Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 22 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Escupe sangre… escupe…
Su respiración se volvía cada vez más cortada y difícil. Era Xuan Lie, que apenas lograba tomar aire; su vista se nublaba y todo a su alrededor se veía borroso. No sentía ninguna parte de su cuerpo, entumecido por el agotamiento extremo y el sobreesfuerzo al que había sometido a su frágil cuerpo humano.
El anciano herrero lo sostenía firmemente entre sus dos grandes brazos, tal como venía trayéndolo desde antes. Miró con furia a los que estaban frente a él y habló con voz pesada y llena de rabia:
— Shen… tú pudiste haber detenido esto y no lo hiciste. Le reportaré todo esto directamente ante el Líder Lan.
Luego, su mirada se endureció aún más al fijarse en los otros dos, y señaló con desprecio:
— Y en cuanto a ustedes dos… esto es una verdadera vergüenza, una deshonra para todos. Especialmente tú, Feng… ¿Qué es lo que ganas con llegar a estos extremos? —soltó un bufido cargado de indignación—. ¡Haaa! Si este humano logra sobrevivir, te aseguro que tendrás que arrodillarte y pedirle disculpas ante todos. Y tú, Yue… siempre te escondes diciendo que solo cumples órdenes, pero eres incapaz de ponerle freno a tu propio hermano. Ambos serán debidamente castigados en cuanto le cuente al líder lo que pasó aquí. Ahora, me retiro.
Sin darles tiempo a responder, se apresuró hacia la herrería. El calor del lugar, siempre constante y sofocante por los grandes hornos encendidos, lo envolvió en cuanto entró. Se acercó a la gran mesa de trabajo y acostó con cuidado el cuerpo inerte de Xuan Lie sobre la madera dura. Rápidamente, rasgó la ropa del joven para examinar los daños, y al ver lo que había debajo, contuvo el aliento: los golpes eran inmensos, oscuros y profundos, cubriendo gran parte de su piel.
Pero lo que realmente lo dejó impactado, y le heló la sangre al comprenderlo, fue la magnitud de lo que había ocurrido durante la pelea. El simple hecho de haber logrado desviar varios golpes sucesivos, e incluso contraatacar con una precisión y fuerza aterradora, era algo impensable, casi imposible de creer. Y lo más inquietante de todo: en ese momento crítico, el joven ya había perdido el conocimiento.
No fue su voluntad, ni su mente, ni su fuerza consciente lo que actuó. Sin poseer energía, sin cultivación de ningún tipo, fue como si su propio cuerpo hubiera cobrado vida propia, movido por una fuerza ajena, algo profundo y antiguo que despertó desde lo más hondo de su ser para defenderse. Había sido capaz de resistir, defenderse y responder frente a una fuerza muy por encima de lo humano, el poder abrumador de una raza superior… y lo hizo sin siquiera estar consciente de ello.
Nadie fue capaz de darse cuenta de lo que realmente sucedió. Todo ocurrió demasiado repentino, demasiado rápido. Ni siquiera el propio Xuan Lie fue capaz de saberlo o entenderlo. Solo Feng, quien recibiera aquellos golpes, sintió en su carne que algo no encajaba, que había algo extraño en esos movimientos… pero la adrenalina del combate y la furia del momento lo cegaron, y no fue capaz de comprender ni de darle sentido a lo que había percibido.
El anciano, comprendiendo la gravedad de la situación y viendo cómo Xuan Lie se apagaba poco a poco, supo que sus conocimientos no bastarían para salvarlo. Con el ceño fruncido por la preocupación y aún con el recelo de lo que acababa de presenciar, habló con voz urgente, tratando de transmitirle fuerza al muchacho:
— Solo me queda un recurso: tendré que ir a buscar al curandero de nuestra raza. Aguanta, Xuan Lie… ¡aguanta un poco más! Tú puedes, no dejes de respirar, no te rindas ahora.
Dicho esto, salió corriendo apresuradamente, dejando atrás el sonido crepitante del fuego en los hornos, dispuesto a traer ayuda antes de que la vida abandonara ese cuerpo que había resistido lo indecible, movido por algo que escapaba a toda lógica y que nadie había sido capaz de comprender.
Mientras el anciano herrero salía de la herrería corriendo en busca de ayuda, Feng y Yue llegaron apresurados hasta las puertas del lugar, con la respiración agitada y la mirada fija en el interior, donde apenas se distinguía la figura del joven tendido. Feng, con el ceño fruncido y una mezcla de inquietud y dureza en la voz, aunque con ese extraño recuerdo en la espalda que no lograba descifrar, se giró hacia Shen, que permanecía allí inmóvil, y le preguntó directamente:
— ¿Lo logrará? ¿Tiene alguna posibilidad de sobrevivir?
Shen lo miró con una expresión sombría, sus ojos oscuros reflejando la gravedad del asunto, y respondió con voz grave y lenta:
— Sus probabilidades son muy escasas… casi nulas. Basta con ver el estado en el que lo dejaste. Un humano que hubiera alcanzado su pleno desarrollo físico ya habría muerto al instante con esos golpes, sin lugar a dudas. Pero ese joven… ese joven humano es capaz de seguir respirando todavía, incluso cargando con todas esas heridas en su cuerpo. —Hizo una pausa, mirando hacia la penumbra del interior—. ¿Sabes lo que eso significa? Significa que ahora mismo está luchando contra la propia muerte, peleando cuerpo a cuerpo con ella solo para permanecer un poco más en este mundo.
Se cruzó de brazos y añadió con tono de advertencia, mirando a ambos hermanos:
— Deben tener esto muy claro: si logra sobrevivir, es muy probable que ya no pueda cumplir con lo que prometió. Ese plazo de tres años que se dio para aprender y dominar lo que se propuso… ahora es imposible. Su cuerpo quedará marcado, y el tiempo perdido no se recuperará. Y ustedes… ustedes dos serán castigados con una severidad que no se imaginan.
Yue, al escuchar eso, se llenó de rabia y dio un paso al frente, defendiéndose con furia:
— ¡Yo no tengo nada que ver con lo que hizo él! ¡Yo solo obedecía órdenes, yo no fui quien lo golpeó!
Shen la miró con frialdad y le cortó las palabras:
— Eso no te exime de culpa. No fuiste quien golpeó, pero fuiste espectadora. Viste lo que pasaba y pudiste detenerlo… y no lo hiciste.
Soltó un suspiro largo y pesado, como si la carga de todo aquello también cayera sobre sus hombros, y miró hacia el suelo con amargura:
— Haaa… y yo tampoco me salvé. Por no haber actuado a tiempo, por haberme quedado observando… yo también seré juzgado y responderé ante el líder por lo que pasó hoy.
Los tres se quedaron en silencio, mirando desde afuera a través de la entrada abierta. A lo lejos, en la gran mesa de la herrería, apenas se alcanzaba a distinguir la figura de Xuan Lie. Se notaba su respiración cortada, entrecortada, débil como la llama de una vela a punto de apagarse.
Desde allí, tendido sobre la madera dura, Xuan Lie apenas lograba enfocar la vista. Sus ojos, negros como la oscuridad más profunda y empañados por la sangre y el dolor, solo podían ver las vigas altas y el techo oscuro de la herrería. Su mente daba vueltas, entre la conciencia y el desmayo, y en medio de ese dolor inmenso, un pensamiento claro y amargo cruzó su mente:
…La vida… es realmente impredecible…
En esta segunda vida que se me concedió, incluso con toda la experiencia, el conocimiento y las memorias que traje de mi pasado… solo puedo estar aquí, tendido, al borde de la muerte, sin poder hacer nada…
No logro recordar mucho de mi pasado… ¿yo? ¿Me estoy olvidando de cosas de mi propio pasado?…
Un nuevo golpe de dolor lo atravesó, y escupió sangre con dificultad.
Xuan Lie cerró los ojos con fuerza, luchando por mantenerse consciente, y con una voz apenas audible, convertida en susurro y que costaba mucho trabajo pronunciar, habló al vacío, como si se lo confesara a sí mismo o a la muerte que lo acechaba:
— Todos pagamos un precio por lo que hacemos en el pasado… Yo… yo casi no recuerdo ya todo lo que fui… ¿Estaré pagando ahora, con este dolor y esta confusión, lo que acaso hice en mi vida anterior?…
Una sonrisa triste y amarga se dibujó en sus labios ensangrentados. Dejó escapar otro susurro, tan débil que casi se perdía entre el crepitar del fuego de los hornos, cargado de una sabiduría antigua y de una resignación profunda:
— Somos esclavos de la vida… y, de la misma forma, también esclavos de la muerte… Muchos nacen y mueren sin tener nunca verdadera opción en nada… Ese es su destino… y quizás también el mío…
El anciano ya regresando a la herrería se apresuraba a atraer consigo a un sabio anciano que lo acompañaba, perteneciente también a la misma raza Shen, llamado Shen Lan Zhi. Su apariencia era idéntica a la de los demás de su especie, pero denotaba mucha más edad y experiencia: tenía las orejas puntiagudas, sus ojos eran de un azul profundo, al igual que su cabello, aunque este último se mezclaba con hebras blancas y plateadas por los años, dándole un aspecto venerable, muy anciano pero lleno de sabiduría y autoridad.
Al verlo llegar, de inmediato Feng, Yue y Shen se apartaron y le mostraron el mayor respeto posible, inclinando la cabeza profundamente y diciendo al unísono:
— Bienvenido, anciano sabio…
El sabio solo les dedicó una mirada rápida y penetrante, sin detenerse ni un segundo, y entró en la herrería acompañando al anciano herrero. Una vez dentro, el herrero le explicó detalladamente toda la situación, señalando el cuerpo herido de Xuan Lie y la gravedad de sus lesiones. Al terminar, lo miró con esperanza y preguntó:
— ¿Podemos salvarlo, Sabio Lan Zhi?
El sabio lo miró con calma y respondió con voz grave:
— No es necesario tener tanta formalidad entre nosotros… y creo que sí lo puedo salvar. Pero debes saber que el método que debo usar tiene grandes riesgos y también prohibiciones muy estrictas.
El anciano herrero frunció el ceño, preocupado, y preguntó:
— ¿Prohibiciones? ¿A qué te refieres?
Shen Lan Zhi explicó con seriedad, dejando clara la gravedad del asunto:
— El método requiere darle de mi propia sangre para reconstruirlo desde adentro, y tú sabes tan bien como yo que si lo hago, puedo ser juzgado e incluso ejecutado. Esto es algo que el Líder, en conjunto con los Treinta Ancestros que cultivan en la cima, tienen prohibido; se requiere que ellos lo aprueben antes. Si tomo esta decisión por mi cuenta sin su permiso, la situación es complicada y mi vida corre peligro.
El anciano herrero no lo pensó ni un instante. Sin dudar, cayó de rodillas y se postró completamente ante el sabio, rogándole con desesperación:
— ¡Sabio, por favor! ¡Aplica el método! Yo seré juzgado ante el Líder y ante todos los demás por lo que hagas hoy. Yo cargaré con toda la culpa, yo responderé por todo, te lo suplico… hazme este favor, sálvalo.
El sabio lo miró atentamente y dijo:
— ¿Por qué? ¿Por qué pones tu vida por encima de la de un mortal a punto de morir y que sus probabilidades de que vuelva a ser el mismo son pocas?
El anciano miró a Xuan Lie y respondió:
— Al igual que él, yo estoy muriendo… Quizás sea el destino entonces. Yo haré lo necesario para enseñarle todo mi conocimiento y hacer el mejor herrero que cualquiera pueda conocer.
El sabio, asombrado, dijo:
— Qué interesante… Ya había oído del humano y con lo que dices me da mucha curiosidad de conocerlo bien. Entonces te haré este favor, y lo que pase después es tu responsabilidad. ¿Entiendes?
— Lo entiendo bien —respondió el anciano—. Apártate, comenzaré.
El anciano se apartó y observó desde la distancia.
Shen Lan Zhi, con su apariencia igual a los de su raza pero más anciano: orejas puntiagudas, ojos azul profundo igual que su cabello mezclado con canas, se dispuso a actuar. Iba a aplicar el método de curación llamado: "Ritmo de la Raíz y la Sangre".
Se inclinó hacia el joven que apenas respiraba y le dijo con voz firme:
— Si eres fuerte mentalmente no perderás tus recuerdos, pero si te quiebras antes perderás hasta tu propia identidad.
Inmediatamente, se hizo un corte en su mano y dejó brotar su sangre azul. Hizo otro corte en el brazo de Xuan Lie, y al unirse ambas sangres, se transformaron en hilos finos y luminosos. Con movimientos rítmicos y precisos, guió esa mezcla hacia su interior, reconstruyendo órganos, uniendo huesos y cerrando heridas desde lo más profundo, siguiendo el ritmo mismo de la vida.
Al penetrar en su esencia, el sabio percibió algo difícil de describir, como algo más que habitaba su cuerpo… algo que no entendía pero que mantenía su existencia firme.
Xuan Lie se estremeció y luchó en su inconsciencia, aferrándose a sí mismo para no perderse en la oscuridad.
Poco después, el proceso terminó. Las marcas en su piel desaparecieron, su respiración se volvió tranquila y estable.
El sabio cerró las heridas y miró al anciano:
— Ha sobrevivido. Su cuerpo es ahora más fuerte, y lo más importante: ha resistido y no ha perdido su identidad. Pero sentí algo raro en él, como si algo más estuviera dentro de él…
El anciano preguntó:
— ¿Algo mal?
El sabio respondió:
— No, no necesariamente. Quizás sea solo el momento, quizás solo estoy pensando de más. No le tomemos importancia. Bien, ahora recuerda: quizás en unos días serás llamado y seguramente juzgado. ¿Estás preparado para la consecuencia?
El anciano respondió con calma:
— Ya estoy muriendo… ¿qué más puedo perder yo?
El sabio suspiró y dijo:
— Bien, acompáñame a la entrada de tu herrería.
— Bien —respondió el anciano.
Cuando salieron de la herrería, Shen se acercó y preguntó:
— Sabio anciano… ¿sobrevivió?
El sabio los miró con seriedad y respondió:
— Mientras ustedes pierden el tiempo, nuestra especie peligra. Sean más conscientes y enfóquense en sus entrenamientos. Más ustedes dos, que son hijos del Líder Lan… y tú, Shen, no saldrás impune de esto. Tienen mucho que hacer, no pierdan el tiempo. ¿Entendido?
Los tres respondieron al mismo tiempo, inclinando la cabeza:
— ¡Sí, sabio anciano!
— Bien. En cuanto al mortal… él sigue vivo. Tomará al menos algún tiempo en recuperarse bien y despertar. Por ahora, no vengan a molestar su recuperación.
— ¡Sí, sabio anciano! —respondieron los tres al unísono.
— Bien. Tú, anciano herrero, acompáñame a caminar un tramo…
Mientras caminaban despacio, alejándose un poco, el sabio le habló con voz más tranquila y cercana:
— Somos cercanos amigos desde hace mucho tiempo, no seas tan reservado conmigo, anciano.
El herrero bajó la mirada, suspiró y respondió con tristeza y sinceridad:
— Sabio… la verdad es que siento que mi vida solo ha llegado a ser puro arrepentimiento. Al final, no he logrado nada de lo que esperaba, más que llevar el simple título de anciano herrero. Me hubiera gustado tanto ayudar más, aportar mucho más a mi raza, tú sabes bien lo que siento…
Shen Lan Zhi caminaba a su lado, con sus orejas puntiagudas erguidas y su mirada azul profunda fija en el camino, y le respondió con calma y sabiduría:
— El solo hecho de tu existencia y de lo que eres ya es importante, amigo mío. Es como tú mismo dijiste antes: quizás fuera el destino que ese humano te conociera. Quizás no lo sea, pero tómalo como una oportunidad. Una oportunidad para que todo lo que sabes, todo lo que eres, se mantenga vivo por mucho tiempo y no muera contigo aquí mismo. La cultura, las reglas, el orgullo… todo eso es importante, sí, pero ¿de qué nos sirve la cultura, las reglas o el orgullo si con ello terminamos perdiendo lo que vale la pena y terminamos siendo olvidados?
Hizo una pausa, miró a su viejo amigo y continuó con voz más suave:
— A diferencia de ese humano, creemos ser distintos, pero en el fondo somos casi iguales: solo buscamos sobrevivir en este vasto y difícil mundo. Así que, anciano, nuestros días ya están contados… no te arrepientas de nada de lo que hagas desde ahora. Solo mira al futuro, y mira a quien le enseñarás ese arte magnífico que tienes, ese don único de la herrería que solo tú conoces… ¿no crees, viejo amigo?
Y diciendo esto, sonrió con calma y lo miró con complicidad.
El anciano herrero, sintiendo cómo se le quitaba un peso enorme de encima, también sonrió y negó con la cabeza:
— No cambias nada, sabio… no importa cuánto tiempo pase, siempre dices lo que necesito escuchar… Jajaja. Es muy bueno hablar contigo, sabio… de verdad que lo es.
— Somos de la misma raza, pero tú te pones terco, jajaja —dijo el sabio con diversión.
— ¿A quién llamas terco, sabio abuelooo…? —respondió el anciano sonriendo ampliamente.
Ambos rieron con complicidad. Entre esa buena amistad, estos dos sabios decidían apostar por el humano y por su futuro. Gracias al método de curación que habían aplicado, un nuevo camino se abría para él. ¿Qué le esperaba a Xuan Lie de ahora en adelante? ¿Sería capaz, dentro de tres años, de aprender y cumplir todo lo que había prometido?
En otro lugar, Feng se encontraba sobre la plataforma, observando detenidamente las marcas y rastros que habían quedado allí, donde se había librado el combate entre él y Xuan Lie. Miraba fijamente, y en voz baja, casi como un susurro, hablaba para sí mismo:
— ¿Un humano débil?… No… El humano Xuan Lie tiene lo necesario. Tiene el potencial para ser un rival digno de nuestra especie… y también un gran aliado.
Suspiró profundamente, con una mezcla de curiosidad y respeto, y añadió:
— No volveremos a verlo hasta dentro de tres años…
A lo lejos, Yue lo observaba en silencio. En su mente, sus pensamientos eran claros y cambiaban lo que hasta ahora creía saber:
La información que tengo sobre los humanos es errónea… No son lo que nos contaron. Algunos de ellos pueden llegar a ser muy interesantes… y muy fuertes. Ansío volver a ver a ese humano. Cuando llegue el momento, dentro de tres años… seré yo quien lo desafíe.
Por su parte, Shen caminaba con paso firme hacia un gran salón, un lugar reservado solo para las entidades más elevadas de su gente. Shen también era uno de los Treinta Ancianos, poseedor de gran autoridad y conocimiento, pero al entrar en aquella estancia, se detuvo y realizó una reverencia mucho más profunda y respetuosa de lo habitual. Frente a él se encontraba alguien cuyo aura y poder eran inmensos, una existencia que estaba muy por encima del suyo, alguien cuya fuerza y posición estaban en una escala superior a la de cualquiera de los Treinta.
Al levantar la mirada, Shen habló con total seriedad y humildad:
— He estado observando al humano… y creo que podemos apostar por él. Tiene valor, y hay algo en él que vale la pena seguir.
La figura imponente frente a él soltó una carcajada profunda y resonante que hizo vibrar el aire de la sala:
— ¡HO HO HO! ¿Es así entonces?… Muy bien. Será sin duda muy interesante ver su crecimiento y hasta dónde es capaz de llegar.
Continuará…
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AUT: OLVIDADO

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Estás leyendo el capítulo 22 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.