Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 42 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Se dice que el cielo, o lo que hay más allá, solo es espectador, nunca interesado por los mortales que viven una vida corta, como insectos con vidas tan pasajeras y rápidas. Se cuenta en los antiguos relatos que las anomalías son indicios de grandes cambios: un pequeño acontecimiento puede llegar a generar alteraciones que muevan los engranajes del destino. Se escucha en las leyendas que cuando el cielo deja de solo observar y pasa a actuar, a interferir y a formar parte de los sucesos, es porque una era está por cambiar… o simplemente intenta silenciar aquello que va contra las reglas invisibles que rigen todas las cosas. En la mitología se habla de héroes que alguna vez desafiaron el orden establecido; hoy en día, sus hazañas no son más que rumores o cuentos para niños, y muchos nombres se han perdido en el olvido a medida que pasan las eras.
Pero ahí estaba Xuan Lie, en una herrería.
No estaba haciendo nada contra el cielo. No estaba luchando por su supervivencia. No estaba cultivando energía ni rompiendo los límites de ninguna etapa de entrenamiento. Tampoco estaba realizando algo que pudiera cambiar el curso de las eras.
Más bien, Xuan Lie, sumergido en su trabajo, solo intentaba cambiar su propio destino: se esforzaba por superarse a sí mismo como herrero.
Una luz dorada apareció en medio de la noche oscura y silenciosa, y descendió hasta posarse sobre la herrería. Era como si el cielo mismo dejara de ser solo un espectador, para anunciar que quien estaba en su interior estaba a punto de lograr algo digno de su propia admiración, como si quisiera felicitar a Xuan Lie por lo que estaba por conseguir.
El aire se sentía diferente en todo el santuario de la raza Shen Lan. Todos los que se encontraban cerca —niños, mujeres y hombres de todas las edades— eran testigos de aquella anomalía, y se acercaban poco a poco hacia la herrería. Eran los pocos Shen Lan que aún quedaban con vida, una raza que llevaba generaciones luchando contra su propia desaparición, de formas muchas veces dolorosas.
Todos los que estaban cerca de la herrería susurraban entre sí:
—¿Estás viendo esto? ¿Ves lo mismo que yo? Se ve increíble… parece una de esas escenas que se cuentan en los libros antiguos. Es algo majestuoso.
Otros preguntaban con duda:
—Pero ¿por qué justo sobre la herrería? ¿Allí no hay cultivadores, verdad?
Entonces, un niño gritó con emoción:
—¡He oído hablar de esto! Mi papá, que era explorador, me contó que estas anomalías solo ocurren cuando el mismo cielo presta atención y espera a quien las está provocando.
En los ojos del pequeño brillaba una luz especial ante aquella visión; unas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. No solo recordaba con cariño a su padre, sino que ahora veía con sus propios ojos lo que antes solo le habían contado en historias.
—Esto es… —alcanzó a decir el cuidador del anciano herrero.
Con gran dificultad, el viejo tosió y preguntó con voz que apenas salía:
—¿Qué estás viendo? ¿Qué está pasando?
—Es una anomalía —respondió el cuidador, asombrado—. Hay una luz dorada que se ha posado justo sobre la herrería.
El anciano intentó esbozar una sonrisa, aunque sus ojos ya no tenían fuerza para ver la escena y su cuerpo no podía moverse. En ese momento comenzó a toser con tanta violencia que escupió un poco de sangre.
—¡No se esfuerce! —le dijo el cuidador, corriendo a su lado—. No siga así, se hará más daño interno.
Pero el viejo tenía lágrimas rodando por sus mejillas, y murmuró con una mezcla de orgullo y emoción:
—Lo ha logrado… ¡HA LOGRADO SUPERARME! Xuan Lie, mi único discípulo, lo ha conseguido realmente. Y lo que yo nunca pude hacer, él lo hará… será el mejor herrero de todos. Estoy orgulloso; puedo decirlo en mis últimos suspiros: Xuan Lie fue mi discípulo.
Con lágrimas en los ojos y una sonrisa plácida, el anciano estaba plenamente consciente de lo que estaba ocurriendo, aun sin poder verlo con sus propios ojos.
Estos comentarios surgían desde diferentes rincones, pero todos en el interior del santuario Shen Lan.
Muchos de los ancianos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y, observando lo que tenían ante sus ojos, decían:
—Qué interesante… ¿aún en un mundo como este pueden ocurrir cosas como estas?
Otro añadía:
—Las cosas cambiarán mucho a partir de ahora.
—Vaya, tendré que ir a visitarlo pronto —comentaba otro.
—Entonces… ha cumplido con lo prometido —se escuchaba más lejos.
—¿Qué clase de poder es este? No cultiva energía, y sin embargo el cielo lo está observando directamente —decía alguien con asombro.
—Estoy ansioso por ver qué cambios traerá a nuestra raza —concluía otra voz.
Lan Guanyi, que revisaba antiguos textos de su raza, alzó la vista desde su gran mansión y, a través de la ventana, observó aquella gran anomalía. Sonrió, como si ya supiera de quién se trataba, y solo dijo:
—No esperaba menos de ti.
Shen Haotian, que bebía té en lo alto de una montaña tranquila, miró hacia la luz y comentó en voz baja:
—Si los cielos te observan, es porque tu historia no está destinada a ser pequeña… ¿no es así? —se preguntó a sí mismo.
Yue, que se encontraba en la plataforma donde entrenaba, entrecerró los ojos al notar el fenómeno. Dejó al instante lo que estaba haciendo y se dispuso a acercarse para ver qué ocurría.
Feng, en su habitación mientras leía registros antiguos, levantó la vista hacia la ventana y esbozó una leve sonrisa.
—Debe ser él —murmuró.
Cerró el libro con cuidado y se puso en marcha para ir a presenciar el suceso.
Lan Qingyin, que en ese momento intentaba salir sin ser vista de la mansión de su padre, vio el fenómeno. Para ella era algo único y extraordinario, así que corrió hacia el lugar donde se manifestaba para ver de cerca de qué se trataba.
El sabio, desde los aposentos del patriarca, abrió la ventana y observó la luz. Se acarició su larga barba y murmuró:
—Entonces… has logrado algo tal que incluso los cielos han dejado de ser simples espectadores.
El patriarca, recostado en su cama, preguntó con voz serena:
—¿Qué está ocurriendo afuera?
—Debería verlo usted mismo —respondió el sabio—. Ya su salud ha mejorado casi por completo.
—Es cierto, pero todavía no me siento del todo bien —contestó el anciano, aunque se incorporó y se acercó a la ventana.
Al ver la anomalía, esbozó una sonrisa y, sin agregar más explicaciones, se dio media vuelta y dijo:
—Nuestra raza tendrá un mañana digno de ser visto.
El sabio lo miró con una sonrisa, mientras seguía observando el fenómeno, y pensó en voz alta, refiriéndose al anciano herrero:
—Viejo amigo… debes sentirte muy orgulloso. Tu discípulo realmente no te ha defraudado.
A lo lejos del santuario, este fenómeno no era visto solo por la raza Shen Lan, sino también por numerosas criaturas de todo tipo, muchas de ellas dotadas de gran inteligencia.
Y a una distancia inmensa, aunque el brillo del suceso parecía acercarlo todo, se encontraba Longshi. Sentado, movía su cola con calma y sonreía con satisfacción:
—Esa dirección corresponde al santuario… al parecer, la raza Shen Lan aún está lejos de extinguirse, al menos por ahora.
Desde territorios mucho más distantes, otras razas también fueron testigos de la luz; aunque apenas lograban distinguirla con claridad, las ondas de energía que emanaba alcanzaron sus tierras. Una de ellas comentó con interés:
—Qué curioso… esa zona debe ser la de ellos. Envíen espías y exploradores, que se acerquen y averigüen con exactitud qué es lo que ha provocado este fenómeno.
El mundo parecía estar atento a lo que ocurría; no se trataba de algo sencillo, sino de un suceso que llamaba la atención de muchos, algo digno de ser observado y que casi nunca se presenciaba.
Mientras tanto, Xuan Lie no dejaba de dar aquellos golpes, cuyo sonido resonaba como una melodía antigua. En su interior, en el vasto espacio de su mente, veía cómo todo comenzaba a conectarse. Parecía estar en un estado de concentración absoluta, casi como si estuviera poseído, pero en realidad era todo lo que había aprendido lo que al fin se unía y cobraba sentido. Flotando en su conciencia, todo ese saber giraba en forma de remolino hasta introducirse en su frente, como si cada conocimiento quedara grabado para siempre en su memoria. De ese modo, en el futuro podría emplear aquellas técnicas antiguas con total naturalidad, siempre que contara con los materiales y las condiciones necesarias.
Xuan Lie dio el último golpe con fuerza, marcando el final de aquella melodía y dando por terminada la segunda etapa: La Gracia del Trazo. Sin darse cuenta, al mismo tiempo avanzó hacia la tercera y última etapa, conocida como Fundamento de la Oscuridad Pura.
Sus ojos y su mente volvieron a la realidad, saliendo de todo lo que había presenciado en su interior. Respiró hondo, sintiéndose profundamente cansado, sin fuerzas y completamente agotado; sudaba tanto que parecía estar empapado. Se quedó pensativo, sin saber exactamente cómo sentirse ni cómo reaccionar ante todo lo que acababa de ocurrir. Soltó el martillo y se dispuso a salir de la herrería.
Se tambaleó y estuvo a punto de caer. Respiró hondo.
—Me siento muy mareado —dijo Xuan Lie en voz baja—. ¿Acaso pasé toda la noche dentro de la herrería?
Logró ponerse de pie, aunque apenas le quedaban fuerzas, y escuchó voces: gente hablando afuera. Xuan Lie, pensativo, se preguntó: ¿Qué estará pasando allá afuera? ¿Habrá ocurrido algún problema?
Caminó hasta la puerta y, con ambas manos, empujó con dificultad para abrirla hacia el exterior. Al abrirla, se encontró con mucha gente reunida frente a la herrería; no conocía a ninguno de ellos y se preguntaba, sin comprender, por qué había tanta gente congregada en ese lugar.
En ese momento sintió una luz suave y cálida, como si fragmentos de polvo dorado descendieran del cielo y se posaran sobre él. Se volvió hacia arriba y contempló el fenómeno que él mismo había provocado, sin entender del todo qué significaba. Aún sin fuerzas, volvió a tambalearse, a punto de caer de espaldas sobre el suelo de piedra… hasta que Feng llegó justo a tiempo y lo sostuvo.
—Si lograste hacer que el cielo deje de ser un simple espectador —le dijo Feng con calma—, entonces debes aprender a mantenerte firme.
Yue también se acercó; no terminaba de comprender lo que sucedía, pero prefirió no hacer preguntas para pasar desapercibida.
Lan Qingyin, asombrada, se dirigió a uno de los presentes:
—¿Qué está ocurriendo aquí?
El hombre la miró con respeto:
—Ah, ¿es usted, señorita?
—Sí —respondió ella—. ¿Podría decirme qué significa todo esto?
—No sabemos con exactitud los detalles —contestó él—, pero es un fenómeno muy extraño. Dicen que esto ocurre cuando el cielo mismo pone sus ojos en alguien.
Ella seguía asombrada, mirando desde lejos, y volvió a preguntar:
—¿Y esto traerá algo malo o algo bueno?
El hombre respondió con respeto:
—No sabría decírselo. Normalmente, sucesos como este no ocurren, así que me resulta muy difícil predecir qué puede pasar después de provocar un fenómeno de esta magnitud o parecido.
—¿De verdad es así? —preguntó ella, aún llena de curiosidad.
—Así es —confirmó él.
Mientras tanto, Xuan Lie observaba en medio de la oscuridad cómo el fenómeno había abierto un resplandeciente orificio dorado en el cielo nocturno, un ojo de luz que hacía que toda aquella energía se posara sobre él. Sin comprender del todo lo que estaba ocurriendo, murmuró para sí mismo:
—No sé qué he hecho para merecer tu atención… pero te aseguro que esta no será la primera ni la última vez.
En ese instante, la luz dorada comenzó a deshacerse y esparcirse como polvo brillante por el aire. El orificio que se había formado en lo alto, de donde descendía todo aquel resplandor, se fue cerrando poco a poco, hasta que la oscuridad de la noche volvió a cubrirlo todo.
Todos los presentes quedaron atónitos, sin entender por qué había ocurrido tal cosa. El cielo se había limitado solo a observar, sin intervenir más que con esa señal; nadie sabía a ciencia cierta qué significaba en realidad, y en el silencio que siguió, muchas personas se hacían la misma pregunta: ¿qué había pasado realmente?
El cielo, que se había limitado solo a observar, no parecía querer intervenir en nada más; era como si para él aquel suceso fuera algo digno de ver, pero no lo suficientemente importante como para actuar o modificar el curso de las cosas.
Xuan Lie se dio la vuelta con la ayuda de Feng, y en ese momento se encontró con todas las miradas clavadas en él, llenas de confusión ante lo que acababa de ocurrir. El sol comenzaba a asomar por el horizonte, y sus primeros rayos iluminaban el cabello negro de Xuan Lie y sus ojos, también oscuros, que parecían cansados por todo el esfuerzo vivido; eran ojos profundos, como si en ese instante no reflejaran ninguna emoción.
Feng lo observó, y al ver que no reaccionaba, habló con voz clara:
—Un maestro ha nacido.
Entre la multitud comenzaron a escucharse murmullos:
—¿Un maestro? ¿Qué significa eso?
—Todavía no han pasado los tres años, aún no se ha cumplido el plazo… ¿cómo puede ya ser considerado un maestro?
—Suena más bien a una mentira.
Entonces, Feng volvió a hablar, esta vez con una voz potente que resonó con fuerza para que todos los que estaban cerca lo escucharan con claridad:
—¡UN MAESTRO HA NACIDO! EL CIELO ES TESTIGO, Y TODOS NOSOTROS SOMOS TESTIGOS DE QUE XUAN LIE, DE LA RAZA HUMANA, SE HA CONVERTIDO EN UN HERRERO DIGNO DE TAL NOMBRE.
—Pueden dudar de mi palabra, pero no pueden dudar de lo que sus propios ojos han visto. Todos son testigos, y es el cielo mismo quien ha dejado claro que Xuan Lie se ha convertido en un herrero, uno digno de ser llamado maestro.
Los presentes comenzaron a mirarse entre sí, llenos de dudas, pero al mismo tiempo con una aceptación inevitable: habían presenciado todo con sus propios ojos. Mientras los murmullos se extendían, Lan Qingyin se inclinó hacia el hombre que tenía cerca y le dijo en voz baja:
—Grita esto: ¡Viva el maestro herrero!
—Pero señorita, eso… —dudó él.
—Solo hazlo —insistió ella con firmeza.
El hombre suspiró y alzó la voz:
—¡Viva el maestro herrero!
—¡Más fuerte, con más convicción! —le indicó ella.
Entonces el hombre gritó con toda su fuerza:
—¡VIVA EL MAESTRO! ¡VIVA EL MAESTRO HERRERO!
Pronto los gritos comenzaron a extenderse entre la multitud.
—¡Viva el maestro herrero!
Una voz se convirtió en diez.
Diez se convirtieron en cien.
Y antes de que nadie lo notara, todo el santuario repetía las mismas palabras:
—¡VIVA EL MAESTRO HERRERO!
Y justo en medio de aquellos gritos, todos volvieron la mirada hacia Xuan Lie, quien ya no pudo más: había perdido el conocimiento y se desmayó, vencido por el agotamiento extremo. Su rostro reflejaba el enorme esfuerzo realizado.
—Hagan espacio —pidió Feng—. Yo lo llevaré de regreso a su vivienda.
La gente de la raza Shen Lan se apartó para abrirle paso, y Feng lo sostuvo con cuidado para llevarlo de vuelta. Una vez dentro, lo acomodó sobre la cama y, en un susurro que solo él podía escuchar, le dijo:
—Lo has logrado, amigo.
Luego se retiró en silencio, dejando a Xuan Lie descansando en la tranquilidad de su hogar.
CONTINUARA…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)
Capítulo 43
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 42
Estás leyendo el capítulo 42 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 13 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.