Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Diez cortos pero largos años pasaron para Xuan Lie, quien crecía en el duro y caótico Planeta Ling Yue: un mundo donde la vegetación era escasa y el peligro acechaba en cada rincón, un lugar lleno de tumbas antiguas, civilizaciones perdidas y bestias que daban caza a los pocos capaces de protegerse a sí mismos.
El Abuelo Weng caminaba con paso apresurado y visiblemente inquieto, revisando cada rincón de los alrededores de la choza, llamando con voz fuerte y preocupada:
—¡Xuan Lie! ¿Dónde estás? ¡Xuan Lie!
Mientras tanto, en lo alto de una pequeña elevación rocosa que dominaba el lugar, se encontraba el joven, sentado en silencio con la mirada fija en el cielo oscuro y despejado. Sus ojos recorrían las pocas estrellas que brillaban tímidamente sobre Ling Yue, y en su mente, una pregunta antigua y dolorosa resonaba una y otra vez:
¿Dónde estoy realmente? ¿En qué rincón perdido del universo he venido a parar?
Suspiró levemente, apretando los puños con frustración contenida, mientras analizaba cada sensación en su interior.
He intentado una y otra vez aplicar los métodos de cultivo que dominaba en mi vida anterior, esas técnicas que me llevaron a la cima… pero aquí no logro ni el más mínimo avance. Es como si mi propio cuerpo rechazara el poder, o como si este mundo no lo permitiera. Este cuerpo frágil y mortal no ayuda; al contrario… es una cadena que me ata a la debilidad. ¿Será que todo está perdido?
Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de nada a su alrededor, hasta que la voz del abuelo llegó nuevamente a sus oídos, más cerca y aliviada:
—¡Xuan Lie! ¡Ahí estabas! Baja de ahí ahora mismo, es peligroso estar tan alto y distraído.
El joven dio un respiro, tomado por sorpresa al ser sacado de golpe de sus reflexiones profundas. Miró hacia abajo y vio al anciano con las manos en la cintura, una mezcla de enojo y alivio en su rostro.
Pero entonces, sucedió algo sorprendente. A pesar de sus preocupaciones, a pesar de la dureza de su realidad y la crueldad de aquel mundo… Xuan Lie esbozó una sonrisa amplia, serena y brillante, una sonrisa que parecía decir que nada de lo malo que lo rodeaba tenía importancia real para él. Bajó ágilmente, como si sus problemas y el mundo cruel fueran solo polvo que el viento podría llevarse lejos.
Más tarde, durante la cena, mientras compartían lo poco que tenían sobre la mesa —hierbas hervidas y un trozo pequeño de pan duro—, Xuan Lie miró atentamente al anciano y comenzó a interrogarlo con seriedad, queriendo comprender mejor el mundo en el que vivía.
—Abuelo… tú siempre dices que este es un mundo donde todo escasea, donde nada sobra y todo cuesta conseguirlo. Entonces… ¿somos tú y yo los únicos supervivientes de este lugar? ¿Qué pasó con las demás personas? ¿Dónde están? —preguntó con voz tranquila pero llena de curiosidad—. Y otra cosa… ¿qué clase de bestias hay en estas tierras? Nunca he visto ninguna más allá de los animales del bosque, pero sé que hay algo más…
El abuelo siguió comiendo con calma, saboreando cada bocado con gratitud, pero en sus ojos se encendió una mirada seria, profunda y cargada de experiencia: la mirada de alguien que ha visto demasiado. Dejó su cuchara suavemente sobre la mesa y respondió con voz pausada y grave:
—Xuan Lie… la vida aquí para los mortales es mucho más corta y frágil de lo que crees. Muchos nacen, sufren y mueren sin ver nada más allá de su propia aldea. La gente desaparece rápido: se consume con el trabajo o cae presa de los peligros… por eso parece que estamos solos, porque pocos logran sobrevivir mucho tiempo. —Hizo una pausa y suspiró mirando hacia la oscuridad de afuera—. Aun así, somos afortunados, créeme. Este rincón donde vivimos es de los pocos lo suficientemente seguros para estar tranquilos. Cuando tengas la edad suficiente y tu cuerpo aguante el viaje… te mostraré todo lo que hay allá afuera, mucho más allá del pequeño bosque que conoces. Hay tierras, ruinas, montañas y secretos que ni te imaginas.
Sonrió entonces, aligerando el tono, y le dio un golpecito amable en el hombro.
—Pero por ahora… terminemos de comer y descansemos. Necesitas dormir y crecer sano; si no te fortaleces, ¿cómo vas a defender a este pobre viejo cuando llegue el momento? ¡Jajajaja!
Xuan Lie se quedó mirándolo, con una pregunta aún flotando en la punta de la lengua, con curiosidad inmensa, pero decidió callar por el momento. Sin embargo, en su mirada profunda se reflejaba claramente que no había terminado de indagar, y que aquellas palabras se quedarían dando vueltas en su cabeza hasta hallar respuesta.
A la mañana siguiente, el sol pálido de Ling Yue apenas comenzaba a iluminar el paisaje desolado. Xuan Lie caminaba junto al Abuelo Weng, ayudándole a recoger ramas y maderos secos; sabían bien que era necesario guardar suficiente leña, pues el frío nocturno caía implacable sobre todo el planeta.
Mientras regresaban cargando lo recogido, Xuan Lie aprovechó el camino para preguntar lo que tanto le inquietaba. Por fin mencionó los nombres grabados en el amuleto que siempre colgaba de su cuello:
—Abuelo… ¿quiénes eran realmente Chen Mu y Su Qing? Los nombres que llevo aquí… eran mis padres, ¿verdad? ¿Qué les pasó? ¿Por qué estoy yo solo aquí contigo?
Al escuchar esto, el abuelo se detuvo en seco. Su rostro se llenó de una expresión pensativa y profunda, pero también de gran preocupación. ¿Qué decirle? ¿Cómo contarle la verdad sin herirlo demasiado? Soltó un suspiro largo y pesado, y miró a Xuan Lie con ojos llenos de ternura y tristeza.
—Xuan Lie… tus padres eran personas buenas, de buen corazón y alma noble —comenzó con voz suave pero seria—. Temo que, en uno de sus viajes lejanos buscando sustento, fueran atacados por las bestias que rondan estas tierras… ya sabes lo peligroso que es todo allá afuera. —Puso una mano cálida sobre su hombro—. No dejes que esto te entristezca demasiado, pequeño. Estoy seguro de que, donde estén, lo único que desean es que vivas en paz y te vuelvas alguien fuerte, capaz de protegerte a ti mismo.
Dicho esto, el abuelo enderezó la espalda y siguió caminando con paso firme, tratando de darle ejemplo de fortaleza.
Xuan Lie caminaba a su lado, con ganas de consolarlo, con una verdad atorada en la garganta: Abuelo, no sufras… he reencarnado, tengo recuerdos de otra vida, soy más fuerte de lo que crees…. Pero la duda lo detuvo: ¿cómo lo tomaría? Sonaba a locura absoluta. ¿Quién creería que un niño lleva dos vidas a sus espaldas?
Sumido en aquel dilema, caminaba en silencio cuando el abuelo volvió a hablar:
—Xuan Lie, escúchame bien —dijo con tono solemne—: La vida es así de dura y cruel en este mundo. Si quieres sobrevivir y no desaparecer como tantos otros… tendrás que convertirte en un buen guerrero: fuerte, decidido y valiente.
Xuan Lie inclinó la mirada hacia el suelo pedregoso. Entonces, una pequeña y misteriosa sonrisa se dibujó en sus labios, una sonrisa que hablaba de secretos y de voluntad de acero. Levantó la vista lentamente y clavó sus ojos oscuros en el anciano, respondiendo con voz firme, como sellando un pacto ante el cielo:
—Claro que sí, abuelo. Me volveré muy fuerte… y te protegeré a ti y a todo lo que es mío. Te lo prometo.
Y en lo más profundo de su ser, aquellas palabras no se dijeron solo: quedaron grabadas a fuego, eternamente, igual que la marca oculta en su frente.
Unos días después, mientras recorrían los senderos conocidos, el Abuelo Weng se detuvo de golpe, se giró hacia él y le miró con una chispa especial en los ojos.
—¿Estás listo? —preguntó con voz seria pero emocionada—. Hoy cazarás tu primera presa.
Xuan Lie abrió los ojos con sorpresa y alegría, sintiendo el corazón acelerarse. Enderezó la espalda, apretó con fuerza el pequeño arco que él mismo había ayudado a fabricar y respondió con firmeza:
—¡Estoy listo, abuelo! He esperado este momento.
El anciano lo miró con orgullo, una sonrisa amplia iluminando su rostro.
—¡Bien! Entonces busquemos a nuestra presa.
Comenzaron a adentrarse en lo poco que quedaba del viejo bosque, entre árboles retorcidos y hierbas secas. Caminaban en silencio, con pasos lentos y cuidadosos, cuando el abuelo lo detuvo poniéndole una mano en el hombro y señaló hacia la espesura.
Allí, pastando tranquila, había una criatura del tamaño de un conejo, pero de pelaje negro como la noche y patas de un rojo intenso. Lo más inquietante eran sus ojos: dos bolas rojas y brillantes, como si una fuerza oscura habitara dentro de ella.
El abuelo se acercó al oído y le susurró:
—Escucha bien. Eso no es un animal común… es una bestia, deformada por la energía extraña de este planeta. No es letal, pero su mordedura duele y deja marcas. Para acabar con ella rápido y seguro, debes dar justo en el centro de la frente: allí reside su esencia. ¿Crees que puedes hacerlo?
Xuan Lie miró fijamente a la criatura. No había miedo en su mirada, solo concentración y determinación. Asintió lentamente:
—Estoy preparado, abuelo.
—¡Adelante! Dispara —ordenó el anciano.
Xuan Lie tensó el arco con fuerza, respiró hondo y apuntó con precisión. Soltó la cuerda y la flecha voló veloz hacia la frente de la bestia… pero esta reaccionó con una velocidad aterradora, esquivando el proyectil, que se clavó en el tronco de un árbol cercano.
Xuan Lie se quedó inmóvil, sorprendido, mientras el abuelo soltaba una carcajada:
—¡Jajajaja! ¿Qué te creías? ¿Que sería tan fácil? —le dio unas palmadas en la espalda—. Las bestias de Ling Yue tienen instintos que superan a los del humano. Si fueran tan simples de cazar, ya no quedaría ninguna viva. Recoge tu flecha. Hoy te enseñaré cómo se caza y se sobrevive de verdad.
Mientras seguían caminando, el abuelo se detuvo nuevamente y señaló hacia unos arbustos:
—¡Hoy es nuestro día de suerte, Xuan Lie! Mira allá.
Otra bestia pastaba tranquila. Era un poco más grande y robusta que la anterior, y en su frente asomaba una pequeña punta ósea.
—¿Qué tiene de especial? —preguntó el joven.
—Ese pequeño cuerno vale mucho en el pueblo lejano —explicó el abuelo—. Lo usan herreros y curanderos. Pero es más rápido y astuto. Observa con atención.
El abuelo tomó su propio arco, viejo pero fuerte. Se deslizó entre la maleza sin hacer ruido, se detuvo, contuvo la respiración y calmó su corazón hasta que su presencia pareció desvanecerse. Ya no emanaba intención ni deseo; era tan quieto como una roca. En el momento justo, soltó la flecha: atravesó el aire sin ruido y se clavó profundamente en la frente de la bestia, que cayó muerta al instante.
Xuan Lie lo miró con asombro:
—¿Cómo es posible? Tanta fuerza y control a tu edad… eso no es algo que tenga un simple mortal, ¿verdad?
El abuelo rió mientras recogía la flecha y cargaba la presa:
—No hay misterio, pequeño. Es solo entrenamiento, control del cuerpo y años de práctica. Eso es todo. Recuerda: a veces, lo más simple y básico, llevado al límite, se vuelve tan poderoso como cualquier arte divino.
Comenzaron el camino de regreso mientras el sol se ocultaba tiñendo el cielo de tonos fríos.
—Basta por hoy —dijo el abuelo con satisfacción—. Llevémoslo a casa. Mañana traerá nuevas cosas que conocer, peligros que enfrentar y conocimientos que aprender. Ya verás… esto apenas está empezando.
Continuará
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Estás leyendo el capítulo 3 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 5 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.