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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 55 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
¿Cuándo fue la última vez… que estuve tan cerca… de la muerte como ahora? No siento mi cuerpo; las manos me pesan como plomo, mis piernas se niegan a sostenerme. Me siento vacío, sin ninguna fuerza. La píldora pronto perderá su efecto… y sé que pagaré el precio por haberla usado. Mi vista se vuelve borrosa, me cuesta alzar la mirada; el pecho me arde y ya no logro escuchar los latidos de mi corazón… ¿Acaso… he perdido? ¿Es esto todo lo que puedo llegar a ser? ¿Es este mi límite? —piensa Xuan Lie en su interior, pero de golpe reacciona: — No… no puedo quedarme así. No mientras aún respire. Se muerde los labios hasta hacerlos sangrar, apoya las manos contra el suelo e intenta levantarse poco a poco, luchando contra la pérdida de conciencia. Se pone de pie con gran dificultad; sus piernas tiemblan sin control y todo su cuerpo se siente pesado como una roca. Apenas logra alzar la vista: está cubierto de heridas y empapado en su propia sangre. Lian Chen, ya sin mostrar mayor asombro, lo observa y dice: —Aun en ese estado te niegas a rendirte. ¿Qué es lo que te hace seguir de pie, sin aceptar lo inevitable? Xuan Lie se mantiene en pie a duras penas, con la mirada fija en el suelo y la respiración entrecortada. Un hilo de sangre se escapa de su boca; sus oídos ya no alcanzan a escuchar nada más que el zumbido de su propia debilidad. Pero por muy grande que fuera su mentalidad y fuerza de voluntad, su cuerpo y su conciencia no respondían de la misma manera. Y así, la conciencia de Xuan Lie terminó por ceder: sus ojos se pusieron en blanco y comenzó a desplomarse. Lian Chen, al ver esa determinación hasta el final, le dijo en un susurro: —Has caído de pie… y eso merece mi admiración, Xuan Lie. El Patriarca, desde su sitio, vio lo ocurrido y se dispuso a anunciar el resultado. Pero en ese instante, algo cambió en el humano: su postura se endureció de golpe, dejó de tambalearse y aquel ojo que había tornado rojo brilló con una intensidad sobrenatural. Ya no era él quien se movía: era la energía descontrolada de la píldora tomando el mando. Su respiración se volvió profunda y extraña, y dio un paso adelante; avanzaba con una calma aterradora, como si su propio cuerpo siguiera luchando por su cuenta, sin necesidad de voluntad. Lian Chen frunció el ceño y tomó precauciones, alejándose un poco al notar esa aura distinta. El Sabio Médico se acercó al Patriarca y le susurró al oído: —Su conciencia parece haber cedido… pero si el efecto de la píldora aún se mantiene y ha tomado el control, quizás podamos ver brevemente hasta dónde es capaz de llegar realmente. El Patriarca asintió y miró al anunciador, indicándole que el combate debía continuar. Este último lo anunció en voz alta: —¡El combate sigue en pie! Se mantendrá hasta que solo uno de los dos permanezca de pie. Entre la multitud se escucharon nuevos murmullos: —¿Cómo qué sigue? Si esto ya había terminado… —Ya no hay nada más que ver. —Esto es llevar las cosas al límite de lo permitido. —El humano ya ha perdido, ¿por qué insiste de esa forma? —¿Qué se puede esperar ya de ese humano? —¿Y qué hará ahora Lian Chen? Lian Chen miró hacia las gradas, sin comprender por qué insistían en mantener el combate cuando el resultado parecía estar decidido. Pero al volver la mirada hacia Xuan Lie, este ya tenía una rodilla alzada justo frente a su rostro, moviéndose con una velocidad que no correspondía a su estado. Todo ocurrió en una fracción de segundo: Lian Chen no tuvo tiempo de reaccionar. —¡Arg… maldición…! —gritó, siendo lanzado con fuerza y estrellándose contra los muros de las gradas, quedando tendido sin fuerzas. Xuan Lie se abalanzó sobre él al instante. Lian Chen intentó levantarse, pero Xuan Lie no se lo permitió y comenzó a descargar una ráfaga de golpes brutales. Incapaz de protegerse en ese estado, solo pudo recibir cada impacto directo en su cuerpo. La mayoría de los Treinta Ancianos se pusieron de pie, asombrados por lo que estaban presenciando. Xuan Lie se detuvo brevemente, como si la energía vacilara un instante. Se veía a Lian Chen herido, cubierto de golpes y sangre, respirando con gran dificultad. Con un último esfuerzo, alzó la mano y utilizó su habilidad Partidura Roja, asestando un golpe directo en las costillas de Xuan Lie. Este no gritó; solo escupió sangre y cayó sobre la plataforma, mientras Lian Chen también quedaba tendido. La multitud se asomó para observar, y ambos se arrastraron de regreso al centro. Allí estaba Xuan Lie, arrodillado, respirando con una fuerza y una presión que hacían vibrar el suelo bajo él. Al ver esa determinación inquebrantable en ambos, la multitud estalló en un grito unísono: lo que antes eran bandos opuestos se había convertido en una sola voz. Ya no parecían apoyar a uno u otro, sino a los dos a la vez; gritaban sus nombres, los animaban a levantarse y a dar no solo un resultado, sino a terminar ese gran combate como se merecía. El estruendo de sus voces hacía resonar todo el lugar. Shen Haotian esbozó una leve sonrisa, miró al cielo por un instante —dando a entender que aquella decisión tomada a ciegas no había sido un error, sino que valía cada riesgo— y volvió la vista a la plataforma. Susurró para sí mismo, con la esperanza de que sus palabras llegaran al joven: —Es suficiente para que reacciones… o al menos para que escuches. Xuan Lie, gana o pierde, pero mantén tu conciencia. En medio de aquel alboroto, Xuan Lie apenas logró oírlo; la chispa de su conciencia regresó poco a poco, apagando levemente aquel brillo rojo. Alzó la vista y vio a Lian Chen ya de pie. Hizo un esfuerzo supremo, se puso en pie también y, mirándolo fijamente, dijo: —Que gane el más fuerte. Lian Chen asintió con seriedad y respondió: —Que así sea. El ambiente se sentía distinto: parecía el inicio de algo nuevo, pero al mismo tiempo era el resultado de todo ese largo y duro enfrentamiento. El ruido de la multitud no cesaba, y dentro de Xuan Lie apenas quedaba un resto del efecto de la píldora. —Dije que ganara el más fuerte… pero no sé si seré capaz de dar un paso más —pensó para sí mismo. Lian Chen lo miró con expresión pensativa y dijo: —Todavía tengo como último recurso la píldora que me entregó el anciano… pero me niego a usarla. Sin embargo, daré hasta la última gota de mi fuerza y emplearé todas mis técnicas si es necesario. Xuan Lie adoptó su postura de combate definitiva, y en su interior pensó: Este no será solo el último intercambio… aquí se decidirá quién es el vencedor. Inhaló con toda su fuerza y soltó el aire comprimido lentamente. Lian Chen se preparó a su vez y se dijo a sí mismo: Esta vez mostraré hasta dónde llega mi verdadero poder. Agitó la mano y pronunció: —¡Llama del Cielo Azul! Frotó ambas palmas, y de pronto un fuego comenzó a rodear sus manos: de un tono azul claro pero intenso, letal y profundamente peligroso. Toda la multitud guardó silencio absoluto; muchos murmuraban atónitos: —Es imposible… —Es algo que no se ve todos los días… Lan Guanyi se puso de pie y comentó: —Qué interesante… Así que Lian Chen posee este poder. Por su color y la energía que emana, puedo asegurar que se trata de una de las llamas menores de gran poder y alto rango. —Y miró a su alrededor con sorpresa—: No puedo creer que un anciano tuviera tales recursos para entregárselos a su discípulo. Lan Chaoyang tosió levemente y respondió: —No tengo tales recursos. Lo que él posee lo ha ganado con su propio esfuerzo y fuerza; nada tiene que ver conmigo. —¿Es así? —preguntó Lan Guanyi, volviendo a fijar la mirada en la plataforma de combate. El Patriarca se puso de pie y anunció con voz firme y resonante: —El combate inicia ahora. Terminará cuando solo uno de los dos permanezca de pie. Ninguno podrá morir; si la situación se sale de control, intervendré yo personalmente. Y nadie más podrá interferir. Todos guardaron silencio absoluto, aceptando la decisión a regañadientes. El anunciador asintió y proclamó: —¡Que el combate continúe y se decida al fin al vencedor de esta gran contienda! Xuan Lie observó la llama que envolvía las manos de Lian Chen y pensó para sí mismo: vaya…entonces aun tenias mucho para mostrar… Se preparó al máximo. Lian Chen comenzó a avanzar lentamente hacia él y pronunció con voz potente: —¡Llama del Cielo Azul: mar de cenizas! Tras él se alzó una inmensa ola de fuego azul que avanzaba arrasando todo a su paso. Al verlo, Xuan Lie no dudó más y se lanzó de lleno al encuentro. Mientras avanzaba hacia él, vio cómo esa pared de llamas estaba a punto de caerle encima. Sin embargo, no apartó la mirada de su rival: los ojos de Lian Chen brillaban con una intensidad que no parecía la de alguien a punto de perder. La llama cayó sobre él, envolviéndolo por completo. El fuego azul consumía su piel capa tras capa; el olor a carne quemada se extendió por toda la arena. Cada movimiento era una tortura indescriptible, sus músculos se contraían convulsionados y la visión se le nublaba entre el humo y el dolor. —¡Ya basta! —gritó alguien desde las gradas, con voz temblorosa. Pero Xuan Lie no se detuvo. Un paso. Luego otro. Y otro más, arrastrándose a través del infierno. Los gritos de dolor resonaban con fuerza, pero no cesaban. La multitud guardaba un silencio aterrorizado; entre los ancianos, algunos mostraban satisfacción, mientras otros fruncían el ceño preocupado por lo que estaba ocurriendo. El Patriarca suspiró, sintiendo que ya era el momento de poner fin a todo. Lian Chen estaba a punto de detenerse, creyendo que su rival ya había sucumbido… pero entonces, desde el corazón mismo de aquella llamarada, surgió una mano —donde la piel y la carne se desprendían— que sujetó con fuerza la muñeca de Lian Chen. Xuan Lie apareció entre el fuego y le conectó un golpe directo al rostro. Lian Chen no pudo cubrirse bien con la otra mano y comenzó a golpear con fuerza el costado de Xuan Lie, mientras este le devolvía impacto tras impacto. Ambos descargaban todo lo último que les quedaba de energía, golpeándose directamente, sin defensas, solo con la fuerza bruta que aún les quedaba en el cuerpo. Al ver que, a pesar de todas esas heridas y un dolor inmenso, Xuan Lie seguía en pie y no cedía ante la derrota, Lian Chen dejó de usar su llama y gritó con voz firme: —¡Que así sea! ¡Que gane el más fuerte! Xuan Lie soltó su muñeca. Entonces comenzaron a golpearse lentamente, pero con toda la fuerza de su último aliento. Cada impacto tardaba más en llegar, eran menos frecuentes, pero todos iban dirigidos directo al rostro: el primero en caer tras recibir un golpe sería el perdedor. La multitud, contagiada por esa adrenalina, comenzó a gritar al unísono: —¡Vamos! ¡Vamos! Nadie cedía ni un milímetro ante los golpes. Lian Chen lanzó un golpe directo que impactó en el rostro de Xuan Lie; este escupió sangre y le devolvió el golpe al instante, haciendo que su rival también escupiera sangre. Ambos respiraban entrecortados, casi sin aliento. Xuan Lie susurró: —Este será mi último golpe… Lian Chen, escuchándolo, respondió: —Quizás también sea el mío. Lian Chen descargó su último golpe contra el rostro de Xuan Lie. —¡Arg! —se quejó este, pero reunió hasta la última gota de energía que le quedaba y lanzó su puño final, impactando de lleno en la cara de Lian Chen. Todo quedó en silencio. Los dos mantenían el puño apoyado en el rostro del otro; el tiempo pareció detenerse, y solo el viento se escuchaba en la plataforma. Poco a poco, el cuerpo de Xuan Lie se inclinó hacia atrás y cayó lentamente sobre el suelo, quedando tendido. Algunos ancianos miraron al Patriarca con satisfacción, creyendo que todo había terminado… pero en ese mismo instante, el cuerpo de Lian Chen también cedió y cayó de la misma forma, quedando igualmente tendido. Todos quedaron atónitos: aquel era un resultado totalmente inesperado. El Patriarca observó a ambos combatientes en silencio. Su expresión era imposible de leer. Se puso de pie y dijo: —El combate ha terminado. Ahora se dará a conocer el veredicto final. Todos se quedaron mirando y comenzaron a murmurar: —¿Resultado? Si ambos cayeron, uno tras otro… ¿cómo se decide eso? —Sería muy injusto elegir a uno solo después de lo que han hecho. —Lo más justo sería declarar un combate sin vencedor. Entre los Treinta Ancianos, las voces se alzaron con fuerza. Lan Chaoyang tomó la palabra: —Patriarca: si bien el humano y mi discípulo cayeron al mismo tiempo, Lian Chen demostró ser superior. Él debe ser el ganador. Negarle la victoria sería incorrecto, sobre todo cuando pudo haberlo vencido desde el comienzo. Y no olviden que el humano recurrió a una píldora para igualar fuerzas. Shen Haotian respondió de inmediato: —¿Y qué si la usó? Tu discípulo posee esa llama, lo cual le daba una ventaja de por sí. El anciano replicó: —¿Y eso qué importa? Esa llama la obtuvo con su propio esfuerzo. Decidir usarla o no dependía de él, y al usarla, su victoria debería estar asegurada. Lan Guanyi intervino con calma: —Más allá de los métodos empleados, ambos utilizaron sus recursos al máximo. La decisión que tome el Patriarca será la única justa. Algunos mostraban su descontento ante cómo se tornaba la situación. El Patriarca miró al anunciador, alzó la vista hacia todos y dijo con voz firme: —Muy bien. Como Patriarca, yo daré el veredicto… He decidido que el resultado será… CONTINUARÁ… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 55 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 5 de agosto de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.