Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 36 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Lan Guanyi llamaba al Patriarca mientras lo sostenía, insistiendo con voz firme:
—Manténgase consciente, Patriarca… no se rinda.
Avanzaban a toda velocidad en medio de la noche más oscura. A lo lejos se escuchaban los truenos retumbando como si el cielo mismo se estuviera rompiendo, y se deslizaban entre la inmensidad del gran bosque, que permanecía en un silencio profundo y tenso.
De repente, algo sacudió toda la región con una fuerza que hacía vibrar hasta las raíces de los árboles. A lo lejos, el suelo temblaba una y otra vez: eran los impactos de los intercambios de golpes y choques de energía entre dos seres de poder abismal.
La lluvia caía cada vez con más furia, convirtiéndose en una cortina espesa que borraba la visión y dificultaba cualquier movimiento. El suelo se había transformado en un lodo pesado y resbaladizo que se pegaba a sus pies.
Y entonces, sobre el ruido del agua y el viento, se alzó una voz profunda y llena de intención asesina, que parecía recorrer toda la zona:
—Es magnífico, Gran Longshi… Siempre me imaginé el día en que podría enfrentarte en combate. Pero por desgracia para ti, llevarme tu cabeza es mi misión. Así que esta noche lluviosa… será la que llore tu muerte.
Longshi lo observaba con calma, sabiendo muy bien que aquel cazador había venido exclusivamente por su cabeza. A pesar de la fuerza que irradiaba el que se hacía llamar su cazador, lo miraba con esa misma indiferencia con la que se contempla a algo que sigue siendo inferior, sin importar cuánto poder hubiera acumulado.
Caminó lentamente de lado, sin prisa, sin mostrar ninguna señal de alarma, y rompió el silencio con una voz serena pero cargada de una autoridad que helaba la sangre:
—Quien te envió no se tomó la molestia de educarte bien. Déjame adivinar… te envió Él, ¿verdad? Es realmente curioso ver cómo sueñan con mi muerte. Pero déjame decirte algo: yo moriré solo en el lugar que yo decida, en el sitio que yo considere digno, donde valga la pena derramar mi sangre.
Hizo una pausa breve, y en sus ojos brilló un destello frío y desafiante, mientras añadía con total seguridad:
—Pero antes de que eso ocurra… no tengo ninguna intención de morir, y mucho menos a manos de alguien tan ignorante como tú. Luyan, el Cazador del Aliento Verde.
Ambos se movieron con una velocidad tal que apenas dejaban ver sus siluetas; cada choque de garras retumbaba como un trueno, destruyendo todo a su paso. No era solo energía cultivada: era fuerza bruta pura, la de dos bestias que se enfrentaban en su estado más salvaje, un cazador y la otra presa que se negaba a serlo. Con cada impacto estallaban destellos cegadores que rasgaban la oscuridad de la noche, iluminando el lodo, los árboles rotos y la lluvia que caía sin cesar.
—¿Esto es todo lo que tienes? —preguntó Longshi con indiferencia, desviando otro golpe sin esfuerzo—. ¿A esto alardeas? Te haces llamar cazador, y ni siquiera logras obligarme a usar mi verdadero poder.
La rabia cegó a Luyan. Sus escamas negras se tensaron, abrió las fauces y acumuló en su garganta el resplandor venenoso de su llama verde ardiente, lista para expulsarla. Pero Longshi no se lo permitió: se lanzó en un movimiento instantáneo, golpeó su costado y lo derribó de un solo envión, clavándole una pesada pata sobre el cabeza justo antes de que pudiera soltar el fuego.
Con su peso inmovilizándolo en el lodo, Longshi bajó la mirada y habló con ese tono frío y desdeñoso de quien ha visto mil eras:
—He vivido demasiado tiempo, y jamás me crucé con una criatura tan extraña: tienes inteligencia, pero sigues siendo una bestia bruta hasta la médula. Eres lamentable… que te hayan enviado a ti para cazarme no es más que un mal chiste, una broma de muy mal gusto.
Luyan, que parecía completamente inmovilizado, de repente soltó una risa estruendosa, como si no pudiera ver la diferencia abismal de poder que había entre ambos. No estaba enfrentándose a alguien que había escalado poco a poco desde la nada, sino a un ser que había nacido ya con fuerza, con inteligencia y con todo aquello que cualquier bestia, bruta o sabia, desearía tener desde su primer aliento.
Miró a Longshi fijamente, con una mirada llena de desafío y locura, y dijo entre risas:
—Si no me matas ahora… seré yo quien te mate.
En un movimiento repentino e inesperado, su cola enorme y musculosa se sacudió con fuerza y golpeó directamente a Longshi. Aunque el golpe no le causó daño real, fue suficiente para obligarlo a retroceder unos pasos.
Longshi se apartó con calma, sacudiéndose unas gotas de lluvia y lodo, y respondió con esa indiferencia que lo caracterizaba:
—Pareces desesperado. Saca todo lo que tienes de una vez; de lo contrario, no serás más que una burla para mí. Muéstrame por qué quien te envió creyó que podrías cumplir la tarea de matarme.
Dicho esto, Longshi se irguió en toda su estatura, adoptando una postura imponente que llenó el entorno de presión. Su melena dorada brilló con luz propia en medio de la oscuridad de la noche, y su cuerpo cubierto de escamas de un verde profundo se hizo visible con claridad, irradiando un poder inmenso y antiguo que se podía sentir en el aire mismo.
En ese instante, quedó totalmente expuesta la diferencia entre dos existencias que, aunque compartían una naturaleza similar, estaban separadas por una distancia tan grande como la que hay entre el cielo y la tierra.
Luyan esbozó una sonrisa cargada de confianza y furia contenida.
—Cumpliré tu deseo —dijo con voz profunda—. Te mostraré por qué, como cazador, tengo todo lo necesario para matarte.
Se irguió firme en medio de la tormenta y, alzando la cabeza, pronunció el nombre de su técnica definitiva:
—Red de la Oscuridad Viviente.
En un instante, una sustancia espesa, oscura y brillante con un matiz verdoso brotó de cada una de sus escamas negras. Se extendió como una mancha de aceite sobre el suelo, trepó por los árboles rotos y se esparció por el aire, cubriendo todo el terreno en un radio inmenso. Aquella sombra no era simple oscuridad: se movía como si tuviera vida propia, convirtiendo el entorno entero en una extensión del cuerpo de Luyan. Todo lo que tocaba pasaba a ser su dominio, el fruto de siglos cazando en las sombras hasta transformar esa ventaja en su mayor poder.
Longshi avanzó sin dudarlo, entrando directamente en esa zona que ahora pertenecía a su enemigo.
Luyan se lanzó al ataque con una velocidad que parecía multiplicada, convencido de que la victoria ya estaba decidida. Sus garras chocaron contra el cuerpo de Longshi con un estruendo sordo, pero solo lograron abrirle una pequeña herida superficial, de la que brotó muy poca sangre.
Longshi bajó la mirada hacia la marca, como si aquello no tuviera la menor importancia, y habló con la misma indiferencia de siempre:
—Supongo que esto es todo lo que tienes.
Sin darle tiempo a reaccionar, extendió su gran pata y lo agarró con fuerza del cuello, arrastrándolo entre los escombros y el lodo que habían dejado sus anteriores choques. Luego lo lanzó con un movimiento seco contra los pocos árboles que aún seguían en pie en la zona de combate.
Antes de que Luyan pudiera levantarse o siquiera pensar en protegerse, Longshi ya estaba sobre él. Sus golpes cayeron sin descanso, cada vez más profundos y demoledores. Sus garras parecían no conocer la piedad ni la compasión: rasgaban, golpeaban y aplastaban sin pausa.
Una y otra vez lo empujaba contra el suelo embarrado, hundiéndolo cada vez más en la tierra blanda por la lluvia. Los impactos retumbaban como truenos, levantando olas de lodo y agua. Luyan ya apenas se movía; su respiración era débil, y su cuerpo, antes orgulloso y lleno de fuerza, comenzaba a parecer inerte, como si la vida estuviera abandonándolo poco a poco bajo el peso de aquel poder abismal.
Longshi detuvo por completo el movimiento de sus garras. La lluvia no cesaba en ningún momento, cayendo con furia sobre ambos y mezclándose con la sangre que manchaba el suelo. Lo miró con esa misma expresión fría y distante, como si estuviera observando algo insignificante, algo que apenas merecía su atención, tirado en el lodo y al borde mismo de la muerte.
En medio de la cortina de agua helada, su voz resonó firme y sin emoción alguna:
—Quizás estés muriendo, Luyan. Pero si logras sobrevivir… dile esto a quien te envió: se necesita mucho más que un simple cazador para acabar conmigo.
Hizo una pausa breve, y añadió con un tono de advertencia definitiva, sin dejar lugar a dudas:
—Y toma esto como un aviso: no quiero volver a verte cerca de mí nunca más. Si lo haces, será tu perdición absoluta. Aprovecha esta oportunidad que te doy, no seas terco y aprende a valorar esa vida tan patética que tanto te ha costado conseguir.
Dicho esto, Longshi se dio la vuelta sin mirar atrás. Su figura se fue desvaneciendo poco a poco entre la lluvia incesante, el lodo y la espesura del bosque, hasta desaparecer por completo en la oscuridad de la noche.
Lo único que quedó detrás fue una imagen desoladora y atroz: Luyan, en un estado lamentable, herido por todo su cuerpo y al borde de expirar. Sus respiraciones eran apenas un soplo débil y entrecortado, y sus latidos se sentían lentos, débiles y distantes, como si en cualquier momento fueran a detenerse para siempre.
En otro lugar, Shen Haotian y Lan Guanyi avanzaban con dificultad cargando al líder, que estaba gravemente herido.
—Patriarca, ya casi llegamos al santuario —decía Haotian con voz firme, intentando transmitirle seguridad—. Manténgase consciente un poco más, no se duerma.
A lo lejos, entre la neblina y la lluvia, comenzaba a distinguirse la imponente silueta del gran santuario. A medida que se acercaban, salieron a su encuentro el Sabio Médico y varios cultivadores, que ya esperaban preparados para recibirlo.
Al llegar a la entrada, todos corrieron para sostenerlo y acomodarlo con cuidado. El Sabio Médico se inclinó de inmediato, revisó sus heridas con mirada concentrada y le hizo tragar una pequeña píldora que servía para regular su respiración y estabilizar su energía.
—Llévenlo adentro sin perder tiempo —ordenó con urgencia—. Hay que tratar tanto las heridas internas como las externas, y hacerlo rápido antes de que su estado empeore.
Lo condujeron hasta el palacio principal, donde se encontraban sus aposentos. En cuanto entraron, los sirvientes corrieron a preparar vendas, hierbas curativas y todo lo necesario para el tratamiento. Recostaron a Lan Zuiwen sobre una cama amplia y cómoda, y el Sabio Médico comenzó a aplicar todo su conocimiento y experiencia, concentrándose por completo en la tarea.
Mientras tanto, todos los demás esperaban afuera, en silencio y con la tensión reflejada en sus rostros, aguardando las noticias que salieran de la habitación. Todo dependía ahora de él: no solo debían lograr que el Patriarca siguiera con vida, sino también conservar su poder, que era el pilar que sostenía a toda la raza.
Aunque en estos momentos de casi extinción todos parecían mantenerse unidos por la necesidad de sobrevivir, en el fondo sabían que no todo era armonía. Había quienes, si veían el trono vacío o una oportunidad abierta, no dudarían en tomarlo para sí; y también estaban aquellos que harían lo imposible para impedirlo. Pero por ahora, el destino de todos pendía de un hilo: dependía de la condición del Patriarca y de cuánto pudiera lograr el Sabio Médico para salvarlo.
Poco después llegaron los dos hijos del Patriarca, Yue y Feng. Apenas aparecieron, Yue preguntó con voz agitada y preocupada:
—¿Dónde está? ¿Dónde está mi padre?
Lan Guanyi se interpuso con calma pero firme, negando con la cabeza para calmar su impaciencia.
—Tienen que esperar —respondió con seriedad—. El Sabio Médico está haciendo todo lo posible por él ahora mismo.
Feng, con el ceño fruncido y la mirada pesada, preguntó de inmediato:
—¿Cómo sucedió todo esto?
El único de los exploradores que había sobrevivido se inclinó profundamente, con el rostro lleno de culpa, y respondió:
—Joven amo… para responderle con sinceridad: el enfrentamiento fue brutal. Se trataba de una bestia con un poder abismal. Ni siquiera tuvimos tiempo de reaccionar, y mucho menos de acercarnos para ayudar. Si merezco un castigo por no haber podido protegerlo, lo aceptaré sin dudar.
Feng se quedó en silencio unos instantes, sin decir una sola palabra más, dio media vuelta y se retiró hacia un rincón, dejando ver su frustración.
En cambio, Yue no se quedó callado. Miró fijamente a Lan Guanyi y a Shen Haotian, y les preguntó con un tono cargado de desconfianza y exigencia:
—Ustedes son los más cercanos a mi padre, y casi tan fuertes como él… ¿por qué no hicieron nada? ¿Por qué lo dejaron solo?
Ambos se inclinaron al mismo tiempo, con respeto, pero con la amargura de la verdad, y respondieron:
—No pudimos hacerlo. El simple choque de sus golpes ya generaba ondas de energía tan intensas que nos impedían acercarnos siquiera. Cualquier intento de entrar en esa zona nos habría aplastado al instante. Solo pudimos ser espectadores, impotentes ante semejante fuerza. Lo sentimos profundamente.
Yue no tuvo más que decir; se quedó de pie afuera, esperando en silencio igual que todos los demás, con la mirada fija en la puerta cerrada, aguardando cualquier noticia que saliera de manos del Sabio Médico.
Mientras tanto, Feng se dirigió hacia la morada de Xuan Lie. Entró como era su costumbre: no por la puerta, sino saltando desde lo alto y posándose en el interior con ligereza.
Xuan Lie estaba sentado, inmerso en la lectura de antiguos registros, sin saber casi nada de lo que había ocurrido esa noche. Ya comenzaba a clarear el cielo, y el joven había pasado toda la noche intentando memorizar cada detalle de los textos. Al verlo aparecer, levantó la vista con calma y dijo:
—Otra vez tú…
Pero esta vez, Feng no traía su actitud habitual y animada. Se le notaba una expresión seria, cargada de frustración y una preocupación profunda que rara vez mostraba. Sin decir nada más, sacó una vasija con licor fuerte, la dejó sobre la mesa y se sentó frente a él.
—Acompáñame a beber —dijo con voz grave.
Xuan Lie lo miró con extrañeza y preguntó:
—¿Hay algún motivo para beber? ¿Se celebra algo?
—No —respondió Feng secamente—. Solo quiero beber, y ya. Hazme compañía.
—No debo beber —rechazó Xuan Lie con tranquilidad—. No tengo la edad, y si no hay un motivo verdadero, no vale la pena hacerlo.
Feng guardó silencio un instante, luego soltó un suspiro pesado y alzó la mirada con los ojos apagados.
—¿Que tiene que haber un motivo? Muy bien… te lo diré. Mi padre puede estar al borde de la muerte en este momento.
Xuan Lie levantó la vista de golpe, apartando por completo la mirada de los registros que tenía en las manos.
—Eso no es gracioso —dijo con seriedad.
—¿Te parece que estoy de humor para bromear? —replicó Feng con amargura—. La misión salió terriblemente mal… y con ella, mi padre quedó al borde de la muerte.
Xuan Lie lo miró fijamente y preguntó con voz tranquila pero seria:
—Entonces… ¿no deberías estar allá afuera, preocupado por él y esperando noticias?
Feng no respondió de inmediato. Se sirvió el primer cuenco de licor, observando cómo el líquido transparente se mecía despacio en el recipiente, reflejando la luz tenue del amanecer. Su mirada estaba perdida, cargada de pensamientos que le pesaban demasiado.
—Mi padre siempre sabía el riesgo —dijo al fin, con la voz apagada—. Allá afuera no hay lugar seguro; en cualquier rincón puedes toparte con peligros que no imaginas. Bebo para aliviar un poco esta carga que me aprieta el pecho… por si le llega a pasar lo peor.
Xuan Lie lo observó en silencio por unos instantes, luego tomó otro cuenco y lo deslizó suavemente hacia sí mismo, sin muchas palabras.
—No tengo la edad para esto, es cierto —admitió con calma—. Pero una sola vez, para acompañarte… no hará daño a nadie.
CONTINUARA…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 36
Estás leyendo el capítulo 36 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.