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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 27 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Su respiración salía entrecortada y pesada, cargada por el esfuerzo de incontables horas bajo el calor abrasador de la fragua. —Ha... ha... haaa... Cada exhalación parecía arrancarle el aire de los pulmones para volver a llenarlos con desesperación. Allí estaba Xuan Lie, de pie frente al yunque, empapado en sudor, con la mirada fija en lo que tenía delante. Parecía ajeno a todo lo que lo rodeaba. El ruido de la herrería, el calor de las llamas e incluso la presencia de su maestro habían desaparecido para él. Solo existía aquella daga. Poco a poco, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Era una sonrisa sencilla, pero llena de orgullo. Y entonces, incapaz de contenerse más, alzó la voz. —¡SÍ! ¡SÍ! ¡HE CREADO ALGO DE VERDAD! Su grito resonó por toda la herrería. El anciano lo observó con satisfacción. Durante un instante no dijo nada. Se limitó a contemplar a su discípulo, respetando aquel momento que solo podía vivirse una vez. Finalmente, se acercó y preguntó con voz profunda: —Dime, Xuan Lie... ¿qué se siente? El joven levantó la vista. —¿Qué se siente al crear algo que antes no existía? ¿Qué se siente al saber que, desde este instante, eres un herrero? Xuan Lie tomó la daga con cuidado. La sostuvo frente a sus ojos y recorrió cada detalle de su superficie. Cada línea. Cada curva. Cada marca dejada por sus propias manos. Era la primera vez que contemplaba algo nacido únicamente de su esfuerzo. Su voz salió baja, sincera. —No sé cómo explicarlo, maestro... Hizo una breve pausa. —Nunca había creado nada con mis propias manos. Nunca había dado forma a algo tan real. Sus dedos recorrieron el metal. —Pero crear algo... traer algo al mundo que antes no existía... se siente diferente. Alzó lentamente la daga. —Es como si una parte de mí hubiera quedado dentro de este hierro. Sus ojos brillaron. —He creado mi primera arma... y ahora entiendo por qué dicen que un herrero no solo forja objetos. Miró nuevamente la daga. —También forja historias. El anciano sonrió. Aquella respuesta era mucho mejor de lo que había esperado. —Bien. Asintió con satisfacción. —Entonces es hora de descansar. Se cruzó de brazos. —Solo quedan unos días para que se cumpla el primer año desde tu llegada. Has trabajado suficiente por hoy. Vamos a comer algo. Pero Xuan Lie apenas parecía escucharlo. Continuaba observando la daga. La giraba lentamente entre sus dedos, contemplando cómo la luz danzaba sobre el metal recién pulido. Para cualquiera habría sido una simple arma. Para él era algo mucho más importante. Era la prueba tangible de todo lo que había aprendido. Era el resultado de meses de esfuerzo. Era la confirmación de que estaba avanzando. El anciano soltó una pequeña risa. —Ya fue suficiente, muchacho. Esta vez su voz fue más firme. —La daga no va a escapar. Xuan Lie parpadeó varias veces antes de volver a la realidad. —Ah... sí, maestro. El anciano negó con la cabeza, divertido. —Ahora sí pareces un verdadero herrero. Xuan Lie sonrió. —Supongo que sí. Y así abandonaron la herrería. Mientras caminaban por los antiguos pasillos de piedra, el anciano comenzó a hablar con tranquilidad. —Creo que durante todo este tiempo apenas has conocido algo más que tu habitación, el gran salón y la herrería. Xuan Lie asintió. Era verdad. Desde que había llegado, todo su tiempo había estado dedicado a entrenar, recuperarse y aprender. —Hoy será diferente. El anciano señaló hacia adelante. —Quiero mostrarte un poco más de nuestro hogar. Su mirada se volvió distante por un instante. —Lo poco que queda de nuestra raza... y todo aquello que aún seguimos protegiendo. Xuan Lie escuchó aquellas palabras con atención. Guardó cuidadosamente la daga entre sus pertenencias, como si se tratara del tesoro más valioso del mundo. Y para él lo era. —Será un honor verlo, maestro. El anciano asintió. Continuaron caminando durante algunos segundos en silencio. Entonces preguntó: —Antes de seguir... dime algo. Volvió ligeramente la cabeza. —¿Sabes cómo funciona el sistema monetario de este mundo? Xuan Lie se quedó inmóvil. La pregunta lo tomó completamente desprevenido. Mientras caminaba, comenzó a reflexionar. «Es cierto...» Hasta ese momento apenas había pensado en ello. Aquel mundo era brutal. La fuerza y la supervivencia parecían gobernarlo todo. Sin embargo, incluso en un lugar así debía existir alguna forma de comercio. Alguna forma de intercambio. Algún sistema que permitiera mover recursos y riquezas. Tan absorto quedó en sus pensamientos que ni siquiera escuchó cuando el anciano volvió a hablar. —Oye... Xuan Lie... El joven reaccionó de golpe. —¿Sí, maestro? El anciano soltó una pequeña carcajada. —Estás completamente perdido. Xuan Lie sonrió con cierta vergüenza. —Un poco... —Más que un poco. El anciano negó con la cabeza. —Parece que en los lugares donde creciste solo te enseñaron a sobrevivir. Hizo una pausa. —Y viendo tu reacción, está claro que tampoco sabes nada sobre economía, comercio o dinero. Xuan Lie no intentó negarlo. —No. —Lo imaginaba. El anciano continuó caminando. —No te preocupes. Es algo que debes aprender tarde o temprano. Una leve sonrisa apareció en su rostro. —Después de todo, un herrero que no entiende el valor de lo que crea está condenado a ser explotado por quienes sí lo entienden. Xuan Lie sintió curiosidad al instante. Y sin darse cuenta, comenzó a caminar más rápido para colocarse junto a su maestro. Porque una vez más, estaba a punto de descubrir algo nuevo sobre aquel inmenso mundo. —Bien, Xuan Lie —comenzó el anciano con voz pausada, mientras caminaban por los pasillos—, en este mundo existe algo que rige todo intercambio, todo comercio y todo valor: lo llamamos el SISTEMA DE PIEDRAS DE LING-YUE. Hizo una pequeña pausa, levantó la mano y extendió los dedos para explicarlo con claridad: —Existen varios tipos de piedras Ling-Yue. La mayoría conoce siete categorías, aunque muy pocos han visto realmente las más altas. La realidad es que muy pocos son capaces de reconocer, poseer o siquiera imaginar el valor de las piedras de mayor calidad. Cuanto más alto es el número, más pura es la energía que contienen y más valiosa se vuelve. Pero empecemos por lo que todos conocen, lo más básico: está la piedra blanca, o como la llaman muchos con cierta burla y mucha verdad: la piedra de los pobres. Xuan Lie ladeó la cabeza, sus ojos llenos de confusión y curiosidad, y preguntó con voz suave: —¿De los pobres?… El anciano soltó una carcajada fuerte y resonante, una risa sincera que llevaba tiempo guardando, y asintió con energía: —¡Jajajajaja! ¡Exacto! Se le dice así porque es la que todos conocen, la que usan la gran mayoría… y también porque muchísimos seres en este mundo, en toda su vida, no llegan a conocer, ni a ver, ni a usar nada que sea superior a esa piedra blanca. Se pasan la existencia entera moviéndose solo con eso. Se limpió una lágrima de risa que le había salido, pero luego su mirada se volvió más profunda y seria, cargada de la crudeza de la realidad: —Es que… es realmente difícil vivir en este mundo, Xuan Lie. No te asombres ni te confundas por cosas como esta. La riqueza, el conocimiento y el poder están en muy pocas manos. Para el resto, la vida es solo sobrevivir con lo mínimo. ¡Jajajaja! —Bien, te explicaré detalladamente sobre ella, sobre la piedra blanca. Observa con atención su forma… Dicho esto, el anciano metió la mano en una pequeña bolsa de cuero que llevaba al cinturón y sacó una piedra. Era de color blanco puro, con una forma extraña: tenía pequeñas fisuras naturales y puntas irregulares que le daban el aspecto de una estrella de cristal opaco. En su interior se podían ver infinidad de minúsculas partículas brillantes, como si guardara un polvo de luz atrapado en su estructura. —Observa bien. Tómala —le dijo, extendiéndola hacia él. Xuan Lie la tomó con delicadeza entre sus dedos. La miró con detenimiento, girándola de un lado a otro bajo la luz. —Es translúcida… tiene un brillo muy tenue, casi imperceptible —comentó con curiosidad—. Y al tacto se siente fría, pero a la vez muy ligera, como si apenas tuviera peso. El anciano asintió, guardando de nuevo la piedra mientras continuaba con su explicación: —Exacto. Esa es la característica de lo más común y sencillo que existe entre todas las piedras conocidas. Es la base de todo, lo que mueve la vida de la mayoría. Más adelante ya te diré dónde y cómo se obtienen, porque eso también es parte del conocimiento que debes tener para sobrevivir y progresar. —En cuanto a su valor —continuó el anciano, caminando despacio mientras le iba desgranando cada detalle—, es la moneda base de todo el sistema. Diez de estas piedras equivalen a una de calidad superior, pero no te adelantes, eso te lo explicaré más adelante con calma. Hizo una pausa, miró al joven a los ojos y siguió explicando para que no quedara nada al azar: —¿Para qué sirve? De todo, muchacho. Es lo que mueve la supervivencia diaria: la comida, el agua, lo básico para vivir. Es con lo que se hace todo el comercio cotidiano, con lo que se pagan los impuestos más bajos que se cobran en cualquier lugar. Incluso tienen otros usos: si se funden, se pueden formar adornos sencillos o transformarse en materiales básicos para fabricar herramientas o objetos simples. ¿Lo entiendes ahora? Xuan Lie caminaba a su lado, con la cabeza baja, el ceño fruncido y la mente trabajando a toda velocidad, guardando cada dato, cada palabra, comparándolo con lo que había vivido hasta ahora y con la crudeza del mundo que conocía. Al escuchar la pregunta, alzó la vista y respondió con sinceridad: —Entiendo, maestro… entiendo la función y el valor que tienen. Pero… aun así, todavía me quedan algunas dudas rondando en la cabeza. —Sí, ya lo sé, noto que todavía te quedan muchas preguntas sin respuesta —dijo el anciano con calma, dándole una palmadita suave en la espalda—. Pero no te preocupes, vayamos primero por algo de comer, con el estómago lleno y la mente descansada te explicaré todo con detalle, sin prisas. Caminaron hasta llegar a una construcción imponente: la gran mansión del Santuario Shen Lan. Era un lugar hermoso, de arquitectura antigua y majestuosa, con columnas altas y grabados que contaban historias de tiempos pasados. Al entrar en el comedor principal, el ambiente cambió de inmediato. Allí dentro solo había miembros de la raza Shen Lan, todos con esa presencia digna y orgullosa que los caracterizaba. En el momento en que el anciano y Xuan Lie cruzaron la puerta, el murmullo que antes llenaba el salón bajó de volumen, y docenas de ojos se posaron sobre ellos. Mientras se dirigían hacia una mesa para acomodarse, los susurros comenzaron a correr entre los presentes, lo suficientemente bajos para parecer discretos, pero lo bastante claros para que Xuan Lie pudiera escuchar cada palabra: —Ese no es… ¿verdad? —decía uno, mirando de reojo—. ¿Es ese el frágil mortal que intenta aprender el arte de la herrería? —Sí, es él… —respondía otro con tono de burla y desdén—. Ya casi se cumple el primer año desde que llegó… y sin embargo, no he escuchado ni una sola noticia, ni el menor avance sobre su aprendizaje. Seguro que solo pierde el tiempo y el maestro le tiene lástima. —¿Qué podría lograr una raza tan débil como la suya? Es imposible que comprenda nuestros secretos… El anciano, que escuchaba todo perfectamente, no se inmutó en lo absoluto. Se sentó con tranquilidad, y cuando Xuan Lie estuvo a su lado, se inclinó hacia él y le habló en voz muy baja, con seriedad y firmeza: —Esto que ves aquí, muchacho… lo verás en cualquier lugar, sin importar la raza, el lugar o el poder que tengan. Siempre habrá quienes juzguen, quienes duden y quienes miren por encima del hombro. Así que escúchame bien: si quieres ganar un lugar bajo este cielo, si quieres respeto, reconocimiento y que nadie se atreva a tratarte como inferior… tendrás que ganártelo a fuerza de voluntad y trabajo. Tendrás que volverte más fuerte que todos ellos. Xuan Lie se sentó recto, con la espalda erguida y la mirada tranquila, sin rastro de rabia ni de incomodidad. Miró a su alrededor, vio esas caras llenas de desprecio, y luego volvió la vista hacia su maestro, respondiendo con total calma y determinación: —Está bien, maestro. No me molestan los rumores, ni las malas palabras, ni los comentarios que hablan sin saber. Que digan lo que quieran… al final, la verdad y la fuerza son las únicas cosas que callan las bocas. El anciano lo miró con verdadera sorpresa, abriendo ligeramente los ojos. No esperaba esa respuesta, ni esa madurez en alguien tan joven y de una raza que todos consideraban inferior. Asintió despacio, con un brillo de aprobación en su mirada, y dijo con voz grave: —Es cierto… Solo los resultados y la fuerza tienen el poder de cambiar la opinión de los demás. Me alegra ver que lo entiendes tan bien. En ese momento, se acercó el dueño del lugar, un miembro de la raza Shen Lan de aspecto robusto y porte serio, que los miró con cortesía, aunque sin ocultar cierta indiferencia al posar la vista sobre Xuan Lie. —¿Qué se les ofrece, estimado anciano herrero? —preguntó con tono respetuoso, pero dirigiéndose únicamente a su maestro. —Trae comida para los dos, lo que se acostumbra aquí —respondió el anciano con tranquilidad—. Muchas gracias. Y sin esperar más, metió la mano en su bolsa, sacó dos piedras blancas y las puso sobre la mesa, pagando antes de que siquiera trajeran los platos. —En un momento les traigo su orden —dijo el dueño, tomando las piedras y retirándose con paso lento. Xuan Lie observó todo con atención, y en cuanto el otro se alejó, inclinó la cabeza hacia su maestro y preguntó con curiosidad sincera, sin rastro de ofensa: —Maestro… ¿por qué paga antes de recibir la comida? En el lugar de donde vengo, siempre se paga una vez que se ha comido y se está satisfecho. El anciano suspiró suavemente, mirando hacia donde había desaparecido el dueño, y le respondió en voz baja, con crudeza pero con paciencia, explicándole la realidad tal como era: —Lo hice por ti, Xuan Lie. Verás… ellos confían en mí. Me conocen, saben quién soy, saben que mi palabra vale más que cualquier tesoro. Pero en cambio… no confían en ti. Para ellos, tú sigues siendo solo un humano, un forastero de una raza que consideran débil y problemática. Creen que podrías causar problemas, o que gente de tu especie podría negarse a pagar, o simplemente que no valen nada su palabra ni su compromiso. Puso una mano sobre el hombro del joven y le miró a los ojos, repitiendo lo que ya le había enseñado antes: —No le tomes importancia. Es la forma en que funciona este mundo, y la opinión que tienen de ti hoy no es más que una sombra que tú mismo borrarás con el tiempo. Ahora solo esperemos la comida, disfrutémosla y descansa… que en los siguientes dias, cuando se cumpla este primer año, todo será distinto. En otra parte de gran santuario, dentro del gran salón principal, el líder Lan se hallaba sentado en silencio frente a una mesa de piedra cargada de pergaminos y textos antiguos. Sus ojos recorrían con avidez aquellas palabras escritas hacía siglos, y una mezcla de admiración y tristeza se reflejaba en su rostro. —Vaya… es sorprendente —murmuró para sí mismo, dejando escapar un suspiro cargado de significado—. Nuestros ancestros… quizás realmente fueron genios incomparables. Seres que poseían sabiduría y talento capaces de cambiar el curso de las cosas… y sin embargo, fueron silenciados por este mundo cruel y despiadado. Qué realidad tan dura es esta, donde solo los más fuertes logran sobrevivir, y donde la grandeza muchas veces termina sepultada bajo el peso de la ley del más fuerte… En ese momento, dos voces profundas y respetuosas se escucharon desde el otro lado de la puerta maciza de madera y hierro que cerraba el salón. —¡Patriarca! Estamos aquí para hablar con usted. El líder Lan no se movió, ni siquiera apartó la vista del texto que tenía entre manos. Su voz sonó serena pero firme, atravesando la puerta sin esfuerzo: —Si no se trata de algo urgente o vital, no hay necesidad de interrumpir ni de mantener una charla ahora. Uno de los que esperaban fuera volvió a hablar, y esta vez su tono era más grave, cargado de seriedad: —Patriarca, esta noticia es de gran importancia… y lo es mucho más si tenemos en cuenta de quién se trata. Se trata del humano. Al escuchar esas palabras, el líder Lan detuvo por completo lo que hacía. Levantó la vista hacia la puerta cerrada, y un brillo de interés apareció en sus ojos. —¿Oh… es así? —respondió con calma, pero con una atención renovada—. Entonces pasen. Entren y díganme… ¿qué tan urgente es lo que traen, para exigir audiencia de esta manera? Las puertas se abrieron lentamente. Entraron dos figuras inmensas, de porte majestuoso y cuerpos marcados por incontables años de vida y experiencia. Eran dos de los pilares más antiguos y respetados de toda la raza Shen Lan. Al frente caminaba Lan Guanyi, el más viejo de entre toda la élite. Un ser cuya mirada podía ver mucho más allá de lo que los ojos comunes percibían; él era capaz de leer las huellas, las marcas y los rastros invisibles que dejaban las acciones pasadas y las energías antiguas en el aire y en la tierra. Era el más cercano al líder, el único cuya sabiduría y poder casi le seguían el paso, su mano derecha en todo asunto importante. A su lado venía Shen Haotian, el más anciano de todo el consejo de ancianos. Su talento innato no era el más alto, pero su experiencia acumulada a lo largo de eras era inmensa, casi infinita. Él poseía el don de ver cómo fluía la energía del cielo y la tierra, de percibir las corrientes invisibles de la suerte, el destino… y también de la desgracia. Ambos se detuvieron frente al líder, inclinando la cabeza con el respeto que se le debía a quien guiaba su pueblo. —Bien —dijo el patriarca Lan, señalando con la mano para que se acomodaran, aunque su mirada ya estaba fija en ellos, esperando—. Hablen. ¿Cuál es esa noticia tan importante que traen hasta aquí? Hubo una pequeña pausa. Lan Guanyi tosió suavemente, señalando con respeto a su compañero: —De hecho, líder… fue Shen Haotian quien me dio la noticia y me pidió que lo acompañara. Él es quien la descubrió. —¿Es así? —el patriarca volvió su atención completamente hacia el anciano de cabellos blancos como la nieve. Shen Haotian dio un paso al frente, se inclinó un poco más y, con una voz que temblaba ligeramente por la magnitud de lo que iba a decir, anunció con claridad absoluta: —Líder… la noticia es esta: HA NACIDO UN NUEVO HERRERO. Alguien que ha logrado comprender y aprender nuestro antiguo oficio, y ha superado con éxito la primera etapa de su enseñanza… —hizo una pausa breve, y luego soltó el nombre que resonó como un trueno en el salón—. Y ese alguien… es el mortal llamado Xuan Lie. CONTINUARA…. © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 27 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.