arrow_back

Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 30 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—¡Ho, ho, ho! —rió el sabio médico, con una sonrisa que le iluminaba todo el rostro—. Es raro escucharte decir cosas tan buenas, y más cuando se trata de un humano. El anciano herrero lo miró con calma, sin perder su compostura habitual: —No soy tan simple como crees. También sé reconocer el valor y soy consciente del esfuerzo que ha puesto Xuan Lie. Además… cuando se cumplan los planes del Patriarca, llegará tu turno de enseñarle el arte de la medicina. Ya verás, cuando llegue ese momento, lo valioso e increíble que puede llegar a ser este joven. El sabio soltó una carcajada franca y relajada: —¡Cierto, cierto! Cuando llegue el momento, mi curiosidad quedará más que satisfecha, te lo aseguro. —Baja la voz, no hagas tanto ruido —le advirtió el herrero—. Vas a despertar a Xuan Lie. —Demasiado tarde —respondió el sabio, señalando con la cabeza hacia el banco—. Ya se está despertando. El herrero negó con la cabeza, fingiendo molestia: —Eres demasiado ruidoso para ser un viejo que también está cerca del final de sus días. El sabio lo miró de reojo, con una sonrisa pícara: —¿Morir? ¿De qué hablas, anciano tonto? ¿Sabes cuánto tiempo me queda? Quizás yo viva uno o dos años más que tú… ¡y con mejor salud! El herrero lo miró con expresión seria, aunque en el fondo se le notaba la complicidad: —Ojalá te mueras pronto. Y si es antes que yo, mucho mejor. Mientras ambos intercambiaban bromas y deseos de “mala suerte”, Xuan Lie ya había logrado incorporarse, acomodándose despacio. Se frotaba los ojos y movía el cuello para quitarse la rigidez, con una expresión de total asombro. Nunca había visto a dos ancianos hablarse así, deseándose lo peor en palabras, pero con una calidez y confianza que solo tienen los amigos de toda la vida. No podía evitar sonreír para sí mismo: era una amistad única, rara y sin reglas, pero que se sentía más verdadera que cualquier otra que hubiera conocido. Haa, soltó un largo suspiro el anciano herrero y se dirigió a Xuan Lie con tono tranquilo: —Xuan Lie, escúchame bien: no hagas caso a lo que salga de la boca de este charlatán. Son solo palabras vacías para llamar la atención… El sabio médico lo miró con fingida seriedad, moviendo la cabeza de un lado a otro con desaprobación: —¡Viejo tonto! Así solo logras darme una mala impresión. —Y luego se volvió hacia el joven con aire de importancia—: Para que lo sepas, soy realmente sabio. Poseo conocimientos antiguos de medicina, curas para dolencias que nadie más conoce, recetas de todo tipo de píldoras y remedios. Sé mucho más de lo que imaginas. El herrero lo miró de reojo, con una media sonrisa que revelaba cierta malicia divertida, y añadió: —Si fuera tan cierto todo lo que cuenta, ¿no crees que ya no estaría sintiendo cómo se le acaba la vida día tras día? —¡TÚ! —exclamó el sabio, abriendo los ojos con indignación—. ¿Te atreves a calumniarme así, viejo insensato? ¿Qué sabrás tú de estas cosas? Cerró los ojos con fuerza, como si la ofensa fuera demasiado grande para soportarla, mientras el herrero respondía con tono relajado y tranquilo: —Sí, sí, sí… Yo no sé nada más que este antiguo oficio de herrería, es verdad. Pero lo que sé, lo sé a fondo… y eso me basta para no andar presumiendo de lo que no puedo demostrar. En medio de todas esas palabras que se lanzaban de un lado a otro, Xuan Lie se quedó en silencio, observándolos con atención mientras sus pensamientos giraban en su interior: “Ver una amistad así es realmente única… pero también duele un poco. Ver cómo sus vidas dan su último brillo antes de apagarse para siempre, es algo que no puedo evitar sentir como tristeza.” Sin embargo, para no interrumpir ese ambiente tan particular y poner fin a las bromas y los reproches, decidió hablar con voz tranquila y respetuosa: —Será un gran honor para mí, siendo un simple mortal, aprender tanto de un gran sabio y médico como usted, Shen Lan Zhi… como también continuar aprendiendo el antiguo oficio de la herrería de mi maestro, Wei Huo. Al escuchar esas palabras, el sabio abrió los ojos de golpe y soltó una carcajada llena de satisfacción y emoción: —¡Viejo, tu discípulo sabe muy bien cómo hablar! Me agrada. Ya estoy ansioso por que llegue el momento en que me toque a mí enseñarle lo que sé. El anciano herrero no respondió de inmediato; se quedó en silencio, tomando un trapo para limpiar con cuidado las herramientas que había usado, y solo añadió con tono relajado: —Haz lo que quieras… ya sabes que no te voy a detener. El sabio asintió despacio, luego metió la mano en el interior de su túnica y sacó algo pequeño que brillaba con una luz muy tenue. —Mmm… bien. Xuan Lie, tengo algo para ti. El joven lo miró con curiosidad, sin entender: —¿Esto es…? Wei Huo detuvo su trabajo y se giró un instante para observarla con atención; sus ojos se entrecerraron al reconocer su naturaleza, aunque no dijo nada de inmediato. —es algo llamado píldora —dijo el sabio con voz seria, ya sin bromas—. Es un regalo, pero no te diré ahora mismo qué es exactamente ni cómo actúa. Cuando llegue el momento en que realmente la necesites, sabrás instintivamente para qué sirve. Se inclinó un poco hacia él y añadió con un tono más grave, para que no olvidara sus palabras: —Ten en cuenta esto: si la tomas, obtendrás una fuerza muy superior a la que tienes en ese instante, podrás soportar cargas que parecen imposibles y, lo más importante, no sentirás dolor ni fatiga mientras su efecto dure. Pero nada en este mundo se obtiene sin pagar un precio. Su poder es grande, pero el costo que cobra el cuerpo después de usarla es igual de pesado. Úsala solo cuando no te quede otra opción. —Bien, sin más que agregar, me despido —dijo el sabio, y antes de dar el primer paso, se giró de nuevo hacia el anciano con una expresión más seria y profunda que en todo el rato que llevaban hablando—: Anciano, no te mueras todavía. Quizás esa expedición que están preparando sea la respuesta a lo que te está consumiendo poco a poco. Tal vez allí haya una forma de alargar nuestras vidas, o al menos de detener el tiempo que se nos escapa. El herrero solo agitó una mano con indiferencia, aunque en sus ojos se notaba que escuchaba cada palabra: —Como digas… ya vete antes de que empiece a echarte de verdad. El sabio sonrió levemente y luego dirigió su mirada hacia Xuan Lie: —No nos veremos por un tiempo, joven. Cuídate y aprende bien. Xuan Lie se puso de pie de inmediato, se inclinó con respeto y respondió: —Gracias por sus palabras y por este regalo, señor Shen Lan Zhi. Lo guardaré con cuidado. Sin añadir nada más, el sabio dio media vuelta y salió de la herrería, dejando tras de sí solo el silencio y el calor suave que aún quedaba en el aire. Por unos minutos, solo se escuchó el crepitar del fuego en el fondo. Entonces el anciano soltó un suspiro largo y profundo, y con tono severo pero sin ira, comenzó a hablar: —Y ahora tú… ¿crees que es sensato pasar toda una noche en vela, trabajando hasta perder el conocimiento? El cuerpo tiene sus límites, Xuan Lie. Si lo rompes una vez, la siguiente costará el doble recuperarse. Y si sigues así, un día te derrumbarás y no te levantarás más. El joven bajó la cabeza con humildad: —Tiene razón, maestro. Me dejé llevar por la frustración y el deseo de avanzar. No volverá a suceder, se lo prometo. El anciano guardó silencio un instante, luego cambió por completo el tono de voz, más tranquilo y con un matiz de aprobación: —Bueno… ya casi logras el primer objetivo. De hecho, diría que ya lo has logrado. Xuan Lie levantó la cabeza de golpe, con los ojos muy abiertos, sin entender bien lo que escuchaba: —¿Qué cosas dice, maestro? ¿Cómo que ya lo he logrado? Si hasta ayer sentía que todo lo que hacía estaba lejos de ser perfecto… El anciano lo miró fijamente, con esa mirada que parecía ver más allá de lo evidente: —Lo hiciste sin darte cuenta, en ese estado en el que tu mente se apagó y solo quedaron tu instinto y tu voluntad. Cuando dejaste de pensar en cómo hacerlo y empezaste a ser parte del proceso, el resultado salió solo. Esa es la verdadera perfección. Se puso de pie y se ajustó la ropa, antes de añadir: —Ahora voy a buscar algo de comer para reponer fuerzas. Cuando regrese, retomaremos todo de nuevo. Veremos si eres capaz de repetir conscientemente lo que lograste hacer cuando estabas inconsciente. Esa será la prueba definitiva. Pasó un tiempo. Comieron en silencio, cada uno sumido en sus propios pen-samientos, hasta que terminaron. Luego ambos se pusieron los gruesos de-lantales de trabajo, y fue el anciano quien rompió por fin el silencio: —Es la hora, Xuan Lie. ¿Estás listo? Si es así, comienza a dar esos golpes tan perfectos que casi lograste dominar en ese estado. Xuan Lie soltó un suspiro profundo y tranquilo. Tomó el martillo con ambas manos, observó con atención las llamas ardientes que bailaban en el horno, y luego desvió la mirada hacia las marcas antiguas grabadas en el yunque, desgastadas por siglos de uso. Cerró los ojos y respiró hondo una vez más. En ese instante, dejó de lado todo lo demás: sintió el latido firme de su propio corazón, el chisporroteo suave del fuego, y el silencio absoluto que reinaba en la herrería. Calmó su conciencia, despejó su mente de dudas y preocupacio-nes, y alzó el martillo despacio. Abrió los ojos con una mirada fija y seria, tomó aire con calma y adoptó una postura tan natural como si fuera algo que hubiera hecho toda la vida. Pero había algo más: una elegancia que no solo igualaba a la de su maestro, sino que incluso parecía superarla. El anciano se limitaba a permanecer en silencio, observando sin perderse ni un solo movimiento. Una sonrisa sincera y llena de orgullo se dibujó en sus labios, y susurró casi para sí mismo, con voz temblorosa por la emoción: —Lo ha logrado… realmente lo ha logrado. Y así comenzó Xuan Lie. Los golpes resonaron con fuerza y claridad, exten-diéndose por cada rincón del lugar. Eran golpes mesurados, precisos y perfec-tos, sin el menor error a la vista de su maestro ni de quien pudiera observarlos. Lo que veían sus ojos era la imagen de un herrero en su mejor momento: al-guien que se había convertido en uno solo con el martillo, el hierro y el fuego. Cada golpe tenía una fuerza contenida y una exactitud que parecía fruto de décadas de experiencia acumulada. Había conseguido lo que parecía imposible en tan poco tiempo: había domi-nado la perfección del primer objetivo de la segunda etapa, la llamada Gra-cia del Trazo Exacto. Y así, mientras el anciano veía que ya no había necesidad de corregir ni indi-car nada más —Xuan Lie lo había logrado por completo—, retrocedió despacio y se quedó en silencio, esperando pacientemente a que terminara. En su rostro se dibujó una mirada melancólica, y soltó un suspiro profundo, como si le quitara un peso inmenso del pecho. Habló en voz baja, casi para sí mismo, pero sus palabras llevaban el peso de toda una vida y de todos los he-rreros de su raza que habían existido antes que él: —Realmente… el legado ha quedado en buenas manos. No tengo arrepenti-mientos. Él es y será mi primer y último discípulo, y me sentiré orgulloso hasta mi último aliento de haber tenido a alguien tan único como lo es Xuan Lie. Poco después, el sonido rítmico de los golpes cesó por completo. Xuan Lie ha-bía terminado. El metal reposaba sobre el yunque, moldeado con una perfec-ción que no dejaba lugar a dudas. El joven estaba empapado en sudor, con el pecho subiendo y bajando con respiración agitada, pero en sus ojos brillaba una luz nueva y clara. —Es agotador —dijo con voz tranquila—, pero ha valido cada gota de sudor, cada momento de duda y cada error. Todo ha sido una enseñanza para llegar hasta aquí. El anciano lo escuchó con una sonrisa sincera y asintió con aprobación: —Es cierto. Muy bien, siéntate ya. Lo has hecho de maravilla. Has cumplido con éxito el primer objetivo, así que te mereces un buen descanso. Se fue a sentar xuan lie, y el maestro se dirigió a las ventanas de madera abriéndolas, dejando que entrara el aire fresco de la noche. Al mirar hacia afuera, se dio cuenta de que el sol ya se había ocultado hacía rato. —Qué rápido pasa el tiempo cuando uno está absorto en lo que hace —comentó con suavidad—. ¿No lo crees así? —Es verdad, maestro —respondió Xuan Lie, todavía recuperando el aliento—. Parece que solo han pasado unas horas, pero el día ya se ha ido. El anciano se sentó frente a él, apoyó las manos sobre sus rodillas y habló con un tono más serio, pero lleno de satisfacción: —Bien, tomemos aire por hoy. Has logrado lo más importante de esta primera parte. Siéntete orgulloso, porque no es cosa fácil. Muchos de los de mi propia raza no lograron ni siquiera superar la primera etapa, y otros tantos se queda-ron estancados o se perdieron en el camino al intentar avanzar en la segun-da… Tú ya has cruzado esa barrera. —Bien, descansemos un rato y luego hablaremos sobre algo importante. Y así transcurrió una noche silenciosa, suave, con una brisa fresca que entra-ba por las ventanas abiertas y un aire cargado de satisfacción por todo lo que había ocurrido durante el día. Cuando el fuego del horno ya solo ardía con una llama tenue y cálida, el an-ciano se quedó mirándolo fijamente, como si en sus movimientos viera refleja-dos siglos de historia. Luego se volvió hacia Xuan Lie y habló con voz serena pero firme: —Xuan Lie, te diré lo que viene ahora: el segundo objetivo. Esta parte es di-ferente a todo lo que has aprendido hasta ahora. Como todavía no sabes culti-var energía, no podrás ponerla en práctica de inmediato. Por eso, aquí depen-derá sobre todo de tu paciencia y de cuánto seas capaz de comprender y asi-milar lo que te enseñe. Xuan Lie asintió con seriedad y respondió: —Entendido, maestro. Haré mi mejor esfuerzo, tal como lo he hecho desde el primer día. —Sé que lo harás —replicó el anciano con una leve sonrisa—. Solo recuerda también descansar, ¿de acuerdo? —añadió, como si al recordarlo pensara en aquella noche en que el joven había trabajado hasta perder el conocimiento. Xuan Lie sonrió a su vez, entendiendo perfectamente la advertencia implícita. —Muy bien —continuó Wei Huo—. Te entregaré estos registros antiguos. En ellos está detallada la técnica de fusión completa de energía, así como todos sus procedimientos paso a paso. Cuando llegue el momento en que aprendas a cultivar y manejar tu propia energía, entonces podrás aplicar todo esto en la práctica. ¿Lo entiendes? —Sí, maestro. Así lo haré —respondió el joven, tomando con ambas manos los pergaminos y libros que le entregaba. El anciano soltó un suspiro profundo, como si depositara en sus manos algo mucho más valioso que cualquier objeto material: —Espero… espero con todo mi corazón que algún día pueda llegar a ver con mis propios ojos el resultado de tus creaciones, cuando combines el dominio del metal con el control de la energía. Y así, uno a uno, le entregó todos los registros completos: teorías, explicacio-nes, advertencias y secretos que los herreros de su raza habían acumulado y perfeccionado a lo largo de siglos y generaciones. CONTINUARA… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)

Continúa leyendo

EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)

Capítulo 31

Siguiente Capítulo ›

EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 30

Estás leyendo el capítulo 30 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.