Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 50 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Xuan Lie se quedó mirando fijamente la botella. Al notar su curiosidad, Shen Haotian dijo:
—Es cierto: para un humano, cultivar en estos tiempos no es más que un mito, un cuento antiguo. Antiguamente se decía que los humanos fueron los cultivadores más grandes de todos; sin embargo, hoy en día solo luchan por sobrevivir. ¿Sabes cuántos humanos pueden cultivar actualmente? Se calcula que de cada diez mil, solo uno logra hacerlo. Es la prueba clara de que intentar cultivar ahora mismo sería casi un suicidio.
Hizo una pausa y continuó:
—No conozco en profundidad el método de cultivo propio de la raza humana, pero sí puedo decirte algo: los humanos han perdido la mayor parte de sus conocimientos al respecto. Y aun si muchos los recordaran, no se atreverían a correr el riesgo. Saben que están mucho más destinados al fracaso que a lograr entrar al mundo del cultivo, sobre todo con lo escasos que son los recursos a su alcance.
Un golpe resonó en la puerta, interrumpiendo las palabras de Shen Haotian. Xuan Lie miró hacia la entrada, preguntándose para sí mismo quién podría ser en ese momento.
—Debe ser él —dijo Shen Haotian.
—¿Él? —preguntó Xuan Lie, confundido.
—El Patriarca. Me pidió que le avisara en cuanto despertaras. No es bueno hacerlo esperar: ve a abrir.
Xuan Lie guardó la pequeña botella en el cofre, lo cerró y lo dejó sobre la mesa del estanque. Caminó hasta la puerta y la abrió: allí estaba el Patriarca.
—Vaya… veo que te has recuperado —dijo este.
Xuan Lie se inclinó respetuosamente:
—Pase.
Una vez dentro, el Patriarca miró a Shen Haotian y comentó:
—¿Todavía sigues aquí?
—¿Quién dice que no puedo estarlo? —respondió él.
El Patriarca lo miró con seriedad:
—Muestra un poco de respeto: soy el Patriarca.
Shen Haotian bebió un trago de licor y soltó una carcajada:
—Podrás ser el Patriarca, pero yo soy mucho más viejo que tú.
El Patriarca suspiró y dijo:
—Da igual. Bien, Xuan Lie… o, mejor dicho, Maestro Herrero. Tu maestro, el anciano, me pidió entregarte algo. Lo dejé sobre la mesa de tu aposento: ve a buscarlo.
Xuan Lie fue a recogerlo: se trataba de un cajón de apariencia muy humilde por fuera. Estaba por abrirlo cuando el Patriarca lo detuvo:
—Antes de eso, él me pidió que te diera unas palabras. Me dijo que sentía un inmenso orgullo por el gran discípulo que eres, y que había encontrado la paz al final de su vida gracias a ti. Añadió que, si algún día te enfrentas a problemas, como maestro hallarás la solución: ya no eres un aprendiz que solo recibe lecciones, sino alguien capaz de enseñar y de forjar por sí mismo. Te daba las gracias, y dijo que no hacía falta que fueras a verlo —así estaba bien—, que te concentraras en tu labor. Y que lo que hay en este cajón es lo último que podía darte como maestro.
El Patriarca hizo una pausa y le indicó que abriera la caja. Al levantar la tapa, aparecieron unas túnicas negras de mangas anchas, un cinturón y una placa.
Xuan Lie tomó la placa y la observó: llevaba grabadas las siglas de la escritura antigua de la raza Shen Lan, que significaban “Herrero”, y en el reverso, su propio nombre: Xuan Lie.
—Vaya… es un magnífico regalo —dijo el Patriarca—. Allá afuera hay muchos para quienes tener ropa nueva es todo un sueño.
Xuan Lie se quedó mirando todo el conjunto, sumido en sus pensamientos.
—Si tu maestro hizo el esfuerzo de dártelo —dijo Shen Haotian—, al menos póntela para ver cómo te queda.
Xuan Lie no dijo mucho más: entró en su habitación, se quitó las túnicas rasgadas por el duelo y se lavó por completo. Al terminar, se puso la prenda totalmente negra, el cinturón y colocó la placa. Se arregló el cabello, pero lo dejó suelto, y salió al exterior.
El Patriarca y Shen Haotian, que estaban junto al estanque, se giraron al verlo.
—Te queda mal —dijo Shen Haotian con desdén—. Tírala.
—No hagas caso a lo que diga este charlatán —lo corrigió el Patriarca.
El Patriarca dijo:
—Tengo algo importante que decirte, así que tomemos asiento: debemos ponernos de acuerdo.
Los tres se dispusieron a sentar junto al estanque. Al ver a Shen Haotian acomodarse, el Patriarca le comentó:
—¿Todavía sigues aquí?
—¿Por qué no habría de estar? —respondió él—. Además, me interrumpiste justo cuando le contaba algo al humano.
—¿Algo interesante… o importante, para que tú se lo cuentes? —preguntó el Patriarca con escepticismo.
—Le hablaba del cultivo entre los humanos, y de lo poco que conozco al respecto —dijo Shen Haotian.
El Patriarca lo miró de reojo:
—¿Desde cuándo sabes tanto sobre ellos?
—Que sea bebedor de buenos licores no significa que carezca de información —respondió él con calma.
—¿Ah, sí? ¿Entonces sabes mucho?
Shen Haotian desvió la mirada, disimulando:
—Algo sé… y mira: incluso le entregué algo de gran valor al humano.
El Patriarca tomó el pequeño cofre, lo abrió y observó la botella con atención:
—Esto es… ¿una hebra de sangre?
—Vaya, el Patriarca sí ha investigado —dijo Shen Haotian—. Así es. Esta hebra es una de las cosas más valiosas que un humano necesita para apenas rozar el umbral del mundo del cultivo.
—Es cierto —dijo el Patriarca—, poseer una hebra de sangre de gran calidad puede ayudarte a dar los primeros pasos, pero tengo entendido que se necesita mucho más que eso para entrar de lleno al mundo del cultivo.
—Así es —reconoció Shen Haotian—, pero conseguir una de esta calidad ya es en sí mismo algo extraordinariamente difícil.
—Es verdad —afirmó el Patriarca—. El simple hecho de obtenerla es algo que muchos codiciarían con locura.
Xuan Lie intervino con respeto:
—Disculpen… ¿saben algo sobre el método de cultivo propio de los humanos?
El Patriarca apartó la vista del cofre y respondió:
—No conozco el método en detalle. Sin embargo, he escuchado lo poco que se comenta, lo que se rumorea sobre lo que un humano debe poseer para lograr cultivar.
—Antes de entrar en el tema importante, te contaré lo que sé sobre la raza humana, según textos antiguos y registros de algunos de nuestros antepasados: cuando nosotros éramos como sapos en el fondo de un pozo, la humanidad ya había alcanzado el umbral del cultivo. En aquel entonces, habían logrado conocer el diez por ciento de este mundo y se preparaban para seguir avanzando. Pero el egoísmo, la envidia y las luchas internas dividieron a la humanidad, obligándola a pelear entre sí y llevándola a ser lo que es hoy: solo las cenizas de un pasado donde lo tuvieron todo en sus manos. Tenían el poder para lograr grandes cosas, pero ellos mismos se llevaron a la ruina.
Se tiene constancia de grandes cultivadores humanos; según los registros, algunos murieron de forma brutal, otros perdieron gran parte de su poder, y hubo quienes fueron tachados de cobardes y huyeron. Sin embargo, se desconoce si queda algún cultivador humano que alcance un nivel alto similar al de aquellos tiempos remotos.
También se sabe que la mayoría de las razas que habitan el 15 % del mundo que conocemos sienten un profundo rechazo hacia los humanos: no son bienvenidos en ningún lugar. Según cierta información, en algunas de esas razas los humanos son reducidos a la esclavitud, aunque no puedo confirmar que todo eso sea cierto.
Esa guerra —o, mejor dicho, la lucha interna entre los humanos— duró ochocientos años; todo lo que ocurrió después no es más que historia, cuentos o mitos transmitidos por nuestros antepasados. Por eso la humanidad está mucho más cerca de la extinción que nosotros: se calcula que su población total apenas llega al siete por ciento de lo que fue.
Por eso, Xuan Lie, si algún día llegas a ver a otro humano que cultive, será un hecho extraordinario: como ya sabes, de cada diez mil humanos, solo uno logra dar esos pasos. Aunque debes saber que no siempre fue así: en el pasado, el cultivo estaba al alcance de muchos más.
Xuan Lie preguntó:
—Entonces… ¿qué fue lo que pasó para que ahora les cueste tanto cultivar?
Shen Haotian asintió:
—Es cierto, eso también me da mucha curiosidad.
El Patriarca respondió:
—Así como existen los cultivadores, hay poderes aún mayores: el cielo, o algo más allá. Según se cuenta, un castigo cayó sobre la humanidad: un castigo que convirtió el cultivo en un riesgo más que en una oportunidad para ellos.
—Existe algo llamado las Hebras de la Libélula —continuó—. Son siete en total, y es algo con lo que todo humano nace. Pero hay distintos tipos: algunos nacen con hebras de alto nivel, otros de calidad mediocre. Al final, esto es lo que siempre separó a los genios de quienes no tenían el talento necesario.
—Así era antes de la gran guerra que los humanos libraron entre sí. Con el paso del tiempo, se dice que cada vez nacían con mayor dificultad con una Hebra de la Libélula; por eso ahora cultivar es prácticamente buscar la muerte para ellos. Quizás olvidaron el camino, o lo perdieron para siempre. Lo cierto es que la humanidad dejó de cultivar y pasó simplemente a sobrevivir día tras día.
Xuan Lie se quedó pensativo. Shen Haotian intervino:
—Pero entonces… ¿no será imposible para Xuan Lie lograr cultivar algún día? ¿Esa hebra de sangre no le servirá de nada?
—Es cierto en parte, pero te equivocas en otra —respondió el Patriarca—. Recuerda: para entrar al mundo del cultivo, todas las razas debemos cruzar la Gran Puerta que custodia el Dragón de Llama Roja.
—Es verdad… —murmuró Shen Haotian, y luego abrió los ojos con sorpresa—. Espera… no me estarás diciendo que…
—Es la única vía que le queda a un humano para ingresar al mundo del cultivo —confirmó el Patriarca.
Xuan Lie preguntó con curiosidad:
—¿Cuál es esa forma?
—Forzar los límites de tu cuerpo, subir los escalones a pulso y esperar que, al final, el cielo reconozca tu esfuerzo y decida abrirte la puerta —explicó él—. De lo contrario, la llama roja del dragón quemará tu alma al instante, sin posibilidad de volver a intentarlo. Y todo esto sucederá dentro de tu propia mente, en el momento en que intentes cruzar ese umbral.
—Para eso necesitarías contar con recursos de gran calidad, como esta hebra de sangre y otros materiales más, solo para poder subir esos escalones. De lo contrario, al dar el primer paso, la presión te aplastaría, destruyendo tu alma en fragmentos incapaces de volver a unirse. Y en el peor de los casos, si el cielo así lo decide, antes incluso de poner un pie en el primer escalón, las llamas rojas del dragón reducirían tu alma a cenizas.
Xuan Lie se quedó sumido en sus pensamientos, sin saber cómo procesar todo aquello. Si el conocimiento de su pasado no le había servido para cultivar en su nueva vida, ahora en este nuevo mundo el cultivo parecía una causa totalmente perdida.
El Patriarca lo sacó de sus pensamientos y dijo:
—Cultivar ya de por sí exige pagar un alto precio; para los humanos, ya no es solo un precio: es intentar forzar un camino que se cerró. Pero el rumbo que tomes en el futuro, si decides intentarlo, depende solo de ti, Xuan Lie. Si llega el momento, debes saber que no habrá vuelta atrás: una vez intentes cruzar al mundo del cultivo, solo te quedará avanzar. Para ti, que eres humano, es aún más difícil sin las siete Hebras de la Libélula. Pero si decides probarlo, debes lograrlo: no tendrás una segunda oportunidad. Todos nosotros hemos pasado por esa puerta, pero para entrar tenemos requisitos distintos a los tuyos. Así que, Xuan Lie, solo tú puedes elegir tu camino. Cuando llegue el momento, si te atreves a intentarlo, espero que lo consigas.
Xuan Lie se quedó sumido en un silencio profundo, sin saber cómo reaccionar ni qué decir: era demasiado para asimilar. La herrería le había tomado casi tres años; ¿cuánto tiempo le llevaría reunir los recursos necesarios para subir esos escalones? Y más difícil aún: ¿lo dejaría pasar el Dragón de Llama Roja? ¿O mejor dicho… se lo permitiría el cielo?
El Patriarca lo sacó de sus pensamientos y dudas:
—Bien, pasemos al tema principal, lo que realmente importa por ahora.
Xuan Lie reaccionó y asintió:
—Sí, es cierto.
—Por lo que sé —dijo el Patriarca—, has creado tu primera obra, aunque en realidad es la segunda: sé que antes forjaste una daga. Pero esta nueva creación lleva el sello que la convierte en tu verdadera primera obra. Conozco el enorme desgaste físico y mental que sufriste, así como la energía que Lan Guanyi tuvo que emplear para ayudarte a forjarla; él mismo me lo ha contado. No podemos permitirnos perder tanto tiempo con cada arma que elaboremos: así nunca avanzaremos.
Shen Haotian se quedó pensativo mientras bebía un trago de licor y preguntó:
—¿Y tienen alguna solución?
Xuan Lie reflexionó unos instantes y respondió:
—Puede que haya una forma… pero no sé si funcionará, ni cómo dar con ella.
—Dime qué tienes en mente —le pidió el Patriarca.
—No es una idea brillante —dijo él—, pero podría servir: colocarles algo como un núcleo a las armas, o forjarlas usando materiales que les den mayor durabilidad y otras propiedades.
Shen Haotian asintió:
—No es mala idea.
—Es cierto —reconoció el Patriarca—, pero no podemos permitirnos que experimentes a ciegas; necesitamos saber si funcionará. Solo quedan veintinueve fragmentos: no podemos desperdiciar ni uno solo.
El Patriarca se levantó lentamente, caminó hasta el estanque y observó a los peces nadar:
—Tal vez haya una forma de obtener esa información… pero tendrías que entrar en ese lugar.
—¿A ese lugar? —preguntó Shen Haotian con seriedad—. Sabes que muchos no lo permitirán; va en contra de nuestras propias leyes.
—Es verdad —respondió el Patriarca—, pero ya rompimos una ley al dejar que un humano camine entre nosotros.
—Es distinto —replicó él—: él no ha entrado en nuestros recintos sagrados.
—¿De verdad lo es? —insistió el Patriarca—. Nada de eso importa cuando lo que está en juego es la supervivencia.
—Entiendo —dijo Shen Haotian—, pero los otros ancianos se opondrán rotundamente: estaríamos entregando demasiada información sobre nosotros a un humano.
—Yo tengo el voto final —respondió el Patriarca con firmeza—. Y como líder, si debo decidir por encima de todo, lo haré. Más aún si es por el bien de nuestra raza.
Xuan Lie solo escuchaba en silencio, sin comprender a qué lugar se referían.
CONTINUARA…
© 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ.
Todos los derechos reservados.
Prohibida su copia o reproducción total o parcial.
AUT: OLVIDADO1

Continúa leyendo
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)
Capítulo 51
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 50
Estás leyendo el capítulo 50 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 17 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.