Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 29 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Xuan Lie escuchó con atención, y al terminar, preguntó con curiosidad:
—Maestro… y esta segunda etapa, ¿qué abarca exactamente? ¿Cómo funciona dentro de la herrería? Por lo que me ha dicho de su nombre, Gracia del Trazo Exacto, debe ser una etapa intermedia, pero de gran importancia, ¿verdad?
El anciano herrero asintió despacio, con una expresión seria y sincera.
—Es cierto. Pero para que lo sepas de una vez: esta etapa no se domina en solo un año… con decirte eso, ya te lo he dicho todo. Tienes exactamente doce meses para aprender todo lo que implica la segunda etapa y, al mismo tiempo, ir preparando el camino hacia la tercera. Así que, o mejoras paso a paso y avanzas, o te quedas estancado para siempre.
Xuan Lie se quedó en silencio un instante, procesando sus palabras, y luego habló con respeto:
—Entendido, maestro. Por favor, explíqueme claramente cuáles son los objetivos que debo cumplir en esta segunda etapa.
El anciano se acomodó mejor en su asiento, apoyó las manos sobre la mesa y comenzó a explicar despacio, marcando cada punto con claridad:
—Muy bien. Los objetivos son tres:
Primero: Ejecutar todo el proceso antiguo de forja con una perfección absoluta. Sin errores, sin desviaciones, con la misma elegancia y precisión que cualquier gran herrero de nuestra estirpe sería capaz de imprimir a su obra.
Segundo: Comprender por completo la técnica de fusión de energía —tanto su teoría como todos sus procedimientos—. Aunque todavía no puedas cultivar por ti mismo, dominar este conocimiento es una meta indispensable.
Tercero: Deberás dominar las aleaciones y el tratamiento secreto de los metales. Este es el más difícil de todos; a lo largo de la historia se pueden contar con los dedos de una mano quienes lograron alcanzar este nivel. Sin embargo, aquí sigo yo, que sí logré cumplir el tercer objetivo. Por eso pondré todo mi empeño para enseñarte estos tres puntos.
Se inclinó un poco hacia adelante, mirándolo fijamente a los ojos, y preguntó con voz firme:
—¿Qué piensas? ¿Estás listo para esto, discípulo?
Xuan Lie se quedó en silencio unos segundos, analizando todo lo que acababa de escuchar. Luego levantó la mirada con decisión, sin duda alguna, y respondió con voz grave y resuelta:
—¿Un año? Entonces lo lograré. No hay otra salida, maestro. En este mundo no existen caminos fáciles ni regalos. O te adaptas, te haces fuerte y avanzas… o terminas sepultado y olvidado para siempre.
El anciano asintió con satisfacción, con una mirada que reflejaba aprobación ante la determinación de su discípulo.
—Bien, así se habla. Ahora que tienes claros los objetivos, comencemos ya mismo. No perdamos ni un segundo más.
—Sí, maestro, enseguida —respondió Xuan Lie con energía, preparándose sin demora.
Ambos se equiparon con los delantales gruesos, casi listo para trabajar con el calor abrazador. En cuanto estuvieron listos, el trabajo dio inicio oficialmente. Así comenzaba la práctica del primer objetivo de la segunda etapa.
El anciano se colocó frente al yunque, tomó el martillo con firmeza y empezó a demostrarlo todo paso a paso, transmitiendo cada detalle de su saber acumulado durante décadas. Ejecutaba el proceso completo de forja tal como lo hacían los antiguos de su raza, con una precisión que rayaba en la perfección. No había el menor error, ni un movimiento sobrante, ni un golpe fuera de lugar. Había en su forma de trabajar una elegancia única: cada alzada, cada golpe, cada giro del metal parecía formar parte de una danza milenaria, como si sus manos y el hierro se entendieran en un mismo lenguaje.
Aunque en su rostro se notaba que la edad avanzaba y que su vida ya no conservaba todo el brillo de antaño, su dominio sobre la forja seguía siendo impecable.
Pasaron los días, y luego las semanas. El maestro no varió su método: una y otra vez repetía la misma secuencia, el mismo orden, la misma técnica, mostrándole cada movimiento sin cansarse. Guiaba a Xuan Lie con paciencia infinita, corrigiendo su postura, la fuerza de sus golpes y el tiempo de cada paso, insistiendo siempre en una sola cosa: mejorar cada día, pulir cada gesto, hasta lograr que lo que saliera de sus manos fuera sin defectos, hasta alcanzar la perfección.
Pasaron los días, las semanas… y así se cumplieron tres meses del año que tenía por delante para dominar la segunda etapa. La rutina parecía interminable, girando siempre en torno a : comer, recibir enseñanza, entrenar su fuerza física, trabajar el metal y descansar, una y otra vez, sin variación.
La presión se volvía cada vez más pesada sobre Xuan Lie. A pesar de ello, nunca faltaba ni llegaba tarde; cada mañana estaba en la herrería antes incluso de que el maestro abriera las puertas. Pero los resultados eran duros de aceptar: sus esfuerzos se traducían en trabajos silenciosos, constantes, pero sin avances visibles. Por más que pusiera todo su empeño, todo su tiempo y toda su voluntad en aprender, la perfección seguía siendo una meta lejana.
Una tarde, cuando el sol ya comenzaba a ocultarse y el calor del fuego se mezclaba con el cansancio acumulado, Xuan Lie se detuvo. Respiraba entrecortado, el sudor le empapaba todo el cuerpo y le caía por la frente hasta los ojos, agotado hasta el límite de sus fuerzas. Se sentía casi perdido, como si golpeara una pared que no lograba derribar.
El maestro, que lo observaba en silencio desde hacía un rato con una expresión seria y reflexiva, soltó un suspiro profundo. Se acercó despacio y habló con voz calmada pero firme:
—Xuan Lie… recuerda que la perfección no es solo algo físico. Es mucho más que lo que se ve a simple vista, más que la fuerza del brazo o la precisión de la mano.
Se detuvo un instante, le dio una palmada suave en el hombro y añadió:
—Por hoy es suficiente. Me retiro. Cierra bien la herrería y no te quedes hasta muy tarde. Necesitas descansar; no exijas más de lo que tu cuerpo puede dar en un solo día. No llenes tu mente de pensamientos complicados ni de frustraciones. Se trabaja mejor cuando la mente está despejada y tranquila. Bueno, me voy.
Dicho esto, el anciano recogió sus cosas y salió, dejando a Xuan Lie solo en medio del calor y el silencio del lugar.
El joven se quedó inmóvil, mirando las herramientas y las piezas que había trabajado sin éxito esa tarde. Comprendía entonces lo difícil que resultaba realmente esta segunda etapa: ya habían pasado tres meses y no veía los avances que esperaba. Pero más que el cansancio físico, lo que le daba vueltas en la cabeza eran las palabras del maestro: «La perfección no es solo algo físico… es mucho más que lo que se ve».
Se quedó allí, pensativo, intentando entender qué significaba realmente esa enseñanza, mientras tomaba conciencia de que el camino que le quedaba por recorrer sería mucho más largo y profundo de lo que había imaginado al principio.
Y así la noche cayó por completo, envolviendo todo en una calma profunda y silenciosa. En el interior de la herrería, Xuan Lie seguía inmóvil, perdido en sus propios pensamientos, dándole vueltas una y otra vez a las palabras de su maestro y a esa verdad que no lograba comprender del todo.
De pronto, extendió la mano y tomó de nuevo el martillo y la pieza de metal que había dejado a medio trabajar. Al instante, el sonido seco y rítmico de los golpes volvió a llenar el espacio. Una y otra vez, sin prisa pero sin pausa, continuó trabajando. Lo que parecía una noche larga y eterna transcurrió de forma veloz, entre el resplandor del fuego, el calor que envolvía su cuerpo y el eco constante de sus movimientos.
Al amanecer, cuando el sol apenas comenzaba a asomar y el anciano se dirigía hacia la herrería como de costumbre, se detuvo de golpe, sorprendido. Desde afuera, a través de las gruesas puertas de madera, llegaba claramente el sonido de golpes firmes y continuos.
—¿Qué es esto? —murmuró para sí mismo, con una media sonrisa—. Oh, Xuan Lie se me ha adelantado. Cada día llega más temprano, con más ganas que el anterior.
Pero en cuanto abrió la puerta y entró, se quedó petrificado ante la escena que tenía ante sus ojos. Allí estaba el joven, de pie frente al yunque, con el cuerpo cubierto de sudor que ya se había secado y vuelto a humedecer una y otra vez, los brazos temblando ligeramente por el esfuerzo, pero sin detenerse ni un segundo en sus golpes.
—Oye… ¿desde cuándo estás aquí? ¿Cuándo llegaste? —le preguntó con voz suave pero firme.
Sin embargo, Xuan Lie parecía no escucharlo. Tenía la mirada fija en el metal, absorto por completo en su trabajo, y seguía golpeando con la misma intensidad, sin responder ni siquiera con un gesto.
El anciano frunció el ceño y comprendió al instante: el joven no había llegado temprano esa mañana… había pasado toda la noche en vela, trabajando sin descanso.
Se acercó con paso tranquilo pero decidido, le puso una mano pesada pero cálida sobre el hombro y habló con más fuerza para que lo escuchara:
—Xuan Lie… ya es suficiente. Detente. Debes descansar, tu cuerpo no aguantará más si sigues así.
Pero para su sorpresa, el joven no se detuvo. Siguió alzando el martillo una vez más, con un movimiento casi automático, como si su mente estuviera en otro lugar y sus manos actuaran por sí solas…
El anciano, al ver que no respondía ni se detenía, decidió actuar con firmeza: se acercó con intención de quitarle el martillo de las manos y detenerlo antes de que su cuerpo colapsara por completo.
Pero justo cuando su mano estaba a punto de cerrarse sobre la herramienta, un sonido completamente diferente resonó en el aire. Fue un golpe tan firme, tan limpio y armonioso que pareció silenciar todo lo demás en la herrería. No era el ruido habitual de metal contra metal, sino algo más profundo y perfecto, como si en ese instante el hierro, el fuego, el martillo y la mano que lo empuñaba se hubieran fusionado en una sola cosa.
El anciano se quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Al mirar con atención, vio cómo cada movimiento de Xuan Lie comenzaba a transformarse: los golpes adquirían una precisión exacta, la cadencia se volvía medida y sin vacilaciones, y ejecutaba todo el proceso antiguo casi con perfección, sin errores, con esa misma elegancia y gracia que durante años solo había visto en sus propias manos.
Xuan Lie parecía no estar en sí mismo; su conciencia estaba perdida, como si hubiera entrado en un estado de trance, pero su cuerpo actuaba por instinto, guiado por algo más que la fuerza o la memoria. En ese momento, el primer objetivo de la segunda etapa empezaba a abrirse paso ante él.
El anciano, atónito, no pudo evitar gritar con voz llena de emoción:
—¡Lo estás logrando! ¡LO ESTÁS LOGRANDO, XUAN LIE!
Sus movimientos se volvían cada vez más fluidos y exactos, acercándose más y más a la perfección. Pero justo cuando parecía que iba a completar la pieza, el último golpe se detuvo en seco.
—¿Qué pasa? —preguntó el anciano, acercándose con preocupación—. ¡Te faltaba tan poco para conseguirlo!
Sin embargo, Xuan Lie ya no respondía. Su cuerpo, mortal y humano, había llegado al límite absoluto de su resistencia. El anciano lo miró con atención: el joven estaba pálido, agotado hasta el extremo, inconsciente, pero seguía manteniéndose de pie, rígido, sin soltar el martillo, como si su propio cuerpo se negara a caer antes de terminar lo que había empezado.
El maestro se acercó despacio y trató de quitarle la herramienta, pero incluso inconsciente, los dedos de Xuan Lie seguían aferrados con una fuerza increíble. El anciano tuvo que aplicar más presión para abrir sus manos y lograr separar el martillo de su agarre.
Soltó un suspiro profundo, lo levantó con cuidado y lo llevó hasta un banco para recostarlo con comodidad. Lo cubrió con una manta y lo observó en silencio durante unos instantes, antes de hablar en voz baja, con una mezcla de reproche y orgullo:
—De verdad que llevas todo al límite… Para ser mi primer discípulo, eres demasiado terco.
Y en sus labios apareció una sonrisa leve, cálida y satisfecha, sabiendo que a pesar de todo, el joven había dado el primer paso real hacia el dominio de la etapa.
Se sentó en otro banco, colocándolo cerca del lugar donde reposaba Xuan Lie, y soltó un suspiro profundo, como si por fin él también pudiera descansar. Era como si todas esas rutinas agotadoras, esas horas interminables de enseñanza y corrección, hubieran dado por fin su primer fruto real.
Mientras observaba desde allí, con la mirada fija en la llama suave que seguía ardiendo en el fondo de la herrería, cerró los ojos sin darse cuenta y se quedó dormido, justo al lado de su discípulo, que también había caído rendido por completo.
Y así, maestro y alumno compartieron aquel merecido respiro. Lo que había comenzado como un día más, que parecía seguir el mismo camino rutinario de siempre, se había transformado en algo completamente distinto, lleno de sorpresas y avances inesperados.
Para cualquiera, ese descanso habría sido algo normal, algo cotidiano. Pero para ellos dos, ese momento de calma, ese simple suspiro y ese sueño reparador representaban un alivio que parecía haber estado esperando durante años. Era la sensación de que, por fin, el esfuerzo acumulado no había sido en vano.
El sueño fue tan profundo y reparador que transcurrió todo un día entero, y ambos seguían allí, recuperando fuerzas en silencio.
En medio de esa calma, se escuchó el sonido suave de la puerta al abrirse y de pasos que se acercaban con cautela. Una voz tranquila resonó en el aire:
—Mmm… es realmente increíble esta escena. Si alguien más los viera, diría sin dudar que se han puesto a holgazanear en pleno horario de trabajo…
El anciano herrero entreabrió un ojo despacio, todavía adormilado, y al enfocar la vista vio quién estaba frente a él: el sabio médico, aquel que conocía cada remedio y cada secreto del cuerpo tanto como el herrero conocía los metales.
Se incorporó con calma, se frotó un poco la cara para despejarse y respondió con tono relajado:
—Un pequeño descanso nunca le quita fuerza ni tiempo a quien sabe cuándo volver a empezar. Al contrario, recarga lo necesario para retomar todo con más ganas.
Se puso de pie sin prisas y le preguntó directamente:
—Pero dime… ¿qué te trae por aquí hoy?
El sabio médico sonrió levemente y respondió con su voz pausada:
—Mmm… venía a felicitar al humano. Escuché la noticia, ¿sabes? La que dice que ha nacido un nuevo herrero entre nosotros. Ya corre de boca en boca, recorre cada rincón de nuestra raza, no hay lugar donde no se hable de ello.
El anciano arqueó una ceja, con una mezcla de sorpresa y resignación:
—¿De verdad? Hasta a ti, que te pasas los días encerrado entre libros y pergaminos antiguos, te han llegado los rumores. Si es así, entonces ya no hay duda: todo el mundo debe estar enterado.
El sabio asintió con la cabeza, pero luego cambió el tono, mirando con atención hacia donde seguía durmiendo profundamente Xuan Lie:
—Es cierto. Pero cambiando de tema… por lo que veo, el humano descansa con un sueño muy pesado y profundo. ¿Ha trabajado tanto para agotarse de esa forma?
El anciano herrero lo miró con orgullo, y por primera vez en mucho tiempo habló con una convicción absoluta, como si estuviera revelando un secreto que valía la pena guardar:
—Es una historia larga… pero al fin puedo decirlo con total seguridad: mi discípulo es realmente alguien único.
CONTINUARA…
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AUT: OLVIDADO

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Estás leyendo el capítulo 29 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.