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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 11 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
Suspiró una vez... y luego otra, su respiración pesada y rítmica, señal de que el sueño lo había vencido por completo. Xuan Lie yacía inmóvil, sumido en un descanso profundo. De pronto, algo resopló muy cerca de él. Un sonido grave, profundo, que parecía vibrar en el aire, seguido de un roce pesado que hacía temblar el suelo levemente. Desde la penumbra, una voz potente y antigua comenzó a llamarlo, arrastrando las palabras con cierta burla y autoridad: — Oye… Oye… Mortal… despierta… Era Longshi Lu, quien con muy poca paciencia intentaba sacarlo de su reposo. — ¡Eh, tú! ¡Despierta ya! —insistió la bestia, acercándose aún más. Xuan Lie abrió los ojos de golpe, sobresaltado, y un gemido de dolor se le escapó entre los dientes: — ¡Ay… ay…! Un sufrimiento agudo recorrió cada rincón de su ser. Sus músculos ardían, sus huesos parecían crujir con el más mínimo movimiento y sus vísceras parecían haber sido revueltas y aplastadas. Eran los daños internos graves que le habían quedado tras esa caída aterradora. Aún aturdido y con la mente nublada, apenas prestaba atención a lo que tenía enfrente, sumido en sus propios pensamientos: «¿Desde qué altura tuve que caer para terminar con tantas heridas y daños internos?» Mientras él seguía perdido en su dolor y sus cavilaciones, Longshi Lu lo miraba con los ojos entrecerrados, notando que el humano no le dedicaba ni un segundo de atención. La paciencia de la bestia se estaba agotando. — ¡Oye! ¡Te estoy hablando a ti! —tronó la voz de Longshi Lu, haciéndose más imponente—. ¿Hasta cuándo piensas ignorarme, insignificante mortal? ¡Estoy aquí frente a ti y actúas como si no existiera! Al ver que Xuan Lie seguía abstraído, sin reaccionar, Longshi Lu decidió tomar medidas más drásticas. Se inclinó con lentitud, exhibiendo su tamaño imponente, y posó una de sus enormes garras —lo suficientemente grande para aplastar su cuerpo entero— sobre la cabeza de Xuan Lie, cubriéndola casi por completo. Lo hizo con fuerza justa para inmovilizarlo y dejarle claro quién mandaba allí, mirándolo fijamente con sus ojos brillantes y antiguos, hablando de forma retadora, seria, pero con ese toque de arrogancia y diversión que lo caracterizaba: — Oye, mortal… —dijo despacio, marcando cada palabra—. Si no pones atención a lo que te digo ahora mismo… te aseguro que serás el desayuno perfecto para mí esta mañana. ¡Jajajaja! —rió con estruendo, un sonido que resonó por todo el lugar, mezcla de amenaza y aburrimiento. Xuan Lie, sintiendo el peso inmenso sobre su cabeza y la fuerza que emanaba de aquella bestia legendaria, finalmente volvió a la realidad. El miedo no apareció en sus ojos, sino solo una molestia profunda mezclada con el dolor que no cesaba. Levantó la vista lentamente, encontrándose con esa mirada desafiante, y comprendió que, aunque estaba herido, olvidado y perdido en un lugar desconocido… su problema apenas había comenzado. Longshi Lu retiró su garra lentamente y se acomodó en el suelo, sentándose frente a él con esa postura majestuosa y relajada. Xuan Lie lo miró con el rostro completamente serio, sin rastro de miedo, solo con esa expresión fría. Tras observarlo un momento, preguntó con voz tranquila y monótona: —¿Más pescado? —y soltó un suspiro largo, como si aquella situación le resultara más molesta que peligrosa. —¡Ho hoo! —exclamó la bestia, arqueando las cejas con sorpresa y molestia—. ¿Te atreves a suspirar frente a mí? ¿Después de ignorarme y tratarme como si fuera algo sin importancia? Xuan Lie sabía muy bien que su vida pendía de un hilo, que en cualquier momento esa criatura podía decidir acabar con él sin el menor remordimiento. Sin embargo, en lugar de mostrar sumisión, una sonrisa se dibujó en sus labios. No era una sonrisa de alegría, ni mucho menos; era una sonrisa cargada de irritación, de esa molestia profunda que sentía por tener que aguantar situaciones absurdas cuando lo único que quería era recuperarse. —¿Qué quieres decir? —respondió con calma, sosteniéndole la mirada—. ¿Acaso me atrevería a hacer tal cosa ante una bestia tan imponente como lo es usted? —dijo, marcando las palabras con un tono que parecía respetuoso, pero que encerraba una ironía pesada. Se hizo un silencio incómodo, pesado, donde solo se escuchaba la respiración pausada de ambos. Longshi Lu lo miró fijamente, como si pudiera ver a través de esas palabras, y resopló con fuerza, dejando claro que no se había tragado nada. —Mocoso… los halagos conmigo no funcionan —dijo con sequedad y desdén. Se puso de pie de golpe, estirando su cuerpo enorme y poderoso, haciendo crujir sus huesos con un sonido estruendoso, y luego se giró hacia él diciendo simplemente: —Sígueme, mortal. Xuan Lie lo miró sin comprender del todo, levantándose con dificultad por el dolor que aún sentía en todo el cuerpo, y preguntó: —¿Hacia dónde? Longshi Lu ya había comenzado a caminar a paso lento pero firme, y sin detenerse siquiera, le respondió desde adelante: —Si no quieres terminar siendo el desayuno, solo camina y sigue de cerca. —Hizo una pausa y luego añadió con tono burlón y divertido, como si disfrutara de la incomodidad del otro—: Quién sabe… tal vez aparezca por ahí otra bestia igual de imponente que yo, y esa sí que te hará su desayuno de verdad. ¡Jajajajaja! —su risa retumbó entre los alrededores, llena de arrogancia. A Xuan Lie no le gustaba para nada la forma en que aquella criatura le hablaba ni lo trataba, pero sabía que no tenía opción. Apresuró el paso para mantenerse siempre cerca de él, alerta, aunque el lugar donde se encontraban parecía extrañamente calmado y silencioso, sin ruidos ni señales de peligro aparente. Y así, caminaron… y caminaron. Xuan Lie, siempre unos pasos atrás, lo seguía sin perderlo de vista ni un segundo. La curiosidad y la duda lo carcomían, así que, aprovechando que iban en marcha, alzó la voz para preguntar: —Oye… ¿en dónde estamos exactamente? —hizo una pequeña pausa y añadió—: ¿Y conoces los alrededores? —¿Desde cuándo somos tan cercanos como para que me digas “oye”? —exclamó Longshi Lu con tono severo, rompiendo el silencio que había reinado hasta entonces. Se hizo una pausa, un momento de silencio cargado de tensión, donde solo se escuchaban las hojas moverse con el viento. Xuan Lie, con el rostro lleno de irritación por verse en esa situación, bajó la mirada un instante y dijo a modo de disculpa, aunque sin dejar de verse molesto: —… Disculpa. —¿El mortal pide disculpas? —murmuró Longshi Lu, como si le divirtiera o le sorprendiera aquello—. No has hecho nada malo, no veo por qué lo haces… —hizo una pequeña pausa, y luego soltó la pregunta que pesaba en el aire—: Mmm… si no mal recuerdo… eres de la raza humana, ¿no? ¿O me equivoco? Xuan Lie se quedó callado, la curiosidad mezclada con una profunda preocupación se apoderó de él. «¿Qué hago?», pensó angustiado. «¿Qué pasará si respondo que sí? ¿Y si al saber que soy humano cambia de opinión y decide no permitirme vivir más?». El miedo a su propia respuesta lo paralizó. Longshi Lu continuó caminando entre la espesura del denso bosque, escuchando detrás de él cómo Xuan Lie seguía sin responder, sumido en sus dudas. Al notar su silencio, la bestia habló sin detenerse, con voz profunda y sabia, como quien explica una verdad inquebrantable: —Mortal, ser misterioso no sirve de nada aquí. Solo aquellos que tienen el poder suficiente para proteger sus secretos… son los que verdaderamente tienen derecho a guardárselos. En ese preciso instante, Xuan Lie apretó los labios con fuerza hasta lastimarse. Sabía muy bien que esas palabras eran la pura verdad; en este mundo, sin fuerza, no tenías ni voz ni privacidad. Tragó grueso y respondió con voz baja, casi un suspiro: —Sí… pertenezco a la raza humana. Longshi Lu se detuvo en seco al escucharle. Xuan Lie, que debido a los dolores de su cuerpo no podía controlar bien su propio paso, no logró frenar a tiempo y chocó de lleno contra una de las enormes patas traseras de la bestia. Un gemido de dolor se le escapó de inmediato: sus heridas aún estaban frescas y sin sanar, y aquel golpe hizo que sus daños internos se agravaran aún más, sintiendo cómo algo se retorcía en su interior. Longshi Lu no reacciono, pero soltó un suspiro profundo, pesado, como si el hecho de haber confirmado su raza le revelara algo mucho peor, algo que esperaba no tener que confirmar. —¿Por qué suspiras así? —preguntó Xuan Lie, volviendo a ponerse de pie con dificultad, mirándolo fijamente—. Lo haces como si ser humano fuera algo malo… La bestia lo miró de reojo, con una expresión difícil de descifrar, como si estuviera debatiendo si decirle la verdad o no. —¿Malo o no?… No sabría responderte así de fácil… —dijo con lentitud—. Dime… ¿qué sabes tú realmente de tu propia raza y de este mundo? Xuan Lie dudó antes de contestar, confundido. —Lo poco que sé… es que los humanos vivimos agrupados en ruinas antiguas, protegidas por formaciones defensivas. Son lugares llenos de escrituras extrañas y símbolos raros… —fue contando con lo que sabía—. También sé que la vida aquí es dura, todo gira en torno a la supervivencia y la caza… y que las bestias son las que poseen un poder propio, teniendo la mayoría de ellas lo que llaman “dos fases”, e incluso algunas tienen la posibilidad de evolucionar y volverse aún más aterradoras… Entre otras cosas, eso es todo. ¿Hay algo más que debería saber? Longshi Lu apartó la mirada, observando la inmensidad del bosque, y sus palabras llegaron frías y directas, dejando en el corazón de Xuan Lie algo más que preocupación: —¿Eso es todo?… Entonces escucha bien, mortal: tu raza está al borde de la extinción. Hizo una pausa dramática, dejando que esas palabras calaran hondo antes de continuar: —Por lo que recuerdo… hace ya bastante tiempo, de toda la población humana que existía, solo quedaba el trece por ciento de tu especie… y ahora… me atrevería a decir que esa cifra debe ser mucho menor. —¡Es imposible! —respondió Xuan Lie de inmediato, sin pensar, movido por la incredulidad y la negación—. ¡Muchos de los humanos se cubren en esas ruinas! ¡Están protegidos por formaciones antiguas, nadie puede entrar ahí! ¡Son seguras! —¿Ohhh… ¿así que son seguras?… —repitió Longshi Lu con tono cargado de ironía y lástima—. ¿Y si te dijera que en este mundo existen bestias, fuerzas y horrores capaces de romper esas formaciones como si fueran papel mojado? Xuan Lie negó con la cabeza, aturdido, murmurando para sí mismo: —No… no es posible… En su mente surgían mil preguntas de golpe: ¿Solo el trece por ciento? ¿Extinción? ¿Bestias capaces de romper esas defensas? Él había vivido dos años enteros en una de esas ruinas, donde convivía con un puñado de personas, y nunca, nunca había pasado nada, nunca habían sido tocados. ¿Cómo podía ser eso posible? Hasta hace muy poco, Xuan Lie apenas estaba procesando el hecho de que una bestia antigua como Longshi Lu pudiera hablar y comunicarse con tanta claridad e inteligencia… y ahora, estaba absolutamente atónito ante la magnitud de lo que estaba escuchando. —En este mundo hay todo tipo de fuerzas, mortal —continuó Longshi Lu, volviendo a darle la espalda y reanudando su marcha—. Ningún lugar es seguro por completo. Incluso estando conmigo… no estarás a salvo para siempre. Comenzó a alejarse de nuevo entre los árboles altos y oscuros, y le gritó por encima del hombro: —¡Apresúrate, si no quieres que te deje atrás! Xuan Lie, lleno de dudas, miedos y una nueva realidad que le pesaba en los hombros, se apresuró a seguirlo. Su mente daba vueltas, y comprendió que en verdad… no comprendía ni la mitad de lo que estaba escuchando. Mientras avanzaban, finalmente salieron de aquel tenso y oscuro bosque. El sendero llegaba a su fin y, ante ellos, la luz del sol se dejaba ver tímidamente, rasgando la penumbra para iluminar el paisaje. Se encontraban ahora al borde de un inmenso y alto barranco; desde su cima se tenía una vista privilegiada, se podía ver todo lo que se extendía abajo hasta donde alcanzaba la mirada. Longshi Lu se sentó cómodamente en el borde mismo del precipicio y llamó a Xuan Lie con tranquilidad: —Ven aquí, siéntate, mortal. Xuan Lie obedeció, pero mientras se acercaba, susurró para sí mismo, con una mezcla de asombro y confusión: —¿Desde cuándo el sol se deja ver así... y su luz se refleja permitiendo distinguir tanto a lo lejos? Longshi Lu escuchó su susurro y soltó una carcajada profunda y sonora, llena de sabiduría antigua: —¡Jajajajaja! De la misma forma en que la luna sale y reina en la noche... el sol también se atreve a iluminar partes de este planeta perdido. Solo hay que saber dónde esperarlo. Xuan Lie se sentó a su lado y, con cuidado, asomó la cabeza para mirar hacia abajo. Un escalofrío le recorrió la espalda al darse cuenta de la brutal altura a la que se encontraban; la caída era vertiginosa, casi infinita a simple vista. —Es una buena vista, ¿cierto? —comentó Longshi Lu, mientras alzaba la mirada hacia el cielo despejado y dejaba que la brisa suave pasara entre su melena dorada, meciendo sus cabellos con gracia y majestuosidad. Xuan Lie, completamente embelesado por la luz y la inmensidad, respondió mirando fijamente el sol, con los ojos brillantes de asombro: —Es cierto... es increíble. Longshi Lu lo miró de reojo, con esa sonrisa que ocultaba siempre algo travieso o peligroso, y dijo: —Bien... sé que tienes muchas dudas sobre lo que te dije hace un rato, sobre tu raza, sobre este mundo... pero todo eso puede esperar. Lo que no puede esperar es mi estómago... y sobre todo, ¡me está entrando un hambre feroz! De repente, y sin que Xuan Lie pudiera preverlo, Longshi Lu movió su enorme pata con suavidad pero firmeza, dándole un empujón justo en la espalda. Xuan Lie, desprevenido y sin fuerza para resistir, cayó directamente desde el borde del barranco hacia el vacío. —¡¿Qué?! —alcanzó a balbucear sin entender nada, comenzando a caer velozmente hacia el abismo. Desde arriba, asomado al precipicio, Longshi Lu se burlaba a gritos mientras lo veía caer: —¡Ojalá tengas alas, mortal! ¡De lo contrario, lo único que serás es un simple charco de sangre al fondo! ¡Jajajajajaja! Cae... cae... sigue cayendo... Apenas a unos metros de estrellarse contra el suelo, Xuan Lie sintió que su cuerpo dejaba de caer de golpe. Se quedó flotando en el aire, inmóvil, sintiendo que la muerte había pasado rozando su rostro en apenas unos segundos. Desde lo alto, vio cómo Longshi Lu se lanzaba al vacío también, pero en lugar de caer, desplegó una habilidad antigua que le permitió mantenerse suspendido en el aire, descendiendo con lentitud y elegancia hasta aterrizar suavemente en el suelo. Apenas tocó tierra, la bestia hizo un gesto con la cabeza y desactivó la habilidad que mantenía a Xuan Lie flotando en el aire. —¡Auch! —gruñó Xuan Lie al caer de golpe al suelo, frunciendo el rostro por el dolor agudo que recorrió todo su cuerpo, agravando sus heridas sin sanar. Longshi Lu pasó caminando a su lado, lo miró de reojo con esa cara de inocencia fingida y preguntó con tono burlón, riéndose entre dientes: —¿Qué? ¿Acaso no te hiciste en los pantalones del susto... o sí? ¡Jajajajaja! —se burló sin piedad—. ¡Muévete, que la presa no se va a escapar por sí sola! Xuan Lie se levantó con dificultad, con las piernas todavía temblando por el miedo y la adrenalina, mientras su corazón golpeaba con fuerza en sus oídos. Longshi Lu lo observaba de arriba abajo, inflando sus fosas nasales con aire de aburrimiento y lástima. —Qué aburrido... y qué frágiles son ustedes, los humanos... —dijo con desdén—. ¡Basta de charla! ¡Vámonos! Reanudaron la marcha. Xuan Lie caminaba pegado a él, más atento que nunca, jurando para sí mismo no volver a confiarse ni un segundo. De pronto, Longshi Lu se detuvo en seco frente a unos arbustos altos y señaló con la cabeza hacia adelante. —Ahí está el desayuno... —dijo relamiéndose—. Se me hace que estará delicioso. Xuan Lie miró hacia donde él señalaba. Allí, descansando bajo la sombra de un árbol, había una bestia de gran tamaño, nada pequeña, y desde luego no se veía débil ni mucho menos. Era una criatura imponente, con piel gruesa y garras afiladas que podían romper rocas. —¿Delicioso? —preguntó Xuan Lie con incredulidad, bajito—. Nunca he comido nada parecido... y desde luego, no parece algo que se pueda vencer tan fácil como para llamarlo simplemente "desayuno". Esa cosa es peligrosa... Se mantuvieron agachados entre la espesura, ocultos por la vegetación, observando en silencio aquella criatura imponente que descansaba al fondo del valle. Su cuerpo brillaba con un resplandor dorado que parecía absorber la luz del entorno, una visión que jamás había aparecido en los registros o enseñanzas que Xuan Lie conocía. El joven fruncía el ceño, analizando cada detalle con incredulidad, hasta que no pudo contenerse y susurró muy bajo, casi para sí mismo: — Mmm… ¿qué tipo de bestia será esta? Nunca he visto nada igual… A su lado, Longshi Lu mantenía una postura relajada, con una media sonrisa divertida dibujada en el rostro, como si no estuvieran frente a algo que debería infundir terror. Con la calma de quien recita algo cotidiano, respondió señalando levemente con la cabeza hacia la bestia: — Su especie es la Escamadora Dorada, aunque también se le conoce como la Lagartija Real de Oro. Los ojos de Xuan Lie se abrieron un poco más, tratando de ubicar ese nombre en su memoria, buscando desesperadamente en todo lo que había estudiado sobre bestias antiguas, pero no encontró nada. Su voz salió más baja aún, cargada de inquietud: — ¿Y… qué tan fuertes son? ¿Se pueden manejar con estrategia o…? Longshi soltó un suspiro lento, mirando con cierto aprecio el cuerpo dorado que descansaba allí, y respondió con un tono despreocupado: — Mmm… son de especie antigua, de las que quedaron desde los tiempos donde el mundo era más salvaje. En cuanto escuchó esas dos palabras —especie antigua—, la sangre se le heló en las venas. Xuan Lie abrió los ojos de par en par y giró la cabeza bruscamente hacia Longshi, mirándolo con pánico y preocupación genuina, susurrando con urgencia desesperada: — ¡Rápido, debemos irnos! ¡Ahora mismo! Si esta cosa se despierta… el desayuno seremos nosotros, no ella… ¡rápido, Longshi, muévete! Sin esperar respuesta, se puso de pie con cuidado pero rapidez, y sin pensarlo dos veces, agarró a Longshi de la cola y tiró con fuerza, intentando arrastrarlo lejos de allí, listo para huir a toda velocidad. Pero Longshi ni siquiera se movió del sitio. Giró la cabeza lentamente, mirando a Xuan Lie con esa sonrisa burlona y tranquila que siempre lo ponía de los nervios, y preguntó con fingida curiosidad: — ¿Qué intentas hacer, jovencito? — ¿Qué te parece? —respondió Xuan Lie, casi siseando por la ansiedad, sin soltarlo— ¡No puedes con eso! ¡Eso es una bestia antigua, de las que incluso los clanes antiguos evitaban! Y yo… yo quiero vivir un día más, ¿entiendes? Además… —su tono bajó un poco, volviéndose más sincero y doloroso— además, tengo heridas internas que no han sanado del todo… no puedo pelear contra algo así. Longshi lo miró fijamente, y luego sus ojos volvieron a posarse sobre la Escamadora Dorada. Como si acabara de recordar algo sin importancia, comentó con voz cantarina y despreocupada: — Ooooh… qué curiosidad. Justamente he recordado que la médula de esta lagartija… tiene propiedades excelentes para ayudar en la sanación de heridas internas. Mmm… qué mal, ¿verdad? Que quieras huir sin siquiera intentarlo… volvió a mirarlo con esa sonrisa desafiante y divertida, retándolo directamente, como si para él todo esto no fuera más que un juego aburrido que de repente se ponía interesante. Continuara…. © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ. Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción total o parcial. AUT: OLVIDADO
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Estás leyendo el capítulo 11 de EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela), un novela. He vivido incontables años... ¿Fueron 1000? ¿Acaso 2000? La vida es tan efímera como la de un mortal: breve, llena de dolor, de sangre y de lamentos. ¿Qué es la felicidad? ¿Una mentira para quien intenta huir de la… Este capítulo tiene publicado el 10 de julio de 2026, Traducido por el grupo olvidado134. EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) tiene 69 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.