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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 48 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—Hacer esperar a la gente no es de buena educación —dijo él. Xuan Lie se inclinó y lo invitó a pasar. Shen Haotian entró; Xuan Lie le sirvió té y se sentó, insistiéndole para que tomara asiento, pero Shen Haotian respondió: —Así estoy bien. —Lo vi —añadió, mirando fijamente el rostro de Xuan Lie. —¿Lo vio? —preguntó Xuan Lie con cautela. Shen Haotian sacó un frasco de licor, bebió un trago y continuó: —Tú, humano, eres digno de enfrentarte a mí. ¿Qué dices? ¿Quieres intentarlo? —Si me enfrento a usted, moriré sin duda —respondió Xuan Lie—. Todavía no soy capaz de cultivar; aceptar ciegamente un duelo solo me llevaría a la perdición. —Para ser un humano, eres muy precavido —dijo Shen Haotian—. Conozco a muchos humanos que cultivaban: se creían poderosos, superiores, siempre orgullosos y egoístas. Pero cuando les mostré la realidad, comprendieron que no eran más que sapos en un estanque, y que no eran dignos de este mundo. —Déjame decirte algo: hay quienes creen que el cultivo lo es todo, que la fuerza, el poder y el talento existen solo para demostrar a quienes se esfuerzan que, por mucho que luchen por igualar a los demás, acabarán chocando contra un muro infranqueable. Se dice que el talento siempre vence al esfuerzo… pero Xuan Lie, ¿sabes qué pienso yo? Que eso no es más que un pensamiento inútil. El poder no se mide por el talento ni por el esfuerzo: se mide por quién está más dispuesto a perder, a arriesgar lo que es, a dar hasta la última gota de sangre por alcanzarlo. Así que dime… ¿qué piensas tú al respecto? Xuan Lie lo miró, sumido en sus pensamientos; de pronto, sus recuerdos irrumpieron en su mente y todo el lugar pareció teñirse de sangre: vio sus propias túnicas empapadas en rojo. —El miedo es normal —dijo Shen Haotian—, pero huir es de cobardes, de quienes son incapaces de cambiar el rumbo de su propia existencia. Xuan Lie volvió en sí, se puso en pie lentamente, caminó hasta mirar hacia el sol y dijo: —Es cierto… quizás sea así. Para ser fuertes, debemos ser capaces de sacrificar todo lo que tenemos a nuestro alcance, incluso si con ello perdemos nuestra propia naturaleza… Shen Haotian no lo había visto de esa manera, pero admitió: —Es una forma interesante de ver las cosas, más aún viniendo de un humano. Xuan Lie, llevas casi tres años entre nuestra raza; quizás algunos ya te han aceptado, pero habrá muchos que te miren por encima del hombro. Cuando llegue el momento decisivo… ¿qué harás? ¿Huirás? ¿Te negarás? ¿O pondrás alguna excusa? Xuan Lie sonrió levemente, con una mezcla de amargura y calma, alzó la mirada y respondió: —¿Huir? ¿Por qué lo haría? Pero… ¿por qué me quedaría si no hay nada que me beneficie? ¿Negarme? Tal vez no necesito demostrar lo que soy para que otros validen mi valor. ¿Una excusa? Valoro demasiado mi vida como para ponerla en riesgo por nada… a menos que haya algo que realmente lo amerite. Shen Haotian, al escuchar sus palabras, dio un trago de licor y dijo: —Bien. Entonces te daré algo a cambio si aceptas enfrentarte a mí: algo que valga la pena el riesgo del que hablas. ¿Estás dispuesto? Xuan Lie lo miró con cautela: —¿Qué me darás a cambio si me enfrento a usted? —Primero tendrás que enfrentarme, luego verás de qué se trata —respondió Shen Haotian—. Una recompensa no se conoce hasta que se logra el resultado, ¿no es así? Xuan Lie se quedó pensativo, dudando profundamente sobre si debía aceptar la propuesta. Shen Haotian, presionándolo de forma indirecta para que tomara una decisión, añadió: —Xuan Lie, no te pongas límites. Las cosas grandes exigen riesgo y sacrificio; este mundo no nos regala muchas oportunidades. Por eso muchos prefieren simplemente esperar a que llegue su fin. Dime: ¿qué clase de persona, qué clase de humano eres tú? ¿De los que esperan su muerte… o de los que toman los riesgos necesarios? Xuan Lie lo miró fijamente y asintió: —Hm… es cierto. Bien, entonces espero que usted me instruya. Shen Haotian soltó una carcajada estruendosa y dijo: —¡Así sea! Y no me decepciones, Xuan Lie. Xuan Lie fue a sus aposentos, tomó la daga que había creado con metal común y se dijo para sí mismo: —Quizás la misma estrategia que usé contra Yue no funcione con él… pero no caeré tan fácil. No hasta obtener lo que ha prometido. Se dispuso a salir y, junto a Shen Haotian, se dirigió a la plataforma de combate: allí solo estaban ellos dos. —¿Hay alguna regla para este enfrentamiento? —preguntó Xuan Lie. —Ninguna en especial —respondió Shen Haotian—. Muéstrame todo lo que sabes. Si eres capaz de asestarme un solo golpe directo, lo consideraré tu victoria. Y yo no me moveré del sitio donde estoy parado. Dicho esto, Xuan Lie… demuéstrame qué clase de humano eres, y qué te hace creer que podrías sobrevivir si participas en la expedición. Xuan Lie adoptó una postura de combate y observó a Shen Haotian, que permanecía en el centro de la plataforma bebiendo su licor. —¿Qué esperas? —dijo Shen Haotian—. Ataca. No me moveré de aquí. Si eres capaz de algo, lograrás asestarme un golpe directo o hacerme dar un paso. Quiero ver de qué eres capaz. Xuan Lie cerró los ojos, y todos esos recuerdos que había presenciado cruzaron su mente en un instante. Abrió la boca, respiró hondo y expulsó el aire: de sus labios salió humo, como si su concentración se hubiera vuelto una sola llama. Abrió los ojos de golpe, apoyó con fuerza una pierna —haciendo que el suelo donde pisó se agrietara— y se impulsó al ataque. Pero justo cuando estaba por llegar hasta él, Shen Haotian se apartó sin moverse del sitio, como si para él ver a Xuan Lie fuera verlo moverse con una lentitud exasperante. Sin soltar el frasco de vino ni dejar de beber, alzó la mano y le dio un ligero toque que lo envió volando lejos, hasta chocar contra unas rocas flotantes donde quedó pegado y extendido por la fuerza del impacto. Sangraba por la boca como si fuera agua; la visión de Xuan Lie se volvió borrosa, su conciencia pareció desvanecerse y sus ojos se cerraron lentamente. Se escucharon ruidos entrecortados, tan fuertes que resultaban molestos. De pronto, abrió los ojos: estaba arrodillado en un gran salón. Miró a su alrededor y se dijo para sí mismo: —¿Otro recuerdo más? ¿Qué sentido tiene revivir todo esto? —Ooooh… —resonó entonces la voz de un anciano—. Hablas así, y suenas como alguien que ha vivido muchísimo tiempo. Luego se alzó la voz de una mujer anciana, una voz que, por alguna razón, tenía una calidez especial: —¿Estás bien? Xuan Lie alzó la mirada, pero no logró distinguir sus rostros tras las cortinas, que apenas dejaban ver sus vestimentas. Eran dos seres antiguos; no se percibía en ellos ni rastro de poder ni de cultivo, pero con solo ver sus túnicas se comprendía que podían hacer cuanto quisieran. Estaban sentados frente a frente, jugando al Go, con sus piezas negras y blancas dispuestas sobre el tablero. —No lo consientas —dijo el anciano a ella—. Ya ha crecido. —Para mí siempre será un niño —respondió ella con suavidad—. Dejemos que sea él mismo. Mientras ambos intercambiaban sus palabras, Xuan Lie se sentía cada vez más invadido por la frustración. Sabía que su pasado, que esos recuerdos, no le estaban sirviendo de nada; desde que había renacido, nada de lo que había vivido antes le había ayudado realmente. Y entonces, ya no pudo contenerse más: explotó, se puso en pie de golpe y gritó con todas sus fuerzas: —¡¿Por qué?! ¡¿Por qué aparecen en mi mente?! ¡¿Por qué me muestran todo esto?! ¡¿Qué ganan ustedes con ello? ¡¿Qué saco yo de todo esto?! ¡Maldición, esto no me sirve de nada! ¡No me son de utilidad! ¡¿Por qué debo obligarme a recordar lo que fui, o a saber quiénes son ustedes?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡Todo esto no es más que una molestia! La mujer se puso de pie y, desde la distancia, sin que la cortina dejara ver su rostro, dijo con voz serena: —¿Por qué te enfadas? Sé tú mismo, Xuan Lie. Yo siempre te apoyaré en todo; así que sé libre… y vive bien. Al escuchar esto, Xuan Lie intentó enfadarse, pero no lo logró: era como si aquellas palabras aliviaran cualquier carga que llevara sobre sí. Apretó los puños con tanta fuerza que sus palmas comenzaron a sangrar, y susurró: —¿Qué camino debo tomar…? El anciano, sentado sin moverse de su sitio, respondió: —¿No es obvio? Cálmate… y haz lo necesario para ganar, Xuan Lie. Xuan Lie despertó sobresaltado. Shen Haotian, que lo observaba desde su sitio, dijo: —Vaya… has estado inconsciente un buen rato. Me sorprende; pensé que te quedarías allí varios días —y soltó una carcajada—. Entonces, ¿te rindes? Xuan Lie sonrió levemente, y por un instante su personalidad pareció transformarse por completo: se volvió alguien totalmente distinto. Se separó de la roca flotante donde había quedado tras el golpe y regresó a la plataforma. Se tocó las costillas y murmuró: —Vaya… he recibido mucho daño. Luego miró a Shen Haotian con una seriedad absoluta. Este sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo y respondió: —Oye… no me mires así, da una sensación muy extraña. Xuan Lie adoptó una postura de combate que no se parecía en nada a la habitual. Se impulsó con fuerza, haciendo que el suelo de la plataforma se agrietara bajo sus pies, y lanzó una serie de golpes dirigidos siempre a los puntos más críticos y mortales. Ya no era el mismo que buscaba proseguir el enfrentamiento por el desafío: ahora se movía como alguien que solo quería matar a Shen Haotian. Xuan Lie siguió descargando golpes; al ver que no lograba herirlo, sacó su daga y buscó incansablemente los puntos vitales, movido por una sed de sangre y un deseo irrefrenable de matar. Shen Haotian comprendió de inmediato el cambio: sin moverse del sitio siguió esquivando cada ataque, hasta que se agachó, lo sujetó de una pierna y lo golpeó repetidas veces contra la plataforma, dejándolo gravemente herido. Shen Haotian lo miró y dijo: —¿Ahora sí estás en tus cinco sentidos, o necesitas más? Xuan Lie escupió sangre que le salpicó el rostro, miró al cielo y susurró: —¿Quién soy en realidad… y qué estoy buscando al hacer todo esto? La sangre se deslizó por su rostro y se le metió en los ojos. Con enorme dificultad, se puso en pie: ya estaba al límite, sabía que forjar el arma junto a Lan Guanyi lo había dejado agotado. Pero se negó a rendirse: miró fijamente a Shen Haotian y dijo con voz entrecortada: —Apenas empieza… —¿Eso dices? —respondió Shen Haotian—. Pues bien, Xuan Lie: muéstrame de qué eres capaz. Veo que has vuelto en sí… así que adelante. —Gracias, supongo —dijo Xuan Lie. Se lanzó de nuevo al ataque; cada golpe que chocaba contra las manos de Shen Haotian o que este esquivaba le provocaba un dolor agudo, sumado al desgaste acumulado en la herrería. Xuan Lie parecía no oír nada más: se sentía débil, mientras veía cómo sus ataques eran desviados o detenidos uno tras otro. Entonces un pensamiento cruzó su mente: ¿Por qué me esfuerzo tanto por alguien que no soy?… Un silencio absoluto se apoderó de su conciencia, y comprendió: Es cierto… hay un beneficio de por medio. Entonces me arriesgaré… y daré lo mejor de mí. Xuan Lie retrocedió, concentrando todo su impulso y toda su fuerza en las piernas. Shen Haotian lo miró y dijo: —Por lo que veo, vas a lanzar tu ataque definitivo. Ven, demuéstrame de qué estás hecho, Xuan Lie, humano. Xuan Lie se impulsó y descargó un puñetazo con toda su energía; Shen Haotian lo detuvo al instante y le fracturó la muñeca. Sin detenerse, Xuan Lie giró, tomó la daga con la otra mano y buscó asestarle un golpe directo, pero Shen Haotian lo previó, lo desvió y envió el arma volando. Tampoco entonces se detuvo: escupió sangre justo a los ojos de Shen Haotian, que le cayó y se le filtró dentro. Este no lo vio venir e intentó limpiarse la vista; Xuan Lie no desperdició la oportunidad y se lanzó buscando el golpe definitivo, pero, aunque no viera, Shen Haotian percibió su presencia, lo alcanzó y lo sujetó de la mano. —Parece que ya no te quedan recursos… —murmuró Shen Haotian. Pero Xuan Lie tenía un último recurso: se inclinó y se dispuso a golpearlo con la cabeza directamente en el abdomen. El primer cabezazo resonó como si algo se rompiera en la propia frente de Xuan Lie. Shen Haotian terminó de limpiarse los ojos e intentó detenerlo, pero él siguió golpeando con la cabeza sin descanso, hasta que su propia frente comenzó a sangrar, mientras susurraba: —No perderé… lo que importa es el resultado. Shen Haotian quedó sorprendido al ver que era capaz de cualquier cosa solo por lograr ese golpe; sin darse cuenta, retrocedió un paso. En ese instante, los golpes cesaron y Xuan Lie se desplomó desmayado. Shen Haotian lo sostuvo antes de que cayera al suelo y dijo: —No esperaba este desenlace… eres realmente interesante. Te concedo la victoria, Xuan Lie. Y así, el enfrentamiento llegó a su fin, otorgándole la victoria a Xuan Lie de la forma más inesperada. Mientras tanto, en otra parte, en los aposentos del anciano herrero, se escuchó una voz desde el exterior. El cuidador salió a comprobar qué ocurría y, al ver al patriarca, se inclinó respetuosamente. —No es necesario —dijo el patriarca—. He venido a ver al anciano herrero. ¿Se encuentra aquí? El cuidador asintió: —Sí, está aquí. Le acompañaré. Y así, el patriarca entró para reunirse con el anciano herrero. CONTINUARÁ… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 48 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 16 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.