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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 39 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
La tarde se volvió más fría, con una brisa tan helada como las del invierno, en medio de una calma absoluta. El Sabio Médico guardó silencio por un instante, con una mirada lejana, como si estuviera recordando buenos momentos compartidos con un viejo amigo. Luego, habló con voz serena: —Xuan Lie, no te limites solo a lo que es nuestra raza. No tengo certeza de cuán seguro será nuestro futuro, pero tú no debes ponerte barreras: crea tu propio destino. Tú eres humano, y nosotros pertenecemos a la raza Shen Lan; nuestro único propósito hasta ahora ha sido sobrevivir, buscando cualquier pequeña chispa que nos mantenga con vida. Pero tú tienes que buscar tu propio camino: decide quién quieres ser, hasta dónde deseas llegar y cuán fuerte quieres volverte. Así que no te quedes atado a nuestra suerte. Si llega el momento en que veas que ya no hay salvación para nosotros, toma tu propio rumbo y sigue adelante. Quédate con lo bueno: las enseñanzas y los momentos compartidos; y de lo malo, aprende lecciones que te sirvan para crecer. Hizo una pausa y agregó con el tono de quien ya se despide de alguien muy querido: —Aprende todo lo que pueda enseñarte ese testarudo anciano herrero. Aprende cada detalle, porque en algún momento te será de gran ayuda. Y cuando llegues muy alto, o estés donde sea que te lleve el camino, recuerda: no fuimos nosotros quienes te formamos por completo; tú mismo te forjaste. Tú hiciste posible todo lo que llegarás a ser en el futuro. Xuan Lie escuchaba en silencio, atento a cada palabra, sin interrumpir. El Sabio sonrió levemente y continuó: —Bueno, no quiero cansarte con tantas palabras. Me retiro. Y ten por seguro que el anciano es fuerte: no se irá tan pronto. El tiempo es limitado, pero si estudias con esmero, con calma y de corazón, aprenderás lo necesario. No hace falta que me acompañes ni me despidas; ya nos veremos pronto. Se levantó para marcharse, pero antes de salir, Xuan Lie también se puso de pie y se inclinó profundamente: —Gracias por sus palabras y enseñanzas. El anciano esbozó una sonrisa más amplia, asintió y salió de la caseta donde estaban sentados. Xuan Lie lo observó alejarse hasta que cruzó la puerta y desapareció de su vista. Una vez solo, se sentó de nuevo, se recostó en su silla mecedora y se dejó llevar por sus pensamientos. El tiempo parecía haber pasado con una velocidad inesperada, y tantas cosas habían ocurrido en poco tiempo. Se quedó allí, en silencio, analizando cada experiencia vivida y cada lección aprendida día tras día. Y así tomó los textos y, sin perder tiempo, siguió leyendo y grabando en su memoria cada parte de aquel conocimiento. Los días fueron pasando, y Xuan Lie logró dominar por completo la quinta técnica; además, ya tenía casi aprendida la sexta, llamada Impresión de Voluntad. Según explicaba la teoría: Transmite la forma y el propósito final de la pieza mediante energía. El metal llega a “recordar” la intención que le infundes, y tiende a adoptar la figura deseada con mucha mayor facilidad. —Es una teoría realmente excelente —pensó mientras repasaba cada detalle. Sus procedimientos eran los siguientes, y los repetía una y otra vez para asegurarse de recordarlos a la perfección: Visualiza con todo detalle la forma final que deseas obtener. Llena esa imagen mental con tu propia energía. Transfiere esa intención al metal mientras este se va calentando. Guía cada golpe o movimiento manteniendo siempre la imagen clara en tu mente. Y lo más importante que debía tener en cuenta: Requiere un nivel de concentración muy elevado. Caminaba de un lado a otro, recitando y repasando todo para grabarlo bien en su interior. Ya casi había terminado; solo le quedaba una técnica más, la última de esta etapa. Se sentó en su silla, se sirvió una taza de té y se permitió un breve respiro antes de pasar a estudiar esa técnica final. Sabía que, en cuanto la aprendiera, sería solo cuestión de tiempo para dar el salto hacia la tercera y última etapa, y así convertirse en un herrero completo. Mientras permanecía en sus pensamientos y daba un sorbo a su té, se escuchó un golpe suave en la puerta. Xuan Lie levantó la vista, se puso de pie con calma y caminó hasta abrirla. Allí estaba Yue, esperando frente a la entrada. En su interior, Xuan Lie pensó con cierto fastidio: “Justo cuando parecía que no tenía nada más en qué ocupar la mente, aparece la hermana de Feng. Los dos son un verdadero dolor de cabeza… tendré que ver cómo tratar con ellos”. Sin esperar invitación, Yue entró directamente y observó el lugar con tono de sorpresa: —Vaya… para ser un mortal, todo aquí se mantiene bastante ordenado. Xuan Lie la miró con una expresión que claramente decía: “Dime qué haces aquí y márchate”, pero respondió con voz tranquila: —El orden forja el carácter de una persona, sin importar a qué raza pertenezca. Ella lo miró como si hubiera dicho algo extraño, y sin darle más vueltas al asunto fue directa al grano: —He venido a pedirte que te enfrentes a mí. Un combate amistoso. Xuan Lie no la dejó terminar de hablar: —Me niego. No tengo tiempo para eso en estos momentos. Te pido que te retires y me dejes concentrarme en lo que realmente importa. Yue lo miró con evidente molestia, y para provocarlo le lanzó palabras desafiantes: —¿Tiempo? ¿O será que simplemente tienes miedo de enfrentarte a una mujer? ¿Temes perder? ¿O sientes que no aguantarás ni siquiera tres golpes? Puede que mi hermano no te venciera rápido, pero eso fue solo por su descuido: se confió demasiado. Yo no soy como él. No te daré ninguna oportunidad de volver a ponerte en pie. Así que dime de una vez… ¿tienes miedo? Sin embargo, Xuan Lie no mostró el menor cambio en su expresión. Sabía muy bien lo que ella intentaba hacer, y decidió no caer en su juego: para él, aquellas provocaciones y burlas no eran más que palabras vacías. Xuan Lie volvió a sentarse y se llevó la taza de té a los labios, como si no le importara en absoluto lo que ella decía ni siquiera su propia presencia. Yue lo observó, molesta al ver que no reaccionaba ni le daba la menor importancia a sus palabras. Entonces esbozó una sonrisa con una mirada desafiante: —Ya veo… sí tienes miedo. ¿Verdad? Mi hermano casi te dejó sin vida, y ahora temes que yo haga lo mismo contigo. Es normal, después de todo: tenemos mucha más fuerza que cualquier humano. Un solo golpe directo de nosotros te dejaría gravemente herido. Da pena ver que te has convertido en un herrero, pero que en el fondo solo eres alguien que teme perder, y más aún contra una mujer. Lo entiendo… ¿qué más se puede esperar? Eres un mortal; quizás enfrentarte a mí y ver caer tu orgullo no es algo que estés dispuesto a aceptar. Y así siguió soltando comentarios sarcásticos, uno tras otro. Xuan Lie permanecía inmóvil, bebiendo su té, pero su paciencia se iba agotando poco a poco. Finalmente, suspiró y habló con voz tranquila pero firme: —¿Y qué gano yo si me enfrento contigo en un combate “amistoso”? Yue sonrió al instante, creyendo que sus provocaciones habían dado resultado: —¿Qué ganas? ¡La vida! ¿Qué más podrías desear? —No es gracioso —respondió él con seriedad—. Si quieres que intercambiemos golpes, tendrás que ofrecerme algo a cambio. Después de todo, para mí es una pérdida de tiempo cuando fácilmente podría dedicarme a asuntos mucho más importantes. Yue, que ya se estaba molestando mucho ante la terquedad de Xuan Lie, respondió con firmeza: —Si pierdo, haré lo que me pidas o te daré todo lo que esté a mi alcance. No olvides que soy hija del Patriarca de nuestra raza. Xuan Lie se puso de pie lentamente y la miró fijamente a los ojos con una frialdad que helaba el ambiente: —¿Puedes sostener esas palabras y cumplir con este trato? No me gustan las personas que prometen una cosa y terminan haciendo otra. Detesto a quienes solo saben pronunciar frases vacías y no son capaces de respetar lo que dicen. Así que dime, Yue… ¿debo creerte? ¿Debo confiar en que cumplirás tu palabra? Por un instante, Yue sintió el peso de su mirada y de sus palabras; se quedó paralizada, sin saber qué responder de inmediato. Pero recuperó la compostura y habló con decisión: —Sí, doy mi palabra, y cuando lo hago, cumplo. Puedes llevar un testigo si así lo deseas. Xuan Lie siguió observándola, aunque ahora con una expresión de total indiferencia, y dijo: —Está bien, que así sea. Llevaré al testigo que yo elija. Quedará constancia de que debes cumplir con lo que te pida cuando llegue el momento. Yue respondió con determinación: —Como quieras. Nos veremos cuando el sol se esté ocultando. Trae a tu testigo y ven preparado para el combate. Y agregó con tono desafiante antes de marcharse: —Espero que seas capaz de aguantar más de tres golpes. Si no es así, el que quedará en evidencia por sus muchas palabras serás tú, y no yo. Dicho esto, Yue se retiró sin esperar respuesta. Xuan Lie no se despidió; simplemente le dio la espalda y pensó en voz baja: —¿En qué me he metido ahora? Y encima, ¿dónde encontraré un testigo de confianza? Pero en el fondo también veía la ventaja: —Aun así, es una oportunidad única. Si logro encontrar alguna apertura, podré ganarle y usar ese trato a mi favor cuando sea necesario. Volvió a sentarse, cerró los ojos e intentó descansar, buscando recuperar la calma y el silencio que Yue había interrumpido. Logró dormir una pequeña siesta, pero en medio de su sueño profundo percibió que alguien estaba cerca, moviéndose o haciendo algo. Abrió los ojos de inmediato y, a un costado, junto a la vivienda, vio a Feng de pie cerca del pequeño estanque de aguas claras, bordeado por piedras naturales y rodeado de hierba, lanzando suavemente varios peces al agua. Xuan Lie se inclinó un poco hacia adelante y preguntó: —¿Qué haces aquí? Feng se giró sorprendido y respondió: —Vaya… ya despertaste. Xuan Lie suspiró en su interior, pensando: “Otra vez uno de los dos hermanos…”. Mientras seguía soltando los peces con cuidado en el agua tranquila, Feng explicó con naturalidad: —Traje algunos ejemplares. Este estanque se veía muy vacío, ¿no crees? Con el agua tan clara y el sitio tan bonito, daba pena verlo sin vida. Xuan Lie lo observó y, en ese mismo instante, pensó para sí: “Ahora que lo pienso… ya encontré a mi testigo”. Se puso de pie y respondió: —Es cierto, estaba un poco vacío, pero así se mantenía tranquilo y silencioso. Y no creas que me voy a encargar de darle de comer a esos peces que acabas de soltar ahí. Feng sonrió con naturalidad y dijo: —No importa, yo vendré todos los días y me haré cargo de ello. Xuan Lie parecía algo molesto ante la idea de tenerlo rondando por allí a diario, pero cambió de tema de inmediato: —Hablando de otras cosas… necesito que seas mi testigo. Feng lo miró confundido: —¿Testigo? ¿Para qué? —Me enfrentaré en un combate contra alguien —explicó Xuan Lie— y quiero que estés presente como testigo, no solo del resultado, sino también de lo que mi rival ha prometido cumplir. Feng, lleno de curiosidad, preguntó: —¿Contra quién vas a luchar? —Eso no es de tu incumbencia por ahora —respondió él con calma—. ¿Lo harás o no? Feng no dudó mucho: —Claro que sí, ¿por qué no? —Bien —dijo Xuan Lie—. Ya casi se oculta el sol. Vamos hacia el lugar. Déjame tomar lo necesario y nos dirigimos a la plataforma de combate. Xuan Lie tomó lo necesario de su habitación y, junto a Feng, se dirigieron hacia la plataforma de combate. Al llegar, vieron a Yue de pie, de espaldas a ellos, esperando. —Pensé que no te atreverías a venir —dijo ella con tono desafiante, sin volverse todavía. En cuanto giró la cabeza y vio a su hermano acompañándolo, su expresión cambió de inmediato: —¿Tú? ¿Qué haces aquí? Feng se cruzó de brazos y respondió con la misma confianza: —Más bien debería ser yo quien te pregunte: ¿y tú qué haces aquí? Yue respondió con sequedad: —No es de tu incumbencia. Feng abrió los ojos con fingida indignación y dijo: —Oye, recuerda que soy el mayor, ¿no? Yue ignoró sus palabras y se dirigió directamente a Xuan Lie, molesta: —¿Y tú por qué has traído a mi hermano? Xuan Lie respondió con calma, con un leve matiz de burla en la voz: —Es mi testigo. Tenía que ser alguien de confianza, así que estará presente durante todo el duelo y será testigo de lo que prometas cumplir. ¿No es así? Feng lo miró con sorpresa y preguntó: —¿Desde cuándo es que confías en mí? Xuan Lie le hizo un gesto discreto con la mano y le indicó en voz baja: —Sigue la corriente y mantén el silencio. Al ver que ninguno de los dos parecía dispuesto a echarse atrás, Feng se encogió de hombros y dijo: —Está bien, adelante. Luchen. Luego añadió con una sonrisa: —Y tú, Yue, no te confíes demasiado… no vaya a ser que termines perdiendo. Ella lo miró con aire de decepción: —¿Perder? Tú fuiste el que se confió y por poco salió mal parado. ¿Y ahora vienes a darme consejos? —Solo digo que en una pelea todo puede pasar —respondió él con tranquilidad. —Guarda silencio y limítate a observar, como debes hacer —le ordenó ella. —A mí también me parece bien —agregó Xuan Lie con serenidad. Feng levantó las manos en señal de conformidad: —Lo que ustedes digan. Me limitaré solo a mirar y a ser testigo. ¡Luchen a gusto! Xuan Lie subió a la plataforma y se ajustó una túnica totalmente negra, ligera y cómoda, que le permitía moverse con total libertad. Antes de iniciar, habló con claridad: —Antes de comenzar: solo habrá intercambio de golpes. Se pueden usar armas, pero no se permitirán técnicas que aumenten la velocidad o cualquier habilidad similar que altere las condiciones normales del combate. Yue respondió con desdén y confianza: —Como quieras. Al final vas a perder de todos modos… ¿qué importa si te doy una pequeña ventaja? Xuan Lie adoptó su postura de combate de inmediato. En ese instante, el ambiente a su alrededor pareció cambiar: ya no se veía en absoluto a ese joven débil que se había enfrentado a Feng tiempo atrás. Su presencia se volvió más firme y sólida. Yue, al notar esa diferencia, sintió una ligera incomodidad por un momento, pero rápidamente se recuperó y tomó también su propia posición de combate, lista para actuar. Desde fuera de la plataforma, Feng observaba todo con una sonrisa, y pensó para sí mismo: “Vaya… si es así, entonces sí tiene posibilidades. Pero si se confía un solo instante, igual perderá. Realmente ha mejorado mucho, ¿verdad?” Por un instante, todo pareció detenerse. La noche ya cubría casi por completo el santuario de la raza Shen Lan. En la plataforma, lo único que se percibía era la brisa fría y cargada de tensión, que anunciaba el combate que estaba a punto de comenzar. Xuan Lie permanecía en su sitio, con una apariencia totalmente relajada y sin hacer el menor movimiento. De pronto, Yue se abalanzó sobre él con una velocidad sorprendente, y uno de sus puños se dirigió directo hacia su cabeza. Desde fuera, Feng reaccionó al instante y murmuró entre dientes: —Si no logras esquivar eso, te va a costar muy caro… Pero Xuan Lie, que parecía inmóvil, actuó con una calma asombrosa. Desvió el golpe con un movimiento suave y, casi en el mismo instante, le devolvió un impacto directo. Fue tan rápido que Yue no alcanzó a verlo venir. Yue quedó paralizada por una fracción de segundo, sin entender lo que acababa de ocurrir, pero no se detuvo: al instante aumentó su velocidad al máximo. El suelo de la plataforma comenzó a agrietarse bajo sus pies mientras lanzaba una ráfaga continua de golpes, uno tras otro, sin dar respiro. Xuan Lie, por su parte, sacaba a relucir su técnica y toda la experiencia acumulada en su vida anterior. Desviaba cada ataque con una precisión asombrosa, y cada choque entre sus manos y los puños de Yue provocaba un estruendo que resonaba por toda la plataforma. Por momentos, el combate parecía mantenerse en un equilibrio parejo. Pero Yue no cedía: sus golpes eran sólidos, contundentes y llenos de fuerza. Un solo impacto directo bien asestado podría causarle a Xuan Lie un daño grave e incluso irreparable. Feng observaba con asombro y murmuraba para sí mismo: —Ninguno cede, pero uno de los dos tendrá que dar el paso. Sin embargo, Xuan Lie tiene todas las de perder si comete el más mínimo descuido. Los golpes no cesaban; nada parecía capaz de detenerlos. Cada ataque de Yue era potencialmente mortal para él, quien por ahora solo se limitaba a esquivar, sin lograr asestar un golpe certero. Mientras se movía con agilidad, Xuan Lie pensaba con claridad: “Si sigo así, pronto me agotaré. Tengo que encontrar una apertura, y rápido”. Entonces Yue concentró toda su fuerza en el siguiente impacto y lo lanzó con toda su potencia. —¡Este es el momento! —se dijo Xuan Lie, y en lugar de retroceder, se abalanzó hacia adelante. Desde fuera, Feng abrió los ojos sorprendidos y exclamó: —¡No! ¿Qué haces? ¿Cómo pretendes recibir un golpe así? Xuan Lie solo alcanzó a desviar la trayectoria con un brazo para amortiguarlo, pero la fuerza del impacto fue inmensa: su propia brazo quedó dislocada por la sacudida. Aun así, aprovechó ese instante de desequilibrio en el movimiento de Yue, y con la otra mano sacó en un abrir y cerrar de ojos la primera daga que había forjado con sus propias manos como herrero. El combate se detuvo en seco. Xuan Lie mantenía la punta del arma a escasos centímetros de los ojos de Yue, y con voz firme, a pesar del dolor en su brazo, le dijo: —Has perdido. CONTINUARA… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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