Leer El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) Capítulo 4 online gratis en español
En el centro del campamento, se encontraba una carpa de gran tamaño, lo suficientemente grande para hospedar a más de 8 personas fácilmente, sin embargo, no se usaba como espacio para dormir, el escritorio ubicado al fondo de la tienda con una pila de papeles junto un tintero y una pluma encima eran prueba de ello, igualmente se encontraban algunos gabinetes dispersos en la sala, dando una impresión un poco desordenada.
Dentro se encontraban dos personas reunidas.
"...Con esto concluye el informe, aún no sabemos con certeza si sus palabras son ciertas o no, por eso me gustaría que se siguiera sin revelarle información para hacerlo susceptible a equivocarse más fácilmente." la voz de una de las dos personas resuena dentro de la carpa.
"Comprendo, en ese caso tendremos que continuar con precaución." —El receptor le responde sentado en la silla frente al escritorio— "por el momento asígnele un par de guardias para que lo vigilen en todo momento, incluso si es mentira que ha perdido la memoria, es un hecho que su poder mágico actualmente es nulo, además, si intenta escapar no llegará muy lejos con el hechizo de rastreo que se le impuso." Después de dar la orden, recogió uno de los papeles y empezó a escribir en él.
"Entiendo subgeneral" —El comandante asiente mientras levanta el pecho con orgullo— "por cierto subgeneral Beildolf, ¿puedo preguntar que va a pasar con el general Bluslfmania?" Al decir esto, Darnel dirige la mirada hacia el ataúd ubicado en una de las esquinas de la carpa y el subgeneral vuelve a levantar la mirada de los papeles.
"Se seguirá el protocolo establecido por el imperio. Puede que no lo sepa ya que fue ascendido recientemente, pero en caso de la muerte del héroe, se debe recolectar su cadáver al igual que su espada, ser transportado hasta la capital para que realicen un desfile en su honor y finalmente sea llevado a su entierro en el aposento de los héroes en Lestoria, por otro lado, la espada volverá al museo imperial hasta que sea escogido un nuevo héroe."
"¿En ese caso qué deberíamos hacer con sus pertenencias personales?" Una nueva duda es liberada frente al subgeneral.
"Por ahora solo empacarla junto al resto de equipaje, cuando lleguemos a la capital todas las pertenencias de los difuntos serán entregadas a algún familiar, en este caso no habrá una excepción."
"siendo así, ¿no podríamos dárselo directamente a la señorita Bluslfmania?"
"No, seguiremos con el procedimiento estándar, hacer excepciones sólo sembrará descontento entre los caballeros, incluso tratándose con la hija del héroe..." La conversación se pausa momentáneamente después de la negativa, hasta que finalmente el subgeneral vuelve a hablar"
"...Además, en este momento lo mejor sería no sobre estimular la mente de la joven Lyria, ya se encuentra bastante inestable con la situación junto al príncipe demonio como para alterar aún más su estado."
"..." El comandante simplemente agacha la cabeza al pensar en ello y se forma un nuevo silencio incómodo.
"Ah, de igual forma, me gustaría preguntar si se encontró algo destacable de entre las pertenencias del príncipe demonio" una nueva pregunta a modo de cambiar de tema es arrojada nuevamente sobre el subgeneral, este simplemente se encoge de hombros antes de responder.
"Nada importante más allá del hecho de que su armadura era de primera calidad, no llevaba ningún objeto innecesario..." A pesar de haber dicho esto, el subgeneral Beildolf se sumerge en sus pensamientos.
"¿Pasa algo subgeneral Beildolf?" El comandante Darnel nota esto y le pregunta.
"No...es solo que hay un objeto en su posesión que me intriga."
"¿Un objeto que le intriga?" —el comandante repite, reflexionando sus palabras—. "¿De qué clase de objeto estamos hablando?"
"No es que sea un objeto extraño o algo por el estilo, estoy hablando de su espada" el subgeneral rápidamente resuelve su duda.
"En la batalla demostraba un poder increíble, casi comparable a la espada del héroe, pero tras ser recuperada, solo parece una hoja burda; sin filo ni robustez adecuados para una batalla." Al decir esto se levanta y recupera una espada de uno de los gabinetes.
"Como puede ver, a simple vista parece inadecuada para ser usada en batalla."
"¿Está diciendo que podría ser similar a la espada del héroe?" una hipótesis es arrojada en búsqueda de confirmación, pero el subgeneral simplemente mueve la cabeza horizontalmente.
"Aunque la espada del héroe no demuestre su poder a todos los que no sean el héroe, se puede sentir la energía que emana constantemente de la vaina, demostrando que rebosa de gran potencia" —Al decir esto hace un pequeño tajo al aire con la espada en sus manos, y se escucha el sonido del aire siendo cortado a una gran velocidad.— "Sin embargo no se puede decir lo mismo de esta espada, no siento ningún poder proveniente de él, me atrevería a decir que es simplemente chatarra, dicho esto, es innegable que esta misma hoja fue la que acabo con la vida de nuestro héroe, no sé qué pensar de esto." Finalmente vuelve a guardar la espada en su sitio antes de sentarse nuevamente.
"Si esas son todas sus preguntas, seguiré rellenando los informes." una hoja es agarrada de la pila de papeles.
"Si señor, seguiré sus órdenes." El comandante se despide antes de salir de la sala dejando solo a una persona dentro.
"Definitivamente es extraño..." Un murmullo se esparce es la carpa.
\*\*\*\*\*
"Haaah" Un bostezo sale de mi boca.
Ya era entrada la tarde, después de hacer algunas pruebas más en el laboratorio provisional, Iris le pidió a uno de los caballeros patrullando que le trajera algunas provisiones ya que claramente no podría ir a la cafetería del campamento. Honestamente, sabía bastante mal, aun así, necesitaba toda la energía disponible en estos momentos, tanto para la recuperación de mi cuerpo que empezaba a mejorar lentamente, como mentalmente para enfrentarme a los siguientes desafíos.
"No...Mires..." una voz pausada me advierte.
"No pienso mirar en lo más mínimo" le respondo a Iris que tenía su mirada puesta en mí.
Ahora nos encontramos entrados en el bosque, Lyria se sentía bastante incómoda sin poder bañarse hasta ahora, por lo cual fuimos a un lago cercano y mientras ella se lavaba, estamos Iris y yo un poco más lejos detrás de unos matorrales.
"No tengo memorias de mi pasado y estoy en este tipo de situación, créeme que lo último en lo que pensaría sería en cosas como esta." Trato de tranquilizarla sonando lo más racional posible, como cabría esperar en esta ambientación de mundo, se valora mucho el honor y la castidad.
"Uhmm" una especie de asentimiento me es devuelto, a lo no tan lejos se escuchan algunos chapoteos en el agua, lo que hace que, incluso habiéndolo negado, mi imaginación se active, empezando a imaginar lo que podría haber más allá de las plantas y arbustos...
¡Basta! Sacudo mi cabeza rápidamente antes de profundizar más en mi pensamiento.
La mente humana sin duda es de lo más disparatada, ser consciente de cosas como esta mientras mi cuello está en juego, me hace pensar que estoy roto, pero definitivamente no soy solo yo, ¿verdad?
"¿Y no puedes decirme quién soy o de que se me acusa? Es bastante difícil que todos te odien sin saber el por qué " Intento cambiar mi línea de pensamiento al seguir con mi actuación
"No puedo" —como es normal recibo una negativa— "Se dio la orden a todos los involucrados de no revelar información de lo acontecido a nadie... del mismo modo, me ordenaron no decirte nada al respecto hasta que el subgeneral diga lo contrario..."
"Está bien, pero ¿puedes al menos explicarme qué es este fenómeno que nos está ocurriendo? No poder alejarme de Lyria más de 15 metros sin que nos cueste respirar me parece una locura."
En medio de mis palabras Iris abre ampliamente los ojos sorprendida.
"¿qué pasa?" Le pregunto desconcertado.
"No...nada" —me responde después de reponerse rápidamente— "Es solo que me sorprende que llames a Lyria sin honorífico de ningún tipo, pero tiene sentido... no sabrías algo como eso." me explica la razón de su sorpresa.
Es verdad, aunque más que hacerlo por no saber, ya que en la historia se dice que es la sucesora del ducado Bluslfmania, simplemente no se me ocurriría llamar a una persona con su título familiar o similar, porque en primer lugar salvo pequeñas excepciones en algunos países, ya no existen.
"L-lo siento, ¿cómo debería llamarla entonces?" Le pregunto intentando prevenir molestar a la única persona desde que llegué que no me trata como basura.
"Uhmm llamarla solo Lyria podría estar bien..." —mientras lo dice se queda pensando un segundo— "de hecho, simplemente llámala así..." —después de convencerse, me mira a los ojos antes de continuar— "ella definitivamente te odia... pero la realidad es que van a tener que convivir juntos hasta que se encuentre una solución, incluso si es difícil... te pido que intentes llevarte bien con ella."
Finalmente, después de darme su petición, agacha la cabeza y me lo vuelve a pedir.
"Por favor."
No sabía cómo responder, Iris definitivamente era una persona extraña, no sentía odio proveniente de ella, y desde el primer momento que nos conocimos me trató como una persona normal, podría atribuirlo a que es increíblemente amable, pero ella también era un caballero; debió haber visto incontables muertes tanto de aliados como de enemigos a su corta edad, muchos de sus compañeros debieron morir a manos de demonios, pero aun así, no me condenaba, yo que era el líder de todos ellos hasta hace un día, si era así porque había perdido los recuerdos o no, era un misterio, pero independientemente de sus razones me alegro de que hubiera al menos una persona con la que pudiera hablar con normalidad.
"Por favor levanta la cabeza" —no estoy seguro de lo que debería responder, pero si fuera un caballero definitivamente también querría la muerte del príncipe demonio independientemente de su situación, ver a una persona dispuesta no solo a ser capaz de perdonarle la vida por el bien de un colega, sino de bajar su cabeza ante él, no puedo sentir más que admiración por alguien así. — "No estoy seguro de muchas cosas" —poco a poco las palabras fluyen de mi boca— "... Y aunque me duele que todos busquen mi muerte sin estar seguro del por qué... yo...no los odio, ni a los soldados, ni a Lyria." Intento que mis palabras suenen lo más sinceras posibles.
"¿Incluso si te desprecian con toda su alma?" después de alzar la cabeza me pregunta esta vez con curiosidad.
"Pero yo no los conozco" —Le respondo sin necesidad de siquiera pensarlo— "¿Como podría odiarlos sin saber absolutamente nada?" —no lo decía para quedar bien, simplemente una emoción tan intensa como esa, no llegaría repentinamente en medio del caos. — "Ah, pero no me malinterpretes, no digo esto como si quisiera parecer un santo, simplemente muchas personas maldiciendome de repente me hace sentir más confundido que ofendido."
"Supongo que tienes razón...si es verdad que perdiste tus recuerdos todo hasta ahora debió haberte parecido muy frenético."
"Y sí los perdí" —Insisto— "mi único deseo ahora mismo es salir de esta situación, puede sonar egoísta de mi parte decirlo cuando no tengo idea de las acusaciones a mis espaldas, pero incluso así, quiero comenzar mi propia vida, no cargar con la de alguien más." Iris al escucharme solo suspira antes de agregar.
"Desafortunadamente, el peso de los actos de tu antiguo yo no son tan ligeros como para hacer la vista gorda... y los demás tampoco estarán felices viendo que apartas todos tus problemas justificándote por tus recuerdos"
"Eso... parece." Aunque sus palabras eran más que evidentes, no podía evitar sentir como si hubiera tragado un insecto.
Sin importar cuánto lo intente es imposible ser aceptado por todos los caballeros, incluso si no soy el que asesinó a todas esas personas, la venganza es lo único a lo que pueden aferrarse para no creer que todo fue en vano.
Independientemente de lo mucho que pensara en una solución para ser perdonado, no era una cuenta que pudiera saldar, después de todo, no era posible compensar vidas. Sin embargo, por eso mismo no pensaba escatimar esfuerzos para resguardar la mía.
"Pero aun así, debo hacerlo" —Refuerzo mi resolución a medida que las palabras fluyen de mi boca— "todo lo que conozco, lo que soy, empezó hoy, cargar con las culpas del ayer sería negarme a mí mismo, sin importar el enojo que provoque a los demás, no pienso hacerme responsable de los problemas de personas ajenas."
No quiero morir, desde que llegué a este mundo solo he acumulado preguntas, ¿por qué fui transmigrado? ¿por qué en el príncipe demonio? ¿Por qué tengo un sistema? ¿por qué ni siquiera recibí una explicación? ¿Por qué yo?
Preguntas se arremolinaban en mi mente, pero se me negaba incluso el tiempo para pensar en respuestas, y lo peor de todo es que no tenía idea de a quién culpar. definitivamente era injusto.
Antes de darme cuenta mis manos habían formado puños y tardíamente me doy cuenta de lo ofensiva que podrían sonar mis palabras y expresiones, un sudor repentino recorre mi espalda.
"Ah, p-pero tampoco quiero invalidar su d-dolor o algo así, yo sol-" Rápidamente intento arreglar mis palabras, pero soy interrumpido por Iris.
"Entiendo, no necesitas excusarte... no es mi papel hacer de inquisidor...ya habrán muchas personas más dispuestas a hacerlo... ¿verdad, Lyria?" Alza la voz para hacer la última pregunta antes de mirar detrás mío.
Al escuchar a Lyria ser nombrada, un frío repentino recorre mi espalda. Me doy la vuelta rápidamente y la veo salir de entre los matorrales. Su cabello mojado cae en mechones desordenados sobre sus hombros, con pequeñas gotas de agua deslizándose por su piel, brillando a la luz del sol. Antes de venir habíamos pasado rápidamente por su tienda para recoger un cambio de ropa, se había cambiado a un vestido sencillo, pero que exudaba cierta elegancia incluso en esta base de caballeros.
"No sé de qué estás hablando, aunque me gustaría hacerlo" responde fríamente mientras se acerca y escurre ligeramente su cabello mojado entre las manos, intentando sacar el exceso de agua con rápidos movimientos.
No parecía haber escuchado nuestra conversación, lo cual era un gran alivio para mí. A excepción de Iris, mi bienestar se encuentra en la cuerda floja cada vez que intento decir algo, literalmente es un paso más allá del «Todo lo que diga puede ser usado en su contra» a un «Cada palabra que diga es un acercamiento más a la guillotina»
"¿Y bien? ¿De qué estaban hablando?"
"Nada en particular, Rein me decía que sería bueno que todos se pudieran llevar bien."
Hey, ¿No crees que acabas de resumir la conversación un poco demasiado?
"No hay forma de que podamos llevarnos bien con él, ¿acaso es estúpido? No sabía que, además de los recuerdos, también había perdido la poca cordura que le quedaba." Lyria responde sin vacilar.
¿Eh? ¿Cuándo hablabas acerca de comunicarte por el bien de la convivencia te referías a algo como esto?¿No crees que es un poco exagerado?
"jaja...eso es un poco cruel, Lyria" Por suerte para ella, a mis humildes 17 años, ya me consideraba un maestro de la dialéctica, ¡capaz de volver amigos tanto a niños pequeños merodeando en el parque como a ancianitas tomando la brisa fuera de sus casas! debo admitir que me era un poco más difícil hacerlo con personas de mi edad... ¡pero ahora es el momento de hacerme al fin con los 3!
"Solo decía que no entiendo bien el despre-" Intento explicarme de una forma relajada, pero soy interrumpido bruscamente.
"¡¿Hah?! ¿En primer lugar quién te ha dado el permiso de llamarme por mi nombre? ¿Crees que porque decidí dirigirte la palabra te puedes tomar las confianzas que quieras?" Entrecierra sus ojos y siento una mirada de repulsión puesta sobre mí.
"N-No, yo solo quería a-aligerar un poco la tensión" mi barra de dialéctica empezó a drenarse a pasos agigantados con solo una respuesta suya, definitivamente era un oponente formidable.
"Metete en tus propios asuntos, no me hables si no es necesario, tan solo ver tu cara me repugna."
¿Eh? ¿Tan feo soy? Es cierto que no he logrado ver mi rostro aún, pero normalmente los personajes importantes de una novela no suelen verse del todo mal, ¿verdad? Suficiente tengo con mis problemas actuales como para que digan que con solo mi rostro es suficiente para espantar a las personas.
"Cálmate Lyria, Rein solo quiere volver el ambiente un poco menos incómodo, se volverá asfixiante rápidamente si no lo hacen, ¿verdad Rein?" Gracias al cielo Iris intercede por mí, dándome la oportunidad de usar las últimas fuerzas de mi barra dialéctica.
"¡Ujum Ujum!" Asiento con movimientos bruscos de mi cabeza, que puedo decir, solo para eso me alcanzaba.
"Además, fui yo la que le dije que te llamara por tu nombre... Rein no conoce la etiqueta humana... sería bastante agotador que te llamara señorita Bluslfmania cada vez que se quiera dirigir a ti... considerando que se la van a pasar juntos."
"Pero..." su voz se detiene y en su expresión se torna una batalla entre la indignación y la resignación. Esto se mantiene unos segundos hasta que parece llegar a una conclusión.
"Haaaah..." un gran suspiro es exhalado de su boca antes de acceder "está bien, pero solo porque todavía seguimos en campo de batalla, en cuanto lleguemos a la capital se dirigirá a mí con el debido respeto ¿¡Me escuchaste!?" Finalmente me pregunta con una mirada asesina.
"¡Ujum Ujum!" siento un crujido en el cuello, pero ya saben lo que dicen, ¡si algo funciona solo síguelo haciendo!
"Tch." Esta vez solo chasquea la lengua y voltea hacia el campamento, estamos mejorando.
"Ya terminamos aquí, volvamos al campamento antes de que se forme algún problema." Finalmente dice esto y empieza a caminar de vuelta.
"Sí...debemos volver, vamos, Rein." Me dice Iris antes de seguirla.
¿Eh? ¿Yo no tendré un baño? Yo también estoy sucio de la batalla, ¿sabes?
"Apresúrate Rein... recuerda que no se pueden alejar mucho." Ya un poco más alejada me insta Iris a seguirlas.
Bueno...supongo que puede esperar, prefiero posponer la limpieza un poco más a tener que hablarle a Lyria en estos momentos.
me resigno rápidamente y las sigo al campamento.
\*\*\*\*\*
Al regresar al campamento, el sol comenzaba a ocultarse lentamente tras el horizonte. Sin duda, había sido un día agotador. A pesar de que no había pasado ni un solo día en este mundo, sentía como si un sinfín de experiencias me hubieran golpeado de golpe. Anhelaba desesperadamente un momento para reflexionar sobre todo lo ocurrido, y parecía que, finalmente, tendría esa oportunidad.
O eso creía. Al divisar el laboratorio de Iris desde la distancia, un caballero aguardaba en la entrada de la tienda. Al vernos saliendo del borde del bosque, y en especial, a mi estando en estado de libertad, corre hacia nosotros con pasos apresurados mientras grita a todo pulmón.
"¡Aléjense, el demonio está libre detrás de ustedes!" Tras decir esto desenfunda su espada a medida que se acerca antes de volver a gritar.
"¡Y-Yo lo retendré!¡por favor pidan ayuda al campamento!" Su mirada mostraba una determinación ferviente, como si esta pudiera ser su última batalla.
Ante esto Iris permanece inmutable, mientras que Lyria solo suelta un suspiro.
"No hay necesidad... No es un peligro. El comandante Darnel me dio permiso de liberarlo bajo mi supervisión..." Las palabras pronunciadas por Iris, que ya se encontraba lo suficientemente cerca del caballero como para no tener que gritar, hacen que el caballero pare en seco, tanto así que casi se lastima con su propia espada.
Después de un momento de quedarse solo allí parado, repentinamente inclina el torso hacia el frente formando un ángulo de 90 grados en lo que me pareció una milésima de segundo.
"¡Mil disculpas! Pensaba que el demonio había conseguido liberarse y planeaba haceros daño, pido perdón por alarmarlas tan repentinamente." responde aún con su mirada fija en el suelo.
No, bueno, tampoco es como si se hubieran alertado especialmente, la máxima reacción que pudiste sacar fue un suspiro ¿sabes?
"No se preocupe... ¿Necesita algo de nosotros?" Iris solo lo insta a indicar su motivo rápidamente.
"Ah ¡sí!"
Tras ser aceptadas sus disculpas, el caballero vuelve a pararse recto a la misma velocidad con la que se inclinó, finalmente infla el pecho antes de presentarse.
"B-Buenas tardes, señorita Bluslfmania, señorita D-Dunewell. El soldado Mike a s-su servicio..." Su lengua se trabó varias veces mientras intentaba pronunciar el saludo. Era evidente que no estaba acostumbrado a tratar con personas de familias nobles. Yo tampoco lo estaba. Sin embargo, sus apellidos no ejercían la misma presión sobre mí. Supongo que es una de las ventajas de venir de un mundo moderno. Suponiendo que no lo arruine más adelante por tomarme mucha confianza.
"Buen día."
"Hola..."
Las dos solo responden con un saludo ligero sin darle importancia a su desliz. Por otro lado, el caballero se fija en mí y frunce el ceño, claramente enojado de solo verme. Afortunadamente elige ignorarme y seguir la conversación.
"El subgeneral Beildolf requiere de la presencia de la señorita Bluslfmania y... del demonio en la zona noreste del campamento. Me encomendó la misión de escoltarlos hasta allá en cuanto los viera."
"¿Solo ellos dos? ¿No es otra reunión similar a la de esta mañana?" Pregunta Iris al caballero.
"N-No, no señorita, no puedo dar muchos detalles, pero en esta ocasión me pidió que solo llevara a los dos. Mis más sinceras disculpas."
"Uhmm... comprendo, en ese caso empezaré a empacar el laboratorio de una vez...supongo que debo ponerte los grilletes de nuevo, Rein."
"Sí..." Tenía sentimientos encontrados por tener que volver a verme privado de mi libertad, pero no había mucho que pudiera hacer por ahora, aunque su reacción pudo parecer exagerada, no cabe duda que los demás responderían de manera similar y nada aseguraba que se pudiera aclarar la situación antes de ser perforado por decenas de espadas.
Posteriormente después de volver al laboratorio y ser encadenado, Iris se despide con un "Nos vemos, Lyria, Rein."
Lyria asiente y simplemente dice: "Hasta luego." por otro lado el caballero añade rápidamente:
"Que tenga un buen día, señorita Dunewell." —Y, sin prestarme atención, se dirige a Lyria. — "por favor acompáñeme, señorita Bluslfmania." Al menos no me fulmina con la mirada ni me insulta abiertamente, algo es algo.
Finalmente, tras despedirme yo mismo, salimos de la carpa y nos dirigimos al punto establecido.
Con el sol ocultándose a nuestra derecha, atravesamos el campamento de nuevo, aunque improvisado, definitivamente abarcaba un gran espacio. La mayoría de caballeros se encontraban empacando cosas en grandes cajas mientras otros incluso empezaban a desmantelar algunas de las carpas, después de todo ya se había dado la orden de partir mañana temprano. Desde luego que su ocupación no impidió que insultos fueran arrojados de nuevo hacia mí.
No pienses en ello, ya casi llegamos, ya casi llegamos...
Mientras hacía lo posible por no darle importancia a los comentarios, finalmente llegamos a la otra esquina noreste del campamento. A diferencia del centro, esta parte estaba más aislada, con pocos caballeros a la vista, lo que le daba un aire solitario. Allí se alzaba una construcción de piedra, tosca y fría, no daba una impresión para nada agradable a la vista, pero era bastante grande si se comparaba con las carpas del campamento.
El comandante Darnel se encontraba hablando con algunos caballeros posicionados cerca de la entrada de la construcción, mientras que en la esquina de la cimentación, más apartado, se encontraba el subgeneral con una expresión conflictiva mirando al cielo, Mike se dirige no hacia el subgeneral sino hacia el comandante.
"Aquí el caballero Mike, he traído a la señorita Bluslfmania y al demonio como me fue ordenado." Al escuchar esto el comandante pausa su charla y se gira.
"Bien hecho" le responde secamente para después mirar a Lyria.
"Me disculpo por la llamada repentina, señorita Lyria. Sin embargo, necesitamos su cooperación en este caso."
"No se preocupe comandante. Es natural cumplir las órdenes." le responde Lyria con compostura, se notaba la diferencia en su ánimo a comparación con antes.
"Hola Lyria, me alegro de que te encuentres mejor." Repentinamente una voz emerge de entre el grupo de caballeros; pertenecía al mago que defendió a Lyria en la reunión de esta mañana, Lorian creo que era su nombre.
"Oh, Lorian, sí, ya me encuentro un poco mejor, gracias por tu ayuda anteriormente..."
"No hay nada que agradecer, madre estaría revolcándose en su tumba si hubiera abandonado a la que era como otra hija para ella." Lorian dice esto con una sonrisa en su cara a modo de broma, pero pude notar como los hombros de Lyria bajaron al escucharlo nombrando a su madre."
"Lorian..." El aire se puso repentinamente incómodo y Lyria parecía querer decir algo, pero Lorian simplemente la interrumpe cambiando el tema.
"El comandante nos pidió a algunos soldados que nos presentaramos a este lugar, pero honestamente tampoco sabemos el motivo, ¿le importaría explicarlo, comandante?"
"Por supuesto, su alteza, estaba esperando que llegara el personaje principal para comenzar." Dice antes de voltearse a mi dirección y sonreír ligeramente, pero solo por un instante, al siguiente momento se dirige a Mike.
"Caballero Mike, libere las cadenas del demonio" —dice antes de dirigirse a los caballeros amontonados— "por favor nadie se preocupe, no representa una amenaza... por lo menos no ahora."
"¡S-Si señor!" Rápidamente sigue sus órdenes y mis brazos son liberados.
"Bien, ahora llame al subgeneral Beildolf, ya es hora de comenzar el show."
Una vez más Mike asiente y corre a llamar al subgeneral, a pesar de no estar tan lejos ni nada por el estilo. observó cómo se llama su atención, y el subgeneral realiza lo que creo que es un suspiro antes de caminar hacia nosotros. Finalmente, al estar lo suficientemente cerca se aproxima a Lyria.
"Buenas tardes joven Lyria, ¿Como se encuentra?"
"Buenas tardes subgeneral Beildolf" —Le devuelve Lyria enderezándose— " ya me encuentro mejor, muchas gracias por su preocupación." A pesar de no demostrarlo especialmente al inicio, ahora que la conocía un poco mejor, podía ver que mostraba gran respeto al subgeneral.
Es entonces cuando el comandante Darnel empieza con las indicaciones.
"Bueno, ya que estamos todos reunidos, empezaré con las explicaciones, se preguntarán por qué los llamé tan repentinamente, la verdad es que después de las investigaciones realizadas al príncipe demonio, aún no se ha logrado desmentir su teatrillo..."
Estuve a punto de defender mi inocencia, pero sabía que no serviría de nada; probablemente solo generaría más resentimiento. Así que decidí ignorar sus comentarios despectivos mientras no llegaran a un nivel que realmente me afectara.
empezó a relatar las conclusiones a las que había llegado Iris, acerca del funcionamiento de la vinculación de almas, la distancia máxima a la que podíamos alejarnos etc. para posteriormente seguir con su discurso.
"...Es por eso que estuve pensando... cómo desenmascarar a este demonio pensé, pensé y pensé... ¡Y finalmente hallé con la solución! a algunos pocos podrían incomodarles el método, pero es necesario para llegar a la verdad, es por eso que algunas de las personas involucradas en la batalla no se encuentran presentes ahora, pero no se preocupen, ¡después de desmantelar esta farsa no tendrán la más mínima compasión hacia esa atrocidad!"
A medida que su discurso avanzaba, el enojo en su voz se volvía cada vez más evidente, casi tangible en el aire. De pronto, su mano se deslizó hacia la cintura, y con un movimiento lento, desenfundó una daga fina y pulida, cuya hoja relucía incluso bajo el ocaso, reflejando un brillo amenazante.
"¡Esperen!, ¿que pretenden hac-?" La reacción de Lyria es instantánea; da un paso al frente confundida, pero el subgeneral apoya la mano en su hombro"
"Lo siento joven Lyria, le pido que aguante un poco por el bien de todos." Aunque sonaba con una petición, estaba claro que era más una orden. Ella solo lo miró aún confundida.
"Vamos a comprobar si en serio no estás ligado a ese gen demoníaco que tanto niegas." Me dice mientras empieza a acercarse lentamente con una expresión increíblemente seria y la daga en su mano.
No pretende torturarme, ¿verdad? digo, no le harían eso a Lyria, es la hija del héroe, no acudirían a métodos tan inhumanos sabiendo que ella sentirá el mismo dolor...¿verdad? además, y-yo no he hecho nada malo en todo el día... n-no tienen motivos para ponerse tan agresivos repentinamente.
Aunque intentaba calmarme pensando racionalmente, los pasos del comandante, aunque lentos, no cesaban. Por otro lado, mis piernas se movían hacia atrás a la misma velocidad, con la pobre esperanza de no tener que encontrarnos nunca.
Paso. Paso. Otro paso.
Antes de darme cuenta, mi espalda había chocado contra algo, al voltear, una pared de piedra aparece a mi vista, acabando con mis rutas de escape.
El comandante solo sonríe antes de decir:
"Es hora de que muestres tu verdadera cara, más te vale no moverte." alza el brazo que sostiene la daga y me apunta directamente.
Mierda, esto es en serio.
Mis ojos recorren desesperadamente los alrededores en busca de alguna ayuda, cualquier cosa que me saque de esta situación. No puedo ver la expresión de Lyria; su mirada está fija en el suelo, inmóvil, con la mano del subgeneral apoyada en su hombro. ¿Alguien más...? Tiene que haber algo, alguien, pero donde sea que mire, solo veo soldados que comienzan a festejar y a vitorear al comandante.
"¡Eso! ¡Hazlo sufrir!"
"¡Acaba con él, comandante!"
"¡Que sienta nuestro dolor!"
Los vítores llenan el aire, el sol ya se ha ocultado y la penumbra de la noche empieza a envolverlo todo. Siento cómo el sudor recorre mi frente. Necesito defenderme, hacer algo, pero ¿cómo? El poder mágico que brevemente había vislumbrado al llegar a este mundo parece haberse desvanecido por completo, y no es necesario mencionar que jamás había practicado artes marciales o algo por el estilo. Hasta hace nada, solo era un estudiante común y corriente.
Mi mente da vueltas frenéticamente mientras evalúo las posibilidades. Podría intentar algo, un ataque sorpresivo, pero ¿qué lograría? Incluso si por algún milagro lograra quitarle la daga de las manos o hacerle retroceder, estaba rodeado de caballeros entrenados. No habría escapatoria. Tal vez incluso lo empeoraría. Un movimiento en falso, y me desharían en un abrir y cerrar de ojos.
Se acabó el tiempo. Su mirada se endurece, y veo cómo tensa el brazo antes de lanzar el ataque. El brillo metálico de la daga refleja la última luz que queda en el cielo. Mierda, no puedo quedarme quieto. Si no hago nada, me va a matar. Tengo que moverme, pelear, hacer lo que sea para al menos ganar algo de tiempo.
Inhalo profundamente y estoy a punto de lanzarme hacia él, de usar lo poco que tengo para intentar bloquear el ataque o devolver el golpe de alguna manera, cuando de pronto, algo capta mi atención en el último segundo. Mis ojos, desesperados, escanean de nuevo la multitud de caballeros. Y entonces, lo veo.
Una figura entre los soldados. No es el comandante ni otro cualquiera, es Lorian. Por un momento, nuestras miradas se cruzan. La confusión me invade, pero antes de que pueda procesar lo que ocurre, él mueve ligeramente la cabeza. Apenas un gesto, una negativa casi imperceptible, pero suficiente para que de alguna manera lo entienda.
No lo hagas.
Mi corazón se acelera aún más, y mi instinto grita para que reaccione, pero mis piernas no se mueven. Algo en su gesto me convence. No sé por qué, pero de alguna manera sé que, si intento defenderme, todo empeorará. Con los músculos tensos y las manos temblorosas, cierro los ojos, decantándome por no hacer nada, esperando lo inevitable.
El tiempo parece ralentizarse.
Entonces, siento el viento desplazado por la daga cuando pasa peligrosamente cerca de mi rostro, casi rozando mi piel. Oigo el sonido metálico seguido de un impacto sordo detrás de mí. Abro los ojos lentamente, y me doy cuenta de lo cerca que se encuentra la daga de mí.
La daga ha quedado enterrada en el muro de piedra, a tan solo unos centímetros de mi cabeza. El comandante resopla, frustrado, mientras suelta la daga y retrocede unos pasos.
"Tsk. Maldito cobarde." Un susurro que solo yo alcanzo a escuchar sale de su boca. Pero no quedaba espacio en mi cabeza para reaccionar a su comentario.
Estoy... a salvo. Mi mente se inunda con un sentimiento abrumador de alivio, casi como si hubiera superado una prueba. ¿Era esto lo que querían de mí? ¿Ver si podía acatar sus órdenes, por absurdas o extremas que fueran? Tal vez nunca se trató de un simple ataque, sino de medir mi sumisión, de ver si me revelaría... o me mantendría firme.
Justo cuando esta idea comenzaba a asentarse en mi cabeza, el comandante rompe el silencio con su voz autoritaria.
"No importa" —Se repone de su frustración rápidamente— "después de todo esto solo acaba de comenzar." Dice para después esbozar una sonrisa mostrando sus dientes de par en par y dirigirse a uno de los soldados.
"Tráelo."
El caballero asiente rápidamente y se apresura a abrir la puerta del refugio. De ella emergen dos soldados más, arrastrando una figura encadenada. Era un demonio. Su cuerpo maltrecho apenas se mantenía en pie, sostenido por las gruesas cadenas que lo aprisionaban. La mordaza en su boca apenas ocultaba la expresión de dolor, y podía ver la piel desgarrada en sus muñecas y tobillos, sangrando bajo las ataduras.
De repente, el demonio posa sus ojos en mí. En cuanto lo hace, sus ojos se abren con desesperación y comienza a retorcerse frenéticamente, intentando acercarse a mí. Sus esfuerzos son inútiles; las cadenas lo sujetan con fuerza y los soldados lo empujan violentamente contra el suelo, inmovilizándolo. A pesar de eso, sigue revolcándose, como una lombriz, buscando acercarse a donde yo me encontraba.
El comandante observa la escena por un instante antes de girarse hacia los caballeros. Con un tono frío, comienza su discurso.
"Como todos saben, los demonios muestran comportamientos muy variados. Algunos disfrutan matando abiertamente, otros prefieren absorber la energía de sus víctimas lentamente... y otros rastreros se valen de la manipulación y los juegos mentales como arma. Pero hay algo que nunca pueden ocultar: su naturaleza infame."
Hace una pausa, dejando que sus palabras resuenen.
"El comportamiento más característico es su camaradería. Entre ellos, demuestran una cohesión que intenta imitar la lealtad de nuestro gran imperio, aunque solo genera repulsión ver tal burda copia. Aun así, su fidelidad es incuestionable. Este demonio, como los otros que hemos capturado para fines de investigación, se niega a revelar información. Rechazan firmemente traicionar a sus tropas o revelar su territorio, incluso cuando han perdido la guerra. Es una especie lamentable."
El comandante rota la mirada hacia uno de los soldados que sujetaban al demonio. Con un gesto sutil, le da la orden:
"Hazlo."
El soldado libera la mordaza del demonio de un tirón brusco, dejándolo aún aprisionado boca abajo en el suelo. Al instante, el demonio grita con una voz desgarradora:
"¡Su majestad! ¡Por favor, escape! ¡Hallaré la forma de detenerlos! ¡Corra!"
De alguna forma, el demonio encuentra una fuerza inesperada en su condición actual. Sus manos se cierran en puños, tirando de las cadenas con tal violencia que su piel se desgarra aún más. Pero el dolor no parece afectarlo. Sus ojos solo muestran desesperación, una desesperación absoluta por mi seguridad.
Yo solo podía observar, inmóvil, apoyado contra el muro. Mis pensamientos estaban atrapados, incapaces de procesar lo que estaba ocurriendo.
El comandante sonríe ante el espectáculo y retoma su discurso:
"Como pueden ver, los demonios ignoran su propio sufrimiento y se niegan rotundamente a traicionar a los suyos."
Finalmente, su mirada se posa sobre mí, sus ojos cargados de una oscura expectativa.
"Así que, príncipe demonio, ya tienes la daga... es hora de que demuestres hacia dónde va tu lealtad. ¿No debería ser sencillo?"
Un escalofrío es todo lo que recorre mi cuerpo al comprender las implicaciones de sus palabras.

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