Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 34 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
El Patriarca clavó su mirada en Xuan Lie, pesada y aguda, como si intentara ver a través de él.
—¿Me estás diciendo que conoces exactamente lo que está cazando a mis exploradores? —preguntó con voz grave, sin dejar espacio para dudas.
Xuan Lie mantuvo la compostura, sin alterarse, y respondió con calma, pero con absoluta seguridad:
—Según cada detalle que Feng me contó… las llamas verdes, la velocidad, la forma en que juega con sus presas antes de matarlas… debe ser exactamente el mismo ser que vi con mis propios ojos hace tiempo. No hay coincidencias en este mundo.
Hubo un breve silencio. El Patriarca retrocedió unos pasos y caminó despacio hasta quedar frente a su trono. El aire se volvió denso, cargado de una tensión que casi se podía tocar.
—¿Sabes qué es… o quién es? ¿Una raza? ¿Un ser antiguo?
—No es algo que conozca —respondió Xuan Lie pausadamente, como si cada palabra estuviera medida con precisión—. Es una bestia. Pero no una bestia común. Una de aquellas que han vivido más de mil años, que han cruzado innumerables veces los límites de su propia especie y, si juega con sus presas, es porque ha logrado desarrollar una inteligencia muy superior.
—¿Una bestia…? —repitió el Patriarca, frunciendo el ceño, como si le costara aceptarlo—. Las bestias de ese nivel suelen permanecer en sus territorios, no se aventuran tan lejos ni salen de sus dominios sin motivo.
—Por eso mismo es extraño —asintió Xuan Lie, con la mirada fija en el suelo, mientras en su mente revivía aquella escena sangrienta—. Cuando lo vi, estaba en otra zona, muy lejos de aquí. Si ha llegado hasta donde están sus exploradores… significa que se está moviendo con un propósito. O tal vez… simplemente está recorriendo el mundo, y todo lo que encuentra en su camino se convierte en su presa.
El Patriarca guardó silencio unos instantes, reflexionando. Su mente recorría antiguos registros y leyendas transmitidas de generación en generación, intentando encajar las piezas.
—¿Recuerdas algo más de su apariencia? ¿Alguna marca? ¿Alguna señal que nos ayude a confirmar su identidad?
Xuan Lie cerró los ojos por un instante. Volvieron a él el olor a carne quemada, el calor que secaba la garganta, y la imagen de aquellas llamas verdes que devoraban todo sin dejar rastro.
—No pude ver su forma completa —admitió con sinceridad—. Se movía entre las sombras, demasiado rápido. Pero recuerdo bien su aliento… esa llama verde que no solo quema, sino que desintegra la esencia misma de lo que toca. Y sobre todo… recuerdo la sensación. No era la presencia de un animal salvaje y ciego. Era la de alguien que calcula, que decide cuándo atacar y cuándo esperar.
El Patriarca apretó los puños a sus espaldas. Sus nudillos se pusieron blancos.
—Si es como dices… entonces no es solo un peligro para los exploradores. Es una amenaza que ha cruzado la frontera de lo poco que conocemos. Y si se mueve tan lejos de su territorio… ¿qué es lo que busca?
—No tengo conocimientos suficientes para responder a esa pregunta —admitió Xuan Lie con total franqueza—. Solo sé lo que vi con mis propios ojos y lo que he vivido. Más allá de eso, no me atrevo a hacer suposiciones vacías.
El Patriarca asintió lentamente, con la mirada perdida en la distancia. Pasaron unos segundos antes de que volviera a hablar.
—Lo sé… —respondió con voz grave y cansada—. Entonces, en resumen… ¿me estás diciendo que si voy hasta allá, lo único que encontraré serán los cadáveres de los exploradores que envié?
—Es lo más seguro que ocurra —confirmó Xuan Lie sin rodeos—. Ese ser no deja supervivientes por casualidad. Lo que empieza, lo termina.
El Patriarca soltó un suspiro profundo, como si todo el peso de su raza descansara sobre sus hombros en ese instante. Se quedó en silencio un momento más, apretando levemente los puños.
—Aun así… tengo que ir —dijo con firmeza, sin dejar lugar a dudas—. La información que ya han recolectado sigue siendo valiosa; no podemos permitir que se pierda. También debo buscar sus placas de identificación… sus familias siguen esperando noticias de ellos.
Movió la cabeza con amargura.
—Qué situación tan lamentable… Cuando todo parecía marchar según lo planeado, aparece algo que no esperábamos y lo cambia todo.
Luego levantó la vista y miró fijamente a Xuan Lie, con una advertencia clara en la mirada:
—Mantén en secreto todo lo que hemos hablado hoy. No dejes que estas palabras salgan de esta sala.
—Como ordene —respondió Xuan Lie. Se inclinó en señal de respeto y permaneció en silencio.
Sentía curiosidad por saber qué planeaba hacer el Patriarca, pero no pidió acompañarlo. Era consciente de que tenía sus propios asuntos pendientes y, sobre todo, sabía que no poseía la fuerza necesaria para sobrevivir en aquellas llanuras peligrosas. Decidió, por tanto, despedirse.
Ya en la puerta, el Patriarca habló de nuevo, esta vez con un tono más seco, cortando el ambiente solemne pero sin romperlo de golpe:
—Por cierto… me parece que Feng debía estar en reclusión, entrenando, y no merodeando por donde no le toca.
Al escuchar esas palabras, el joven se quedó rígido por un instante, como si hubiera tocado una pared de hielo. Sin pensarlo dos veces, giró sobre sus talones y salió corriendo mientras gritaba con voz algo temblorosa:
—¡Xuan Lie, creo que acabo de recordar que tengo asuntos urgentes! ¡Nos vemos luego!
Xuan Lie no pudo evitar esbozar una sonrisa leve. Mientras caminaba hacia la salida, murmuró en voz baja solo para sí mismo:
—Vaya… es gracioso verlo huir así. Al menos todavía tiene un poco de sentido común.
El aire de la montaña era fresco y tranquilo, un contraste necesario con lo que acababa de hablar. Xuan Lie subió por el sendero hasta llegar a su vivienda. Al entrar, encontró a Yue, la hermana de Feng, sentada en la sala, hojeando con calma unos libros de los que se vendían en las calles bajas.
Al verlo llegar, ella levantó la vista despacio, con una expresión serena, casi demasiado tranquila para estar en casa ajena.
—Vaya… tienes un lugar tranquilo y silencioso. Se respira bien aquí.
Xuan Lie la miró y pensó para sí mismo: Antes era Feng apareciéndose por todos lados, y ahora su hermana Yue… ¿cómo es posible tener tanta mala suerte y toparme siempre con estos dos hermanos?
Soltó un suspiro, caminó sin decir palabra y se dirigió hacia su asiento. Ella lo siguió con la mirada, sin prisa, y al verlo sentarse, comentó con un tono que parecía inocente, pero que llevaba una curiosidad oculta:
—Vaya… todo se ve muy ordenado y cómodo. Se nota que sabes cuidar tu espacio.
Xuan Lie respondió con frialdad, sin darle pie a más confianza:
—No tenemos la confianza suficiente para hablarnos con tanta naturalidad. Además, entrar en la casa de otro sin su consentimiento es una falta de respeto. ¿No lo crees así?
Yue no se alteró. Solo sonrió levemente, cerró el libro con suavidad y lo miró con una calma que no parecía de quien acaba de ser reprendida.
—¿Debería pedirte permiso? —dijo con tono tranquilo pero cortante—. Según recuerdo, estás en territorio de nuestra raza. Entonces tendría que ser al revés, ¿no crees?
Hizo una pausa, sin perder la calma.
—Pero no me importan esas formalidades. Solo pasaba a saludar. A diferencia de mi hermano, no me interesa tener amistad contigo… menos aún con un humano tan frágil.
Se puso de pie y añadió:
—Me voy. Estoy en período de reclusión y debo seguir entrenando.
Sin esperar respuesta, giró y salió de la vivienda con pasos firmes.
Xuan Lie se quedó en silencio, visiblemente molesto. En su mente pensó con fastidio:Estos dos mocosos son realmente insoportables. Si no fueran hijos del Patriarca, ya habría encontrado la forma de hacerles pagar y sufrir un poco.
Soltó un suspiro profundo para calmar su irritación. Tomó los rollos y textos antiguos que tenía sobre la mesa, los desplegó con cuidado y se dispuso a leer, concentrándose en lo que debía aprender.
Ya cuando el sol comenzaba a bajar, el líder estaba listo para partir en busca de la información y de los miembros que pudieran seguir con vida entre los exploradores.
Llegaron los ancianos y se detuvieron ante él.
—Estamos aquí, Patriarca, para partir con usted —dijeron con voz firme.
—Pasen —respondió él.
Los tres entraron al gran salón, ya equipados y listos para viajar.
El explorador herido, que ya se encontraba casi recuperado, se adelantó también.
—Aquí estoy, Patriarca —dijo con decisión.
El Patriarca asintió.
—Bien. Guíame y veremos quién es el que los está cazando.
—Así será —respondió el explorador.
En ese momento salieron del Gran Santuario Shen Lan. Avanzaron por tierra con rapidez, moviéndose a una velocidad considerable.
—¿Cuánto tiempo nos tomará llegar al punto de encuentro? —preguntó el Patriarca.
—Aproximadamente siete horas, si mantenemos un buen ritmo, mi señor —respondió uno de los ancianos.
Lan Guanyi frunció el ceño.
—Entonces tendremos que apresurarnos aún más.
Shen Haotian se acercó al explorador herido y le puso una mano sobre el hombro.
—Solo guíame —le dijo—. Yo te impulsaré para que lleguemos más rápido.
Al instante activó sus habilidades, y todo el grupo aumentó su velocidad hasta volverse casi una sombra deslizándose por el terreno.
Así pasaron tres horas. El sol ya casi terminaba de ocultarse cuando ingresaron a una zona con árboles de altura descomunal. Era un lugar silencioso y oscuro, cubierto por la sombra que proyectaban aquellas copas tan altas.
Shen Haotian se dirigió al explorador:
—¿Cuánto falta?
—Anciano, ya casi llegamos —respondió el explorador.
A medida que avanzaban, el ambiente cambió. Se volvió pesado, frío y más silencioso aún. No se escuchaba ni el zumbido más leve de un insecto. Poco a poco empezaron a percibir esa sensación opresiva, como si el aire mismo estuviera cargado de muerte.
El Patriarca detuvo el paso un instante y miró a su alrededor con desconfianza.
—La energía de este lugar no es nada buena. ¿Estás seguro de que no nos estás guiando mal?
El explorador inclinó la cabeza con respeto, pero sin vacilar.
—No me atrevería a cometer ese error, mi señor. Le puedo asegurar que es en esta misma dirección.
—Avancemos desde aquí a ritmo normal —dijo el Patriarca—. No tengo un buen presentimiento de este lugar… se respira muerte.
Así avanzaron los cuatro con más precaución.
Más adelante se encontraba la zona donde debían reposar los últimos sobrevivientes de los exploradores. Al acercarse, se detuvieron en seco y quedaron inmóviles ante una escena inexplicable.
Era una imagen que a cualquiera le parecería sangrienta, pero desde los ojos del Patriarca resultaba aún más sobrecogedora. La oscuridad se extendía por todos lados, ayudada por la altura de los árboles y la poca luz que lograba filtrarse. Entre las sombras se distinguían cuerpos partidos, esparcidos por toda la zona. Manchas de sangre cubrían el suelo y también trepaban hasta los troncos.
Partes de cuerpos, órganos y restos desgarrados yacían esparcidos por doquier. Era una imagen capaz de helar la sangre en las venas con solo mirarla.
No parecía el resultado de una simple caza. Aquella escena tenía el aspecto de una masacre brutal, ejecutada sin la menor piedad.
Shen Haotian rompió el silencio con voz grave:
—¿Qué clase de ser es capaz de semejante masacre?
—No lo sé —respondió Lan Guanyi con la mirada fija en aquel panorama—, pero al parecer ya no se encuentra en el lugar.
El Patriarca no apartó la vista de los restos, y dio la orden con firmeza:
—Apresúrense. Recojan las placas de identificación y busquen al que llevaba la información. Dudo que haya sobrevivientes, pero revisen con mucha precaución.
—Entendido —respondieron los tres al unísono.
Se pusieron en marcha y comenzaron a examinar entre los restos esparcidos. De pronto, el explorador gritó:
—¡Mi señor! Aquí está la información… y…
El Patriarca y los otros dos se acercaron de inmediato. Allí, entre los despojos, yacía la mitad del cuerpo de un explorador. Respiraba con dificultad, escupiendo sangre con cada movimiento, y con un susurro débil y entrecortado logró pronunciar:
—Mi… señor…
El Patriarca se agachó de inmediato y lo sostuvo con cuidado, sin importarle mancharse de sangre.
—Dime —le dijo con voz suave pero firme.
Con lágrimas rodando por sus mejillas y la voz quebrada por el dolor, el explorador logró pronunciar:
—Le he fallado, mi señor… No pude regresar a casa con la información obtenida… Yo…… mi …. FAMILIA…
Escupió más sangre, intentando terminar la frase, pero el Patriarca lo interrumpió con calma y firmeza:
—Lo hiciste bien. TU FAMILIA ESTARÁ BIEN.
El explorador esbozó entonces una sonrisa tenue, como si ya se estuviera despidiendo de este mundo cruel. Con un último susurro, entrecortado y débil, añadió:
—No me arrepiento de nada… No… me arrepiento de haberle servido… mi… se… ñ… o… r…
Y así, su alma se desvaneció, manteniendo aquella sonrisa en los labios. En su mano, apretada con fuerza hasta el final, sostenía el dispositivo donde toda la información quedaba grabada y guardada.
El líder, consciente de que ya no podía hacer nada, sintió una impotencia que le oprimía el pecho. Se mordió los labios con fuerza y, sin querer, comenzó a liberar su energía.
Una presión pesada y opresiva se extendió por todo el lugar. Shen Haotian, Lan Guanyi y el explorador restante la sintieron al instante.
El explorador, sintiendo cómo esa fuerza crecía a su alrededor, habló con voz apremiante:
—Mi señor… calme su rabia. Debemos irnos. No sabemos con seguridad si lo que atacó a nuestros compañeros sigue cerca o no.
El Patriarca reaccionó de inmediato, reprimió su rabia y, con una voz fría y contenida, dio la orden:
—Recojan las placas y entierren su cuerpo rápido. Salgamos de aquí.
—Sí, como ordene —respondieron los tres al unísono.
Se pusieron manos a la obra de inmediato, recogiendo todo lo que pudieron. Hicieron un entierro para todos los cuerpos de los exploradores y ofrecieron una pequeña reverencia en señal de respeto.
Justo cuando estaban a punto de retirarse, se oyeron unos pasos pesados y resonantes acercándose. De la sombra salió una figura imponente que, con una voz gruesa y grave, dijo:
—Vaya… creí que no dejaba a nadie vivo… Pero parece que me equivoqué.
Los cuatro reaccionaron al instante, girándose bruscamente y poniéndose en guardia.
—Vaya, qué rápidos —dijo la figura con indiferencia—. Pero no importa cuánto se esfuercen; sus técnicas o armas no me harán el menor daño, seres inferiores.
Abrió su enorme hocico, y de su interior comenzó a brotar el aliento de llamas verdes, que resplandecía en medio de la oscuridad.
El Patriarca se colocó de un salto al frente de los demás, levantando su energía para bloquear el ataque. Apenas logró mantenerse en pie, con todo su cuerpo tenso por el esfuerzo.
La bestia se acercó poco a poco, y su figura se distinguía cada vez con mayor claridad en la penumbra.
—No lancé toda mi fuerza, y aun así lograste resistir… después de todo, no eres tan frágil como pareces —comentó con tono burlón.
Seguía avanzando, y al llegar más cerca, aspiró profundamente el aire.
—Qué interesante… pero mira qué tenemos aquí. Este aroma… es de alguien que se me escapó hace bastante tiempo. Si no me equivoco, era un humano.
Sus ojos brillaron con mayor intensidad, y una sonrisa se dibujó en su hocico.
—Tú, ser inferior… ¿tienes conexión con ese humano o lo conoces? Dímelo por las buenas.
Se detuvo un instante, volvió a olfatear y soltó una risita profunda.
—Espera… tienes otro olor que también me resulta conocido. Vaya, quién lo diría… ¡al gran Longshi también lo conoces! ¿No es así? Entonces no eres cualquier ser inferior… esto se vuelve interesante…
CONTINUARÁ…
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AUT: OLVIDADO

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Estás leyendo el capítulo 34 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.