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Leer El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) Capítulo 7 online gratis en español

El viento merodea por el árido sendero, deslizándose entre las filas de soldados y sacudiendo suavemente las capas polvorientas. Han pasado apenas unas horas desde que partimos hacia la capital, y aunque el paisaje sigue mostrando vestigios del follaje denso de antes, ya se notaban cambios. Los árboles eran más dispersos, los matorrales más bajos y la tierra comenzaba a perder su verdor, volviéndose más seca con cada kilómetro recorrido. No fue un cambio abrupto, pero sí constante, como si el bosque estuviera rindiéndose poco a poco ante algo inevitable. La caravana avanzaba con una formación ordenada, intercalando carruajes con suministros entre grupos de soldados. En su momento, no le di mucha importancia, pero con el tiempo quedó claro que no era una disposición aleatoria. Parecía estar diseñada para mantener el control en caminos angostos y ampliar la cobertura en zonas abiertas, una estrategia efectiva para moverse con seguridad sin perder la organización. Sin embargo, lo que realmente me tomó por sorpresa fue lo que ocurrió más adelante. No llevábamos tanto tiempo en marcha cuando, de repente, la formación se detuvo abruptamente. Desde donde iba, no pude ver con claridad qué pasaba, pero el alboroto en la distancia hablaba por sí solo: gruñidos sordos, movimiento entre los arbustos y las reacciones tensas de algunos caballos. No tardaron en correr rumores entre los soldados, y pronto escuché lo que había sucedido: un pequeño grupo de bestias salvajes bloqueaba el camino. No representaron una amenaza real, apenas un retraso momentáneo, pero aun así no había pasado ni medio día y ya nos encontrábamos con algo así. Era un recordatorio de dónde estaba ahora y de lo que podría esperarnos más adelante. El sol continuaba su ascenso, el polvo se adhería a la piel y el viaje apenas comenzaba. "Esas bestias debieron haber sido bastante aterradoras, ¿no crees?" Comento en voz alta, dirigiéndome a Lyria, quien caminaba en silencio, un poco apartada del resto. "..." Sin embargo, no recibo respuesta. Simplemente sigue avanzando con su postura erguida y su mirada fija al frente. Confiado por nuestras últimas interacciones, pensé que podría acortar un poco la distancia entre nosotros si intentaba mantener conversaciones casuales como esta. Pero, después de varios intentos, el resultado fue el mismo: silencio absoluto. No te desanimes, apenas estamos empezando el viaje. Solo hay que ser paciente y las cosas se irán dando. Convenciéndome a mí mismo, dejo escapar un suspiro y recupero algo de energía. Si hablar con ella directamente es complicado en este momento, entonces tendré que enfocarme en otra cosa mientras tanto. Se trata de establecer pequeños objetivos y avanzar paso a paso. ¡Es verdad!, si no puedo con la misión principal por el momento entonces puedo subir de nivel antes haciendo misiones secundarias. Casi como si el universo hubiese escuchado mi pensamiento, una ventana traslúcida aparece repentinamente frente a mis ojos: ¡Nuevo Objetivo Secundario! La inesperada notificación me toma tan desprevenido que tropiezo con mi propio pie, casi cayendo de bruces contra el suelo. Algunas miradas curiosas se dirigen hacia mí, incluyendo la de Lyria, quien, afectada por el sobresalto, me lanza una mirada fulminante, pero solo por un instante antes de volver a ignorarme por completo. Ni siquiera así consigo sacarle una sola palabra. Por otro lado, la información desplegada frente mio tampoco desprendía mucha esperanza. Objetivo: Sobrevive hasta la capital. Tiempo límite: Sin tiempo límite. Recompensa: Mejora de alma I. Castigo por no completar: Muerte. Tienes que estar bromeando. ¿Qué clase de porquería de misión es esta? ¿Sobrevivir? ¡Eso ya lo tengo que hacer de todas formas! Y el castigo... bueno, aunque aterrador, es bastante obvio si te pones a pensarlo. Pero si me dan una recompensa por algo que ya estoy haciendo de todos modos, supongo que no hay razón para quejarse. Aunque, "Mejora de alma I", ¿qué demonios significa eso? ¿Será la liberación de almas? No tendría mucho sentido si es solo la primera mejora... Fiel a su modus operandi, este sistema basura no ofrece más que cosas incomprensibles. Un momento... Si está enfatizando tanto en "sobrevivir hasta la capital", ¿significa que algo va a pasar antes? No, no, no. No pienses en eso. Seguramente el sistema solo está mal hecho. Sí, eso debe ser. No hay que darle muchas vueltas. Aun así, la idea queda rondando en mi cabeza, como una piedra metida en el zapato. La preocupación de que algo pueda salir mal empieza a mezclarse con el aburrimiento del viaje. Finalmente, decido sacudirme esos pensamientos. No quiero seguir sintiéndome deprimido por cosas que no controlo. Buen intento, sistema de mierda, pero no caeré en tus juegos. Si crees que puedes usarme como quieras, te equivocas. ¡Yo crearé mis propias reglas! Y mi misión actual es saber cómo demonios me veo. Me está matando la curiosidad. Digo, normalmente, en las novelas, los personajes importantes suelen ser guapos, ¿no? Aunque... soy el príncipe demonio... No me habrán hecho súper feo, ¿verdad? ... Espera. No es por mi apariencia que todos me odian y me desprecian con solo verme... ¿verdad? Un escalofrío recorre mi espalda. Sería demasiado cruel. Pero bueno, solo hay una forma de averiguarlo, y ya tengo una idea clara de cómo ejecutar mi autoproclamada misión. Poco a poco, me acerco con disimulo a mi objetivo que nos observa desde atras. Finalmente cuando estamos lo suficientemente cerca pongo en marcha mi plan. "Ey, Mike. Sí, tú, Mike. ¿Te acuerdas de mí? Compartimos un profundo vínculo desde que tengo memoria." Mike, nuestro amable vigilante, me ignora con la maestría de alguien que ha perfeccionado esa habilidad durante años. Pero no me desanimo. "Hay una cosita que me gustaría preguntarte..." Nada. Ni una mirada, Sin embargo, por un instante, noto que la ceja de Mike se tensa ligeramente. Buen intento, pero ya he pasado por demasiados momentos como este con Lyria. Comparado con ella, eres una presa fácil. Lyria sigue caminando a su ritmo, ignorándome de manera aún más profesional que Mike, así que preguntarle a ella está descartado. En cambio, hablar con otro hombre parece menos vergonzoso en caso de que esto termine siendo una estupidez monumental. "Ey, Mike, no me ignores, por favor. Me hace sentir solitario. Después de todo, incluso me obsequiaste un hermoso regalo..." Le doy un leve tirón a la capa que llevo puesta. "Lo estoy usando por ti, pero ni siquiera me volteas a mirar. ¿Eres tímido? No sabía que er—" "¿¡Podrías callarte!?" Lo dijo en voz baja, pero con suficiente fuerza como para hacerme sonreír internamente. "¿Qué parte de 'no llames la atención' no entendiste?" "Lo sé, lo sé, pero esto es súper importante. Incluso vidas enteras podrían cambiar dependiendo de la respuesta que me des." "... ¿De qué demonios hablas? Algo así no podría suceder..." A pesar de sus palabras, hay una pizca de duda en su voz. Solo necesito presionar un poco más. "Estoy hablando en serio. Es algo que me ha llamado la atención desde el primer momento, y creo que ya está en el punto en el que no puedo soportarlo más." "¿¡Qué!? ¿¡Qué está pasando?! ¿Es algo relacionado con Lady Bluslfmania? ¡Escúpelo de una vez!" "Mi rostro... ¿qué tal está?" "¿Qué dijisteis?" "Mi rostro... Ya sabes..., ¿está bien?" Inicialmente, pensaba preguntarlo con confianza, pero una repentina vergüenza me ataca en el último momento. "No puedo escucharte si bajas tanto la voz. ¡Suéltalo ya!" "¡Que qué tal está mi cara!" Finalmente le expreso mis preocupaciones, pero él... "¿Espera, en serio estás preguntando una estupidez como esa de entre todas las cosas?!" "¡No es una estupidez! Mi cara puede cambiarme la vida entera. Para ti es fácil decirlo, tienes el estilo novelesco de tu lado, pero no sé si eso también me aplica a mí. ¡De esto depende si puedo vivir en las ciudades o si debo recluirme en el bosque!" Mike frunció el ceño. "No sé de qué diablos estás hablando, pero no hay forma de que mandemos a Lady Lyria a recluirse en un bosque." "¡Eso no importa! Solo respóndeme, ¿cómo está mi rostro? ¿Crees que debería empezar a usar una máscara?" Finalmente dejó escapar un largo suspiro, como si mi pregunta estuviera consumiendo sus últimas reservas de paciencia. Aun así, me miró con detenimiento, entornando los ojos como si tratara de evaluarme. Claro, aún llevaba la capucha puesta, pero entre los que ya conocen mi identidad, no funciona su efecto. "...Me repugna." NOOOOOOOOOOO— El veredicto cayó como un rayo sobre mi autoestima. "Ver tu rostro me recuerda a todo el sufrimiento que hemos pasado los humanos mientras luchamos contra los demonios." "¡No me refiero a eso!" El sobresalto en mi voz resonó más de lo que esperaba, incluso atrayendo las miradas de varios caballeros cercanos. Que susto me acabas de dar, desgraciado. Para todo hay un límite, y lo que hiciste acaba de sobrepasarlo. Por otro lado, ajeno a mi enojo, Mike me agarra de la manga y me susurra. "Oye, ¿qué crees que estás haciendo? ¿Tantas ganas tienes de morir?" "¡Es tu culpa por evadir la pregunta!" "No digas tonterías. No es posible verte como nada más que un demonio. Si tantas ganas tienes de observar tu rostro, mira tu reflejo en el agua o algo. No estés molestando con una estupidez como esa." "¡No se ve bien en el agua! Necesito que me des los detalles exactos." Pero Mike ya había decidido ignorarme por completo. Aceleró el paso sin siquiera voltear atrás, dejándome abandonado en mi frustración. Ey, espera, ¿qué rayos? ¡Esta conversación fue una pérdida de tiempo! No saqué nada útil, y encima... ¡No se supone que eres nuestro vigilante! ¿Qué demonios haces caminando adelante de nosotros? Y así, pasaron un par de horas desde entonces. El sol ya no estaba en su cenit, y la tarde comenzaba a teñir el cielo de tonos dorados y anaranjados. El camino, aunque no había presentado mayores complicaciones, parecía interminable. No habían ocurrido problemas graves durante el trayecto, pero un nuevo desafío había surgido desde un lugar inesperado: mi propio cuerpo. "Haa... ha..." Jadeaba, sintiendo cómo cada paso era más pesado que el anterior. La fatiga se apoderaba de mí, y no era solo mía. Por el rabillo del ojo, noté a Lyria, quien caminaba unos metros adelante, intentando mantener la compostura. Sin embargo, su respiración entrecortada y el ligero temblor de sus hombros delataban su cansancio. "Oye, Lyria..." La llamé, intentando iniciar una conversación para distraernos de la fatiga. Mi voz sonó más débil de lo que esperaba, pero al menos logré captar su atención. "¿Qué quieres?" Respondió sin voltear, aunque su tono era menos cortante de lo habitual. Tal vez el cansancio había suavizado su actitud, o quizás solo estaba demasiado agotada para discutir. "¿No crees que deberíamos... tomar un descanso? No sé, tal vez sentarnos un rato..." Propuse, tratando de sonar convincente. Aunque en realidad, era más una súplica que una sugerencia. "Haa... Nunca he tenido problemas para seguir el ritmo antes. Esto es... esto es por tu culpa." "¿Mi culpa?" Repetí, sorprendido por la acusación. Aunque, pensándolo bien, no era del todo injustificada. El vínculo nos unía de maneras que ninguno de los dos entendía por completo, pero al menos sabía que mis estadísticas no eran muy altas en este momento... "Sí, tu culpa," insistió Lyria, cruzando los brazos. "Antes de esto, podía marchar durante días sin problemas. Pero ahora..." Hizo una pausa, como si no quisiera admitir su debilidad. "No importa. Solo mantente alejado de mí." Antes de que pudiera siquiera responder, un caballero pasó por nuestro lado. Era uno de los mensajeros del subgeneral Beildolf, y mientras caminaba, simplemente anunció: "Orden de descanso, nos detendremos aquí por un tiempo." Y sin esperar respuesta, continuó su camino, avisando al resto del grupo. Lyria asintió en silencio, mientras yo apenas lograba contener un suspiro de alivio. Aunque no lo admitiría en voz alta, estaba seguro de que ella también lo sentía. El lugar elegido para el descanso era un claro tranquilo, alejado del camino principal pero lo suficientemente abierto como para evitar sorpresas desagradables. Los árboles, aunque aún presentes, ya no eran tan altos ni frondosos como en el corazón del territorio demoníaco. Aquí, su tamaño era más modesto, y sus hojas menos densas, permitiendo que la luz del atardecer se filtrara con mayor intensidad. El suelo, cubierto de hierba suave y musgo en algunas zonas, comenzaba a mostrar parches de tierra seca y piedras dispersas, de igual manera un pequeño arroyo cercano fluía con un sonido relajante, aunque su caudal era más reducido de lo que hubiera esperado. Lyria se sentó en una roca plana cerca del arroyo, manteniendo la distancia entre nosotros pero sin alejarse demasiado, consciente de los límites del vínculo. Yo, por mi parte, me dejé caer en el suelo, sintiendo cómo la hierba fresca aliviaba ligeramente el calor acumulado en mi cuerpo. allí pasamos algunos minutos, sin decir nada, solo tomando la refrescante brisa y recuperando así fuera un poco de energía. Desde donde me encontraba, podía ver al comandante Darnel conversando con algunos de sus subordinados. A diferencia de la actitud hostil que siempre tenía conmigo, en esta ocasión parecía relajado, incluso animado. Sus hombres soltaban algunas risas contenidas, y él respondía con comentarios que, a juzgar por sus expresiones, no eran más que bromas o anécdotas de campaña. Siendo sincero, tenía miedo de que, después de lo ocurrido anoche, intentara buscar nuevas formas de intimidación o, peor aún, que tomara represalias más agresivas. Sin embargo, para mi sorpresa—y afortunadamente—parecía que no se había obsesionado con el tema ni estaba considerando hacer alguna locura. O al menos, no todavía. No tuve mucho tiempo para pensar más en ello, pues noté que dos siluetas se separaban de un grupo de soldados y comenzaban a acercarse a donde Lyria estaba descansando. A medida que se aproximaban, sus figuras se hicieron más reconocibles bajo la luz del día. "¡Ria!" Una voz enérgica resonó en el aire, acompañada de un par de pasos apresurados. La dueña de la voz era Aule, una chica de baja estatura y de apariencia infantil, que se movía con una energía que desentonaba completamente con el ambiente de agotamiento general. A su lado, siendo prácticamente arrastrado por ella, venía Alan, quien caminaba con menos entusiasmo y sin siquiera levantar la mirada. Alan era aquel que, en la reunión tras mi despertar, se había opuesto firmemente a la idea de dejarme vivir, argumentando que era demasiado peligroso. Por otro lado, Aule era la chica animada que había estado presente en ese momento, una persona que parecía encontrar emoción en cualquier cosa. Lyria les dedicó una mirada amable mientras Aule se detenía frente a ella con una sonrisa radiante. "¡Qué suerte que te encontramos!"—exclamó la chica, soltando el brazo de Alan para girarse hacia él—. "Vamos, Al, di algo de una vez. No te quedes ahí parado como un niño regañado." Alan siguió sin alzar la vista, su postura rígida y tensa. Durante unos segundos, pareció debatirse internamente hasta que, finalmente, dio un paso adelante. "Lyria..." —dijo con voz grave. Sus ojos, ahora fijos en ella, reflejaban una mezcla de orgullo herido y resignación—. "Quería disculparme por lo que pasó la última vez." Lyria no respondió de inmediato, pero su expresión no era fría ni distante. Simplemente lo observó con calma, dándole espacio para hablar. "Me excedí en la reunión" —continuó Alan—. "No debí insistir tanto en que debíamos sacrificarte inmediatamente, no pensaba con la cabeza fría en ese momento." Hubo un instante de pausa, pero antes de que su disculpa pudiera ser tomada demasiado en serio, añadió con un tono más firme: "Aún así, no me arrepiento de mi decisión." Mis pensamientos se detuvieron un segundo y su capacidad para disculparse sin realmente disculparse me hizo fruncir levemente el ceño. Aunque solo había tenido una interacción con él hasta ahora, era evidente que su obstinación no tenía límites. "Sigo creyendo que viajar con un demonio es una completa locura" afirmó desviando su mirada hacia mí. La capucha tampoco mostraba efecto en él, y por un instante, sentí su escrutinio, como si estuviera esperando ver alguna reacción de mi parte. Pero, honestamente, estaba demasiado cansado para responderle con algo que valiera la pena. "Al... enserio eres un cabeza hueca" —Aule suspiró y le dio un pequeño codazo en el costado—. "Eso no es disculparse." "Lo lamento, pero lo que digo es la verdad" —replicó él, y sus ojos se llenaron de un odio repentino, pero solo duró un momento y finalmente volvió a su expresión usual. Sin embargo, parecía que nada lo haría cambiar de opinión—. "No dudo de la decisión del subgeneral, pero al menos deberían haber tomado más precauciones. Más restricciones. Retenerlo más tiempo." Sabía que hablaba de mí. Y aunque su tono era menos agresivo que en la reunión anterior, el mensaje no había cambiado en absoluto. "¡Eso también afectaría a Ria!" —señaló Aule con un puchero, su voz se mantenía llena de energía como siempre—. "Además, el demonio no parece querer hacernos daño." "¡No hay forma de que eso sea verdad!" —Al parecer, esto último tocó una fibra sensible, ya que inmediatamente sus ojos se llenaron de un odio repentino y alzó la voz mientras respondía—. "¡Los demonios solo esperan su opo—!" "¡Sí, sí, lo que digas, Al!" —Sin embargo, Aule le interrumpió con un par de palmadas en la espalda antes de que la atmósfera cambiara—. "El punto es que te sientes mal por cómo lo dijiste antes, y no quieres que sigamos en malos términos por eso, ¿verdad?" "...Sí, tienes razón." —Finalmente, Alan se calmó y asintió, bajando la cabeza hacia Lyria—. "Me disculpo nuevamente, Lyria." A primera vista, lo que dijo podría sonar como un sinsentido para algunos. Después de todo, su intención no cambiaría independientemente de cómo lo hubiera dicho. Aun así, estar dispuesto a buscar reconciliación no era malo, y Aule, que estaba haciendo todo lo posible para que sucediera, también era admirable. Lyria no respondió de inmediato. La observé con curiosidad, preguntándome qué pensaba realmente. ¿Le molestaba la actitud de Alan? ¿O lo entendía, aunque no la compartiera? "Hm... Sabes, Alan" —Lyria lo miró directamente a los ojos—. "Si te soy sincera, en ese momento opinaba lo mismo que tú" —respondió finalmente, con un tono calmado y sin molestia aparente—. "Más allá de los arrepentimientos que me hubiesen quedado, si eso significaba acabar de una vez por todas con el mal que acechaba al mundo, habría estado bien para mí." Se detuvo un instante, y un atisbo de tristeza fue reflejado en su expresión. "Cuando me enteré de que ese príncipe demonio podría no ser el mismo con el que estuvimos tanto tiempo luchando, estaba increíblemente enojada, consternada... y confundida. No sabía qué postura tomar, no sabía siquiera si podría estar satisfecha sacrificándome por alguien que podría ni siquiera recordar todos los pecados que había cometido." Hubo otra pausa, esta vez como si buscara las palabras correctas entre el remolino de ideas rondando en su cabeza: "Pero más tarde, después de organizar un poco mis pensamientos, la respuesta llegó más fácil de lo que esperaba. Después de todo, mi padre fue quien me dijo que viviera buscando no tener arrepentimientos... claro, la vida no es fácil. Sea cual fuere mi decisión, me habría arrepentido de igual forma. Desde el momento en que permití que el príncipe demonio alterara mi alma, poniéndonos en peligro a todos, ya no había un camino sin remordimientos...—una breve sombra cruzó su expresión, sin embargo, no titubeó—. "Pero si ese es el caso, lo que me queda es buscar acabar con el mínimo de ellos. Puede que, al final, sigan siendo lo suficientemente pesados como para no ser capaz de redimirlos, pero aun así, esa fue la lección que me dejó la persona que más admiro en este mundo." Su voz sonaba firme, decidida. "Una vez que entendí esto, la respuesta se hizo clara. Mientras sea posible, buscaré seguir viviendo mi vida. Todavía me queda mucho por lo que luchar y mucho que construir... y si en algún momento Re—" —se detuvo por un segundo, como si casi hubiera dicho algo que no debía, pero se repuso rapidamente—. "Si el príncipe demonio recupera sus recuerdos, no dudaré en acabar con ambos si es necesario. Porque no hay mayor arrepentimiento para mí que no ser capaz de proteger a nuestra gente. Pero mientras tanto, viviré... por mí, por los ciudadanos y por mi padre." Su resolución se reflejaba en cada palabra. En ese momento, quedó claro que no habían sido un equipo solo en apariencia. Lyria se había abierto y compartido sus pensamientos más profundos, sin atisbo de pretensión o falsedad. Era completamente diferente a nuestras interacciones anteriores, recordándome una vez más lo alejado que me encontraba de todos. "Eso..." Alan no sabía cómo responder, y un silencio extraño empezó a rodear la zona. Sin embargo, Aule también se dio cuenta rápidamente de esto y decidió intervenir. "¡Eso es un pensamiento fantástico, Ria! ¡En serio que eres una chica fuerte!" "Para nada, aún me queda mucho por mejorar y es más fácil decirlo que hacerlo... pero, aprecio tus palabras." Finalmente, esbozó una pequeña sonrisa. Aule también sonrió antes de continuar con un nuevo tema. "Por cierto, ¡debemos rogarle al subgeneral Beildolf que nos vuelva a unir! ¡Se ha vuelto aburrido ahora que ya no somos un grupo!" "Tienes razón" —comentó Lyria con una pequeña risilla—. "Aunque aún puedes permanecer con Iris y con Lorian." "Iris está durmiendo otra vez en el carruaje de heridos" —resopló Aule—. "Se la pasó toda la noche con sus investigaciones, como siempre." De alguna manera, me lo podía imaginar. Probablemente por eso tenía esas grandes ojeras ayer... Si se quedó despierta toda la noche y también tuvo que hacerlo durante el día, no me sorprende el pequeño desmayo que tuvo anoche. "Y Lorian está en la vanguardia del ejército" —continuó Aule, inflando las mejillas—. "Como es príncipe, tiene que mostrarse de cara al público. Ya sabes, para mantener las apariencias." Alan soltó un bufido, cruzando los brazos. "Ese tipo siempre busca llamar la atención..." "Ahora estás buscando pelea con todos, Al" —le dijo Aule, lanzándole una mirada de advertencia—. "Ya te dije que no puedes andar criticando a todo el mundo solo porque estás de mal humor." "En fin, de todas formas, iré a saludarlo, ¡Nos vemos luego!" Con eso, le dio una palmada en la espalda a Alan, indicándole que la siguiera. Él no dijo nada, pero después de un momento, se giró una vez más hacia Lyria. "Lyria, si se trata de arrepentimientos, yo también tengo muchos... así que no dejes que te desanime. Y también... lamento lo del general Blusfmania." "Gracias." Entonces, Aule, pareció caer en cuenta de algo de repente. "¡Oh, es cierto! ¡Estaba tan concentrada en la reconciliación que olvidé dar mis condolencias! Lo siento, Ria." "Y dices que yo soy el cabeza hueca." Un golpecito cae sobre la cabeza de Aule, que se limita a sacar un poco la lengua. Cuando empezaron a alejarse, Aule se giró de pronto y, con una sonrisa amplia, le gritó a Lyria: "¡Sería divertido volver a estar juntos en la academia, ¿no crees?!" Y con esas palabras, ambos se marcharon, dejando tras de sí un pequeño rastro de energía en un ambiente que, hasta hacía un momento, se sentía agotador. Me recosté un poco más contra la hierba, cerrando los ojos por un momento. La academia, ¿eh...? Esto confirma que la historia estaba ambientada en la academia, pero entonces... ¿por qué nos encontrábamos en medio del territorio demoníaco? ¿Acaso esta era la fase final de la trama? Aunque sonara entrometido, necesitaba más información. Abrí los ojos y, intentando actuar con naturalidad, me acerqué a Lyria, que en algún momento también había cerrado los suyos. "Debe ser un gran lugar la academia si tanto les gustaría volver. Aunque no recuerde mi pasado, de alguna forma esos términos me resultan familiares..." Lyria frunció el ceño al escucharme. "Tch, así que estabas escuchando." Su expresión mostraba una mezcla de molestia y resignación. Bueno, mi intento de sonar natural claramente no había funcionado. Como esperaba, meterme en los asuntos de los demás no era bien recibido. "No había forma de evitarlo... estaba cansado y—" "Da igual, no necesito tus excusas baratas." Me cortó de inmediato. Luego me miró con frialdad y continuó: "Pero que te quede claro. Es verdad lo que dije al final: en el momento en que hagas algo extraño, no tendré misericordia." "Lo sé, lo sé. Yo también valoro mi vida." Hice un gesto de rendición antes de cambiar de tema. "Por cierto, me llamó la atención lo de la academia. ¿Están inscritos en alguna? Es extraño, normalmente esperarías graduarte antes de participar en guerras, ¿o algo así?" Ante mi pregunta ella solo me lanza un mirada de molestia y chasquea la lengua. "Eso no es asunto tuyo... O bueno, supongo que ahora lo es." Rodó los ojos y pasó una mano por su cabello con un suspiro corto, como si recién se diera cuenta de que no tenía sentido discutirlo. "Ahh... Da igual. No necesitas saberlo ahora. Solo concéntrate en no estropear el viaje. Con suerte, nos perdonarán la vida en la capital." "Lo entiendo, pero suena deprimente pensar solo en el juicio. No sabemos qué va a pasar cuando lleguemos, pero no está de más mantener una mentalidad positiva. ¡Hacer planes para el futuro es la mejor manera de no perder el rumbo!" "El futuro..." Parecía que mis palabras le habían resonado de alguna forma. Se quedó en silencio por un momento, como si estuviera procesándolas. "...Supongo que tendré que heredar el territorio." A medida que lo decía, su expresión se ensombreció. Me di cuenta de que, sin querer, había tocado un tema delicado. La muerte de su padre aún pesaba en ella. Era obvio que lo haría... "En ese caso... está fuera de discusión volver a la academia..." Su voz descendió hasta un susurro, apenas audible. Mierda, lo he estropeado, debo de decir algo, cualquier cosa. "Pero también está bien si solo vives en el momento. Digo, tampoco hace falta darle tantas vueltas al futuro. ¡Sí, sí, lo más importante es vivir el presente!" Hasta yo me sentí como un idiota en cuanto lo dije, pero quedarme callado y hacer el ambiente más incómodo no era una opción. "...¿Acaso eres estúpido?" Sorprendentemente, esta vez estábamos de acuerdo. Me dejó sin nada que replicar. "No... ¿Siempre?" "Déjame corregirme: definitivamente eres estúpido. Ahh, no sé qué hago todavía hablándote de esto. Ahórrate la charla y mejor concéntrate en descansar. Si por tu culpa retrasamos a los demás, lo vas a pagar caro." "¡Entendido, capitana!" "Y no soy tu capitana. No juegues con los rangos, o terminarás metiéndote en problemas de verdad." Con eso, la conversación llegó a un punto muerto. No parecía que fuera a seguir hablando del tema, e insistir solo la pondría de peor humor. Así que simplemente me senté en silencio ahí mismo. Lyria me miró de reojo durante unos segundos, pero no dijo nada. Luego, como si hubiera decidido que no valía la pena molestarse, apartó la vista. Nos quedamos así un rato, hasta que finalmente un caballero pasó por la zona, avisándonos que era hora de continuar el camino. Apenas logré obtener algo de información, pero no diría que fue un desperdicio. La discriminación constante y las miradas de odio aún dolían, pero tal vez, con el tiempo, ese peso se volvería más fácil de llevar... Sería bueno que así fuera.
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Estás leyendo el capítulo 7 de El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela), un novela. En muchas historias, el protagonista termina reencarnando en un mundo de fantasía para convertirse en el héroe que salvará a la humanidad. Pero Rein no tuvo tanta suerte. Sin ningún conocimiento sobre el mundo al que ha… Este capítulo tiene publicado el 3 de septiembre de 2026. El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) tiene 13 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.