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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 45 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Al ver salir el amanecer, Xuan Lie se dispuso a dar de comer a los peces del estanque. Los observó mientras se alimentaban y, una vez terminado, se retiró de allí y bajó de la mansión, descendiendo así por la montaña. Caminó por los escalones de piedra que conducen hasta el santuario y, al llegar a sus calles, compró un poco de pan. Se sentó en un lugar tranquilo y se quedó observando cómo los miembros de la raza Shen Lan llevaban su vida, como si fuera un día cualquiera. El tiempo transcurrió con calma, y cuando el sol alcanzó su punto más alto, se puso de pie y se dirigió hacia los aposentos de su maestro, el herrero. Al llegar a la puerta y ver el estado en el que se encontraba el anciano, dio un paso atrás con la intención de retirarse sin molestar. Pero en ese momento escuchó una tos profunda, y se detuvo en seco. —A duras penas… ¿eres tú, Xuan Lie? —preguntó el maestro con voz entrecortada. Xuan Lie se inclinó con respeto y respondió: —Sí, soy yo, maestro. —Entonces… pasa —dijo el anciano. Xuan Lie entró y, antes de que pudiera empezar a hablar, el maestro lo interrumpió: —Ya lo sé. Sé a qué has venido; no hace falta darle vueltas al asunto. Me he enterado de esa anomalía que provocaste… es realmente impresionante. Tosió con fuerza antes de continuar: —No puedo hablar demasiado. Dime qué preguntas tienes y aclara todas las dudas que te rondan la mente. Xuan Lie asintió y respondió con sinceridad: —Creo que he logrado aprender la segunda etapa… aunque aún no soy capaz de usarla plenamente, no hasta que logre cultivar suficiente energía. El maestro negó levemente con la cabeza y dijo con tono serio: —Has logrado mucho más que eso. —¿Qué quiere decir con eso? —preguntó Xuan Lie, confundido. —¿Quieres saber en qué consiste la tercera etapa? —preguntó a su vez el anciano. Xuan Lie asintió pensativo: —Sí, quiero saberlo. —Es muy sencillo: en realidad no tiene pasos ni reglas fijas. El único requisito para alcanzar esta tercera fase es superar a tu propio maestro. Y si has logrado provocar esa anomalía, eso significa algo importante… ¿no lo crees? —¿Superarlo a usted? ¿Es eso realmente posible, maestro? —preguntó Xuan Lie con duda. El anciano soltó una nueva tos y luego respondió con calma: —Lo sabrás en el momento en que empieces a forjar tu primera obra propia. Cuando eso suceda, tráemela; seré totalmente sincero contigo y te diré exactamente en qué medida me has superado. Xuan Lie, sin entenderlo del todo, asintió y respondió: —Como usted diga, maestro. Se dio media vuelta para salir de la habitación, pero antes de cruzar el umbral, la voz del herrero lo detuvo una vez más: —Xuan Lie… no permitas que las dudas de tu mente se conviertan en dudas de tu corazón. Xuan Lie escucha sus palabras y se dirige hacia la herrería para prepararse y empezar. Pero en ese momento recuerda algo fundamental: para crear una obra de calidad necesita energía. Se queda pensativo y se dice a sí mismo: —¿Cómo voy a crear algo capaz de igualar o superar a mi maestro si todavía no puedo usar mi propia energía? Mientras sigue inmerso en sus pensamientos, se escucha un golpe en la puerta de la herrería. ¿Quién podrá ser a esta hora?, se pregunta para sí. Sale a abrir y se encuentra con dos figuras: son Lan Guanyi y su hija, Lan Qingyin. Xuan Lie les muestra respeto y pregunta: —¿A qué se debe su visita? Lan Guanyi responde con tono serio: —Mi hija me ha contado bastante sobre ti. Xuan Lie sabe muy bien en su interior que no la ha tratado precisamente con amabilidad, pero mantiene la calma y contesta: —Es cierto, ha venido un par de veces a la mansión que me asignaron. Lan Guanyi lo observa de reojo y añade: —Está bien. Dime, ¿qué te trae por aquí a la herrería? —Debo empezar a fabricar las armas —responde Xuan Lie—. Pero no solo me falta energía para hacerlo, sino también los materiales necesarios para forjar lo que se requiere para la expedición. —Precisamente de eso quería hablar contigo —dice Lan Guanyi. —¿Conmigo? —pregunta Xuan Lie con sorpresa. Lan Guanyi asiente con firmeza: —Sí. Los materiales siguen siendo escasos y tenemos muy poco reservado; apenas alcanzan para fabricar las treinta armas. Así que no te puedes permitir ningún error. En lo que respecta a la energía, ahí sí puedo ayudarte: infundiré la mía propia, y tú solo tendrás que darles forma y vida a las armas que forjes. Xuan Lie responde: —No tengo inconveniente, pero al infundir energía en todas las armas, estas serían como creadas para usted, ¿no? Después de todo, llevarían su propia esencia. Lan Guanyi contesta con calma: —Como herrero deberías saberlo: no importa el material ni qué energía se les infunda. Quien decide su destino y su dueño es el creador, y este deja en ellas un sello que lo identifica. —¿Un sello? —pregunta Xuan Lie con curiosidad. —Exacto —prosigue Lan Guanyi—. Una obra sin la marca de su creador no es más que un arma cualquiera: sin nombre, sin historia y sin alma. Por eso, piensa desde ya: ¿qué clase de sello quieres dejar en tus creaciones? ¿Qué legado deseas construir? ¿O cómo quieres que te recuerden quienes lleguen a conocer tu obra… o mejor aún, quienes tengan el honor de empuñarla? ¿Entiendes? Xuan Lie guardó silencio unos instantes. Nunca había pensado en dejar un nombre o un legado tras sus armas. En su vida pasada estas cosas no fueron necesarias. Sin embargo, las palabras de Lan Guanyi despertaron una duda que jamás se había planteado. —Entiendo... lo pensaré con cuidado. —Perfecto, entonces vamos por los materiales —dice Lan Guanyi. Xuan Lie vuelve a asentir. Lan Guanyi toma la delantera y él lo sigue unos pasos atrás; mientras tanto, Lan Qingyin se gira brevemente y le hace un saludo discreto con la mano. —Apresurémonos, el tiempo es un recurso muy valioso —añade el anciano. Al llegar al almacén principal de la raza Shen Lan, dos guardias detienen el paso: —Para ingresar se requiere presentar la placa de autorización. Lan Guanyi saca la placa oficial que lleva el sello del Patriarca. En cuanto la ven, ambos se inclinan respetuosamente hasta el suelo y dicen al unísono: —Hemos recibido las órdenes correspondientes. —Solo abran —ordena Lan Guanyi—. Necesitamos retirar los materiales necesarios. Los guardias se miran entre sí, asienten sin dudar y proceden a abrir las pesadas puertas del almacén. Al entrar, Xuan Lie ve lo poco que guardaba aquel gran almacén. Era la verdadera realidad de la raza Shen Lan: la otra cara oculta tras la apariencia de una vida tranquila y normal. En ese instante terminó de comprender por qué el Patriarca había decidido asumir un riesgo tan grande al organizar una expedición de esa magnitud. No buscaba riquezas ni tesoros; buscaba simplemente asegurar la supervivencia de su pueblo. Lan Guanyi sacó entonces un bloque de color negro, recorrido por finas vetas que brillaban como relámpagos dorados. Lo mostró y explicó: —Solo nos quedan treinta fragmentos. Según los registros de nuestros antepasados, este material es extremadamente difícil de trabajar, pero es lo mejor que tenemos para forjar las armas. Lo miró fijamente y preguntó con seriedad: —Así que dime: ¿estás dispuesto a arriesgarte? Recuerda que solo tenemos treinta piezas, lo justo para crear las treinta armas necesarias. No te puedes permitir ni un solo error en la elaboración de ninguna. Xuan Lie responde con cierta duda en la voz, pero con total convicción: —Lo haré. Crearé esas treinta armas, aunque el material sea difícil de trabajar. Lan Guanyi esboza una leve sonrisa y dice: —Muy bien. Llama a los guardias y les ordena: —Coloquen todos los fragmentos en una caja y ayúdennos a trasladarla hasta la herrería. Luego se dirige de nuevo a Xuan Lie: —Por cierto, ¿cuándo piensas empezar a trabajar? —El tiempo es valioso, ¿no es así? —responde él—. Entonces me pondré a ello de inmediato. ¿Podrá ayudarme infundiendo la energía en todo momento? —Sí —afirma Lan Guanyi—, así lo haré. Además, esto nos beneficia a ambos. Y así, todos se apresuran para regresar de nuevo a la herrería. La tarde caía, y Xuan Lie se disponía a crear su primera arma: aquella que decidiría si era capaz de igualar o incluso superar a su maestro. Los golpes del martillo resonaban con precisión y claridad. Lan Guanyi y Lan Qingyin observaban la escena con atención: veían a Xuan Lie esforzándose por dar forma a aquello que intentaba forjar. El sudor recorría todo su cuerpo, y el calor se sentía intenso en cada rincón de la herrería. Llevaba ya bastante tiempo intentando transformar el fragmento y convertirlo en algo concreto. Sus movimientos eran tan coordinados y sincronizados que parecían formar un todo único: el material, los golpes y el propio Xuan Lie parecían fundirse en uno solo. Estaba sumido en una concentración absoluta, pero al ver que el fragmento seguía igual, sin cambiar de aspecto ni adquirir forma, las dudas comenzaron a apoderarse de él: ¿sería realmente capaz de forjar un arma que superara a la de su maestro? ¿O apenas lograría crear algo común? De pronto, notó que el material empezaba a agrietarse. Entendió al instante que estaba a punto de fallar. —¡No te limites solo a concentrarte! —le gritó Lan Guanyi—. Vive el momento, sé parte de ello… ¡conviértete en uno con el material! En ese preciso instante, Xuan Lie recordó las palabras que le había dicho su maestro: “No permitas que las dudas de tu mente se conviertan en dudas de tu corazón”. En ese instante, acudieron a su mente todos los recuerdos de las enseñanzas de su maestro y cada una de sus sabias palabras. Recordó que no estaba allí para fracasar. —Me niego a fallar —susurró Xuan Lie con voz firme—. Me niego a ser olvidado… y me niego a perderme a mí mismo. Alzó el martillo y asestó un único golpe, limpio y contundente, como si una fuerza superior guiara su cuerpo. Desde ese momento, cada impacto comenzó a dar forma al material con una precisión inesperada. Xuan Lie parecía estar en otro estado: su corazón latía con fuerza, y una sensación nueva lo invadía. ¿Era emoción? ¿O tal vez una determinación sin límites? Se mordió el labio con intensidad, y los golpes se volvieron cada vez más rápidos, sin mostrar señal de detenerse. En medio de ese ritmo frenético, gritó con toda su fuerza: —¡Anciano Lan Guanyi… es su turno! El anciano observaba cómo el fragmento seguía sin adquirir forma, y dudaba: no sabía si debía infundir su energía, ya que aún no distinguía ningún contorno definido en el material. Lan Qingyin colocó su mano en la espalda de su padre y le dijo con seguridad: —Confía en él. Lo logrará. Al escuchar esas palabras, Lan Guanyi dio un paso adelante, extendió los brazos y comenzó a canalizar su energía hacia el fragmento con ambas manos. En cuanto vio que el anciano ya actuaba, Xuan Lie concentró toda su voluntad. En una fracción de segundo, pensó con absoluta convicción: “Yo soy el martillo… y tú serás mi primera obra”. ...tomando lentamente la silueta de una espada que parecía absorber la luz del entorno. Su corazón latía con tanta fuerza que parecía a punto de salírsele del pecho. —Lo presiento… falta muy poco —susurró entre dientes—. No me permitiré fallar. El tiempo perdió significado. La tarde dio paso a la noche, y la noche al amanecer, mientras el sonido del martillo no cesaba. Por primera vez logró comprender del todo lo que Lan Guanyi quería decir con eso de “un sello”. Un arma no era simplemente un conjunto de materiales o una carga de energía; era, sobre todo, voluntad. Y esa voluntad sería la que acompañaría a sus creaciones desde el mismo instante en que salieran de sus manos. Se mordió el labio con tanta intensidad que comenzó a sangrar. Escupió una gota de su propia sangre sobre la pieza que ya cobraba forma, y al mismo tiempo, con la otra mano levantada con decisión, declaró: —Mi sello quedará grabado con mi propia sangre, y este sello se llamará: Negro Abismo. Y con voz potente, que resonó en cada rincón de la herrería, proclamó: —¡Que todo aquel que sea digno de empuñar mi arma, la lleve hasta lugares más allá de lo desconocido! ¡Que ningún cielo sea capaz de detenerla! Si se rompe, la volveré a forjar aún mejor. Y si alguna vez pierde su calidad, la haré tres veces más fuerte que antes. Sus golpes ya revelaban la destreza de un gran maestro. El anciano estaba asombrado por la forma en que el arma cobraba vida, cuando de pronto comenzaron a escucharse fuertes estruendos. Un remolino oscuro se formó en lo alto del cielo. El anciano alzó la mirada hacia el techo y se preguntó: ¿Qué está ocurriendo? ¿Nos atacan? Volvió la vista rápidamente hacia Qingyin y le ordenó: —Sal afuera de inmediato y mira qué está pasando. Salió y alzó la mirada. Tan absortos habían estado en la forja que ninguno notó cuándo el cielo comenzó a oscurecerse; Aunque aún era de día, el remolino oscuro cubría el cielo hasta hacerlo parecer medianoche. De su interior comenzaron a surgir rayos de luz blanca que caían más allá de los límites del santuario, provocando estruendos ensordecedores con cada impacto. Qingyin se apresuró a entrar para contar lo que estaba ocurriendo, pero justo cuando iba a abrir la puerta, un rayo mucho más potente cayó sobre el lugar. La herrería estalló por la fuerza del impacto, y ella salió despedida a varios metros de distancia. Algunos guardias que patrullaban por allí corrieron a ayudarla a levantarse. Todos miraron hacia donde había estado el edificio, ahora completamente destruido; sin embargo, en medio de los escombros distinguían dos figuras: sus túnicas estaban medio quemadas, pero ninguno de los dos había dejado de hacer lo que iniciaron. Qingyin se acercó, mientras los truenos no cesaban. En cuanto un nuevo rayo se precipitó hacia abajo, los guardias se apresuraron a protegerla. Cuando volvieron a mirar, comprobaron con asombro que ambos seguían en pie, resistiendo el impacto. —¡Si no salimos de aquí, moriremos aplastados por la fuerza de estos rayos! —gritó Lan Guanyi. Ya habían caído dos descargas directamente sobre la espada que se estaba forjando. Sumido en su tarea, Xuan Lie susurró con voz entrecortada: —Solo falta uno más… y estará terminada. El tiempo pareció detenerse por completo. Desde lo alto del cielo descendió un tercer rayo, el más fuerte de todos, que impactó directamente sobre la creación de Xuan Lie. Con el cuerpo herido y escupiendo sangre, el joven alzó el martillo y asestó un último golpe: limpio, firme y resonante. —¡Está lista! —anunció. En ese instante, Lan Guanyi cayó sentado, agotado por el esfuerzo de haber mantenido el flujo de energía y protegerse a sí mismo y a Xuan Lie de la furia de los rayos. Poco a poco, el remolino se disipó, y la luz del sol volvió a iluminar el lugar. Sin saberlo, en ese preciso instante había dado el primer paso para superar a su maestro. CONTINUARA… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 45 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 14 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 70 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.