Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 25 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
— ¿Hmm… es así? —murmuró el Patriarca Lan, con una mezcla de curiosidad y aprobación en la mirada—. Entonces, que así sea. Estoy verdaderamente ansioso por ver tus resultados, Xuan Lie.
Dicho esto, Lan se despidió sin añadir una palabra más y abandonó la habitación, dejando al joven completamente solo con sus pensamientos y con el poco tiempo que le quedaba.
Xuan Lie respiró hondo.
Sabía que cada segundo contaba, que el reloj ya no corría solo contra su debilidad, sino también contra la vida de quienes se habían arriesgado por él.
Sin perder un instante, comenzó a moverse.
Empezó con ejercicios básicos, diseñados para obligar a su cuerpo a adaptarse, mejorar su condición física y corregir cada uno de sus movimientos.
Cada estiramiento, cada postura y cada repetición le ayudaban a comprender mejor los cambios que habían surgido en su cuerpo.
Al principio sus pasos eran torpes y pesados, pero poco a poco fue aprendiendo a adaptarse a las diferencias que había experimentado tras su recuperación.
A través de la ventana podía verse cómo el amanecer rompía la oscuridad, tiñendo el cielo de tonos dorados y azules profundos.
Las horas pasaron, pero Xuan Lie no se detuvo.
Empapado en sudor, con la respiración pesada pero firme, continuó esforzándose más allá de lo que creía posible. No se permitió descanso, ni respiro, ni un solo instante de duda.
Solo tenía un objetivo grabado en su mente: no estancarse, no retroceder jamás y crecer lo suficiente para afrontar todo lo que le esperaba.
Y así transcurrieron los días.
Xuan Lie permaneció encerrado en su habitación, sin salir ni una sola vez y sin abandonar su entrenamiento.
Comía únicamente lo necesario para recuperar fuerzas y evitar el colapso. Todo su tiempo estaba dedicado a comprender y dominar los cambios que habían surgido en su cuerpo.
Su respiración seguía siendo pesada por el esfuerzo, pero cada acción se volvía más limpia, más precisa y más controlada.
Sin embargo, no solo entrenaba su cuerpo.
Mientras practicaba una y otra vez distintas posturas y movimientos, intentaba recordar lo ocurrido durante su enfrentamiento con Feng.
De pronto se detuvo.
Frunció el ceño.
Algo no encajaba.
— Es extraño...
Intentó ordenar sus pensamientos.
"No soy capaz de recordar con claridad lo que ocurrió realmente en ese combate."
"Recuerdo que intercambiamos golpes. Recuerdo las emociones que sentí... pero los detalles son borrosos."
"Las sensaciones exactas, mis movimientos, mis reacciones... todo parece envuelto en una niebla."
"¿Qué fue lo que realmente sucedió durante aquella pelea?"
"¿Y por qué no puedo recordarlo con claridad?"
Sin encontrar respuesta, volvió a colocarse en posición.
Si quería descubrir la verdad, solo podía seguir avanzando.
Había pasado un mes desde que comenzó su recuperación. La diferencia era ya notable: su cuerpo se veía más definido, más resistente, y cada movimiento fluía con una solidez que antes no tenía.
Mientras realizaba sus estiramientos, no pudo evitar calcular el tiempo transcurrido desde que había llegado a aquel lugar.
"Ya han pasado ocho meses..."
"Seis meses de entrenamiento inicial. Después vino mi pelea con Feng, un mes entero inconsciente... y ahora otro mes adaptándome a los cambios de mi cuerpo."
Hizo una pausa y dirigió la mirada hacia la ventana.
"Se me está acabando el primer año de los tres que prometí. El tiempo corre demasiado rápido y no puedo permitirme seguir esperando."
"Ya es hora. Tengo que comenzar de inmediato con todo lo que el Maestro Herrero quiera enseñarme."
De pronto, unos golpes sonaron en la puerta.
— ¿Sí? Soy yo, Xuan Lie —respondió él al instante, deteniéndose en seco.
Reconoció esa presencia al otro lado y sus ojos se iluminaron.
— ¡Es el maestro!
Corrió hacia la entrada y la abrió de par en par.
— ¡Maestro…!
El Anciano Herrero dio un paso al interior, pero de inmediato se tapó la nariz con la mano, poniendo una expresión de evidente desagrado.
— ¿Desde cuándo exactamente fue la última vez que te bañaste, muchacho? —preguntó con voz fuerte—. ¡Hueles demasiado mal! ¡Puedo sentir el olor desde el pasillo!
Señaló hacia el fondo de la habitación con la cabeza.
— Ve ahora mismo a ducharte, lávate bien y prepárate. Y date prisa, que no tenemos tiempo que perder. Ya es hora de que avancemos de verdad con el aprendizaje de la herrería.
— Sí, maestro.
Xuan Lie se apresuró a obedecer. Se duchó rápidamente, se limpió bien y, cuando terminó, el anciano le entregó una muda de ropa nueva, sencilla pero de buena calidad.
— Con esos harapos viejos pareces un vagabundo —dijo el anciano con tono de regaño, aunque sin verdadera malicia—. Ponte algo más decente. Esto te servirá mientras tanto.
Xuan Lie tomó la ropa, se la puso y, cuando estuvo listo, se inclinó agradecido.
— Gracias, maestro.
— No es nada —respondió el anciano restándole importancia.
Entonces su expresión se volvió seria.
— Bien. Ahora es momento de hablar en serio. Se trata del Reflejo del Azul Abisal.
Hizo una breve pausa.
— Esta es la primera etapa, y te advierto que aún te faltan dos más después de esta. Por ahora, ni siquiera has superado la primera.
Levantó tres dedos.
— En esta etapa hay tres aspectos fundamentales que debes dominar.
Levantó el primer dedo.
— Observación, filosofía y belleza.
Levantó el segundo.
— Fuerza y disciplina.
Finalmente, levantó el tercero.
— Y saber actuar, comprendiendo el verdadero valor de las cosas.
Bajó lentamente la mano.
— Todo esto debiste haberlo aprendido, como mínimo, durante este primer año... pero ya sabemos cómo han sido las cosas.
Su mirada se volvió más severa.
— Ahora solo te quedan cuatro meses. Así que no perdamos más tiempo. Vamos a la herrería y pondremos todo en práctica. Todo dependerá de cuánto seas capaz de aprender y asimilar en el poco tiempo que queda.
— Entendido, maestro —respondió Xuan Lie con determinación.
Un escalofrío repentino recorrió la espalda del anciano.
Se quedó observándolo durante unos segundos.
Y en su mente no pudo evitar quejarse:
"Aún no me acostumbro..."
"¡Cada vez que me dice «maestro» siento algo raro!"
"¿Cuándo dejará de sonarme tan extraño eso en la cabeza?"
— Bien, andando —ordenó el maestro.
Y así, juntos, se dirigieron hacia la herrería. Al entrar, el calor del fuego y el olor a metal caliente llenaron el ambiente. Se equiparon con las prendas adecuadas para el oficio, protegiéndose del calor y las chispas, y cuando estuvieron listos, el anciano se volvió hacia él con seriedad.
— Xuan Lie, presta mucha atención. Aquí es donde de verdad comienza tu aprendizaje.
El maestro herrero empezó por lo más básico. Le mostró distintos materiales de nivel inferior, explicando sus características, cómo se comportaban ante el calor y cuál era su resistencia. Luego, tomó uno de ellos, lo llevó hasta la forja y comenzó a trabajar en la creación de una daga pequeña. Mientras sus manos se movían con destreza y el martillo golpeaba rítmicamente el metal, le iba enseñando la esencia de este arte.
— La belleza no está en lo complejo ni en lo adornado —decía mientras golpeaba—, la belleza está en el orden, en que cada parte tenga su lugar y su función. La fuerza y la disciplina son igual de importantes: son lo que sostiene la forma, lo que le da durabilidad y calidad al arma que creas. Sin disciplina, la fuerza es caos; sin fuerza, la disciplina no sirve de nada.
Hizo una pausa para ajustar la pieza y volvió a golpear con más fuerza, pero con un control absoluto.
— Fíjate en el fuego, fíjate en el ritmo. Cada golpe que das es importante, tiene un significado y deja una marca. Tienes que grabar esto no solo en tu memoria, sino en tu alma misma.
Levantó la vista y miró al joven con intensidad, resumiendo todo lo que este oficio significaba para él.
— La herrería es corazón, es creación, es arte… y al final, es el resultado. Cada pieza que sale de aquí es una obra maestra que has traído al mundo con tus propias manos.
Y sin detenerse, siguió golpeando el metal rojo brillante, moldeándolo poco a poco, dando forma a aquella pequeña daga mientras le transmitía todo el conocimiento que llevaba dentro.
Y así, con movimientos precisos y constantes, logró terminar su obra: una daga clasificada como de bajo nivel, pero con una calidad impecable, muy superior a lo que se esperaba de ese material.
El maestro la tomó, la observó con satisfacción y le dijo con voz seria:
— Mientras tengas en tus manos materiales de calidad, podrás crear armas capaces de desafiar incluso a los mismos cielos. Pero todo lleva su tiempo, muchacho. Por ahora, tendrás que conformarte con crear cosas como estas, dominar lo básico hasta que se vuelva parte de ti. Bien, Xuan Lie… ahora te toca a ti. ¿Crees que puedes hacerlo?
Xuan Lie apretó los puños con fuerza, sus ojos brillaban de determinación y respondió con voz firme y alta:
— ¡ESTOY LISTO, MAESTRO!
Y así comenzó. El sonido rítmico del metal golpeando contra el metal volvió a resonar por toda la herrería. Desde el otro lado de la forja, el maestro le daba instrucciones, corrigiendo cada movimiento, indicándole cuándo golpear más fuerte o cuándo esperar. Pero al principio, Xuan Lie no lograba seguir aquel ritmo perfecto que había visto en su maestro. Se atascaba, se equivocaba, las piezas no tomaban la forma correcta y fallaba una y otra vez.
El anciano suspiraba, pero no se enfadaba, solo le decía con paciencia:
— Vuelve a intentarlo. Una vez más.
Y así pasó el tiempo. Días, semanas, dos meses enteros en los que el avance era lento, muy lento, casi imperceptible. Ya solo faltaban dos meses para que se cumpliera el primer año de su plazo.
Una noche más, Xuan Lie seguía allí, solo en la herrería. Su respiración salía entrecortada por el cansancio acumulado, el sudor caía sobre el suelo, pero él no se detenía. Una y otra vez levantaba el martillo y golpeaba el metal con todas sus ganas, tratando de dar forma a algo que fuera digno de llamarse creación. No perdía el rumbo, ni la disciplina, ni las enseñanzas que había recibido. En cada golpe intentaba poner todo lo que había aprendido, todo lo que había observado y todo lo que fue capaz de escuchar de la boca de su maestro herrero.
Pasaron los días, hasta que el anciano herrero se acercó y lo detuvo, poniéndole una mano sobre el hombro para apartarlo del yunque.
— Basta ya. Tómate un respiro… solo un día. No puedes encerrarte aquí solo y presionarte hasta el límite sin descansar. Respira, despeja la mente y mañana vuelves a intentarlo. Vamos, sal de aquí, ve a comer algo y descansa.
Xuan Lie asintió, obediente aunque a regañadientes.
— Como diga, maestro.
Se limpió las manos, se retiró del lugar y regresó a sus aposentos. En cuanto llegó, se dejó caer sobre la cama, estirando el cuerpo pesado y adolorido, y soltó un suspiro profundo, cargado de impotencia. Se quedó mirando al techo, perdido en sus pensamientos, y habló en voz baja, como si se lo reclamara a sí mismo.
«¿Qué me está pasando…? No puedo quedarme estancado así. Necesito lograr algo, necesito avanzar… pero he fallado una y otra vez, un sinfín de veces. Maldición… ¿qué es lo que estoy haciendo mal? ¿Qué más debo hacer para conseguirlo?»
Suspiró de nuevo, largo y pesado, y su mente se fue lejos, lejos de aquella habitación y de la herrería.
«¿Dónde estará el Señor Longshi?» —se preguntó en silencio—. «Hace ya mucho tiempo que no sé nada de él… ¿dónde estará? ¿Qué estará haciendo ahora mismo?»
Poco a poco, sus párpados se volvieron pesados, sus pensamientos se fueron apagando y, vencido por el cansancio acumulado, se quedó profundamente dormido.
En medio de la oscuridad de su mente, en lo más profundo de su sueño, un recuerdo del pasado volvió a aparecer, claro, vívido, como si en ese momento lo estuviera viviendo de nuevo.
Vio la figura del Segundo Guardián frente a él, y escuchó sus palabras con total nitidez:
— Su Majestad… usted ha cambiado. Aún recuerdo aquellos días en los que no dudaba en arriesgarse, en ir más allá, en buscar respuestas entre lo desconocido y lo prohibido.
Xuan Lie, cuya imagen en ese recuerdo aún se veía difusa y lejana, respondió con voz cargada de melancolía:
— Esos eran tiempos… tiempos en los que no tenía responsabilidades ni ataduras. Ahora… ahora tengo muchas más cosas de las que preocuparme, muchas cosas que cuido y que no puedo permitir que se rompan.
El Segundo Guardián asintió con solemnidad, y su voz sonó profunda y sabia en la memoria:
— La libertad es algo realmente difícil de obtener… y mucho más difícil de mantener cuando se tiene poder. Cuanto más tienes, más cosas debes proteger. Y detrás de toda esa carga, también debes cuidarte a ti mismo, porque siempre habrá alguien que te vea como una amenaza.
Xuan Lie sonrió con amargura en su propio recuerdo, bajó un poco la mirada y asintió con tristeza.
— Es cierto… todo se vuelve tan complicado, tan pesado, cuando tienes algo que perder.
El Segundo Guardián sonrió con suavidad, sin dejar de mirarlo, y le habló con voz tranquila y sabia.
— Aun así… no se ponga límites, Majestad. Cuando pueda, quizás debería tomarse un respiro y atreverse a intentar algo nuevo. A veces, cambiar la forma de ver las cosas es lo que nos hace avanzar.
Xuan Lie, en su memoria, se esforzó por levantar la vista y mirarlo directamente, intentando con todas sus fuerzas distinguir su rostro, saber quién era realmente. En su mente aparecieron, como fichas que faltan en un rompecabezas, datos que debería conocer pero que estaban vacíos:
RAZA: ????
PODER: ????
APARIENCIA: ????
HABILIDADES: ????
Pero por más que lo intentaba, no era capaz de ver nada claro. Solo veía una silueta, un rostro borroso, difuso, como si una niebla eterna lo cubriera. Y lo peor de todo: no lograba recordar nada más sobre él, salvo un único dato, una certeza que se mantenía firme en medio de todo el olvido: solo sabía que aquella figura era el Segundo Guardián.
Xuan Lie volvió a bajar la mirada, reflexionando sobre aquellas palabras, y asintió lentamente.
— Es cierto… quizás yo deba intentar mirar las cosas de una forma diferente. Quizás ahí esté la respuesta.
En ese instante, una figura de apariencia oscura surgió de la nada, apareciendo silenciosamente detrás de él. Su voz fue baja, respetuosa pero urgente, rompiendo el momento de calma.
— Majestad… ella lo está buscando. ¿Qué le respondo?
En su recuerdo, Xuan Lie no se giró. Tenía en la mano un pincel y estaba concentrado dibujando con trazos finos y seguros un hermoso paisaje, una obra con acabados únicos, irrepetibles. Sin dejar de pintar, respondió con calma, pero con una firmeza extraña.
— Dile que estaré enseguida… ya casi termino.
Y entonces, la imagen en su memoria comenzó a vibrar, su voz se fue volviendo más fuerte, más apremiante, casi desesperada, repitiendo aquellas palabras como si se las gritara a sí mismo, una y otra vez:
— YA… YA CASI TERMINO… YA… CASI…
Continuara…
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AUT: OLVIDADO

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Capítulo 26
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 25
Estás leyendo el capítulo 25 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.