"Gracias, Lorian. No te preocupes, sé que está siendo difícil para todos", dijo Lyria con un leve suspiro, bajando momentáneamente la mirada. Había tristeza en su voz, aunque intentara ocultarla.
"Aun así, la que más lo está padeciendo eres tú. Agradezco tu fortaleza, pero no te sobreesfuerces", dijo Lorian con suavidad.
"Incluso en un campo de batalla, la muerte no puede ser recibida fácilmente", agregó Iris, como si pensara en voz alta.
"Lo sé. Pero no puedo darme el lujo de detenerme", respondió Lyria, con una firmeza que intentaba disimular el peso que arrastraba. "A fin de cuentas, no soy la única que carga con una pérdida."
Lorian la observó por un momento, como si analizara cada palabra de su respuesta, pero no insistió más en el tema.
Entonces, desvió la mirada hacia mí.
"Esa no es la única razón por la que estoy aquí. En realidad, hay algo más de lo que quería hablar. Justamente se lo estaba comentando a Iris antes de que llegaran. Ya he hablado con Eule y Alan, pero también quería que lo supieras, Lyria."
Eso captó mi atención. ¿Una razón adicional? No parecía algo trivial. No había tratado directamente con él hasta ahora, pero fue el primero en defenderme, aunque solo fuera por proteger a Lyria. Además, recordaba claramente lo que sucedió durante la prueba. Hubo un instante en el que sentí que me había ayudado de alguna manera, como si su mirada me hubiera transmitido algo. Pero también podría haber sido imaginación mía... ¿o no?
Mis pensamientos se interrumpieron cuando Lorian volvió a dirigirse a mí. Me analizó con calma antes de hablar con su habitual serenidad.
"Ah, por cierto, parece que aún no nos hemos presentado formalmente" —dijo con una leve sonrisa—. "Soy Lorian Drakemont, tercer hijo de la familia real del imperio Ashwen."
Hizo una pequeña reverencia con fluidez natural, sin pretensiones exageradas. Su educación era desconcertante, considerando que estaba frente a un demonio.
Iris también me miraba desde su asiento, con la misma expresión estoica de siempre, pero por alguna razón, sentí que mi desconcierto le resultaba divertido.
Lorian, al no obtener una reacción por mi parte, añadió con un ademán desenfadado:
"Supongo que, considerando mi posición, se esperaría que fuera el primero en querer tu cabeza. Después de todo, el 'Príncipe Demonio' es prácticamente el mayor enemigo del imperio. Pero, siendo honesto, nunca he sido fanático de las venganzas o los simbolismos. Prefiero enfocarme en los resultados y en los problemas venideros."
Y luego, con una calma que casi sonaba provocadora, añadió:
"Y dado que ahora mismo no representas una amenaza para el imperio, mi prioridad es asegurar la supervivencia de Lyria, y lo haré incluso si es necesario aliarme con un demonio. Esto último es una broma, por supuesto, pero espero entiendas la idea."
Lo que había dicho eran palabras demasiado comprometedoras para un príncipe, incluso disfrazadas de broma. Aun así, lo dijo con naturalidad, lo que dejaba en claro que tenía suficiente confianza con los presentes como para soltar un comentario así. Bueno, exceptuándome a mí, aunque tampoco parecía importarle. Después de todo, ¿quién le creería a un demonio, incluso si lo mencionaba?
"Ya veo" —respondí, eligiendo mis palabras con cuidado—. "Soy Rein. No sé exactamente cómo llegué a esta situación, pero tengo claro que quien poseía este cuerpo antes era despreciado y odiado. Aun así, quiero dejar claro que no tengo ningún vínculo con él en lo absoluto... aunque sé que decirlo no cambia nada."
"Poseer... es una palabra bastante curiosa la que has usado, pero sí, no hay forma de que no te hayas dado cuenta de que tu presencia es de lo menos bienvenida, aún así, me comprometo a hacer lo posible para que no empeore en la capital."
No estaba seguro de si eso era un intento de tranquilizarme o simplemente una declaración pragmática. Pero antes de que pudiera responder, Lorian desvió la mirada y cambió de tema.
“Volviendo a la otra razón, en la reunión después de la última batalla, se mencionó que el grupo de la Santa tuvo que regresar rápidamente tras su combate por algún motivo. ¿Lo recuerdan?”
Lyria frunció el ceño.
"Sí. Me pareció raro. Dijeron que no tuvieron problemas en la pelea, pero que no pudieron asegurar la muerte del general demoníaco."
Es verdad. En la primera reunión donde me juzgaban, el subgeneral comentó que algo le había ocurrido a la Santa y que se apresuraron a volver a... ¿Lestoria? Creo que así se llamaba.
"Exacto" —asintió Lorian—. "También me pareció extraño. Así que insistí en preguntar más detalles al subgeneral. Finalmente, conseguí que me dijera lo que realmente ocurrió."
"Es bastante más grave de lo que esperaba" comentó Iris, quien al parecer ya conocía la historia.
Se hizo un breve silencio hasta que Lorian habló.
"Se rumorea que la Santa perdió sus poderes repentinamente, justo cuando el combate estaba por terminar."
Lyria abrió los ojos con sorpresa.
"¡Eso es...!"
"Imposible, lo sé. La Diosa no abandonaría a la humanidad" —dijo Lorian con seriedad—. "Aun así, lo comentó directamente el comandante del frente sagrado."
Incluso Iris, que ya había escuchado la historia antes, mostró un leve cambio en su expresión.
"Eso es muy extraño..." —murmuró Lyria, pensativa—. "El poder divino de la Santa es inconmensurable. Que todo eso haya desaparecido de repente no tiene ningún sentido..."
Está vez pareció darse cuenta de algo nuevo, volviendo su mirada hacia Lorian con preocupación.
"Espera, ¡Entonces eso significa...!"
Lorian suspiró levemente y asintió.
"Así es. Esto también afecta a Noir."
Por primera vez, su expresión se tornó agria.
Noir... No había escuchado ese nombre hasta ahora. Ese era probablemente uno de los peores problemas de estar en un cuerpo adelantado en la historia. Todo el mundo arrojaba información como si fuera lo más natural, y yo apenas podía enfocarme en lo esencial. Ya tenía las manos llenas con lo poco que entendía y ahora esto... La Santa, Noir... Era agotador.
"Por eso necesito dirigirme a la capital lo más pronto posible" —continuó Lorian sin darme tiempo a reflexionar sobre ello—. "Quiero verificar los rumores y usar mi influencia para manejar el asunto de la Santa. Al mismo tiempo, intentaré suavizar el impacto de la noticia sobre el Príncipe Demonio antes de que cause decisiones precipitadas. Partiremos esta misma noche a caballo, junto con el comandante Darnel y un par de caballeros."
Lyria frunció el ceño.
"Eso es muy peligroso. Si estamos moviéndonos con esta lentitud es porque así podemos protegernos de todos los peligros. Aunque el Príncipe Demonio ya no sea una amenaza, el territorio demoníaco sigue siéndolo."
"Lo sé, pero aun así tengo que ir. Nadie más tiene la influencia para hacer algo al respecto. Es un riesgo que debe tomarse" afirmó Lorian sin titubeos.
Iris miró a Lyria con su habitual calma.
"No parece que haya forma de convencerlo de lo contrario... Probablemente Eule ya intentó mil maneras de disuadirlo, y aun así no ha cambiado el plan."
"Eso... probablemente sea cierto..." Lyria no parecía del todo convencida, pero finalmente suspiró.
"Entiendo, pero debes tener mucho cuidado. Incluso podrían quedar soldados del ejército demoníaco buscando venganza. Si se topan con muchos de ellos, ni siquiera ustedes podrían hacer algo."
"No te preocupes, tampoco me estoy lanzando a la muerte sin pensar" —aseguró Lorian—. “Llevamos capas de sigilo incluso mejores que la que usa el Príncipe Demonio... No, la que usa Rein. Si llegamos a encontrarnos con problemas en el camino, no dudaremos en dar la vuelta y reagruparnos.”
Lorian, ya de pie, dio por finalizada la conversación.
"Partiremos en unas horas. Si tienen algo más que decirme, este es el momento."
Lyria lo miró con seriedad antes de hablar.
"No hagas nada imprudente. Sé que es necesario, pero no puedes resolverlo todo tú solo."
"Y no olvides descansar cuando puedas" —agregó Iris con su tono tranquilo—. "La fatiga puede ser más peligrosa que cualquier enemigo."
Lorian esbozó una leve sonrisa y la miró con cierta diversión.
"Lo tendré en cuenta... aunque resulta curioso recibir esa advertencia de alguien que conversa más con la luna que con su propia almohada." Iris simplemente esbozó una pequeña sonrisa como respuesta.
"Y en cuanto a Rein" —Por último se dirigió a mí— "Buena suerte."
Finalmente, con esas palabras, Lorian se dirigió a la salida de la tienda.
"Cuídense" fue lo último que dijo antes de desaparecer entre la penumbra.
Ahora solo quedábamos Iris, Lyria y yo en la tienda. Mike debía estar patrullando afuera. ¿Qué habrá pensado al encontrarse al príncipe saliendo de la tienda? Sería gracioso ver cómo se comportaría frente a él.
"Bueno, tuvimos una visita inesperada, pero ya podemos empezar con el chequeo diario" anunció Iris, retomando con calma el nuevo asunto a tratar.
"Me parece bien investigar métodos para tratar con esta horrible maldición, pero ¿cómo deberíamos empezar? No se me ocurre por dónde buscar" preguntó Lyria, frunciendo ligeramente el ceño.
"Vamos, llamarlo maldición es pasarse un poco. No es como que yo quisiera atormentarte o algo similar. También es molesto para mí" protesté, intentando defender mi orgullo como persona... o mejor dicho, como demonio.
"No se refiere a ese tipo de maldición, Rein..." —aclaró Iris con tono paciente—. "Si bien a este tipo de fenómenos se les conoce como magia de alma, también son bastante reconocidos como maldición... ya que es prácticamente imposible dispersarla con métodos tradicionales como la magia o el poder divino. En cambio, si se quiere eliminar, el propio invocador necesita revertir el cambio. E incluso eso solo aplica si el hechizo fue diseñado con esa posibilidad desde el principio."
Ya veo. Hasta ahora los conceptos básicos de magia se están manejando similar al estándar en las historias de fantasía... Aunque el hecho de que en algunos casos no se pueda disolver ni siquiera por el invocador es bastante extraño, como un producto básico que le falta una de sus funcionalidades esenciales por defecto.
Espera. En este caso fui yo quien realizó el hechizo, ¿no es así? Aunque ahora no pueda usar magia, todavía tengo el conocimiento que se insertó en mi cerebro cuando fui transmigrado. ¡En ese caso...!
...
...
...
Mierda.
Lo que al principio solo percibía como un interruptor que activaba la magia de alma comenzó a descomponerse en propiedades básicas. No entiendo su funcionamiento en lo mínimo, pero algunas propiedades son comprensibles incluso para mí, que nunca la he estudiado. Una de ellas: la forma de revertir la magia es bastante sencilla de identificar...
...porque no existe. Incluso si no comprendo en absoluto la creación del hechizo, y solo lo trataba como interruptores, lo que no existe no se puede activar.
"De todas maneras da igual si se puede desactivar o no. Después de todo, el que lo lanzó ni siquiera recuerda el hechizo" comentó Lyria, clavando sus ojos en mí, pero por mucho que lo hagas, no lo recordaré ¿sabes?.
"¿Y no hay otra forma de dispersarlo...?" —pregunté, intentando evitar su mirada.
"En realidad, hay otra... pero tampoco es factible" —dijo Iris, dejando caer la frase con una calma preocupante, después de todo, se tenían que intentar todas las opciones, independientemente de lo bajas que fueran .
"Al menos tenemos algo." —Me incorporé un poco, aferrándome a esa tenue chispa de esperanza.— "Incluso si es muy difícil, podemos enfocarnos en un objetivo. Haré todo lo posible por ayudar" dije con determinación, aferrándome a la idea de que algo era mejor que nada.
"No" —negó Iris con la cabeza—. "Dije factible, no difícil. En realidad, es bastante fácil dispersar la maldición..."
En ese instante, incluso antes de que continuara, un mal presentimiento empezó a tomar forma en mi cabeza.
"...solo se tiene que matar a aquel que lanzó la maldición. Así, todos los conjuros, ya sea magia, maldición o lo que sea, se irían con él" remató Lyria con frialdad.
Debí suponerlo... Asesinar al conjurador suele ser la forma más fácil de tratar con su magia... y la más brutal.
"Así es. Pero objetivamente hablando, ni siquiera asesinar a Rein desharía la maldición. O mejor dicho, también moriría Lyria, así que daría igual" continuó Iris, implacable con su análisis.
¿Osea que cualquier otra magia o maldición que hubiera lanzado, habría sido extinguida instantaneamente junto con mi vida? ¡Qué miedo!
"Vamos, vamos, no hablen de asesinarme que me da escalofríos" intenté bromear un poco para romper la tensión, pero el recuerdo de Lyria advirtiendome de la ira de los caballeros flotó en mi mente, helándome el cuerpo.
"Ya se descartó la idea hace mucho tiempo, así que no tienes que preocuparte" Respondió Iris, en un intentó de aliviarme, pero honestamente, no me hizo sentir nada de alivio.
Que lo hayan analizado ya es bastante preocupante de por sí. Si hubiera lanzado cualquier otra magia, probablemente ni siquiera habría despertado después del desmayo.
"Pero bueno, nos desviamos un poco del tema principal" intervino Iris, volviendo con elegancia al hilo de la conversación.
"Tienes razón. Quiero acabar con esto lo más rápido posible para poder ir a dormir. Desde que estamos vinculados, los viajes se han hecho más pesados..." un leve suspiro de cansancio acompañó su declaración.
"Entiendo. De hecho, eso podría ser una pista sobre cómo funciona exactamente la vinculación de almas... pero vamos por partes. Hasta ahora, sabemos tres cosas principales a raíz de la vinculación" —explicó Iris, cruzando los brazos.
"Primero: comparten sensaciones cuando se cruza cierto umbral del sentido" —comenzó Iris.
"Así es. No es como que sienta lo mismo que él todo el tiempo, solo cuando hay estímulos fuertes" aclaró Lyria.
"Igual aquí" asentí.
"Segundo: no se pueden alejar entre sí más de unos quince metros antes de que pierdan el control de sus cuerpos" continuó Iris.
"Desgraciadamente" agregó Lyria sin dudar.
"Eso es rudo... pero sí, empiezo a sentir como si perdiera el sentido del cuerpo, como si se le cortaran los hilos a una marioneta" añadí, con una risa nerviosa.
"Y tercero: el núcleo mágico de Lyria se fracturó, mientras que el de Rein se rompió completamente" Finalizó Iris con tono grave.
"Así es", confirmó Lyria.
"Es correc— ¿Espera, qué?", interrumpí, desconcertado. No tenía ni idea de algo así. Ni siquiera sé qué es un núcleo mágico, para empezar.
"¿A qué te refieres con núcleo mágico? ¿Y qué es eso de destruido?", pregunté, inmediatamente antes de que siguieran la conversación.
"¿No lo sientes?", preguntó Iris, algo confundida.
Negué con la cabeza. Seguía sin tener la más mínima idea de lo que hablaba.
"No entiendo qué significa tener un núcleo mágico, ni qué implica que esté fragmentado o roto", admití.
"¿En serio no puedes ni sentir tu propio núcleo mágico? Hasta los niños son capaces de hacerlo naturalmente", intervino Lyria, visiblemente incrédula.
"Ya te dije que no puedo. Ni siquiera conozco qué significa, así que mucho menos voy a poder sentirlo", le respondí, un poco a la defensiva.
"El núcleo mágico es lo que le permite a los seres usar magia o lanzar hechizos en general", explicó Iris. "Un núcleo fragmentado ocurre en raros casos, cuando una persona agota hasta la última pizca de maná en su cuerpo, haciendo que el núcleo se resquebraje. El usuario no podrá usar magia por unos meses si no quiere que su condición empeore. E incluso si lo intenta, sentirá un gran dolor al intentar realizar el hechizo."
"Llegué a pensar que esa podría ser una de las razones por las que me siento tan agotada, pero nunca refuerzo mi cuerpo con magia durante las marchas, así que no puede ser eso", comentó Lyria.
"No debería estar relacionado. El núcleo mágico solo afecta a la magia del usuario, pero incluso sin él, cualquiera puede llevar una vida normal", dijo Iris.
"Entonces... ¿qué significa que mi núcleo esté roto?", pregunté, tragando saliva.
"En muy raras ocasiones, cuando el usuario se encuentra con su núcleo fracturado y aun así lo sobreesfuerza al límite, se produce una destrucción total del núcleo para forzar la activación del hechizo... Cuando esto ocurre, el usuario queda imposibilitado de usar magia de por vida."
"Espera, espera, espera... ¿estás diciendo que algo así ocurrió con mi núcleo?", pregunté, abriendo los ojos con incredulidad.
No recordaba haber sentido dolor al usar magia al llegar a este mundo, pero también es cierto que mi adrenalina estaba por las nubes...
"La magia de alma consume una increíble cantidad de poder mágico. Por eso, en la mayoría de los casos se usan sacrificios como catalizadores, lo que a su vez es otra de las razones por las que es considerada una magia tabú", explicó Iris con seriedad.
"Eso quiere decir... ¿que no podré usar magia nunca?", pregunté con un nudo en la garganta.
"No se conocen casos de personas que hayan podido volver a usar magia en sus vidas...", respondió Iris, sin adornos.
"¿En serio creías que el subgeneral te dejaría libre si fueras capaz de usar magia?", dijo Lyria. "La única razón por la que podemos caminar libres en este momento es porque no hay mayor prueba de que no representas una amenaza real que el estado de tu núcleo."
Por eso no fui capaz de usar magia anoche, a pesar de saber el hechizo... Pero eso no puede ser. Acabo de ser transmigrado a un mundo mágico y ¿me estás diciendo que ni siquiera soy capaz de usar magia? ¡¿Qué clase de porquería es esa?!
"Pensaba que ya lo sabías. Después de todo, todos conocen su núcleo mágico de forma natural" —añadió Iris.
"Hahh... pues yo no" —un suspiro salió de mi boca. Estaba increíblemente decepcionado, pero no podía quejarme si eso fue lo que hizo que me perdonaran la vida. Al fin y al cabo, lo que realmente quiero es volver a mi mundo. La magia puede ser increíble y todo eso, pero hay cosas más importantes.
"No te sientas tan mal. Como dije, cualquier persona puede seguir viviendo su vida normal incluso si no lo tiene" dijo Iris, intentando reconfortarme al notar mi expresión.
"No lo hago. Igual ni siquiera recuerdo lo que es usar magia para empezar..." intenté forzar una pequeña sonrisa. En parte tenía razón. Después de todo, solo usé magia unos minutos al ser transmigrado. Debe ser mucho peor para quienes estaban acostumbrados y vivían rodeados de ella, Aun así... mejor olvidémoslo.
"Deberías más bien alegrarte. Que ni siquiera conocieras eso es otra prueba de que sí perdiste los recuerdos después de todo. Ahora hay más probabilidades de que te perdonen la vida en la capital" dijo Lyria sonando irritada. Tal debía ser mi desánimo, que incluso ella intentó reconfortarme... a su manera.
Con el odio que despierta el príncipe demonio, pero sin sus habilidades... sería el blanco perfecto. Un oponente ideal. Ya sea en una pelea o en una apuesta, perdería seguro. Aunque aún tengo el sistema funcionando. ¿Eso no cuenta como magia? No lo sé... pero tampoco puedo darlo por perdido. Iris dijo que no había casos registrados, pero esta situación tampoco es normal. Con esfuerzo y dedicación... tal vez algún día pueda volver a usar magia. No pierdo nada manteniendo al menos esa mentalidad.
"Supongo que tienen razón... Es triste no poder usar magia, pero tampoco es el fin del mundo. No me lo tomen en cuenta."
"No hay problema" —respondió Iris—. "Hoy tenía pensado hacer algunas pruebas para verificar exactamente el umbral al que reaccionaba la vinculación, pero con la visita de Lorian y las explicaciones que se hicieron, creo que es más adecuado si usamos esta sesión para terminar de resolver dudas. Así podemos asegurarnos de que todos estamos en la misma página."
Asentí, pero me quedé callado.
De hecho tenía algo en mente. Una duda que ya le había preguntado a Mike pero no conseguí respuesta. Pero... ¿y si lo decía ahora? No parecía que fueran a burlarse, ¿verdad? Después de todo, el ambiente no es malo.
Debí quedarme mirando al vacío más tiempo de lo que creí, porque de pronto sentí las miradas encima.
"¿Qué pasa contigo ahora?" —dijo Lyria, cruzándose de brazos—. "Ya dijiste que lo aceptabas, no hay necesidad de seguir con esa cara de mártir."
Iris solo giró el rostro ligeramente hacia ella.
"Eso fue innecesario."
"No lo estoy atacando" —resopló—. "Solo estoy siendo realista. No tenemos tiempo para esto ¿O también quieres que lo abrace y le cante una canción de cuna?"
"A veces no decir nada también es una opción" —murmuró Iris, girando levemente el rostro.
Lyria bufó, bajando los hombros.
"Está bien, está bien. Simplemente me irrita lidiar con alguien que se ve tan derrotado como si fuera el fin del mundo, ¿de acuerdo?"
Parece que se había formado un pequeño malentendido mientras espaciaba la mirada en el suelo, debatiendo si soltar la pregunta o no. Y claro, con el tema del núcleo, cualquiera habría pensado que estaba sumido en una depresión existencial.
Me animé. Total, ¿qué podía pasar? Tenía su atención, y por una vez no parecía mala idea aprovecharla.
"En realidad... tengo una pregunta...", dije, sonando lo más desanimado posible.
"Claro. No hay preguntas tontas", respondió Iris con tranquilidad.
Lyria frunció ligeramente el ceño, pero hizo un leve gesto con la mano, como dándome permiso para hablar.
"Vale... la verdad..."
"¿Sí?", preguntó Iris, todavía atenta.
"Quisiera saber como me veo"
"..."
"..."
Un silencio se formó instantáneamente en la carpa
las expresiones de Lyria e Iris no se movieron, como si hubieran sido petrificadas
Pero incluso eso solo duró un instante. Lo siguiente que vi fue a Lyria agachar la cabeza lentamente.
"Tú..."
Mierda, no debí animarme.
Parecía una bomba de relojería a punto de explotar, y el epicentro iba a ser justo donde estaba sentado.
Debía hacer algo si no quería terminar con la cabeza incrustada en el mástil de una tienda. O en el suelo. O en otro continente.
"¡N-no! A lo que me refiero es que estaba pensando en que, tal vez, mi apariencia infunde miedo o algo por el estilo... Entonces, si ese fuera el caso, podría intentar h-hacer algo al respecto"
"De hecho... esa podría ser una observación válida" intervino Iris, pensativa.
Apenas terminé de hablar, me di cuenta de lo absurdo que sonaba. Ni yo me lo creía.
Estaba a punto de disculparme para intentar arreglarlo antes de que se saliera de control, pero para mi sorpresa, Iris asintió con naturalidad, como si lo que había dicho tuviera algo de sentido.
¿En serio? ¿Eso funcionó?
Por un momento me sentí salvado, hasta que Lyria, que había estado callada, levantó la cabeza muy, muy despacio.
"¡No hay forma de que en realidad esté pensando algo así!" —estalló Lyria al fin—. "¡Mientras teníamos esta charla importante, el idiota solo estaba pensando en cosas estúpidas!"
"¡Hey! No son estúpidas... M-Mejor dicho, sí estaba pensando en que mi apariencia podría ser un factor amplificador del odio o algo así. Puede que no sea muy listo o piense cosas raras, ¡pero también estoy intentando ayudar en esta situación!"
El hecho de que ese impulso había nacido solo porque me aproveché de las palabras de Iris... bueno, eso jamás saldría de mi boca. Así que técnicamente no había nada de lo que arrepentirse.
"Rein tiene razón, Lyria."—Iris continuó —"Todo lo que pueda mejorar, aunque sea un poco, la percepción que los demás tienen de él, puede ser útil."
"Como si su cara fuera a cambiar algo. Bah, da igual. Si estás tan preocupado por tu apariencia, puedes simplemente pedirle a Iris que te la muestre."
Sin decir palabra, Iris levantó un dedo y comenzó a dibujar un cuadrado invisible en el aire. Al completar la figura, un borde oscuro apareció en el espacio trazado, y dentro se formó una neblina que poco a poco comenzó a disolverse.
"Ohh, bastante asombroso. Aunque suele ser más práctico simplemente usar un espejo, ¿no?"
"No seas tonto. No tiene sentido conservar un objeto inútil y costoso cuando se puede hacer lo mismo con un hechizo básico."
Quise replicar que no todos podíamos usar ni siquiera esos hechizos básicos, pero algo mucho más importante captó toda mi atención.
La neblina seguía disipándose y revelaba cada vez más detalles. Cabello negro, piel pálida... a grandes rasgos coincidía con lo que había alcanzado a ver en el reflejo del lago las veces que lo intenté. Pero esta vez buscaba más. Esta vez quería respuestas.
Pronto aparecieron un par de ojos rojos, brillantes, con una forma ligeramente afilada que les daba un aire penetrante pero elegante. La nariz recta, la mandíbula bien definida, labios delgados y simétricos.
Yo...
¡Soy guapo!
Bueno, en realidad tampoco era tan exagerado, pero vamos, ¡por fin un evento fortuito después de tanto sufrimiento!
Podía decir con seguridad que la imagen reflejada era la de un tipo apuesto. No era especialmente varonil —más bien tenía un aire andrógino—, pero junto a esos ojos rojos, el conjunto le daba un estilo estético. Como uno de esos vampiros nobles en los dramas juveniles.
Podía existir la posibilidad de que los estándares de belleza estuvieran distorsionados en este mundo, pero considerando que tanto Iris como Lyria eran bellezas de otro nivel incluso para los estándares de mi mundo anterior —y Lorian parecía sacado de un cuento de hadas—, lo dudaba mucho.
"¡¡SÍ!!"
No pude reprimir mi alegría.
Sí, era anticlimático contentarme por esto justo después del drama con mi núcleo mágico, pero una buena apariencia puede abrir muchas puertas, ¿no?
"¡Ahora pertenezco al grupo de los normies! ¡Tomen eso, desgraciados! ¡Las ladies definitivamente no podrán quitarme los ojos de encima!"
Sentía que nada podía salir mal después de semejante hallazgo.
Hasta que me di cuenta, tarde, de que en el calor del momento había dicho algo que me había prometido llevarme a la tumba.
"¿Ladies?"
Iris inclinó levemente la cabeza, como si no entendiera del todo por qué esas palabras fueron las primeras en salir de mi boca.
"¡TÚUUU...!"
En contraste, Lyria definitivamente sí entendió —demasiado—, y su energía explosiva volvió con renovada intensidad.
...
Y así, descubrí dos cosas importantes ese día:
Uno, que mi apariencia no era un factor del odio que recibía.
Y dos... que tal vez debería empezar a pensar antes de hablar.
Digo, tal vez. No prometo nada.

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