Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 33 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
El Patriarca se puso de pie de golpe, con la mirada llena de confusión y una creciente sensación de peligro que le helaba la sangre. Frunció el ceño con fuerza y alzó la voz, cargada de incredulidad:
—¿Qué estás diciendo? Se supone que la zona donde operaban era lo bastante segura y aislada para mantenerse ocultos y recopilar información sin ser detectados. ¿Cómo pudo pasar algo así?
El explorador tembló al escuchar su tono, bajó un poco más la cabeza y respondió con voz entrecortada, tratando de mantener la compostura a pesar del dolor y el miedo:
—Es cierto, mi señor… el lugar debía ser seguro. Pero en cuanto comenzamos a recopilar los datos, nos atacaron sin darnos ni un segundo de tiempo para reaccionar. No hubo advertencia alguna, solo muerte de repente.
Los ojos del Patriarca se entrecerraron con gravedad. Sus pensamientos comenzaron a girar rápidamente, buscando una explicación lógica.
—¿Nos atacaron? —repitió lentamente, como para asegurarse de haber entendido bien—. ¿De qué raza provienen esos seres? ¿Cuántos enemigos son en total?
El explorador negó con la cabeza, y en su rostro se dibujó una expresión de total desconcierto.
—Mi señor… no pertenecen a ninguna raza conocida, y no eran muchos… solo era uno. Un solo ser nos persiguió y atacó durante toda la noche. No logramos ver bien su aspecto ni distinguir detalles claros de su figura; se movía entre las sombras con una facilidad que no hemos visto jamás. Lo único que pudimos presenciar con claridad fueron sus habilidades… y cada una de ellas superaba con creces todo lo que conocíamos.
Los ancianos comenzaron a murmurar entre sí, intercambiando preguntas, dudas y comentarios sobre lo que acababan de escuchar.
El Patriarca, que permanecía sumido en profundos pensamientos, tosió levemente para imponer orden y habló con voz grave:
—Silencio. Según lo que has contado, lo que los atacó debe ser, si no me equivoco, una bestia dotada de gran inteligencia o algún ser que cruzó la frontera del quince por ciento del territorio que conocemos. Que razas, seres o criaturas crucen ese límite no es algo muy común, pero lo que resulta realmente extraño es que haya llegado hasta tan lejos.
Lan Guanyi intervino de inmediato y preguntó:
—¿Y qué piensas hacer al respecto?
Por toda la sala corrieron nuevos murmullos. Uno de los ancianos tomó la palabra con seriedad:
—Es cierto. Aunque haya dificultades, estos exploradores son muy necesarios y, sobre todo, la información que portan es de vital importancia para la expedición que se llevará a cabo muy pronto. No podemos permitirnos perder nada de ello.
El líder asintió con firmeza y recorrió con la mirada a todos los presentes:
—Tienes razón. No podemos dejar que se pierda todo lo que tanto esfuerzo nos costó reunir. Enviaremos un equipo… y yo mismo lo guiaré.
Al escuchar esa decisión, varios ancianos mostraron su desacuerdo de inmediato. Uno de ellos habló con tono preocupado:
—¿Por qué debe ir usted? Es el pilar de toda nuestra raza. No podemos permitirnos sufrir más pérdidas antes incluso de que comience la expedición.
El Patriarca levantó la vista hacia el alto techo, cerró los ojos por un instante y respondió con calma, pero con una convicción inquebrantable:
—No puedo esconderme para siempre tras los muros de este santuario. Hay algo ahí fuera que está cazando a los nuestros.
Bajó la mirada hacia el frente, y en sus ojos apareció una frialdad helada que hizo que una presión pesada y silenciosa se sintiera en todo el recinto. Con voz baja pero firme, susurró:
—NO PERMITIRÉ QUE NADIE PISOTEE A LOS MÍOS.
—Bien, no extendamos más el asunto. A más tardar partiremos por la tarde. Enviaré un mensaje de inmediato: el grupo que me acompañe debe estar totalmente preparado para cualquier eventualidad. Y tú, explorador, ve donde el sabio médico para que te atienda; luego nos guiarás hasta el lugar donde se encuentran los pocos supervivientes que quedan. La verdad es que siento mucha curiosidad por saber quién se atreve a cazarnos de esa forma…
—Así se hará, mi señor —respondió el explorador, inclinándose profundamente antes de retirarse.
De todos los presentes, solo quedaron Shen Haotian y Lan Guanyi. Ambos se quedaron en silencio, porque sabían muy bien lo que aquella decisión significaba: el líder estaba dispuesto a arriesgarse y salir más allá de los límites del santuario y del bosque antiguo, territorio que durante siglos había servido de refugio seguro para toda la raza Shen Lan.
Mientras tanto, Feng, que había escuchado toda la conversación escondido detrás de la puerta, se alejó en silencio y se dirigió hacia la vivienda de Xuan Lie.
De regreso en la sala, Lan Guanyi suspiró profundamente y habló con tono decidido:
—Nosotros dos iremos contigo.
El Patriarca Lan negó con la cabeza de inmediato.
—No. Ustedes se quedarán aquí. Necesito a alguien de confianza que cuide el santuario mientras yo no esté.
Shen Haotian intervino con firmeza:
—Es cierto que debemos proteger este lugar, pero no creo que ocurra nada grave en tu ausencia. Además, es mejor si vamos nosotros: cuantos más fuertes nos acompañen, menos riesgo habrá y evitaremos perder vidas innecesarias.
El Patriarca los miró a ambos con una media sonrisa de resignación.
—Siempre son igual de tercos los dos.
Lan Guanyi se llevó una mano a la barba y sonrió con calma.
—Es nuestra naturaleza. Quizás esa sea la razón por la que hemos logrado mantenernos vivos durante tantos siglos, ¿no lo crees?
Shen Haotian soltó una pequeña risa y le replicó:
—Siempre hablas demasiado.
—¿Te atreves a calumniarme así? —respondió Lan Guanyi con fingida indignación.
—Basta ya —interrumpió el Patriarca alzando una mano para detenerlos—. Si tanto insisten, entonces iremos solo nosotros tres.
Lan Guanyi asintió, aunque añadió con cierto tono de precaución:
—Está bien, nos ofrecemos voluntarios… pero recuerda que seremos solo tres en un territorio desconocido y peligroso.
El líder lo miró fijamente y esbozó una sonrisa burlona.
—¿Acaso tienes miedo?
—¿Yo? —respondió Lan Guanyi con un tono relajado—. Hm… ya estoy viejo, ¿por qué habría de tener miedo de salir fuera del santuario? Si muero, no se tomen la molestia de recuperar mi cuerpo; ya no tengo mucho que perder ni que ofrecer.
Shen Haotian soltó un susurro acompañado de una sonrisa burlona:
—Qué forma tan lamentable de hablar…
—¡Tú! —exclamó Lan Guanyi, molesto—. ¿Te atreves a burlarte de mí?
—¿Y por qué no? —replicó Haotian sin inmutarse, manteniendo esa misma sonrisa—. Ya eres viejo, y ya va siendo hora de que mueras.
El Patriarca, al ver que la discusión iba a encenderse de nuevo, intervino con voz firme:
—Suficiente. Ya hemos tomado una decisión: prepárense. Partiremos en cuanto el sol comience a bajar. Iremos y regresaremos lo más rápido posible.
Ambos ancianos recuperaron al instante su expresión seria y respondieron al unísono:
—¡Sí, Patriarca!
Inclinaron la cabeza en señal de respeto y se retiraron de la sala.
El Patriarca se quedó solo en la sala. Se sentó lentamente y agachó la cabeza, visiblemente molesto. Las cosas estaban tomando un rumbo que nunca había planeado, y esa incertidumbre pesaba sobre sus hombros.
Mientras tanto, Feng caminaba pensativo de regreso hacia la montaña:
—Quizás hoy debería cruzar directamente por la puerta —se dijo a sí mismo, refiriéndose a la entrada de la vivienda de Xuan Lie—. Aunque, para ser sincero, no necesito ni siquiera eso; puedo escalar la pared sin la menor dificultad.
Y al final optó por escalar la pared en lugar de entrar por la puerta.
En la caseta, Xuan Lie estaba recostado en su silla mecedora, inmerso en la lectura de unos pergaminos. Sin levantar la vista, apartó un poco el texto como si ya supiera quién había llegado, y habló con tono seco:
—Otra vez tú. ¿No te cansas de aparecer por aquí?
Feng sonrió con naturalidad y respondió:
—La verdad es que quizás debería pedirte una habitación y mudarme a vivir aquí. Es un lugar bastante tranquilo y agradable.
Xuan Lie, sintiéndose cada vez más irritado, replicó sin dudar:
—Sería mucho mejor para todos si no regresaras nunca.
—No seas tan aburrido —le dijo Feng sin ofenderse, manteniendo esa misma sonrisa—. Además, acabo de enterarme de algo muy interesante.
Antes de que pudiera continuar, Xuan Lie lo interrumpió sin dejar de leer:
—No me interesa. Guárdatelo para ti.
Aun así, Feng siguió hablando:
—Aunque no quieras saberlo, te lo diré. De hecho, es algo que yo mismo no logro entender. Mi padre tenía enviados a varios exploradores fuera del santuario, en una zona muy lejana, justo donde se planea realizar la gran expedición. Según lo que escuché, el grupo que debía recopilar información está siendo cazado. Y aunque eran muchos, apenas quedaron unos pocos con vida. El explorador que logró regresar con el mensaje dijo que no pudieron ver claramente la figura de su atacante, pero sí presenciaron uno de sus ataques.
Xuan Lie seguía con la vista fija en el texto, como si el asunto no le importara en absoluto, y preguntó con indiferencia:
—¿Ah, sí? ¿Y qué fue lo que vieron?
—La habilidad consistía en lanzar un aliento —explicó Feng—. Dicen que salían llamas de color verde, y que todo lo que tocaban se desintegraba al instante. ¿Te imaginas algo así?
En ese momento, la expresión de Xuan Lie cambió por completo. Se quedó atónito, con la mirada perdida en el vacío, como si hubiera escuchado algo que le resultaba terriblemente familiar. De pronto, un recuerdo le vino a la mente con total claridad: aquella cacería en la que se habían enfrentado tres grupos de cazadores humanos. Dos de ellos habían muerto por completo, y solo quedaba el grupo de Bai Wuji —quien lo había entrenado durante dos años—, del que no sabía si seguía con vida después de haber caído desde una altura enorme, ser arrastrado por la corriente del río y, finalmente, haber sido rescatado por Longshi.
Feng se acercó un poco más y, notando su expresión, habló con curiosidad:
—Oye… pareces perdido en tus pensamientos. ¿Te pasa algo?
Xuan Lie reaccionó al instante, apartó los recuerdos de su mente y lo miró con su habitual frialdad.
—No es nada —respondió brevemente, volviendo a acomodar el texto entre sus manos—. Dime, ¿ese explorador mencionó alguna otra habilidad o detalle más sobre quien los atacó?
Feng negó con la cabeza y añadió:
—No mucho. Lo único que describió con claridad fue esa llama verde. ¿Por qué preguntas tanto?
—Por nada, solo curiosidad —respondió Xuan Lie sin dar más explicaciones. Luego levantó la vista y preguntó directamente—: Sabes dónde está tu padre en este momento, ¿verdad?
—Sí, claro —dijo Feng, más curioso aún—. ¿Por qué lo preguntas?
—Necesito que me ayudes a conseguir una audiencia con él.
Feng arqueó una ceja, sin entender del todo:
—Es extraño que pidas eso de repente. ¿Qué razón tienes para querer hablar con él?
Xuan Lie lo miró con seriedad, sin dejar lugar a más rodeos:
—En lugar de hacer tantas preguntas, ¿no puedes ser de utilidad y ayudarme?
Feng se quedó en silencio un instante, asintió con decisión y respondió:
—Está bien. Si es lo que quieres, vayamos ahora mismo.
—¿Podemos ir ya? —preguntó Xuan Lie con cierta precaución—. ¿No interrumpiremos algo importante por ir tan temprano?
—No te preocupes, no hay problema —aseguró Feng—. Solo sígueme.
Ambos salieron de la mansión y comenzaron a descender por el sendero de la montaña. Mientras caminaba detrás, Xuan Lie reflexionaba para sí mismo:
“Al final, parece que tener una alianza con este chico sí sirve de algo. Y por fin he encontrado una pista de lo que realmente nos enfrentamos en aquella cacería…”
Ya frente a la puerta del gran salón, Feng hizo el llamado solicitando audiencia con el Patriarca, pero al principio no obtuvo respuesta. Fue entonces cuando Xuan Lie dio un paso al frente y habló con voz firme y clara:
—Soy yo, Xuan Lie. Pido audiencia porque cuento con información que podría serle de gran utilidad.
Unos segundos después, una voz grave sonó desde el interior:
—Pasen.
Ambos entraron en la sala, se inclinaron respetuosamente y se quedaron en silencio. Feng, que acompañaba a Xuan Lie, seguía sin entender bien por qué habían ido ni de qué quería hablar.
El Patriarca lo miró primero a él y preguntó directamente:
—Feng, ¿qué te trae por aquí en este momento?
—Patriarca, solo vengo a acompañar a Xuan Lie —respondió el joven—. No sé qué intenciones tiene ni de qué desea tratar.
Entonces fue Xuan Lie quien tomó la palabra sin rodeos:
—Me atrevo a preguntar por la situación de sus exploradores y por aquello que los está cazando.
El Patriarca frunció el ceño y dirigió una mirada seria a su hijo; comprendió al instante que había sido Feng quien había escuchado el informe y se lo había contado al humano. Con tono cortante, ordenó:
—Retírense. No tengo tiempo para tonterías.
Pero Xuan Lie no se movió. En su lugar, pronunció con calma y seguridad:
—Lanza de color verde. Se mueve con gran velocidad y, mientras caza, parece estar jugando con sus presas… ¿no es así?
Al escuchar esas palabras, el Patriarca se puso de pie de golpe, bajó los escalones y se acercó hasta quedar frente a él, mirándolo con una intensidad que helaba el aire:
—Humano, no juegues con mi paciencia. Que Longshi te tenga en estima no significa que hayas ganado mi respeto ni mi confianza.
Sin mostrar el menor rastro de miedo, Xuan Lie mantuvo la mirada fija y respondió con voz grave, pausada y contundente, como si estuviera dictando un veredicto:
—Los que quedan con vida, morirán.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó el Patriarca, con la voz cargada de desconfianza y alerta.
—Lo que quiero decir es que lo que está cazando a sus exploradores es exactamente lo mismo que acabó con dos grupos de cazadores y dejó en duda la suerte de un tercero —explicó Xuan Lie con claridad—. Eran tres grupos de cazadores humanos que participábamos en una expedición. En cuestión de minutos, dos de ellos fueron borrados del mapa y desintegrados sin dejar casi rastro. Yo presencié esa escena con mis propios ojos. Y por los pocos detalles que dio el explorador, tengo la certeza absoluta de que se trata de la misma criatura o ser que atacó a aquellos grupos cuando yo estaba entre ellos.
Hizo una breve pausa y agregó con total seriedad y respeto:
—Así que, Patriarca… con todo respeto, le digo que todos los que quedan allá fuera ya deben estar muertos.
¿Qué planes tiene Xuan Lie al compartir esta información? ¿Podrá cambiar el curso de esta situación tan crítica? Todo ahora pende de un hilo…
CONTINUARÁ…
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AUT: OLVIDADO

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Capítulo 34
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 33
Estás leyendo el capítulo 33 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.