Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 46 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
En medio de lo que quedaba de la herrería, tras el impacto de los rayos, se distinguía una figura sosteniendo el martillo. El humo parecía desprenderse de su cuerpo, como si estuviera a punto de prenderse fuego. Su corazón latía con fuerza, y el sudor empapaba su ropa; sin embargo, no mostraba ni una sonrisa, ni rastro de ninguna emoción. Sus manos temblaban levemente mientras observaba su propio reflejo en la superficie del arma: su primera obra, creada con sus propias manos, a la que él mismo había dado forma y vida.
El anciano Lan Guanyi no dejaba de mirar solo a Xuan Lie, sino también la obra en la que él mismo había ayudado a forjar. Se puso de pie, recuperó el aliento y dijo con voz entrecortada:
—Lo has conseguido… has forjado un arma con el primer fragmento, en tu primer intento… ¡Tú, Xuan Lie, lo has logrado! —exclamó con fuerza.
Al ponerle la mano sobre el hombro, añadió con preocupación:
—¡Ardes en fiebre! ¿Estás bien?
Xuan Lie parecía estar en otro estado, como si no estuviera presente del todo, y su cuerpo tenía una temperatura insoportable. Susurró apenas:
—Que mi legado no se pierda… que perdure.
El anciano escuchó sus palabras y volvió la mirada hacia la creación: una espada de color negro profundo, con acabados dorados en el filo, de cuya hoja se desprendían destellos de rayos blancos. Su calidad era tal que parecía obra del mejor herrero que hubiera existido jamás.
Lan Qingyin se abrió paso entre los escombros de la herrería junto a los guardias, y preguntó mientras observaba los daños:
—¿Están bien?
—Estamos bien… o eso creo —respondió su padre, sin apartar la vista de Xuan Lie, que permanecía inmóvil—. Xuan Lie, debemos retirarnos. Este lugar ha quedado totalmente destruido; debes volver a tu mansión.
Xuan Lie no se movió ni un ápice, y solo pronunció:
—Su sangre…
—¿Sangre? —Lan Guanyi no entendió, se acercó un poco más y preguntó—: ¿A qué te refieres?
—Esta espada necesita un dueño —explicó él—. Así que usa tu sangre, y que esta espada se vuelva tuya.
El anciano dudó unos instantes, pero finalmente se hizo un pequeño corte en el dedo y dejó caer una gota sobre la hoja. El arma la absorbió al instante, comenzó a elevarse en el aire y sus destellos se extendieron con fuerza.
—¿Qué está ocurriendo, Xuan Lie? —preguntó Lan Guanyi con sorpresa.
—Te está aceptando —respondió él—, pero antes pondrá a prueba si eres digno de empuñarla. Si no lo eres, no estarás hecho para revelar su verdadero potencial.
Con voz fría y grave, Xuan Lie añadió:
—¿Qué harás, anciano? ¿Lo intentarás… o simplemente te rendirás?
El anciano Lan Guanyi respondió con una media sonrisa:
—Hace mucho tiempo que no estiro mis viejos huesos.
Se irguió adoptando la postura de quien está listo para el combate, y añadió con firmeza:
—Y aunque estoy agotado, no soy un viejo al que se pueda vencer fácilmente.
En ese instante, la espada se abalanzó sobre él. El anciano esquivó el ataque con agilidad, mientras el arma comenzaba a lanzar destellos de relámpagos que buscaban caer directamente sobre su cuerpo.
Era un espectáculo digno de contemplar, uno de esos pocos enfrentamientos entre un cultivador y el arma que busca hacerlo suyo. Lan Guanyi fijó la mirada, y sus ojos de azul profundo brillaron al activar una técnica: Destello de la Fuerza. Su figura se volvió borrosa y se movió con una rapidez asombrosa, alargando la mano hacia la empuñadura. Pero la espada intensificó el ataque de relámpagos, impidiéndole que la tomara.
El anciano sacó entonces unos hilos finos y blancos, los esparció con las manos y los hizo extenderse hasta aprisionar el arma.
—No soy un hueso tan fácil de roer —dijo con determinación.
Volvió a activar la técnica Destello de la Fuerza, y esta vez logró cerrar la mano sobre la empuñadura.
Pero no sería tan sencillo: la espada no solo comenzó a esparcir más rayos, sino que pareció atraerlos directamente desde el cielo, haciendo que descargaran uno tras otro sin descanso sobre Lan Guanyi. Este reaccionó rápidamente canalizando su energía para mitigar los impactos y evitar sufrir mayores daños.
En medio de todo, el anciano sintió una emoción que creía haber perdido hacía mucho tiempo: la adrenalina pura. Con la mano que tenía libre estabilizó su flujo de energía, y con la que sostenía el arma comenzó a infundir su propia fuerza, apretando la empuñadura con decisión.
Lan Guanyi soportaba las descargas mientras luchaba por dominar el arma y hacerla suya, hasta que una de sus rodillas terminó por ceder contra el suelo: el peso de la prueba era inmenso. Lan Qingyin intentó acercarse para ayudarlo, pero Xuan Lie la detuvo con la poca fuerza que le quedaba.
—Esta es la prueba de la espada —le dijo con voz serena—. Interferir ahora sería herir no solo el orgullo de tu padre, sino el orgullo de todo cultivador. Solo observa: él encontrará la forma.
Y añadió con severidad:
—Además, ¿qué diferencia harías? tu cuerpo es frágil. Para ayudar a otros, primero debes ser capaz de salvarte a ti misma, Así que no interfieras y deja que él encuentre la forma de lograr tomar la espada.
Ella sintió una profunda frustración al ver que su padre apenas lograba mantenerse en pie.
Lan Guanyi escupió sangre y declaró:
—No será tan fácil.
Con un esfuerzo inmenso, alzó la rodilla y se puso de pie por completo. En ese instante, apareció en su rostro una marca antigua de color negro, distintiva de su raza; de ella emanaba un humo tenue y sombrío. Su cabello se volvió totalmente oscuro, dos colmillos asomaron mientras apretaba la mandíbula con fuerza, y activó una nueva habilidad: Forma Destellante.
Esta técnica triplicó su poder: todos sus sentidos y su energía se intensificaron al máximo. Desapareció en un parpadeo, esquivando por completo las descargas celestiales que la espada provocaba. Con la mano libre extendió los dedos hacia el arma y pronunció con autoridad:
—Ríndete.
La espada se estabilizó al instante y lo aceptó como su dueño; los rayos dejaron de caer, y así Lan Guanyi hizo suya el arma, superando por fin la prueba.
Lan Guanyi contemplaba la espada en su mano: el brillo que emanaba de aquella hoja oscura con acabados dorados, salpicada de pequeños destellos de rayo. Lan Qingyin se acercó para preguntarle si estaba bien, pero entonces una de sus rodillas cedió y cayó al suelo, escupiendo sangre. En ese instante, la marca de su rostro se desvaneció, su cabello recuperó su tono azul claro, teñido ya por la edad, y dijo con respiración entrecortada:
—Lo que acaba de pasar… debe ser eso, sin duda.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó ella, sosteniéndolo con preocupación.
—Solo es una herida menor; estaré bien —respondió él.
Ella lo ayudó a ponerse en pie, y los guardias corrieron para apoyarlo hasta llevarlo frente a Xuan Lie. En medio de todo el caos, nadie se había percatado de que el joven había quedado totalmente agotado por el esfuerzo: se había recostado contra el yunque y se había quedado profundamente dormido.
Por primera vez, el anciano mostró en su rostro una profunda admiración hacia Xuan Lie, que permanecía recostado y dormido, con la cabeza caída y su largo cabello cubriéndole el semblante.
Dijo entonces a uno de los guardias:
—Vayan a ayudarlo y llévenlo hasta su mansión. Después de todo… se ha convertido en un maestro digno de ese título, y yo soy su testigo.
El guardia se apresuró a levantarlo y el anciano dijo:
—Nos veremos pronto, Xuan Lie. Descansa.
Así, el guardia se lo llevó de regreso a su residencia, mientras Lan Guanyi también regresó a la suya para recuperarse, estabilizar su energía y acostumbrarse al control de la nueva espada.
Lejos del santuario, muy lejos de allí, unos espías se movían como fantasmas en la noche, con una velocidad asombrosa. Habían presenciado los tres rayos que cayeron y luego la descarga incesante sobre el mismo lugar: el santuario Shen Lan. Se apresuraban, pues la información que habían recogido era sumamente valiosa —no solo por lo que habían visto, sino por la anomalía que ocurrió cuando el mismo cielo fue testigo de Xuan Lie.
Uno de ellos se dirigió al líder del grupo:
—jefe, tardaremos entre uno y tres días en llegar. ¿Entraremos todos?
El líder negó con firmeza:
—Eso es imposible. ¿Siquiera sabes a dónde vamos? Se trata de una de las razas más poderosas que existen; sus defensas deben ser únicas, por no hablar de quienes custodian sus murallas y sus fronteras.
—No hablemos de eso —replicó el líder—. Primero lleguemos al lugar y luego analizaremos la situación. ¡Apresurémonos!
A medida que avanzaban, vieron dos figuras junto a una fogata, asando un trozo de carne. Eran de la raza Shen Lan, pero en realidad se trataba de espías disfrazados de personas comunes, que charlaban como si no supieran de la presencia de los intrusos. Los espías foráneos se prepararon para desenfundar sus armas, mientras uno de los espías de la raza decía:
—¿Oíste los rumores? Dicen que nuestro Patriarca organizará una expedición a gran escala.
—Es cierto —respondió el otro—, yo también he escuchado algo al respecto. Además, oí hablar de un herrero que provocó una gran anomalía…
Uno de los espías se inclinó hacia su jefe y susurró:
—Jefe, ¿vamos a…?
El líder hizo una seña tajante para que no hicieran nada. Mientras tanto, los dos junto a la fogata seguían conversando:
—Es cierto… ¿crees que tendrán éxito? —preguntó el primero.
—Lo creo —respondió el otro—. Irán muchos cultivadores; después de todo, nuestra raza es poderosa y cuenta con los mejores guerreros —dijo soltando una carcajada.
—Es verdad —asintió su compañero—, pero también escuché algo más: dicen que el herrero que provocó la anomalía no es de nuestra raza. ¿Sabías eso?
—¿Ah, ¿sí? —se sorprendió el otro—. Entonces… ¿de dónde es?
—De otra raza, según se dice; pero todavía nadie ha logrado averiguar cuál.
—Qué extraño… —murmuró el primero—. Por cierto, ¿cuándo se pondrá en marcha esa gran expedición?
—Por lo que sé, será muy pronto: quizás dentro de unos meses.
—Vaya, eso es bastante rápido —dijo uno.
—Es cierto —respondió el otro.
—Pero… ¿qué busca exactamente el Patriarca con esta expedición?
—Según se dice, una mina: pero no una cualquiera, sino una que resguarda recursos de gran calidad.
—¿Ah, ¿sí? Entonces realmente vale la pena la expedición.
—Claro que sí: nuestra raza solo va en busca de lo mejor.
Y soltaron una carcajada, mirándose de reojo: habían revelado justo lo necesario para hacer retroceder a los espías y que no siguieran avanzando. Si no lo lograban, solo quedaría que uno se arriesgara a quedarse para retrasarlos todo lo posible y ganar tiempo, mientras el otro se apresuraba a regresar al santuario para informar que el plan para evitar la infiltración no había funcionado.
Los dos se miraron de reojo, mantuvieron su papel y dijeron:
—Bueno, ya casi oscurece; debemos volver a casa.
—Es cierto —asintió el otro—. Vamos al santuario, e intentemos ver al herrero. Tengo mucha curiosidad por conocerlo.
Recogieron sus cosas y se dirigieron hacia el santuario, sin dejar de actuar como simples lugareños. Mientras tanto, uno de los espías se inclinó hacia su jefe:
—¿Los dejamos ir?
—Lo que han dicho mientras hablaban es información muy útil —respondió el líder.
—Pero señor… —objetó otro—, podría ser mentira.
—No —replicó él—, no lo es, o al menos no toda. Los Shen Lan son demasiado orgullosos para inventar historias completas. Si hablaron de ello, al menos una parte debe ser verdad.
—¿Entonces qué haremos, jefe?
Este reflexionó un instante y decidió:
—Volvamos.
—¿Pero si el Patriarca no ve regresar pruebas que confirmen lo que hemos oído… nos ejecutará —advirtió otro espía?
—¿Pruebas? —el líder se puso de pie con determinación—. Yo soy la prueba. Ahora, nos ocultaremos en cuanto caiga la noche y avanzaremos apenas amanezca. ¡Apresúrense! Yo responderé ante el Patriarca. ¡Vamos!
Y así, el grupo se dispuso a regresar.
Los dos que mantenían su fingimiento sintieron, mientras caminaban, que la presencia del grupo de espías se alejaba. Se apresuraron entonces a regresar al santuario, llamaron a un halcón con un silbato y lo enviaron con el mensaje: el plan había funcionado y habían logrado desviar a los espías que intentaban ingresar al santuario de la raza Shen Lan.
En el gran salón de la mansión principal del patriarca, el canalizaba su energía cuando escuchó llamar a la puerta. Abrió los ojos, detuvo su práctica y preguntó:
—¿Qué ocurre?
Una voz llegó desde el otro lado de la gran puerta:
—Patriarca, traigo noticias del exterior.
—Pasa —ordenó él.
Lan Jianghe entró apresuradamente, se inclinó y dijo:
—Tal como se planeó, el plan ha sido un éxito: logramos desviar la atención de un grupo de espías que se dirigía hacia aquí.
—Es una buena noticia —respondió el Patriarca—. No se necesitan muchas palabras entre nosotros; tú sabes bien cuál es mi intención.
—Además —añadió Lan Jianghe—, no sé si pudiste percibirlo, pero ocurrió algo extraordinario en la herrería.
—¿En la herrería? ¿Qué ha pasado? —preguntó él.
—El humano Xuan Lie ha forjado la primera espada. Y no solo eso: ha creado un sello propio para todas sus obras.
—¿Ah, sí? —se sorprendió el Patriarca—. Eso es muy positivo, ¿no crees?
—No es todo —dijo él—: la espada puso a prueba a su futuro dueño…
—¿La espada lo puso a prueba? —lo miró fijamente el Patriarca.
—Así es. La persona que la recibió fue Lan Guanyi: soportó con dureza el desafío, sobrevivió y logró dominarla para hacerla suya.
—¿Dónde se encuentran ambos ahora?
—En sus respectivas mansiones, descansando.
—Entonces iremos a ver a Lan Guanyi —decidió el Patriarca.
Y así, ambos se dispusieron a partir hacia la residencia del anciano.
Mientras tanto, en otro lugar, lágrimas de alegría, orgullo y alivio se deslizaron por un rostro anciano: era el maestro herrero Wei Huo, que a través de su cuidador se enteraba de todo lo que había ocurrido a lo lejos en la herrería.
El anciano tosió y sonrió, escupiendo sangre y agravando su herida, mientras su cuidador no lograba detenerlo. Wei Huo abrió sus ojos, ya blancos por la enfermedad que lo cegaba y carcomía su cuerpo —que apenas le permitía respirar, hablar y seguir viendo—, y dijo con voz entrecortada:
—El legado perdurará… mi discípulo me ha superado. ¡Jajaja! Tú, Xuan Lie… me has demostrado que con este viejo cuerpo pude dejar una huella que algún día volverá a poner el mundo patas arriba. Ojalá hubiera vivido más para ver tus hazañas y tus creaciones… es realmente lamentable.
Cerró los ojos lentamente, derramando más lágrimas con una sonrisa en el rostro, mostrando lo profundamente satisfecho que estaba: todo el peso que había cargado durante años había dado, por fin, fruto en un digno sucesor.
CONTINUARA…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)
Capítulo 47
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 46
Estás leyendo el capítulo 46 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 15 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.