Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 47 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Suenan campanas doradas; su tañido resuena como si vibrara en medio de una oscuridad absoluta. Las campanas retumban sobre un escenario inundado de sangre, donde se divisan inmensas espadas enterradas —tan altas como montañas—. Xuan Lie permanece de pie, contemplando aquella escena; mira sus propias manos y descubre que están manchadas de rojo. Respira con agitación, mientras un pensamiento le cruza la mente: ¿A quién pertenece toda esta sangre?
Tras ello, se escuchó una risa macabra, malvada y diabólica. Xuan Lie sintió su presencia, pero algo lo obligaba a negarse a girarse para ver quién era; solo bajó un poco la cabeza, mientras aquel ser pasaba a su lado.
—Es magnífico —dijo entre risas.
Estaba empapado en sangre: sus túnicas eran de un rojo intenso, su cabello corto y totalmente blanco. Extendió la mano y añadió:
—Esto es lo único para lo que sirven los débiles: para ser escalones de los fuertes, destinados a sernos útiles y a ser desechados cuando queramos.
Soltó una carcajada estruendosa, como si contemplar aquella sangre y aquel escenario fuera lo más emocionante del mundo, algo que le llenaba de absoluta felicidad.
Xuan Lie alzó levemente la mirada y logró distinguir la silueta, pero no alcanzaba a verle el rostro con claridad. Intentó preguntarle algo, pero ninguna palabra brotó de sus labios: estaba obligado a ser solo un espectador de cuanto ocurría.
La figura avanzó, y entre toda la sangre, un miembro de una raza desconocida se puso en pie: le faltaba una mano, tenía la mirada perdida y el cuerpo cubierto de heridas, apenas logrando sostenerse. Miró a la figura, escupió sangre y dijo:
—Tú… algún día pagarás por todo lo que haces.
La figura soltó una carcajada:
—¿Pagar? ¿Pagar qué?
Se acercó de un solo movimiento y atravesó el pecho de aquel hombre con el brazo:
—¿Esto es todo? Te levantas y dices cosas sin sentido… por eso están destinados a ser herramientas, a ser desechados.
Sacó la mano de golpe, sujetó el corazón aun latiendo y lo apretó hasta hacerlo estallar; gotas de sangre salpicaron hasta donde se encontraba Xuan Lie.
—Esto es aburrido —dijo la figura.
Aparecieron unos guardias con armaduras doradas sobre túnicas blancas de bordes dorados, con la figura de un dragón bordada en la tela, vendas blancas y largos cabellos blancos.
—Mi señor —dijeron—, debemos retirarnos.
La figura se dio la vuelta lentamente, y por fin se distinguió su rostro: tenía ojos dorados y llevaba un colgante dorado con forma de estrellas.
—¿Tan pronto? —respondió él—. No nos iremos. Podemos simplemente ir y desaparecer en otro mundo, podemos borrar a otra raza entera… ¿por qué irnos tan pronto?
Al escuchar y ver aquel rostro, a Xuan Lie se le formó un nudo en la garganta: la figura que contemplaba era idéntica a él mismo en su juventud, en su vida pasada. No entendía nada de cuanto estaba ocurriendo.
Xuan Lie quiso retroceder, pero su cuerpo no se movió. La escena se volvió borrosa y dio paso a otro escenario: un bosque en llamas en medio de una noche helada, donde se oían gritos, lamentos y súplicas de auxilio. Todo se reflejaba con tanta claridad ante sus ojos que le recorrieron escalofríos.
Entonces escuchó el grito de una mujer; giró la cabeza y la vio: vestía una túnica propia de quien cultiva energía, pero estaba cubierta de heridas. Una figura que no lograba distinguir en la oscuridad la sujetó por el cabello, le cortó la mano y la torturó mientras ella gritaba de dolor. Entre carcajadas, la figura dijo:
—Todos no sois más que insectos destinados a ser pisoteados. Ese es vuestro destino.
La mujer gritaba, y entre lágrimas apenas alcanzó a decir:
—¿Por qué haces esto? ¿Qué te hemos hecho?
La figura respondió entre risas:
—¿Y por qué no hacerlo? Es divertido verlos sufrir, verlos lamentarse. No me han hecho nada… simplemente me gusta ver su dolor, y lo fácil que es romperlos.
Soltó una carcajada estruendosa y añadió:
—Te he dejado vivir demasiado tiempo.
La decapitó, tomó la cabeza en su mano y caminó hacia Xuan Lie. Al pasar a su lado, el resplandor del fuego le iluminó el rostro: era él mismo otra vez, en su apariencia más joven, con el cabello corto, el colgante de estrellas y aquellos ojos dorados y fríos. Vestía túnicas negras con grabados antiguos, ahora manchadas de sangre.
Al ver todo aquello, Xuan Lie no lograba comprender:
—¿Qué está pasando? ¿Qué estoy viendo…? ¿Por qué esta figura se parece a mí cuando era joven? ¿Por qué no recuerdo lo que hice en aquel entonces? Es como si hubiera lagunas en mi mente… no logro entender qué ocurre.
Se escuchó entonces un ruido entrecortado, y dio paso a otro escenario: miles de cultivadores con vendas blancas sobre los ojos, cabellos blanco largo y túnicas antiguas de color blanco, masacraban aparentemente a toda una raza. Los descuartizaban sin distinción: mujeres, hombres… por inocentes que parecieran, eran asesinados de formas imposibles de describir. Era la aniquilación de una raza antigua y poderosa: no podían resistirse ni oponerse, sin importar si eran cultivadores o los miembros más fuertes de su pueblo. Aquellos los trataban como una plaga, exterminándolos a todos sin dejar rastro.
Se oían gritos de lamento, llantos y súplicas de auxilio por doquier en aquel escenario tan ensangrentado. Xuan Lie quiso avanzar para ayudar, pero seguía siendo incapaz de moverse. Entonces resonó una voz entrecortada, pero perteneciente a alguien joven:
—Matadlos a todos. No dejad a nadie con vida. Su peor maldición fue existir y estar al alcance del amo. Al fin y al cabo, solo existen para ser usados por los fuertes y desechados después. Es lamentable nacer en una raza tan despreciable que ni siquiera merece la atención del amo.
La voz comenzó a descender desde el cielo; se distinguía la silueta, aunque no su rostro —que por alguna razón permanecía borroso—. Sin embargo, se apreciaban claramente sus túnicas negras con matices azules, propias de un ser poderoso, un cultivador de un nivel sin precedentes. Tenía el cabello negro, y a su costado lucía una placa que decía: Enviado de la Muerte.
Todo comenzó a desmoronarse, y el recuerdo se volvió borroso. Xuan Lie abrió los ojos de golpe, agitado y empapado en sudor; llevó la mano al pecho, lo apretó con fuerza y se preguntó a sí mismo: ¿Qué fue todo eso?
Se levantó lentamente y murmuró:
—¿Qué fue lo que vi en esos recuerdos?
Alzó la mirada despacio y comprendió que había vuelto a sus aposentos. Intentó ponerse de pie, pero su cuerpo entero le dolía profundamente.
Xuan Lie logró ponerse en pie, con el cuerpo adolorido. Se lavó el rostro, se recogió el cabello y salió hacia la caseta, mirando el estanque y los peces que nadaban tranquilamente. Apretó ambas manos con furia: no lograba comprender nada de aquello que parecía ser un recuerdo suyo. Bajó la cabeza, miró su reflejo y se preguntó:
—¿Quién fui en mi vida anterior? ¿Qué fue lo que hice en mi juventud?
Alzó la mano, dejando que la luz del sol se filtrara entre sus dedos; por un breve instante, todo se tiñó de oscuridad y vio sus manos manchadas de sangre. Bajó la mano de golpe y volvió a mirar: la sangre había desaparecido. Se sintió profundamente frustrado: no entendía qué le estaba ocurriendo.
Se dio la vuelta lentamente, sumido en sus pensamientos, se sentó en una mecedora y se recostó, dejando que el sol le iluminara el rostro. Allí permaneció sentado, intentando escarbar en lo poco que recordaba, tratando de descubrir quién había sido en verdad.
En la gran mansión azul de Lan Guanyi, el Patriarca Lan llegaba acompañado de Lan Jianghe. Los guardias se inclinaron y dijeron:
—¡Saludos, Patriarca!
El Patriarca estaba a punto de hablar, pero los guardias añadieron:
—Pase, el anciano Lan Guanyi lo espera en el interior.
—Bien, Patriarca, entremos —dijo Lan Jianghe.
Y así entraron, caminando por los amplios pasillos de la mansión; a su lado se divisaba un hermoso jardín. A medida que avanzaban, llegaron hasta los aposentos de Lan Guanyi.
Un sirviente, situado fuera de los aposentos, dijo:
—Un momento —y se inclinó respetuosamente.
Desde el interior, Lan Guanyi respondió:
—Déjalos pasar.
El Patriarca y Lan Jianghe entraron entonces.
—Te ves en buenas condiciones, hermano —dijo el Patriarca con una sonrisa burlona—, para ser casi un viejo.
Lan Guanyi lo miró de reojo:
—Bromear así con tu hermano mayor no es muy apropiado, ¿lo sabes? Además, estoy algo herido… ¿podrías mostrar al menos un poco de preocupación por mí?
—Claro que me preocupo —replicó Lan Zuiwen riendo—, por eso he venido a verte. ¿Eso no cuenta?
—No se puede contigo —suspiró Lan Guanyi.
—Si vienes a visitarme, no es solo porque quieras, ¿verdad? Quieres saber lo que ocurrió en la herrería —dijo Lan Guanyi.
—Es cierto —admitió Lan Zuiwen—, pero también traigo noticias importantes que harán que nuestro plan avance sin retrasos, siempre que no surja nada más que lo impida.
—¿Es eso cierto? ¿Entonces el plan dio resultado? —preguntó Lan Guanyi.
—Sí, funcionó —respondió él con una sonrisa—. Vaya, para ser un viejo de huesos duros, tienes buen don de predicción.
—Oye —reclamó Lan Guanyi—, muéstrame un poco de respeto, soy tu hermano mayor.
Lan Zuiwen se rió con burla:
—Está bien, está bien, no nos detengamos en esos detalles. Hablemos de lo que pasó en la herrería.
El anciano, sentado en su lecho, dijo:
—Realmente no sé cómo describirlo. Todo pareció ocurrir tan rápido… lo que debió ser un día entero en la herrería se sintió como un abrir y cerrar de ojos. Pero pude ser testigo de algo: ese humano no es solo un gran maestro herrero. Xuan Lie forjó su primera obra de alto nivel, y creo que con esto no solo se ha ganado su título, sino que ha superado incluso a su propio maestro.
El Patriarca asintió:
—¿Entonces, en su primer intento y usando solo ese fragmento, logró crear no solo una espada, sino también dotarla de un sello, de modo que el arma misma te pusiera a prueba para ver si eras digno de empuñarla?
—Sí, realmente se las arregló para lograr todo eso. Y yo no sé cómo logré mantenerme en pie y consciente, pero durante esa prueba de la espada ocurrió aquello que tú y yo llevamos tiempo investigando.
—Si dices eso —respondió el Patriarca—, ¿te refieres a la marca y al linaje puro de nuestra familia?
Lan Guanyi asintió con la cabeza, se llevó la mano al rostro y dijo pensativo:
—El sello me hizo sentir algo totalmente distinto… sentí que podría partir una montaña en dos. Mi percepción se agudizó, mi velocidad aumentó, toda mi propia energía se elevó. Fue un estado que no logro apartar de mi mente: era algo nuevo, nada que hubiera experimentado jamás.
—En nuestra familia —explicó el Patriarca—, es cierto que durante generaciones se creyó que esa marca se había perdido; nadie sabía qué hacía falta para hacerla aparecer ni cómo usar su poder. Pero tú lo lograste: ¿sentiste que necesitabas algo en especial para activarla o que apareciera?
—No, en realidad —respondió Lan Guanyi—, surgió como si fuera algo natural.
El Patriarca suspiró y comenzó a caminar de un lado a otro:
—Bien. Lo importante es que has sido capaz de invocarla una vez; si lo lograste entonces, podrás hacerlo de nuevo cuando llegue el momento. Mantén esa sensación e investiga por ti mismo cuáles son los límites de la marca y cuánto tiempo dura su efecto. ¿Sufriste algún daño interno al usarla?
—No —dijo Lan Guanyi—, solo me sentí agotado, sin energía interna. Por eso me apresuré a regresar: para estabilizar mi energía y perfeccionar el control sobre la espada.
—Entonces recupérate bien —asintió el Patriarca—. Ahora, muéstramela: tengo mucha curiosidad por ver la obra de Xuan Lie. Veamos qué clase de espada es capaz de atraer tan fuertes rayos y de ponerte a prueba de esa manera.
Lan Guanyi sacó la espada, la hizo flotar y girar a su alrededor, hasta dejarla suspendida frente a Lan Zuiwen. Este pasó dos dedos sobre el arma y dijo:
—Su calidad es realmente excelente… parece obra de uno de esos herreros legendarios que se mencionan en los textos antiguos. El sello es la marca que permite a la espada no solo decidir quién la empuña, sino también dejar la huella de su creador. Lo que ha logrado Xuan Lie es realmente sorprendente.
Le devolvió el arma a Lan Guanyi, quien la guardó y añadió:
—Todavía me falta estabilizarme por completo para dominar bien su control, pero por ahora ya puedo hacer uso de ella.
—Bien —dijo el Patriarca—. Descansa, recupérate pronto y prueba hasta dónde llega su poder.
Entonces intervino Lan Jianghe:
—Por lo que veo, es una espada magnífica. Pero Patriarca, forjar un arma así exige la energía del anciano Lan Guanyi, además de un gran desgaste físico y concentración por parte del herrero. Teniendo en cuenta que aún le quedan veintinueve fragmentos por trabajar, para moldear armas para otros veintinueve cultivadores… ¿cuánto tiempo tardará Xuan Lie? ¿Y el desgaste mental no será demasiado grande?
El Patriarca miró a Lan Guanyi y le preguntó:
—¿Tú qué opinas al respecto?
—Es cierto —respondió él—: requiere mi energía o la de otros, y sobre todo exige mucha fuerza física por parte del herrero. Lo mejor sería hallar una forma de crear esas armas sin tanto desgaste. El tiempo que nos queda es escaso; no podemos permitirnos perderlo solo forjándolas una por una.
El Patriarca, sumido en sus pensamientos, dijo:
—Bien, pensaré en alguna solución. Por ahora, recupérate bien. Iré a ver al anciano Wei Huo; hace tiempo que no sé en qué estado se encuentra. Y tú, Lan Jianghe: reúne a los espías, forma grupos y envíalos a los alrededores. No sabemos cuántas razas han presenciado la anomalía; debemos mantenernos alerta.
Dicho esto, se levantó y se retiró. Asintió con la cabeza hacia Lan Guanyi antes de irse, dejándolo solo en sus aposentos para que pudiera recuperarse.
Mientras tanto, Xuan Lie seguía sumido en sus pensamientos. Se levantó, preparó un poco de té intentando calmar su mente, buscando aclarar sus dudas y comprender todo lo que había presenciado. Estaba a punto de dar el primer sorbo cuando se escuchó el golpe en la puerta. Miró hacia ella un instante, apartó la vista y bebió el té, diciéndose para sí mismo: Ya sé quién puede ser. Dio otro sorbo y dejó que la persona del otro lado esperara.
CONTINUARA…
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AUT: OLVIDADO

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Estás leyendo el capítulo 47 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 15 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.