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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 51 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—Yo asumiré toda la responsabilidad de lo que ocurra —dijo el Patriarca—; si es necesario, correré el riesgo. —Eso va mucho más allá de que solo tú cargues con la culpa —respondió Shen Haotian. —Lo sé —reconoció el Patriarca—. Por eso, quien se oponga a mi decisión verá por qué sigo siendo el Patriarca. Luego se dirigió a Xuan Lie: —Toma el cofre y guárdalo muy bien: que nadie se entere de esa hebra de sangre. Si alguien descubre que posees algo así, solo despertarás su codicia. No puedo explicarte cómo funciona: solo otro cultivador humano podría ayudarte, o tendrás que descubrirlo tú mismo. Pero ten cuidado: corres el grave peligro de sufrir daños si intentas usarla sin la debida precaución. Hizo una pausa y añadió: —Bien, Xuan Lie: por hoy quédate aquí. Regresaré para organizar todo lo necesario antes de que vayas a ese lugar. Y tú, Shen Haotian: tengo una misión importante para ti, pero primero encárgate de enviar personal para que reconstruyan la herrería. Shen Haotian asintió e hizo una reverencia, y el Patriarca se retiró. Ambos se despidieron, y Xuan Lie se inclinó para despedirse también. Mientras el Patriarca y Shen Haotian bajaban por la montaña, reinó un silencio entre ellos. Al cabo de un momento, el Patriarca preguntó: —Estás muy callado… ¿te ocurre algo? ¿Hay algo que deba saber? —Nada —respondió Shen Haotian—. Solo siento curiosidad por algo, pero quizás algún día esa duda se resuelva sola. —¿Ah, ¿sí? —murmuró el Patriarca. Shen Haotian siguió pensativo: había percibido algo extraño en la personalidad que Xuan Lie mostró durante el duelo. Pero prefirió guardarse lo que había notado; solo el tiempo diría qué fue lo que realmente ocurrió, y qué había detrás de esa faceta suya. Ya solo, Xuan Lie observó el cofre y pensó para sí mismo: —Para cultivar no solo se necesitan esas siete Hebras de la Libélula… también debo escalar y cruzar esa puerta para entrar al mundo del cultivo. De lo contrario, mi alma quedará reducida a cenizas por aquel dragón. Bajó la mirada, con el cabello cubriéndole el rostro y los ojos endurecidos por la decisión: —No importa el camino. Si para lograrlo debo arriesgar mi propia alma, entonces que mi alma arda junto a la llama roja del dragón. Lucharé sin importar qué se interponga en mi paso: lograré entrar al mundo del cultivo. Entró a sus aposentos, guardó el cofre en un lugar seguro y se dirigió a la cocina; tomó algunos granos y regresó a la caseta para darles de comer a los peces del estanque. Al terminar, se sentó en la silla mecedora, viendo pasar el día en silencio y reflexión: su camino se había reducido a luchar, sin saber qué le depararía el día siguiente. Cuando cayó la tarde, Xuan Lie se levantó lentamente, volvió a la cocina, se recogió las mangas anchas y se puso un delantal: por primera vez hacía algo distinto. El atardecer parecía envolverlo en una paz única: sin interrupciones, sin presiones, sin preocupaciones; solo él y los fogones. Mientras preparaba los alimentos, un suave silbido brotaba de sus labios, una melodía sencilla que se fundía perfectamente con el silencio del lugar. El viento entraba suavemente por la ventana mientras Xuan Lie terminaba de cocinar y acomodaba la mesa en la caseta para comer. Fue a la cocina a buscar algo de beber, cuando de pronto la puerta resonó con fuerza. Xuan Lie se quedó inmóvil, pensando: —Es molesto que estos jóvenes aparezcan aquí justo ahora. Si alguien oyera mis pensamientos, creería que estoy mal o que me hago pasar por un viejo gruñón. Dejó lo que hacía, se dirigió a la entrada y abrió: allí estaban Feng, Yue y Qingyin. —Venimos a visitarte —dijo Feng—, y te he traído un poco de licor. —No puedo beber —respondió Xuan Lie. —Vamos, tú me acompañaste la otra vez —insistió Feng. Xuan Lie lo miró fijamente: —La otra vez solo fue un sorbo, nada más. —Sí, sí, lo que tú digas —dijo Feng sin darle importancia—. Déjanos pasar. Los tres entraron: Qingyin lo saludó con amabilidad, mientras que Yue se mantuvo indiferente y ni siquiera lo miró. Xuan Lie sintió cómo la tranquilidad que había disfrutado durante la tarde acababa de desaparecer. —Todo se ve increíble —dijo Feng—. No sabía que también supieras cocinar. —Es cierto —afirmó Qingyin asintiendo—, se ve todo delicioso. —Cualquiera puede preparar algo así —refunfuñó Yue en voz baja. Feng le dio un pequeño pellizco y le susurró: —No hace falta que te lleves bien con él, solo convive. Él ha ayudado mucho a nuestro padre, así que seamos agradecidos. Qingyin miró a Xuan Lie y preguntó: —¿Puedo servir la comida? —Haz lo que quieras —respondió él sentándose, sin mostrar ninguna emoción. Qingyin comenzó a repartir los platos y sirvió un cuenco de licor para todos. Los demás tomaron asiento; ella juntó las manos e hizo una reverencia para dar las gracias por la comida. Luego Feng alzó su cuenco y dijo: —Brindemos por este banquete preparado por Xuan Lie, y por el licor que hemos traído. Qingyin alzó su cuenco, pero Yue se negó con los brazos cruzados, al igual que Xuan Lie. —Vale, vale, ya es suficiente —dijo Feng—. Esto no es ninguna guerra ni un duelo de miradas, solo una comida normal. Vamos a comer. Qingyin asintió y todos comenzaron a cenar. Xuan Lie no estaba conforme con la situación, pero se puso a comer de todos modos. La tarde transcurrió mucho más rápido de lo que parecía, y pronto la noche cubrió el Santuario Shen Lan. Feng, ya un poco borracho, dijo: —Xuan Lie… la próxima vez que nos enfrentemos te venceré rápido. No volveré a confiarme demasiado. Qingyin se había quedado dormida con la cabeza sobre la mesa y murmuró entre sueños: —Sí… Yue, que también había bebido y estaba muy alerta, no dejaba de mirar fijamente a Xuan Lie. Este no se movió, solo escuchó, suspiró y susurró para sí mismo: —Por eso mismo no me gustan las visitas. Xuan Lie añadió: —Puedes llevarte a tu hermano, Yue. Ella le recriminó de inmediato: —No somos lo suficientemente cercanos para que me llames por mi nombre. —Entonces llévatelo tú —corrigió él con calma. Yue miró a Qingyin y advirtió: —No intentes nada raro con ella. Mandaré a sus sirvientes para que vengan a buscarla. Se levantó y ayudó a Feng a ponerse de pie: —Tenemos que irnos. No debiste beber tanto si no eres capaz de soportarlo. —¿Qué más da? —respondió Feng sin darle importancia—. Debemos celebrar que Xuan Lie es oficialmente un Maestro Herrero. Nada más importa. —Sí, sí, ya vámonos —dijo ella, y ambos se retiraron bajando la montaña. Poco después llegaron dos sirvientas y se llevaron a Qingyin. Así, Xuan Lie se quedó solo y suspiró aliviado: —Por fin podré descansar. Se acomodó en la silla mecedora y dejó que la brisa fresca de la noche acariciara su rostro. Recostó las manos sobre sus piernas, soltó un largo suspiro y cerró los ojos; el poco licor que había tomado terminó por vencerlo. Se quedó dormido en medio de la oscuridad, descansando y disfrutando de esa paz que tanto anhelaba. Al día siguiente se escuchaba el canto de las pocas aves que entonaban sus melodías, acompañado del viento suave pero fresco y el chapoteo de los peces al nadar. El sol asomaba en el horizonte, bañando con su luz cada rincón del Santuario Shen Lan y llegando hasta el rostro de Xuan Lie. Se oyeron golpes en la puerta, pero su sueño era tan profundo que no logró escucharlos. Entonces una figura saltó por encima de los muros, se acercó por detrás y dijo: —Oye, humano. Movió levemente la silla mecedora; Xuan Lie despertó, vio que el sol ya estaba alto y miró a su lado: era Lan Jianghe, quien lo observaba en silencio. Reaccionó de inmediato, se puso de pie y preguntó: —¿Qué ocurre? —No pretendía entrar sin permiso —explicó Lan Jianghe—, pero parecías sumido en un sueño muy profundo y no respondías, así que tuve que cruzar los muros. Espero no molestarte. Xuan Lie hizo una reverencia respetuosa: —No hay problema. ¿Qué pasa? —El Patriarca me ha ordenado llevarte al Gran Salón. Xuan Lie asintió: —Entendido. Se lavó el rostro rápidamente y siguió a Lan Jianghe mientras bajaban la montaña. Al llegar a la entrada del Gran Salón, Lan Jianghe anunció su llegada y comunicó que traía al humano, tal como el Patriarca había ordenado. La voz del Patriarca resonó al instante: —Pasen. Las enormes puertas se abrieron, revelando a los veintinueve ancianos reunidos en el interior. Lan Jianghe entró junto a Xuan Lie; las puertas se cerraron tras ellos, sumiendo el lugar en un silencio absoluto. Xuan Lie llevaba puesta la placa que lo acreditaba como Maestro Herrero, y nadie parecía dispuesto a reprocharle su presencia. Entonces el Patriarca alzó la voz, que se escuchó con fuerza en todo el recinto: —Se ha presentado un inconveniente grave, y he tomado una decisión. Los he convocado a todos no para pedir su aprobación, sino para informarles qué tipo de medida he adoptado y sobre qué asunto recae. Algunos ancianos comenzaron a murmurar entre sí: —Ya tomó la decisión de permitir que un humano camine entre nosotros… —Prefirió mantenerlo aquí en lugar de expulsarlo, para no atraer la atención de otras razas… —Y, además, sus dos hijos se han unido a él… Así se sucedieron los comentarios, todos apuntando hacia la figura del Patriarca. —¡Silencio! —ordenó él, con una voz que resonó en todo el salón. Se levantó de su trono y continuó: —Yo, Lan Zuiwen, cargo con mucho más que simples responsabilidades. Si escucho acusaciones, no me importan. Si es necesario para mantener viva la llama de nuestra raza, ninguna norma es sagrada: romperé cualquier regla. Pues bien: he decidido dejar entrar al humano —o mejor dicho, al Maestro Herrero— en la Gran Biblioteca que nuestros antepasados llamaron la Biblioteca Antigua de Zurc. Al escuchar esto, los ancianos no dejaron que terminara de hablar y le recriminaron: —No deberías haber tomado esa decisión por tu cuenta —dijo uno. —No solo vas en contra de nuestras normas, estás rompiendo leyes que nuestros antepasados establecieron —añadió otro. —¡Qué atrevimiento! —exclamó un tercero. —Que tu padre te haya heredado el trono no significa que nosotros lo permitamos —replicó otro—. ¿Cómo te atreves a decidir algo así solo? ¿Eres consciente de lo que dices? Lan Guanyi, al oír las acusaciones dirigidas a su hermano menor, estaba a punto de intervenir, pero el Patriarca le hizo una seña para que guardara silencio. —Quien se oponga, que dé un paso adelante —dijo entonces el Patriarca—. Quien crea que no debo seguir siendo el Patriarca, que dé un paso. Y quien piense que puede vencerme, que dé dos; pero una vez hecho, que asuma las consecuencias. Puedo tolerar todas las acusaciones que quieran lanzarme contra mí, pero jamás permitiré que se diga nada sobre mi familia. La ira de los ancianos creció aún más, y muchos replicaron mostrando su total desaprobación ante lo que el Patriarca estaba haciendo. Entonces, uno de ellos dijo: —Pues bien, ya que has tomado la decisión tú solo… que el humano se enfrente a uno de nuestros discípulos. No importa de quién sea, pero debe medir sus fuerzas con uno de ellos. Al escuchar la propuesta, todos guardaron silencio. El Patriarca sonrió y dijo: —Bien. Explícame tu propuesta. —Es sencillo —continuó el anciano—: que se enfrente a un discípulo en igualdad de condiciones. Si logra vencerlo, le permitiremos entrar a la Biblioteca de Zurc. Algunos asintieron con malicia. El Patriarca sabía perfectamente que poner a Xuan Lie frente a un discípulo de cualquiera de ellos en igualdad de condiciones era una muerte segura para él. Miró entonces a Xuan Lie, clavando la vista en él como si le preguntara qué opinaba. Xuan Lie soltó una risa amarga: —Estoy de acuerdo. Acepto las condiciones. Pero si gano, permitirme entrar a la biblioteca no debería ser una recompensa… sería un derecho… El Patriarca esbozó una leve sonrisa: conocía bien lo que buscaba Xuan Lie. Shen Haotian también sonrió, y el Patriarca añadió: —Me parece justo lo que proponen. Claro está, en caso de que Xuan Lie logre ganar el duelo. El que propuso la idea, Lan Chaoyang, dijo: —Bien, ofreceré una recompensa en caso de que logre vencer a uno de nuestros discípulos, pero nosotros elegiremos a quien se enfrentará al humano. Xuan Lie se giró y lo miró: —Me parece justo. —Bien —concluyó el Patriarca—, ya que ambos están de acuerdo, el duelo se realizará mañana en la plataforma de combate. Avisen a todos: quien quiera asistir como espectador y ver el resultado, puede acercarse. Xuan Lie, puedes retirarte. Lo miró fijamente, con una expresión que le indicaba que no podía perder, sin importar qué ocurriera. Xuan Lie se inclinó para despedirse y salió del Gran Salón. Los demás ancianos también se retiraron; algunos casi le dieron la espalda al Patriarca, algo que molestó profundamente a Lan Guanyi y a Lan Jianghe. Pero el Patriarca habló en voz baja, para que solo ellos pudieran escucharlo: —No hace falta decir nada. Dejemos todo en sus manos. Después de todo, ya ha logrado vencer a uno de nosotros cuatro. Volteó la mirada hacia Shen Haotian, quien desvió la vista e intentó disimular como si él fuera quien había perdido contra Xuan Lie. Lan Guanyi se quedó asombrado, mirando alternativamente a Lan Qingyin y a Shen Haotian, preguntándose a quién había vencido realmente el humano. —A mí no fue —dijo Lan Jianghe. Entonces tanto él como Lan Guanyi clavaron la vista en Shen Haotian. —¿Por qué me miran a mí? —les recriminó él—. ¿Creen todo lo que dice el Patriarca? ¿Acaso ustedes nunca han perdido? Shen Haotian soltó un bufido y se marchó. El Patriarca sonrió viéndolo irse y comentó: —Es una gran persona. —Lo dudo —replicó Lan Guanyi. —Mi señor —preguntó Lan Jianghe—, ¿qué tan seguro está de que el humano pueda ganar? —Todo dependerá de a quién se enfrente —respondió el Patriarca—. Pero más aún dependerá de lo que Xuan Lie sea capaz de hacer para lograr la victoria. CONTINUARÁ… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 51 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 19 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.