Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 37 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
El aire de la mañana se sentía cargado de una melancolía suave. El amanecer despuntaba con tonos cálidos, que poco a poco iban disipando la oscuridad restante de la noche. Feng, que ya no lograba contenerse al beber, alzó la vista con los ojos ligeramente empañados y preguntó:
—Entonces… ¿solo beberás un solo cuenco?
Xuan Lie negó con calma, sosteniendo el recipiente entre sus manos:—El exceso siempre es malo. Te dije que te acompañaría, no que bebería hasta perder el control y quedar borracho.
Feng agachó la cabeza, observando el líquido transparente que aún quedaba en el suyo, y susurró con voz baja y cargada de pensamientos:—Es así…
Guardó silencio un instante, luego alzó la mirada hacia el horizonte y preguntó, casi como si hablara consigo mismo:—Xuan Lie… ¿Qué se siente ser fuerte? ¿Qué se siente tener un poder tan grande que muchos dependan de ti, o que tengas tanto que proteger que no te permitas fallar nunca?
Xuan Lie se quedó en silencio, perdido entre el aroma del alcohol y la luz dorada que se extendía por el cielo. La pregunta también parecía resonar en su interior. Cerró los ojos, se recostó suavemente en el respaldo de la silla y dejó que los primeros rayos del sol acariciaran su rostro.
Se hizo un silencio profundo entre los dos, un silencio que no resultaba incómodo, sino lleno de paz. No hacía falta nada más en ese momento: dos personas de razas distintas, cada una cargando con su propio destino, sus propias heridas y su propio propósito en la vida, compartiendo ese instante de calma.
Entre tanto silencio, el aroma del alcohol y la calma del ambiente, mientras Xuan Lie reposaba en aquel asiento recibiendo la luz del sol, un recuerdo de su pasado irrumpió en el silencio.
En su mente se escuchaban voces: varias personas conversaban y debatían asuntos de gran importancia. Se encontraba en un gran salón, donde cada rincón parecía haber sido trazado por manos antiguas, construido por los arquitectos más hábiles de todos los tiempos. Xuan Lie miraba a través de una pequeña rendija; podía distinguir las figuras de aquellos días, pero sus rostros aparecían borrosos, como si una niebla espesa los cubriera. Aun así, no lograba comprender por qué había olvidado tantas cosas.
De pronto, una voz sonó justo detrás de él:—Escuchar a escondidas es señal de mala educación… ¿no lo cree, mi señor?
Xuan Lie no se giró de inmediato; respondió con voz apagada y cargada de amargura:—Solo observo… y con todo ese poder que poseía, no pude proteger nada en absoluto.
La persona detrás de él habló con calma, como si le estuviera revelando una verdad profunda:—¿Proteger? A veces hay que aprender a perder primero, para saber realmente qué es ganar y para valorar lo que se tiene. ¿No lo cree así?
Esas palabras cayeron sobre él como un peso que le removía el interior. Cuando finalmente se giró, allí estaba una de las columnas más firmes de su raza y de su vida pasada: La Primera Estrella Blanca, uno de sus generales más grandes, quien habría hecho cualquier cosa que su señor le ordenara, y a quien se le había encomendado proteger todo aquello que estaba bajo el poder de Xuan Lie.
El hombre le miraba con una sonrisa serena. Se alzaba como una figura imponente, vestida con túnicas blancas bordadas con tonos azul claro, el cabello largo y blanco recogido con esmero, y unos ojos de un dorado muy pálido que irradiaban una paz infinita.
—¿Todo está bien, mi señor? —le preguntó con respeto y calma—. Parece un poco perdido… ¿ha ocurrido algo?
Xuan Lie lo miró de pies a cabeza, lanzándole una mirada de reojo y respondiendo con un tono levemente burlón:—¿Me estás sermoneando?
La Primera Estrella Blanca mantuvo su calma y sonrisa serena, y negó con suavidad:—No me atrevería, mi señor. Pero al escucharle decir que no pudo proteger nada… me sorprende. Usted no suele preocuparse por pensamientos así. Después de todo, sería muy difícil que cualquier raza o ser poderoso se atreviera a intentar algo en su contra. ¿No lo cree así?
Xuan Lie respondió con una media sonrisa, cargada de una melancolía que él mismo no lograba explicar del todo, recordando apenas fragmentos de aquel final trágico que le esperaba:—¿Es así? Quizás ya viví lo contrario… No siempre será así para siempre.
La Primera Estrella Blanca lo observó con expresión de ligera confusión, sin entender bien a qué se refería, y propuso con amabilidad:—Si le parece bien, caminemos un poco por los pasillos y luego salgamos al jardín. El ambiente es agradable y el aire fresco le vendrá bien.
Xuan Lie dejó escapar una sonrisa más relajada y asintió:—Está bien. Escapar de los deberes por un día… no suena nada mal.
Mientras caminaban por aquellos amplios pasillos, flanqueados por grandes columnas adornadas con diseños dorados, únicos y antiguos, La Primera Estrella Blanca habló con voz firme y llena de lealtad:—Mi señor… yo, o mejor dicho, las Siete Estrellas Blancas, haríamos todo lo que usted desee. Moriríamos por usted, derramaríamos nuestra sangre, pondríamos nuestras vidas en peligro si usted lo pidiera… sin dudarlo ni un instante. Así que le pido que no pierda el tiempo pensando en cosas sin importancia.
Al salir de los pasillos, entraron en un lugar inmenso: parecía un jardín, pero en realidad era una llanura extensa cubierta por completo de flores de lirio de araña roja. Caminaron por un camino que dividía el extenso lugar en medio de aquel mar incesante de flores que se extendía hasta perderse en el horizonte.
Mientras avanzaban, Xuan Lie dijo en voz baja:—Gracias.
La Primera Estrella Blanca lo miró con confusión y respondió:—¿Gracias, mi señor? Si no he hecho nada especial por usted…
Xuan Lie siguió caminando, se salió del camino y se adentró hasta lo más profundo del campo de flores. Abrió ambos brazos, los extendió a los lados y continuó avanzando, rozando suavemente los pétalos con las yemas de los dedos. Tras recorrer un buen tramo, se detuvo, se giró hacia atrás y, con una sonrisa sincera, dijo en voz alta:—¡GRACIAS por aparecer en mis recuerdos y darme una lección!
Por primera vez en mucho tiempo, se encontró riendo sin preocuparse por nada, comenzando a girar sobre sí mismo sin parar, rodeado de aquellas flores.
La Primera Estrella Blanca se quedó mirándolo, sin comprender nada de lo que pasaba y sin saber qué hacer ante aquella actitud inusual de su señor.
Poco después, Xuan Lie se detuvo, se dejó caer suavemente sobre el manto de flores y alzó la vista hacia el cielo, amplio, despejado y de un azul profundo. Sus ojos dorados, con iris que parecían sembrados de estrellas, brillaban llenos de vida; respiraba con cierta agitación por haber girado tanto, pero mantenía una sonrisa tranquila.
Siguió mirando hacia arriba, cerró los ojos lentamente y susurró con satisfacción:—Fue un buen recuerdo… realmente lo fue.
Se despierta lentamente, abre los ojos y ve que el sol ya se encuentra en lo alto del cielo. Con la mente todavía un poco cargada por el alcohol, susurra con voz adormilada:—¿Me he quedado dormido tanto tiempo?
Se gira hacia un lado y encuentra a Feng tirado sobre la mesa, profundamente dormido y completamente borracho. Suelta un suspiro resignado y comenta para sí mismo:—Si ibas a beber hasta quedar en este estado, hubiera sido mejor que te fueras a emborrachar en otra parte y no aquí.
Se levanta con calma y se dirige al salón principal. Allí toma dos antiguos textos, los sostiene entre sus manos y reflexiona en voz baja:—El primero ya lo he comprendido por completo: conozco sus pasos y entiendo su teoría. Hoy debo avanzar con estos dos: Latidos del Yunque y Enlace de la Esencia.
Los pasa con cuidado entre sus dedos y añade:—Ambos tienen sus propios principios, teorías y procedimientos… vaya que cada uno es único y exige su propio ritmo.
Vuelve a salir y se sienta en una silla mecedora cerca de donde sigue durmiendo Feng. Abre el segundo texto titulado Latidos del Yunque y lee en voz baja para sí mismo:—Según su teoría, se sincroniza la respiración, los latidos del corazón y el flujo de energía con cada golpe. El impacto no solo aplica fuerza física, sino que sirve para compactar la materia y eliminar sus impurezas internas.
Revisa el contenido con atención y comenta:—Vaya… su explicación es más resumida y sus procedimientos son claros. Veamos:
Calma tu respiración y haz que la energía siga su mismo ritmo.
Acumula la energía en la mano justo en el momento de levantar el martillo.
Libérala en el instante exacto del impacto, como una onda firme y constante.
Repite este ciclo hasta que la energía se asiente en el material y este la reciba como parte de sí mismo.
Sigue leyendo y añade:—Aquí advierte también que, si los golpes se dan con prisa o con ira, se generan grietas invisibles que, con el tiempo, terminarán por debilitar por completo lo que se está forjando.
Sonríe levemente y reflexiona:—Y esta técnica solo tiene cuatro pasos… es menos que la anterior, que contaba con cinco.
Se sumerge por completo en la lectura, guardando cada detalle en su memoria, decidido a avanzar paso a paso y cumplir con lo que se había propuesto.
Mientras seguía sumergido en su lectura, Feng despertó poco a poco y lo miró con esa concentración absoluta. Con voz todavía ronca por el sueño y el alcohol, preguntó:—¿Por qué no te sorprendes ni te preocupa pensar que mi padre pueda morir o saber qué tan graves son sus heridas?
Xuan Lie no apartó la vista del texto y respondió con calma:—¿Por qué habría de hacerlo? Tu padre es un cultivador.
Feng replicó de inmediato, interrumpiendo:—¿Y eso qué tiene que ver?
Entonces Xuan Lie desvió la mirada por un instante, observándolo como si le reprochara la ingenuidad de su pregunta, y volvió a posar los ojos sobre las páginas mientras explicaba:—Es un cultivador. Sobrevivirá; encontrará la forma de seguir adelante. Ese es el camino de quien cultiva: busca ir contra los cielos, está destinado a enfrentarse a lo desconocido, a sufrir, a herirse y a llegar incluso hasta el borde mismo de la muerte.
—Tu padre sobrevivirá, créeme —afirmó Xuan Lie con seguridad—. Muchos cultivadores no logran salir adelante ante los peligros que enfrentan, ni siquiera durante el propio cultivo… pero él lo hará.
Feng lo miró con expresión pensativa, sin saber muy bien qué más añadir, y preguntó:—¿Y cómo sabes eso si tú nunca has cultivado?
Xuan Lie desvió la mirada para esquivar la pregunta, respondiendo con naturalidad:—¿Acaso no es obvio? Cuando se lee mucho, se aprende. Deberías dedicar más tiempo a los libros.
Cambió así el tema para evitar que Feng indagara más.
—¿Es así? —respondió el joven con tono un poco desanimado—. Entonces esperemos que se recupere pronto.
Xuan Lie lo miró de reojo y propuso:—¿Te parece si vamos a ver cómo está? Tu padre llegó cuando apenas amanecía, así que ya el Sabio Médico debe haber dado su diagnóstico definitivo. ¿No crees?
—Es cierto… vamos —asintió Feng.
—Eso sí —añadió Xuan Lie con una media sonrisa—: si se te ocurre saltar la pared, no te dejaré entrar a la mansión. Seamos personas civilizadas y salgamos simplemente por la puerta.
Aún con los efectos del alcohol y el sueño pesándole, Feng respondió con resignación:—Como tú digas.
Y así salieron los dos, comenzando a bajar por los anchos escalones de piedra que descendían desde lo alto de la montaña.
Al llegar al palacio principal, encontraron a varios cultivadores reunidos, debatiendo asuntos importantes y hablando en voz baja con inquietud. El Sabio Médico intentaba calmar los ánimos para que no se alterara el ambiente.
Feng se acercó de inmediato y preguntó con urgencia:—¿Cómo está mi padre?
El Sabio suspiró profundamente y respondió con cautela:—No puedo decírtelo con total seguridad. Ahora todo depende de él: debe lograr regular su energía y hacerla circular por todo su cuerpo. Ya me he ocupado de cerrar y tratar las heridas externas, pero el daño interno es algo que solo él puede sanar con su propia fuerza.
A un lado, Yue permanecía de pie, con la mirada fija en la puerta de los aposentos, esperando con ansiedad cualquier señal de mejoría.
Al ver a Xuan Lie, el Sabio Médico lo saludó con respeto, y este respondió con una pequeña reverencia antes de acercarse. Estaba a punto de preguntar por el estado del Patriarca, cuando de pronto la puerta de la habitación se abrió de golpe.
—¿Por qué están todos reunidos aquí como si ya estuviera a punto de morir? —preguntó una voz firme y resonante—. ¿Acaso me ven tan débil?
Allí estaba el Patriarca, acomodándose con calma los pliegues de su túnica. Sin esperar respuesta, dio su orden con autoridad:—Reúnan a las familias de los exploradores caídos y hagan un llamado general a todos los que puedan acudir al centro del Gran Santuario. Tengo unas palabras que decirles.
El Sabio Médico corrió hacia él con preocupación:—¡Mi señor, debe volver a su lecho y seguir meditando para recuperarse!
Pero el Patriarca lo miró con expresión seria y un toque de amargura:—Estoy bien.
Luego dirigió la mirada hacia los ancianos y cultivadores presentes, con una mirada que les recordaba claramente que seguía siendo el mismo, que no estaba vencido y que no caería con tanta facilidad. Sin dejar espacio para dudas, añadió:—¿Qué esperan? ¡Vayan! Es una orden.
Los pocos que se encontraban allí se inclinaron respetuosamente y se dispersaron de inmediato, comenzando a enviar el aviso para reunir a todos en el lugar indicado.
El líder siguió caminando sin hacer caso a las advertencias del Sabio Médico, pero de pronto escupió un poco de sangre y su cuerpo se tambaleó. Feng corrió a sostenerlo entre sus brazos, con voz temblorosa:—¡Padre, aún no! Todavía no es tu hora…
El patriarca le dedicó una sonrisa desafiante y llena de voluntad:—No te preocupes… estoy muy lejos de morir. No pienso caer de una forma tan patética.
Así avanzó hacia el centro del santuario, mientras Xuan Lie y Yue se quedaban sin palabras, sin saber cómo detenerlo, y el Sabio Médico se desesperaba sin encontrar la forma de hacerlo regresar a descansar.
Cuando llegó al lugar, las familias de los exploradores y otros miembros de la raza ya estaban reunidos, preguntándose entre sí por qué se les había convocado. Al ver aparecer al patriarca, visiblemente herido pero firme en su paso, todos se inclinaron con respeto y dijeron al unísono:—¡Bienvenido sea el pilar de todos nosotros, el Gran Patriarca Lan!
Él alzó una mano con gesto sereno para detener las muestras de respeto:—No es necesario tanta ceremonia. Hoy solo he venido para decirles a las familias de los exploradores que sus esposos, padres e hijos han cumplido con su deber y han llevado a buen término su misión.
Por un instante se extendió un aire de esperanza, aunque nadie terminaba de comprender de qué se trataba exactamente esa tarea secreta que habían cumplido lejos del santuario.
El patriarca volvió a alzar la mano, y su tono se tornó más grave y cargado de dolor:—Pero lo siento… no llegué a tiempo. Todos cayeron en el cumplimiento de su deber. Lograron proteger la información y conseguimos recuperarla, pero no fuimos capaces de salvarlos… o mejor dicho, yo no fui capaz de hacer nada.
Bajó la cabeza, sintiéndose perdido y esperando la reprobación de su pueblo. Pero en lugar de reclamos, una sola voz se alzó en medio del silencio, y pronto todos gritaron con fuerza:—¡Estamos aquí para servirle! Mientras usted no caiga, tenemos un faro que nos guía en este mundo.
Empezaron a corear su nombre con devoción. Las familias de los exploradores, entre lágrimas, alzaban la voz con palabras que el patriarca podía escuchar claramente: "Estoy orgullosa de mi esposo”, “Mi hijo cumplió con su deber y ayudó a nuestro señor”, “Mi padre es un héroe”, “Su sangre no fue derramada en vano, lograron lo que se propusieron”.
Nadie le dirigía miradas de reproche ni decía palabras de lamento hacia él; al contrario, todos lo alentaban y reconocían el sacrificio de sus seres queridos.
El patriarca sintió cómo el peso inmenso que cargaba comenzaba a aligerarse, aunque la culpa seguía presente en su interior. Sacó entonces las placas de reconocimiento y comenzó a entregarlas, una por una, a cada familia correspondiente.
Cuando terminó, alzó la vista, respiró hondo y gritó con voz potente, resonando en todo el santuario:—¡Sus muertes no serán en vano! Ellos abrieron el camino con esta información. Ustedes, nosotros… yo honraré el nombre de cada uno de estos exploradores que lo dieron todo para proteger lo que es nuestro. ¡En HONOR A ESTOS GRANDES HÉROES!
CONTINUARÁ…
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AUTOR: OLVIDADO

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Estás leyendo el capítulo 37 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.