Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 21 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
"Ha… ha... haaaaa..." —suspiró entrecortadamente, con la voz quebrada y la conciencia que empezaba a desvanecerse—. "Aunque dije esas palabras... sé que no aguantaré mucho más... todo se me apaga..."
—¡Jajajajajaja! —Lan Feng reía ahora con auténtica emoción y brillo en los ojos, como si hubiera encontrado el juguete más divertido del mundo—. ¡Eso es! ¡Eso es exactamente lo que busco! No te rompas tan fácil, humano... ¡muéstrame más! Quiero ver hasta dónde llega esa voluntad que presumes.
Yue, que permanecía al margen con su calma imperturbable y esa aversión oculta que sentía, dio un paso al frente con voz firme y serena:
—Detente, ya es suficiente. Y tú, humano... ¿no ves en qué estado te encuentras? Deberías estar en el suelo, desmayado o muerto, y sigues ahí parado...
Antes de que Yue pudiera terminar de hablar o intervenir de cualquier forma, Lan Feng cambió por completo su actitud. La diversión se transformó en fiereza. Se colocó en una postura de batalla perfecta, baja y agresiva. Presionó los pies contra el suelo sólido de la plataforma de entrenamiento con tanta fuerza que la piedra antigua y reforzada crujió y se rajó bajo sus plantas con un sonido seco y profundo: ¡CRACK!
Sin usar ninguna energía, sin artes marciales, solo basado en su pura fuerza física y una velocidad impresionante, casi inhumana, se lanzó al ataque. Fue un movimiento instantáneo; en un parpadeo, el puño de Lan Feng ya estaba a centímetros de la cara de Xuan Lie, listo para destrozarlo.
En esa fracción de segundo, mientras veía el impacto acercarse, la mente de Xuan Lie, nublada por la sangre y el dolor, apenas alcanzó a susurrar una sola duda:
¿Moriré aquí...?
Pero en el último instante, justo cuando todo parecía perdido, algo reaccionó dentro de él: no fue pensado, no hubo tiempo para razonar. Solo resonó en su interior, como una verdad absoluta, una única palabra dicha para sí mismo:
—¡NO!
De forma totalmente inconsciente, como un reflejo natural, su cuerpo se movió por sí solo. Levantó su brazo izquierdo —el que estaba sano, intacto— y desvió el golpe violento hacia un lado, apartando la trayectoria justo lo suficiente para que no le partiera el cráneo, aunque el aire del impacto le quemó la piel.
Lan Feng, que esperaba verlo caer destrozado, se quedó totalmente paralizado por la sorpresa. Abrió los ojos con incredulidad. ¿Había desviado su ataque? ¿Ese ser frágil, ese humano insignificante, había reaccionado y defendido?
Pero no se detuvo. La sorpresa duró un segundo, y enseguida su sonrisa se volvió más salvaje que nunca.
—¡Muy bien! —gritó—. ¡Entonces vamos a ver cuántos puedes aguantar!
Se preparó de nuevo, pisando con fuerza las grietas que había dejado en la plataforma, levantando ambos puños, dispuesto a lanzar una lluvia de golpes, uno tras otro, sin descanso, buscando romper cada hueso, cada rastro de vida y cada gramo de voluntad que quedara en ese cuerpo.
Antes de que pudiera volver a reaccionar, Lan Feng se abalanzó sobre él, listo para descargar una ráfaga de golpes brutales, devastadores, que sin duda terminarían de destrozarlo por completo.
Xuan Lie seguía allí, de pie, inmóvil, como si ya no fuera dueño de sus actos, como si su alma estuviera a punto de abandonar esa carne herida. Sus ojos, vidriosos y cubiertos de sangre, ya no enfocaban lo que tenía enfrente. El dolor ya no se sentía, solo había una pesadez infinita que lo arrastraba hacia la oscuridad.
Pero justo en ese instante, en la fracción de segundos antes de que llegara el primer golpe, un recuerdo volvió a él con una claridad deslumbrante.
Escuchó una voz, suave, delicada, llena de dulzura y una alegría que le era profundamente familiar. Una voz que reía con esa risa cristalina que había marcado su vida:
—¡Jajajaja! Sabes, Xuan Lie... tú nunca te rindes... ¡jajajaja!
Él, en su recuerdo, quiso girarse, quiso verla, quiso abrazarla. Pero al voltear la cabeza en su memoria, solo logró ver sus labios, rojos y suaves, curvándose en una sonrisa eterna.
Después de esa risa, después de esas palabras que resonaron como una verdad absoluta en su interior, ella movió lentamente los labios, pronunciando algo más: una frase corta, un mensaje secreto, algo que solo él entendería, algo que nadie más en el mundo podría comprender.
Y entonces, todo se detuvo.
El silencio más absoluto y profundo llenó su mente. Sus oídos dejaron de escuchar el viento, los golpes, la risa de Lan Feng... ya no se oía nada.
Su cuerpo, que había aguantado más allá de cualquier límite posible, finalmente cedió. Ya estaba inconsciente. Sus piernas perdieron la fuerza, sus brazos cayeron pesadamente a los costados, la cabeza se le fue hacia adelante. Su cuerpo había sido vencido.
...De repente, su cuerpo comenzó a moverse por sí mismo, de forma totalmente inconsciente.
Ya no era él quien mandaba, ni su mente cansada, ni su voluntad herida. Algo más había tomado el control. Se enderezó por completo, sus pies se afirmaron firmes sobre las piedras rotas de la plataforma y, sin que un solo músculo titubeara, su cuerpo adoptó una postura de combate perfecta, sólida y letal, preparándose para recibir el impacto que ya venía.
Lo más aterrador de todo era que su brazo derecho, fracturado, hinchado y destrozado, ahora permanecía rígido y estable, sin que pareciera sentir dolor alguno, sin tambalearse ni un milímetro. Era como si una fuerza invisible sostuviera su cuerpo, como si el dolor y el cansancio hubieran desaparecido, borrados por esa voluntad ajena que lo manejaba.
El ambiente a su alrededor cambió al instante. El aire se volvió pesado, frío y denso, como si la temperatura hubiera bajado bruscamente y una presión opresiva cayera sobre la plataforma.
Lan Feng ya había lanzado la ráfaga de puños, una lluvia de golpes brutales y veloces que buscaban destrozarlo por completo. No se detuvo ni un segundo, no hubo pausa; sus puños ya estaban cayendo sobre su objetivo.
Pero justo cuando el primer impacto debió haber hecho pedazos el cuerpo de Xuan Lie, sucedió lo imposible. Al chocar sus puños contra los brazos y la defensa de aquel humano, Lan Feng sintió una solidez y una técnica que le helaron la sangre. Fue en ese preciso instante, mientras seguía golpeando sin parar, cuando vio la transformación repentina en el rostro y la postura de su rival. Quedó impresionado y confundido, pero su instinto de lucha fue más fuerte: no paró, siguió atacando con más fuerza si cabe.
Comenzó un intercambio brutal, feroz, puramente físico. Lan Feng descargaba todo su poder, lanzando no solo puños, sino también patadas violentas, buscando destrozarlo. Pero cada golpe, cada patada, cada movimiento, era bloqueado, parado o desviado con una precisión y una técnica que no tenían sentido en alguien como él.
Lo que más aterrorizaba a Lan Feng, mientras seguía atacando sin éxito, era la forma en que se movía Xuan Lie: ya no parecía el niño débil y frágil de hacía unos minutos.
Ahora, sus gestos, sus posiciones, la forma en que distribuía su peso, la manera en que anticipaba cada movimiento del contrario... era como si estuviera frente a alguien que tenía una experiencia inmensa, alguien que había vivido incontables luchas, que había sobrevivido a guerras enteras y que conocía el combate hasta en su más mínimo detalle.
Xuan Lie no atacaba con fuerza bruta, pero su habilidad era perfecta. Se movía con una fluidez extraña, ágil y letal. Poco a poco, paso a paso, comenzó a empujar a Lan Feng hacia atrás, acorralándolo, obligándolo a retroceder contra su voluntad.
Ya no era el humano indefenso al que podía golpear a su antojo. En ese momento, en medio de la plataforma destrozada y bajo esa atmósfera helada y pesada, el intercambio se había convertido en una lucha de maestría pura, donde el cuerpo de Xuan Lie, movido por algo que nadie entendía, estaba superando a la fuerza descomunal de su oponente.
Lan Feng, jadeando y con la emoción mezclada con una creciente alarma, apenas podía reaccionar entre golpe y golpe, sin entender cómo era posible lo que estaba pasando.
—¿Quién eres realmente tú...? —susurró entre dientes, mientras sus ataques seguían chocando contra una defensa impenetrable.
Desde lejos, apartado de todos, en una esquina alejada de la plataforma, se encontraba uno de los treinta miembros que sabía cultivar. Era Shen Zhen, quien permanecía allí solo, observando todo con una atención absoluta. Había sido testigo de cada detalle desde el principio, y ahora estaba totalmente asombrado, mirando curioso e impresionado no solo por la pelea, sino por cómo el entorno había cambiado drásticamente, cómo el aire se había vuelto pesado, frío y cargado de una presión que no entendía.
En ese momento, desde otro lado de la plataforma, apareció el anciano herrero Wei Huo. Al ver la situación, el caos y la atmósfera extraña que envolvía el lugar, gritó con todas sus fuerzas, con voz ronca y llena de alarma:
—¡DETÉNGANSE! ¡PARAD INMEDIATAMENTE!
Pero su grito no tuvo ningún efecto. Xuan Lie no escuchó nada. No era que hiciera oídos sordos, es que estaba totalmente inconsciente. Ya no era una persona con voluntad propia; su cuerpo se movía como si fuera algo inanimado, una herramienta o una marioneta controlada por una fuerza ajena y desconocida. Se movía, atacaba y defendía sin pensar, sin sentir, simplemente reaccionando una y otra vez.
El intercambio de golpes no se detenía ni un segundo. ¡Prack! ¡Prack! ¡Crak! —resonaban los impactos una y otra vez contra el suelo y los brazos de ambos, sonidos secos y duros que vibraban en toda la plataforma de entrenamiento.
Xuan Lie se mantenía firme, sin mostrar ni el menor rastro de dolor, ni siquiera cuando su brazo derecho, fracturado y destrozado, debía estar causándole una agonía insoportable. Sus ojos estaban completamente blancos, sin pupilas, sin brillo, una señal aterradora de que su conciencia se había apagado por completo, y sin embargo, algo invisible y antiguo lo mantenía de pie, moviéndose con una precisión letal.
Yue, que hasta ese momento había permanecido serena, imperturbable y reprimiendo todo sentimiento, ahora también miraba con asombro. Sus ojos, que siempre habían permanecido tranquilos y fríos, ahora estaban muy abiertos, fijos en la escena, incapaz de comprender cómo todo había cambiado de esa forma tan drástica. Ese ser que ella consideraba basura, algo inferior y sin valor, ahora estaba presionando a su hermano hasta el límite.
Porque Lan Feng estaba cada vez más cerca de perder. Su respiración se aceleraba, sus movimientos empezaban a volverse erráticos y desesperados. Cada golpe que lanzaba era desviado o bloqueado con una facilidad que lo enfurecía y lo asustaba a partes iguales. Estaba cansado, sudando, algo que jamás le había pasado con un oponente de este nivel.
Al darse cuenta de que, si se descuidaba un solo instante, terminaría derrotado ante un humano al que había querido destrozar, su rostro se contrajo de furia y molestia. Sus ojos brillaron con una luz peligrosa y, mientras retrocedía medio paso para ganar distancia, apretó los dientes y gritó con rabia:
—¡Maldita sea! Me veré obligado a forzarme y usar una técnica especial para detener esta ráfaga de golpes tuya...
Su energía comenzó a cambiar, el aire a su alrededor se volvió violento y cortante. Lan Feng había decidido dejar de jugar.
De pronto, en medio del ruido de los golpes y la tensión que ahogaba el lugar, susurró con voz ronca y cargada de esfuerzo:
—TÉCNICA: PASOS DE TEMPESTAD – GOLPE DE RIADA
Sin necesidad de cultivar ni usar energía, todo el poder de su raza se concentró en su cuerpo. Sus pies se movieron a una velocidad vertiginosa, cortando el aire como una tormenta, acumulando impulso, fuerza y peso en cada movimiento. Se giró sobre sí mismo, llevando toda la fuerza de su masa y velocidad a su puño derecho, que ahora se dirigía directo hacia el pecho de Xuan Lie. Era un golpe mortal, un impacto que, de conectar, destrozaría todo lo que encontrara a su paso.
Pero justo cuando su puño estaba a punto de tocarlo, una mano apareció de la nada, sujetando su muñeca con una firmeza absoluta, deteniendo el golpe por completo.
Era Shen Zhen. Se había movido desde su rincón alejado en un parpadeo, apareciendo justo entre ellos para frenar el ataque fatal.
Lan Feng se quedó inmóvil, con el brazo extendido y la furia contenida en la mirada. Suspiró entrecortadamente, cansado y confundido, y miró al cultivador:
—¿Por qué me detienes...? —preguntó, con la rabia aún latiendo en sus venas.
Shen Zhen soltó su brazo lentamente y señaló con la mirada hacia el centro de la plataforma, con voz serena pero firme:
—Él ya perdió hace rato.
—¿Qué quieres decir? —replicó Lan Feng, frunciendo el ceño, negándose a aceptarlo—. Él aún... él sigue de pie, sigue defendiéndose...
Pero justo en ese instante, el cuerpo de Xuan Lie, que había estado tan firme y letal, perdió toda su rigidez de golpe. La atmósfera fría y pesada que rodeaba el lugar se disipó como niebla ante el sol. Esa fuerza invisible, esa voluntad antigua que lo había mantenido en pie y lo había controlado, se desvaneció por completo.
Xuan Lie cayó de rodillas sobre las piedras rotas, pesadamente, como una marioneta a la que le cortan los hilos. Su cabeza cayó hacia el pecho, su respiración era apenas un suspiro, débil y agitado. Estaba totalmente agotado, perdido, inconsciente.
—Lo ves —dijo Shen Zhen con calma—. Ya perdió hace tiempo. Tú ganaste, Lan Feng.
Lan Feng miró la escena, miró al humano que ahora estaba rendido en el suelo, y una expresión de profunda molestia y desagrado cubrió su rostro. Para él, esto no se sentía como una victoria. No había vencido a un rival, había peleado contra algo que no entendía, y ahora que quería el golpe final, el triunfo absoluto, le decían que ya había ganado antes de empezar. Se sentía frustrado, insatisfecho, como si le hubieran robado algo importante.
—Esto... para mí no es una victoria —murmuró entre dientes, amargado.
El silencio volvió a reinar en la plataforma. Todos miraban a esa figura arrodillada, cubierta de sangre, llena de heridas, con la piel rota y los huesos maltratados. Cualquier otro ya habría muerto diez veces.
Y entonces, cuando todos creían que ya no quedaba nada, Xuan Lie, con la voz apenas un hilo de aire, con la conciencia perdida y el cuerpo destruido, movió los labios. Susurró con tanta dificultad que parecía imposible que saliera sonido, y sin embargo, esas palabras fueron lo suficientemente claras y fuertes para que todos los presentes las escucharan, dichas directamente para Lan Feng:
—AÚN NO TERMINA... NO HASTA QUE YO MUERA...
Fue breve, casi inaudible, pero cargado de una verdad absoluta.
Lan Feng se quedó paralizado. Esas palabras, dichas por alguien que ya estaba vencido, que apenas podía respirar, le llegaron directo al pecho. Y entonces, lentamente, la molestia y la rabia se desvanecieron, reemplazadas por una sonrisa... una sonrisa que ya no era de burla, ni de crueldad, sino de reconocimiento y emoción pura.
—Bien... —dijo Lan Feng, enderezándose y limpiándose la sangre de su propia mejilla—. Nos volveremos a ver, Xuan Lie.
Shen Zhen se quedó allí de pie, observando al joven humano arrodillado. Quedó totalmente impresionado. Aún con todo ese dolor, con la cantidad descomunal de sangre que había perdido, con su cuerpo destrozado y su mente apagada, había sido capaz de decir esas palabras, con esa firmeza, como si estuviera plenamente consciente y dueño de sí mismo.
—Vaya... qué interesante... —murmuró para sí mismo, con los ojos brillantes de curiosidad—. Incluso sin saber siquiera si está vivo, su voluntad sigue peleando.
Yue, que había permanecido en silencio todo este tiempo, dio unos pasos hacia adelante, acercándose hasta quedar junto a Shen Zhen. Miraba a Xuan Lie con una mezcla de asombro y algo que se parecía mucho a la duda.
—Nunca vi a alguien con tal espíritu... —dijo ella, con voz baja, sin apartar la mirada—. ¿Es normal en los humanos tener una voluntad tan obstinada y fuerte?
Shen Zhen negó lentamente con la cabeza, sin dejar de mirar la figura caída que aún intentaba mantenerse erguida, aunque fuera de rodillas.
—No... —respondió con total seguridad—. Es la primera vez que veo algo así.
En ese momento, el anciano herrero Wei Huo, que había permanecido al margen conteniendo su angustia, corrió con pasos pesados y rápidos hacia el centro de la plataforma. Se arrodilló en el suelo lleno de polvo y sangre, giró con cuidado el cuerpo de Xuan Lie y lo sostuvo entre sus brazos, poniéndolo boca arriba para poder verle el rostro. El joven estaba destrozado, apenas un hilo de vida lo mantenía en este mundo.
Wei Huo lo miró con una mezcla de dureza y una ternura que jamás había mostrado ante nadie, y con la voz entrecortada por la emoción y la preocupación, le preguntó directamente, queriendo entender la raíz de tanta resistencia:
—¿Por qué...? —susurró el anciano—. ¿Por qué es tan necesario para ti ser herrero? ¿Por qué es tan vital volverte fuerte? ¿Qué es lo que te empuja a aguantar más allá de cualquier límite posible?
Xuan Lie apenas empezaba a recuperar algo de conciencia; todo a su alrededor era borroso y distante. Sentía el cuerpo como si no fuera suyo, el dolor era una llama que lo consumía por dentro. Al escuchar la pregunta, abrió los labios con inmenso esfuerzo, escupió un poco de sangre espesa y roja, y una tos seca y dolorosa lo sacudió de arriba abajo:
—Tose... tose...
De uno de sus ojos, hinchado y cubierto de sangre, una sola lágrima rodó lentamente, mezclándose con el polvo y las heridas de su mejilla. No era una lágrima de dolor físico, sino de una tristeza infinita, de una carga demasiado pesada para un cuerpo tan frágil. Y entonces, con una voz que parecía rasgarse al salir de su garganta, dijo esas palabras desgarradoras que helaron la sangre a todos los presentes:
—NO... TENGO OPCIÓN...
Hizo una pausa, luchando por tomar aire, con el pecho subiendo y bajando con dificultad, y continuó; cada palabra era un esfuerzo supremo, cada frase revelaba el secreto más profundo de su alma:
—Si no logro cumplir... ser HERRERO... —tosió con fuerza, escupiendo más sangre— ...si no logro hacerme fuerte... entonces perderé esta oportunidad... esta oportunidad que me dio la vida...
Se refería a su reencarnación. Esa segunda oportunidad que le había sido concedida, la única forma de no volver a perderlo todo, de no volver a quedarse vacío, de no fallar de nuevo. Para él, no era un deseo, ni una meta... era su única razón de existencia.
El silencio cayó sobre la plataforma como una losa pesada. Lan Feng, Yue, Shen Zhen y el anciano mismo, todos escucharon aquellas palabras y comprendieron, por primera vez, que no estaban ante un humano común que buscaba aprender o ser fuerte por orgullo. Estaban ante alguien que luchaba por su propia existencia, alguien que tenía mucho más en juego que la vida o la muerte.
Xuan Lie dejó de hablar. Su mirada se perdió en lo alto, clavada en el cielo que se extendía sobre ellos, azul e infinito. Miraba perdidamente las nubes, como si buscara entre ellas algo que había perdido hacía mucho tiempo, alguien que ya no estaba, un recuerdo que lo mantenía vivo a pesar de todo.
Wei Huo lo sostuvo con más fuerza, sintiendo cómo la vida se le escapaba entre los dedos, y en sus ojos duros de viejo guerrero y maestro, brilló una luz diferente, una luz de aceptación y compromiso. Inclinó la cabeza hacia él y le habló con voz grave, solemne y firme, haciendo una promesa que cambiaría el destino del joven:
—Si logras sobrevivir a estas heridas... te haré mi discípulo.
Hizo una pausa, limpiando suavemente la sangre de la frente de Xuan Lie, y añadió con voz suave pero cargada de autoridad:
—Por ahora... sobrevive, Xuan Lie. Solo sobrevive.
CONTINUARA…
© 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ.
Todos los derechos reservados.
Prohibida su copia o reproducción total o parcial.
AUT: OLVIDADO

Continúa leyendo
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)
Capítulo 22
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 21
Estás leyendo el capítulo 21 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 11 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.