Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 40 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Con la respiración entrecortada, Yue no lograba entender lo que acababa de ocurrir. Ella había tenido claramente la ventaja, y sin embargo ahí estaba Xuan Lie: con una mirada fría y sus ojos oscuros que no reflejaban ninguna emoción, pero que habían conseguido darle un giro inesperado al combate y cambiar por completo el resultado.
—Has perdido —había dicho él.
Mientras Yue permanecía allí atónita, Xuan Lie bajó lentamente la daga, se dio la vuelta y le dio la espalda. Caminó unos pasos y, sin detenerse, añadió:
—Espero que cumplas tu palabra. Cuando necesite algo, te lo haré saber.
Yue estaba llena de frustración. Por lo general era una persona tranquila, serena y orgullosa, pero en ese momento se sentía profundamente molesta por el desenlace y por cómo había cambiado todo. ¿Cómo era posible que ella, perteneciente a una raza antigua y superior, hubiera perdido contra un humano que hasta hace un instante parecía apenas capaz de resistir y esquivar sus golpes?
Incapaz de aceptar el resultado, volvió a adoptar una postura de combate y se lanzó de nuevo sobre Xuan Lie, con la intención de asestarle un golpe definitivo.
Xuan Lie sintió su presencia de inmediato, pero para él reaccionar a tiempo era algo muy difícil: detener ese golpe con un solo brazo, dada la fuerza que llevaba, le causaría un daño seguro. El puño ya estaba a punto de tocarle el rostro…
…cuando Feng apareció de golpe y sujetó su muñeca con firmeza.
—Es suficiente —le dijo con voz seria—. Has perdido. Acepta tu derrota. Atacar por la espalda es una deshonra, y tú más que nadie deberías saberlo.
Yue lo miró con rabia y frustración, gritando:
—¡Quítame las manos de encima! Ganar sin importar el método… solo el resultado es lo que cuenta.
Feng negó con la cabeza y respondió con calma pero firmeza:
—Y precisamente por eso debes aceptar tu derrota. Perdiste porque te creíste invencible y le diste una ventaja que no debiste. No eras más débil que él: tenías toda la superioridad, pero tu juicio se nubló al ver lo frágil que parecía un humano. Esa confianza ciega fue lo que te hizo perder. Él solo supo aprovechar la oportunidad y cambiar el curso de las cosas.
Señaló brevemente el brazo de Xuan Lie, que aún colgaba con dolor, y agregó:
—Además, como puedes ver, tiene un brazo ya herido. Si ese golpe hubiera llegado directo y no hubiera logrado amortiguarlo, le habrías causado un daño mucho más grave, tal vez incluso irreversible.
Yue replicó con obstinación:
—¿Y qué importa todo eso? En un combate solo hay un ganador y un perdedor. El que pierde siempre termina muerto o incapaz de volver a levantarse. ¡Ahora quítame las manos de encima!
La expresión de Feng se tornó seria de inmediato, cambiando por completo la tensión del ambiente:
—Si sigues insistiendo, tendré que intervenir… y yo no seré nada suave contigo. No es que esté de su parte, es simplemente que el resultado ya está decidido. Además, él está aprendiendo el arte de la herrería: no solo necesita sus dos brazos, sino todo su cuerpo en perfecto estado. Así que, Yue… te digo que es suficiente.
Y al terminar de hablar, apretó con mucha más fuerza la muñeca de Yue, dejándole claro que no retrocedería.
Yue desvió la mirada y clavó sus ojos en Xuan Lie con una rabia desbordante, con ganas de matarlo; tenía la adrenalina al máximo. Pero Xuan Lie la observaba con esa misma indiferencia, como si no le importara en absoluto lo furiosa que estuviera.
Finalmente, Yue apartó la vista hacia otro lado y le dijo a Feng entre dientes:
—Me doy por vencida… suéltame ya.
Feng aflojó su agarre y soltó su muñeca con suavidad. Yue retiró rápidamente el brazo, se dio la vuelta y se alejó a paso veloz, dejando atrás la plataforma.
Allí quedaron solo Feng y Xuan Lie. Este último se giró, recogió sus pertenencias con una sola mano y comenzó a retirarse también, mientras Feng lo seguía en silencio.
Ya de regreso en la mansión, una vez dentro, Feng rompió el silencio:
—Disculpa la actitud de mi hermana. Ese odio profundo hacia los humanos aún no ha disminuido en ella. Y al tener a alguien de tu especie viviendo entre los nuestros, solo le causa más molestia y rabia.
Xuan Lie respondió con calma, sin darle mayor importancia:
—No importa, no tienes por qué disculparte. Soy solo un humano que busca sobrevivir. Pagar un precio tan bajo en un combate contra alguien tan fuerte como ella, y a cambio obtener un favor, es lo único que cuenta. Este mundo no está para escuchar quejas: o te vuelves fuerte, o terminas siendo devorado por quienes lo son.
Feng suspiró, observando su brazo dañado, y preguntó:
—¿Necesitas ayuda con ese brazo?
—No es nada grave —respondió Xuan Lie—. Y no te necesito para reparar mi articulación dislocada.
Sin dudarlo, tomó un trozo de tela, se lo puso en la boca y lo mordió con fuerza. Respiró hondo varias veces, se agarró firmemente el antebrazo con la mano sana y, con un movimiento seco y mucha fuerza, se oyó un traqueo nítido al volver a colocar el hueso en su lugar. Su respiración se aceleró al instante, y apretó tanto la tela que casi la rompía para no dejar escapar un grito.
Feng se quedó mirándolo, impresionado al ver cómo Xuan Lie se acomodaba el brazo dislocado por pura fuerza, sin mostrar ni una sola señal de debilidad.
Xuan Lie habló entonces, con voz serena:
—Tu hermana me prometió un favor, o cualquier cosa que estuviera a su alcance. Quizás no fuiste testigo de sus palabras, pero ¿podrías tú respaldarlo y ayudarme cuando llegue el momento de reclamar lo prometido?
Feng lo observó, sin mucho más que agregar, y respondió:
—No tengo problema con eso. Aunque no entiendo bien por qué llegó a prometerte tanto: un favor, o incluso cualquier cosa que esté a su alcance… Hablaré por ti cuando llegue el momento. De todos modos, si ella intenta negar que lo dijo, yo estaré ahí para confirmarlo.
Xuan Lie dijo con indiferencia:
—Bien, ya puedes irte.
Feng lo miró entrecerrando los ojos, asombrado:
—¿Al menos me darás las gracias por haber detenido a mi hermana?
Xuan Lie lo sostuvo con la mirada, sin titubear:
—¿Y por qué debería hacerlo? Tú estabas ahí, tú interferiste… y la verdad es que fuiste de utilidad desde el principio.
Feng se quedó paralizado por un instante, y luego respondió con voz grave:
—Ya veo… Sabías que, como su hermano, intervendrías sin importar el resultado, y me tomaste como una herramienta.
—Al menos eres capaz de entender una parte —respondió Xuan Lie con frialdad.
—¿Solo una parte? ¿Qué quieres decir con eso? ¿Desde cuándo lo planeaste? ¡Oye, Xuan Lie!
Pero este no respondió. Entró en sus aposentos y cerró la puerta justo en la cara de Feng. Al otro lado de la madera, su voz sonó firme y sin emoción:
No me interesa lo fuertes que puedan llegar a ser mis enemigos o rivales. Solo miro el resultado. Y tu hermana tenía razón en una cosa: en un combate no importa el método, solo existe ganar o perder. El que pierde lo pierde todo, y el que gana se queda con todo. Para mí, el método que se use no tiene importancia; mientras me lleve a la victoria y obtenga beneficio, es válido. Ahora vete… tengo cosas que hacer.
Feng analizaba cada palabra que decía Xuan Lie, dándose cuenta de lo distinto que se comportaba ahora en comparación con cuando lo había conocido hacía ya dos años. Su actitud, su forma de ser estaban cambiando, y también lo hacían su fuerza y sus métodos para actuar.
Finalmente, respondió con calma:
—Está bien, me retiro. Por hoy ha sido un buen duelo. Nos veremos después… y recuerda darle de comer a los peces que solté en el estanque.
Xuan Lie lo escuchó irse, y en cuanto cruzó la puerta, murmuró para sí mismo:
—Vaya… parece que te estás civilizando.
Se sentó, tomó la sexta técnica y se puso a repasarla una y otra vez, hasta que el cansancio acumulado y el desgaste del combate terminaron por vencerlo, quedándose profundamente dormido.
Al amanecer, se levantó, se lavó la cara y comió un poco mientras seguía repasando lo aprendido. Luego se puso de pie, se acercó hasta el estanque y se quedó mirando los peces: carpas de tonos rojos y blancos, de aspecto hermoso y de gran calidad.
Con voz fría y reflexiva, se preguntó:
—¿Por qué debería darles de comer? Yo no les permití vivir aquí… lo justo sería dejarlos morir, ¿no es así?
Mientras observaba a los peces nadar, su mirada era como si su existencia no le importara en absoluto. Respiró hondo y soltó un suspiro leve, antes de decir:
—Si los dejo morir aquí, este lugar se convertiría en su tumba… y no quiero que un sitio tan tranquilo y silencioso como este se transforme en el sepulcro de unos peces.
Volvió a la cocina, tomó un cuenco con granos y los arrojó al agua, observando cómo los peces acudían a comer con calma, como si no fueran conscientes de que sus vidas estaban enteramente en las manos de Xuan Lie.
Mientras los veía comer y seguía arrojándoles granos, se escuchó un golpe en la puerta. Xuan Lie permaneció impasible, pensando para sí: Solo espero que no sean los hermanos.
La puerta volvió a sonar. Dejó de darles de comer, colocó el cuenco sobre la mesa de la caseta y se dirigió hacia la entrada. Al abrirla y asomar el rostro, se encontró con una mujer de gran belleza, con los rasgos característicos de la raza Shen Lan: parecía delicada y elegante, pero al mismo tiempo su porte era muy refinado y serio.
Xuan Lie la miró de pies a cabeza, preguntándose a sí mismo quién sería. Entonces vio un colgante que le resultaba conocido; estaba seguro de haberlo visto en algún lugar antes.
Ella rompió el silencio con calma:
—¿Vas a seguir juzgándome con la mirada o me invitarás a pasar?
Xuan Lie respondió con frialdad:
—¿Por qué habría de hacerlo? No nos conocemos. ¿Por qué dejaría entrar a alguien extraño en el lugar donde vivo?
Ella se inclinó levemente y dijo:
—Mis disculpas. Mi nombre es Lan Qingyin. Y tú eres Xuan Lie, ¿no es cierto?
Xuan Lie la miró con precaución y pensó: ¿Lan? ¿Eres de la familia del patriarca?
—No exactamente —respondió ella—. Soy hija de Lan Guanyi. Ya lo conoces, ¿verdad? Y no todos los que llevan el apellido Lan pertenecen a su linaje, pero en este caso yo sí. Ahora bien, ¿me invitas a pasar?
Xuan Lie abrió la puerta y le dio paso. Caminaron hasta llegar a la caseta rodeada por el estanque.
—Tienes un buen lugar —comentó ella—, es acogedor.
Xuan Lie sentía a la vez curiosidad y desconfianza: primero fueron los hermanos, y ahora aparecía alguien más… nada menos que la hija de Lan Guanyi.
Ella se dio la vuelta y lo miró directamente:
—No hace falta que seas tan precavido. De hecho, ayer vi tu combate contra Yue.
Xuan Lie estaba casi seguro de que en ese combate solo habían estado él y los hermanos.
Ella lo miró con aire pensativo y comentó:
—Vi tu combate a escondidas, y me asombró mucho. Lograste darle un giro increíble a un enfrentamiento que parecía totalmente a favor de Yue, y que ella tenía ganado por completo. Eres realmente interesante.
Xuan Lie, que ya empezaba a comprender un poco mejor la situación, respondió con cautela:
—Entiendo… ¿Y puedo saber a qué se debe tu visita?
Ella, sin contestar directamente, desvió un momento la mirada hacia el agua y dijo con calma:
—Vaya… tienes unos peces muy bonitos.
—No son míos —refunfuñó él.
—¿Cómo que no son tuyos? Si están aquí, dentro de tu mansión…
—Solo están aquí, nada más —respondió secamente Xuan Lie.
Ella sonrió levemente y lo miró de nuevo a los ojos:
—¿Así es? Bien… he venido para hablar de ciertos asuntos contigo. Quizás te interese una colaboración. ¿Quieres escuchar mi propuesta o eres de los que cierran las puertas sin ni siquiera saber de qué se trata?
Xuan Lie respondió sin rodeos:
—No estoy interesado. Tengo asuntos mucho más importantes.
Caminó hacia el asiento y se sentó, pensando para sí mismo: No me meteré en más complicaciones; de lo contrario, esto se convertirá en un verdadero dolor de cabeza. Además, tener cualquier tipo de vínculo con una mujer puede traer todo tipo de problemas imprevistos. Mejor evito involucrarme en nada que me cause dificultades.
Una vez sentado, tomó su taza y empezó a beber té.
Lan Qingyin lo miró con expresión de sorpresa y perplejidad; estaba segura de que aceptaría rápidamente su propuesta. Se acercó unos pasos y, mirándolo mientras él bebía, le preguntó:
—¿Así que no quieres ni siquiera escuchar de qué se trata? Quizás te beneficie mucho más de lo que crees. ¿Por qué no intentas escuchar un poco y luego me das tu respuesta?
Xuan Lie alzó la vista, y con una mirada fría y sin el menor interés, contestó:
—Ya te lo he dicho: si digo que no, es no. No estoy interesado. Lo que sea que estés planeando, no me incluyas. No quiero participar ni verme envuelto en nada que me quite tiempo o me distraiga.
Ella, sin saber qué más responder ante la negativa tan rotunda de Xuan Lie, esbozó una media sonrisa, como si le molestara un poco la forma en que se comportaba.
—Esperaba más de ti —dijo—. Creí que serías diferente, pero me equivoqué. Supongo que me retiro entonces; no te quitaré más de tu valioso tiempo.
Xuan Lie no se movió para acompañarla hasta la salida. Cuando ella cruzó el umbral y se marchó, él soltó un leve suspiro y murmuró:
—Sea lo que sea que estuvieras planeando, seguro no traía nada bueno.
Se puso de pie y fue hasta el salón principal, donde buscó el último de los textos: la séptima técnica, la última de las siete. Esta llevaba por nombre Equilibrio de los Elementos.
Se sentó cómodamente y se dispuso a leer su explicación:
Técnica suprema que reúne todas las anteriores. Busca la armonía entre el herrero, el fuego, el metal y la energía, en lugar de imponer la fuerza.
Repasó una y otra vez la teoría hasta que las palabras quedaron grabadas en su mente. El día transcurrió rápido y en silencio, y pronto cayó la noche. Fue entonces cuando comenzó a analizar los cuatro pasos que componían esta técnica:
Entra en estado de vacío mental, sin deseos ni prisa.
Deja que tu energía fluya libremente y observa lo que el metal necesita.
Aplica cada técnica en el momento exacto, sin esfuerzo forzado.
Trabaja hasta sentir que no hay separación entre tú y el material.
Los repasó en voz baja para sí mismo una y otra vez. La noche ya había avanzado, y sentía que casi había comprendido todo el contenido… solo quedaba un detalle clave:
Para aprender y utilizar esta técnica, se requiere una condición indispensable: solo quienes han dominado por completo las seis técnicas anteriores pueden alcanzar este nivel.
Xuan Lie se quedó asombrado y profundamente pensativo, sumergido en lo que acababa de leer.
—Entonces —se dijo a sí mismo—, para llegar a la perfección, debo aplicar las seis técnicas anteriores sin cometer ni un solo error. Solo así la séptima podrá activarse y ser verdaderamente útil.
Soltó un suspiro y cerró los ojos levemente. Mientras repasaba en su mente cada una de las seis técnicas, y también la séptima, su pensamiento se fue aclarando poco a poco. En su interior, como en un vasto mar de conciencia, aparecieron las siete enseñanzas, y de pronto todo comenzó a conectar: una chispa brilló, seguida de letras doradas que revelaban el gran legado y las siete técnicas antiguas de la raza Shen Lan.
En su mente, adoptó la postura adecuada para ordenar todo ese saber y unir cada una de las enseñanzas. Los textos comenzaron a girar a su alrededor formando un remolino que aceleraba cada vez más, hasta que se dispersaron convirtiéndose en un polvo luminoso. Xuan Lie se quedó un momento confundido, sin saber con certeza si había logrado asimilar bien todo ese conocimiento.
Desde fuera, unos golpes suaves en la puerta lo sacaron de su concentración. Abrió los ojos, se incorporó lentamente y miró hacia la entrada: ya había amanecido. Una sonrisa ligera apareció en su rostro mientras decía para sí mismo:
—Al fin terminé esta etapa.
CONTINUARA…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)
Capítulo 41
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 40
Estás leyendo el capítulo 40 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.