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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 14 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Galope… galope… Longshi quien corría a gran velocidad. Ya había caído la noche, y él conocía bien el peligro que acechaba en la oscuridad. Sabía que aquel frágil humano aferrado a su cola corría el riesgo de caerse en cualquier momento, pero también sabía que, si él dejaba de correr, la noche y sus amenazas no les permitirían seguir con vida. Desde atrás, agarrado con todas sus fuerzas, Xuan Lie pensaba mientras se aferraba desesperadamente: ¿No hubiera sido más fácil ir sobre su lomo, en vez de ir colgado de su cola? ¡Maldición! —se decía a sí mismo—. Si me suelto solo un poco, siento como si el peligro ya estuviera esperando para atraparme… ¡Longshi, apresúrate! —¡Galope, galope! —gritó Longshi—. Mortal, subiré hasta lo alto de esa montaña. En esta llanura árida y seca, ese es el único lugar seguro que existe. Xuan Lie apenas lograba mantenerse sujeto. Gritó con las fuerzas que le quedaban: —¡Solo apresúrese, señor Longshi! ¡Es muy difícil mantenerse agarrado de su cola! Mientras Longshi se apresuraba por llegar cuanto antes, Xuan Lie movió un poco la cabeza para ver a su alrededor, sumido en una oscuridad inmensa donde ni siquiera se veía la luna. —Qué oscuro se ve todo sin la luna... —murmuró. De pronto, sintió un escalofrío recorrerle la espalda desde la nuca hasta los talones. Algo los perseguía. Eran bestias que él no conocía, criaturas que no estaban registradas en su memoria ni en sus conocimientos, pero Longshi ya lo sabía. El dragón giró la cabeza apenas un instante y, de la nada, una criatura escamosa, antigua y alargada, parecida a una lagartija gigante, se lanzó al ataque con una velocidad impresionante. Longshi esquivó el golpe sin ningún problema, desviando su cuerpo justo a tiempo. No venía sola. Un grupo de cuatro de esas bestias los perseguían muy de cerca desde atrás. La montaña ya estaba cerca, casi al alcance, pero no lo suficiente. —¡Maldición! —gritó Longshi—. Tendré que usar una habilidad... aunque si ese mortal se cae, estará perdido. Sin dejar de correr, alzó la voz con fuerza: —¡Xuan Lie! ¡Agárrate fuerte! Voy a usar una habilidad. Si no eres capaz de mantenerte bien sujeto, te caerás y morirás sin remedio. Xuan Lie apretó los dientes, aferrándose con todas sus fuerzas hasta que sus nudillos se pusieron blancos, y gritó de vuelta: —¡Bien! ¡Ya estoy preparado! ¡Hazlo de una vez! Longshi no esperó más. Sus escamas comenzaron a brillar levemente y su energía fluyó con fuerza. —¡Habilidad Innata: Doble Estela! Se trataba de una habilidad nacida de su propia sangre dragónica, enfocada puramente en el movimiento y la velocidad. Al activarla, Longshi canalizaba su energía interna por todo su cuerpo, concentrándola especialmente en sus patas y en su cola, creando a su alrededor una especie de corriente de aire comprimido que lo empujaba hacia adelante con fuerza, como si el viento mismo lo cargara y lo llevara en volandas. Ya al borde mismo de la montaña, Longshi activó otra de sus habilidades: una que le permitía, de forma sobrenatural, caminar y desplazarse sobre el aire como si de suelo firme se tratara. Sin detenerse ni un segundo, ascendió por la empinada ladera hasta llegar a la cima, pisando la roca plana sin el menor problema ni esfuerzo. Una vez estuvieron a salvo en lo más alto, el viento de la carrera aún soplaba entre ellos. —Bien, mortal. Ya puedes soltarte. Deja de estar pegado a mi gran cola como si tu vida dependiera de ello... aunque, bueno, en esta ocasión sí dependía —dijo Longshi con tono de orgullo, moviendo la cola con soltura ahora que ya no tenía peso encima. Xuan Lie se soltó al instante, cayendo al suelo casi como si fuera aire, sin fuerzas en las piernas, todavía temblando por la adrenalina de lo que acababa de ocurrir y por la velocidad endiablada con la que habían recorrido la llanura. Mientras el humano intentaba recuperarse, Longshi se irguió con toda su majestuosidad, paseándose un poco de un lado a otro, alardeando de sí mismo como era su costumbre. Soltó una carcajada fuerte y sonora que retumbó en la cima. —¡¡¡JAJAJAJA!!! —se rió con ganas—. ¡¿A que soy increíble, Xuan Lie?! ¡¿Viste eso?! ¡Mis habilidades son sencillamente espectaculares, magníficas, únicas! Al notar que no recibía respuesta, giró la cabeza para mirarlo. Allí estaba el joven, sentado sobre las rocas, con la respiración entrecortada, el pecho subiendo y bajando rápido, todavía intentando asimilar que seguía vivo. —Vamos, mocoso... —dijo Longshi restándole importancia, sentándose cómodamente y comenzando a lamerse una de sus patas musculosas con total calma—. ¿En serio? Con tan poco ya te pones así... Qué aburrido eres, creí que tendrías más aguante. Pasaron unos minutos hasta que Xuan Lie logró calmar su respiración y recuperar el habla. Miró hacia la imponente figura de su compañero con una mezcla de cansancio y admiración. —Creí que me caería y moriría allá abajo... —dijo con voz todavía ronca—. ¿Qué tipos de habilidades son esas que tiene, señor Longshi? Son... son de otro mundo. Hizo una pausa, tragó saliva y siguió hablando con dificultad, pero con curiosidad genuina. —Por cierto... —añadió mirando su cuerpo fuerte y cubierto de escamas—, ¿de qué especie es usted exactamente, señor Longshi? Longshi detuvo el movimiento de su lengua sobre la pata, alzó la cabeza y lo miró como si fuera la pregunta más obvia del mundo, aunque con una sonrisa satisfecha. —¿Mmm? ¿Acaso no te lo había dicho ya? —preguntó, esperando el momento para lucirse—. Bueno, si se me olvidó, te lo vuelvo a decir con mucho gusto: Soy el majestuoso Longshi, de la raza Dragón. Lo dijo con tanto orgullo que parecía que el nombre mismo brillara. Pero Xuan Lie, con toda la sinceridad del mundo, inclinó la cabeza un poco a un lado, analizándolo. —¿Dragón...? —murmuró—. Mmm... pero es algo raro. Siempre leí o escuché que los dragones son diferentes. O sea... mucho más largos, con cuerpos más delgados o de formas distintas... no tan... no tan estructurados como usted. Longshi resopló con fuerza, levantándose un poco y sacando pecho, dejando ver su cuerpo fuerte, similar al de un león gigante pero cubierto de escamas antiguas y duras. —Mmm, ya sé a cuáles te refieres —dijo con desprecio hacia esas otras formas—. Esos son solo parientes lejanos, variantes menores. Pero yo... ¡yo soy mucho más imponente! ¿No lo crees acaso? ¡Tengo la fuerza, la velocidad y la presencia que ningún otro tiene! ¡JAJAJAJA! Se rió a gusto de nuevo, disfrutando de su propia grandeza, pero luego miró alrededor. Todo seguía oscuro, la noche era cerrada y la luna seguía oculta. —Y bien... ¿por qué estamos hablando entre tinieblas? —preguntó—. Enciende una fogata, mortal. Necesito ver bien para seguir admirando mi propia figura reflejada en la luz. Xuan Lie suspiró, ya acostumbrado a su ego infinito. —Para eso necesito leña, señor Longshi... y aquí arriba no hay árboles, solo rocas. El dragón lo miró con una sonrisa de suficiencia, como si le estuviera por enseñar otra cosa que el humano desconocía. Con un movimiento elegante de sus garras, hizo aparecer de la nada un montón de pequeñas ramas secas y ramas finas, como si las hubiera sacado de una bolsa mágica invisible que siempre llevaba consigo. —¡YA! —dijo triunfante dejándolas caer al suelo frente a él—. Enciéndela ahora. Y recuerda: aunque mi cuerpo brille en la noche mostrando mi grandeza y belleza naturales, eso no significa que debamos abusar de ella y llamar la atención innecesariamente. ¡JAJAJAJA! —se rió de sus propias palabras, echándose hacia atrás con risotadas. Xuan Lie negó con la cabeza mientras se agachaba para preparar el fuego. En su mente solo podía pensar: «Jajaja... ya nada me sorprende de ti. Ni tu velocidad, ni tu fuerza, ni tu capacidad para guardar ramas donde no caben... y mucho menos tu forma de hablar sin parar de lo increíble que eres». Entre varios intentos, finalmente logró prender la fogata. Las llamas crecieron con fuerza, iluminando gran parte de la cima de aquella montaña altísima. Era un espacio reducido, pequeño si se comparaba con la inmensidad de las llanuras de abajo, pero lo suficientemente amplio y cómodo para que ambos pudieran descansar sin estorbarse el uno al otro. La madera ardía con intensidad, y de vez en cuando la fogata lanzaba chispas doradas que se elevaban hacia lo más alto, perdiéndose en la inmensidad negra del cielo. Xuan Lie levantó la cabeza, siguiendo con la mirada ese rastro de luz ascendente, y sus ojos se abrieron con asombro. —Vaya... —murmuró, maravillado—. ¡Se logran ver las estrellas! Muchas más y mucho más claras que en cualquier otro lugar donde haya estado. Longshi también alzó la vista, observando aquel manto infinito de puntos brillantes, y en sus ojos antiguos se reflejó una calma que pocas veces se le veía. Su tono de voz cambió, dejando atrás la arrogancia habitual para dejar salir la sabiduría de siglos de vida. —Que este sea un mundo olvidado, mortal... no significa que haya perdido su belleza —dijo con voz grave y pausada—. Al contrario, eso es precisamente lo que lo hace único y especial. Es un lugar que guarda sus secretos solo para quien se atreve a venir a buscarlos... y que, a pesar de todo el peligro que esconde en cada rincón, sigue siendo tan hermoso como el primer día en que fue creado. Dicho esto, se acomodó en el suelo de roca, estirando sus patas musculosas y recostando su gran cabeza sobre ellas, relajado pero siempre alerta. Xuan Lie se quedó unos instantes en silencio, disfrutando de esas palabras y de la paz que por fin respiraban, aunque la imagen de aquellas criaturas persiguiéndolos no se borraba de su mente. No pudo aguantar la curiosidad y volvió la mirada hacia su compañero. —Señor Longshi... —empezó con cuidado—. ¿Qué tipo de bestias eran esas que nos perseguían allá abajo? Nunca había leído ni escuchado nada parecido. El dragón soltó un suspiro profundo, cerrando un momento los ojos como si intentara abarcar en su mente todo lo que conocía de estas tierras. —Mmmmmm... —rumoreó pensativo—. Si me pusiera a contarte una por una todas las bestias que existen, tanto las que se conocen como las que han permanecido ocultas en este vasto mundo que aún no ha sido explorado por nadie... no terminaríamos ni en mil noches como esta. Hay cosas aquí que son tan antiguas como yo, o incluso más... y otras que ni yo mismo comprendo del todo. Hizo una pausa, abrió los ojos y miró fijamente hacia la otra vertiente de la montaña, hacia la oscuridad profunda que se extendía al otro lado de donde estaban. —Pero lo que sí conozco... —continuó con un tono más serio, casi solemne—, es a quien se hace llamar el Dueño. Es el ser que reina y controla todo este territorio. Y ten esto muy claro, Xuan Lie: todo lo que veremos de ahora en adelante, todos los peligros que nos esperan, y todo lo que habita estas tierras... es su dominio. Ese dominio comienza justo al cruzar esta montaña, al otro lado del límite donde estamos ahora mismo. Xuan Lie escuchaba cada palabra con mucha atención, sintiendo un escalofrío diferente al de antes, uno que venía de la propia imaginación. Se inclinó un poco hacia adelante, con respeto y con una curiosidad inmensa, entendiendo ahora que la parte difícil del viaje apenas estaba por empezar. —¿Tantas criaturas y tierras existen bajo un solo nombre? —preguntó con voz baja—... Y ese que menciona, ese ser al que llaman Dueño... ¿es fuerte? ¿Es... poderoso? Longshi se quedó callado un momento, mirando hacia el otro lado de la montaña, pero pronto cambió de cara y volvió a ser el de siempre. —Mmm, bueno... basta de hablar —dijo estirándose—. Me dio hambre, y esta noche es perfecta para comer algo rico. «Ah, ya empieza con su glotonería...», pensó Xuan Lie sonriendo para sí mismo. «Pero espera... me llamó por mi nombre y no me dijo nada malo. ¡Genial! Así, sin darse cuenta, lo dirá siempre sin problemas. Jajaja». Se inclinó y movió la leña para avivar el fuego, con una sonrisa disimulada. De pronto, Longshi sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Se giró y lo miró fijo. —Mortal... ¿estuviste pensando algo malo de mí? Xuan Lie se puso serio al instante. —¡No, señor Longshi! ¿Cómo cree? Solo admiraba el cielo... —Mmm... bueno, está bien —dijo él sin quedar muy convencido—. Iré a cazar. Quédate aquí quieto y mantén el fuego encendido, ¿entendido? —Sí, señor Longshi. Y en un parpadeo, el dragón desapareció entre las sombras. La noche quedó muy callada. Xuan Lie se quedó solo mirando las llamas, y sus pensamientos se pusieron serios. —Ya van casi trece años desde que llegué... —susurró—. Y todavía no he logrado cultivar nada. Si no fuera por Longshi, seguro que ya estaría muerto. Tengo que hacerme fuerte, y rápido. No puedo seguir siendo una carga... Apenas terminó de decirlo, se escuchó un ruido fuerte detrás de él, como si algo pesado cayera al suelo. Xuan Lie se puso pálido del susto. Sintió un frío terrible en la espalda. «¿Qué es eso? ¿Una bestia? ¿Ya regresó el peligro? Longshi todavía no vuelve... ¿qué hago?», pensó sin atreverse a voltear. Entonces, una voz fuerte sonó justo detrás suyo, haciéndolo saltar del susto. —¡Oye, mortal! Cacé lo primero que vi, así que aquí tienes la carne. Tómala y prepárala bien rica, que me muero de hambre. Xuan Lie soltó el aire que tenía guardado y sintió un alivio enorme. Se volvió y vio a Longshi allí parado con la presa a sus pies. —S-sí, señor Longshi... enseguida lo hago —dijo recuperándose. Mientras Xuan Lie preparaba la carne sobre el fuego, Longshi se acomodó cómodamente esperando, y rompió el silencio para volver sobre lo que el joven le había preguntado antes: sobre ese ser que se hacía llamar el Dueño de las tierras donde estaban por entrar. —Solo es un viejo parlanchín —empezó a decir Longshi con tono de desprecio—. Alguien que habla mucho pero que no tiene mucha inteligencia, la verdad. Se cree el rey de todo, pero no es más que una bestia antigua y terca. Xuan Lie lo escuchaba con atención mientras movía la comida. —Por la forma en que lo dices... parece que lo conoces muy bien —comentó—. ¿Son amigos o muy cercanos? Longshi soltó un bufido fuerte, casi indignado, y respondió sin dudar ni un segundo: —¡Para nada! ¡Jamás sería amigo de una bestia tan bruta como esa! Es cierto que nos hemos cruzado muchas veces, hemos intercambiado golpes y técnicas hasta cansarnos... pero de ahí a ser amigos... ¡ni loco! —se detuvo un momento, irguió el pecho y añadió con mucho orgullo—: Además, ¿amigo de quién? ¡Si yo soy mucho más fuerte y muy superior a él! ¡Jajajaja! Se rió a gusto de sí mismo, seguro de su propia grandeza. Xuan Lie negó con la cabeza sonriendo, ya acostumbrado a verlo así. —Sí, sí, sí... lo que usted diga, señor Longshi. Si usted lo dice, así debe ser. Longshi se quedó callado un momento, mirando las llamas, y luego volvió a hablar con un tono un poco más misterioso. —Por cierto, Xuan Lie... debes saber una cosa: después de cruzar todo ese territorio y salir del otro lado... vamos a conocer a un viejo conocido mío. El joven levantó la vista de golpe, sorprendido. —¿Un conocido? ¿Un amigo suyo? ¿Es alguien bueno? —Mmm... no sé muy bien cómo explicarte lo que es —dijo Longshi rascándose una oreja con una pata—. Ni amigo ni enemigo... bueno, cuando estemos allí lo entenderás tú mismo. No hay prisa. Por ahora, mejor cenemos que el hambre no espera. Xuan Lie asintió y siguió con lo suyo, pero la curiosidad ya le había quedado grabada. —Está bien... —dijo—. Por cierto, señor Longshi... ¿qué tipo de bestia fue la que cazó? ¿Era peligrosa? Pero ya no hubo respuesta. Longshi, vencido por el cansancio y el calor del fuego, ya tenía los ojos cerrados y se estaba quedando dormido sentado. Apenas se le escuchó murmurar entre sueños: —No sé qué era... pero fue lo primero que se me atravesó... mala suerte la suya, le llegó su destino... jejeje... Y sin decir más, se quedó profundamente dormido. Continuará... © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 14 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 10 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.