Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 32 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—Es raro, ¿no lo crees? —dijo Feng con una media sonrisa—. Hace un tiempo, quizás habría intentado atacarte en cuanto te viera… pero es cierto, ya ha pasado bastante tiempo, Xuan Lie.
—Sí… tal vez no el suficiente —respondió Xuan Lie con voz tranquila pero firme—. ¿Qué te trae hasta aquí? No es fácil que alguien en tu situación pueda salir sin levantar sospechas.
Feng soltó una risa baja y se acercó un poco más hasta quedar al borde del estanque, mirando las aguas quietas.
—No solo he venido por curiosidad. Oí rumores sobre ti: cómo lograste convertirte en herrero al superar todas las pruebas, y cómo cada día te acercas más a cumplir lo acordado. Dicen que tienes un talento extraordinario, una habilidad que pocos poseen… ¿qué es lo que tienes realmente, Xuan Lie? ¿Es talento, o simplemente una destreza innata?
Xuan Lie se puso de pie lentamente, dio unos pasos hasta quedar frente a la superficie del agua y se quedó mirando su propio reflejo bajo la luz tenue de las estrellas. Su expresión no mostraba orgullo ni satisfacción, solo una frialdad forjada por la experiencia.
—¿Talento? ¿Qué es eso en realidad? —preguntó en voz baja, casi como si hablara consigo mismo—. ¿Habilidad? ¿Acaso existe algo que se tenga sin esfuerzo?
Volvió la mirada hacia Feng, con esos ojos oscuros que parecían ver más allá de las palabras.
—Yo no tengo nada de eso. Simplemente me negué a rendirme cuando todo parecía perdido. La vida funciona así, en cualquier lugar, en cualquier mundo: está hecha para los fuertes. Los débiles están destinados a ser desechados, o convertirse en esclavos de quienes tienen más poder. Es la regla más antigua que existe, y no importa dónde estés, nunca cambia.
—¿Es así? —preguntó Feng, con una mirada que reflejaba respeto y una chispa de admiración contenida—. Aun así, con solo negarte a rendirte, lograste lo que muchos de nuestra propia raza no han conseguido: crear obras dignas de genios y mantener vivo el legado antiguo de nuestra raza. Tú estás sosteniendo con tus propias manos un legado que parecía perdido para siempre.
Hizo una breve pausa, asintiendo con gravedad mientras sus palabras adquirían un tono más profundo.
—Y tienes razón en lo que dices. Este mundo pertenece a los fuertes. No existe la suerte, ni un destino escrito de antemano. Solo existe una ley inquebrantable: la regla del más fuerte.
Un silencio pesado y sereno cayó entre los dos, roto únicamente por el leve sonido del agua del estanque al moverse con la brisa nocturna.
Entonces, Feng fue quien rompió ese silencio, mirando directamente a Xuan Lie con una determinación clara.
—Bien… quiero que seas mi amigo, pero también que seas mi rival. No te pediré disculpas por el estado en que quedamos la última vez que intercambiamos golpes; eso ya es cosa del pasado. Pero dicen que los lazos más sólidos y las amistades más duraderas no suelen nacer de la mejor manera… ¿o me equivoco?
Xuan Lie lo miró con el rostro serio, sin mostrar ninguna emoción que no fuera duda y precaución. Sus ojos oscuros escudriñaron cada gesto de Feng antes de responder con voz firme y fría.
—¿Qué te hace pensar que aceptaré ser tu amigo? La primera vez que nos vimos casi me matas. ¿Por qué habría de querer acercarme a alguien que intentó quitarme la vida? O peor aún, que cree que por considerar a los humanos una raza inferior, tiene el derecho de pisotearme y tratarme como si no valiera nada.
Feng guardó silencio por unos instantes, sin bajar la mirada, pero cuando habló de nuevo lo hizo con un tono más sincero y reflexivo.
—Sé que cometí un error grave. Durante generaciones, mi raza solo ha transmitido desprecio y desconfianza hacia la tuya; yo solo seguí lo que siempre escuché, sin cuestionarlo. Era la primera vez que veía a un humano de verdad, y mi reacción fue equivocada, lo admito. Pero a pesar de todo eso, quiero intentar entablar una relación contigo que vaya más allá de los prejuicios.
Dio unos pasos hacia adelante hasta quedar justo frente a Xuan Lie, extendió la mano con decisión y habló con claridad.
—Así que te lo propongo directamente: formemos una alianza. De amistad… y también de rivalidad. ¿Qué dices?
Xuan Lie lo miró fijamente, con la desconfianza grabada en cada rasgo de su rostro. Por fuera permanecía en silencio, pero en su mente los pensamientos giraban con claridad y frialdad:
¿Por qué habría de aliarme con un mocoso como este? En mi vida anterior, lo que más detesté y rechacé fueron las amistades falsas, esas que se sostienen sobre dobles intenciones. Quienes buscan lazos superficiales, quienes son capaces de apuñalar por la espalda, no son seres que aporten valor ni importancia. Al contrario: solo se convierten en un estorbo, en parásitos que no hacen más que chupar lo que pueden y para nada más sirven.
El silencio se alargó unos segundos más, denso y pesado. Xuan Lie ya tenía decidido rechazar la propuesta sin dudarlo, cuando otra idea cruzó su mente y lo hizo detenerse a reflexionar de nuevo:
Sin embargo… quizás acercarme al hijo del Patriarca y saber utilizarlo a mi favor no sea una idea tan mala después de todo…
Xuan Lie soltó un suspiro profundo, como si estuviera aceptando algo que no deseaba del todo, pero que decidía asumir por conveniencia. Extendió su mano y, con un apretón firme y decidido, selló aquella alianza de amistad y rivalidad.
—Aunque acepte —dijo con voz seria, sin ablandar su expresión—, no significa que confíe en ti.
Feng esbozó una sonrisa relajada, sin ofenderse en absoluto.
—Eso está más que bien. La confianza se gana con el tiempo, no se regala ni se exige.
Se sentó en el suelo de la caseta, junto al borde del estanque, y Xuan Lie se acomodó cerca de él, manteniendo una distancia prudente. Por unos instantes reinó el silencio, solo interrumpido por el murmullo leve de la brisa sobre el agua.
De repente, Feng rompió la calma con una mirada distinta, más profunda y sincera.
—Sabes, Xuan Lie… yo quiero ser fuerte. Más que tener poder o asegurar un puesto como futuro sucesor, lo que realmente deseo es libertad. Quiero ser capaz de ir a donde quiera, sin que nadie me ponga límites; quiero ver el mundo tal como es, conocer cada rincón y vivir la vida según mi propia voluntad, basándome solo en mi propia fuerza.
Xuan Lie permaneció inmóvil, con la vista fija en la superficie tranquila del estanque. Luego giró un poco la cabeza para mirarlo de reojo, con esa frialdad reflexiva que lo caracterizaba.
—Esos privilegios que mencionas suelen estar reservados —o permitidos— solo a quienes se atreven a ir contra las reglas establecidas, contra las leyes que mantienen el orden —respondió con calma, pero con peso en cada palabra—. Te hago una pregunta directa: ¿eres realmente capaz de ir en contra de ellas, si es necesario?
Feng se puso de pie de golpe, lo miró con una sonrisa desafiante y, sin previo aviso, hizo un movimiento rápido y fluido intentando asestarle un golpe directo.
Xuan Lie reaccionó al instante, moviéndose con agilidad y esquivando el ataque por un margen muy estrecho. Su expresión no cambió, solo se volvió más alerta mientras decía con voz firme.
—Esta vez no será fácil.
Feng soltó una risa tranquila y detuvo su intención de seguir atacando.
—Solo intentaba ponerte a prueba —respondió con esa misma sonrisa—. Al parecer no has descuidado tu entrenamiento en absoluto.
Cambió de postura, poniéndose más serio al retomar el tema anterior.
—En cuanto a tu pregunta… ¿ir contra las reglas? Es una pregunta interesante, de esas que no se responden a la ligera. Lo pensaré bien y te daré mi respuesta cuando sienta que ya la tengo clara. Por ahora me retiro. Vendré de vez en cuando para cruzar golpes y entrenar contigo. Quién sabe… quizás estar cerca de ti me ayude a mejorar y, con el tiempo, incluso a superarte.
Sin esperar respuesta, Feng se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el puente de piedra para abandonar la mansión.
Xuan Lie lo siguió con la mirada hasta que su figura se perdió entre las sombras de la noche, y en su interior sus pensamientos se volvieron fríos y decididos:
“Mocoso… te atreves a venir a probarme y a tomarte la libertad de aparecer cuando quieras solo para molestar. Algún día, y no muy lejano, te haré comer tierra y te enseñaré que no debes jugar conmigo.”
Mantuvo el rostro serio, sin añadir una sola palabra más. Se dirigió directamente hacia sus aposentos, se acomodó en silencio y procuró dejar atrás los acontecimientos de la noche para poder descansar.
Antes de cerrar los ojos por completo, susurró con voz baja, como si se preguntara a sí mismo.
—Los humanos tenemos una vida tan frágil y corta… ¿por qué conformarnos con una existencia rutinaria y normal, cuando en realidad podemos aspirar a lograr mucho más?
Sumido en sus pensamientos, poco a poco el cansancio se apoderó de él y cayó en un sueño profundo y reparador.
Así transcurrió la noche: tranquila y serena. Nadie sabía qué cosas traería el siguiente día, en este mundo donde cualquier cosa puede suceder.
En otro lugar, mucho más amplio y majestuoso: el gran palacio del Patriarca. Allí, Lan Guanyi jugaba una partida de go frente al propio líder de la raza Shen Lan. Movió una pieza con calma y rompió el silencio con una sonrisa.
—Tu hijo dio un paseo nocturno, ¿lo sabías?
El Patriarca no levantó la vista del tablero mientras respondía con tranquilidad.
—Lo sé. Por lo que he averiguado, no fue a causar problemas, solo a intercambiar algunas palabras.
Lan Guanyi asintió y continuó.
—¿Estás de acuerdo en que siga visitando al humano?
—Déjalo actuar —respondió el Patriarca con serenidad—. Quizás así aprenda a ver el mundo desde una perspectiva distinta, y ese cambio le ayude a madurar y crecer de forma más completa.
Al oírlo, Lan Guanyi soltó una risa franca y profunda, y añadió.
—¿Es así? Entonces estoy más ansioso que nunca por ver cómo sigue su crecimiento. Después de todo, está destinado a ser el sucesor, ¿no es cierto?
El Patriarca esbozó una sonrisa leve y segura, mientras colocaba su siguiente pieza sobre el tablero.
—No le resultará difícil, siempre y cuando encuentre esa chispa que encienda su vida, que haga que todo le parezca interesante de nuevo y le marque metas nuevas y caminos que valga la pena recorrer.
Por la mañana, Xuan Lie retomó la lectura de la primera de las siete técnicas. Se dedicó a repasar cada línea, esforzándose por memorizar y grabar en su mente todos los textos, teorías y procedimientos sin omitir ni un solo detalle.
Sin variar mucho su rutina, tomó como alimento lo que le había traído el anciano la noche anterior, y volvió a sumergirse en los pergaminos. El día transcurrió con rapidez, y pronto la tarde comenzó a caer sobre la cima.
Xuan Lie se disponía a descansar un rato cuando vio a Feng aparecer nuevamente, escalando sin esfuerzo hasta el borde del estanque.
—¡Ya estoy de regreso! —anunció Feng con tono relajado.
Xuan Lie lo miró fijamente, y en su rostro se notaba claramente que su presencia le resultaba molesta. Feng soltó una risa divertida al ver su expresión.
—Al menos intenta disimular un poco ese disgusto que llevas grabado en la cara —le dijo con gracia.
Xuan Lie se giró sin responder y se sentó en una silla mecedora de madera oscura. Con voz tranquila pero cortante, le preguntó.
—¿Acaso no tienes nada más importante que hacer? ¿Por qué sigues viniendo hasta aquí?
—Solo andaba de paso —respondió Feng con naturalidad, y se sentó al otro lado de la mesa de piedra que había en la caseta.
Xuan Lie lo miró de reojo y añadió con tono seco.
—Tengo cosas que hacer. No hagas ruido. No hay nada mejor que el silencio. Los insectos que andan haciendo ruidos innecesarios solo terminan volviéndose molestos…
Era una forma indirecta de dejarle claro lo que pensaba de su visita, pero Feng solo sonrió sin ofenderse. Se quedó en silencio unos segundos y luego propuso.
—Bueno, entonces vayamos a practicar un poco.
—No tengo tiempo para eso ahora mismo —replicó Xuan Lie sin dudar.
Feng lo miró con serenidad y respondió con un tono que parecía una advertencia suave.
—Si descuidas tu entrenamiento, terminarás volviéndote un estorbo para ti mismo. ¿No lo crees así?
Xuan Lie sabía que no tendría forma de sacárselo de encima fácilmente, y que si se negaba solo conseguiría que el otro insistiera más. Con un suspiro de resignación, respondió.
—Está bien. Vamos a la plataforma de combate.
Ambos se dirigieron hasta el lugar dispuesto para ello, y una vez allí, Xuan Lie habló con tono firme y directo.
—Si en algún momento sientes miedo de perder contra un humano, puedes usar tus habilidades sin problemas. Recuerda bien la última vez: estuviste muy cerca de ser vencido.
Feng soltó una sonrisa tranquila y relajada, sin mostrar ninguna señal de inseguridad.
—Hoy solo usaremos fuerza física pura. Nada más.
Y así comenzó el intercambio. Los golpes fueron fuertes, rápidos y precisos; ambos parecían estar al mismo nivel. Xuan Lie, de raza humana, frente a Lan Feng, de la poderosa raza Shen Lan: cada movimiento era una muestra de agilidad y control. Ninguno permitía que los ataques del otro lo alcanzaran, desviando o esquivando con una sincronización casi perfecta.
Así continuaron durante un buen rato, hasta que ambos se detuvieron al mismo tiempo, respirando con algo más de intensidad pero sin agotarse por completo.
Feng se limpió una gota de sudor de la frente y admitió con respeto.
—No has descuidado nada en absoluto. Tu fuerza física sigue siendo impresionante. Creo que por hoy es suficiente. Volveré en otro momento.
Xuan Lie lo miró fijamente, y en su rostro se dibujó claramente ese pensamiento que no necesitaba palabras: “Ojalá no regreses. No tengo ganas de verte otra vez”.
Así se despidieron ambos. Xuan Lie regresó a la mansión, se limpió el polvo y el sudor del combate, y se recostó para descansar en la caseta, bajo el cielo de la noche y envuelto por el aire fresco y limpio que circulaba en la cima. El cansancio del entrenamiento se apoderó poco a poco de su cuerpo, y en medio de esa calma profunda, terminó por quedarse dormido profundamente.
A la mañana siguiente, en el interior del gran palacio, el Patriarca Lan se encontraba en su sala de estudio, absorto en la lectura de pergaminos antiguos y registros milenarios. De repente, unos pasos apresurados y pesados resonaron por los pasillos, seguidos de golpes secos y urgentes en la puerta principal.
—¡Solicito audiencia urgente! —gritó una voz entrecortada, cargada de ansiedad.
El Patriarca frunció el ceño, cerrando lentamente el texto que tenía entre las manos. Su voz sonó grave y molesta.
—¿Quién se atreve a interrumpir mi tiempo de estudio?
—Soy un explorador del sector de expediciones, mi señor —respondió la voz desde afuera, temblando ligeramente.
Al escuchar aquello, la expresión del Patriarca cambió de inmediato: la molestia dio paso a una alerta profunda.
—¡Pasa! —ordenó con firmeza.
“Se supone que el equipo de exploración no debía regresar hasta finales del próximo año…”, pensó para sí mismo, con una sensación desagradable que le apretaba el pecho. “Que hayan vuelto tan pronto solo puede significar algo muy malo…”
Sin perder tiempo, ordenó a sus asistentes.
—Envía un mensaje inmediato a los veintinueve ancianos. Que se reúnan en la sala principal en cuestión de minutos.
Mientras tanto, el explorador entró en la sala: tenía la ropa rasgada, el cuerpo cubierto de polvo y heridas frescas que aún no habían sanado. Se arrodilló sobre una sola rodilla, con la cabeza baja y la respiración agitada, como si hubiera corrido sin descanso durante días.
—Traigo información del sector de exploración, mi señor —dijo con voz que apenas lograba mantenerse estable.
—Habla —ordenó el Patriarca, poniéndose de pie y mirándolo fijamente, mientras sentía cómo la tensión crecía en el aire.
—La mitad del equipo ha sido eliminada… —comenzó a decir el explorador, y su voz se quebró—. No sabemos quiénes son, pero nos persiguen sin descanso. ¡Nos están cazando como a presas! Solicitamos ayuda de inmediato… apenas quedamos menos de diez miembros con vida. La situación es crítica: hemos perdido gran parte de la información recolectada durante estos años, y quienes nos atacan parecen conocer cada uno de nuestros caminos y escondites.
Se detuvo un instante, levantó la vista con los ojos llenos de miedo y desesperación, y gritó con todas sus fuerzas.
—¡ESTAMOS SIENDO CAZADOS Y MASACRADOS!
CONTINUARÁ…
© 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ.
Todos los derechos reservados.
Prohibida su copia o reproducción total o parcial.
AUT: OLVIDADO

Continúa leyendo
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)
Capítulo 33
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 32
Estás leyendo el capítulo 32 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.