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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 17 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
El silencio se extendió pesadamente por toda la sala, llenando cada rincón de aquel antiguo palacio. Fue entonces cuando Lan Zuiwen rompió el mutismo, con voz tranquila pero cargada de determinación: —Sigamos caminando. Eso me ayudará a reflexionar y pensar mejor sobre tu propuesta, pequeño mortal —dijo, y al instante ordenó sin volverse—: Longshi, sigamos. Mientras avanzaban entre los amplios pasillos, rodeados de aquella arquitectura majestuosa que mezclaba arte y naturaleza, Lan rompió el silencio nuevamente, dirigiéndose a su viejo amigo con curiosidad: —¿Qué planes tienes ahora, amigo Longshi? ¿Qué harás después de todo esto? Longshi caminaba a su lado con paso sereno; su figura imponente y elegante destacaba entre las columnas. Sin dejar de avanzar, respondió con voz pausada y profunda: —Tengo algunos asuntos pendientes que resolver, cosas que requieren mi atención lejos de aquí. Pero antes, necesito saber qué decisión tomas tú. Lo que decidas hoy me ayudará a definir qué camino tomaré yo también de ahora en adelante. Se detuvo de repente y se acercó hasta una gran ventana abierta, desde donde se podía contemplar el paisaje exterior: un ambiente tranquilo, silencioso y hermoso, donde el tiempo parecía haberse detenido. Lan observó aquel horizonte por unos segundos, y al volver el rostro hacia Longshi, sus ojos azules brillaron con seriedad al pronunciar su veredicto: —Puedo aceptar que ese mortal que traes contigo se quede. Pero solo con una condición: le daré tres años… solamente tres años. Tiempo suficiente para que se adapte, aprenda los secretos y domine el oficio de ser un herrero. Si en ese plazo no ha logrado estar a la altura… —Si no lo consigue, déjalo simplemente a su suerte —lo interrumpió Longshi con calma, terminando la frase por él, como si leyera sus pensamientos. Lan Zuiwen arqueó levemente una ceja, y una sonrisa cargada de sorpresa y curiosidad se dibujó en sus labios: —¿Oh? Creí que te preocupabas por él… —murmuró, analizándolo con esa mirada antigua suya. Longshi no dudó ni un instante, y respondió con esa sabiduría fría y profunda que lo caracterizaba: —Quizás sí me preocupo… pero si él no es capaz de cumplir su propia palabra, nada ni nadie podrá ayudarlo. Que aprenda o que fracase, que cambie su destino o que se pierda en él… al final, el camino y adónde lo lleva, solo podrá decidirlo él mismo. Luego, giró la cabeza y clavó su mirada directamente en Xuan Lie, que permanecía en silencio y atento a cada palabra. —¿Qué dices tú? —le preguntó con firmeza—. ¿Aceptas? Xuan Lie tenía la cabeza gacha, ocultando su expresión… pero entonces, una sonrisa valiente y decidida se dibujó en su rostro. Alzó la mirada, y en sus ojos ya no había miedo, sino fuego y voluntad inquebrantable. —Eso está más que claro —respondió con voz segura y potente—. No los decepcionaré. Tres años… son más que suficientes. Sea lo que sea lo que cueste, debo lograrlo. ¡Y lo haré! —Vaya… el mocoso sabe usar buenas palabras —dijo Lan Zuiwen, con un tono que mezclaba sorpresa y aprobación. Su mirada se endureció un instante, cargada de la gravedad de siglos de tradición y orgullo, antes de continuar: —Bien, entonces… romperé las reglas sagradas de mi raza solo para aceptar a un humano. Pero escucha bien: tendrás estrictamente ese tiempo límite. Aprovecha cada día, cada hora y cada respiro, porque si fallas… ni siquiera el señor Longshi podrá ni querrá velar por ti. Estarás totalmente solo ante tu destino. Hizo un gesto con la mano, indicando la salida, y añadió con frialdad: —Bien, mocoso. Sal por esa puerta. Allí alguien te guiará hasta una habitación donde podrás descansar. Nos veremos a la hora de la cena… no llegues tarde. Xuan Lie asintió con respeto, la determinación brillando en sus ojos con más fuerza que nunca. —Entendido. Entonces, me retiro —respondió con voz firme y serena. Y así, el joven dio media vuelta y abandonó el salón. Con cada paso que daba alejándose, el rumbo de su vida, hasta entonces incierto y lleno de oscuridad, comenzaba por fin a moverse, a tomar forma y a cambiar para siempre. Mientras tanto, Longshi y Lan Zuiwen continuaron caminando lado a lado por los amplios pasillos del santuario. El silencio entre ellos se volvió denso, cargado de preguntas no dichas, hasta que la atmósfera se tensó por completo. Lan rompió el silencio, mirando de reojo a su viejo amigo con una curiosidad afilada y profunda: —Dime, Longshi… ¿por qué, realmente, salvaste y cuidas a ese humano? —preguntó con seriedad—. Esa actitud no es propia de ti. Nunca lo ha sido. ¿O acaso me equivoco? Longshi caminaba con su porte imponente, dejando que el aire corriera libremente entre su espesa melena dorada y que sus escamas verdes brillaran con la luz. Respondió con una voz profunda, resonante y calmada, como el sonido de una montaña antigua: —No hay un motivo profundo ni un plan oculto, realmente… Todo ocurrió como una simple coincidencia. Me crucé con él y decidí protegerlo, porque, entre todos los seres que he visto en siglos, este parece ser un humano que tiene ganas de vivir y una voluntad inquebrantable de volverse más fuerte. Hizo una pausa, y en su rostro bestial —de mandíbula poderosa y rasgos salvajes— se dibujó una expresión serena e inteligente; sus ojos, profundos y sabios, brillaron con un destello misterioso mientras dejaba escapar un rugido bajo y amistoso, que sonaba como una risa: —Tengo la sensación… una certeza extraña, de que logrará todo lo que dice que hará. Quizás sea que ya se me están acabando los años de vida, amigo mío… y por eso me he vuelto más tolerante y suave con el paso del tiempo. Soltó una carcajada grave y potente que retumbó en el pasillo: —¡Jajajaja! Lan Zuiwen negó lentamente con la cabeza, y una sonrisa compleja —mezcla de escepticismo y esperanza— apareció en su rostro. —¿Es así entonces?… —murmuró, mirando al frente, hacia el futuro incierto—. Muy bien. Confiaré plenamente en tus palabras. Pondremos toda la esperanza de mi raza en un mocoso de tan solo doce años… Se giró hacia Longshi y rió con renovado espíritu: —Veamos qué cosas, qué cambios y qué destino traerá a mi pueblo durante estos tres años. ¡Jajajaja! Mientras tanto, de camino hacia su alojamiento, un sirviente de la raza Shen Lan lo guiaba en silencio por los largos corredores, indicándole con gestos secos dónde quedaba su habitación. Al llegar a la puerta, el sirviente se detuvo, lo miró con esa frialdad distante que todos parecían tener aquí y le dijo con tono cortante: —Si necesita algo, puede pedirlo… pero recuerde bien: no cause problemas ni rompa nada. Aquí no se toleran los errores de los inferiores. Dicho esto, me retiro. Si no hay nada más, lo dejo solo. Y así, el sirviente se marchó sin esperar respuesta, dejando a Xuan Lie de pie en el umbral de aquella habitación: un lugar sencillo, antiguo y silencioso, pero que para él representaba nada menos que la única oportunidad real de cambiar el rumbo de toda su existencia. Al entrar y cerrar la puerta tras de sí, el silencio lo envolvió por completo. Se dejó caer pesadamente sobre el borde de la cama, mirando a su alrededor. Su mente no dejaba de dar vueltas a todo lo que había escuchado y vivido en tan poco tiempo. “Ya me había acostumbrado a que Longshi me llamara ‘mortal’…”, pensó mientras suspiraba largamente, dejando salir todo el cansancio y la presión acumulada. “Pero ahora, el señor Lan… él me dice ‘inferior’, me llama ‘mocoso’… para él, para toda su raza, no soy más que algo pequeño y sin valor. Haaa… este mundo es realmente difícil y cruel.” Se recostó por completo, clavando la mirada en el techo de piedra tallada, donde se dibujaban figuras antiguas apenas iluminadas por la luz tenue que entraba. Su mente seguía trabajando, analítica y decidida: “Ser herrero… ¿eh? Tengo exactamente tres años. ¿Seré capaz de lograrlo? ¿Podré realmente aprender este oficio? Y más aún… aprenderlo de una raza que apenas conozco, que me desprecia y que guarda celosamente sus técnicas y secretos, cosas que ningún humano ha visto jamás….” Cerró los ojos un instante, y una sonrisa amarga pero firme se dibujó en sus labios. “Debo hacerlo. No es como si tuviera muchas opciones, ¿o sí? O aprendo y me vuelvo fuerte… o desaparezco en el olvido. No hay otro camino.” Poco a poco, sus párpados se volvieron pesados, su respiración se hizo lenta y profunda, y finalmente, el sueño lo venció, arrastrándolo hacia la oscuridad… De repente, un sonido rompió la calma: un ruido suave y familiar, como el caer del agua, que poco a poco se fue haciendo más nítido, más real… como si una escena del pasado se alzara ante sus ojos, trayéndolo de vuelta a tiempos que creía olvidados. —¿Dónde estoy…? —murmuró Xuan Lie, confundido, mirando a su alrededor. El paisaje de su habitación había desaparecido. Ahora estaba de pie en un lugar lleno de luz, hermoso y sereno. Reconoció cada rincón al instante. —Ya veo… —susurró para sí mismo—. Estoy divagando mientras duermo… he vuelto a ver cosas que viví en mi vida pasada. Allí estaba él, joven y diferente, regando con cuidado las flores en lo que había sido su hogar en otra época. Sostenía en sus manos una regadera de diseño exquisito, trabajada con detalles perfectos —una obra de arte forjada por seres de un nivel superior, algo que en cualquier otro lugar del universo hubiera sido considerado un tesoro incalculable—. Y las flores que regaba eran de una calidad y belleza tal, que cualquier persona, cualquier cultivador o reino entero habría matado con tal de poseer solo una de ellas. Entonces, una voz profunda, tranquila y llena de autoridad resonó detrás de él, interrumpiendo su paz: —Me asombra su majestad… Xuan Lie, usted se encuentra en la cima, en el lugar más alto y deseado, ese al que todos desean llegar… y sin embargo, aquí está, perdiendo el tiempo regando flores como un simple jardinero. Guandian 3 Raza: ¿??? Nivel / Poder: ¿??? Edad: ¿??? Nombre real / Título: ¿??? El antiguo Xuan Lie esbozó una sonrisa leve, tranquila y llena de una sabiduría inmensa. Sin dejar de regar ni apartar la vista de aquellas flores, respondió con voz suave pero firme: —¿Desperdicio de tiempo?… Nada de lo que se hace con el corazón lo es. Para mí, ni un solo instante dedicado a cuidar la vida es tiempo perdido. Hizo una pausa, dejando caer el agua con delicadeza sobre los pétalos: —Estas plantas… muchos las ven solo como recursos, objetos que se usan y luego se desechan. Pero para mí, incluso la vida que parece más insignificante merece ser valorada y respetada. Se enderezó lentamente, y su mirada se volvió profunda, como si atravesara los límites de aquel lugar para ver la inmensidad de todo lo que existe: —Todos los seres que se creen fuertes tienen la mala costumbre de ver a los débiles como basura… algo que pueden pisotear, desechar o hacer desaparecer cuando les estorba. Pero te pregunto yo, Gran Guardián… ¿quién crees tú que es realmente la verdadera basura? Giró entonces el rostro hacia él, y en sus ojos brilló la comprensión de un secreto cósmico: —Este universo, el cosmos mismo, y todas las existencias que jamás hemos conocido… ¿crees acaso que no nos ven a nosotros de la misma forma? Hay rincones, dimensiones y mundos donde mi raza jamás ha puesto un pie. El hecho de que nosotros seamos poderosos no significa que no haya seres mucho más fuertes, más antiguos o más grandiosos en algún rincón de toda la creación. Su voz se suavizó nuevamente, volviendo su atención a las flores que crecían a su alrededor: —Aun así… toda vida tiene un valor infinito. Por eso, regar estas plantas y asegurarme de que sigan viviendo es un acto que trae beneficio y belleza. Míralas… cada una es diferente: colores únicos, aromas distintos, propiedades y virtudes que ninguna otra posee. Sepamos valorar hasta lo más pequeño, porque en lo mínimo a menudo reside la mayor perfección… ¿Me entiendes, Gran Guardián? El Gran Guardián guardó silencio por un momento, procesando aquellas palabras que desafiaban todo lo que siempre había conocido. Con calma, negó levemente con la cabeza y respondió con franqueza: —La verdad… no, no lo entiendo. La gran mayoría de mi raza nace ya con fuerza y estatus superior; desde el momento en que abrimos los ojos, sabemos lo que es dominar. Jamás hemos tenido que saber, ni aprender, ni sufrir lo que significa ser débil… para nosotros, esa condición simplemente no existe. Xuan Lie sonrió con dulzura y comprensión ante aquella respuesta tan llena de orgullo y a la vez tan vacía de experiencia. Lo miró con la calma de quien ha visto el inicio y el fin de incontables cosas, y dijo suavemente: —¿Es así?… Pues aun sin entenderlo, es algo que debemos aprender. Porque para comprender la existencia en su totalidad, para saber realmente qué es la fuerza, primero debemos saber vivir… y ser espectadores de toda clase de vidas, desde la más humilde hasta la más grandiosa. Solo así se alcanza la verdadera sabiduría. Con una sonrisa leve, las imágenes de aquellos recuerdos antiguos se fueron volviendo borrosas hasta desvanecerse por completo. Xuan Lie abrió los ojos de golpe, despertando de aquel sueño profundo, y se llevó la mano al pecho, apretando la tela gastada y remendada de su vieja túnica —aquella ropa de estilo antiguo que vestía desde que vagaba por tierras difíciles y hostiles. —Si tan solo esto no fuera un recuerdo… —murmuró con voz cargada de melancolía, sintiendo el peso de sus apenas doce años sobre sus hombros—. Y si mi vida actual hubiera sido solo un mal sueño… uno que deja un sabor tan amargo en la boca… Justo en ese momento, unos golpes secos resonaron en la puerta. La noche había caído por completo, y la luz de la luna iluminaba débilmente las estancias silenciosas del santuario. Xuan Lie se levantó y abrió. Era el mismo sirviente de antes, que lo miró con esa frialdad y distancia típica de su raza, recorriendo con la mirada aquella ropa humilde que tanto lo diferenciaba de ellos. —Estoy aquí para llevarlo al lugar de la cena y a su encuentro con el líder —anunció sin más preámbulos. —Entendido. Bien, lléveme por favor —respondió Xuan Lie con calma, enderezando su pequeña figura. Caminaban por los amplios corredores cuando, al pasar frente a una gran ventana abierta, un sonido llamó su atención. Se detuvo un instante y miró hacia el patio exterior, bañado por la luz plateada de la luna. Allí, un joven de la raza Shen Lan entrenaba con una destreza impresionante. Sus movimientos eran fluidos como el agua, precisos como el filo de una espada y, al mismo tiempo, letales como el veneno. Cada gesto, cada paso, tenía una perfección innata que ningún humano —ni siquiera el más grande maestro— podría jamás imaginar. Xuan Lie se quedó observando, con los ojos muy abiertos, asombrado por aquella superioridad con la que ellos nacían. —No se detenga y siga caminando —lo regañó el sirviente, volviendo atrás y mirándolo con molestia—. Si se pierde en el camino hacia el palacio principal, no nos culpe a nosotros por lo que pueda pasar. Xuan Lie apartó la mirada, aunque la impresión seguía brillando en sus ojos. —Tiene razón. Vamos —dijo, aunque su mente seguía repasando lo que había visto, comprendiendo una vez más la inmensa distancia que lo separaba de ellos. Llegaron finalmente al gran salón donde se celebraría la cena. Allí lo esperaban ya Lan Zuiwen y Longshi. Al verlo entrar, Lan —con su porte elegante y majestuoso, propio de una raza antigua y llena de orgullo— esbozó una media sonrisa y señaló el asiento vacío en aquella mesa inmensa. —Oh, ya llegó el mocoso. Siéntate, acércate y comamos —dijo con tono relajado pero autoritario. Xuan Lie se sentó y recorrió con la mirada la larga mesa, cargada de manjares, frutas exóticas y platos que desprendían aromas deliciosos —cosas que jamás había visto ni imaginado—. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro infantil mientras pensaba en la dura realidad de su propia especie: “El mundo es verdaderamente injusto… Miles de personas de mi raza mueren de hambre o luchan por un pedazo de pan cada día, visten trapos y duermen en la calle… y aquí… aquí sobra la comida, todo es abundancia y lujo. Nosotros sufrimos, y ellos viven en el esplendor.” Lan Zuiwen, como si hubiera leído sus pensamientos, habló con voz seria, firme y llena de la verdad que solo un ser de su antigüedad podía conocer. No hubo groserías, solo juicio claro y severo: —Tu raza… —dijo mirándolo fijamente, sus ojos brillando con la sabiduría de siglos—. Tu propia especie es la única culpable de haber llegado casi a la extinción. Se dejaron cegar por la sed de poder, desearon poseerlo todo sin medida, buscaron guerras sin sentido y se alejaron del equilibrio. Todas esas elecciones los han llevado al borde del abismo donde ahora se encuentran. A su lado, Longshi permanecía imponente, con su figura de bestia majestuosa, su espesa melena dorada y sus escamas verdes que aún captaban la luz tenue del salón. Alzó la vista, y su voz resonó profunda, grave y potente —como el rugido de una montaña antigua— sin dejar ver emociones humanas, pero cargada de verdad: —Es cierto. Todo lo que él dice es la realidad. Por eso, Xuan Lie… tú eres diferente. Tú eres quien debe hacer la diferencia. No repitas los errores de tu gente. Y ahora, aprovecha este festín. Xuan Lie lo miró, y esta vez su sonrisa no fue de amargura, sino de determinación: una mirada que no parecía pertenecer a un niño de su edad. Asintió en silencio y comenzaron a comer. Fue una cena tranquila, pacífica, extrañamente agradable, donde el pequeño —con su apariencia humilde y sencilla— compartió mesa con dos seres que estaban muy por encima de cualquier escala humana: Lan Zuiwen, el líder que con sus reglas y decisiones cambiaría para siempre su destino, y Longshi, la bestia milenaria que le había dado una oportunidad. Cuando hubieron terminado, el ambiente cambió de golpe. Longshi se paró lentamente, y en su voz se mezcló la seriedad con una profunda melancolía —una emoción extraña en una criatura de su naturaleza. —Creo que ya es hora… —dijo, mirando a ambos—. Vamos, mortal. Xuan Lie… Lan… es momento de ir a la entrada del santuario. Caminaron hasta las grandes puertas de piedra que daban hacia el exterior, bajo un cielo lleno de estrellas que brillaban con una intensidad desconocida en el mundo de los hombres. Allí, frente al gran umbral de piedra, Longshi se detuvo y giró su enorme figura hacia el pequeño humano. —Esta es nuestra despedida —dijo, con voz baja pero clara—. Aunque hayan sido solo unos pocos días, de verdad los he disfrutado. Y antes de irme, te diré algo importante: Hizo una pausa, y la luz de la luna hizo brillar sus rasgos salvajes y nobles a la vez: —Si eres capaz de volverte un herrero decente, si logras aprender lo necesario y dominas el arte en estos tres años que tienes… entonces yo regresaré y te ayudaré a encontrar una forma de cultivar, un camino verdadero para volverte fuerte. Demuéstrame que esas promesas que le hiciste a Lan no fueron solo palabras vacías lanzadas al viento. Demuéstrame que son juramentos grabados en tu alma. Solo así… solo si lo logras, haré lo necesario para ayudarte a escalar más alto. Xuan Lie bajó la cabeza, ocultando la emoción que sentía ante aquella criatura que había sido su guía y su protección. Con voz apenas audible —como un susurro que el viento casi se lleva— dijo: —Gracias… Señor Longshi… Por todo… Gracias. Aunque fue muy bajo, Longshi —con sus sentidos agudizados y milenarios— escuchó cada sílaba perfectamente. Dejó escapar un sonido grave, un rugido suave y amistoso que servía de despedida, y dijo con firmeza: —No me gustan las despedidas. Por eso… me voy ahora mismo. Comenzó a dar unos pasos hacia la oscuridad que se abría más allá de las puertas, pero Xuan Lie levantó la cabeza de golpe y preguntó con preocupación infantil, rompiendo el momento solemne: —¡Espere…! ¿Es correcto irse tan tarde? ¿Estará bien, Longshi? La bestia gigante se detuvo un instante, sin volver el rostro, y una sonrisa se dibujó en sus rasgos poderosos mientras respondía con calma y seguridad, dejando clara su naturaleza: —Tranquilo, Xuan Lie… Yo soy fuerte. Y con esas últimas palabras, su figura majestuosa se alejó, perdiéndose en la inmensidad de la noche, dejando atrás al pequeño humano de trece años, vestido con las ropas de su difícil camino, y a Lan Zuiwen, quien observaba todo en silencio con una sonrisa de curiosidad y expectación. CONTINUARÁ... © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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