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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 6 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
En… ¿Dónde estoy? Todo a mi alrededor se desdibuja en una neblina confusa, entre la oscuridad de mi mente y el peso de una realidad que me aplasta el pecho. Recuerdo… cierto… el abuelo estaba a punto de morir… sus últimas palabras aún resuenan, pero de repente, la imagen sangrienta y fría de Ling Yue se desvanece, reemplazada por una luz cegadora, blanca y majestuosa. El escenario cambia por completo. Ahora estoy aquí. De pie… no, sentado. Sentado en un trono que parece tallado en la misma esencia de las estrellas, en medio de un salón inmenso, capaz de albergar montañas enteras. La luz blanca lo inunda todo, pura, antigua y aterradora en su inmensidad. Frente a mí, se alzan las figuras más imponentes y poderosas que existen en todo el universo. Están todos allí, mirándome con respeto absoluto, pero también con la carga de la desesperación y la guerra que se acerca. Me miran atónicos, como si yo fuera el único capaz de sostener el cielo que amenaza con caer. Esto… es mi hogar… pienso, y por un instante, una paz amarga me recorre. Solo digo la verdad… esto era lo que era, lo que éramos. De entre las filas, dando un paso al frente con esa calma calculadora que lo caracteriza, surge Li Suanming, el líder de la raza Suan Shi. Su figura delgada y su túnica dorada brillan bajo la luz, y sus ojos dorados escanean a todos como si fueran simples números en sus cuentas. Su voz, pausada y firme, resuena en todo el salón: — No podemos permitir que la raza del demonio Ye Mo siga avanzando, tomando y destruyendo todo a su paso. —dice, y aunque habla con calma, sus palabras son pesadas como el plomo—. Nosotros somos la última línea de defensa que queda en este vasto universo. ¿Permitiremos que sigan invadiendo más galaxias? Muchas de esas estrellas y sistemas estuvieron bajo nuestro manto, bajo nuestra protección durante eras… y ahora caen una tras otra. Se detiene, golpeando levemente su ábaco de jade, como calculando el costo de lo que va a decir. — Esa es la realidad. Debemos gestionar los recursos con prudencia, pero también debemos saber dónde trazar la línea que no deben cruzar. Antes de que pueda continuar, una figura alta, rígida y oscura avanza con pasos pesados que hacen vibrar el suelo. Es Shen Yangbo, líder de la raza Jing Wei. Su rostro duro, amargado y cerrado, muestra el desdén que siente por toda esta discusión. Sus ojos grises miran a Suanming con reproche, y su voz ronca y áspera corta el aire: — ¿Qué dices tú, Suanming? —pregunta con dureza, sin ningún respeto por las palabras anteriores—. ¿Realmente es necesario todo esto? ¿Estamos aquí para discutir sobre qué hacer, o estamos aquí para perder el tiempo? Porque lo que veo es una pérdida de miles de vidas con cada segundo que pasamos hablando. Señaló hacia la lejanía, hacia los mapas estelares invisibles que solo él ve. — Cada día que pasa, incluso cada hora que dejamos correr, una especie entera llega a conocer su extinción. Desaparecen, borrados de la existencia… y aquí, ustedes solo discuten sobre beneficios, sobre ganancias, sobre qué ganar o qué perder… ¡poco más que eso les importa! —escupió las palabras con desprecio—. Mientras nosotros vigilamos y morimos en las fronteras, aquí solo negocian con vidas. El ambiente se tensa al límite. Los dos líderes se miran con hostilidad, cada uno aferrado a su verdad, sin ceder ni un milímetro, como siempre ha pasado. Entonces, un suspiro profundo, largo y pesado, como si proviniera desde el fondo de la tierra, acalla a todos. Todos vuelven la vista hacia la figura que se ha mantenido en silencio hasta ahora: Kong Zhongti, líder de la raza Kun Lun. El gigante inmenso, cuya cabeza casi roza la altura de la sala, se alza imponente. Su cuerpo es una fortaleza viviente, su piel dura como la roca antigua, y su expresión es de una calma absoluta, aunque sus ojos oscuros brillan con una sabiduría profunda y una ira contenida. Mira a los otros dos líderes con decepción, y lentamente abre sus grandes labios, hablando con esa voz grave y lenta que retumba en los huesos de todos: — Ustedes solo parlotean… —dice despacio, y cada palabra pesa toneladas—. Parlotean frente a su líder como si esto se tratara de los asuntos de sus propias casas, como si solo discutieran por sus propios intereses mezquinos. Kong Zhongti frunce el ceño, y por un instante, se ven sus dientes rechinando con furia ante tanta discusión sin sentido. Golpea suavemente el suelo con su bastón, y la vibración se siente hasta en el trono. — Aquí todos fuimos llamados por Orden Imperial. Cada miembro presente aquí es de suma importancia… no solo por causa de esta guerra, ni solo por la supervivencia, sino por lo increíble de lo que representamos, por nuestros recuerdos, por nuestra historia, entre tantas otras cosas que nos unen. Levanta su mirada inmensa hacia mí, hacia el Emperador Blanco, y su postura se endereza aún más, llena de dignidad. — Entonces… ¡pórtense como tal! —bramó con voz de trueno, rompiendo su calma por un segundo—. Muestren dignidad al haber sido llamados por la Orden Imperial, y muestren un poco de respeto, al menos, por estar frente a su superior: el Emperador Blanco, Xuan Lie. El silencio volvió a llenar el salón, absoluto, pesado. Los otros dos líderes bajaron la cabeza, conscientes de que habían perdido el rumbo de la reunión ante la presencia de quien realmente tenía el mando. Kong Zhongti volvió a suspirar, recuperando su calma de montaña inamovible, y esperó. Todos esperaron. Y entonces, rompiendo el silencio absoluto que llenaba la sala, alguien soltó unas pocas palabras, duras, pesadas, que cayeron como una losa sobre todos los presentes: — Son consistentes… y aun así, son incapaces de ver la verdad. Fueron pocas palabras, pero cargadas de una verdad tan cruda que dolía escucharla. Al oírlas, todas las razas reunidas guardaron un silencio sepulcral, y uno a uno, fueron agachando la mirada, avergonzados, sin atreverse a levantar la cabeza, porque sabían que aquella frase era la realidad más absoluta. Y allí, a un costado del trono, permanecía inmóvil quien había hablado: Fei. Aquel ser considerado Las Alas del Emperador Blanco. Aquel cuya lealtad hacia su señor no tenía límites ni comparación. Una existencia misteriosa, pues su raza no aparece registrada ni siquiera en los textos más antiguos del universo. Eran muy pocos los de su clase que quedaban en todo lo creado, pero cada uno de ellos poseía una fuerza tal, que se ganaron títulos que pocos se atrevían a pronunciar: El Fuerte, Las Alas del Emperador, El Guardián Supremo. Fei estaba allí, de pie, imperturbable, con su túnica verde oscuro y negro bordada en oro, su máscara negra vacía y esos ojos amarillos de bestia antigua que lo veían todo. Y en este momento, su mirada recorría a cada uno de los presentes, observándolos claramente como si fueran seres inferiores, cosas menores que solo existían por la voluntad de su Señor. No había desprecio en su mirada, ni odio… solo había indiferencia absoluta, la certeza de que él estaba en un nivel que ninguno de ellos podría jamás alcanzar. El silencio se mantuvo, pesado, denso, con todos los líderes cabezas abajo esa mirada que juzgaba todo su ser. Nadie se atrevía a moverse, nadie se atrevía a respirar siquiera. Fue entonces cuando se escuchó la voz que todos esperaban, la voz que estaba por encima de todas las demás, la voz que podía poner orden en el caos: la mía. Desde lo alto del trono, mi voz resonó clara, firme y serena, llegando a cada rincón de aquella gran sala blanca, acallando cualquier duda o miedo: — Es suficiente. Me incliné levemente hacia adelante, mis ojos recorriendo a mis fieles guardianes y a los líderes de las razas. — La guerra es contra otros… no entre nosotros. Seamos sabios en medio del caos que azota a todas las existencias que hay, y a todas las que hay por haber. Fei retrocedió y hizo un gesto de obediencia, inclinando levemente su cabeza en un silencio absoluto, reconociendo mi voluntad. Al instante, esa presión inmensa, pesada y opresiva que llenaba toda la sala, esa tensión que hacía difícil hasta respirar, comenzó a disiparse lentamente. El peso que aplastaba los hombros de todos desapareció como niebla ante el sol, volviendo todo a su punto inicial, calmado, solemne, pero ya sin ese miedo helado que Fei traía consigo. Él volvió a su lugar, convertido nuevamente en sombra y guardián silencioso a mi lado. Yo me quedé allí, sentado en lo alto, observando todo lo que me rodeaba: las razas más poderosas del universo, los líderes sabios y antiguos, mi guardián incomparable, el salón blanco infinito que parecía contener las estrellas mismas… Y entonces, en mi mente, la verdad se hizo clara, amarga y dolorosa como una herida que nunca sana. Sí… esto… es solo un recuerdo. Solo es el eco lejano de lo que fui alguna vez. De la grandeza que tuve, del poder que sostuve, de la autoridad que ejercí. Son solo imágenes de quienes me acompañaron en ese trono frío… un trono tan alto, tan majestuoso, pero al mismo tiempo tan vacío. Una sala tan grande, tan inmensa, llena de gloria y luz… tan difícil de expresar con palabras, porque ninguna palabra humana o divina alcanzaría para describir lo que eso significaba. Sentí cómo mis ojos se llenaban de lágrimas, incluso antes de que la imagen se desvaneciera. Un suspiro de dolor se escapó de lo más profundo de mi ser, cargado de todo el pesar de mi caída. — Haaa… si tan solo… si tan solo no fuera un amargo recuerdo… —susurré con voz rota, despidiéndome de aquella gloria para siempre. Entre el lamento y el nudo que se le forma en la garganta, aquellos recuerdos se rompen en fragmentos dispersos: cada uno guardaba un poco de la esencia de todos ellos, y traían consigo la memoria amarga y triste de toda su vida pasada. Abre los ojos con dificultad, entrecerrados, y cree escuchar unas voces a lo lejos. Pero al mirar a su alrededor, solo ve la realidad frente a él: el abuelo yace sin vida entre sus brazos, con la mirada perdida y vacía. Reina el silencio en aquel mundo frío, testigo mudo de la vida dura y de la inmensa pérdida de Xuan Lie, quien todavía no lograba ni podía asimilar lo que estaba ocurriendo. Mientras pensamientos confusos invaden su mente, aparecen de repente ante él un grupo de cazadores con ropas extrañas, pero de un estilo único y distintivo. Eran cinco personas en total. Uno de ellos, que parecía ser el líder, se acercó despacio y, con voz cargada de preocupación, le habló: — Oye… ¿estás bien? Oye… oye, ¿cómo te llamas? — Oye… mmm… mi nombre es Bai Wuji. ¿Cuál es el tuyo? Antes de que pudiera responder, uno de los miembros habló con dureza. Era Xue Sha: — Líder, ¿qué haces? Solo déjalo ahí, es un moribundo. Al parecer ya se dio por vencido. No se ven ganas de seguir viviendo en él. Este mundo lleno de caos no es para personas como él: débiles y sin voluntad. El miembro llamado Han Shang solo observaba en silencio, sin intervenir, esperando únicamente la decisión de su líder. Entonces, Leng Yuexi, la única mujer del grupo, sonrió con malicia y dijo: — ¿Por qué mejor no lo usamos de carnada para las bestias? De esa forma nos será mucho más útil que si solo lo llevamos con nosotros y tenemos que alimentarlo… jejeje —rió con una risa fría y malvada. Se hizo un silencio breve, hasta que el último miembro, Mu Fan, habló con voz tranquila y distraída: — Las cosas pasan porque tienen que pasar. La vida es impredecible. No alteremos el destino. El líder sonrió, mirando fijamente a Xuan Lie, que estaba frente a él, y dijo con voz lo suficientemente fuerte para que todos escucharan: — Lo llevaremos con nosotros. Todos quedaron sorprendidos y en completo silencio; era algo inaudito, el líder nunca había hecho algo así. Él soltó una carcajada tranquila y añadió: — Quizás más adelante sean ustedes quienes quieran ser sus amigos cercanos y hasta le pidan ayuda. — ¿Él? ¿Un niño incapaz de decir ni una palabra? —replicó uno de ellos con escepticismo. Bai Wuji lo miró con firmeza: — Veo potencial en este niño débil. Ya está decidido. —Luego, con una sonrisa amplia pero amable, le dijo—: Irás con nosotros, aunque no quieras. En medio del silencio que siguió a las palabras del líder, Xuan Lie se puso de pie. Bai Wuji le preguntó: — ¿Qué haces? — Cavar una tumba y poner una lápida en memoria de mi abuelo —respondió él. Se tomó su tiempo para hacerlo con cuidado. Al terminar, colocó una pequeña flor sobre la tierra removida y se arrodilló frente a la lápida que marcaba el lugar donde descansaba su abuelo. Detrás de él, el grupo de cazadores observaba, y entre murmullos se preguntaban si realmente era una buena decisión llevarlo con ellos. Entonces, Xuan Lie comenzó a hacer reverencias. Al principio eran suaves y lentas, llenas de respeto y dolor, pero poco a poco se volvieron cada vez más rápidas y violentas, golpeando su frente contra el suelo una y otra vez. En cada golpe se reflejaba la rabia, la tristeza, el lamento y todos esos sentimientos encontrados que lo invadían por completo. Al ver aquella escena, el líder intentó detenerlo, pero Xuan Lie no cedía ni se detenía. Fue entonces cuando los demás decidieron intervenir y sujetarlo con fuerza para impedir que se lastimara más. Mientras se lo llevaban del lugar, él se mordía el labio hasta hacerlo sangrar; sangre que se mezclaba y escurría por su frente, cubierta de heridas por los golpes contra la tierra. Aún así, miraba al frente con una expresión fija, decidida y sin rastro de miedo. Y con una voz tenue, pero cargada de fuerza y determinación, pronunció la frase que marcaría el inicio de su historia y la promesa que llevaría consigo para siempre, mientras sus ojos permanecían clavados en la lápida de su abuelo: — Yo, Xuan Lie, juro por mi vida pasada y por la muerte de mi abuelo que romperé las nueve cadenas que me atan a lo mortal. ¡Me haré inmortal! Iré contra los cielos si es necesario para lograrlo, sin importar lo que deba sacrificar. Desde ahora en adelante, sean testigos todos aquellos que puedan atestiguar mi historia. Apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos, sellando así, en ese mismo instante, una promesa que guardaría consigo mismo por toda la eternidad. Por un momento, todos quedaron atónitos al escuchar tal declaración. Dos de los miembros soltaron una risa burlona, riéndose de lo que consideraban un sueño patético, incapaces de comprender el peso que esas palabras tendrían a lo largo de la eternidad. Pero el líder, con una sonrisa tranquila pero con total seriedad, habló: — Yo te creo. Así que sal al mundo y cumple tu promesa. Yo seré el primer espectador que verá en qué clase de leyenda te convertirás, Xuan Lie. Xuan Lie lo miró, y luego volvió su vista hacia la lápida de su abuelo, ya a lo lejos, sintiendo cómo una pequeña llama de esperanza se encendía en su interior. Recogió todo aquello que el anciano le había dejado, dispuesto a descubrir y comprender lo poco que su abuelo había sido capaz de observar con sus ojos mortales. Y así comenzó el viaje de Xuan Lie junto al grupo de cazadores, en un planeta donde apenas conocía un solo rincón. ¿Qué cosas le esperan a Xuan Lie en el camino? ¿Se cumplirá realmente aquella promesa que acaba de sellar con su sangre y su dolor?… Continuara…. © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 6

Estás leyendo el capítulo 6 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 7 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.