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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 54 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—¡ha, haa, ha! —Xuan Lie respiraba entrecortado, el aire le quemaba los pulmones mientras apenas lograba desviar el golpe directo que Lian Chen acababa de lanzarle con una velocidad que apenas podía seguir. En ese instante, el mundo pareció detenerse: el viento dejó de soplar, los murmullos cesaron y todo quedó congelado en una fracción de segundo. Pero enseguida la multitud estalló en gritos, celebrando el inicio del combate y expresando su asombro al ver que el humano no había caído con el primer impacto de su rival. Lian Chen no dio tregua: acortó la distancia en un parpadeo y comenzó a descargar una lluvia de golpes precisa y constante. Xuan Lie sintió que si se mantenía en ese radio de acción, moriría aplastado por la diferencia de fuerza; retrocedió lo más rápido que pudo, alzando los brazos para protegerse, pero cada golpe que lograba desviar le hacía vibrar todo el cuerpo y le dejaba rasgos profundos en la piel. Los movimientos de Lian Chen generaban corrientes de aire tan fuertes que, al chocar contra el suelo, hacían resonar la plataforma entera; cada ráfaga rozaba la carne de Xuan Lie, dejándole cortes finos pero constantes por todo el torso y los brazos. Él lo sabía con absoluta claridad: si no lograba romper esa línea de ataque, no solo perdería el duelo, sino que encontraría la muerte allí mismo. El bombardeo de impactos no cesaba, cada uno calculado para aprovechar al máximo la fuerza natural de su raza. —Maldición… no puedo perder aquí… no importa el precio… —murmuró entre dientes, escupiendo una bocanada de sangre; el entumecimiento ya comenzaba a extenderse desde sus dedos hasta los hombros. Lian Chen no mostraba ni el más mínimo signo de fatiga. Apoyó el pie derecho con tal intensidad que la piedra antigua de la plataforma se agrietó bajo su peso, estiró el brazo y lanzó un único golpe cargado con toda su energía acumulada. Xuan Lie cruzó los brazos instintivamente para frenarlo, pero su defensa se rompió como si fuera de papel: el impacto lo golpeó directamente en el pecho, lanzándolo hacia atrás como si fuera una muñeca rota. —¡Arg! —Gritó al salir despedido, estrellándose violentamente contra las gradas de piedra y quedando tendido entre el polvo y las miradas de todos, apenas capaz de mantener los ojos abiertos. Un silencio pesado cayó sobre el lugar. Algunos de los Treinta Ancianos no ocultaron su desdén: —Vaya… al parecer eso era todo lo que ese humano tenía para ofrecer. —No había mucho que esperar, después de todo. —Ser tan insignificante y atreverse a desafiar a alguien de nuestra raza cara a cara… no se puede ser más ciego ni más necio. Shen Haotian, que hasta entonces había permanecido recostado observando, se puso de pie lentamente, con el ceño fruncido y una mirada que no dejaba ver lo que pensaba. —Xuan Lie… eso no puede ser todo lo que eres —susurró para sí mismo—. No te dejarás vencer tan fácilmente. Desde lo alto de la plataforma, Lian Chen miró al humano tendido y dijo con voz clara y serena: —Esperaba algo más de un ser que se atreve a llamarse cultivador. Se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia los escalones, dispuesto a dar por terminado el enfrentamiento, pero en ese momento una voz rompió el silencio: —¡No puede ser! ¡Se está moviendo! ¡Aún sigue con vida! Lian Chen se detuvo en seco y giró de golpe. Todos vieron entonces a Xuan Lie: se arrastraba con una lentitud dolorosa, empapado en su propia sangre, respirando con un silbido que hacía eco en el silencio. El lugar donde había recibido el golpe ardía con una intensidad que parecía fuego vivo, pero apretó los dientes, clavó las manos en el suelo y logró ponerse de pie, solo para caer de rodillas al instante siguiente, temblando con fuerza. —¡Ahhh… ah… ahg! —Gritó con todo lo que le quedaba de aliento, obligando a sus piernas a sostenerlo una vez más. Cuando finalmente se mantuvo erguido, alzó la vista, escupió la sangre que le llenaba la boca y volvió a adoptar su postura de combate, con esa mirada fría que no dejaba traslucir nada. Lian Chen se detuvo y lo miró con mayor atención, acercándose despacio: —Humano, te reconozco esa voluntad… has vuelto a levantarte cuando ya deberías estar en el suelo. Pero te aseguro que hubiera sido mucho mejor que te quedaras allí. Con un solo golpe más mío, dejarás de existir. Xuan Lie no respondió con palabras; solo asintió levemente y comenzó a avanzar hacia él, paso a paso, sin prisa pero sin detenerse. Lian Chen tomó impulso, presionando ambos pies contra la plataforma hasta que nuevas grietas aparecieron en la piedra, y se presentó frente a él en un instante, lanzando un golpe directo a su rostro. La sensación de muerte cercana heló la sangre de Xuan Lie. Apretó la mandíbula hasta hacer crujir los dientes, se mordió los labios hasta hacerlos sangrar y, con todas sus fuerzas, se agachó justo a tiempo para que el puño pasara rozando su cabeza. Al intentar devolver el golpe, su brazo no tuvo la fuerza necesaria; el impacto apenas rozó el pecho de su rival, quien ni siquiera se inmutó. Lian Chen lo sujetó del brazo con una sola mano, lo levantó del suelo y lo estrelló contra la plataforma una y otra vez. —¡Arg! —El sonido de huesos rompiéndose se mezcló con sus gritos. Xuan Lie dejó de sentir el dolor físico, solo percibía cómo lo levantaban y golpeaban una y otra vez, sin poder hacer nada por evitarlo. Finalmente, Lian Chen lo lanzó con fuerza al centro de la plataforma, dejándolo tendido, cubierto de heridas externas y con fracturas internas que apenas podía soportar. —Quédate ahí, humano —dijo con frialdad—. No tienes ninguna posibilidad de vencerme. No importa qué hagas, cuánto te esfuerces: el resultado ya está escrito. Desde las gradas, algunas voces se alzaron con tono de lástima y otras de desprecio: —Oye, humano… es verdad. Ya basta. Quédate ahí y descansa. Esto ya no es un combate, es una masacre. Acepta lo inevitable. —No va a aguantar más… ¿no ven cómo está? Debería haber perdido el conocimiento hace mucho tiempo. —Que haya logrado sostenerse una vez ya es algo digno de mención, pero intentarlo de nuevo es buscar la muerte sin sentido. Los Treinta Ancianos volvieron a murmurar entre ellos: —¿Ya ha terminado el enfrentamiento o no? —El Patriarca debería ordenar que se detenga ya. El anunciador miró hacia el estrado buscando una señal, pero el Patriarca permanecía inmóvil, observando sin decir una palabra. De repente, un grito generalizado recorrió el lugar: —¡Se mueve! ¡El humano sigue aquí! Todos se pusieron de pie al mismo tiempo. Con las últimas fuerzas que le quedaban, Xuan Lie se arrastró hasta el centro exacto de la plataforma, levantó lentamente la cabeza y clavó la mirada en Lian Chen. Este lo observó y dijo: —Ya te he dicho que no tienes ninguna oportunidad. ¿Por qué sigues insistiendo? Se inclinó, lo tomó de la cabeza con una mano y lo alzó en el aire. Xuan Lie ya no tenía fuerzas ni para levantar los brazos, su conciencia se desvanecía por momentos. —Esto es todo lo que eres… y todo lo que llegarás a ser. No aspires a más de lo que tu naturaleza te permite. El Patriarca suspiró y estuvo a punto de levantar la mano para detener el combate, pero en ese momento la voz de Xuan Lie, débil pero firme, resonó: —No ha terminado… no hasta que uno de los dos caiga inconsciente. Metió la mano temblorosa en su túnica, sacó un pequeño objeto y lo mostró: —Veamos hasta dónde puedo llegar con esto. Lian Chen lo miró con confusión: —¿Qué tienes ahí? Sin responder, Xuan Lie se llevó la píldora a la boca y se la tragó de un solo movimiento. Lian Chen lo soltó de golpe y lo dejó caer al suelo: —¿Qué te has tomado? Xuan Lie escupió un poco de sangre y respondió: —No importa el camino… lo único que cuenta es el resultado final. En ese instante su corazón comenzó a latir con una velocidad tan descomunal que parecía a punto de salirse de su pecho; la sangre fluyó por sus venas con una fuerza desconocida, cerrando heridas y aliviando fracturas en cuestión de segundos, pero al mismo tiempo un dolor insoportable recorrió cada rincón de su cuerpo, haciéndolo gritar y retorcerse sin control. Todo el lugar quedó en absoluto silencio, atónitos ante lo que presenciaban. Lian Chen seguía inmóvil, observando con atención cada movimiento. El Patriarca se levantó de golpe: —¿Qué está ocurriendo? —Al parecer… se ha ingerido algún tipo de píldora potenciadora —respondió el anunciador con voz entrecortada. —¿Y eso no es acaso hacer trampa? —gritó uno de los ancianos, poniéndose de pie. Los murmullos estallaron de nuevo. El Patriarca miró a todos con severidad y preguntó: —¿Alguno de ustedes le entregó ese objeto? Todos negaron rotundamente. Entonces clavó la mirada en Shen Haotian: —¿Fuiste tú? ¿Le diste algo antes del combate? Shen Haotian no dudó ni un segundo: —No le di nada. Y aunque lo hubiera hecho, no habría nada reprochable. El acuerdo fue que el combate se desarrollaría en igualdad de condiciones, pero nadie dijo nunca qué métodos podían o no podían usarse. El Patriarca estaba a punto de responder, pero el Sabio Médico se adelantó: —Creo reconocer esa sustancia… y no es nada bueno. —¿De qué se trata? —preguntó el Patriarca con urgencia. —Es la Píldora de Sangre Potenciadora —explicó el anciano con gravedad—. Creí que jamás llegaría a ser utilizada. Es una fórmula experimental: multiplica la fuerza de quien la toma, pero su efecto es totalmente inestable. Si no lo detenemos ahora, perderá el control sobre sí mismo y su propia energía terminará destruyéndolo. El Patriarca hizo ademán de intervenir, pero Shen Haotian alzó la voz con fuerza: —Déjalo seguir. Xuan Lie sabe lo que hace; no se arriesgaría así sin tener un motivo. Si en algún momento necesita ayuda, seré yo quien intervenga. Pero si alguien intenta detenerlo antes de tiempo… tendrá que pasar por encima de mi cadáver. Un silencio helado volvió a reinar. El Patriarca lo miró fijamente durante unos segundos y dijo con voz grave: —Está bien. Lo que ocurra de ahora en adelante… tú serás el único responsable. Poco a poco los gritos de dolor de Xuan Lie fueron cesando. Se puso de pie lentamente, se sacudió el polvo y la sangre de su ropa, y volvió a adoptar su postura de combate. Uno de sus ojos había cambiado de color, tornándose de un rojo intenso y brillante. Sin decir una palabra, comenzó a avanzar hacia Lian Chen con una velocidad que este apenas pudo registrar. Antes de que pudiera reaccionar, Xuan Lie le conectó un golpe directo al abdomen. —¡Arg! —Lian Chen expulsó todo el aire de sus pulmones y salió despedido hasta las primeras filas de las gradas. Xuan Lie no dudó ni un instante: saltó hacia allí, lo sujetó de una pierna y lo lanzó de vuelta al centro de la plataforma con fuerza: —Levántate. Lian Chen tardó unos segundos en reponerse, pero cuando se puso de pie, una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro: —Vaya… esto se está volviendo realmente interesante. La multitud se dividió en dos bandos irreconciliables: unos gritaban el nombre de Lian Chen, exigiendo que demostrara la superioridad de su raza; otros, con la voz ronca por la emoción, alentaban al humano: —¡Tú puedes! ¡Muéstrennos de qué está hecho un humano! ¡Dános un combate digno! Lian Chen respiró hondo y cambió su postura por una mucho más firme y preparada: había dejado de confiarse y ahora tomaba el enfrentamiento con total seriedad. Lanzó el primer golpe, pero Xuan Lie lo esquivó con una calma que nadie esperaba. Vinieron entonces ráfagas de impactos más rápidos y precisos, pero ninguno lograba tocarlo; se movía como si conociera de antemano cada movimiento de su rival. Entonces comenzó el verdadero choque. Cada golpe que conectaba hacía crujir la piedra bajo sus pies; el viento generado por sus movimientos cortaba la piel de los espectadores más cercanos. La respiración de ambos se volvía cada vez más pesada, pero ninguno daba un paso atrás. —¡Arg! —Lian Chen recibió un golpe directo al rostro al mismo tiempo que él también golpeaba a Xuan Lie, dejando a ambos inmóviles un instante. —¿Es esto todo lo que puedes dar? —preguntó Lian Chen con dificultad—. ¿Incluso habiendo recurrido a esa píldora? —Todavía no es suficiente —respondió Xuan Lie escupiendo sangre, antes de volver a lanzarse al ataque. Lian Chen decidió usar su técnica: Partidura Roja. Se desplazó con una agilidad extrema, rodeó a su rival y le asestó un golpe seco y potente en el costado. —¡Arg! —Xuan Lie cayó de rodillas de golpe, escupiendo una cantidad abundante de sangre que manchó la piedra. —Esto es todo —dijo Lian Chen acercándose despacio—. No hay nada más que puedas hacer. Ni con esa píldora, ni con diez más. Acepta tu derrota y termina con esto. Xuan Lie no dijo nada, solo seguía respirando con dificultad. Lian Chen miró al anunciador, quien buscó la mirada del Patriarca. Este negó levemente con la cabeza: todavía no. —¿Es todo lo que esa píldora puede ofrecer? —preguntó el Patriarca al Sabio Médico. —No —respondió el anciano—. Él aún mantiene el control de su cuerpo. Si logra sostenerlo un poco más antes de que el efecto se agote, quizás podamos ver una pequeña parte de su verdadero potencial. —¿Entonces esperamos… o damos por finalizado el combate? —Esa decisión ya no nos pertenece —dijo el médico con voz baja—. Ahora todo depende únicamente de él. El Patriarca suspiró profundamente, observando al humano arrodillado, y se quedó en silencio, sin saber si detener el enfrentamiento o dejar que el destino siguiera su curso… CONTINUARÁ… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 54 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 2 de agosto de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.