arrow_back

Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 28 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—Ha… ha… ha… ¡HAHAHA! La profunda y resonante risa del Patriarca Lan llenó todo el gran salón. Era una risa cargada de alivio, emoción y una esperanza que creía perdida desde hacía mucho tiempo. —¡Sí! ¡Esto es exactamente lo que estaba buscando! Alguien capaz... alguien que no solo aprenda, sino que comprenda. Lan Guanyi y Shen Haotian intercambiaron una mirada de sorpresa. Hacía siglos que no escuchaban a su líder reír con tanta libertad y satisfacción. Aquella noticia sobre el humano había despertado algo muy profundo en él, algo que ni siquiera ellos habían imaginado. Poco a poco, el Patriarca recuperó la compostura. Se aclaró la garganta con una leve tos y volvió a adoptar su porte majestuoso, aunque el brillo de sus ojos seguía delatando su entusiasmo. —Bien... Caminó lentamente hacia la enorme ventana que dominaba el salón. —Esta es una excelente noticia. Quizás la mejor que hemos recibido en décadas. Levantó la vista hacia las alturas del recinto, como si intentara observar algo que se encontraba más allá de aquellas paredes. —Todas las piezas están comenzando a encajar. Su voz se volvió firme. —El plan avanza mucho más rápido de lo que esperaba. Y el tiempo... el tiempo jamás se detiene. Esos dos años que aún tenemos por delante pasarán como un suspiro. Antes de que nos demos cuenta, la gran expedición habrá comenzado. El ambiente se volvió pesado. Todos comprendían la importancia de esas palabras. Aquella expedición no era simplemente una misión. Era la oportunidad de supervivencia de toda una raza. Shen Haotian dio un paso al frente. Se inclinó respetuosamente y habló con cautela. —Patriarca... me atrevo a formular una pregunta, aunque sé que es delicada. Lan guardó silencio, permitiéndole continuar. —¿Estamos realmente dispuestos a colocar una responsabilidad tan inmensa sobre los hombros de alguien que apenas comienza su camino? Hizo una breve pausa. —¿Confiamos de verdad en que él sea quien porte y proteja el legado de nuestros antiguos herreros? Su mirada permaneció fija sobre el Patriarca. —¿Es prudente... o siquiera justo... que un humano de apenas catorce años cargue con el peso de lo que nuestros ancestros protegieron con sus vidas durante incontables eras? El Patriarca suspiró suavemente. Sin embargo, una sonrisa tranquila apareció en sus labios. Era la sonrisa de alguien que ya había tomado una decisión. —Desde el mismo día en que permití que ese humano viviera entre nosotros, esa carga ya cayó sobre sus hombros. Su voz se volvió más profunda. —Y no la lleva solo. Dio un paso al frente. —Yo también comparto esa responsabilidad. Porque fui yo quien aceptó la promesa realizada aquel día: la promesa de aprender, comprender y preservar el legado del último gran herrero de nuestra raza. La firmeza de sus palabras disipó cualquier duda. —Por eso no quiero escuchar más temores ni preocupaciones innecesarias. Su mirada recorrió el salón. —Haced correr la voz. —Informad a todos los clanes. A todos los guardianes. A cada miembro de nuestra raza. —Que sepan que el plan avanza exactamente como fue concebido. Hizo una breve pausa. —Y más rápido de lo que nos habíamos atrevido a esperar. Volvió la vista hacia el horizonte. Su voz descendió hasta convertirse casi en una reflexión. —Porque este humano... este joven llamado Xuan Lie... me está mostrando algo que creía perdido hace mucho tiempo. Sus ojos se afilaron. —Una salida. El silencio reinó durante varios segundos. —Y pienso aprovecharla. Su tono se volvió absoluto. —No importa si se trata de una coincidencia... o si es el propio destino moviendo sus piezas. —Tomaré esta oportunidad. —Porque podría ser la única que tengamos para asegurar la supervivencia... y quizás incluso el renacimiento... de toda nuestra raza. —Como ordene, Patriarca. Shen Haotian se inclinó profundamente y abandonó el salón en silencio. Solo Lan Guanyi permaneció allí. Inmóvil. Pensativo. Analizando cada palabra pronunciada. El Patriarca regresó lentamente a su asiento y tomó nuevamente los antiguos pergaminos que había estado estudiando. Sin levantar la vista, habló con tranquilidad. —Lan... —Has permanecido a mi lado durante más tiempo que cualquier otro. Pasó una página. —Probablemente seas quien mejor comprende mis pensamientos. Finalmente levantó la mirada. —Así que dime lo que realmente piensas. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. —Y procura que no sean dudas vacías ni temores sin fundamento. Lan Guanyi soltó un suspiro. Sabía perfectamente que no podía ocultar nada frente a él. Después de todo, aquel hombre lo había visto crecer y fortalecerse a lo largo de incontables años. —Hm... me conoce demasiado bien, Patriarca. Una leve sonrisa apareció en su rostro. —Pero le aseguro que no se trata de miedos ni de dudas. Su mirada se volvió distante. —Es curiosidad. —Una curiosidad que no había sentido en mucho tiempo. —¿Curiosidad? El Patriarca arqueó una ceja. —Eso sí es raro, Lan Guanyi. Dejó los pergaminos a un lado. —Muy raro. Lo observó fijamente. —Has visto pasar eras enteras. Has conocido seres cuya fuerza desafía toda lógica. Has observado el nacimiento y la caída de innumerables civilizaciones. Una sonrisa divertida apareció en sus labios. —Y aun así, muy pocas cosas han conseguido despertar tu interés. Hizo una pausa. —Por eso me resulta tan extraño verte interesado... Sus ojos brillaron ligeramente. —Y más aún por un humano. —No lo sé… simplemente es curiosidad —replicó Lan Guanyi, con la mirada perdida en sus propios recuerdos—. Que yo recuerde, en toda la historia de nuestra raza, nunca antes habíamos permitido que un humano caminara entre nosotros, que viviera bajo nuestro techo y que aprendiera lo que nos pertenece. Jamás había ocurrido algo así. El patriarca sonrió levemente, volvió a posar la vista en el pergamino que tenía entre las manos y respondió con calma: —¿Es así? Bueno… entonces dejemos que esa curiosidad se responda por sí sola. No nos adelantemos a los hechos. Seamos simples espectadores durante estos dos años que quedan. Veremos de qué es capaz este humano, sobre todo ahora que ya ha formado por completo las bases de un verdadero herrero. El tiempo nos dará todas las respuestas. Lan Guanyi asintió despacio, y una pequeña sonrisa de expectación apareció en su rostro curtido por los años. —Tienes razón. Así suena mucho más interesante. Ya veremos qué pasa… si realmente está a la altura de lo que imaginas. Bien, no te quito más tiempo… me retiro. —Está bien —respondió el patriarca sin levantar la vista—. Nos veremos luego. —Que así sea, patriarca —dijo Lan Guanyi. Se inclinó con profundo respeto, dio media vuelta y abandonó el gran salón, cerrando las puertas tras de sí. El silencio volvió a llenar el espacio inmenso. El líder de la raza Shen Lan se quedó solo una vez más, leyendo con atención aquellos textos antiguos que guardaban la sabiduría de sus ancestros. Pero en un momento, detuvo la lectura, levantó la cabeza y miró hacia la puerta por donde se había marchado su viejo amigo. Una sonrisa enigmática y llena de esperanza se dibujó en sus labios, como si ya pudiera ver, mucho más allá del tiempo, todo lo grande que estaba por llegar. Se quedó allí, inmóvil, esperando con paciencia todo lo que el destino tenía preparado para el futuro. La noticia se propagó rápidamente por todo el santuario Shen Lan. En apenas unas horas recorrió cada rincón del territorio, llegando a los últimos veintinueve miembros que aún mantenían viva la herencia de la raza. Incluso alcanzó los oídos de Shen Zhen, quien llevaba largo tiempo cultivando a puerta cerrada, aislado de todo contacto exterior. Todos recibieron la misma noticia. Había nacido un nuevo herrero. Alguien capaz de comprender un legado que muchos creían destinado a desaparecer. Y lo más impactante de todo era que aquel herrero no pertenecía a la raza Shen Lan. Era un humano. Era Xuan Lie, a quien todos habían visto llegar y a quien casi todos habían subestimado. Junto con la noticia, también se supo lo demás: que los planes antiguos, esos que el patriarca guardaba en silencio desde hacía años, ya estaban en marcha. Que todo avanzaba según lo previsto, y que el tiempo de esperar había terminado. Desde diferentes lugares, desde las torres más altas hasta los salones más profundos, cada uno de esos veintinueve seres dejó escapar palabras que mezclaban la curiosidad más profunda con una sorpresa que los dejaba atónitos: —Vaya… al fin ha llegado este momento. —¡Jajajaja! Esto sí que es realmente interesante. Nunca habría imaginado que sucedería así. —¿Un humano? ¿En verdad es un humano quien ha despertado este legado? —¿Quién lo diría? El muchacho que todos creían débil y sin futuro… resulta ser la pieza clave que faltaba. —Entonces… si todo está listo y el camino está abierto… que comience la carrera final. Y en cada una de esas voces, en cada uno de esos comentarios, se sentía el peso del destino. Sabían que nada volvería a ser igual, que el reloj ya no se detendría y que el futuro de su raza, para bien o para mal, ahora estaba irremediablemente ligado a los pasos de ese joven que apenas comenzaba a caminar. Mientras caminaban despacio por las calles antiguas del santuario, entre edificios altos y caminos de piedra desgastada por el tiempo, el anciano rompió el silencio con una pregunta que llevaba tiempo rondando su mente: —Xuan Lie… dime, con lo poco que has visto, con lo que has escuchado y sentido… ¿qué opinión te ha formado de nuestra raza? El joven caminaba a su lado, mirando todo con atención, guardando cada detalle en su memoria. No dudó ni un instante, y respondió con voz sincera y clara: —Creo que es una verdadera raza fuerte. Aunque sé que su extinción está en juego, aunque el peligro los acecha… he visto que muchos de ustedes todavía sonríen. He visto que no han perdido la esperanza en el futuro, y sobre todo, que tienen una fe absoluta en su líder, en quien los guía. Son fuertes, son decididos, y hay una dignidad en cada uno que no se rompe ni ante la desgracia. Esas palabras quedaron flotando en el aire, sencillas pero cargadas de verdad. El anciano no agregó nada más, no corrigió ni explicó nada. Simplemente asintió levemente con la cabeza y siguieron caminando. A su alrededor, el ambiente hablaba por sí mismo. Veían grupos que reían tranquilamente en las plazas, ancianos que conversaban recordando viejos tiempos, niños que corrían y jugaban sin saber el peso que cargaba su pueblo. Eran momentos simples, sonrisas espontáneas, charlas animadas… escenas que, aunque normales para cualquiera, para ellos eran la prueba de que seguían vivos, de que seguían siendo ellos mismos. El silencio entre ambos dijo mucho más que cualquier explicación larga. Xuan Lie observaba todo aquello y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Comprendió entonces lo que estaba viendo: el brillo de una raza que, al borde de desaparecer, se negaba a apagarse. Una luz hermosa y resistente, que luchaba por seguir encendida contra todo lo que el mundo les pusiera enfrente. Ya de regreso, cuando se acercaban al sector donde se alojaba Xuan Lie, el anciano se detuvo un instante y se volvió hacia él con esa alegría sencilla que siempre lo caracterizaba. —Bien, antes de que vuelvas a tu habitación, te contaré lo que faltaba sobre esa piedra blanca… o mejor dicho, sobre la piedra de los pobres —dijo, y soltó una carcajada fuerte y sonora, divertido por su propia forma de llamarla. Xuan Lie caminaba a su lado, mirándolo con atención, y en su mente solo pasaban pensamientos sinceros: «El maestro… es alguien verdaderamente bueno. Más allá de todo lo que sabe, más allá de su habilidad, tiene un corazón noble. Es, sin duda, un gran herrero, tanto en sus manos como en su forma de ser». El anciano se fue calmando poco a poco, se aclaró la garganta y continuó con la explicación, ahora con voz seria y clara: —Bien, y ahora te diré de dónde salen y cómo se obtienen. Estas piedras se extraen principalmente de las bestias más débiles, esas que habitan en las zonas seguras, en los alrededores de las aldeas, cerca de ruinas antiguas o en territorios cercanos a los nuestros. También se encuentran fácilmente en la superficie de muchas minas; allí aparecen como si fueran materiales desechados, cosas sin valor que cualquiera puede recoger. Por eso son tan comunes: cualquier persona, cualquier raza que esté dispuesta a arriesgarse un poco, puede salir y conseguirlas. No requiere gran fuerza, ni gran sabiduría, solo el valor de salir a buscarlas. —Bien, nos vemos mañana en la herrería. Allí revisaremos todo y hablaremos a fondo sobre la segunda etapa. Descansa bien, duerme lo suficiente, porque mañana te esperan nuevas enseñanzas y mucho trabajo. Xuan Lie se inclinó con respeto, con la mano sobre su pecho. —Como usted diga, maestro. Allí nos veremos mañana sin falta. El anciano sonrió satisfecho, metió la mano en su bolsa y sacó una piedra blanca, pequeña pero brillante, y se la entregó directamente en la palma de su mano. —Toma. Es tu ganancia por haber fabricado tu primera obra. Más adelante, cuando entiendas mejor el sistema, te explicaré detalladamente cuál es el verdadero valor de cada una de tus creaciones y cómo se calcula. —Entendido, maestro. Muchas gracias —respondió el joven, cerrando los dedos sobre aquella piedra, su primer fruto ganado con su propio esfuerzo. Xuan Lie observó la piedra blanca durante varios segundos. Era pequeña. Sencilla. A simple vista parecía algo común. Pero para él tenía un significado completamente distinto. Era la primera recompensa obtenida gracias a su propio esfuerzo. La primera prueba tangible de que todo el tiempo pasado frente al fuego, el yunque y el martillo había dado resultados. Por primera vez desde que llegó a este mundo, sostenía algo que había ganado con sus propias manos. El anciano asintió, dio media vuelta y se alejó caminando despacio, dejándolo justo frente a la puerta de su habitación. Xuan Lie entró, cerró la puerta tras de sí y se dejó caer pesadamente sobre la silla que había junto a la ventana. Miró hacia afuera, hacia las luces lejanas del gran santuario, y sus ojos se sentían pesados por el cansancio acumulado de horas y horas bajo el fuego y el martillo. Suspiró bajito, con voz apenas audible: —Ha sido un día muy largo… tantas cosas aprendidas, tantas verdades vistas… Mañana… mañana será otro día… y comenzará algo nuevo. No tuvo fuerzas para más. Se recostó un poco en la silla, los párpados se le cerraron de golpe y, antes de darse cuenta, cayó profundamente dormido, con la mano aún cerrada sobre su primera ganancia y la mente llena de todo lo que estaba por venir. Xuan Lie abrió los ojos despacio, y lo primero que vio fue la luz dorada del amanecer llenando su habitación. Era algo extraño, porque muy pocas veces los rayos del sol lograban atravesar los altos muros del santuario hasta llegar allí, pero esa mañana brillaban con fuerza, cayendo directamente sobre su rostro como una caricia tibia. Suspiró profundamente, estirando el cuerpo para deshacerse del cansancio que aún quedaba en sus huesos. —Vaya… ni siquiera logré tener recuerdos ni sueños sobre mi pasado —murmuró con voz suave, mirando hacia la luz—. Ha sido un sueño vacío… pero aquí estamos de nuevo. Es un nuevo amanecer. Se levantó con decisión, se lavó el rostro con agua fresca para despertar por completo y, sin perder tiempo, salió caminando hacia la herrería. El aire de la mañana era limpio y fresco, y cada paso que daba se sentía más firme, más seguro que el día anterior. Al llegar frente a la gran puerta de madera y hierro, tocó suavemente con los nudillos y preguntó con respeto: —¿Maestro? ¿Está ahí? Desde el interior, una voz tranquila y serena le respondió al instante, como si ya lo estuviera esperando desde hacía rato: —Solo pasa, está abierto. Xuan Lie empujó la puerta y entró. El calor habitual ya se sentía en el aire, y el olor a metal y fuego le resultaba ahora familiar, casi como un hogar. —Ya estoy aquí, maestro —dijo, parándose derecho frente a él. El anciano, que estaba limpiando unas herramientas viejas, levantó la vista y le dedicó una sonrisa satisfecha. —Sí, ya veo. Llegaste puntual y con la mente despejada. Bien, toma asiento. Hoy no solo practicaremos golpes… hoy aprenderás lo que separa a un simple hacedor de un verdadero maestro. Se sentó frente a él, apoyó las manos sobre la mesa y dijo despacio, marcando cada palabra como si grabara fuego en la memoria del joven: El anciano apoyó ambas manos sobre la mesa y observó fijamente a Xuan Lie. Una leve sonrisa apareció en su rostro. —Bien, Xuan Lie... —La primera etapa ha terminado. El joven enderezó la espalda. El ambiente se volvió serio. —Y desde hoy comenzaremos con la segunda. Hizo una breve pausa. —La etapa que separa a quienes saben golpear metal de quienes realmente pueden darle forma a una obra digna de perdurar. Sus ojos brillaron con intensidad. —Escúchame bien. —La segunda etapa recibe el nombre de... GRACIA DEL TRAZO EXACTO. CONTINUARÁ… © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)

Continúa leyendo

EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)

Capítulo 29

Siguiente Capítulo ›

EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 28

Estás leyendo el capítulo 28 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.