Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 19 online gratis en español
🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
—Bien, todos, retírense. No descuiden sus deberes y prepárense para la Gran Expedición que realizaremos dentro de tres años. Nos volveremos a reunir aquí mismo para revisar todo y discutir los planes que llevaremos a cabo. ¿Entendido?
—Sí, Líder Lan —respondieron todos al unísono.
Uno a uno, los miembros se retiraron, aunque en sus miradas quedaba clara la duda y la incertidumbre. Todos pensaban lo mismo: ¿Podrá este humano lograrlo? ¿En solo tres años, corriendo contra el tiempo, aprenderá todo lo necesario y será capaz de forjar las armas que necesitamos para la expedición?
Cuando quedaron solos, el Líder Lan se volvió hacia él.
—Tú, mortal, sígueme. Hablemos mientras caminamos.
Mientras avanzaban por los pasillos, el líder rompió el silencio con voz seria y profunda.
—Quizás me equivoque al poner mis esperanzas en ti... pero es lo único que tenemos. Debes esforzarte por tu propio bien, y si de verdad quieres ayudar aún más a tu raza, este es el camino. Por ahora he logrado convencer a los que me siguen, pero escúchame bien: si no muestras un avance claro y sólido dentro de dos años, ya no habrá forma de ayudarte ni de ayudarnos. Desde este momento ya estás metido en esto hasta el fondo. Procura aprender todo lo que sea necesario, y tal vez todo salga según lo planeado.
Xuan Lie apretó los puños con determinación y respondió sin titubear:
—No se preocupe, lo haré. Cueste lo que cueste, me convertiré en el último herrero y seré quien les entregue lo necesario para esta expedición.
—Bien. Recuerda siempre que las acciones dicen más que las palabras... no me decepciones, Xuan Lie.
El joven escuchó su nombre salir de la boca de aquel ser antiguo y poderoso, y su expresión se mantuvo seria, aunque por dentro una sonrisa de firmeza se dibujó en su mente: Esta es la oportunidad que esperaba... no pienso perderla.
—Por cierto, Señor Lan... ¿quiénes son esos dos jóvenes que practicaban allí, justo cuando pasé antes de la reunión? —preguntó con curiosidad.
El semblante de Lan se endureció al instante.
—Esos son mis hijos. Mantente muy alejado de ellos. Ambos odian a los humanos incluso más de lo que yo mismo he llegado a hacerlo. Ya llegará el momento en que puedas conocerlos, si es que logras llegar lejos. Pero por ahora... tu única prioridad es aprender a ser herrero.
—Entendido.
—Bien, vamos. Es hora de que conozcas al anciano herrero. Vivirás en las estancias cercanas a su fragua; así no tendrás distracciones y podrás centrarte al máximo.
—Estoy listo —respondió Xuan Lie.
—Entonces andando —dijo el Líder Lan mientras señalaba el camino hacia el fondo—. El tiempo ya ha comenzado a correr.
Salieron del gran salón y se dirigieron hacia una construcción mucho más antigua, pequeña y de aspecto rústico, construida con piedra oscura y madera desgastada por el paso de los siglos. Desde fuera se escuchaba claramente el sonido: una tos profunda y rasposa, mezclada con el ritmo pesado y constante de un martillo golpeando el metal, un sonido que vibraba en el aire junto con el calor que se escapaba por las rendijas de las paredes.
El líder tocó la puerta de madera maciza.
—Wei Huo, ¿estás ahí?
La puerta se abrió lentamente. Asomó un anciano de la raza Shen-Lan, de espalda encorvada y aspecto frágil, con la piel arrugada y las manos marcadas por décadas de trabajo.
—Oh... es usted, joven amo Lan —dijo con voz ronca y cansada—. ¿Qué trae al líder hasta mi humilde herrería?
—Traigo a alguien que podría interesarle —respondió Lan—. ¿Nos permite pasar?
Wei Huo soltó una nueva tos seca y profunda, apartándose para dejar espacio.
—Mmm... sí, pasen.
El interior olía a hierro, carbón y fuego antiguo; las paredes estaban cubiertas de herramientas oxidadas y montones de minerales apilados, mientras una fragua al fondo brillaba con una luz tenue y constante. Los ojos entrecerrados del anciano se fijaron de inmediato en Xuan Lie, recorriéndolo de arriba abajo con curiosidad y desdén.
—Entonces... ¿quién es este humano?
—Será su aprendiz —anunció Lan con firmeza.
Wei Huo comenzó a reírse a carcajadas, aunque la risa se vio interrumpida pronto por una fuerte tos.
—¿¿Un humano, joven amo?? —preguntó con total incredulidad—. ¿Sabe lo difícil que será para él? ¿Es siquiera posible? Su cuerpo es frágil y se ve demasiado joven... esto no es tarea para cualquiera.
—Por eso mismo necesito que sea él —replicó Lan con seriedad—. Le dimos tres años.
—¿Le dimos? —repitió Wei Huo, frunciendo el ceño con amargura.
—No tenemos tiempo, maestro herrero. El tiempo que le queda a nuestra raza es muy poco... —la voz de Lan se tornó más grave y pesada—. Y he tomado la difícil decisión de poner ciegamente la esperanza de mi raza en este humano. Realmente no sé qué estoy diciendo o haciendo... pero quizás sea la única forma. No lo sabremos hasta que lo intentemos.
Wei Huo suspiró largamente, mirando al joven con una mezcla de comprensión y lástima.
—Lo entiendo, joven amo... pero... —soltó un nuevo suspiro profundo—. Haaa... bueno. No puedo decir desde ya que seré su maestro. Le daré un año: si en ese tiempo aprende solo observando, entonces lo aceptaré como mi discípulo y me encargaré de que llegue a ser un buen herrero. Aunque me quede poco tiempo de vida, todo dependerá de él.
—Es bastante obvio —dijo Lan—. Desde ahora se quedará viviendo cerca de usted, maestro herrero. Cualquier cosa que ocurra, hágamelo saber. Lo dejo totalmente en sus manos.
—Está bien, no se preocupe, joven amo —respondió el anciano, haciendo un gesto lento con la mano—. Que tenga un buen día.
—Usted también, maestro herrero.
Lan se giró hacia la salida, pero antes de cruzar el umbral, se detuvo y miró fijamente a Xuan Lie una última vez.
—Nos veremos en tres años entonces... Xuan Lie.
Xuan Lie solo asintió con la cabeza, y con ese simple gesto quedó sellada una promesa de tres años. Comenzaba así su destino junto a Wei Huo, el herrero: un hombre de complexión robusta, de carácter amargado, brusco y siempre quejoso, que parecía estar de mal humor a cada instante. Por fuera era duro como el acero y frío como la piedra, pero en el fondo se escondía un anciano noble, leal y de buen corazón, que había visto pasar demasiados años y demasiadas pérdidas. El camino que le esperaba era incierto, y solo el tiempo diría si al cabo de tres años estarían listos para la gran expedición de la que dependía su supervivencia. Y así, entre el calor del fuego y el sonido del metal, daba inicio el verdadero viaje de Xuan Lie en el arte de la herrería.
En otra parte del santuario, dos figuras descansaban bajo la sombra de un antiguo árbol de piedra. Lan Feng, recostado con pereza y una sonrisa juguetona y eterna dibujada en el rostro, jugaba distraídamente con una pequeña hoja de energía que giraba entre sus dedos. Era impredecible, desafiante y parecía tomar todo como un simple juego; nunca se le veía serio, y sus ojos brillaban siempre con esa chispa de curiosidad y travesura que hacía difícil saber qué pensaba o qué haría después.
A su lado, Lan Yue permanecía sentada con la espalda recta, inmóvil como una estatua, su expresión tan fría y serena como la superficie de un lago en invierno. Era seria, reservada y calmada en extremo; hablaba poco, observaba todo con detenimiento y no permitía que ninguna emoción alterara su compostura. Mientras su hermano veía diversión en todo, ella solo veía orden, deber y la verdad cruda de las cosas.
—¿Lo has escuchado, Yue? —preguntó Feng, sin dejar de sonreír, con esa voz ligera y burlona que usaba siempre—. El anciano Longshi ha traído a alguien nuevo. ¿Tú sabes algo de esto?
Yue ni siquiera giró la cabeza; sus ojos permanecían fijos en la distancia, y su tono de voz fue plano, carente de cualquier interés o emoción.
—¿Es así? No he prestado atención a chismes sin importancia.
Feng soltó una risa ligera, disfrutando de esa indiferencia tan característica de su hermana.
—¿Entonces no sabes nada? —se inclinó hacia ella, con esa sonrisa que prometía problemas—. Es muy extraño, ¿sabes? Según lo que se murmura por ahí... se trata de un joven humano.
Al decir esto, la expresión de Yue no cambió ni un milímetro, pero un destello de desdén cruzó rápidamente su mirada, frío y cortante como una espada bien afilada. Para ella, la sola idea de que un ser inferior caminara por sus tierras ya era una ofensa, aunque no lo demostrara con gritos ni ira.
—¿Un humano? —repitió con calma, aunque en sus palabras se notaba el peso de su desprecio—. No es más que una debilidad. Si nuestro padre ha permitido eso, debe tener sus razones... aunque me cuesta ver cuáles pueden ser.
—¡Eso es lo divertido! —exclamó Feng, levantándose de un salto, con esa energía incontrolable y desafiante que lo definía—. Nadie lo entiende, nadie lo espera. Y lo mejor de todo... dicen que tiene tres años para aprender lo que otros tardan vidas en dominar. —Se llevó una mano al mentón, sonriendo con malicia y curiosidad—. Me pregunto... ¿será capaz de entretenerme un poco? O será solo otro débil que se romperá a la primera...
Yue se puso de pie lentamente, sin prisa, con la misma calma absoluta de siempre.
—No vale la pena perder el tiempo pensando en él —dijo con frialdad, dando media vuelta—. Un humano es un humano, sin importar las oportunidades que le den. Su fracaso es algo seguro.
—Ya veremos, hermana... ya veremos —respondió Feng, caminando a su lado, con esa sonrisa que nunca abandonaba su rostro, mientras sus ojos brillaban con la promesa de que, tarde o temprano, él mismo se encargaría de poner a prueba a ese extraño recién llegado.
—Vamos a preguntárselo a padre, a ver qué nos cuenta y por qué ha tomado una decisión tan extraña —propuso Feng, como si fuera una travesura más.
Lan Yue lo miró con total indiferencia, sin detenerse.
—¿Seguro que quieres perder el tiempo de esa manera? —respondió con calma—. Oh, espera... ¿acaso no te interesa realmente ese humano? Yo creí que sí, que te daba curiosidad... pero veo que me equivoqué —añadió con un tono casi inaudible, que sonaba a burla sutil.
Feng soltó una risa ligera, pero ella cortó el momento al instante.
—No tengo tiempo para esto —dijo Yue, girándose hacia la zona de práctica—. Voy a entrenar.
—Eso es cierto —una voz profunda y grave resonó a sus espaldas, deteniéndolos en seco.
Ambos hermanos se giraron de inmediato. Al ver a su padre, se enderezaron y le hicieron una reverencia perfecta, llena de respeto y disciplina.
—Bienvenido, padre —dijeron al unísono.
El Líder Lan —Lan Zuiwen— los miró fijamente, sus ojos antiguos y sabios recorriéndolos uno a uno como si pudiera ver cada pensamiento que pasaba por sus cabezas.
—Oh, así que tú, Feng, sientes curiosidad por ese humano... y tú, Yue... —dijo él con voz seria, sin dejar espacio a dudas—. Antes de que me respondan o me pregunten nada, les voy a decir una cosa: manténganse alejados de él. Ese joven tiene una tarea importantísima entre manos, y no necesita distracciones, ni problemas, ni retos innecesarios de parte de nadie.
Lan Yue asintió al instante, sin mostrar emoción alguna.
—Como ordene, padre. No nos acercaremos.
Pero Lan Feng, desafiante como siempre y con esa sonrisa que ocultaba su verdadera obstinación, no se quedó callado.
—¿Pero por qué, padre? —preguntó con franqueza—. ¿Por qué aceptas a un ser inferior entre nosotros? ¿De verdad crees que es capaz de algo grande? ¿Por qué no me dejas probarlo solo un poco? Solo para ver si es tan inútil como parece...
El Líder Lan lo miró con severidad, y negó lentamente con la cabeza.
—¿Por qué no puedes ser un poco más como tu hermana? —suspiró profundamente, cargado de peso y preocupación, y continuó—: Ya se los he advertido: manténganse alejados. Si dentro de tres años logra hacer todo lo que se ha propuesto, entonces y solo entonces podrán juzgar si valió la pena dejarlo caminar entre nosotros. Pero por ahora... ustedes tienen que enfocarse en su propio camino, en avanzar en su cultivo. Eso es lo único importante y lo único que están obligados a hacer en este momento. ¿ENTENDIERON?
El tono de su voz fue firme, cortante y sin discusión posible. Los dos hermanos se pusieron serios al instante y respondieron con obediencia:
—Sí, padre. Así lo haremos.
—Bien —dijo Lan Zuiwen, mientras daba un paso para irse—. Voy a retirarme a mis aposentos; trataré de entrar en meditación a puerta cerrada. Si no ocurre algo urgente o grave, no me interrumpan por nada.
Se detuvo un segundo más, mirándolos con la seriedad de quien sabe lo que está en juego, y les dio su última advertencia:
—Y recuerden: no descuiden su entrenamiento. Mientras ustedes se relajan o pierden el tiempo, hay otros que entrenan el doble y avanzan más rápido. No se queden atrás.
Y así, sin esperar respuesta, el Líder Lan se alejó con pasos firmes y pesados, dejando a sus hijos con la orden clara, pero también con la duda y la intriga creciendo en sus mentes.
Tres años era el tiempo acordado. Tres años en los que Xuan Lie tendría que sobrevivir al carácter del viejo Wei Huo, dominar el arte perdido de la herrería y, sin saberlo, estar bajo la atenta mirada de dos hermanos que lo despreciaban y esperaban su fracaso.
¿Sería suficiente su voluntad para cambiar el destino de todos? ¿Qué pruebas le esperarían dentro de esos muros antiguos mientras el tiempo corría sin piedad?
Todo estaba dicho. Todo estaba pactado. La cuenta regresiva había comenzado
—Oye, mocoso... escucha bien: no pienso enseñarte nada. Pero si realmente tienes ganas de aprender, no necesitas ponerme títulos ni llamarme maestro. Haz que yo quiera enseñarte. Tienes tres años por delante: demuéstrame que vales la pena, demuéstrame que no me arrepentiré de nada cuando llegue el día de mi muerte. He visto morir a todos mis hermanos uno a uno, consumidos por la plaga... solo quedo yo. Y si me voy sin dejar nada, todo este oficio y nuestras enseñanzas se perderán para siempre. Por eso no puedo enseñarte solo por promesas o por órdenes. La herrería no es solo historia o cultura acumulada: lleva dentro nuestra alma, nuestro sudor, años de esfuerzo y dedicación... cosas que no se regalan a cualquiera, mucho menos a un mocoso que llega de la nada. No sé si lo que buscas es solo un capricho o una meta verdadera, pero si no lo es... entonces en estos tres años tendrás que llegar a ser igual o mejor que yo. La verdad... no soy más que un anciano que se está apagando poco a poco, así que no esperes favores ni regalos de mi parte, mocoso.
Xuan Lie lo miró fijamente, sin titubear ni un segundo, y respondió con voz firme y decidida:
—Está bien. No tengo intención de echarme para atrás. O lo logro, o muero en el intento. No hay otro camino para mí que no sea lograrlo.
El viejo herrero esbozó entonces una sonrisa ligera, una mezcla de amargura y curiosidad, y asintió lentamente.
—¿Es así? Bien... entonces veamos qué es lo que el destino y la vida misma tienen preparado para ti.
CONTINUARA….
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AUT: OLVIDADO

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EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela)
Capítulo 20
EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 19
Estás leyendo el capítulo 19 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 10 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.