Leer El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
Una brisa fría recorría las planicies rocosas.
A lo largo del perímetro, caballeros y demonios aún se enfrentaban en combates dispersos, aunque ya no quedaba duda de que la batalla había llegado a su fin.
Había sido corta pero brutal.
Bestias partidas en dos yacían entre charcos de sangre oscura; espadas abandonadas se hundían en el polvo; demonios se retorcían en el suelo, algunos sin extremidades, otros demasiado heridos como para siquiera gritar.
Y no solo ellos.
Decenas de caballeros también estaban esparcidos por el campo. Algunos aún respiraban; otros ya no. Unos pocos caballeros, cuyas batallas habían terminado antes, intentaban auxiliarlos... aunque todos sabíamos que, en la mayoría de los casos, ya era demasiado tarde.
El silencio que se apoderó del lugar me dio el tiempo suficiente para darme cuenta —por fin— del estado real en el que había terminado todo.
Durante la pelea no había podido pensar en nada más que sobrevivir.
Ahora sí.
Y sí... podía decirse que la pelea había terminado.
Porque absolutamente todos habían dejado de luchar.
Caballeros y demonios por igual habían detenido sus movimientos, girando de forma casi unánime hacia un solo punto del campo.
Hacia mí.
"¿Q-Qué... qué ha dicho...?"
Un caballero dejó caer su espada al suelo, sin darse cuenta siquiera de que aún había demonios a escasos metros de él.
Y, aun así, ninguno intentó aprovechar la apertura.
"¿P-Príncipe...?!"
Los demonios no estaban en mejor estado.
No.
Si acaso, habían recibido el golpe más fuerte.
Frente a ellos se encontraba alguien que jamás esperaron volver a ver...
y por quien, hasta hace unos segundos, estaban dispuestos a entregar sus vidas sin dudar.
"¿Príncipe...? ¿Su alteza... de verdad... eres tú?"
La demonio frente a mí no fue la excepción.
La máscara que había llevado hasta ahora se desmoronó por completo, dejando solo un abismo de confusión. Pronunció las palabras con la voz quebrada, como si necesitara oírlas para convencerse de que no estaba delirando.
Tragó saliva.
Giré la mirada hacia otra dirección.
El subgeneral Beildolf también estaba inmóvil. Sorprendido, sí... pero por razones muy distintas.
Después de todo, yo acababa de introducir una variable que ni siquiera él había tenido tiempo de considerar.
Nuestras miradas se cruzaron apenas un instante.
La tensión era asfixiante.
Y yo... no podía fingir que estaba mejor.
¿Qué acabo de hacer...?
Acabo de poner todas las cartas sobre la mesa y no tengo la menor idea de cómo seguir.
Mierda. Me acabo de condenar.
Cuando todos recuperen la compostura... no sé qué va a pasar.
Tengo que hacer algo. Rápido.
"¡Esperen todos, detengan el plan!"
La demonio fue la primera en reaccionar. No tanto porque entendiera la situación, sino porque se obligó a hacerlo.
Si no tomaba el control ahora, todo habría terminado en una explosión antes de que alguien pudiera decir una palabra más.
Como si el mundo hubiese vuelto a moverse, los demonios reaccionaron de inmediato.
El titileo constante de las gemas comenzó a desacelerarse, su ritmo disminuyó poco a poco, hasta volver al estado apagado en el que se encontraban antes.
No entendía del todo cómo... pero estaba claro que podían controlarlas a voluntad.
Menos mal.
Si me hubiera enterado de que ya no podían detenerlo, creo que me habría desmayado ahí mismo.
Y ahora...
Volvíamos al problema inicial.
"¡Su majestad!"
La demonio dio un paso al frente, incapaz de contenerse.
"¡Soy yo! ¡Solle! Hemos venido a vengarlo, p-pero está vivo...!"
Llevó su palma derecha hacía su pecho, su voz temblaba.
"¡Que haya sobrevivido incluso a esa asquerosa emboscada humana... definitivamente el destino protege al príncipe!"
La felicidad que emanaba era palpable mientras avanzaba hacia mí, completamente desbordada por la emoción.
"Det—"
"¡DETENTE!"
Grité con todas mis fuerzas.
La voz del subgeneral murió en seco.
Había leído su intención antes de que se moviera: estaba a punto de lanzarse, probablemente para tomarme como rehén y forzar una negociación desesperada.
Una idea demasiado peligrosa.
Los demonios jamás me abandonarían ahora que sabían que su príncipe seguía vivo.
Y los caballeros... preferirían enterrarnos a todos bajo fuego y escombros antes que devolverme.
Sin mencionar a Lyria.
¿Qué opciones me quedaban...?
Muy pocas.
Por no decir solo una.
"Mi señor..."
La demonio me miraba, confundida.
Justo ahora... tenía que inclinar la balanza.
"Es una orden," dije, con la voz lo más firme que pude.
"Retírense. Todos. De inmediato."
No había tiempo para excusas.
"¡P-Pero su majestad, estas inmundicias hum—!"
"Creí haber sido lo suficientemente claro."
Clavé una mirada fría en ella.
O al menos eso intenté.
No sabía si lo estaba haciendo bien.
Pero había visto esa expresión demasiadas veces en los últimos días, lo suficiente para saber que mi intento no estaba del todo mal.
"Y-yo... me alegra infinitamente verlo con vida," balbuceó, incapaz de comprender.
"P-pero... ¿por qué su majestad dice algo así...?"
Su rostro se quebró. Las lágrimas comenzaron a fluir de sus ojos.
Toda la determinación que había sostenido hasta ahora se deshacía frente a mí.
No sabia que tipo de existencia era yo para ella, su mirada mostraba más obsesión que lealtad.
Y aun así...
Esas lágrimas no significaban para mi.
El silencio que siguió fue espeso.
No el de una pausa, sino el de una cuerda tensada al límite, a punto de romperse.
La demonio —Solle— seguía frente a mí, con los puños cerrados y los hombros temblando. Sus alas se agitaban apenas, levantando polvo y plumas ennegrecidas por la batalla. Detrás de ella, los demás demonios aguardaban, inquietos, con la mirada clavada en cada uno de sus movimientos... y en mí.
Podía sentirlo incluso sin mirarlos.
La expectativa.
La duda.
Si decía una sola palabra mal elegida, todo esto estallaría.
"Su majestad..." murmuró Solle al fin. Su voz ya no tenía rastro de furia; estaba quebrada, contenida a la fuerza.
"Esto no es propio de usted."
Tragué saliva.
El latido de los cristales seguía allí, débil pero presente, como un recordatorio constante de lo que pendía sobre todos nosotros. Cada segundo que pasaba era un riesgo.
"¿Le han hecho algo?" continuó, dando un paso involuntario hacia mí. "¿Los humanos...?"
Sus alas temblaron. No de ira, sino de confusión. "Si está siendo obligado, si—"
"No."
La corté antes de que pudiera terminar.
Mi voz salió más dura de lo que esperaba, no por autoridad, sino por urgencia.
"Retírate."
Sus pupilas se contrajeron.
"No hay lugar para preguntas,"—añadí, sin bajar la mirada.—"Ni para dudas. Hazlo ahora."
El silencio que siguió fue tenso, casi doloroso.
Sus alas se crisparon por reflejo. Durante un segundo pensé que iba a insistir o desafiarme. Vi cómo su mandíbula se tensaba.
Los segundos parecían una eternidad.
Finalmente, exhaló.
Lento. Tembloroso.
"...Entendido."
Giró sobre sí misma, encarando al resto de los demonios. Su voz cambió al instante: ya no era la de alguien herido, sino la de un lider.
"¡Escuchen todos!"—alzó la voz.—"¡Retirada inmediata! ¡Formación libre, abandonen el campo y rompan contacto ahora mismo!"
Hubo un murmullo de incredulidad.
"¿Pero capitana—?"
"¡Es una orden directa del príncipe!"— rugió, cortando cualquier réplica.—"¡El que se quede atrás desobedecerá su voluntad!"
Eso bastó.
Uno a uno, los demonios comenzaron a moverse. Algunos retrocedieron con cautela, otros se dieron la vuelta sin mirar atrás. Los más heridos se apoyaron en sus compañeros; otros desplegaron alas maltrechas y tomaron el cielo con dificultad. No era una retirada elegante, pero sí desesperadamente sincera.
Algunos caballeros reaccionaron a esto e intentaron oponerse a ellos, pero ahora que los demonios no luchaban para ganar no parecía que las escaramuzas fueran a algún lado.
El campo empezó a vaciarse.
Solle fue la última en moverse.
Me miró una vez más, como si quisiera grabar mi rostro en la memoria, y luego extendió las alas por completo. El viento que levantó fue fuerte, casi violento, obligándome a cubrirme el rostro por reflejo.
Antes de alzar vuelo, habló una última vez, lanzándome una mirada de reojo.
"Definitivamente... volveremos por usted, majestad."
Una voz que no era muy fuerte, pero lo suficiente para que en mi distancia lo escuchara.
Y con eso, se lanzó al aire.
Los demonios desaparecieron poco a poco entre el humo, las rocas y el cielo encapotado, dejando atrás un campo devastado... y un silencio aún más pesado que antes.
Nadie celebró.
Porque el peligro no se había ido del todo.
Giré la mirada hacia los caballeros.
Beildolf seguía allí, inmóvil como una estatua. Su expresión era ilegible, pero sus ojos recorrían el campo con rapidez. Sabía lo que estaba pensando.
Si daba la orden de atacar ahora, quizás podrían acabar con algunos.
Pero habían cosas más importantes que tratar.
El subgeneral apretó los dientes.
Durante un instante eterno, nadie respiró.
Finalmente, levantó el puño.
"¡Escuchen todos!"—su voz resonó con autoridad, aunque carecía del filo habitual. —"¡Prioridad absoluta a los heridos! ¡Formen perímetro defensivo y mantengan distancia!"
Algunos caballeros reaccionaron con sorpresa.
"¿No vamos a perseguirlos, subgeneral?" Soltó Mike sin comprender por qué los habían dejado irse sin casi resistencia.
Beildolf no respondió de inmediato. Sus ojos se desviaron, apenas, hacía una de las gemas rojas que aún brillaba débilmente entre los escombros.
"...No," —dijo al fin.— "No hoy."
Bajó el puño.
"No provocaremos nada mientras exista el riesgo de detonación. Nuestra misión ahora es sobrevivir."
"...Y más importante" apretó su única mano con fuerza antes de girarse en mi dirección.
"Estamos en una muy mala situación"
Yo seguía de pie en medio de todo, con la capucha caída, sintiendo el peso de decenas de miradas clavadas en mi espalda. Lyria no se había movido de su posición ni un solo paso.
De hecho me sorprendía que no hubiera hecho nada en medio de toda esta situación, sólo se encontraba perdida en sus pensamientos.
"Parece que hasta aquí llegamos."
Finalmente, esas palabras escaparon de la boca de Lyria. Por un momento no le entendí; después de todo, la batalla había terminado y los demonios estaban retirándose. Pero entonces recordé que mi capucha ya no cubría mi rostro y comprendí inmediatamente a qué se refería.
"¡E-Esos ojos rojos... esos cuernos... no hay duda, es el príncipe demonio!"
La voz de un caballero bastó para romper el frágil equilibrio que quedaba en el campo. "¡Nos mintieron!", gritó otro, y enseguida las palabras comenzaron a caer unas sobre otras, cargadas de un odio que parecía haber estado esperando precisamente ese momento.
"¡Monstruo!"
"¡Asesino!"
"¡Matenlo ahora mismo!"
Esta vez no eran simples insultos lanzados al vacío. Algunos soldados dieron un paso al frente y luego otro, mientras sus manos se cerraban alrededor de las empuñaduras. Sus miradas no buscaban respuestas ni permisos; solo necesitaban una oportunidad para acabar conmigo.
La mayoría ni siquiera sabía cómo había terminado en aquella situación. No conocían mi pérdida de memoria, tampoco lo que había ocurrido después de que me encontraran ni las razones por las que seguía vivo. Pero, en ese momento, nada de eso parecía importarles. Para ellos solo existía una verdad: el príncipe demonio estaba frente a sus ojos.
Y estaba vivo.
Thump. Thump. Thump.
Los pasos comenzaron a acercarse.
Mi cuerpo se tensó. No había forma de escapar si decidían lanzarse contra mí; estábamos en medio de un campo de batalla y a nuestro alrededor había cientos de caballeros armados, todos con la posibilidad de convertirme en su objetivo.
"¡ALTO TODOS!"
La voz de Beildolf explotó sobre el campo y el subgeneral se interpuso entre ellos y nosotros, obligando a los primeros hombres a detenerse.
"¡Pero, subgeneral! ¡Es el príncipe demonio!"
"¡Debemos acabar con él ahora mismo!"
"¡¿Cómo puede mantenerlo con vida después de todo lo que nos ha hecho?!"
Las voces se superpusieron unas sobre otras. La presencia de Beildolf había frenado su avance, pero no había apagado su furia; algunos todavía permanecían inclinados hacia delante, como si solo necesitaran una orden para lanzarse sobre mí.
Entonces otros caballeros avanzaron, aunque no hacia nosotros. Se colocaron junto a Beildolf y formaron una segunda barrera. Reconocí a varios de ellos: eran los mismos que habían estado presentes cuando el general les explicó la situación durante la batalla anterior. Ellos ya conocían la verdad. Sabían que el príncipe demonio que habían enfrentado había dejado de ser una amenaza y que el hombre que tenían delante no era exactamente el mismo que habían perseguido.
Eso no significaba que todos quisieran verme con vida. Probablemente algunos todavía deseaban mi muerte con la misma intensidad que los demás. Pero conocían las circunstancias y, sobre todo, sabían que atacar en ese momento significaría desafiar directamente al subgeneral.
"¡¿Qué diablos está pasando?!"
La presencia de aquellos hombres solo consiguió aumentar la confusión.
Beildolf levantó nuevamente la voz.
"¡El príncipe demonio que ustedes conocen está completamente muerto!"
El campo pareció contener el aliento.
"¡Juro por el nombre de la Diosa que ya no hay nada que temer! ¡Hemos salido absolutamente victoriosos!"
Sus palabras consiguieron abrir un pequeño espacio entre la furia y la razón, pero estaba lejos de ser suficiente.
"Les contaré a todos lo que ocurrió realmente. Mientras tanto, aquel que intente hacer el más mínimo movimiento contra él será tratado inmediatamente como un traidor."
Beildolf desenvainó su espada y la sostuvo con su única mano.
"Seguimos siendo un ejército y no toleraré insubordinaciones mientras yo esté a cargo. Si alguien quiere comprobar mi resolución, que dé inmediatamente un paso al frente, pero les aseguro que se arrepentirá."
Parecía hablar completamente en serio. Por un instante sentí que se me helaban los huesos cuando una inmensa cantidad de sed de sangre se extendió desde él en todas direcciones. No era una amenaza vacía; incluso desde donde me encontraba podía sentir aquella presión clavándose en mi cuerpo como una advertencia directa.
Nadie se movió.
Aun así, la presión solo duró unos segundos. Beildolf sabía que gobernar a través del miedo podía detener una embestida, pero no era un método sostenible. Por muy jerarquizado que estuviera el ejército, si utilizaba aquella autoridad más de lo necesario terminaría provocando el efecto contrario y haciendo que los hombres empezaran a cuestionar sus decisiones. Lo había utilizado únicamente para detener el impulso inicial y recuperar el control.
Como si acabara de pasar a la siguiente parte de su plan, esta vez habló con un tono más calmado, aunque lo bastante fuerte para que todos pudieran escucharlo.
"¡Atentos todos! Les voy a explicar cómo terminó realmente esta guerra."
Entonces se volvió hacia Mike, que seguía cerca de Lyria y de mí, observando la situación.
"Sacalos inmediatamente de aquí. Refúgiense detrás de las colinas y esperen instrucciones. Ya mandaré a alguien para que vaya a buscarlos cuando sea seguro."
Su voz fue apresurada. No quería volver a desviar la atención hacia nosotros y, por suerte, Mike tampoco perdió tiempo intentando comprenderlo todo.
"Entendido, subgeneral."
Solo entonces se volvió hacia nosotros.
"Vamos, rápido. Los seguiré desde atrás."
Lyria seguía inmóvil, con la mirada perdida en algún punto del campo. Hasta ese momento, las únicas palabras que había pronunciado habían sido aquellas de que hasta allí habíamos llegado, como si hubiera comprendido desde el instante en que los soldados descubrieron mi rostro que ya no existía ninguna manera sencilla de continuar.
"Señorita Lyria."
Mike tuvo que llamarla una vez más.
Ella parpadeó y finalmente pareció regresar a la realidad. Su mirada pasó por Mike y yo antes de detenerse un instante en el camino que teníamos delante.
"E-Entiendo. Vamos."
No dijo nada más. Simplemente comenzó a caminar, y nosotros la seguimos sin necesidad de intercambiar más palabras.
Por ahora, lo único importante era alejarnos de allí antes de que la situación detrás de la colina terminara por empeorar.
A nuestras espaldas, la voz de Beildolf volvió a elevarse. Comenzó a narrar los acontecimientos de la batalla y, poco a poco, sus palabras se fueron perdiendo entre la distancia.
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Después de avanzar durante unos diez minutos, finalmente pudimos rodear la colina que Beildolf había señalado.
Habíamos avanzado rápidamente, aunque sin llegar a correr. Probablemente Lyria y Mike lo habrían hecho simplemente para conservar energías, pero personalmente sentía que correr en aquella situación solo habría conseguido que pareciera una presa intentando escapar desesperadamente de su depredador. No necesitaba que cientos de caballeros me vieran huir después de descubrir quién era.
"Haaah..."
Un suspiro de cansancio escapó de Lyria cuando finalmente se dejó caer contra una roca y bajó la cabeza entre sus rodillas. No sabía si aquel agotamiento era principalmente físico o mental, pero, fuera cual fuera la respuesta, podía decir que me encontraba exactamente en la misma situación.
Me dejé caer al suelo como si hubiera gastado hasta la última gota de adrenalina que me había mantenido en pie.
Y ahora... ¿qué va a pasar con nosotros?
No tenía forma de saberlo. Todo dependía de cómo terminara la situación del otro lado de la colina, pero, siendo honesto, dudaba que nuestra situación pudiera mantenerse igual que hasta entonces. Habíamos viajado entre ellos ocultando mi identidad; ahora todos sabían quién era.
"Se ha armado algo realmente serio esta vez..."
Mike fue el primero en abrir la boca, como si intentara disminuir el ambiente depresivo que se había instalado entre nosotros, aunque hubiera elegido precisamente un comentario igual de deprimente para hacerlo.Al escucharlo, Lyria levantó lentamente la cabeza de entre sus rodillas.
"No hay forma de que podamos seguir marchando en medio de la formación. No, más que eso, dudo siquiera que podamos continuar con el pelotón como lo hemos venido haciendo."
Sus palabras ensombrecieron todavía más su expresión antes de que continuara.
"Solo nos queda esperar para ver cómo piensa tratar el subgeneral Beildolf la situación."
Al parecer habíamos llegado a la misma conclusión. Lo que nosotros pensáramos hacer en ese momento no era demasiado relevante; nuestras opciones dependían exclusivamente de cómo terminaran los caballeros después de escuchar la historia completa.
Mike, como si se sintiera responsable de mejorar el ambiente que claramente nos estaba asfixiando, respondió con el tono más animado que fue capaz de reunir.
"Aún es muy pronto para rendirse, lady Blusflmania. Todavía tenemos formas de pensar en algo. Tal vez podamos avanzar con un escuadrón pequeño, como lo hizo su majestad Lorian. O ya sé, podemos travestir al demonio para que no llame la atención, como veníamos haciendo con la capucha."
"¿Y después qué? ¿Les invito a una taza de café y les abro las piernas frente a Lyria para mantenerlos a raya?"
"¿Q-Qué? ¡Por supuesto que no! Solo pensaba que po—"
Mi propia continuación de su escenario lo dejó completamente descolocado. Intentó corregirse con rapidez, claramente nervioso por el posible desagrado de Lyria, pero tuve que contener otra sonrisa al verlo buscar desesperadamente una forma de explicar lo que acababa de decir. Por lo menos, había conseguido animarme un poco.
De esa manera, pasaron otras decenas de minutos hasta que se vislumbró una nueva sombra acercándose a nosotros.
"¡!"
Tanto Mike como Lyria desenvainaron inmediatamente sus espadas, preparándose por si no se trataba de un aliado. Después de todo, seguíamos en territorio enemigo. Incluso si no era un demonio lo que se acercaba, todavía existía la posibilidad de que fuera alguna bestia en busca de comida.
Por suerte, pronto pudimos distinguir que no pertenecía a ninguna de las dos posibilidades. De hecho, no solo era una silueta: eran tres las que se acercaban a nuestra posición, y todas eran humanas.
"¡Yahoo~! Conque aquí estaban escondidos." La voz de quien lideraba el camino pronto se hizo presente. Al aparecer finalmente, pude ver que se trataba de una chica más bien pequeña, de pelo castaño, que nos saludaba con una energía completamente diferente a la situación que debía estar desarrollándose entre los soldados.
"¡Eule!"
Contenta de volver a ver a su amiga incluso en aquella situación, Lyria bajó nuevamente su espada.
"¡Ey! Te dije que no te adelantaras sola, es peligroso."
Más atrás venía Alan acompañándola. Empezaba a reconocer que aquellos dos eran bastante unidos; después de todo, siempre solían aparecer juntos.
Finalmente, la última persona se hizo presente.
"Buen día... para todos."
Vestida completamente de negro y con sus ojeras habituales, Iris apareció mientras sostenía un gran bastón mágico entre sus manos. Su expresión denotaba claramente cansancio y, de hecho, por su aspecto, el bastón parecía servirle más para sostenerse que para utilizarlo en combate.
"S-Señorita Dunewell, señor Ravenmert y señorita Caranthia, me alegro de verlos en buen estado."
Un saludo nervioso salió de la boca de Mike. Ya sabía que Alan también provenía de una familia noble, dado el llamado que le hizo el subgeneral la primera vez que nos vimos.
Esa primera vez en la que insistió en que lo mejor era eliminarme inmediatamente.
Ops, nos desviamos del tema.
Lo que me llamó la atención fue que Eule también tuviera un título nobiliario. Después de todo, daba la impresión de ser una chica del campo más que de las altas esferas, aunque en el buen sentido, por supuesto. Siempre desprendía un aura alegre y despreocupada.
Bueno... supongo que no es descabellado. De otra forma, probablemente sería difícil que se hubieran juntado.
De hecho, a pesar de que el ejército estaba compuesto principalmente por plebeyos o hijos de barones —es decir, miembros de la nobleza baja que normalmente ni siquiera eran primogénitos—, el equipo de Lyria estaba conformado únicamente por nobles. Aunque, considerando que eran algunos de los personajes principales, tampoco me sorprendía especialmente. Era ese tipo de configuración típica de una novela ligera, después de todo.
"¡Hemos venido a ayudarlos por orden del subgeneral!"—anunció Eule con su aura radiante de alegría.—"Aunque, la verdad, no sé exactamente qué deberíamos hacer..."
Se llevó una mano al mentón, como si estuviera intentando encontrar una respuesta que se le hubiera perdido en algún lugar.
"Haah... Por eso te digo que deberías aprender a escuchar sin distraerte. En serio, un día de estos te perderás una información verdaderamente importante." Un suspiro salió de Alan mientras la agarraba de la cabeza. No le resultaba difícil hacerlo; después de todo, Eule era mucho más baja que él.
"¡No es necesario! Al se encarga de escuchar y yo de patear traseros. ¡De eso se trata un equipo, después de todo!"
"Error... Agh, lo que sea. No me agrada la idea de tener que estar cerca a ese demonio, pero no hay mucho que hacer dada la situación." Alan dejó escapar otro suspiro antes de recordarle a Eule la razón por la que habían venido.
"Estamos aquí para escoltar a Iris y transmitirles la información acerca de la nueva formación. ¿recuerdas?"
"¡Ah, sí, eso era!" Infló el pecho, como si acabara de recordarlo por sí misma.
Por otra parte, pude ver como Iris comenzaba a quedarse dormida mientras se apoyaba sobre su bastón.
En serio, esa chica debería empezar a reconsiderar sus hábitos.
Alan fue quien la sacudió ligeramente por el hombro para devolverla a la conversación.
"No te quedes dormida. Es peligroso."
Solo entonces abrió nuevamente los ojos. No sabía si aquel pequeño sueño le habría servido para descansar algo, pero, por lo menos, sus ojos volvieron a enfocarse en nosotros.
"Mmm... ¿de qué estábamos hablando nuevamente?" Efectivamente, no había forma de que hubiera escuchado la conversación mientras estaba prácticamente a punto de quedarse dormida.
"Alan y Eule nos estaban comentando lo que va a pasar ahora." Lyria fue quien se incorporó y la puso al tanto de la situación.
"¿Cómo terminaron las cosas por allá?" Yo tambien me integré a la conversación para preguntar por la situación del subgeneral.
"Tsk."
Al escucharme, Alan inmediatamente chasqueó la lengua con fastidio. Por suerte, no dijo nada más. Incluso con el odio que me tenía, sabía que no era momento de discutir.
Aun así, no respondió a mi pregunta. Fue Eule quien tomó la palabra.
"Respecto al resultado de la explicación del subgeneral... no fue muy bien que digamos", —admitió antes de continuar con la explicación.—"La mayoría de los caballeros están en contra de dejar al príncipe demonio con vida, incluso si ha perdido sus recuerdos y no puede utilizar sus habilidades."
"No solo eso... El incidente con los demonios los habrá puesto aún más nerviosos. Al fin y al cabo, incluso les dio órdenes directamente", complementó Mike.
¿Qué? ¡Si solo dí un paso al frente porque íbamos a quedar achicharrados de otra forma!
"Y-yo solo lo hice porque estábamos a punto de explot..."
Intenté explicar apresuradamente que había sido un malentendido. Ni siquiera tenía idea de quiénes eran aquellos demonios, ni mucho menos de que estaban relacionados con el príncipe que todos creían muerto. Pero Lyria me cortó antes de que pudiera terminar.
"Lo sabemos. Era la única opción que teníamos. Al menos a mí no se me ocurrió ninguna otra..."—Apretó ligeramente su propio puño, pero sólo duró un segundo antes de relajarlo.—"Además, se notaba que la que comandaba a los demonios estaba descolocada, no solo por volver a ver al príncipe, sino también por la forma en la que estaba actuando."
Por suerte, no creían que hubiera soltado mi fachada para aliarme con los demonios en ese momento. Es decir, si mi intención hubiera sido aprovecharme de la situación, ¿por qué simplemente les habría dicho que se marcharan?
"Pero incluso si nosotros podemos darnos cuenta de eso, es diferente para los otros soldados", continuó.
Supongo que también podrían verlo como si simplemente no quisiera morir junto con ellos...
Mientras me encontraba pensando en lo que acababa de decir, fue Iris la que retomó el hilo de la conversación.
"En todo caso... los caballeros no están felices con tener que escoltar a su enemigo jurado hasta la capital."— Sus ojos amenazaron con volver a perder el foco, pero esta vez logró reponerse por sí misma antes de continuar.— "Así que, como contramedida... el subgeneral decidió partir a los caballeros... en dos grupos..."
Oye, oye, al menos termina la frase. ¡Casi me da un infarto cuando pareció que habías terminado ahí!
"Aquellos que ya conocíamos la situación estaremos junto con Rein en la parte trasera de la formación, alejados del resto del grupo... mientras los demás seguirán como estaba previsto, abriendo el camino."
"Eso quiere decir que estaremos prácticamente por nuestra cuenta en un segundo grupo."— Mike frunció ligeramente el ceño antes de continuar. — "Pero entonces no tendríamos a nadie a cargo... Con el comandante Darnel ausente, no tenemos a nadie más de su posición que pueda mantener el orden entre los soldados."
"Así es."— La respuesta de Eule llegó casi de inmediato. —"Además, incluso si estamos en la parte trasera de la formación, todavía seríamos susceptibles a que alguna bestia haya decidido esperar su oportunidad para atacar a un grupo más pequeño."
"De hecho, el subgeneral Beildolf dijo que pensaba estar pasando de un grupo al otro."— Alan se cruzó de brazos mientras hablaba, dejando escapar un pequeño suspiro. — "Pero sería una tarea laboriosa incluso para él y, aun así, significaría que no puede estar completamente atento a lo que ocurra en ambos lados."
Hmm... definitivamente era una decisión difícil.
También creía que estaríamos más seguros con los caballeros que ya conocían mi situación de antemano. Incluso si algunos eran unos matones en toda regla, como decía el dicho: mejor malo conocido que bueno por conocer.
"Pero esperen..." —Volví a abrir la boca, pues acababa de ocurrírseme algo. —"Si el problema es que no haya nadie a cargo, ¿no pueden relegarle ese cargo a alguien más? Ya saben... alguien que no esté tan desquiciado como para desobedecer las órdenes del subgeneral."
En mi cabeza tenía sentido aquella lógica, pero Lyria no tardó en encontrarle el problema.
"No seas estúpido. Tantos caballeros no harán caso a cualquier persona que simplemente se proclame como líder, al menos no en una situación normal."
Vaya... no había pasado tanto tiempo, pero en parte es un alivio volver a verla actuar con esa actitud venenosa.
...Definitivamente no soy un M, ¿vale?
Sea como fuere, con mi grandilocuente idea siendo descartada como si acabara de proponer resolver una guerra jugando piedra, papel o tijera, por lo visto tendríamos que seguir con aquella configuración.
Además, mientras nosotros continuábamos hablando, Iris se había recostado contra la colina sin llegar a sentarse y empezó a quedarse dormida nuevamente.
En serio... ¿acaso el subgeneral no podía simplemente enviar a Eule y Alan para pasar la información?
Digo, claramente se veía que Iris estaba llegando a su límite.
"Señorita Dunewell, me disculpará mi insolencia, pero ¿no habría sido mejor quedarse en el carruaje y descansar un poco más ahora que la situación con los demonios terminó?"
Fue Mike quien transmitió mi propia duda hacia Iris, aunque para ese punto dudaba siquiera que estuviera escuchando.
"Oh, pero, por favor, no me malinterprete." Se aclaró rápidamente, quizá temiendo que sus palabras pudieran sonar irrespetuosas. "Lo digo porque para el paso de información era suficiente con el señor Ravenmert y la señorita Caranthia. No tendría que pasar por esta molestia teniendo en cuenta su condición actual..."
"Mmm... Eso es... porque..."
Sus palabras fueron cada vez más cortas e imperceptibles. Sus párpados ya apenas conseguían mantenerse abiertos y, por un instante, pensé que simplemente se quedaría dormida antes de terminar la frase. Aun así, logró reunir las fuerzas suficientes para pronunciar unas últimas palabras.
"...estoy encargada de transformar a Rein en humano..."
Su última palabra llegó prácticamente al mismo tiempo que su mente se apagaba por completo. Lo siguiente que escuchamos fue un pequeño ronquido que confirmó que, efectivamente, se había quedado dormida.
Espera... ¿qué acaba de decir?

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El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela)
Capítulo 12
El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela), un novela. En muchas historias, el protagonista termina reencarnando en un mundo de fantasía para convertirse en el héroe que salvará a la humanidad. Pero Rein no tuvo tanta suerte. Sin ningún conocimiento sobre el mundo al que ha… Este capítulo tiene publicado el 8 de septiembre de 2026. El príncipe demonio quiere volver a la normalidad (Novela) tiene 13 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.