Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 5 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Suspirando hondo, el anciano da media vuelta lentamente y me mira fijamente a los ojos, con esa mirada que lo sabe todo y que todo lo comprende. Entonces, con una suavidad inmensa en su voz, me responde a aquella última pregunta que quedó en el aire:
—¿Me creerías si te digo que... solo soy tu abuelo? —Y me sonríe, una sonrisa tranquila, sincera y llena de paz.
Al escucharle, no puedo evitar soltar una carcajada fuerte, alegre y libre, rompiendo por un instante la pesadez que nos rodeaba. Le devuelvo la sonrisa con todo mi ser y respondo con voz alta y clara:
—¡Está bien, abuelo! Te creo... ¡jajajaja! Te creo a ciegas.
Poco a poco, su sonrisa se va apagando, al igual que el brillo en sus ojos. Su expresión se vuelve seria, profunda, cargada de recuerdos y de una tristeza vieja que ha llevado consigo toda una vida. Levanta la vista y dirige su mirada hacia el cielo pálido, gris y opaco de este planeta moribundo llamado Ling Yue, como si estuviera hablando con el mismo destino, y empieza a hablar con una voz pausada, ronca y llena de experiencia:
—Xuan Lie... yo no soy nadie importante. Solo soy un anciano que luchó cada día de su existencia por sobrevivir en este mundo caótico y despiadado. Alguien que siempre estuvo solo. Nunca fui capaz de conocer a mis padres, ni tuve hermanos, ni tengo más lazos de sangre en ningún lugar de este inmenso universo. He estado vagando sin rumbo, cazando en soledad, durmiendo bajo las estrellas o escondido en cuevas, sufriendo hambre, frío y peligro, solo para seguir un día más con vida.
Hace una pausa, un suspiro profundo se le escapa del pecho, y su figura parece encogerse un poco más, como si el peso de sus años cayera sobre él en ese momento.
—Mi vida... se está acabando. Está en su punto final. Y al mirar atrás, me doy cuenta de lo fugaz que fue todo. Parece que fue ayer cuando era joven, y ahora... todo ha pasado como un abrir y cerrar de ojos. —Su voz se vuelve apenas un hilo de sonido—. Xuan Lie... no me queda mucho tiempo ya. Por eso, antes de que mi luz se apague, te enseñaré todo lo poco que sé, todo lo que la vida me dio a golpes, para que te sirva de guía, de fuerza y de ayuda en el destino que tú desees tomar, en el camino que elijas para tu vida...
Suelta un largo y melancólico suspiro, baja lentamente la cabeza y cierra los ojos, como si estuviera cansado, infinitamente cansado.
Mi corazón se aprieta con fuerza dentro de mi pecho. Un miedo helado recorre mi espalda al entender el significado de sus palabras. No puedo quedarme callado, la pregunta sale de mi boca antes de que pueda pensarla, con un ruego que no puedo ocultar:
—¿No existe... realmente ninguna forma, ningún método, ninguna manera de poder extender tu vida? —le pregunto, con la esperanza de un niño que no quiere quedarse solo.
Por un instante, el abuelo abre los ojos y me mira con una expresión de pura sorpresa, como si jamás hubiera pensado que alguien le preguntaría algo así. Pero enseguida, esa sorpresa se transforma en una sonrisa amplia, fuerte, llena de resignación y sabiduría, y me responde con dulzura, negando suavemente con la cabeza:
—¡Pides mucho para ser un mortal como nosotros, Xuan Lie! —Dice con ternura—. Debería estar agradecido y sentir paz hasta por haber llegado hasta donde he llegado. En este mundo, la vida no es un derecho, es un regalo que se gana a diario. Muchos mueren antes incluso de nacer, otros se van siendo niños, otros en su juventud... y la mayoría, no pasan de ahí, aplastados por la dureza de la existencia. Este mundo no respeta la edad, no tiene piedad con los débiles. Si no eres lo suficientemente fuerte, no pasas de ahí, simple y llanamente.
Se inclina hacia mí, pone sus manos arrugadas sobre mis hombros y me mira con una intensidad que me atraviesa el alma, lleno de una fe inquebrantable:
—Pero tú... tranquilo, Xuan Lie. Tengo la certeza absoluta de que tú brillarás. Tú llegarás mucho más lejos de lo que yo jamás soñé, más lejos que cualquiera que haya conocido en mi larga vida. —Asiente convencido—. Mmm... lo sé. Tengo la certeza de que así será. Y ese será mi mayor premio.
Bien, Xuan Lie —dice cambiando de tema, pasando directamente a lo importante, con esa seriedad que siempre ponía en las enseñanzas—. Recuerdas aquel reto que te mencioné antes... Hoy será tu primera cacería totalmente en solitario. Yo te esperaré aquí, junto al fuego. Ve y tráeme un Conejo de Cuernos Negros. Ten mucho cuidado, mantén la calidez en tus movimientos y que tu caza sea de provecho, tanto para tu cuerpo como para tu mente.
Xuan Lie asiente con firmeza, pero con los ojos brillantes de emoción y determinación. Sabe que esta prueba no es solo por comida, es mucho más grande que eso.
—¡Bien! —responde con voz clara y potente—. No te defraudaré, abuelo.
El anciano le devuelve una sonrisa tranquila, llena de confianza absoluta.
—Bien... esperaré tu regreso con el logro cumplido.
Sin perder ni un segundo, Xuan Lie parte de inmediato. Se adentra entre los árboles y la vegetación espesa del bosque, siempre manteniéndose dentro de los límites seguros que le han sido enseñados, moviéndose en silencio, aprendiendo a leer el viento y el terreno. Durante un buen rato busca, avanza y se detiene, pero lo único que encuentra son ejemplares pequeños, conejos comunes, sin evolución, en su forma más básica, presas que no suponen ningún reto y que no son lo que él necesita traer.
Mientras camina con paciencia, buscando en cada rincón, su mente viaja lejos. Regresan a él, una y otra vez, aquellas palabras que escuchó hace poco: "No me queda mucho tiempo... mi vida está en su punto final...". La voz cansada del abuelo resuena en su cabeza como un lamento inevitable. Sumido en sus pensamientos, con el corazón apretado, su memoria viaja aún más atrás, hacia su vida pasada, hacia todo lo que fue y todo lo que sabía hacer.
"Si tan solo fuera capaz de cultivar aquí... si pudiera usar mis antiguas técnicas..." —piensa con una tristeza profunda que le pesa en el pecho—. "Sería capaz de reunir las hierbas, de mezclar las esencias, de crear una píldora que pudiera extender su vida, que pudiera salvar a la persona que más me importa en esta nueva existencia... Le devolvería el tiempo que el destino le ha robado".
Pero la realidad es cruda y dura. Aquí, sus conocimientos no sirven de nada. Aquí, solo cuenta la fuerza de este cuerpo mortal que tanto le ha costado fortalecer. Una sensación de impotencia y decepción lo invade, levanta la vista hacia el cielo gris y moribundo de Ling Yue, y en su interior grita la pregunta que lo atormenta, dirigida a algo que no puede ver:
—¿ES ESTO UN CASTIGO? ¿ME DICES QUE HE COMETIDO ALGÚN PECADO IMPERDONABLE PARA SUFRIR ASÍ?
El silencio del bosque es su única respuesta. Pero justo en ese instante, sus oídos entrenados captan un sonido leve, casi imperceptible: el roce de patas secas contra las hojas caídas, el movimiento de algo vivo entre la maleza.
Se congela en su sitio.
De entre los arbustos, a solo unos pasos de distancia, aparece ella. Ahí está.
Es la presa que buscaba: un Conejo de Cuernos Negros, de buen tamaño, con el pelaje oscuro y ese pequeño, pero duros cuernos saliendo de su frente. Está muy cerca... demasiado cerca. Si se mueve solo un poco, si su respiración cambia, si una rama cruje bajo su peso, el animal huirá en un parpadeo, veloz como el viento.
En ese momento, la frustración y las dudas desaparecen. Solo queda el instinto y el aprendizaje.
Vienen a su mente los recuerdos de su primera cacería junto a su abuelo, cómo él le enseñó a moverse, a ser parte del entorno, a no ser más que una sombra o una roca inmóvil.
Con una lentitud y una delicadeza impresionantes, alza su arco de madera. Sus manos, que hace un año temblaban por la debilidad, ahora son firmes como el acero. Tensa la cuerda, replica cada paso, cada detalle, cada movimiento que le fue enseñado, haciéndolo tan suyo, tan natural, que parece haber nacido para hacerlo. Su presencia desaparece; ya no es un joven cazador, es simplemente parte del paisaje, quieto, inmóvil, sólido como una roca antigua.
Suspira despacio, controlando su cuerpo hasta el límite, y lanza la flecha.
El silencio se rompe por el zumbido del aire cortado.
La flecha vuela certera y se clava en el cuerpo de su presa.
Xuan Lie se queda inmóvil un segundo más, y luego su pecho comienza a subir y bajar agitadamente, su respiración es pesada y rápida, casi incapaz de creer lo bien que lo ha hecho, lo perfecto que ha replicado la técnica que le enseñaron, sin errores, sin fallos. Una sonrisa inmensa, sincera y llena de triunfo se abre paso en su rostro, una sonrisa que mezcla alegría y lágrimas contenidas.
—¡LO LOGRÉ! —susurra con voz temblorosa pero llena de fuerza—. ¡SÍ, LO LOGRÉ!
Se acerca, toma a su presa con respeto, la prepara y se pone en pie, acomodándola sobre su hombro. Con el corazón latiendo fuerte, se da la vuelta y se prepara para regresar al lugar donde el anciano lo espera. Ya no es el mismo chico débil que salió hace un rato. Algo ha cambiado dentro de él.
Como una llama a punto de encenderse, ardiente y decidida, sin miedo a ser apagada ni por el frío ni por el agua, regresa con su presa al hombro, con el pecho lleno de orgullo y de la certeza de haber cumplido. Pero, de pronto, un estruendo inmenso rompe la calma del bosque. Es tan fuerte que hace temblar la tierra misma bajo sus pies, y cada paso que da de regreso se siente como si el mundo entero se estuviera desmoronando.
—¿Qué pasa? ¿Qué fue eso? —pregunta Xuan Lie alarmado, levantando la vista bruscamente hacia el frente, hacia el cielo que cubre Ling Yue.
Lo que ve le hiela la sangre en las venas.
Una espesa y oscura niebla de color rojo intenso se abre paso entre las nubes grises, devorando la luz, cargada de una presencia maligna y antigua. De su interior salen rugidos aterradores, estruendosos, que parecen provenir de gargantas capaces de destrozar montañas. A lo lejos, distingue con horror siluetas de monstruos, bestias gigantescas que surcan los cielos en una manada salvaje y destructiva, acercándose rápidamente. El suelo retumba con su solo pasar.
El corazón de Xuan Lie da un vuelco y se detiene un instante. Sabe.
Sabe con una claridad aterradora lo que sucederá si esas bestias llegan antes que él a la pequeña choza, el único refugio, el único lugar donde está lo que más ama.
—¡NO! —grita con todas sus fuerzas, y el pánico se transforma en desesperación pura.
Se apresura, corre con todas sus fuerzas, sintiendo cómo el aire le raspa la garganta, cómo sus pulmones arden por el esfuerzo. Tropieza, cae al suelo golpeándose contra las rocas y las raíces, pero se levanta al instante, sin importarle el dolor, sin importarle nada más que llegar. Corre hasta no poder más, hasta que sus piernas pesan como plomo, con el aire escapándosele a cada segundo.
Ya casi llego... ya casi... se repite una y otra vez en su mente.
Pero al salir del bosque y ver el claro donde está su hogar, Xuan Lie se detiene en seco, paralizado.
Frente a sus ojos se despliega una imagen que le golpea el alma como un martillo, una escena que le recuerda con violencia a los días oscuros de su vida pasada: un escenario lleno de sangre.
El abuelo reposaba en el suelo, recostado bajo el viejo árbol que daba sombra a la choza. Todo a su alrededor estaba manchado de rojo, un rojo oscuro que se mezclaba con la tierra. Xuan Lie lo ve, huele la sangre, huele el olor metálico y pesado de la muerte que ya se cierne sobre el lugar. Siente que su corazón deja de latir, que su alma se desgarra en mil pedazos, que su mente se queda en blanco, vacía, incapaz de procesar lo que está viendo.
—¡Abuelo...! —logra balbucear, sin voz.
Entonces lo escucha. Una tos débil, entrecortada, que suena como el último suspiro de una vela a punto de apagarse.
Tose... tose... tose...
Ese sonido lo despierta de la parálisis. La realidad lo golpea y reacciona. Corre desesperadamente, se arrodilla de golpe a su lado, toma su cuerpo entre sus brazos, sintiendo la calidez que se escapa rápidamente de él.
El anciano abre pesadamente los ojos, que ya casi no tienen fuerza, y levanta la mirada hacia él, aunque su vista ya parece perdida.
—¿Xuan Lie... eres tú...? —susurra con un hilo de voz roto.
—¡Sí, soy yo, abuelo! ¡Aquí estoy! —grita Xuan Lie con lágrimas que ya caen sin control, recorriendo su rostro—. ¿Quién te hizo esto? ¿Quién se atrevió...? ¡Tantas heridas...! No te muevas, estarás bien, abuelo... te llevaré a un lugar seguro, lejos de aquí... te salvaré...
El anciano levanta una mano temblorosa y pone su arrugada palma sobre el pecho de Xuan Lie, deteniéndolo con una fuerza que no parece tener. Una sonrisa triste y resignada se dibuja en sus labios manchados de sangre.
—¿Un lugar seguro...? —pregunta con dificultad, tosiendo más sangre al hablar—. Xuan Lie... ¿realmente existe algo así en este mundo?
—¡Sí, abuelo, sí! —responde el joven, negando con la cabeza, incapaz de aceptarlo—. ¡Estarás bien, no hables, guarda fuerzas, por favor...!
Pero el anciano no escucha. Su mente está ya en otro lado, y una pregunta que parecía ser lo único que le importaba en este mundo se abre paso entre su dolor:
—Dime... —insiste con esfuerzo, la sangre brotando de sus labios con cada palabra—, lograste... completar el reto...? ¿Cazaste...?
—¡¿Eso qué importa ahora?! —le grita Xuan Lie, desesperado, llorando, limpiando la sangre que no deja de salir—. ¡Tienes muchas heridas, abuelo, debemos... debemos hacer algo...!
—¡Xuan Lie...! —lo llama con fuerza, una última fuerza que le prestó la vida solo para este momento—. ¡DIME SI LO LOGRASTE!
Xuan Lie se calla, ahogado en llanto, y asiente frenéticamente, apretando los dientes para no romperse en pedazos.
—Sí... sí lo he logrado, abuelo... y era uno muy grande y gordo... justo como querías... —responde con la voz cortada por el dolor.
El abuelo intenta abrir más los ojos, queriendo ver el rostro de su nieto por última vez, pero sus ojos, por alguna razón, se han quedado blancos, nublados, sin poder ver nada ya.
—Qué bien... —murmura con una sonrisa de paz absoluta—. Xuan Lie... ya estás listo para partir...
Hace una pausa larga, dolorosa, donde parece que el aire se le va para siempre, y con sus últimas fuerzas, deposita todo lo que es, todo lo que tuvo y todo lo que amó en esas palabras:
—Estoy orgulloso de ti, Xuan Lie... No tengo arrepentimiento alguno en esta vida... Nunca tuve la oportunidad de tener un hijo... —una tos seca y dolorosa lo sacude— …pero sabes... Xuan Lie... tuve un nieto... un nieto que será capaz de hacer ecos que resuenen en los cielos de este mundo cruel...
Su voz se apaga, se vuelve un susurro que solo el oído de Xuan Lie puede captar:
—Gracias... por permitirme ser tu abuelo... realmente fui feliz... me diste los mejores recuerdos en el tramo final de mi vida... Yo te quiero... mucho... Xuan... Lie...
Su mano cae pesadamente, sus ojos se cierran suavemente, y el último aliento abandona su cuerpo. Se fue.
En ese instante, la mente de Xuan Lie estalla. Recuerda, como si fuera ayer, aquella escena antigua, lejana, de su vida pasada... la muerte de su hermano jurado, la misma sensación de impotencia, la misma sangre en sus manos, la misma pérdida que destruye todo a su paso.
Sosteniendo el cuerpo inerte de su abuelo, con las manos empapadas en la sangre de la persona que más lo amó en este mundo, aprieta los labios hasta hacerlos sangrar, baja la cabeza y lo abraza con una fuerza desesperada, aferrándose a él como si quisiera devolverle la vida con su propio calor. Levanta la mirada hacia el cielo rojo, hacia la niebla que se aleja dejando desastre y muerte, y grita con toda el alma, con la voz quebrada, con un dolor tan grande que parece rasgar el universo:
—¡¿POR QUÉ?!… ¡DIME POR QUÉ!... ¡¿Por qué me quitas todo lo que amo?!... ¡MALDICIÓN!... ¿Qué pecado he cometido para merecer este castigo? ¿Por qué me das amor solo para arrebatármelo después?!
Se queda allí, abrazando el cuerpo frío, llorando con una rabia que quema por dentro, con una mirada que ha perdido toda su luz infantil y que ahora solo refleja dolor y oscuridad. Susurra, hablando consigo mismo, hablando con el destino, preguntándose si todo esto tiene sentido:
—¿Es que... no soy capaz de proteger nada? ¿Nada de lo que toco puede permanecer conmigo? ¿Esto es lo que merezco...?
Y entonces, en medio de su desolación, esa frase que quedó grabada en lo más profundo de su memoria, esas palabras frías y duras que le dijo el demonio Ye Mo hace siglos, resuenan en su mente con una claridad aterradora, como si el destino mismo se las estuviera gritando al oído:
"Los lazos te hacen débil."
Continuara…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 5
Estás leyendo el capítulo 5 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 7 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.