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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 52 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Mientras regresaba subiendo la montaña hacia la mansión, Xuan Lie se detuvo en los escalones de piedra. Se giró lentamente y contempló desde lo alto cómo el sol bañaba cada rincón del Santuario. Sus ojos eran tan oscuros y profundos que, incluso con la luz reflejándose en ellos, no parecía haber rastro de vida en su mirada. El viento movía su cabello y agitaba sus túnicas; él alzó la vista, cerró los ojos y dejó que la luz del día cayera sobre su rostro, inhalando profundamente. Luego abrió los ojos, se dio la vuelta con calma y continuó su ascenso hasta llegar a la puerta de la mansión. Entró y caminó hacia sus aposentos, pensando para sí mismo: —Quizás la vida nos obliga a ser fuertes no porque desee que sobrevivamos, sino porque busca deshacerse de los débiles, permitiendo así que solo los fuertes vivan. Perdido en sus pensamientos, reaccionó y se dirigió a la cocina, donde tomó algunos granos. Regresó a la caseta y, mirando al estanque, dijo: —¿Qué serían de ustedes? Dependen de mí… pero yo no de ustedes. Entonces, ¿por qué lo hago? Xuan Lie vio a los peces nadar como siempre y añadió: —Quizás si fuera un pez tuviera que depender de alguien, pero como soy un humano no puedo depender de nadie. Solo estoy yo… y solo yo. Le tiró los granos, dándoles de comer. Al verlos terminar, comentó: —No parecen satisfechos. Quizás sea así… o quizás no. Pero la vida es así: si no estás satisfecho, ve por más. Pero si no eres capaz, entonces vive como siempre, dependiendo de los demás y siendo conformista. Se giró, se preparó un poco de té y se sentó en la silla mecedora: —Pero yo, Xuan Lie, me niego a ser conformista. Me niego a depender de los demás. No recibí esta segunda oportunidad para ser solo un espectador más de este mundo. O lo intento… o muero en el intento. Sin importar: este mundo solo me podrá ofrecer una salida… y quizás muchas veces ninguna. Mientras bebía el té, soltó una risa: —Quizás muchos esperen demasiado de mí mañana… pero tendré que decepcionarlos. No me importa cómo tenga que hacerlo. El método nunca importará: si puedo ganar, tomaré cualquier camino, sin importar qué tan sucio sea. No estoy aquí para demostrarle nada a nadie; solo busco sobrevivir y ser fuerte, sin importar el precio que deba pagar. Se sirvió más té y dijo: —Es suficiente. Se puso de pie, se recogió las mangas largas de la túnica y se dispuso a entrenar para relajar el cuerpo y calmar la mente. Entonces su cuerpo y su pensamiento se fundieron en uno solo: comenzó a golpear con precisión, a realizar ejercicios que llevaban su resistencia hasta el límite. Mientras entrenaba, Shen Haotian saltó por encima de los muros y entró en la caseta, observándolo en silencio. Al cabo de un rato le dijo: —Si buscas vencer a alguien de la raza Shen Lan solo con fuerza física, no lograrás nada. Tú mismo sabes lo resistente que puede ser un miembro de nuestra raza. Entonces… ¿tienes algún método? Xuan Lie continuó entrenando sin responder, sin romper su concentración. Pasado un tiempo se detuvo y dijo: —Lo sé. Sé que en igualdad de condiciones no puedo vencer a alguien de tu raza… —Si lo sabes —lo interrumpió Shen Haotian—, ¿para qué haces esto? ¿No deberías estar ideando un plan o pidiendo ayuda? —¿Por qué tendría que hacerlo? —respondió Xuan Lie—. No me gusta deberle nada a nadie. ¿Un plan? El combate es mañana; solo me queda esperar a que llegue el día y luchar para ganar. De lo contrario, quizás muera por un golpe directo. Así es la vida: siempre hay un ganador y un perdedor. Pero mañana lucharé de todas las formas posibles, y si para ganar debo recurrir a métodos sucios, lo haré. Nada me detendrá, salvo la muerte misma. Mientras mi corazón no deje de dar su último latido, siempre habrá una oportunidad de cambiar el resultado de la batalla. Shen Haotian, sorprendido, suspiró y dijo: —Cada vez que hablo contigo me asombra tu forma de pensar. No sé si eres muy sincero… o simplemente demasiado tonto para medir lo que dices. —Quizás sea las dos cosas —respondió Xuan Lie—, pero no importa lo que pienses. Lo único que cuenta es el resultado de mañana. Y dime… ¿a qué se debe su visita? —Pensé que necesitarías ayuda, por eso he venido —dijo Shen Haotian, tosiendo levemente. —Le agradezco su intención —dijo Xuan Lie—, pero encontraré la forma a mi manera de conseguir lo que busco. En el peor de los casos, lo único que puede pasar es que muera. Shen Haotian lo miró fijamente y preguntó: —¿Le tienes miedo a la muerte? Xuan Lie lo observó con esos ojos negros y profundos, sin mostrar emoción alguna. Quiso decir que ya había muerto una vez, pero en su lugar respondió: —¿Temer a la muerte? Es algo normal. Incluso quienes cultivan deberían temerle, ¿no le parece? —¿Es así? —murmuró Shen Haotian. Xuan Lie asintió: —Sí. Porque por muy fuerte que te vuelvas, siempre habrá alguien más fuerte. Así es la vida del poderoso: llena de obstáculos. Pero lo que debemos hacer es avanzar sin mirar atrás. Suena cruel, y lo es; pero para ser fuertes debemos dejar muchas cosas atrás. Solo así podremos buscar la verdadera fuerza y ser dueños de nuestro destino. Si nos limitamos a cumplir las normas, solo terminaremos siendo esclavos de quienes tienen el poder. Shen Haotian, sorprendido por su forma de pensar, preguntó: —¿No eres demasiado joven para pensar así? Xuan Lie sonrió con amargura: —Este mundo me lo ha enseñado desde que nací, de mil maneras distintas. Lo miró fijamente y añadió: —El mundo no nos esperará. O nos volvemos lo suficientemente fuertes para ser dueños de nuestro destino, o morimos a manos de los poderosos o de lo que desconocemos. Por eso la única salida es volvernos tan fuertes que ni siquiera el propio mundo pueda ponernos límites ni intentar acabar con nosotros. —Es interesante —dijo Shen Haotian—, y es muy cierto lo que dices. Por lo que veo, estás decidido, así que no interferiré. Pero si aún no sabes qué hacer, puedes acudir a mí: puedo ofrecerte algo de ayuda. Xuan Lie se inclinó: —Lo tendré en cuenta, anciano Shen Haotian. —No hace falta tanto respeto —respondió él—. Nos vemos mañana, Xuan Lie. Tengo muchas ganas de ver qué clase de giro lograrás darle a todo esto. Xuan Lie lo vio retirarse. Luego se fue a lavar el sudor acumulado por el entrenamiento; al terminar, se arregló y volvió a la caseta. Se preparó té, se sentó en la silla mecedora, dio un sorbo y dijo: —Yo también tengo curiosidad… ¿qué clase de rival me tocará enfrentar? En una zona del Santuario, dentro de una mansión, se escuchaban pasos por los pasillos y las voces de tres personas: allí estaban Lan Chaoyang —quien había propuesto la idea del duelo—, el anciano Shen Changfeng y otro llamado Shen Qingyu. Changfeng preguntó: —¿A quién elegirás para que se enfrente al humano? Qingyu asintió con la cabeza y respondió: —Es cierto, no hace falta pensarlo mucho: un humano en igualdad de condiciones no tiene ninguna forma de ganarle a alguien de nuestra raza. —Aun así —replicó Changfeng—, el rumbo de un combate puede cambiar en cualquier momento. Por eso no podemos descuidarnos al elegir a su rival. —Es cierto —dijo el anciano Lan Chaoyang—. Además, he oído rumores sobre ese humano: se enfrentó a los dos hijos del Patriarca. Changfeng, asombrado, preguntó: —¿Y cuál fue el resultado? —Contra Feng solo logró hacerlo retroceder; al final, Feng ganó. Contra Yue, la hija menor: ganó Xuan Lie, pero tuvo que sacrificar su brazo para conseguir la victoria —explicó Chaoyang—. Pero en condiciones iguales, como bien dicen, no tendría oportunidad. Eso queda claro por lo que se sabe de su enfrentamiento contra Feng. —Entonces no debemos preocuparnos —concluyó Qingyu—. Solo enviemos al mejor discípulo entre nosotros. Hagamos que el humano vea la verdadera diferencia de fuerza y entienda que nunca podrá aspirar a más que a ser un simple herrero. Cuando Changfeng estaba a punto de hablar, se escucharon golpes en la puerta y una voz que decía: —Estoy aquí, maestro. El anciano Chaoyang se levantó y dijo: —Ya era hora. Pasa. Las puertas se abrieron y entró una figura joven, que se inclinó con gran respeto: —¿Me mandó llamar? El anciano asintió: —Tengo algo que decirte. Qingyu miró a Changfeng, y luego el anciano Chaoyang continuó: —Se ha decidido un enfrentamiento contra el humano que ahora es el herrero de nuestra raza, y algo más que eso. ¿Sabes algo de él? El discípulo asintió: —No sé mucho, pero he oído rumores. —Bien —dijo Chaoyang—, así me ahorro explicarte quién es. He pensado que tú serás quien se enfrente a él en duelo. ¿Qué opinas, Lian Chen? El joven asintió con firmeza: —Si el maestro cree que soy el indicado, no lo decepcionaré. Daré lo mejor de mí. —No se trata solo de dar lo mejor —lo corrigió Qingyu—: tienes que destruirlo psicológicamente. Haz que desee nunca más haber sido solo un herrero. Muéstrale la verdadera diferencia de poder. Changfeng lo interrumpió para añadir: —Y, sobre todo: no te confíes. Es un humano; cualquier oportunidad que le des, la aprovechará. Tienes que ganar. El anciano Chaoyang dijo: —Te daré algo, ya que la victoria de mañana depende en gran medida de ti. El resultado nos dará mucho impulso ante el pueblo, hará que empiecen a dudar del Patriarca y, si todo sale según lo planeado, quitarlo de su puesto dejará de ser imposible. Así que no puedes permitirte perder, ¿entiendes? Lian Chen se inclinó: —Haré lo necesario para ganar. Chaoyang sacó entonces una píldora y dijo: —Es una píldora potenciadora. Si fuera necesario, tómala y muéstrale al humano de verdad qué es tu fuerza. Lian Chen volvió a inclinarse: —Gracias. Me retiro. El anciano asintió y vio cómo se marchaba. Cuando quedaron solos de nuevo, Changfeng comentó: —Creo que elegirlo a él es una de nuestras mejores decisiones; no tendremos que preocuparnos demasiado. —Es cierto —reconoció Qingyu—, lo importante es ganar. Lan Chaoyang volvió a sentarse y añadió: —Aun así, seamos precavidos. Sé que algunos ancianos querrán brindarle su ayuda al humano, y por eso he tomado estas medidas. No tienen mucho que ofrecerle: es un ser frágil. Si le dan alguna píldora, solo corren el riesgo de que muera por su efecto. Y no importa qué tesoro le entreguen para asegurar su vida: no servirá de nada si no es capaz de usarlo. De cualquier forma, ya he dejado todo preparado; solo nos queda esperar el resultado de mañana. Sonrisas de satisfacción aparecieron en los rostros de los ancianos Changfeng y Qingyu al pensar en el plan que llevaban a cabo. Pero entonces Qingyu, pensativo, preguntó: —¿Y qué pasa si gana tu discípulo… o si el Patriarca interfiere antes de que termine el duelo? Lan Chaoyang respondió con calma: —No debemos preocuparnos por eso. Lan Zuiwen no puede tomar partido: todo el pueblo lo estará observando. Él sabe lo mucho que nuestra gente puede llegar a odiar a los humanos; si se pone de su parte, quedará claro que está del lado del humano. Y aun si eso ocurre, nos beneficiará: el pueblo se dividirá en dos bandos, y eso nos traerá aliados inesperados. En cualquier caso, todo está planeado. Y además, tengo curiosidad por saber qué trama el Patriarca: él debería ser capaz de ver que en igualdad de condiciones el humano no tiene posibilidad de ganar. ¿De verdad va a arriesgarlo todo por alguien que solo aprendió el arte de la herrería? —Es cierto —asintió Qingyu. —Por eso tengo curiosidad —continuó Chaoyang—: ¿qué es lo que le hace confiar en que el humano tiene alguna oportunidad o alguna forma de vencer? Pero ya lo veremos. Veremos si ese humano en el que ha depositado una apuesta tan arriesgada está a la altura de las expectativas que tiene sobre él. Y el anciano Chaoyang soltó una carcajada estruendosa. Así, la tarde se desvaneció y la noche estaba a punto de cubrir por completo el Santuario Shen Lan. Xuan Lie repasaba en silencio textos sobre herrería, mientras una figura sentada en lo alto del muro lo observaba: vestía una túnica azul oscuro de mangas anchas y largas, ceñida con un cinturón negro, y sus ojos azul profundo brillaban en la penumbra. Xuan Lie sintió la presencia y dijo sin levantar la vista: —No es correcto espiar a otros. Lian Chen bajó al instante, caminó hacia la caseta y respondió: —¿Incorrecto? He escuchado rumores de todo tipo sobre ti. Creí que te entrenarías hasta el agotamiento o idearías algún plan para vencer a tu rival; sin embargo, aquí estás, solo leyendo. Xuan Lie lo miró sin mostrar alerta alguna: —Entrar sin permiso en casa ajena es una gran grosería… Lian Chen sonrió: —¿Y qué importa? Quería ver qué clase de humano eres. Pensé que darías mucha pelea, pero al verte no veo más que a alguien que descansa tranquilo en lugar de preocuparse por lo que pasará mañana. Sin apartar la atención del texto, Xuan Lie respondió: —Vivo el día de hoy; mañana será otro día. —Es cierto —replicó Lian Chen—, quizás no sepas lo que hay detrás de nuestro duelo, por eso te mantienes tan sereno, como si alguien fuera a ayudarte o salvarte mañana. Xuan Lie alzó la vista y miró la placa que llevaba Lian Chen: —¿Te llamas así? Él asintió, y Xuan Lie añadió: —No me interesan tus intenciones al venir hoy. Solo vete: interrumpes mi paz. —Me iré —respondió Lian Chen—. Quizás me lleve una gran decepción: esperaba encontrarme con un gran oponente. Y así, Lian Chen se marchó, desvaneciéndose en la oscuridad. Xuan Lie se puso de pie y murmuró: —Entonces tú eres mi rival. Miró hacia el cielo oscuro y se dijo a sí mismo: —¿El resultado de mañana? No importa qué planes o intenciones tengas tú o los demás. Mi único objetivo mañana será ganar; ya pensaré en el resto después. Suspiró, se dio la vuelta y se dirigió lentamente a sus aposentos. Se recostó, cerró los ojos y esperó a que llegara el nuevo día, junto con la victoria que buscaba, sin importar lo que debiera hacer o arriesgar para conseguirla. CONTINUARÁ… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. 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Estás leyendo el capítulo 52 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 20 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.