Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 24 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
— Bien. Ahora, el castigo debe ser igual para todos… ¿o me equivoco, Shen Zhen?
La voz del Patriarca resonó en la sala, cortando el aire como una espada. Todo quedó en silencio.
— Tú fuiste testigo de lo sucedido. Viste la pelea y no hiciste nada por detenerla.
Hizo una pausa. El peso de la mirada de todos cayó sobre un rincón de la sala.
— Pasa al frente. Y dime… ¿qué tienes que decir en tu defensa ante lo que se te acusa?
Shen Zhen dio un paso al frente. Su figura se hizo presente con calma, caminó hasta el centro y se inclinó profundamente. No había orgullo en su postura, pero tampoco sumisión excesiva. Se enderezó, miró a los ojos al Patriarca y respondió con voz seria y firme.
— Soy consciente de mi error. Reconozco que fallé al no intervenir. Sin embargo… —hizo una pequeña pausa, midiendo sus palabras—, ¿no nos permitió esto ver, con nuestros propios ojos, el verdadero potencial de ese humano?
El Patriarca Lan lo miró fijamente. Sus ojos, profundos y antiguos, se entrecerraron. Y entonces, habló con un tono helado que hizo estremecer a los presentes.
— ¿Potencial?
La palabra salió fría, cortante.
— Tú, que eres uno de los Treinta Ancianos… tu deber es enfocarte en tu propio cultivo, en tu propia mejora. No en juzgar si un mortal es digno o capaz de estar donde está.
Se levantó lentamente de su asiento, imponiendo su autoridad sin necesidad de gritar.
— Tu error no fue solo no detener la pelea. Tu error fue estar donde no debías estar, metiéndote en asuntos que no te corresponden, probando límites que no son tuyos. Por eso, este es tu castigo:
Hizo una pausa. El silencio en la sala se volvió denso, pesado.
— Quedarás recluido en tus aposentos, a puerta cerrada. Entrenarás sin descanso, día y noche, hasta que se cumplan los dos años y llegue el momento de la Gran Expedición.
Lo miró desde lo alto de su trono, con una mirada que no admitía réplica.
— ¿Estás en contra de esta decisión? ¿Tienes alguna queja o objeción?
Shen Zhen bajó la mirada por un instante, asintió con respeto y respondió con voz tranquila.
— No tengo nada que objetar, Patriarca. Acepto el castigo. Esperaré en mi reclusión hasta el día en que partamos hacia la expedición.
El Patriarca asintió levemente.
— Puedes retirarte.
Shen Zhen hizo una última reverencia, dio media vuelta y salió de la sala con paso firme, aceptando su destino sin vacilar.
Cuando las puertas se cerraron tras él, el Patriarca Lan volvió a mirar a todos los presentes, recorriendo con la vista a cada uno de los que allí estaban. Su voz retumbó de nuevo, grave y llena de enseñanza.
— El hecho de haber nacido más fuertes, de tener más poder o una herencia superior… no nos da derecho a poner a prueba a los mortales ni a jugar con sus vidas o su destino.
Se detuvo un momento, dejando que sus palabras calaran hondo en cada uno.
— Seamos conscientes de ello. Concentrémonos en lo que verdaderamente importa, en lo que nos hace crecer y mantener nuestra existencia. ¿Entendido?
Nadie se atrevió a levantar la voz. Al instante, los veintinueve ancianos restantes se inclinaron al unísono, hasta tocar el suelo con la frente en señal de respeto absoluto.
— Tus palabras son sabias, Patriarca —dijeron al mismo tiempo—. De ellas aprenderemos y tomaremos ejemplo. Que se haga tu voluntad.
El silencio volvió a reinar, pero esta vez, cargado de una nueva determinación.
Suspiró el Patriarca, y con voz más suave pero igualmente firme, continuó:
— Bien… Y ahora, en lo que respecta a mis hijos, les pido a todos los ancianos presentes que me permitan encargarme de su asunto y castigarlos a mi manera.
Todos se miraron entre sí, y al instante, se inclinaron respetuosamente.
— Que tus palabras sean enseñanzas que guíen nuestras vidas. Estamos a tu disposición, y a la de toda nuestra raza. Nos retiramos.
Uno a uno, fueron abandonando el gran salón en completo silencio. Las enormes puertas se cerraron pesadamente detrás del último de ellos, dejando el lugar en una soledad absoluta.
Lan se levantó lentamente de su trono. Caminó unos pasos y alzó la vista hacia el altísimo techo de la sala, donde se dibujaban antiguos símbolos. Suspiró profundamente. En su mirada ya no había autoridad, sino la imagen clara de un Patriarca que lucha día y noche por sostener no solo su propia existencia, sino el futuro y la supervivencia de toda su especie.
Y en medio de ese silencio inmenso, como si hablara consigo mismo, susurró con voz cargada de preocupación:
— ¿Qué haré… si no logramos el éxito en esta expedición?
Hizo una pausa, el peso de sus propias palabras le dolía en el pecho.
— Será el fin de nuestra raza… ¿Qué será de mis hijos entonces? Quedarán a su suerte, abandonados…
Cerró los ojos un momento, recordando la realidad del mundo exterior.
— Aún no son lo suficientemente fuertes para valerse por sí mismos, para luchar solos en este lugar cruel… un mundo que no perdona ni siquiera a la vida más frágil e inocente.
Y así salió del gran salón, dirigiéndose directamente hacia la plataforma de entrenamiento. Allí estaban Yue y Feng, esperando. Él los miró con frialdad, sin rastro de ternura en su mirada, y suspiró profundamente antes de hablar.
— Yue, Feng… Como vuestro padre, y por lo que Feng ha hecho, tengo la obligación de castigarlos a ambos. Y les advierto: este castigo será duro.
Yue alzó la mirada, indignada, y no dudó en reclamar.
— ¿Por qué debo ser castigada yo por culpa de ese humano? ¡Fue mi hermano el responsable de todo esto!
Feng, que permanecía en silencio, por primera vez no gruñó, no se molestó, ni respondió con orgullo. Se mantuvo firme y tranquilo, y dijo simplemente:
— Aceptaré cualquier castigo que decidas.
Yue lo miró, asombrada y a la vez furiosa por su actitud.
Su padre, Lan, clavó sus ojos en ella, y su voz fue seria y profunda.
— Toda acción tiene su consecuencia, y también toda omisión. Tú estabas ahí, fuiste espectadora… y por ello, eres cómplice. Tienes la fuerza y la capacidad para haber detenido la pelea, pero no lo hiciste. ¿Y sabes por qué? Porque en el fondo, tú también querías probar a ese humano. Tú también querías ver si podía romperse. Así que basta de excusas, Yue.
Ella apretó los dientes, molesta, pero guardó silencio.
— Bien —continuó él—. Su castigo será este: quedarán excluidos de la expedición que pronto se llevará a cabo.
— ¡Pero padre! —exclamó Yue, sorprendida e indignada.
Feng, en cambio, solo asintió con respeto.
— Como lo ordenes.
Yue se volvió hacia él, sin entender su actitud, y le recriminó:
— ¿Cómo puedes aceptarlo así? ¡Tú eras quien más deseaba ir en esa expedición, quien más luchaba por tener ese lugar!
Feng la miró con serenidad y respondió con voz firme:
— Es el precio que debo pagar por lo que hice. Es lo justo.
— ¿Y yo? —insistió Yue, cada vez más alterada—. ¿Por qué tengo que aceptarlo yo también? ¿Solo porque tú lo aceptas?
— ¡Es suficiente, Yue! —la interrumpió su padre con autoridad, cortando cualquier discusión—. Y eso no es todo. Ambos permanecerán en entrenamiento a puerta cerrada, y no saldrán de sus aposentos hasta que yo se lo permita.
Hizo una pausa, dejando que la gravedad del castigo se asentara entre ellos.
— ¿Tienen alguna queja o algo que decir?
Yue, furiosa y frustrada, bajó la cabeza y se inclinó. Feng hizo lo mismo, con calma absoluta.
— Aceptamos el castigo —dijeron al unísono—. Y acatamos tu palabra.
— Bien. Yue, puedes retirarte a tus aposentos.
Ella asintió, se despidió y se marchó. Solo Feng quedó allí, frente a su padre.
— Feng… tengo algo que decirte. ¿Estás realmente conforme con mi decisión?
Feng guardó silencio un instante, luego respondió con sinceridad.
— No… no realmente. Pero me ocurrieron cosas extrañas cuando luché contra Xuan Lie…
— ¿Ah, sí? —su padre alzó una ceja, con una leve sonrisa—. Tanto como para llamarlo por su propio nombre y no como un simple humano…
Feng sonrió levemente, por primera vez sin arrogancia.
— Se lo ganó. Cuando intercambiamos golpes… quizás fue la primera vez que me enfrenté a un humano, pero sentí que algo se encendía dentro de mí. Como una llama que despertaba. Sentí tanta adrenalina, padre… quería seguir, no quería parar en ningún momento.
Su padre lo escuchaba en silencio, con atención, y al oírlo sonrió con satisfacción.
— ¿Es así? Me alegra saber que te sientes de esa manera.
Feng se puso serio. Bajó la mirada hacia sus propias manos, cerró los puños con fuerza y, con voz firme y decidida, exclamó:
— ¡Padre, quiero ser más fuerte! ¡Quiero aprender a cultivar de verdad!
Luego, bajó el tono de voz, casi como si se lo confesara a sí mismo, pero con una convicción inquebrantable.
— Siento que si me conformo con lo que tengo ahora… no podré caminar a la par de Xuan Lie en el futuro. No puedo quedarme atrás.
Su padre lo miró fijamente, con una sonrisa que mezclaba orgullo y sabiduría. Vio con claridad que aquel humano, que parecía tan frágil ante todos, había logrado despertar en su hijo algo invaluable: el hambre de crecer, el deseo no solo de poder, sino de buscar su propio camino, con la meta de caminar codo a codo con ese ser que lo había marcado.
— Feng… entonces toma esto como tu mayor lección. Vuélvete fuerte. En el futuro verás muchas emociones y sentirás muchas cosas, y todas ellas te impulsarán a buscar más fuerza. Esa es la senda.
Hizo una pausa y le indicó con un gesto que podía irse.
— Ahora puedes retirarte.
Feng lo miró a los ojos, lleno de determinación, y se inclinó profundamente.
— Gracias, padre. Me haré fuerte. Esa será mi primera promesa.
Su padre lo miró con total seriedad y respondió con firmeza:
— Bien. Acepto esta promesa y seré testigo de ella.
Feng se inclinó una vez más y se retiró. Lan se quedó solo allí, observando fijamente la plataforma donde tiempo atrás se habían enfrentado. Sus ojos brillaron con interés, y habló en voz baja, como si reflexionara consigo mismo.
— Qué interesante… Supongo que el Señor Longshi tenía toda la razón. Es un humano que despierta mucha curiosidad. Estoy verdaderamente ansioso por verlo crecer… y hasta dónde será capaz de llegar.
En otro lugar…
— ¡Ay… ay…!
Era Xuan Lie. Le costaba mucho moverse, sentía cada parte de su cuerpo pesada y extraña, pero a pesar del dolor y la dificultad, se estaba adaptando con una rapidez impresionante.
Llegaron hasta él el Anciano Herrero y el Sabio Médico. Este último lo miró con seriedad al principio, pero pronto una sonrisa burlona se dibujó en su rostro. Se acercó y le dijo con tono de mofa:
— Oye, mocoso… verte en ese estado es realmente gracioso, ¿sabes?
El Anciano Herrero, ignorando la broma, se agachó junto a él y preguntó con interés genuino:
— ¿Cómo te sientes, Xuan Lie?
El joven intentó acomodarse, respiró hondo y respondió con sinceridad, tratando de entender lo que le pasaba.
— No lo sé realmente… es complicado de explicar. Mi cuerpo se siente distinto, extraño… y sin embargo, al mismo tiempo, siento que soy mucho más fuerte que antes.
— Era obvio que pasaría —respondió el Sabio Médico con calma—. Han quedado residuos de nuestra esencia vital en tu cuerpo. No es algo permanente, ni completamente estable.
— Tu cuerpo ha sido forzado a adaptarse… por eso ahora sientes cambios. Tus sentidos y tu resistencia han mejorado, sí… pero esto no es un regalo. Es una reacción temporal de tu cuerpo ante algo que no le pertenece.
El Anciano Herrero lo miró sorprendido y preguntó:
— ¿Es eso cierto? ¿Es así como funciona?
— Sí —respondió el Sabio Médico—. Pero no lo tomes como una mejora. Es una oportunidad inestable. Queda por ver… si tu cuerpo la acepta… o si terminará rechazándola con el tiempo.
— Bien, Xuan Lie —dijo el Anciano Herrero—. Tienes muy poco tiempo para recuperarte. Cuando llegue el momento, comenzaremos de inmediato tu aprendizaje de la herrería. No te queda mucho tiempo… y yo… quizás no sobreviva mucho más.
Xuan Lie lo miró con determinación y respondió:
— Lo estaré. Estaré listo dentro de poco. Y les agradezco profundamente que me hayan ayudado a recuperarme.
El Sabio Médico soltó una pequeña risa y añadió:
— ¡Hoho! También tienes cosas que aprender de mí, muchacho. Pero eso será después… primero debes cumplir con lo que ya tienes prometido. Por ahora, solo recupérate. Nos veremos pronto.
Hizo una pausa, y su tono se volvió más serio y reflexivo.
— Y no creas que fue gran cosa haberte salvado. Quizás al principio fue solo un impulso, y lo mismo le pasó a este viejo amigo mío… pero en el fondo sentíamos remordimiento. Ya que logramos sacarte adelante y salvarte, aprovecha esta oportunidad. Úsala bien, y que no sea en vano.
Dicho esto, los dos ancianos se retiraron en silencio, dejando a Xuan Lie solo con sus pensamientos.
Sin hacer ruido, sin anunciarse, el Patriarca Lan apareció ante él.
— Mortal…
Xuan Lie, con dificultad, hizo un esfuerzo por ponerse de pie y se inclinó respetuosamente.
— Saludos al Patriarca.
Lan lo observó con calma.
— Hola. Veo que te estás recuperando con rapidez. Eso es bueno, muy bueno.
Xuan Lie bajó la cabeza, con pesar en la voz.
— Mis disculpas…
Lan se giró hacia él y lo miró fijamente, confundido por aquellas palabras.
— ¿Disculpas? ¿Por qué pides perdón? Tú no hiciste nada malo. Mi hijo fue impulsivo y actuó sin pensar, y tú solo te dejaste llevar por el momento. Todos recibieron su castigo por lo ocurrido… incluso esos dos ancianos que estuvieron aquí hace un instante.
— ¿¿Un castigo?? —repitió Xuan Lie, sorprendido y preocupado—. ¿Estarán bien? ¿Les pasará algo malo?
El Patriarca suspiró profundamente. Se acercó un poco más, y con voz grave y sincera le reveló la verdad, aunque sabía que no debía hacerlo.
— Sus vidas… ahora están en tus manos. No debería decirte esto, pero debes ser consciente de una cosa: el método que usaron para ayudarte y curarte era algo prohibido. Al hacerlo, sus vidas —que ya de por sí corrían peligro y estaban llegando a su fin— se han acortado aún más.
Hizo una pausa, dejando que el peso de esas palabras cayera sobre el joven.
— Si tú no logras cumplir con lo prometido, todo habrá sido en vano. Toma esto como una gran enseñanza, Xuan Lie: todo poder tiene su precio. Nada en este mundo es gratis, ni fácil de conseguir. Menos aún aquí. Solo te queda un camino: volverte fuerte. Porque si no lo haces, serás pisoteado, olvidado y borrado de la historia de este mundo ya olvidado por todos.
Lo miró a los ojos, desafiante y serio, y le preguntó directamente:
— Así que te pregunto, Xuan Lie… ¿Realmente crees que podrás lograr algo con el poco tiempo que te queda?
Xuan Lie sonrió. No era una sonrisa de miedo, ni de duda, sino una cargada de convicción y experiencia.
— Patriarca Lan… Mi vida, desde el mismo día en que nací en este mundo, me ha enseñado que absolutamente todo tiene un precio. Por eso… no puedo permitirme pensar en si puedo lograrlo o no. YO TENGO QUE LOGRARLO. TENGO QUE APRENDER.
Continuara…
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AUT: OLVIDADO

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Estás leyendo el capítulo 24 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.