Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 53 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Gritos y lamentos se oyen a lo lejos: sonido de quienes sufren o están a punto de morir…
Xuan Lie abrió los ojos de golpe. Se levantó lentamente de sus aposentos, suspiró y caminó hacia afuera. Alzó la vista: el sol ya se alzaba poco a poco.
Caminó a la cocina, tomó unos granos y se dirigió a la caseta. Se detuvo frente al estanque, miró a los peces con expresión fría y les dijo:
—Quizás esta sea su última comida… o tal vez no. Rueguen que no lo sea, rueguen que yo sobreviva, porque ustedes dependen de mí.
Esparció los granos sobre el agua y se dirigió al salón principal. Rebuscó en el lugar donde ocultaba sus pertenencias y sacó una pequeña caja de madera: en su interior aún conservaba aquella píldora que le había entregado el sabio médico.
Lo guardó dentro de sus mangas anchas y largas. Caminó hacia la salida del salón, y en ese momento resonó un golpe en la puerta. Xuan Lie se dirigió a ella, la abrió y vio a Feng.
—¿Sabes lo que estás haciendo? ¿O siquiera quién es tu rival? —le preguntó Feng.
—¿Qué importa quién sea? —respondió Xuan Lie.
—Sí importa —replicó él—. Te enfrentas a Lian Chen: es el más destacado de nuestra generación joven, el que está más cerca de avanzar en su cultivo. Si lo logra, ingresará a la Gran Puerta del Dragón de la Llama Roja. Tu rival no es cualquiera: en igualdad de condiciones, ni siquiera yo podría contra él. ¿Qué estás pensando al aceptar un duelo así?
—¿Desde cuándo te preocupa lo que me pase? —dijo Xuan Lie—. No te metas en mis asuntos.
Se dio la vuelta y caminó hacia el interior, pero Feng lo siguió de inmediato:
—No sé si estás ciego o te haces el tonto. Ese rival no te dejará ni un mínimo espacio; buscará vencerte desde el primer movimiento.
Xuan Lie dijo:
—¿Entonces es así de talentoso? Será interesante ver cómo intenta vencerme en un solo movimiento.
—Eso no tiene nada de interesante —replicó Feng—. Su primer golpe, sin importar en qué parte del cuerpo te dé, será grave. Te causará daños que tardarían mucho tiempo en sanar.
—Decirme todo eso no cambiará nada —respondió Xuan Lie—. Haré lo que sea necesario para sobrevivir.
—Sigues sin entender a quién te enfrentas —insistió Feng—. Él no se confiará como lo hicieron mi hermana o yo. Te vencerá apenas logres hacer tu primer movimiento.
Xuan Lie se dirigió al estanque y dijo:
—No importa si todas las probabilidades están en mi contra. Ganar o perder se decidirá cuando uno de los dos caiga.
Feng suspiró y preguntó:
—Dime, ¿tienes algún plan o alguna estrategia?
—¿Estrategia o plan? —respondió Xuan Lie—. Solo estoy yo. No hay plan B.
Por alguna razón, esas palabras molestaron a Feng. Estaba a punto de replicar cuando resonaron golpes en la puerta una vez más. Xuan Lie caminó hacia ella y la abrió: al ver a la persona que estaba afuera, su expresión cambió levemente, como si esperara ver a alguien más. Estaba por hablar…
Pero la figura habló primero:
—Ahorrémonos las palabras. ¿Estás listo para el combate?
Xuan Lie lo miró con frialdad, mientras el viento agitaba su largo cabello negro:
—Estoy listo.
—Bien —dijo la figura—. Se nos hará tarde, pero antes quiero decirte unas palabras. ¿Me dejas pasar?
Xuan Lie asintió y le dio paso. Feng lo miró con asombro: reconocía quién era, pero su apariencia era muy distinta a la que recordaba.
—Ahorrémonos las presentaciones innecesarias —añadió la figura.
Feng se quedó observándolo en silencio, sin dar crédito a los cambios que veía en él. Xuan Lie sirvió tres tazones de té; la figura se sentó, y Feng y él hicieron lo mismo.
Tras dar el primer sorbo de té, la figura dijo:
—Nunca he sido partidario de ningún bando, ni me gustan las divisiones. Feng, que me conoce bien, debería saberlo. Pero al conocerte a ti, Xuan Lie, creo que por primera vez no solo elegiré un bando, sino que elegiré creer en ti. Me sorprende tu forma de ser: te lanzas solo a un combate en el que puedes salir herido o muerto, y aun sabiéndolo no pides ayuda, no te inquietas. Solo esperas a que llegue el momento y dices que harás lo necesario para conseguir lo que buscas.
—Así que bien —continuó la figura—: hoy tomaré partido. Gana ese combate, y yo seré tu apoyo cuando sea necesario. Muéstrame que lo que he visto de los humanos no es todo lo que hay, que puedes ser diferente.
Extendió la mano y añadió:
—Acepta este pacto, y yo cumpliré mi parte en los momentos más cruciales.
Xuan Lie lo miró con precaución, pensativo. «La propuesta no es mala, de hecho, es buena —pensó para sí mismo—. Pero todo lo bueno suele volverse malo y traer problemas. ¿Qué debo hacer? ¿Debo aprovechar esta oportunidad?»
Alzó la vista hacia él y extendió su mano, sellando el acuerdo. No hicieron falta más palabras: el pacto quedó sellado.
La figura se levantó lentamente y dijo:
—El sol ya está casi en su punto más alto. Se nos ha hecho tarde; debemos dirigirnos a la plataforma de combate.
Xuan Lie se levantó y asintió:
—Sí, es hora de ir.
Feng los miró a ambos y comentó:
—Ustedes se parecen mucho más de lo que parece.
Luego se puso de pie y añadió:
—Yo estaré observando desde las gradas. Espero de verdad que puedas ganar, Xuan Lie.
Y con esas palabras, Feng se retiró. La figura asintió, indicando que también debían partir, y comenzó a caminar por los escalones de piedra que bajaban la montaña, rumbo a la plataforma.
Por todo el Santuario, los rumores se extendían como el viento:
—¿Has oído? Un humano se enfrentará al que consideran el mejor de la generación joven —decía uno.
—¿Será cierto? —preguntaba otro.
—Dicen que sí, y que será en condiciones totalmente iguales —respondían.
—No puede ser verdad —replicaba alguien más—. Si fuera así, el humano no solo perdería, sino que saldría destrozado.
—Según lo que supe, todos estamos invitados a presenciar este gran enfrentamiento —comentó otro—. ¿Por qué no vamos a ver si es cierto todo lo que se dice?
—De acuerdo, vamos.
Así, multitudes de miembros de la raza Shen Lan se dirigieron con prisa hacia la plataforma, ansiosos por ser testigos de lo que este combate traería.
Mientras la figura y Xuan Lie avanzaban, este último preguntó con confusión:
—¿Hacia dónde nos dirigimos?
—¿No creerás que iríamos a una plataforma cualquiera? —respondió la figura—. No, nos dirigimos a la plataforma de combate conocida como la Plataforma Azul de las Estrellas.
—¿Por qué precisamente allí? —preguntó Xuan Lie.
—Porque desde allí te verán todos, y allí te enfrentarás a tu oponente —explicó la figura mientras caminaban hacia una imponente montaña que parecía tocar el cielo. En lo alto, una gran plataforma antigua parecía flotar entre las nubes.
Xuan Lie miró hacia arriba y preguntó:
—¿Cómo subiremos?
—Escalando —respondió él—. Aunque la mitad de los escalones está destruida, con los fragmentos que flotan en el aire podremos llegar hasta la parte que aún se mantiene en pie.
Y la figura añadió:
—Si no eres capaz de subir apoyándote en los fragmentos, tampoco podrás vencer a Lian Chen.
Xuan Lie comenzó a ascender con dificultad, mientras la figura lo seguía muy de cerca, escalando sin el menor esfuerzo. Así avanzaron ambos hasta llegar a la plataforma.
Allí, en el centro de la inmensa extensión, esperaba Lian Chen con los ojos cerrados, mostrando una calma absoluta ante la multitud que lo observaba desde las gradas. El viento soplaba con fuerza, agitando sus túnicas de mangas anchas.
El anunciador proclamó:
—El humano Xuan Lie está convocado. Que se presente en la plataforma para dar inicio al combate.
Un silencio pesado invadió todo el recinto, roto solo por murmullos:
—¿Será que se ha acobardado?
—¿No vendrá? ¿Huyó?
El anunciador continuó con voz firme:
—Si al tercer llamado no se presenta, quedará descalificado y el resultado se dará por decidido.
Volvió a llamar:
—El humano Xuan Lie: que haga su presencia en la plataforma de combate.
El silencio persistió; Xuan Lie no aparecía todavía. Qingyin susurró a su padre, Lan Guanyi:
—¿Vendrá?
El padre respondió con voz baja:
—Tiene que hacerlo. No tiene otra opción.
Algunos mostraban preocupación, otros dudas, y otros como Lan Chaoyang sentían alegría al ver que Xuan Lie no aparecía.
El anunciador repitió por tercera vez:
—El humano Xuan Lie: que se presente para dar inicio al combate.
Una vez más el silencio invadió el lugar, seguido de rumores:
—Creo que huyó.
—Seguro sintió miedo.
—Quizás nunca tuvo intención de venir.
—Así son los humanos: cobardes.
El anunciador miró al Patriarca, y al no recibir objeción alguna, dijo:
—Bien, anuncio que el humano Xuan Lie no…
De pronto, una voz estruendosa resonó en todo el recinto:
—¡Él ya está aquí!
Todos alzaron la vista. Desde la parte baja, por donde descendían los escalones de piedra, fueron testigos de cómo Xuan Lie subía paso a paso sin mostrar ninguna prisa: su largo cabello negro ondeaba al viento, sus ojos fríos no se detuvieron en nadie, vestía su túnica negra de mangas anchas y largas, y llevaba la placa sujeta en su cinturón negro. Detrás de él lo seguía la figura, con la misma calma, pero con un aspecto muy distinto al que todos conocían.
Varios ancianos de los Treinta Ancianos se pusieron de pie de golpe. El Patriarca no pudo ocultar su asombro. Lan Guanyi no daba crédito a lo que veía. Lian Jianghe dejó de disimular su sorpresa: nunca había visto a esa figura con ese porte. El sabio médico sonrió:
—¡Jo, jo, jo! Esto sí que será interesante.
Gran parte de la multitud también quedó atónita: no tanto por reconocerlo, sino por la forma en que lucía y por el hecho de que siguiera tan de cerca al humano.
Detrás de Xuan Lie avanzaba la figura: vestía túnicas de mangas anchas y largas, negras por fuera y de un intenso azul en su interior. Su cinturón negro sujetaba una placa que decía Shen Haotian, y al otro lado se leía: Tercer Anciano. Su cabello estaba perfectamente arreglado, su apariencia impecable; se mostraba como un anciano poderoso y respetado, con un rostro que por primera vez se veía frío y serio, siguiendo muy de cerca al joven. Ya no era el Shen Haotian que todos conocían como bebedor: era el Tercer Anciano, uno de los más poderosos entre los Treinta Ancianos de la raza Shen Lan, y ahora su nombre y su título cobraban todo su verdadero peso.
Al pisar ambos la plataforma, toda la multitud al ver a shen haotian se pusieron de pie y le hicieron una leve inclinación en señal de respeto. Entonces Shen Haotian habló con voz firme y resonante:
—Yo, Shen Haotian, tomo a Xuan Lie como mi protegido. Si pierde, haré lo necesario para resguardar su vida. Y si gana, lo protegeré de todos aquellos que tengan otras intenciones.
El Patriarca sonrió desde su asiento en las gradas. Lan Guanyi le susurró:
—¿Está bien dejar que diga y haga esto?
—Déjalo —respondió el Patriarca—. Es la primera vez que lo veo así, tan decidido. Veamos qué cambios traerá su decisión.
En la multitud, muchos quedaron asombrados por esas palabras. Entre los demás ancianos, a algunos no les gustó lo que acababa de decir; otros mostraron curiosidad, y quienes lo conocían mejor se sorprendieron al ver así a ese hombre que casi nunca parecía importarle nada.
Entonces el Patriarca se levantó y dijo:
—Bien. Ahora que el humano y Lian Chen están presentes en la plataforma, demos inicio al combate. Pero antes quiero dejar claro: solo habrá un ganador. Si Xuan Lie vence, se le permitirá entrar a la Gran Biblioteca de Zurc, y además el anciano Chaoyang le entregará los recursos prometidos. Si gana Lian Chen, yo, como Patriarca, le ofreceré lo mismo. Dicho esto, anuncio el inicio de este gran enfrentamiento.
El anunciador miró al Patriarca, asintió y proclamó:
—¡Bien! Damos inicio al combate sin nombre: un solo ganador, un perdedor. ¡Comienza el gran enfrentamiento!
Shen Haotian se acercó a Xuan Lie y le susurró:
—Yo te cubriré. Así que lucha para ganar: usa cualquier método, todo lo que te lleve a la victoria. Yo respaldaré tus decisiones, así que emplea todo lo que tienes.
Luego pasó frente a Lian Chen, que aún mantenía la calma y los ojos cerrados, lo miró con una leve sonrisa sin decir una palabra más y subió a las gradas para sentarse junto al Patriarca. Este le dijo en voz baja:
—Hay mucho que no sé. Tendrás que contarme desde cuándo tomas decisiones de este tipo.
El anciano sonrió y respondió:
—Solo soy un anciano que decidió ofrecerle la mano al humano sin importar el resultado de las cosas.
En ese instante, el combate dio inicio. Lian Chen abrió los ojos, recorrió a Xuan Lie de pies a cabeza con la mirada y dijo con tranquilidad:
—Pensé que no vendrías.
Xuan Lie solo lo miró fijamente, sin responder. El aire se volvió pesado; una brisa fuerte agitaba sus túnicas y sus cabellos. Todo el recinto quedó en absoluto silencio, esperando para ver quién haría el primer movimiento.
Sus miradas se cruzaron. Lian Chen dio un leve paso que generó tal presión que agrietó el suelo donde pisó; su figura se movió con una velocidad asombrosa y en un instante ya estaba frente a Xuan Lie, a punto de asestarle un golpe directo al rostro.
Xuan Lie apenas tuvo tiempo de inclinar la cabeza hacia un lado: el puño pasó rozando su mejilla por el grosor de un cabello. Había logrado esquivarlo por muy poco. Lian Chen, sin mostrar el menor asombro, dijo:
—SI ASÍ TIENES QUE SER, NO PIERDAS TAN FÁCIL…
CONTINUARÁ…
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AUT: OLVIDADO

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Capítulo 54
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 53
Estás leyendo el capítulo 53 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 22 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.