Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 41 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Xuan Lie podía percibir que había avanzado, pero por alguna razón albergaba una profunda duda: ¿había logrado dominar realmente por completo la Segunda Etapa?
Mientras seguía sumido en sus pensamientos, unos nuevos golpes en la puerta lo sacaron de su concentración. Se dirigió con paso firme hacia la entrada, la abrió con precaución y se encontró de nuevo frente a frente con Lan Qingyin.
Al verla tan temprano en la puerta de su vivienda, pensó para sí mismo: Era bastante obvio que esta mujer se convertiría en una molestia… y aquí está de nuevo, a primera hora. ¿Qué querrá hoy?
Ella rompió el silencio con calma:—Es normal que juzgues a los demás con solo mirarlos, ¿verdad, Xuan Lie?
Él respondió con frialdad:—No lo hago, pero creo que ya te di mi respuesta definitiva ayer: no estoy interesado. Vete.
Cuando intentó cerrar la puerta, ella puso la mano para detenerlo y dijo:—Precisamente por eso he vuelto: necesito saber por qué.
—¿Por qué? —repitió él, sin entender.
—Sí, ¿por qué te negaste siquiera a escuchar mi propuesta? Tal vez te habría resultado de gran ayuda. ¿Por qué rechazas algo sin saber si te conviene?
Xuan Lie contestó con impaciencia:—Porque tengo demasiadas cosas importantes que hacer como para perder el tiempo en lo que tú tengas pensado. Ahora te pido que te retires.
Pero ella no soltó el marco de la puerta y lo miró fijamente:—Me niego. Dame una razón de verdad, no pongas excusas. ¿Qué es lo que tienes que hacer con ese tiempo tan valioso que mencionas? ¿Quedarte sentado leyendo textos o tomando té? ¿No deberías estar en la herrería o haciendo algo más útil?
—¿Por qué te interesa lo que hago? Solo vete. No es asunto tuyo lo que hagan los demás, ¿lo entiendes?
Ella respondió con firmeza:—No lo entiendo. Eso solo suena a una excusa barata que pones para no tener que escucharme.
Xuan Lie la miró con frustración contenida:—Sencillamente no quiero escucharte.
Con un movimiento rápido, apartó la mano de Lan Qingyin del marco de la puerta y la cerró de golpe. Desde el otro lado, su voz sonó cortante:—Solo vete. No quiero oír nada más.
Se sentó de nuevo y se dispuso a repasar las siete técnicas, revisando si había quedado algún detalle que no recordara o que no hubiera logrado comprender del todo. Pasaron unos segundos en silencio, y murmuró para sí mismo:—Bien… al fin se rindió. Un poco de tranquilidad.
Apenas había retomado la lectura cuando percibió un ruido extraño: alguien hacía fuerza, como si estuviera intentando trepar. Desvió la vista de los textos y vio, justo sobre el muro, a Lan Qingyin esforzándose por subir.
—Ya casi puedo cruzar… un poco más —decía ella, respirando con dificultad.
De pronto, perdió el equilibrio y cayó de lleno al otro lado, dentro del recinto.
Xuan Lie presenció toda la escena sin inmutarse. Parece que hoy no tendré paz, pensó. Sin importarle si se había lastimado o si estaba bien, volvió a fijar su mirada en los escritos y siguió repasando.
Ella se incorporó con dificultad y se sacudió la ropa —una túnica elegante y cuidada que ahora había quedado manchada de polvo y tierra— refunfuñando:—¿Por qué tengo que pasar por esto? Ese humano me lo está poniendo todo difícil sin ninguna razón.
Al ver que él ni siquiera levantaba la vista para preguntar si estaba bien, caminó con paso decidido hasta llegar a la caseta donde estaba sentado.—¿Qué tengo que hacer para que me dejes exponerte mi propuesta? No es de buena educación cerrar la puerta así delante de una mujer, ¿lo sabías?
Xuan Lie no respondió, siguiendo con la vista fija en las páginas.
Ella se sentó frente a él y lo miró fijamente:—¿De verdad no te interesa en absoluto lo que tengo que ofrecerte?
Él levantó por un instante la vista, y con una voz seca y fría, contestó sin dudar:—No.
Ella, sin saber qué más hacer para cambiar la respuesta de Xuan Lie, cambió de tema con naturalidad:—Unas cuantas flores le darían mucha más vida a este lugar… ¿has pensado en plantar algunas?
Xuan Lie continuó leyendo sin responder.
Al ver que no lograba sacarle palabra, se puso de pie y dijo:—Entonces yo les daré de comer a tus peces.
Él siguió en silencio.
—Está bien —respondió ella.
Fue hasta la cocina, tomó un cuenco con granos y regresó. Se agachó junto al estanque y comenzó a echarles alimento, mientras murmuraba para sí misma como si estuviera hablando con los peces y se quejara en voz baja.
Xuan Lie desvió un momento la mirada de los textos y comentó con tono neutro:—Si te gustan tanto, sácalos y llévatelos. No tengo ganas de cuidarlos.
Ella lo miró y negó con la cabeza:—No es posible. Ahora son tuyos. Además, son ejemplares muy especiales; lo mejor es dejarlos en un sitio tranquilo y en armonía, como este.
Sonrió levemente, y él volvió a fijar su atención en lo que leía.
Y así transcurrió el día: Xuan Lie seguía repasando las técnicas una y otra vez, mientras ella recorría y revisaba cada rincón de la mansión. Por dentro, él sentía cierta frustración —aunque en su rostro no se notaba nada—; escuchaba cómo ella tocaba objetos y hacía comentarios sobre cada espacio, pero no podía hacer demasiado: era hija de Lan Guanyi y pariente del patriarca, así que lo más prudente era dejarla actuar a su antojo.
Cuando llegó la hora del almuerzo, se escucharon unos golpes en la puerta. Xuan Lie alzó la vista y pensó: ¿Ahora quién será?
Pero Lan Qingyin ya se había adelantado y corrió a abrir. Al otro lado aparecían dos sirvientes que traían las raciones de comida.—Es suficiente, pueden retirarse. Gracias —les dijo ella.
Cerró la puerta, llevó las bandejas hasta la caseta y las colocó frente a Xuan Lie, mientras comenzaba a revisar con curiosidad todo lo que habían traído.
Ella lo miró con una pequeña sonrisa y preguntó:—¿Quieres comer algo?
Xuan Lie no respondió ni apartó la vista de sus textos. Al ver que no obtenía contestación, tomó los tazones, le sirvió una porción y se sentó al otro lado de la mesa para empezar a comer.
Mientras daba los primeros bocados, volvió a preguntar:—¿No vas a comer nada tú?
Al no recibir respuesta, se encogió de hombros y añadió:—Bueno, como quieras.
En ese momento, Xuan Lie dejó los escritos a un lado y se quedó pensativo. Según lo que explican los siete métodos, todos están conectados entre sí, reflexionó. Pero aún no estoy seguro de haber dominado la Segunda Etapa en su totalidad.
Luego murmuró para sí mismo con voz baja:—Tal vez me falte algo…
Ella escuchó sus palabras y, también en un susurro, respondió:—Si sientes que te falta algo, deberías ir donde tu maestro o acercarte a la herrería. Quizás allí logres avanzar más que solo leyendo, ¿no crees?
Xuan Lie levantó la vista y la miró fijamente a los ojos. Quizás tenga razón, pensó. Debo ir a ver al maestro, pero ahora mismo no tengo tiempo. Primero tengo que perfeccionar todo y unir cada técnica a la perfección, para cuando regrese pueda preguntarle directamente sobre la Tercera Etapa.
Soltó un leve suspiro y miró la comida que tenían sobre la mesa, preguntando con curiosidad:—¿Cómo es posible que te hayan traído tanta cantidad?
Ella respondió con naturalidad:—Solo me la trajeron. Después de todo, pertenezco a la familia del patriarca; por eso los sirvientes se preocupan y saben que estoy aquí.
Xuan Lie la observó con atención y preguntó:—¿Y tú no haces nada? ¿No entrenas ni realizas ninguna tarea que ayude a tu raza?
Ella bajó la cabeza y desvió la mirada hacia el suelo, murmurando con voz suave:—No todos nacemos con el don de poseer una gran fuerza o un cuerpo capaz de resistir el duro entrenamiento…
Xuan Lie se quedó asombrado por lo que acababa de decir Lan Qingyin; era algo que desconocía por completo. Hasta ese momento había creído que todos los miembros de la raza Shen Lan poseían una fuerza sobrehumana.
—Entiendo que no puedas entrenar —dijo con voz seria—, pero ¿no existen otros oficios en los que puedas ser de ayuda para tu pueblo? ¿O es que solo eres un estorbo para ellos?
Ella guardó silencio, con la mirada fija en su tazón de comida, sin atreverse a levantar la vista.
Él soltó un suspiro largo, se puso de pie y anunció:—Saldré. Haz lo que quieras, no tengo tiempo que perder contigo.
Bajó por el sendero de la montaña, y ella lo siguió en silencio, manteniéndose siempre a una distancia prudente. Cuando llegó a la herrería y entró, ella también lo siguió, sin pronunciar una sola palabra, limitándose solo a observarlo desde un rincón.
Xuan Lie comenzó a golpear el metal con firmeza, intentando buscar y sentir aquello que percibía que le faltaba. Aún no era capaz de utilizar plenamente ninguna de las siete técnicas, pero se esforzaba por comprender su esencia.
Sin darse cuenta, la noche terminó por caer. Cuando detuvo su trabajo, estaba empapado en sudor y completamente agotado. Se limpió el rostro y se giró, y entonces la vio: en una esquina, acurrucada contra la pared, estaba Lan Qingyin profundamente dormida.
Xuan Lie murmuró para sí mismo, con resignación:—¿Por qué tengo que cargar con un peso como este?
La observó mientras descansaba y añadió en voz baja, casi para sí mismo:—Siento lástima por ti… no tienes el poder para cambiar tu propio destino, y aun así mantienes esa sonrisa. Te has convertido en una verdadera molestia. Tu raza está al borde de la extinción, y a pesar de saber que en cualquier momento todo puede derrumbarse, sigues adelante con calma y fortaleza, tratando de vivir cada día como si nada pasara.
Se disponía a salir cuando vio pasar a dos sirvientas caminando con prisa.—¿Pasa algo? —les preguntó.
Ellas lo miraron con duda, sin saber si debían responder, hasta que una habló con voz suave:—Estamos buscando a la señorita Lan Qingyin. Lo último que supimos es que había ido a su mansión.
—Es cierto —respondió Xuan Lie sin rodeos—. No le ha ocurrido nada malo: está aquí dentro de la herrería, dormida. Llévensela y no la dejen volver a salir sola; es una verdadera molestia.
Dicho esto, Xuan Lie dio media vuelta y regresó de nuevo hacia su vivienda.
Las sirvientas entraron, despertaron con cuidado a Lan Qingyin, la ayudaron a incorporarse y se la llevaron de regreso a sus aposentos.
Xuan Lie, de regreso a su lugar, se dispuso a entrenar. Llevaba ya bastante tiempo sin hacer ejercicios de calentamiento ni fortalecer su cuerpo, así que decidió recuperar el ritmo. Y así transcurrió toda la noche: entrenó con rigurosidad, sin dejar ni un solo detalle sin trabajar. Al terminar, se lavó y se preparó para descansar.
Al día siguiente, al despertar, seguía sumido en sus pensamientos; le sorprendía lo poco que en realidad sabía sobre la raza Shen Lan. Sin embargo, se armó de valor y se dirigió hacia donde vivía su maestro.
Cuando llegó, encontró al anciano en su habitual estado, con dificultad incluso para respirar.—Maestro, estoy aquí porque tengo una duda —dijo Xuan Lie con respeto—. Sé que no estás en condiciones de responder, pero siento que me falta algo importante para avanzar.
El anciano, con gran esfuerzo para hablar, le indicó:—Solo dime…
Mientras lo decía, tosió con fuerza y escupió un poco de sangre; un cuidador se apresuró a limpiarlo, pero Xuan Lie se adelantó y continuó:—He memorizado las siete técnicas y…
El maestro lo interrumpió de inmediato:—¿Lograste asimilarlas y grabarlas todas en tu interior?
—Así es —respondió Xuan Lie—, pero aun así siento que hay algo que no logro comprender del todo.
El anciano asintió lentamente:—Tienes razón, es porque efectivamente falta algo. El tercer objetivo de la Segunda Etapa consiste en dominar las aleaciones y un tratamiento secreto que se perdió hace mucho tiempo… se ha perdido incluso para nosotros.
Xuan Lie se quedó pensativo y preguntó:—¿Entonces no existe ningún registro ni texto que pueda estudiar? ¿No hay nada escrito al respecto?
—No lo hay —respondió el maestro—. Por eso la herrería será tu única guía; es allí donde podrás avanzar hacia la Tercera Etapa, si logras descifrarlo. Solo entonces comprenderás realmente en qué consiste esa etapa. Yo mismo nunca fui capaz de dominar ese tercer objetivo a la perfección, así que ahora esto depende totalmente de ti, Xuan Lie.
Él se inclinó en señal de respeto y gratitud, aunque sin terminar de entenderlo del todo, y se retiró dando las gracias por la orientación recibida.
Cuando ya estaba a punto de salir, el anciano le llamó la atención:—Xuan Lie, graba esto en tu mente para siempre y nunca lo olvides: la herrería es el puente que une la mano del herrero, el fuego, el metal y la propia energía vital. Las aleaciones y los tratamientos no son solo técnicas; requieren entrega. Quien no tenga paciencia, claridad mental y respeto por el material, solo obtendrá resultados defectuosos y, en el peor de los casos, el fracaso total.
Xuan Lie se retiró en silencio, repasando aquellas palabras mientras caminaba de regreso a la herrería. Se preparó, tomó sus herramientas y comenzó a golpear el metal. Sabía que aún no podía aplicar las técnicas tal como las había aprendido, pero necesitaba encontrar esa pista que le permitiera avanzar hacia la Tercera Etapa.
Los días se convirtieron en semanas. Las semanas en meses. Y cuando Xuan Lie volvió a levantar la vista para observar el mundo exterior, habían transcurrido ya más de dos años desde su llegada a la raza Shen Lan.
Su rutina se volvió monótona pero estricta: solo comía lo necesario, descansaba muy poco y volvía enseguida a su puesto.
Una noche, cuando todo comenzaba a quedar en silencio, el sonido continuo de los martillos salía de la herrería y llegaba hasta los alrededores. Algunos miembros de la raza Shen Lan se detuvieron y comenzaron a murmurar entre sí:—¿Quién estará ahí dentro? El anciano herrero ya no está en condiciones de trabajar… ¿no se supone que su salud es crítica?—La puerta lleva cerrada mucho tiempo… ¿quién más podría estar ahí?
No lograban ver quién trabajaba, pero podían distinguir con claridad los golpes: firmes, constantes y con una resonancia que revelaba una técnica que se iba afinando día tras día.
Ya llevaban dos meses iniciado el tercer año, y a simple vista parecía que Xuan Lie no lograba avanzar en absoluto. Pero esta noche, mientras varios miembros de la raza Shen Lan se reunían por pura curiosidad cerca de la herrería, el ambiente se tornó extraño. Era difícil de describir, pero se sentía en el aire que algo importante estaba a punto de ocurrir.
En el interior, Xuan Lie seguía inmerso en su trabajo, sudando sin parar hasta tener todo el cuerpo empapado. Parecía perdido en su propia concentración, cuando de pronto se escuchó un sonido diferente, muy distinto al de siempre.
—¿Escuchan eso? —comentó alguien desde afuera, mientras más personas se acercaban para escuchar y esperar a que saliera quien estuviera dentro.
Los golpes ya no eran iguales: se volvieron más cortos, pero mucho más profundos y potentes, como si formaran una melodía ordenada y precisa. Al llegar a su punto máximo, Xuan Lie entró en un estado de trance profundo.
En su mente apareció todo lo que había aprendido hasta entonces: cada una de las técnicas, cada palabra escuchada de su maestro y cada detalle que había asimilado con el tiempo. De repente, a su alrededor se formó un remolino de energía que se elevó en su conciencia, y toda esa sabiduría comenzó a fluir e integrarse en su propio ser. Todo se conectaba como si fuera una cadena perfecta, hasta que al final todo aquello pareció resumirse en una sola enseñanza: una única técnica que lo abarcaba todo.
En medio de la noche, el cielo se abrió y una luz dorada descendió lentamente, como si anunciara un nacimiento o la creación de algo nuevo. Aquella manifestación era, según las leyendas, un simple mito, un cuento que nadie creía posible; pero en ese momento, todos los presentes de la raza Shen Lan lo estaban viendo con sus propios ojos. Incluso desde muy lejos, aquella luz dorada brillaba con una intensidad que no pasaba desapercibida.
Dentro de la herrería, los golpes seguían sonando ya no como ruidos secos, sino como una melodía armoniosa, casi como un canto sagrado. El ambiente entero parecía decir que todos estaban siendo testigos de un suceso que cambiaría el rumbo de muchas cosas.
Y dentro de la herrería, sin ser consciente todavía de ello, Xuan Lie acababa de alcanzar un nivel que ningún herrero Shen Lan había logrado en generaciones.
CONTINUARÁ…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 41
Estás leyendo el capítulo 41 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 13 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.