Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 43 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Abre sus ojos oscuros y suspira, sumido en sus pensamientos. Todo lo que había ocurrido seguía confundiéndolo; no lograba comprenderlo del todo. Aun así, se incorpora y se levanta de la cama, sintiendo cada músculo y cada hueso de su cuerpo dolorido y pesado.
¿Debo ir a ver al maestro? Seguramente él ya debe estar al tanto de todo lo sucedido.
Sumido en sus reflexiones, vuelve en sí y camina hacia la ventana. La abre lentamente, dejando que el viento entre en sus aposentos y acaricie su rostro con suavidad. Cierra los ojos, inhala profundamente y, al volver a abrirlos, una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios. No era una sonrisa de alivio ni de triunfo; era la señal de que había logrado comprender por completo la Segunda Etapa, abriendo así el camino hacia la Tercera y última.
Luego se dirige hacia la cocina, toma un cuenco con granos y se acerca al estanque que rodea la caseta. Se queda observando con frialdad cómo los peces nadan tranquilamente en el agua, y en voz baja, como si se lo confesara solo a sí mismo, dice:
—Mi cuerpo se siente agotado, exigiendo descanso a gritos, y sin embargo aquí estoy, dándoles de comer. Antes ni siquiera les habría permitido vivir en este lugar. ¿Qué debería hacer? ¿Comérmelos y ahorrarme el trabajo?
Les lanza los granos, y observa cómo acuden a comer. Luego, Xuan Lie dirige la mirada hacia la superficie del estanque y se queda contemplando su propio reflejo en el agua. Se da cuenta de lo distinto que se ve ahora, comparado con su vida pasada, y esboza una sonrisa amarga. Sabe que ya ha vivido bastante tiempo, pero esa frustración constante —el no poder cultivar, el no poder volverse fuerte con la rapidez que desea— lo carcome día tras día.
El sonido de unos golpes en la puerta rompe el silencio que reinaba en el lugar, sacándolo de golpe de sus pensamientos. Levanta la vista lentamente hacia la entrada.
Deben ser ellos… no pienso abrir. No quiero perder el tiempo con nadie ahora.
Pero los golpes no cesan. Sin embargo, al cabo de un rato, el sonido se detiene por completo. Xuan Lie suspira y murmura en voz baja:
—Quienquiera que haya sido, es mejor que se haya ido. Un poco de paz y silencio es justo lo que necesito para calmar mi mente.
De pronto, escucha un ruido inesperado: alguien está intentando escalar el muro que rodea la vivienda. Al girar la mirada, ve a Lan Qingyin tratando de cruzarlo. Lo consigue, pero al caer al otro lado aterriza de golpe contra el suelo.
—¡Maldición! ¿Por qué siempre tengo que entrar de esta forma? —se queja ella en voz alta.
Se levanta rápidamente, se sacude el polvo de la ropa y camina como si nada hubiera pasado, con paso firme y tranquilo. Xuan Lie no aparta la mirada de ella en ningún momento. La joven se acerca hasta quedar frente a él y saluda con una sonrisa:
—Hola, ¿cómo está, maestro herrero?
Xuan Lie le aparta la mirada y dice, con voz fría:
—No recuerdo ser tu maestro. ¿Y qué te trae otra vez aquí?
Lan Qingyin responde con una sonrisa pícara:
—Cuando digo “maestro”, me refiero a que eres un maestro en tu oficio… o sea, maestro herrero, no mi maestro. ¿O quizás quieres serlo?
Xuan Lie frunce el ceño:
—Entiendo. Pero aún no me has respondido qué quieres.
Ella se encoge de hombros:
—¿Yo? La verdad es que solo vine a ver qué hacías. Ayer causaste una gran anomalía… fue algo increíble, se veía desde cualquier parte del santuario. ¡Puff, puaf! —hace gestos con las manos—. La gente se reunió y gritaba “¡Viva el maestro herrero!”… parecías un héroe, sabes.
Xuan Lie aprieta la mandíbula con rabia. De repente, la toma del cuello con fuerza, apretando solo lo suficiente para hacerla sentirlo:
—¿Crees que busco ser un héroe? ¿Crees que busco ser una buena persona? Algo tan trivial… ¿crees que me interesa?
Ella, con dificultad para respirar, dice entre jadeos:
—Está bien… entiendo… puedes… soltarme… —intenta apartar sus manos con esfuerzo.
Xuan Lie le acorta más la distancia, con los ojos oscuros llenos de ira:
—¿Sabes lo difícil que ha sido para mí sobrevivir? ¿Crees que esto es un juego? Te pregunto… ¿te parece divertido?
Unos golpes en la puerta suenan de nuevo. Xuan Lie reacciona al instante y la suelta bruscamente:
—Disculpa… pero márchate de aquí.
Se acerca para abrir, y al hacerlo se encuentra con Feng.
Lo que faltaba… como si una sola visita no fuera ya suficiente…
—¿Puedo pasar? —pregunta Feng.
Xuan Lie lo mira con frialdad y responde:
—¿Desde cuándo pides permiso?
—Desde que eres el maestro herrero —contesta él con calma.
—Eso me pasa por preguntar… Entra, si vas a entrar de todas formas.
En cuanto cruza el umbral, Feng ve a Lan Qingyin en el suelo y frunce el ceño:
—¿Pasó algo?
—No pasa nada… o ¿me equivoco? —responde Xuan Lie, clavando en ella una mirada helada.
—Sí, es cierto… solo me caí, todo está bien —se apresura a decir ella. Luego cambia de tema y le pregunta—: ¿Y tú qué te trae por aquí, Feng?
—Eso debería preguntártelo yo a ti —le devuelve él, acercándose con una sonrisa burlona—. ¿Desde cuándo tu padre te deja salir así? Y veo que no traes sirvientes… Eso significa que te has escapado de casa, ¿verdad?
Ella se levanta rápidamente, tose un poco y desvía la mirada, sin querer admitirlo del todo:
—No es del todo cierto… Mi padre sabe que estoy aquí y que estaré bien. No me va a pasar nada…
Feng sonríe y dice:
—¿Es así? Bueno, cambiando de tema… Xuan Lie, mi padre ha pedido verte. Quiere que vayas lo más rápido posible.
Xuan Lie asiente:
—Déjame tomar algo de mis aposentos y bajamos enseguida.
Feng tose, y con tono de broma para molestar, añade:
—¿No será que te gusta el humano?
Ella se gira de golpe y, sin poder contenerse, tapa su boca con las manos para callarlo, diciendo:
—¡No digas tonterías! Si vuelves a decir algo así, te voy a enterrar vivo. ¡Me voy primero!
Dicho esto, sale corriendo hacia la entrada y desaparece.
Feng se queda sonriendo mientras la ve marcharse, y murmura para sí:
—¿Qué estarás planeando, Lan Qingyin…?
—¿A quién te refieres? —pregunta Xuan Lie al escucharlo.
Feng lo mira y responde con calma:
—Nada, solo hablaba conmigo mismo. Vamos, tenemos que darnos prisa.
Bajaron rápidamente y, al llegar frente a la entrada del gran salón, desde el interior se escuchaban discusiones acaloradas, como si estuvieran a punto de estallar en una pelea. Feng se detuvo y anunció con voz firme:
—Pido permiso para entrar. Traigo al maestro herrero, Xuan Lie.
Al instante, todo quedó en silencio. Desde el fondo, la voz del patriarca resonó:
—Pasen.
Las enormes puertas se abrieron lentamente. En el interior se encontraban reunidos los treinta miembros que aún conservaban su cultivo; incluso estaba presente Shen Zhen, quien permanecía habitualmente en reclusión. También se hallaba el sabio sanador, y en el lugar más elevado, el patriarca, que observaba a todos con una mirada cargada de autoridad.
Feng se inclinó respetuosamente y dijo:
—Como me ordenó, he traído a Xuan Lie.
Xuan Lie hizo una reverencia profunda, sin mostrar ninguna emoción en el rostro, y habló con tono sereno:
—Me alegra ver que se encuentra bien, Patriarca Lan. Estoy aquí tal como lo solicitó.
El patriarca se puso de pie y respondió:
—Muy bien. Ahora retomemos lo que estábamos tratando, y escuchemos tu opinión sobre cómo han sucedido los acontecimientos.
Lan Tianhuo, uno de los nueve más ancianos entre los treinta, tomó la palabra:
—Como decía, Patriarca: esta anomalía no es nada bueno. Otras razas nos pondrán en la mira; quedaremos expuestos. Muchas de ellas ignoran que apenas contamos con treinta cultivadores. Si envían espías —o si ya los han enviado— nuestra situación quedará al descubierto. Más aún: no pueden saber nada de la expedición, o pondrán todo en riesgo. Si interfieren o actúan en nuestra contra, las consecuencias serán graves. Usted más que nadie comprende esto.
Inmediatamente después, una anciana —la sexta más veterana de todos— llamada Shen Yaoqing intervino con voz firme:
—Es cierto todo lo que se ha dicho. Y todo esto ha ocurrido porque ese humano provocó esa anomalía, exponiéndonos sin necesidad. Como consejera, debo decir que debemos tomar medidas. Aunque sabemos algo de sus capacidades, hasta ahora no ha creado armas de verdadera utilidad. Este es, de hecho, su último año de prueba, y si sigue perdiendo el tiempo así, no cumplirá su cometido. Lo más sensato sería expulsarlo y deshacernos de él. De esa forma, alejaremos la atención de las demás razas y evitaremos mayores peligros.
Y así, las opiniones quedaron divididas: unos estaban a favor de expulsar a Xuan Lie del santuario para evitar que otras razas descubrieran la situación de su pueblo y prevenir mayores problemas, mientras que la otra mitad argumentaba que aún no se había cumplido el plazo que se le había concedido y que todavía no se sabía cuánto le faltaba por aprender.
La discusión se alargaba sin llegar a un acuerdo. El patriarca, ya frustrado, alzó la vista y liberó una oleada de presión que se sintió en todo el salón, ordenando con voz firme:
—¡Silencio! Vayamos al grano. A este ritmo, seguiremos como si no hubiéramos avanzado nada.
En ese momento, Lan Guanyi intervino:
—Patriarca, si bien es cierto que esta anomalía traerá problemas, creo que también representa una buena oportunidad…
Fue interrumpido por un anciano, el duodécimo más veterano de entre los treinta: Lan Jianghe.
—Es verdad —dijo él—. Hay formas de sacar provecho de esto. Pero en el estado en el que nos encontramos, estamos arriesgando todo. Sin embargo, si lo manejamos con inteligencia, este suceso puede convertirse en un gran impulso y evitar que otras razas fijen su atención sobre nosotros.
El patriarca asiente y dice:
—Muy bien, tienes la palabra. Comparte tu idea como estratega.
Lan Jianghe responde con gran respeto:
—Como decía, podemos sacar provecho de esto de muchas formas. Nuestra gente desconoce la expedición que tenemos planeada, y los espías de otras razas ya deben estar en camino. Por eso, mi recomendación —agrega, mirando fijamente al patriarca— es que anunciemos que la raza Shen Lan emprenderá una expedición a gran escala, encabezada por usted mismo y acompañada por los treinta cultivadores.
Continúa con tono seguro:
—Esto nos dará una gran ventaja. Según lo registrado en nuestras memorias, hace mucho tiempo que ninguna raza se arriesga a emprender un viaje de tal magnitud, y mucho menos una expedición de gran escala. Aprovechemos eso: todos fijarán su atención en esta misión que anunciaremos, y dejarán de indagar sobre nuestra verdadera situación.
Al escuchar sus palabras, en toda la sala comenzaron a oírse murmullos entre los presentes. El patriarca alza la voz para acallarlos y pregunta:
—Lo que planteas tiene su lógica… pero ¿no corremos el riesgo de que nos ataquen por la espalda justo cuando estemos más débiles?
Lan Jianghe contesta con firmeza:
—No tiene por qué preocuparse. Si eso ocurriera, ellos también sufrirían pérdidas, y como sabemos, ninguna raza correrá ese riesgo. Por eso, lo más seguro es que se limiten a ser simples espectadores.
En ese momento, Shen Haotian interviene con desconfianza:
—¿Y qué tanta seguridad tienes de que todo salga como dices?
Lan Jianghe lo mira a los ojos y responde con total convicción:
—Lo juro por nuestro legado y por la supervivencia de nuestra raza: no habrá contratiempos. Y si algo sale mal, responderé con mi propia sangre.
Lan Guanyi, por su parte, dirige la mirada al patriarca y opina:
—Puede parecer una idea descabellada, pero no es mala. Sin duda, es una opción que vale la pena considerar.
El patriarca comienza a bajar lentamente los escalones del estrado principal, y mientras avanza, habla con voz grave y cargada de emoción:
—Nuestra raza ya no tiene tiempo. Sé que para muchos esto es frustrante: saben que pocos tienen discípulos dignos capaces de continuar con su legado, y que la mayoría prefiere mantenerse a salvo y evitar cualquier peligro o complicación. Pero les pregunto ahora: ¿esta puede ser nuestra única oportunidad? ¿Puede ser esto lo que mantenga viva la llama de nuestra raza? Así que los dejo ante una decisión: ¿la tomaremos? ¿O seguiremos ocultándonos hasta ver cómo desaparecemos poco a poco?
Pero antes de escuchar sus opiniones, quiero conocer la tuya, Xuan Lie. Dime qué piensas de todo esto: de lo que dicen sobre ti y de lo que creen que es mejor para evitar riesgos y problemas.
Xuan Lie alza la mirada, fría y serena, y responde:
—No me interesan los comentarios sin fundamento. Pero me atrevo a preguntarle, Patriarca: ¿acaso está bien desechar como si nada estos tres años y todo el conocimiento que me ha transmitido el anciano herrero, mi maestro? No. Yo no he permanecido aquí tres años para que ahora quieran cambiar mi destino a su antojo. Mi promesa se la hice a usted, Patriarca, y por lo tanto solo respondo ante usted. Llevo esa palabra grabada en mí cada día, y ya se lo dije: me convertiré en el mejor herrero que su raza pueda desear. Y lo más importante: cumpliré mi cometido dentro del plazo establecido. Por eso, Patriarca, me atrevo a afirmar que no me falta mucho, pero tampoco me sobra tiempo.
Entre los miembros, algunos lo miran con desdén, mientras que otros alzan la voz:
—¿Crees que por provocar una anomalía has ganado poder o respeto? No has hecho más que crear un suceso que solo trajo problemas. ¿Eres consciente de lo que has causado? ¿El mejor herrero? ¿Siquiera sabes lo que estás diciendo? Te queda muy poco tiempo, ¡y aun así tienes tanto descaro! ¿Te crees un prodigio solo por esa anomalía, cuando ni siquiera eres capaz de cultivar todavía?
Y así, distintas voces se sumaron, todas en contra de lo que decía Xuan Lie.
Cuando el ruido amaina, él rompe el silencio y habla con calma pero firmeza:
—Patriarca, me atrevo a pedirle algo.
El patriarca lo mira con curiosidad, aunque sin perder su severidad, y responde:
—No pidas más tiempo, porque ya no lo hay.
Xuan Lie niega levemente y contesta:
—Al contrario. Lo que quiero pedir es algo distinto. Yo, Xuan Lie, quiero formar parte de la expedición. Concédame el permiso para ir con ustedes.
El patriarca frunce el ceño, desconcertado:
—¿Por qué alguien como tú pediría algo así? No posees cultivo ni tienes la fuerza necesaria para sobrevivir allá afuera.
—No puedo quedarme aquí para siempre —responde Xuan Lie con convicción—. Al igual que ustedes, también necesito encontrar una salida. Además, como bien sabemos, mi maestro está dando su último aliento; su vida se apaga. Si logro encontrar una forma de ayudarlo a mantenerse con vida, entonces habré hecho algo por él.
Todos los presentes quedaron desconcertados: ¿por qué un humano pediría algo así? ¿Por qué aceptaría correr semejante peligro?
El patriarca lo mira fijamente y le pregunta:
—¿Estás seguro de lo que estás pidiendo? ¿Sabes que es muy probable que muchos de los que partamos no logremos regresar? Aun sabiéndolo, pides unirte a la expedición. Es casi lo mismo que si te expulsáramos de nuestra raza. Así que dime: ¿por qué, Xuan Lie? ¿Por qué?
Xuan Lie responde con calma, pero con una convicción inquebrantable:
—Para mí, cada día ya es una lucha por sobrevivir. Por eso, asumir un riesgo que me ofrezca una salida es una oportunidad que no puedo permitirme perder. Además, como ya dije: forjaré armas de gran calidad. En cuanto las tenga listas, se las entregaré, y verán que no solo tengo lo necesario para ser llamado maestro herrero, sino que también soy capaz de participar en esta expedición.
El patriarca insiste:
—¿Estás seguro de que podrás cumplir lo que prometes?
Xuan Lie recorre con la mirada a todos los reunidos en la sala y responde:
—No tengo nada que perder. La vida siempre da giros inesperados. Por eso, Patriarca: Yo, Xuan Lie, estaré listo. Sin importar el peligro, ahí estaré.
CONTINUARÁ…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)
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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 43
Estás leyendo el capítulo 43 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 13 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.