Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 20 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
El metal resonaba con un ritmo constante y pesado: ¡Pan, pan, pan!, un sonido profundo que vibraba en cada rincón de la herrería del anciano Wei Huo.
Aunque sus días estaban contados y su vida se apagaba poco a poco, en el momento en que su martillo golpeaba el hierro candente, el anciano parecía rebosar una energía inagotable, como si de repente hubiera regresado a sus mejores tiempos. Cada movimiento suyo era firme, preciso y cargado de experiencia, mostrando sin palabras los secretos de un arte milenario.
A su lado, permanecía quieto Xuan Lie, de cabello corto y oscuro, con unos ojos negros profundos e intensos. Observaba todo con una calma inusual; en su mirada no había ni entusiasmo ni aburrimiento, solo una concentración absoluta, fija en cada gesto, cada medida y cada golpe que el anciano ejecutaba.
En silencio, su mente trabajaba sin descanso, repasando lo que había visto:
"Llevo días enteros aquí, observando, mirando y tratando de grabar en mi memoria cada regla, cada medida exacta y cada secreto que forma el método Shen-Lan. Es complicado, lleno de normas estrictas y detalles que parecen no tener fin... y lo peor es que, en todo este tiempo, el anciano apenas me ha dirigido unas pocas palabras. Casi no me habla."
La preocupación y la determinación crecían en su interior, consciente del tiempo que corría en su contra.
"Necesito encontrar la forma de que tenga interés real en enseñarme. No tengo tiempo que perder, y no puedo limitarme solo a mirar desde un rincón día tras día. Necesito practicar, necesito sentir el metal, necesito hacerlo yo mismo... pero, ¿cómo? El anciano es terco y estricto; jamás me permitirá tocar las herramientas de la herrería si no me gano su confianza primero, y mucho menos me dejará acercarme al fuego o a los materiales valiosos."
El sonido rítmico del martillo seguía golpeando, marcando el paso de los segundos, mientras Xuan Lie sabía que esa observación silenciosa era solo el primer paso de un camino duro que debía recorrer con paciencia y voluntad.
Al terminar, se dirigieron a tomar el alimento. Como siempre, apenas intercambiaron palabra ni siquiera una mirada; eran jornadas enteras marcadas por el silencio absoluto entre el anciano herrero y Xuan Lie. Así pasaron los días, uno tras otro, y Xuan Lie seguía limitado solo a observar, sin oportunidad de participar.
Sin embargo, cuando caía la noche y se retiraba a su pequeña habitación, no descansaba. Allí se entregaba a un entrenamiento físico duro y exigente, forzando su cuerpo al límite, sin descuidar ni un solo día su fortaleza y resistencia.
Seis meses habían transcurrido ya, casi medio año desde que todo comenzó. Xuan Lie permanecía en su lugar, con una mirada fría, impasible, como si nada de lo que ocurría a su alrededor le importara o le afectara. En su mente, sus pensamientos eran claros y firmes:
"Por lo que he logrado comprender, lo que estoy viviendo corresponde a la primera etapa: el Reflejo del Azul Abisal. Según lo que he deducido, aún me faltan por aprender dos puntos fundamentales para completar esta fase... pero el anciano sigue sin dirigirme una sola palabra. Se pasa todo el día en la herrería, inmerso en su trabajo, y no me da ninguna señal, ni indicación, ni la más mínima ayuda. Me he limitado a observar todo este tiempo, tal como se me permitió, pero cada día que pasa se me hace más difícil avanzar, y la incertidumbre crece sin que yo sepa cómo cambiar esta situación."
Tengo que hacer algo —se dijo a sí mismo Xuan Lie, mientras el día llegaba a su fin, igual que de costumbre: sin nada nuevo que ver, sin nada nuevo que aprender, solo el silencio y la rutina que ya se habían vuelto pesadas como el plomo.
Fue entonces cuando la voz rasposa y cansada del anciano herrero rompió el ambiente, sin siquiera dejar de mirar los restos de carbón en la fragua:
—Si este no es tu destino, no importa cuánto te esfuerces, no lograrás nada. Es mejor huir ahora y vivir como un cobarde, que quedarte aquí y terminar siendo un fracasado que nadie recordará.
Xuan Lie permaneció inmóvil. Su rostro seguía tranquilo, sereno, sin que ni un solo músculo se moviera, como si aquellas palabras solo fueran el viento pasando de largo. Pero por dentro, una rabia ardiente y profunda inundaba todo su ser, apretando su corazón con fuerza. Él sabía muy bien la verdad: los días, los meses y los años estaban contados, corriendo sin pausa hacia un límite que no se detendría por nadie.
"Tiene razón en una cosa" —pensó, mientras sus ojos oscuros se endurecían—. "Si no hago algo pronto, si no encuentro la forma, no seré capaz de lograr nada. Seré desechado como algo inútil, como si nunca hubiera existido."
En su mente resonaba la cruda realidad que había aprendido a fuerza de ver y callar:
"En este mundo cruel, solo tienes valor si eres fuerte. Si eres débil, solo sirves para ser pisoteado, devorado, desechado por aquellos que están por encima. Tengo que lograr aprender algo, lo que sea, como sea. Si no lo hago, nunca podré cambiar el rumbo de mi vida como lo he prometido. Todas esas promesas que he hecho, todas esas razones por las que sigo aquí... no pueden quedarse en el vacío. No permitiré que se pierdan como el humo."
El anciano lo miró fijamente, con esos ojos que parecían ver más allá de lo visible. Xuan Lie le devolvió la mirada con una sonrisa tranquila y serena en su rostro, una calma que ocultaba todo lo que ardía en su interior: una rabia profunda por lo difícil que era todo, por las barreras que parecían no tener fin, por tener que tragarse su voluntad día tras día.
—Puedes retirarte —le dijo el anciano con voz cansada—. Nos veremos más tarde a la hora de la cena.
Xuan Lie hizo una reverencia profunda, estricta, como señal de respeto absoluto.
—Sí, como diga —respondió con tono firme y sereno, antes de dar media vuelta y retirarse en silencio.
Cuando se quedó solo, el anciano soltó un suspiro largo y profundo que se mezcló con el crepitar del fuego:
—Haaaa... ho, ho, ho...
Negó lentamente con la cabeza, y sus palabras fueron un murmullo para sí mismo:
—Así que tienes una personalidad tranquila... Seis meses has aguantado, seis meses de paciencia absoluta. No hay un solo día en que te hayas ausentado, ni un momento en que hayas descuidado tu deber al venir aquí a la herrería...
Levantó la vista hacia el techo alto y oscuro, como si estuviera hablando con alguien que ya no estaba allí, con aquellos que partieron antes que él.
—Viejos amigos... —susurró con melancolía—, ¿será que debo enseñarle a este mortal el arte antiguo y sagrado de nuestra raza? ¿O será mejor dejarlo seguir su camino hacia la muerte segura? ¿Qué es lo que debo hacer?
Bajó lentamente la cabeza, y sus ojos se fijaron en el fuego de la fragua, brillando con ese azul puro, intenso y profundo que era la marca inconfundible de los Shen-Lan. Una sonrisa amarga y solitaria se dibujó en sus labios.
—Es muy complicado... —murmuró, mientras la luz azulada reflejaba su propia soledad—, especialmente cuando eres el último herrero que queda con vida... hehe.
Y así llegó la hora de la cena. Como era costumbre, compartían una sola mesa, pero en ese momento, mientras el anciano esperaba en silencio, se dio cuenta de que Xuan Lie no llegaba.
Era extraño. Wei Huo frunció el ceño, pensando para sí mismo: "Siempre es puntual en todo, nunca se retrasa... ¿No le habrá pasado algo? ¿O acaso...?"
Mientras analizaba la situación con esa calma propia de quien ha visto pasar muchas vidas, en otro lugar las cosas eran muy distintas.
Allí estaba Lan Feng. A pesar de que su propio padre le había prohibido expresamente molestar a Xuan Lie durante estos tres años, la curiosidad había crecido en su interior durante estos seis meses hasta volverse incontrolable. Ya no podía aguantar más, y había ido en su búsqueda. Y ahora, ambos estaban frente a frente, mirándose fijamente.
Lan Feng lucía esa superioridad innata de su raza Shen-Lan, mezclada con una personalidad retorcida y maliciosa. Una sonrisa burlona y malvada se dibujaba en su rostro, mientras en su mente nacían ideas crueles y divertidas para él.
Rompiendo el silencio con tono despreciativo, habló:
—¡Oh! Así que eres tú... el humano que trajo el Gran Longshi. —Lo miró de arriba abajo con burla, con ojos que parecían mirar a algo sucio e insignificante—. Te ves muy frágil, pareces demasiado joven... ¿Al menos eres capaz de sostener una herramienta de madera sin que se te caiga? ¡Jajajaja! Ten cuidado, no vayas a lastimarte con algo tan pesado para ti. —Su risa era fría y cortante—. Por cierto, según oí, te llamas Xuan Lie... Vaya nombre tan ridículo. Tus padres debían estar locos o ser muy crueles para ponerte un nombre así. ¡Jajajaja!
Xuan Lie permaneció inmóvil. Su rostro seguía serio, frío, sin el menor rastro de emoción, como si no tuviera alma ni sentimientos. Aquellas palabras, que eran cuchillos afilados para cualquiera, parecían no tocarlo en absoluto. Con la misma calma de siempre, respondió con voz firme y monótona, como si estuviera hablando de algo sin importancia:
—Lamento que pienses así... pero debo reunirme con el anciano herrero para la cena.
No hubo rabia, ni dolor, ni miedo. Solo indiferencia absoluta.
Lan Feng lo observó, decepcionado y aburrido ante esa reacción. Su sonrisa se borró lentamente, dejando ver el desprecio más profundo.
—Qué aburrido eres... —dijo con desdén—. Creí que serías algo más interesante, algo que valiera la pena molestar... pero no eres nada. Pareces exactamente lo que eres: un ser inferior, insignificante, que morirá en cualquier momento sin dejar rastro.
Y así fue como Xuan Lie, quien en el fondo cargaba el alma de un ser que en el pasado lo había tenido todo, mantuvo esa frialdad absoluta. Reconocía muy bien lo que sucedía: no eran más que meras provocaciones de alguien joven, arrogante y lleno del orgullo típico de la raza Shen-Lan. Para él, que había visto imperios caer y pasiones desvanecerse, aquellas palabras no eran más que el viento pasando de largo.
Estaba a punto de seguir su camino y cruzar el espacio que los separaba, cuando Lan Feng se acercó rápidamente y le susurró directamente al oído, con una voz cargada de veneno y desprecio:
—Estás destinado a morir sin nada, mortal inferior... nunca serás más que basura.
En ese instante, los puños de Xuan Lie se apretaron con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. Todo su ser vibró, como si algo antiguo y poderoso fuera a despertar, como si estuviera a punto de desatar una furia que había dormido por siglos. Pero justo antes de moverse, la voz de su experiencia resonó con fuerza en su mente:
"No caigas en sus provocaciones. Tú ya has vivido. Has visto mucho más de lo que este joven arrogante podrá imaginar. Has conocido el poder, la gloria y la caída. No te dejes llevar por palabras vacías de alguien que no entiende nada de la vida ni del destino."
Con un esfuerzo inmenso, contuvo todo lo que ardía dentro. Al levantar la vista, dejó escapar una pequeña sonrisa, apenas perceptible, una sonrisa tranquila y segura que decía claramente: no eres capaz de herirme con palabras.
Lan Feng se puso de golpe serio. Aquella indiferencia, esa calma, esa sonrisa... le molestaba profundamente. No había logrado ni siquiera rasguñar su orgullo con sus insultos. La frustración y la ira crecieron en su pecho, y sin mediar palabra, con un movimiento rápido y violento, lanzó un único puñetazo directo hacia él.
¡PUM!
Fue un golpe seco, brutal. Xuan Lie no tuvo tiempo de defenderse, apenas de moverse un poco para amortiguarlo. El impacto lo levantó del suelo y lo lanzó como un muñeco inerte, atravesando varias paredes de los antiguos palacios, gruesas y sólidas, que se hicieron añicos a su paso, hasta caer pesadamente sobre el suelo duro de una plataforma de entrenamiento, quedando allí tirado y desorientado.
—¿Qué... qué acaba de suceder? —pensó Xuan Lie, aturdido—. Apenas y pude reaccionar... sentí el impacto como si me hubiera caído una roca gigante encima...
La sangre comenzó a brotar de su cabeza, bajando espesa y caliente por su frente, cubriendo parte de su rostro.
—Duele mucho... —se dio cuenta, sintiendo su mano derecha entumecida y el dolor agudo que recorría su brazo—. Tengo fracturas... seguro. Si no hubiera reaccionado un poco, si no hubiera movido el cuerpo para desviar la fuerza... ese golpe me habría matado sin duda.
Su visión se volvía borrosa, la sangre le entraba por un ojo dificultando ver, y su respiración se acortaba cada vez más, sintiendo que se desmayaría en cualquier instante. Aun así, con una voluntad de hierro heredada de su vida pasada, luchó contra la oscuridad que quería apoderarse de él. Con gran dificultad, se puso de pie, tambaleándose, inestable como una hoja al viento. Su corazón latía desbocado, golpeando sus costillas con tanta fuerza que parecía querer salirse de su pecho.
Mientras tanto, Lan Feng caminaba lentamente hacia la plataforma, con paso relajado y arrogante. Al verlo de pie a pesar de todo, una sonrisa malvada y burlona se dibujó en su rostro.
—¡Oh! —exclamó con tono de sorpresa fingida—. ¿Eres capaz de aguantar algo? Es increíble... realmente creí que te romperías en pedazos solo con ese golpe. —Se detuvo frente a él, mirándolo con diversión—. Pero no solo eso... ¡fuiste capaz de reaccionar y moverte un poco para no morir al instante! Vaya, esto se vuelve interesante... ¡Jajajajaja!
Su risa resonó fuerte en el lugar, llena de burla y crueldad, disfrutando del estado en el que había dejado a Xuan Lie.
—¡Con que aquí estabas! —dijo una voz femenina, suave, calmada y serena que se acercaba entre las sombras.
Era Yue, su hermana. Al llegar y ver la escena: el suelo destrozado, las paredes de los antiguos palacios hechas añicos y a Xuan Lie apenas de pie, su expresión no cambió ni un ápice. No había burla, ni asco, ni lástima en su rostro. Sus rasgos finos y elegantes permanecían imperturbables, bajo un control absoluto de sus emociones. En el fondo de su ser sentía una repulsión profunda hacia los humanos, los consideraba seres inferiores, pero esa aversión la mantenía oculta, reprimida bajo una capa de serenidad y disciplina que ni ella misma dejaba traslucir. Solo obedecía a una cosa: la voluntad de su padre.
—¡Oh, eres tú! —dijo Lan Feng sin dejar de sonreír, señalando con desprecio al joven herido—. Mira, casi lo desarmo con un solo golpe... jajaja. Tienen razón todos, es tan frágil como decían. Un muñeco de barro, eso es lo que es.
Yue lo miró con esa calma inalterable, sus ojos azules profundos fijos en él sin mostrar ninguna emoción.
—Padre nos dio una orden claramente —dijo con voz medida, tranquila y firme, sin levantar el tono—. Y aun así, lo buscaste y lo dejaste en este estado. Sabes bien lo que se nos ha ordenado respecto a él.
—¿Y qué importa? —respondió Lan Feng encogiéndose de hombros, sin ningún tipo de remordimiento—. ¿No lo estás viendo? Mira lo débil que es, cómo se mantiene en pie solo por pura suerte. ¿Crees realmente que alguien así logrará aprender algo o hacer algo en estos tres años? Es solo una pérdida de tiempo y espacio.
Yue parpadeó lentamente, manteniendo su compostura perfecta, aunque en su interior, el rechazo hacia aquel ser humano luchaba por salir, pero ella lo sofocaba con rigor.
—Sin importar su capacidad, su valor o lo que sea... la palabra de padre es la única ley —replicó con serenidad y dureza a la vez—. Nos castigará severamente si se da cuenta de que hemos interferido. No vale la pena arriesgarse por nada, y mucho menos por esto.
—¿Y qué importa? —Lan Feng se acercó más, con una sonrisa peligrosa y malvada—. Solo tenemos que asegurarnos de que no pueda hablar... o de que no tenga oportunidad de decir lo que pasó aquí. ¡Jajajaja!
Yue soltó un suspiro largo y contenido, negando apenas con la cabeza ante la imprudencia de su hermano. No dijo nada más; para ella, lo que le pasara a aquel humano era irrelevante, siempre y cuando no se desobedeciera la orden de su padre.
Mientras ellos hablaban, Xuan Lie estaba como perdido en su propio mundo. Se tambaleaba violentamente, la sangre caía sin cesar de su frente cubriendo sus ojos. Sentía un dolor agudo y punzante en su mano derecha, la cual estaba hinchada y deformada por las fracturas, mientras que la otra, aunque dolorida por el impacto, estaba intacta. Su visión se nublaba, sus piernas temblaban a punto de fallar, pero apretó los labios con fuerza y respiró hondo, luchando contra la oscuridad que quería apoderarse de él.
Y entonces, de la nada, entre el zumbido de sus oídos y el dolor que lo envolvía, empezó a escuchar ruidos lejanos, como si fueran recuerdos de una vida muy lejana, casi olvidada.
Escuchó risas cristalinas de niños, voces alegres, el sonido de pequeños pies corriendo. Niños que cantaban, que jugaban, que corrían por jardines llenos de luz...
Y luego, una voz suave, dulce, llena de amor y esperanza, una voz que su alma reconocía, aunque su mente creía haber olvidado:
"Xuan Lie... ¿cuándo tendremos un hijo? Siempre he deseado tener uno, tener una familia contigo..."
Y en su recuerdo, él mismo respondía con ternura y promesa:
"Pronto... dejemos que todo esté estable y seguro, y entonces daremos el paso final. Te lo prometo."
De golpe, como si alguien hubiera cortado el hilo de la memoria, todo se apagó. El sonido, la luz, la voz, la esperanza... todo desapareció, dejándolo solo de nuevo en esa plataforma fría, cubierto de sangre y humillación.
El dolor de aquel recuerdo perdido fue mil veces más fuerte que el dolor de sus huesos rotos. Apretó los labios con tanta fuerza que se mordió hasta hacerlos sangrar, aferró con fuerza su mano herida, sintiendo cada fractura, y algo viejo, algo profundo, algo que había dormido siglos en su alma, despertó con una furia helada y absoluta.
Con la voz ronca, baja, pero cargada de una intensidad que hizo que incluso los hermanos Shen-Lan se callaran de golpe, susurró con fuerza suficiente para cortar el aire e interrumpir su conversación:
—VEN... AÚN NO ES SUFICIENTE.
Continuara …
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 20
Estás leyendo el capítulo 20 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 10 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.