arrow_back

Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 63 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—Insignificantes —dijo Skarn con mirada gélida—. Estén juntos o no, ninguno tiene poder para detenerme. Pero tengo curiosidad por ver de qué son capaces y hasta dónde llega el poder de un Santo. El Santo respondió con voz grave y pesada: —¿Estás seguro de que quieres cruzar esa línea? Skarn recorrió con la mirada a todos los presentes y soltó una risa seca y fría: —El miedo a morir lo perdí hace mucho tiempo. Se giró dispuesto a marcharse, pero uno de los Venerables se alzó de un salto y lo detuvo: —¡Perteneciste a esta secta! ¿Crees que puedes entrar y salir como si nada sin pagar un precio? Ni siquiera tú, Skarn, puedes ignorar nuestras reglas. El hombre se lanzó al ataque. Skarn no se detuvo por completo, solo giró lentamente el cuerpo y alzó una mano. En la punta de su dedo apareció un punto oscuro que creció en un instante. Todo el espacio alrededor del atacante se contrajo de golpe, atrapándolo dentro de una oscuridad densa y sofocante. Los demás gritaron al instante: —¡Detengan a Skarn! ¡Ya! Skarn entró en aquella zona de sombras y su voz llegó fría y cortante: —Tu mayor error fue creer que puedes ponerte en mi contra. —¡Maldito! —gritó el Venerable aterrorizado. Skarn avanzó hacia él paso a paso. Una presión pesada y opresiva caía sobre el hombre, impidiéndole moverse. Sus ojos eran dos sombras heladas y a su alrededor flotaba un aura silenciosa y mortal. —No te atrevas… —el hombre retrocedió temblando—. Sabes las consecuencias de matarme. Deja de resistir y acepta tu prisión, es tu única salida. Skarn sonrió levemente, posó su mano sobre la cabeza del Venerable y dijo: —Ya has vivido suficiente. El hombre palideció al instante e intentó zafarse con todas sus fuerzas, pero fue inútil. Con una sola mano, Skarn le arrancó la cabeza y la columna vertebral de un tirón seco. El cuerpo cayó sin vida y una estela de sangre tiñó por completo la figura de Skarn. La técnica de Skarn se disolvió ante los ojos del Santo y de todos los demás Venerables. Allí quedó expuesta la escena: un cuerpo inerte bañado en sangre, y Skarn en pie con mirada gélida, sosteniendo aún la cabeza en sus manos. La alzó y lanzo ante cuantos allí se hallaban y dijo con voz cortante: —Este lugar está tan podrido que no sirve más que para sus propios beneficios y placeres. Solo les preocupa su poder. Consumen cuanto desean como si de una plaga se tratara. Se giró entonces y salió del gran salón sin mirar atrás. Los demás Venerables se aprestaron a lanzarse tras él, pero el Santo alzó una mano y los detuvo en seco. —Déjenlo irse —dijo con voz helada y cargada de amenaza—. Lo capturaremos, y cuando caiga en nuestras manos lo torturaremos hasta que desee no haber nacido. Que sus gritos sean testimonio de su dolor y su sufrimiento. Los Venerables asintieron al unísono, se inclinaron profundamente ante él y respondieron: —Que se haga su voluntad, Gran Santo. Fuera del salón, los discípulos comenzaron a reunirse en grupos. La noticia se había esparcido como fuego: Skarn había traicionado a la secta y asesinado a un Venerable. Los rumores corrían por cada rincón. Y así, en cada esquina de la gran secta, solo se decía una cosa: Skarn se había convertido en un villano. CUMBRE DE LA MONTAÑA — SALÓN DEL VENERABLE DE SANGRE Un discípulo hablaba con Skarn y le dijo con respeto y preocupación: —Maestro, no debe decir tales cosas. Nadie debería hablar así de usted sin pruebas ni fundamentos. Esos rumores carecen de sentido. Skarn lo miró a los ojos y respondió con voz serena pero pesada: —Lo que dicen es cierto. Maté a uno de esos ancianos. Y ahora… debo irme. El discípulo, confundido pero sin dudar de su maestro, respondió de inmediato: —Entonces déjeme acompañarlo, Maestro. No lo dejaré solo. Skarn lo miró fijamente y negó con firmeza: —No puedes venir. Ellos vendrán a por mí. Intentarán atraparme, y si no pueden… me matarán. Por eso no puedes acompañarme. Desde este instante, todos mis discípulos dejan de serlo. Y yo dejo de ser su maestro. En el futuro, cuando pregunten por mí, digan que nunca tuvimos conexión alguna. Recuerda: forja tu propio camino. No permitas que los vientos más fuertes dañen las columnas que has construido, porque en ellas debe haber fortaleza para sostenerse ante cualquier tempestad. Vive bien. Con esas palabras, Skarn se despidió. El discípulo lo vio marcharse con la mirada llena de determinación y furia contenida, y se inclinó profundamente, cortando así todo vínculo entre maestro y discípulo. A medida que Skarn se alejaba, su montura apareció entre las sombras: un oso inmenso de color rojo, con llamas ardientes que se alzaban alrededor de su cabeza. Skarn suspiró al verlo y dijo con suavidad: —Amigo mío… tú tampoco puedes venir. Si me acompañas, estarás en peligro mortal. La bestia se acercó lentamente, se sentó a su lado y rugió con firmeza, negándose a quedarse atrás. Skarn esbozó una sonrisa amarga y murmuró: —¿Incluso tú te niegas a retroceder? Se giró entonces y alzó la vista hacia lo alto, contemplando la gran secta que un día llamó hogar. Y en su corazón quedaron grabados, por última vez, todos esos recuerdos que una vez construyó entre sus muros. Y así partió Skarn hacia la región central. A medida que avanzaba junto a su montura, apareció ante ellos una selva envuelta en una espesa niebla de tono verdoso. El silencio se sentía pesado a lo lejos. Skarn dijo: —Debemos tomar otro camino. Y se desviaron de su rumbo. Al avanzar luego por una extensa llanura, se escuchó un estruendo lejano. Skarn giró la cabeza y vio, tras de sí, una densa niebla roja que avanzaba como una tormenta imparable. De su interior salían todo tipo de bestias fuera de control, arrastradas por aquella furia carmesí. Skarn exclamó con urgencia: —¡Apresurémonos! Si esa niebla nos alcanza, estaremos muertos antes de poder siquiera luchar. El olor a muerte y puro terror emanaba de la tormenta roja, que devoraba cuanto encontraba a su paso sin dejar nada a su paso. FORTALEZA DEL SUR — RAZA SHEN LAN Skarn avanzaba a gran velocidad montado sobre su montura. Al alzar la mirada, contempló una de las fortalezas más imponentes jamás erigidas por la raza Shen Lan: torres altísimas de arquitectura milenaria, muros de piedra oscura que se alzaban como montañas, y cultivadores apostados en cada rincón vigilando sin descanso. A medida que se acercaba, se dijo a sí mismo: —No sé si venir a este lugar sea lo más prudente. Debo ser precavido. Solo estaré de paso. Cuanta más distancia ponga entre yo y la secta, mejor. Al llegar ante las enormes puertas, los guardias lo detuvieron en seco. —¡Detente! —dijo uno de ellos—. Muéstranos tu identificación. ¿Cuál es tu propósito al llegar a esta fortaleza? Skarn respondió con voz tranquila: —Soy simplemente un viajero solitario. Solo paso por aquí para reabastecerme. El guardia lo recorrió con la mirada de pies a cabeza, entrecerró los ojos y murmuró: —Es extraño… tengo la sensación de que te he visto en algún lugar antes. Su compañero soltó una risa y lo apartó: —Debes estar perdiendo el juicio. Déjalo pasar. Y tú, anciano —dijo mirando a Skarn—, ya que dices que vienes a reabastecerte, hazlo pronto y vete. Si no cumples, iremos a buscarte nosotros mismos. No nos importa si eres un viajero o no. ¿Quedó claro? Skarn asintió y entró en la fortaleza. Recorrió sus calles bulliciosas, llenas de gente y de vida, y soltó un suspiro. Se dijo entonces para sí mismo: —Mientras los débiles creen que están a salvo, los fuertes aprovechan esa confianza para volverse aún más poderosos. Entró en una posada, pidió una habitación y se retiró de inmediato. Una vez dentro, descansó brevemente, se aprovisionó de píldoras y recursos necesarios, y se puso de pie. —Es hora de partir —dijo en voz baja—. Ya están demasiado cerca. Skarn partió y se alejaba cuando, a lo lejos, la anómala roja volvió a aparecer. —Maldición… —murmuró—. Creí que se había detenido. Si eso choca contra la fortaleza, no habrá forma de detenerlo. Debo advertirles. Pero desde otra dirección aparecieron el Santo y los Venerables, seguidos de cultivadores que avanzaban a toda velocidad para darle caza. Skarn los observó a lo lejos y comprendió: no podía detenerse. El Santo se detuvo frente a las puertas de la fortaleza y preguntó con voz imponente: —Buscamos a Skarn, el Venerable de Sangre. ¿Lo han visto por aquí? De inmediato salieron los cultivadores de la fortaleza, lo saludaron con respeto y respondieron: —No lo hemos visto. Pero permítanos preguntar: ¿por qué buscan al Venerable? —Se le busca como traidor y asesino —respondió un Venerable—. Además, ustedes están a punto de ser borrados. Si esa gran anómalia se acerca y Skarn pasó por aquí sin advertirles… es porque no tuvo la decencia de avisarles lo que se aproxima. Los cultivadores miraron a lo lejos y palidecieron: enormes hordas de monstruos de todo tipo avanzaban tras la tormenta roja. —¡Rápido! —gritó un cultivador—. ¡Activen la formación! ¡Debemos proteger a los civiles! Uno de ellos se volvió hacia el Santo y suplicó: —Gran Santo… ¿podría ayudarnos? El Santo lo miró con frialdad y respondió: —No tengo por qué hacerlo. Skarn debió advertirles. En cambio, solo estuvo de paso y los usó como distracción. Ahora ustedes pagarán el precio. Sigan el rastro de Skarn dando orden venerables y cultivadores que se inclinaron y se apresuraron y agrego, Si su ciudad sobrevive, será obra del destino. Si cae… también era su destino. Acéptenlo. Esto también es culpa de Skarn: si no hubiera traicionado a nuestra secta, yo habría intervenido. Pero no lo haré. El cultivador, lleno de indignación al ver que le daban la espalda, gritó con todas sus fuerzas hacia la fortaleza: —¡Se acerca una catástrofe! ¡Todos resguárdense! ¡Que cada cultivador disponible ayude a contener la anómalia! A lo lejos, Skarn se detuvo un instante y vio cómo la tormenta roja golpeaba la fortaleza y cómo las torres y muros comenzaban a caer. No mostró rastro de emoción, dio media vuelta y siguió su camino. \_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_\_ Gran Santuario — Límite de la raza Shen Lan Skarn entró sin obstáculos. El lugar parecía tranquilo, pero ocultaba un peligro latente. Se alojó en una posada y más tarde bajó a comer. Mientras estaba sentado, escuchó a otros hablar en voz baja: —¿Has oído el rumor? Dicen que Skarn se ha vuelto un traidor… y un cobarde. —¿Qué dices? —Se dice que lo persiguen. —¿Y qué postura tomará nuestra raza? ¿Lo protegerán? —No lo creo. Skarn pertenecía a otra secta. Y en toda secta, las reglas son ley. Skarn se levantó en silencio, dejó la comida y salió. Apenas caminó unos pasos cuando varios guardias de la raza Shen Lan lo rodearon. El comandante se adelantó y dijo: —Por orden del Patriarca, se nos ha ordenado aprisionarte. Si te niegas a obedecer usaremos la fuerza y eso se entenderá como que te has rebelado contra tu propia raza. Skarn no preguntó nada y se dejó conducir sin oponer resistencia. Una vez dentro del gran salón, el Patriarca pidió quedarse a solas con él. —El gran Skarn… —dijo con una sonrisa—. Quién lo diría. Jamás esperaba verte en estas circunstancias. Skarn sonrió levemente: —Es cierto. Pero no de esta manera. El Patriarca le sirvió té en un cuenco de porcelana blanca con grabados únicos y continuó: —Me han contado algo inquietante. Dicen que pudiste advertir a la fortaleza del peligro que se aproximaba… y que, en cambio, solo te fuiste de paso y los abandonaste. ¿Es esto cierto? Skarn guardó silencio. —También se dice —añadió el Patriarca— que un Santo, varios Venerables y muchos cultivadores los persiguen. Te acusan de asesino y traidor. ¿Qué tienes que decir a todo esto, Skarn? Este alzó la vista y respondió con calma: —En cuanto a la fortaleza… no había nada que pudiera hacer. La tormenta habría alcanzado a cualquiera que se quedara. No había tiempo para salvar a nadie. —¿Es así? —dijo el Patriarca, observándolo fijamente—. ¿Y qué me dices de lo ocurrido en tu secta? Skarn respondió con voz firme: —Eso es un asunto personal. Y no involucre a nadie más en ello. El Patriarca asintió: —Entiendo. Skarn, nunca diste apoyo alguno a nuestra raza tras unirte a aquella secta. Jamás regresaste a los Shen Lan. Skarn respondió con firmeza: —No tengo por qué hacerlo. Y como digo, solo estoy de paso. No pienso quedarme. Además, aunque intenten retenerme, no lo lograrán. El Patriarca lo observó con calma: —Ya veo. Bien, tampoco planeaba ayudarte ni cubrirte. Sin embargo… sigo pensando que pudiste hacer algo para detener aquella anómalia. O quizás… fuiste tú quien la atrajo hasta la fortaleza. Skarn guardó silencio y se puso de pie: —Debo irme. —¿Tan pronto te marchas? —dijo el Patriarca con tono tranquilo—. Pues si insiste, en lo más profundo de este gran santuario existe una salida secreta. Tú decides si la tomas o no. Skarn no dijo una palabra más. Se retiró, recogió sus pertenencias y llamó a su montura. Ya ante la entrada de aquel camino oscuro, miró a su compañero y dijo en voz baja: —Amigo mío… no sé qué nos espera al otro lado. Pero sea lo que sea… debemos sobrevivir. La oscuridad se sentía densa y pesada. A medida que avanzaban, el sendero se estrechaba y la penumbra se hacía absoluta. Skarn encendió una pequeña llama para iluminar el paso. Al fondo, apareció ante ellos una torre rodeada por un abismo inmenso. Solo un estrecho puente de piedra conectaba el camino con la entrada. Skarn se detuvo y reflexionó: Del otro lado debe estar la salida… pero algo en este lugar no me parece correcto. Demasiado conveniente. —Avancemos —dijo finalmente—. Pero al llegar a la torre, quizás deba revisar qué hay en su interior primero. Se acercó a la puerta e intentó abrirla. En ese instante, sin darle tiempo siquiera a reaccionar, se activaron sellos y formaciones por doquier. Una luz cegadora estalló desde la torre, iluminando todo el lugar con una intensidad deslumbrante. Skarn, golpeado por la sorpresa, apretó los dientes y solo pudo pronunciar con furia contenida: —¡MALDICIÓN! CONTINUARÁ © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)

Continúa leyendo

EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)

Capítulo 64

Siguiente Capítulo ›

EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 63

Estás leyendo el capítulo 63 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 31 de agosto de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.