Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 49 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Se escucharon pasos acercarse; el anciano Wei Huo apenas susurró un nombre:
—Xuan Lie…
El Patriarca se acercó y respondió suavemente:
—No soy Xuan Lie. Soy Lan Zuiwen.
El anciano susurró con debilidad:
—Disculpe… no puedo mostrarle mis respetos como corresponde.
—Eso no tiene ninguna importancia —dijo el Patriarca—. Verte así es un duro golpe para todos nosotros. Yo te vi cuando rebosabas energía, cuando trabajabas en aquella herrería y demostraste por qué eras llamado el Maestro Herrero.
El anciano susurró:
—Me alaga demasiado… siempre me sentí inútil. Pero últimamente me siento profundamente agradecido, Patriarca: gracias a usted tuve mi primer discípulo, y estoy seguro de que será el mejor forjador de espadas que haya existido.
El Patriarca sonrió y dijo:
—Es sorprendente escucharte tener una fe tan absoluta en tu único discípulo, y más aún cuando no pertenece a nuestra raza. Pero debo decirte algo: tu discípulo no solo ha demostrado ser digno, sino que también ha ganado por méritos propios el título de Maestro Herrero.
El anciano tosió sangre: la plaga había llegado a su punto más alto. Aun así, intentó alzar la voz y dijo:
—Si lo que me dices es verdad… entonces no hace falta ver su obra: él me ha superado. No tengo quejas de la vida que he llevado. Aunque no haya podido ayudar mucho a nuestra raza, sé que el humano Xuan Lie será el mejor herrero que pude formar, mejor que cualquier otro que haya nacido entre nosotros. He vivido mucho tiempo: nunca conocí a mis padres, ni tuve descendencia… pero al ver a Xuan Lie, sentí que tenía un hijo. Solo espero que encuentre un camino del que nunca se arrepienta.
El anciano intentó alzar la mano con el poco esfuerzo que le quedaba; el cuidador se acercó y la sostuvo con suavidad. El anciano señaló un cajón que había sobre una mesa y susurró:
—Tráelo…
El cuidador fue a buscarlo y se lo entregó. El anciano dijo, con voz lo bastante clara para que el Patriarca lo escuchara:
—Este es mi último regalo para Xuan Lie… lo último que puedo hacer por él, por mi discípulo. Y dile que no es necesario que venga a verme otra vez: mi muerte no merece compasión… —escupió sangre y siguió—: que se centre en terminar lo que comenzó. Ya me ha superado. Siempre que tenga una duda, sabrá encontrar la respuesta: porque ahora es un Maestro Herrero, no un aprendiz. Un maestro halla soluciones, mientras que un aprendiz solo aprende para mejorar. Así que, Patriarca Lan, dígale todo esto… y que también le digo que estoy profundamente agradecido por haber tenido un discípulo tan extraordinario como él.
El cuidador le limpió el rostro con cuidado.
—Le entregaré tu regalo y tus palabras —dijo el Patriarca con voz entrecortada—. Me hubiera gustado poder hacer algo respecto a tu…
—No es necesario, Patriarca —lo interrumpió el anciano—. Este es mi destino, y no iré en contra de él; así estaba escrito. Puede parecer cobardía, pero como herrero que soy y que fui, he vivido más de lo suficiente, más de lo que jamás podría haber pedido. Así que está bien, Patriarca: no cargues con el peso de mi muerte, y que nadie que me haya conocido lo haga tampoco.
El Patriarca decidió no añadir nada más y se despidió; el anciano solo le devolvió una leve sonrisa.
Fuera, el Patriarca caminaba sumido en lo que habían hablado. Miró el cajón que llevaba consigo y dijo en voz baja:
—Los tiempos cambian… y por muy fuertes que seamos, muchas veces no somos capaces de hacer nada por quienes queremos.
Se dirigió entonces a la mansión de Xuan Lie. Al llegar, llamó a la puerta varias veces sin recibir respuesta, así que decidió entrar por la fuerza. Revisó cada estancia, pero no encontró a nadie. Al avanzar por los pasillos, llegó hasta el estanque y observó a los peces nadar:
—Esos parecen exactamente iguales a los que yo cuido… —murmuró—. ¿De dónde los habrá conseguido este humano?
Se preguntó dónde podría estar, cuando debería estar recuperándose. Dejó el cajón sobre una mesa y bajó de la montaña para buscarlo. Abajo, preguntó a los guardias si lo habían visto; todos negaron respetuosamente, diciendo que no sabían nada ni se lo habían cruzado. Mientras seguía buscando, escuchó a alguien comentar que el humano había estado con Shen Haotian, el bebedor de licor.
El Patriarca se llevó la mano a la frente y negó con la cabeza, diciéndose para sí mismo:
—Esto es lo peor que podía ocurrir. Solo espero que no haya aceptado nada extraño… y menos un duelo.
Caminó hasta la plataforma de combate; al acercarse, vio a Shen Haotian sentado en la rama de un árbol bebiendo su licor, y en el suelo de la plataforma a Xuan Lie, recostado, con las túnicas rasgadas y manchadas de sangre. Al notar las marcas de lucha que aún quedaban en el terreno, suspiró:
—Esperaba cualquier cosa, menos encontrarme con esto.
El Patriarca avanzó y dijo:
—Shen Haotian, pedirle un duelo a un humano que no cultiva, frágil como es, teniendo el nivel de poder que tienes… es abominable. ¿Qué pretendes con esto? ¿Qué ganas con algo así? El humano tiene una tarea importante: no puede darse el lujo de perder el tiempo jugando a tus juegos.
Le dio la espalda y se acercó para revisar a Xuan Lie, mientras Shen Haotian le respondía:
—El humano me ganó el duelo.
Bajó entonces de la rama y añadió:
—Estaba muy agotado por el desgaste físico de forjar el arma; un enfrentamiento así podía ayudarlo de muchas formas.
—¿De muchas formas? —replicó el Patriarca mirándolo—. ¿Ya ves en qué estado lo has dejado?
—¿Yo? —se defendió él—. Si supieras lo que hizo, no me acusarías a mí. Tranquilo: tenía una píldora de gran calidad que le ayudó a recuperarse, y también atendí la fractura de su muñeca.
—¿Fractura? —preguntó el Patriarca alarmado—. ¿Cómo se la hizo?
Shen Haotian desvió la mirada, tratando de disimular, y dijo:
—A mí no me mires… yo no hice nada.
El Patriarca lo miró negando con la cabeza y suspiró:
—Bien, ya que tú ocasionaste todo esto, llévalo de vuelta y déjalo descansar.
—¿Por qué yo? —preguntó Shen Haotian.
—¿Y aún te quejas? —replicó el Patriarca—. Tú fuiste quien lo inició todo. Cuando despierte iré a verlo; por ahora, solo procura que descanse.
Dicho esto, el Patriarca se retiró. Shen Haotian miró a Xuan Lie y dijo para sí mismo:
—Para ser humano, me has causado muchos problemas… pero bien, por hoy te haré el honor de llevarte de vuelta. Qué suertudo eres.
Alzó el cuerpo de Xuan Lie, se lo acomodó al hombro y lo llevó de regreso hasta dejarlo descansar en sus aposentos. Una vez allí, salió a la caseta, se sentó mirando el estanque y bebió un trago de licor. Observó a los peces y comentó:
—¿Ustedes también quieren? Pues no les daré nada: este licor es demasiado preciado para compartirlo.
Y así se quedó allí, bebiendo sin detenerse, mientras Xuan Lie descansaba en su habitación.
Lejos del Santuario Shen Lan, se extiende un territorio jamás explorado por ninguna raza: tierras donde se ignora qué puede acechar, llenas de todo tipo de anomalías, monstruos, poderes descontrolados, seres antiguos, aberraciones y misterios que ninguna civilización ha llegado aún a comprender. Se calcula que el 85 % de este mundo permanece en la sombra; incluso la raza Shen, la más conocedora, solo ha logrado explorar el 15 %.
En las profundidades de esas tierras, en el lugar conocido como las Ruinas de Nefit, se arrastraba aquel ser que había quedado al borde de la muerte a manos de Longshi: Luyan, el temido Cazador. Con heridas profundas que seguían abiertas, intentaba desesperadamente poner distancia y regresar.
Mientras avanzaba lo más rápido que sus heridas le permitían, resonó una voz a su alrededor:
—Pero mira a quién tenemos aquí… el que prometió traer la cabeza de Longshi. Y, sin embargo, parece tan decrépito.
Luyan alzó la mirada con dificultad y dijo:
—No estoy para juegos. Déjame pasar.
—¿Debería negarme? —respondió la voz—. Después de todo, no cumpliste lo que le prometiste a él…
—Era inevitable —replicó Luyan—. Longshi era demasiado fuerte: sin importar su edad, nunca perdió su inmenso poder.
—¿Es así? —se burló la voz—. ¿O mejor dicho no será que tú eras demasiado débil?
De entre las sombras emergió una bestia similar a Luyan, pero con escamas de un tono gris más claro; sonreía mirándolo, como si se burlara abiertamente de él. La tensión se espesó en el aire, hasta que resonó una voz poderosa:
—Déjalo pasar. El amo quiere verlo.
La bestia refunfuñó entre dientes:
—Qué fracaso…
Luyan siguió avanzando mientras la noche caía por completo, hasta que llegó ante la imponente vista de lo que un día fue un antiguo palacio majestuoso: hoy solo quedaba en pie lo que se conoce como las Ruinas de Nefit. Sobre unos escombros había una figura encogida, flanqueada por dos seres de forma humanoide cuyos ojos brillaban intensamente en la oscuridad. Entonces la voz de aquel ser lo llamó claramente:
—LUYAN.
Una presión inmensa cayó sobre él, tan pesada que no pudo mover ni un solo músculo: quedó clavado al suelo, sin poder siquiera levantar la cabeza.
—CREÍ HABERTE DICHO QUE NO VOLVIERAS HASTA MATARLO, LUYAN.
Luyan respondió con gran dificultad:
—Merezco la muerte, amo… pero la situación… cómo sucedió todo, y más aún que Longshi no ha perdido ni una pizca de su poder… yo…
La presión se alzó, y de entre los escombros se alzó la figura: se parecía a Longshi, pero se notaba que pertenecía a un linaje menor.
—¿Así que esto es todo? —dijo—. Cuando saliste de aquí estabas muy confiado, afirmabas que podrías traerlo muerto o vivo. Sin embargo, no has traído NADA.
El ser se acercó a Luyan y lo sujetó del cuello con su enorme garra:
—¿Te estás burlando de mí?
—No me atrevería, amo —alcanzó a decir Luyan.
La figura lo miró con ojos que parecían capaces de matarlo en cualquier instante, luego lo soltó y regresó a su sitio sobre los escombros:
—Al menos dime que le infligiste un daño grave.
Luyan se inclinó profundamente:
—Lo lamento…
La figura parecía muy molesta, pero Luyan añadió rápidamente:
—No logré hacer mucho contra Longshi… pero tengo información.
—¿Información? —preguntó el ser—. ¿De qué me sirve eso si aún podemos enviar a alguien para cazarlo y traerlo vivo o muerto?
—Es cierto —respondió Luyan con voz temblorosa—, pero esta información se refiere a una raza que ha establecido una conexión con Longshi y… —se detuvo, temeroso, antes de terminar—: también con un humano.
—¿Con un humano? —preguntó la figura.
—Sí, amo —respondió Luyan.
El ser soltó una carcajada estruendosa que rompió la pesadez del ambiente:
—¡Vaya! Esperaba cualquier cosa, menos que se aliara con una raza tan inferior.
—¿Y de qué raza se trata? —preguntó la figura con renovado interés.
—Son los Shen Lan —dijo Luyan—. Ignoro qué tipo de relación mantiene con ellos ni con el humano; lo único que puedo afirmar es que ha tenido conexión con ambos.
—Esto cambia los planes… y se vuelve interesante —murmuró la figura.
La luna asomó entre las nubes por unos instantes, bañando las ruinas de luz pálida. La figura sonrió y dijo:
—Puedes retirarte. Te llamaré más tarde.
Luyan se alejó rápidamente. Una vez solo, el ser se puso en pie y susurró con una sonrisa maliciosa:
—Si tienes vínculos con ellos, tarde o temprano se convertirán en tu debilidad, ¿no es así? Tengo muchas ganas de ver qué harás a partir de ahora… después de todo, la vida se me hacía demasiado aburrida.
Bajó de los escombros, y los seres que hacían de guardias lo siguieron de cerca. Uno de ellos se atrevió a preguntar:
—¿Qué tiene planeado, amo?
—Por ahora nada —respondió él—, pero con esta información las cosas cambiarán. Envíen a un subordinado para que investigue a la raza Shen Lan. Y si logran acercarse, busquen también al humano: siento mucha curiosidad por saber qué tiene ese humano para que Longshi se relacione con él.
—Seremos espectadores hasta dónde es capaz de llegar o de sacrificar Longshi por ese humano, o por la raza Shen Lan. Ya veremos… tengo muchas ganas de saber qué ocurrirá.
En el Santuario Shen Lan, Xuan Lie abrió los ojos: la mañana ya había llegado. Se levantó lentamente, miró sus túnicas rasgadas y las mangas anchas desgarradas, con el cabello suelto y desordenado. Se revisó la mano que había sido fracturada y no sintió ni dolor ni rastro de agotamiento. Entonces se escuchó una voz desde el exterior:
—Si ya estás bien y despierto, sal afuera.
Xuan Lie se dispuso a salir. Al llegar, vio a Shen Haotian recostado junto al estanque, como si descansara; se acercó y mostró el debido respeto.
—No hace falta ser tan formal —dijo él, abriendo los ojos y mirándolo fijamente—. Nunca pensé que ganarías de esa manera, y menos todo lo que hiciste por lograrlo. Te lo reconozco: no me lo esperaba. Aun así, sufriste varias heridas y tu cuerpo estaba totalmente agotado; me sorprende cuánto resististe… pero ganaste.
Extendió la mano y le entregó un pequeño cofre:
—Así que aquí tienes tu recompensa: no solo por aceptar el duelo, sino por haberlo ganado. Como te dije, todo sacrificio tiene su premio.
Dentro se veía una pequeña botella transparente, donde se distinguía un líquido rojo del que parecían brotar raíces tan carmesíes como la sangre, que casi parecían estar vivas.
—¿Qué es esto? —preguntó Xuan Lie.
Shen Haotian sonrió y respondió:
—Algún día querrás comenzar a cultivar, y lo que te acabo de dar te será de gran ayuda. Guárdalo bien y úsalo solo cuando llegue el momento adecuado: hay muchos que darían lo que fuera por poseer algo así.
CONTINUARÁ…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 49
Estás leyendo el capítulo 49 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 17 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.