Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 35 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Respiraba entrecortado. Era el Patriarca Lan, que apenas lograba mantenerse de pie; con una mirada fría y penetrante, clavaba la vista en la bestia.
Esta, a su vez, lo observaba con la misma indiferencia con la que se mira un insecto, como si todo aquello no fuera más que un simple juego.
—Es extraño —dijo la bestia con tono relajado— que alguien como Longshi tenga algún tipo de vínculo con seres tan inferiores. Pero al ver que llevas restos de su energía, todo me confirma que existe alguna conexión entre ustedes. ¿Me dirás dónde está?
El Patriarca esbozó una leve sonrisa, llena de altivez y desafío.
—¿Quieres saber de él? Entonces ven y consigue la información tú mismo. Mi raza no se doblega ante nadie, y mucho menos ante una bestia bruta que apenas ha ganado un poco de inteligencia y ya se cree el centro del universo…
—¿En serio? —respondió la criatura con una risita profunda—. Te contaré una historia interesante.
Hubo una pausa, y su voz se volvió más grave y solemne:
—Hubo una vez una bestia que nació dotada de inteligencia. Tenía todo lo que podía desear, pero para ella, la vida que le había tocado desde su nacimiento resultaba demasiado aburrida. Así que cometió un acto que merecía un castigo peor que la muerte: ser condenado a sufrir hasta el final de sus días, quedar lisiado y sin capacidad para seguir cultivando su poder. Era un ser verdaderamente antiguo, pero, aun así, asesinó a su propio maestro y, sin quedar satisfecho, acabó también con su familia, dejando solo a su hermano menor. Luego huyó, abandonando toda su responsabilidad. Ahora… ¿adivinas quién puede ser ese ser?
Lan Zuiwen mantuvo su sonrisa desafiante y respondió sin titubear:
—¿Me vienes a contar tus propias lamentaciones? ¿Acaso matas y cazas a todos los que encuentras solo porque tu propia vida es patética y vacía?
En la penumbra, donde solo se distinguía el brillo amenazante de sus ojos, la bestia replicó con furia contenida:
—¿Lamentable? Más bien soy un cazador enviado para dar caza a ese ser antiguo… o, mejor dicho, para dar caza a Longshi.
—Mi vida no es tan lamentable como crees. Al contrario, resulta muy divertido que me hayan encomendado una tarea tan emocionante como dar caza a un ser tan grande como Longshi…
Lan Zuiwen lo miró fijamente y soltó una carcajada profunda y desafiante.
—¿Tú? ¿Cazar al gran Longshi? ¡Es ridículo! ¿Crees siquiera que tienes lo necesario para hacerle el menor daño? Deberías ser consciente de la diferencia abismal de fuerza que hay entre ustedes antes de decir algo así. Me llamas inferior… pero ¿quién es realmente el que no alcanza a ver la verdadera magnitud de las cosas?
Y sin poder contenerse, Lan Zuiwen siguió riendo con desdén.
—Te permití vivir un poco más solo porque tienes parte de la energía de Longshi rodeándote, pero no te creas más de lo necesario. Alguien tan inferior como tú, que se atreve a opinar… no podrías ser más ciego. O quizás es como dicen: cuando se ve pasar toda la vida por delante, a uno le da por hablar sin sentido. El miedo es algo muy común en los seres mortales, pero la muerte es inevitable. ¿Crees que puedes escapar de ella solo por cultivar? ¿Solo por conocer el camino del cultivo? Ustedes solo dominan lo mínimo que este mundo permite conocer, y por eso están destinados a perecer… si es que no se han extinguido ya.
Lan Zuiwen habló con calma, interrumpiendo a la bestia:
—Quizás sea así… pero precisamente por eso, llegará el día en que nos levantaremos contra el mundo, contra lo que desconocemos, ¡y contra el mismo cielo! —gritó con fuerza.
—Y justo por eso —añadió con firmeza—, aunque hoy no tenga el poder suficiente para vencerte, te demostraré que con todo lo que he cultivado puedo cambiar mi propio destino.
En un abrir y cerrar de ojos, a pesar de estar herido, sacó su espada con pura fuerza física y apareció de golpe frente a la bestia, con la punta del arma apuntando directamente a su cabeza.
La bestia, que no parecía inmutarse en absoluto, alzó sus garras y recibió el impacto de la espada directamente sobre el. El choque fue tan potente que los árboles que quedaban detrás de la criatura se partieron por la mitad, dejando entrar la poca luz que había en la noche y permitiendo ver por completo su imponente figura.
La bestia lo miró con una expresión en la que solo se leía desdén, como si tuviera ante sí a un simple insecto que podría aplastar con el menor esfuerzo.
—¿Esto es todo lo que tienes? —dijo con voz profunda y tranquila.
Lan Zuiwen parecía suspendido en el aire, flotando con una estabilidad que contrastaba con la agitación del entorno. Al igual que todos los presentes, contempló con claridad la magnitud de la bestia: su cuerpo cubierto de escamas negras que reflejaban la luz como hierro pulido, sus músculos marcados bajo la piel y una sensación de poder antiguo que hacía que la propia energía del lugar se inclinara ante ella.
Una sonrisa fría y tranquila se dibujó en los labios de Lan Zuiwen.
—NO —diciéndole a la bestia.
En su interior, la pequeña Chispa de Esencia vibró con suavidad, respondiendo a su voluntad.
—Chispa… muéstrame los caminos. Hilos del Origen.
Al activar la técnica, su percepción se expandió más allá de lo que los ojos podían ver. Ante él, el espacio se llenó de líneas invisibles: los flujos de energía que recorrían el cuerpo de la bestia, el movimiento del aire, la tensión de cada músculo. Hilos del Origen le permitía seguir esos recorridos, identificar dónde la defensa era más tenue y dónde la fuerza se concentraba.
Pero a medida que analizaba con mayor detalle, la expresión en su rostro cambió levemente. No importaba cuánto profundizara: aquellos hilos formaban una red cerrada, uniforme y sin fisuras. No había grietas, no había interrupciones, no existía ningún punto donde la energía fuera más débil.
“No tiene puntos débiles…” comprendió con claridad.
Aun así, no se detuvo. Con un movimiento fluido, lanzó varios ataques dirigidos a las zonas que, según la lógica común, deberían ser más vulnerables: las articulaciones, los huecos entre las escamas, la zona bajo el cuello.
La bestia, que hasta ese momento apenas había movido su cabeza, giró lentamente una de sus enormes patas delanteras. Con una agilidad que no encajaba con su tamaño, esquivó todos los golpes con una sola maniobra, sin apresurarse ni desequilibrarse.
Entonces, una voz profunda, grave y cargada de aburrimiento resonó en el aire, como si viniera de todas partes y de ninguna a la vez:
—Esto es aburrido.
Aun después de escuchar aquellas palabras, Lan Zuiwen no mostró intención de detenerse. Al contrario, su mirada se afianzó y la vibración de la Chispa de Esencia en su interior se intensificó, manteniendo activa la técnica Hilos del Origen.
Aunque no encontrara fisuras, al menos podía seguir con exactitud cada movimiento de la bestia, anticipar sus reacciones y elegir los ángulos más difíciles de cubrir.
Sus golpes se volvieron cada vez más rápidos, convirtiéndose en una sucesión de sombras que atacaban desde arriba, los costados y por debajo, cubriendo varios puntos al mismo tiempo. Cada impacto generaba ondas de aire comprimido que se expandían con furia, arrancando y rompiendo los árboles cercanos como si fueran simples ramas secas; el suelo se agrietaba y el polvo se alzaba en nubes espesas que oscurecían momentáneamente la zona.
Los choques resonaban con estruendos sordos y profundos, como si montañas chocaran entre sí. A pesar de que cada golpe rebotaba o era desviado por la dura piel y las escamas, la fuerza tras ellos no era en absoluto despreciable.
Lan Zuiwen no perdía el ritmo: Hilos del Origen seguía mostrándole el recorrido de la energía de la criatura, permitiéndole ajustar la trayectoria de sus ataques al instante, evitando que quedara expuesto y manteniendo la presión sin descanso.
El cielo se oscureció por completo y comenzó a llover con furia. Las gotas caían como perlas heladas, enfriando el aire hasta calar los huesos. En lo alto, los rayos surcaban las nubes en zigzags brillantes, rugiendo como si el propio cielo estuviera enojado. Una presión pesada, cargada de una sensación fría y opresiva de muerte, descendió sobre todo el terreno, haciendo que hasta la respiración se volviera difícil.
La bestia, que ya mostraba claramente su hastío por recibir golpes que para el no eran más que molestias insignificantes, alzó lentamente la cabeza y sus ojos se iluminaron con un brillo frío.
—Ya fue suficiente —resonó su voz, profunda y retumbante como un trueno lejano.
Sin aviso previo, movió una de sus enormes patas con una velocidad que no encajaba con su tamaño. El aire se partió con un silbido agudo y un golpe compacto se lanzó directamente hacia Lan Zuiwen.
Gracias a Hilos del Origen, su percepción se agudizó al instante: vio cómo la energía se concentraba en esa extremidad, predijo la trayectoria y reaccionó antes de que el golpe llegara a su posición. Levantó su espada de inmediato para detener el impacto, pero la diferencia de fuerza era abismal.
¡CRACK!
El sonido fue seco y nítido. La hoja de acero se partió en dos como si fuera madera seca, incapaz de soportar semejante presión. El resto de la fuerza del golpe siguió su curso y chocó directamente contra el pecho de Lan Zuiwen.
Su cuerpo salió disparado hacia atrás como una piedra lanzada con fuerza, atravesando docenas de árboles gruesos uno tras otro. Cada tronco que rompía frenaba un poco más su impulso, hasta que finalmente se detuvo entre la maleza destrozada, cubierto de barro y lluvia, con un dolor sordo extendiéndose por todo su cuerpo.
El impacto fue tan devastador que los tres que acompañaban a Lan Zuiwen solo pudieron quedarse inmóviles, incapaces de intervenir. La presión que descendía del cuerpo de la bestia y de la propia energía del golpe pesaba sobre sus hombros como montañas, dejándoles sin fuerzas para siquiera avanzar un paso.
En medio de la lluvia helada y el olor a madera rota y tierra removida, Lan Guanyi reaccionó primero, con voz tensa y apremiante:
—¡Rápido! Debemos ir por el Patriarca. No tenemos tiempo que perder.
Sin esperar respuesta, Shen Haotian activó su habilidad de inmediato. Su figura se volvió borrosa, deslizándose entre la cortina de agua y los pocos árboles que aún seguían en pie tras los estragos de la pelea y los impactos anteriores. Se movía con agilidad, esquivando los escombros y la maleza destrozada sin perder un segundo.
Los otros dos lo siguieron al instante, acelerando el paso con todas sus fuerzas. Sabían que si se quedaban un segundo más morirían todos.
La bestia observó cómo los tres se alejaban a toda prisa, y en sus ojos se dibujó una sombra de burla fría.
—¿Creen que huir e ir por el salvarán? —dijo con voz profunda, que retumbó sobre el sonido de la lluvia y el viento.
En ese instante, un rayo de luz cegadora surcó el cielo, seguido de un trueno que hizo temblar la tierra misma. La lluvia pareció detenerse por un segundo, y desde la penumbra detrás de la bestia, resonó una voz serena pero cargada de una autoridad que helaba la sangre:
—Vaya… esperaba que los rumores fueran falsos, pero resulta que son ciertos. ¿Han enviado a alguien a matarme… o debería decir, a cazarme?
La bestia giró lentamente la cabeza, y entre la cortina de lluvia y el resplandor intermitente de los rayos distinguió una figura imponente. Su cuerpo estaba cubierto de escamas de un verde profundo que brillaban como esmeraldas bajo el agua, y una melena dorada fluía desde su crin, ondeando sin ser movida por el viento ni la tormenta.
Una sonrisa burlona apareció en el rostro de la bestia.
—Vaya… así que apareciste, Gran Longshi. No esperaba encontrarte justo en este lugar.
Longshi lo observó sin el menor cambio en su expresión, sus ojos fijos y vacíos como dos pozos sin fondo. Su voz sonó fría, seca y sin rastro de emoción, cortando el ruido de la lluvia como una hoja afilada.
—¿Te divierte matar y cazar seres inferiores que ni siquiera pueden protegerse a sí mismos? A mis ojos no eres más que una bestia bruta que, con un poco de suerte, ha logrado desarrollar un ápice de inteligencia. Nada más.
El silencio se apoderó del lugar. Sus miradas se cruzaron bajo la cortina de agua helada y el parpadeo constante de los rayos, creando una tensión tan densa que parecía poder cortarse con el filo de una espada. Ninguno de los dos se movió; bastaba con esa sola mirada para entender que el choque era inevitable.
Mientras tanto, en la zona destrozada donde había caído Lan Zuiwen, Shen Haotian lo encontró recostado entre los escombros, con el cuerpo cubierto de barro y sangre que se mezclaba con la lluvia fría. Corrió de inmediato y lo sostuvo con ambas manos.
—¡Patriarca!
Lan Zuiwen abrió los ojos poco a poco, con dificultad. Alzó la mirada con esfuerzo y, con voz ronca y débil, preguntó:
—¿Qué… pasó?
En ese instante llegó Lan Guanyi, seguido de uno de los exploradores que habían sobrevivido. Sin perder tiempo, habló con urgencia, pero con firmeza:
—Patriarca, tenemos que retirarnos. Si nos quedamos aquí un minuto más, correremos la misma suerte que los demás exploradores que ya han caído.
Antes de que Lan Zuiwen pudiera responder, añadió con voz cargada de razón y preocupación:
—Sé que quieres vengarte. Sé que deseas verlo pagar o incluso morir en el intento, pero aún no es el momento. Lo necesitamos con vida. Recuerde que toda nuestra raza depende de usted; no podemos permitirnos más pérdidas.
El explorador asintió de inmediato, confirmando sus palabras:
—Es cierto, mi señor. Debemos retirarnos mientras aún tengamos oportunidad.
Lan Zuiwen parecía negarse a aceptarlo. Apretó los dientes, ignorando el dolor que le recorría cada hueso, e intentó incorporarse para volver al lugar donde había quedado la bestia. Pero al levantar la vista a lo lejos, algo le detuvo en seco.
A través de la lluvia incesante y los relámpagos que iluminaban el horizonte, su visión, aún debilitada, alcanzó a distinguir con una claridad que no debía ser posible a tanta distancia: la figura de Longshi.
Sin abrir la boca, sin que el sonido se perdiera entre el viento y el agua, la voz de Longshi resonó directamente en la mente de los cuatro, nítida y autoritaria:
—Retírense. Yo me encargo de esto.
Y dirigió sus palabras con mayor firmeza hacia Lan Zuiwen:
—Vive… para que tu raza pueda ver un mañana.
Cada respiración suya le costaba un esfuerzo agónico, el pecho le ardía y la sangre seguía manchando su ropa mezclada con la lluvia. Con voz apenas audible, un susurro que casi se perdía en el ruido de la tormenta, respondió:
“¿Estará bien, señor Longshi?”
Desde la distancia, Longshi captó aquel susurro como si lo tuviera al lado. Su respuesta volvió a llegar directo a su pensamiento, tranquila pero inquebrantable:
—Estaré bien. Retírate. Déjame encargarme de esto.
Lan Guanyi no perdió tiempo y dio órdenes con voz firme y clara:
—Shen Haotian, usa tu habilidad. Llevaremos al líder con rapidez. Y tú —se dirigió al explorador— ve adelante. Ve al santuario y dile al Médico Sabio que se prepare de inmediato; el patriarca llega con heridas graves y requiere atención sin demora.
—Entendido —respondió el explorador, y sin esperar un segundo más activó su energía para adelantarse velozmente entre la lluvia y los restos destrozados del terreno.
Shen Haotian y Lan Guanyi se colocaron a cada lado de Lan Zuiwen, sosteniéndolo con firmeza para ayudarlo a ponerse de pie. El patriarca temblaba por el dolor y la pérdida de sangre, pero apoyó su peso en ellos lo mejor que pudo. Sin perder más tiempo, comenzaron a moverse con paso rápido, alejándose de la zona de combate y dirigiéndose de regreso hacia el santuario, bajo la cortina interminable de agua y el retumbar lejano de la tormenta.
CONTINUARA…
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 35
Estás leyendo el capítulo 35 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.