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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 38 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—¡Por estos grandes héroes! —gritaban todos al unísono, y las voces resonaban con fuerza en todo el santuario. Entonces el Sabio Médico intervino con voz firme y, en tono más bajo, le dijo al Patriarca:—Es suficiente. Ya es hora de que regrese a sus aposentos. El Patriarca dio media vuelta y se retiró, pero aún a lo lejos se seguían escuchando los gritos de respeto y admiración de su pueblo. En cuanto cruzó la puerta de su habitación, escupió un chorro de sangre y cayó de rodillas contra el suelo. Yue corrió de inmediato a sostenerlo:—¡Padre! El Patriarca lo miró con la vista ya cansada y apenas respondió:—Estoy bien… solo necesito descansar. Feng se acercó también, con el rostro lleno de preocupación, y preguntó directamente:—¿Qué tan mal estás en realidad? El hombre los miró a ambos, y en ese momento las heridas que había logrado contener comenzaron a abrirse de nuevo. Era imposible ocultarlo: los daños internos eran graves, tenía fracturas que no habían terminado de sanar y su energía se agotaba con cada segundo. —Rápido, llevémoslo a la cama —ordenó el Sabio Médico con urgencia. Lo recostaron con cuidado, y el médico le reprochó con un tono suave pero severo:—Ya se lo dije: no debía haber salido. Tenía que quedarse aquí, en sus aposentos, para recuperarse. Ahora le tomará más de un año sanar por completo. El Patriarca negó con la cabeza, respirando con dificultad pero con la misma firmeza de siempre:—Tenía que hacerlo… por los que cayeron, por sus familias, por todos los que me siguen ciegamente sin saber si verán el amanecer del día siguiente. Y, además, tengo que recuperarme mucho antes de ese plazo: necesito estar listo para partir en esa expedición. El Sabio Médico lo miró con seriedad y le preguntó:—¿Se da cuenta de lo grave que está y de lo que está diciendo, Patriarca Lan? Lan Zuiwen, con las heridas abiertas y dificultad para respirar, respondió con voz entrecortada pero llena de determinación:—Realmente no le queda mucho tiempo a nuestra raza. No puedo permitir que su legado se pierda ni se extinga. No podemos desaparecer… no así, no de esta manera. El mundo entero parece empeñado en empujarnos hacia la desaparición, pero jamás dejaré que se olvide el camino trazado por nuestros ancestros. No permitiré que se apague el último brillo que nos queda. Por eso, Sabio Médico… ayúdeme a recuperarme. Necesito ser yo quien guíe esta expedición que se aproxima. El Sabio Médico observó la terquedad reflejada en su rostro y respondió:—Haré todo lo posible. Pero usted también debe poner de su parte para sanar. Por ahora, no se preocupe por lo demás: Lan Guanyi se encargará de todos los asuntos mientras usted se recupera. El Patriarca cerró los ojos, intentando descansar a pesar del dolor que le causaban todas sus heridas. Luego, el Sabio se dirigió a Feng, a Yue y también a Xuan Lie:—Pueden retirarse. Céntrense en sus asuntos y no descuiden su entrenamiento. Al terminar de hablar, clavó la mirada directamente en Xuan Lie, como si esas palabras fueran dirigidas principalmente a él. El Sabio sabía muy bien la realidad: apenas le quedaba un año y poco más, entre cuatro y cinco meses adicionales, para que Xuan Lie cumpliera el plazo acordado y aprendiera todo lo necesario sobre el arte de la herrería. Todos se inclinaron respetuosamente y se despidieron. Yue se separó de inmediato y partió hacia su lugar de entrenamiento. Feng, por su parte, se quedó un momento pensativo y luego le dijo a Xuan Lie:—Iré a entrenar. No puedo quedarme estancado para siempre; necesito avanzar. No podré acompañarte de regreso, nos veremos pronto. Xuan Lie solo se limitó a observarlo sin pronunciar una sola palabra, mientras veía cómo Yue y Feng se alejaban, cada uno para centrarse en lo que tenía que hacer. Se quedó allí unos instantes, mirando hacia el cielo, donde ya empezaba a caer la tarde. Un pensamiento serio cruzó su mente: “Ya casi llega la noche… me queda muy poco tiempo, debo apurarme. No hay tiempo que perder”. Bajó la mirada con determinación y comenzó a caminar con paso acelerado de regreso a su residencia. Al llegar, Xuan Lie tomó rápidamente los textos y se dedicó a absorber cada conocimiento con toda su atención. Mientras leía, recordaba las palabras del Patriarca y esa terquedad que lo caracterizaba; algo en esa actitud le resultaba familiar, le traía a la memoria cómo había sido él mismo en su pasado, o mejor dicho, al final de su vida anterior. Pasaron las semanas sin que él perdiera el ritmo. Dominó y grabó en su interior la segunda técnica sin mayor dificultad, y así avanzó hasta llegar a la tercera: Enlace de la Esencia. Según explicaba la teoría, esta técnica permitía unir o fusionar metales de naturalezas completamente distintas, creando entre ellos un vínculo energético que los hacía actuar como si fueran una sola sustancia, mucho más resistente que cualquiera de los materiales por separado. Sus procedimientos eran muy diferentes a los de las dos técnicas anteriores: Envuelve cada material con una capa delgada de energía. Iguala la frecuencia de tu propia energía a la de cada metal, por separado. Actúa como puente energético entre ambos en el momento de unirlos. Mantén el flujo constante mientras se enfrían, para evitar que se separen o se debiliten. Xuan Lie leyó con detenimiento y susurró para sí mismo, comprendiendo la dificultad:—Veo que aquí un solo paso mal ejecutado puede arruinar todo… Un error en la sincronización dará como resultado una pieza frágil, que se romperá con facilidad ante cualquier esfuerzo. Pasó un mes entero. El tiempo parecía correr sin detenerse por nada, y en todo el santuario no hubo ninguna anomalía ni noticia que alterara la calma. Cada uno se mantuvo absorto en sus propias tareas: Lan Guanyi atendía los asuntos de la raza Shen Lan junto a Shen Haotian, llevando con responsabilidad la gestión mientras el Patriarca se recuperaba. Feng entrenaba sin reducir su ritmo ni un solo día, decidido a no quedarse atrás; igual hacía Yue, manteniéndose firme y concentrado en su propio progreso. El anciano herrero permanecía en su taller, como siempre. Se limitaba a limpiar y ordenar con lo poco que su cuerpo le permitía, pues su estado de salud empeoraba poco a poco con el paso del tiempo. Por su parte, el Sabio Médico seguía pendiente del Patriarca, quien, aunque avanzaba lento, mostraba señales claras de mejoría. Y Xuan Lie, por su parte, seguía totalmente concentrado. Logró comprender a fondo y grabar en su memoria la tercera técnica, Enlace de la Esencia, y al mismo tiempo comenzó a estudiar la cuarta, avanzando tan rápido que ya casi dominaba todo lo que explicaba el texto. Esta técnica se llamaba Sangre del Mineral. Según su teoría, servía para despertar la energía latente que permanecía dormida en los metales antiguos; consistía en infundir una parte de la propia energía vital para potenciar y multiplicar sus propiedades naturales. Sus procedimientos eran los siguientes: El metal debe estar en estado maleable, pero sin llegar a fundirse por completo. Haz fluir tu energía como un hilo muy fino y continuo. Guíala con cuidado por todos los poros y estructuras internas del material. Déjala integrarse en su interior mientras la pieza se enfría muy lentamente. El texto incluía además una advertencia clara y estricta: Nunca infundas más energía de la que eres capaz de reponer con tu propio cuerpo. Una vez repasó y asimiló todo esto, tomó entre sus manos el pergamino correspondiente a la quinta técnica, titulada Escudo de la Temperatura. Y decía para sí mismo, mientras leía:—Veo… según su teoría, esta técnica crea una barrera energética que regula tanto el calor como el frío, evitando que los metales sensibles o raros sufran daños por cambios bruscos de temperatura. Estaba a punto de revisar sus procedimientos, cuando de pronto se escuchó un golpe en la puerta de la mansión. Xuan Lie se levantó de inmediato y salió a ver quién era. Al abrir, encontró a un sirviente que se inclinó respetuosamente y habló con voz apresurada:—Disculpe… el anciano herrero está muy grave y pide verle sin demora. Xuan Lie asintió con seriedad:—Entendido. Déjame guardar esto y te sigo. Dejó los textos con cuidado en su sitio y bajó rápidamente, siguiendo los pasos del sirviente hasta llegar a los humildes aposentos del herrero. Allí, en la cama, yacía el anciano que había conocido desde su llegada: alguien que siempre parecía rebosar de energía y vitalidad, aunque él ya sabía que una enfermedad silenciosa lo consumía desde hacía tiempo. Ahora su aspecto era muy distinto: recostado y con el rostro pálido, se podían ver claramente en varias partes de su cuerpo las venas inflamadas, de un tono verdoso intenso, que parecían circular bajo la piel como si fueran su propia sangre. A simple vista resultaba inquietante, y el anciano respiraba con dificultad, con el pecho subiendo y bajando con esfuerzo. Xuan Lie se inclinó respetuosamente y dijo con voz suave:—Maestro, ¿me ha mandado llamar? El anciano abrió los ojos con gran dificultad; sus pupilas, de un azul oscuro, se veían empañadas y borrosas, como si ya hubiera perdido la vista. Era la señal de lo que esa plaga había hecho: avanzaba sin detenerse por todo su cuerpo, extendiéndose cada vez más. Extendió una mano temblorosa y preguntó:—¿Dónde estás, Xuan Lie? El joven se acercó de inmediato:—Aquí estoy, maestro. El anciano tomó su mano con debilidad y le preguntó:—¿Cómo vas con la segunda etapa? —¿Yo? —respondió Xuan Lie con suavidad. —Sé sincero —añadió el anciano—. No pasa nada si todavía no has logrado memorizar todo. No todos son genios, ni todos nacen con un destino marcado. Lo que realmente cuenta es cuánto te esfuerzas por lo que haces. Xuan Lie respondió con total respeto:—He avanzado mucho: ya domino casi cinco técnicas, y solo me faltan dos más para completar por entero la segunda etapa. El anciano esbozó una sonrisa con gran dificultad, aunque en sus ojos se notaba la satisfacción:—Entonces son excelentes noticias. No me has decepcionado ni un solo instante; me has demostrado que eres digno de todo lo que he podido enseñarte. Con dificultad, agregó:—Esta segunda etapa te servirá en el futuro para adquirir destreza y un control absoluto. Con ella sabrás crear, reparar e incluso deshacer cualquier arma o herramienta. Entenderás la estructura de las cosas mejor que nadie: lo que otros construyan, tú podrás mejorarlo… ¿me entiendes? Xuan Lie asintió con seriedad y preguntó:—Maestro Wei Huo, comprendo casi todo lo que me ha explicado… pero ¿en qué consiste la tercera etapa? El anciano respondió con voz suave pero firme:—En realidad, esa etapa no tiene métodos ni pasos escritos; se resume en un solo concepto. Pero por ahora, céntrate solo en dominar las técnicas que te faltan de esta segunda etapa. Cuando seas capaz de aplicarlas con total soltura, ven a verme y te explicaré en persona de qué trata la última fase. Yo haré todo lo posible por aguantar hasta ese día. No pienses demasiado en mí ni te distraigas: este es el límite de mi vida, es todo lo que este mundo ha decidido permitirme vivir… y ya he aceptado mi destino. Xuan Lie le acomodó con cuidado la mano sobre la sábana, se inclinó profundamente en señal de respeto y dijo:—Como usted diga, maestro. Me esforzaré al máximo para no hacerle esperar. Luego se retiró en silencio y regresó rápidamente a su residencia. Se sentó en su silla mecedora con la mirada apagada. El viento entraba suavemente, moviendo sus cabellos negros, y en sus ojos oscuros no se reflejaba ninguna emoción visible. No sabía cómo reaccionar ante lo que le estaba ocurriendo a su maestro. Quizás ya se había acostumbrado a perder a quienes le eran cercanos, pero en lo más profundo de su ser, ese sentimiento, esa sensación de afecto, no terminaba de desaparecer por completo. Sentía sobre sus hombros el peso del tiempo: ya le quedaba muy poco plazo para cumplir lo acordado, y ahora, con su maestro al borde de la muerte, ese lapso se hacía aún más breve. Se sentía impotente; una y otra vez, no lograba cambiar el rumbo de la vida de quienes le rodeaban, ni siquiera podía modificar su propio destino. Todo parecía confuso y fuera de su alcance, pero al final, lo único que le quedaba claro era esforzarse al máximo y cumplir hasta el final con lo que había comenzado. Tomó los textos, consciente de que no le quedaba otra opción que seguir adelante. Se concentró en leer con atención los pasos de la quinta técnica: Escudo de la Temperatura Envuelve toda la pieza con una capa uniforme de energía antes de sacarla del fuego. Distribuye el calor sobrante para que se enfríe de forma pareja y constante. Suaviza el choque térmico si se recurre al uso de agua o aceite. Mantén activa la barrera hasta que la temperatura del material se iguale por completo con la del ambiente. Al llegar a la advertencia que acompañaba a esta técnica, leyó: Es la que menor cantidad de energía consume, pero exige una precisión y un control mental mucho mayores que las anteriores. En cuanto terminó de leer, una pequeña lágrima se deslizó por uno de sus ojos. Era como si, en lo más profundo de su ser, una parte de él se negara a dejar de sentir dolor y tristeza. Sin embargo, Xuan Lie no se detuvo a limpiarla; con una mirada fría pero serena, mantuvo la vista fija en los pergaminos y no apartó su atención ni un instante. Así transcurrieron varios días, hasta que de nuevo llamaron a la puerta de su residencia. Por un momento dudó antes de abrir: sabía que en cualquier momento podía llegar la noticia definitiva, el final que tanto temía para su maestro. Abrió con precaución, y al levantar la vista se encontró con el Sabio Médico. —¿Me invitas a pasar? —le preguntó el anciano con tono tranquilo. Xuan Lie abrió la puerta por completo, se inclinó respetuosamente y respondió:—Pase, Sabio Médico. Una vez dentro y ya sentados, el Sabio observó el lugar y comentó:—Has conseguido un sitio muy agradable. —Es bastante bueno —respondió Xuan Lie—. Un lugar tranquilo donde no hay distracciones. El Sabio suspiró profundamente y fue directo al asunto:—Supongo que ya estás al tanto de la situación del anciano herrero… —Sí —asintió él—. Ya fui a verlo. —¿Y no tienes nada que decir al respecto? —preguntó el médico con curiosidad. Xuan Lie respondió con voz serena pero cargada de resignación:—¿Qué cambiaría con palabras? Si tú pudieras curarlo, si existiera realmente un remedio o un método para detener esa enfermedad, entonces quizás no lo veríamos en ese estado. Pero mientras no haya forma de alterar su destino, hablar no servirá de nada. El Sabio agregó con voz grave y pausada:—Tienes toda la razón. Si existiera una forma, las palabras sobrarían por completo. La vida, sin importar a qué raza pertenezcamos, es efímera. Somos como peones en un juego: destinados a cumplir el papel que nos toca y luego morir, sin poder negarnos ni cambiar el rumbo que el destino nos ha trazado. Quizás… algún día llegue el momento en que nuestra raza deje de ser solo piezas que se mueven en un tablero cuyas reglas ni siquiera logramos comprender. CONTINUARÁ… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 38 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.